18/6/19


 

   





 

Delirio 23


de Benjamín Gavarre

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Farsa absurda en dos días

de Benjamín Gavarre




Primer Día

El escenario estará casi vacío. Luces azules y naranjas. Enormes pinturas de cítricos en mitades. Al fondo, majestuosas las Famosas 23 Puertas. El vestuario, en colores vivos. El Discípulo Caballón será el único que vista en colores neutros (pero usará coturnos). Los GARRAFONEROS tendrán, cada uno, una corona de laurel.















En una gran piedra pintada de blanco estará sentado Ariosto. Usa una camiseta hasta los muslos y una bufanda con la que juega.

ARIOSTO.- Quisiera...  No, no, no. La palabra indicada es quiero. ¡QUIERO! (Reflexiona) Pero qué, qué, quéeeeee!!!!!! ¡Ya lo tengo! (Se levanta) Quiero preparar un buen plato de PERAS DIVERSAS. Mhhhh. Con una buenísima salsa de caracoles empotrados y un batido de zanahorias BERMEJAS alrededor. Sí. Pero antes necesito que Orlando regrese de su RONDA y entonces le pediré... Ah, no: le exigiré... LA RECETA de las ¡PERAS DIVERSAS!!! Le pediré la receta, y me la dará, porque si noooooooo.........

ORLANDO.- ¿Peras Diversas??? ¿Peras diversas!!!! (Amenazante) No vuelvas ni siquiera a pensarlo o a murmurarlo debajo de la regadera.... Qué no sabes mi querido, mi pequeñísimo Ariosto, que el Discípulo Caballón ha PROHIBIDO utilizar los refractarios cúbicos en el Recinto?...

ARIOSTO.- Nooo. Tú quieres engañarme. (Juguetón.) Apostaría que todo lo haces para no darme la receta de...

ORLANDO.- ¡Calla!

ARIOSTO.- Oh, sí, callaré y no podrás a ver El Aire Disecado de mis Palabras Suculentas.

ORLANDO.- ¡Suculentas?... Lo que es hoy tu Mente se ha Disecado en una porción bastante condimentada de tu estómago.

ARIOSTO.- ¿Es decir????

ORLANDO.- Quiero decir NADA, y cuando digo Nada, es que no me importa lo que te pase, ¡está claro?, ni lo que sientas, ni nada.... (Furioso) ¿¡Podrías dejar de estar jugueteando con tu bufanda!!???

ARIOSTO.- ¡¿Son Alientos Marinos los que el Señorito tiene entre dientes???? Mejor sería que te sentaras y cultivaras pacientemente a la MONOTONÍA.

Orlando se sienta y Ariosto empieza a dar vueltas en toro a él modelando su camiseta que le llega a los muslos.

ORLANDO.- Buff, Buff. Estás provocando mis sentidos penibatorios con tu caminar esférico, amado Ariosto. Cesa, cesa, cesa, riqueza de tus movimientos azulados... Y escucha, escucha, escucha lo que traigo para ti del mercado del Recinto.

ARIOSTO.- Habla pues y Recomienda a tus Neuronas que no se esfuercen en vociferar tonterías.

ORLANDO.- ¡Qué vociferas tú???

ARIOSTO.- Que no te confundas con las palabras.

ORLANDO.- Ah, eso querías decir.... (Después de una pausa en la que se ha chupado el dedo meñique) ¡Bueno!... Te diré el mensaje del mensaje del Gran Recinto. (Ampuloso) Has de saber que el Discípulo Caballón cocinará para la Próxima Batalla una Tómbola... Una Tómbola en la que tendrá como innovación estremecida: La Tierna historia de arrojar vasos de vidrio llenos de agua a todos los premios anhelados de la Gran SAGRADA Tómbola....

ARIOSTO.- Y eso a mí en qué me afecta.

ORLANDO.- ¡Pero qué grosero y villano alfeñique de falda hueca! (Pausa) En fin... es INEVITABLE que todos los miembros del Recinto: es decir incluido Túuuuuu (Cansado) Ah. En fin. Lleve en sus manitas huesudas su dotación simple de agua cristalina.

ARIOSTO.- Haberlo dicho sin tantas remambarambas... ¿Y cuándo tendrá lugar la Rica Tómbola?

ORLANDO.- El siguiente día. 

ARIOSTO.- Pues no prolonguemos el instante. Encaminémonos al Recinto y preparemos nuestra dotación de Sucios Vasos de Cristal Irrompible.

Salen. Se oye el ruido de un avión que despega.


Entran tres hombres con garrafones de agua vacíos al hombro. Se reúnen en un punto del escenario.

GARRAFONERO 1.- Voy a llenar  el Gran Garrafón y aventaré todo Gran Garrafón y toda agua a la JETA inquieta del Discípulo Caballote.

GARRAFONERO 2.- No, no, no, no. No caballote. Caballón. Se llama Caballón. Discípulo Caballón, hijo del Genio Caballón, guardián de las 23 puertas del Recinto. Y a quien debemos arrojar el gran garrafón lleno de agua no es al Discípulo, sino, y escucha bien, a la TÓMBOLA, a la Gran Sagrada Tómbola.

GARRAFONERO 1.- Pues yo aventaré a gran Jeta de Caballote garrafón. Y tú explicar tus tus tus nueces a tu armadillo preferido.

GARRAFONERO 2.-  ¿Por qué quieres atentar contra el Discípulo del Recinto?

GARRAFONERO 1.- Porque yo... yoooo.... yoooo... BUAHHHH! (Grotesco) Yo dar MIS CINCO PEQUEÑINES PREDILECTOS A LA TÓMBOLA Y LOS PARTICIPANTES romperán sin brevedad a los cinco BEBITOS que doné, que yo regalé, con mucho cariño y abnegación, a las fuerzas del Recinto.

GARRAFONERO 3.- Los regalos son engaños: si tú regalaste a tus nenes para la gran Sagrada Tómbola, tú contento y no hacer tonterías.

GARRAFONERO 1.- Romperé su cabezota.

GARRAFONERO 2.- ¿A quién? ¡Por qué?

GARRAFONERO 1.- Al Caballote Caballón, yo le dejaré sin dientes y sólo podrá comer carne de verduras sustanciosas.

GARRAFONERO 3.- Será mejor que llenemos los garrafones con el líquido y estemos listos. Preparados. Listos. Preparados para la Gran Sagrada Tómbola.

GARRAFONERO 2.- Vamos pues, y tú, GARRAFONERO UNO, no te atreverás más que en sueños a rebelarte.

Salen de escena.


Entra el DISCÍPULO CABALLÓN seguido de VEINTITRÉS pelotas más o menos grandes.


DISCÍPULO CABALLÓN.- (Habla al Público) Ah, súbditos. ¡Ahhhhh Súbditooooossss! Compañeros de campanas  y globos atormentados. Yo les aseguro que la decisión tomada por Mí es gozosa, simple y  de manera VERTICAL... la única posible. Casi, casi (a punto de llorar) ...casi... ¡Achúuu! (Se limpia la nariz) ...Les decía: Casi tan insólitamente bien pensada como la que tomé el día 23 en el que decidí de manera autónoma y sentimental, el (a punto de llorar o estornudar) ...¡Sustituirlos! (Lacónico) Es decir remplazarlos... A… ellos… en fin… a ellos… (Triunfal) por inteligentes pelotas de colores magistralmente escogidas por mí. Por MÍ. ¡Por MMMMIIIII!!!! (Formal, a una de las pelotas) O usted qué opina mi querido ministro... ¡No me diga! ¿Usted opina mi selecto ministro que mi decisión de fabricar la Tómbola, la gran Sagrada Tómbola es UNICAESTUPENDA. Simplemente VERTICAL? ¿Noooo? ¿O Nooooo?... Je, je, gracias. Es precisamente lo que pensé que contestaría... Pues sí, pues veamos mis redondos súbditos: Aquí se acercan Ariosto y Orlando y seguramente se postrarán ante mí, como es consecuencia.

Entran Ariosto y Orlando con sendos vasos DE VIDRIO  llenos de agua.

ARIOSTO.- (A alguien del público) ¡A mí! ¡¿A mí??? ¡¿A mí me está mirando Usted? (Al Discípulo Caballón) ¡¿A mí?!... eso es lo último que me faltaba. Después de prohibir LA RECETA DE PERAS DIVERSAS (Al Discípulo Caballón) Usted se atreve a mirarme a míii. Usted se atreve a MIRARRRMEEEEEEEEEE!!!

DISCÍPULO CABALLÓN.- (Amable) No sólo a ti Ariosto, sino también a tu compañero Orlando. Se vuelven cada día más tiernos y bestiales. Ah, pero veo que tren su dotación de vasos de vidrio con cristalino líquido, y por adelantado.

ORLANDO.- Cloro, dogo, digo, claro… ¡CLARO!, su Majestad. Como respuesta a vuestra erecta…

DISCÍPULO CABALLÓN.- ¡No!... (Pausa) …Vertical .

ORLANDO.- Por supuesto. Vuestra VERTICAL decisión de la Tómbola de mañana. Decía… Ah sí… En vista De VUESTRA SABIA Decisión… Nosotros… hemos decidido a nuestra vez ADELANTAR la Dotación de líquido líquido. Adelantadamente.

ARIOSTO.- (Irónico) Claro… Quisimos calentar el agua EN NUESTRAS BOCAS  y así el día De MAÑANA beberemos el agua caliente con un poco de azúcar y dos terrones de CAFÉ.

DISCÍPULO CABALLÓN.-  (Siempre amable) Al contrario.

ARIOSTO.- (Furioso) ¡Se atreverá Usted a Impedirlo?

DISCÍPULO CABALLÓN.- No, por supuesto, ni pensarlo: sólo he querido decir, mi amado Ariosto que los terrones no suelen ser sino de azúcar.

ARIOSTO.- Ah, bueno, si es así no creo que haya problema alguno. Terrones son terrones.

ORLANDO.- ¡Basta Ariosto! ¡Te atreves a ir en contra de la Justicia del Discípulo Caballón??? Recuerda que él es el hijo de Nuestro Fundador, el Genio Caballón, Guardián de las veintitrés Puertas.

ARIOSTO.- (Insolente) Y dígame señor Caballón… ¿A qué se debe la decisión de destrozar los premios de la Tómbola con lanzamientos de vasos de agua?????

DISCÍPULO CABALLÓN.- Pues… pregúnteselo a mi Primer Ministro. Él le sabrá responder.

ARIOSTO.- No, no es necesario. Creo que será una buena respuesta. ¿Verdad que será una buena respuesta, Orlando?

ORLANDO.- Así lo pienso, y será mejor que dejemos a la Corte caminar a su destino. Hasta la Tómbola de Mañana, Discípulo Caballón. ¡Hasta la vista, miembros distinguidos de la Corte del Recinto!!!

DISCÍPULO CABALLÓN.- Hasta la Tómbola pues y no olviden su dotación de vasos de agua.

ARIOSTO.- No lo olvidaremos, Majestad, no lo olvidaremos.

ORLANDO.- Hasta luego.

DISCÍPULO CABALLÓN.- Hasta mañana.

ARIOSTO.- Hasta la Tómbola.

ORLANDO.- Adióoooooooooos.

Desaparecen todos rápidamente, al último las Pelotas-Ministro.  Se vuelve a oír el ruido de un avión que despega.

 

Oscuro





Segundo Día

Vemos una enorme caja naranja y en letras negras la leyenda La Gran Sagrada TómbolaAl lado de la caja, en un bastidor, está pintada la imagen de una gran sonrisa. En otro bastidor vemos la imagen de dos grandes colmillos amarillos. En un estrado, muy dignas, están las “Pelotas-Ministro” del discípulo caballón.
Al comenzar la escena estarán congelados los tres GARRAFONEROS con sus recipientes llenos. Orlando y Ariosto lanzan vasos llenos de agua a la caja enorme, y cada vez que lo hacen el vaso cae al fondo de la Caja y produce un sonoro estallido de cristales que inunda todo el espacio. Después de cada “lanzamiento de vasos con agua”, Orlando y Ariosto se muestran eufóricos, o bien observan minuciosamente a los tres grotescos personajes, como esperando que reaccionen.

ARIOSTO.- (Lanza un vaso más)  ¡Es ridículo! ¡Una caja que dice ser la Gran Sagrada Tómbola, pretende Ser: la Gran Sagrada Tómbola????

ORLANDO.- Tómbola, tómbola, tómbola no muy tómbola.

ARIOSTO.- Claro, que no. Ni siquiera gira, ni siquiera da vueltas, ni se puede escoger nada, ni ganas nada, qué caso tiene. Sólo puedes arrojar vasos de agua a la Muy Sagrada y escuchar cómo se rompen los vasos. (Arroja un vaso más y se escucha el estallido de vidrios). ¿Lo ves? ¿Gana algo uno con el estallido de vidrios? (Vuelve a arrojar un vaso, seguido de estallido. Orlando lanza el suyo: vaso, estallido). No gana uno nada.

Pausa. Los dos bostezan, y se quedan viendo impasibles a los GARRAFONEROS.

GARRAFONERO 1.- (Se descongela, muy circunspecto, a Ariosto...) Perdone el allanamiento de su personalidad, pero tengo la sensación del deber de comunicarle a usted por medio de esta interrupción…

ARIOSTO.- (Fastidiado) ¡Dígame!

GARRAFONERO 1.- (Al borde del llanto) Se lo diré:  mis niños. Mis criaturitas preferidas. Mi mundo interior. Mi todo...

ARIOSTO.- ¡Y eso a mí en que me afecta!

GARRAFONERO 1.- (Furioso) A usted en nada por supuesto. A usted… ¡Qué le va a importar! Oh, pero a mis cinco pequeñitos indefensos que están allí dentro, en la purulenta Tómbola Gran Sagrada ¡OHHH! (Se abraza de su garrafón y trata de meter la mano por la boca del recipiente).

ARIOSTO.- Ah, se trata de sus hijitos, de sus mascotitas. No parece ser del tipo, no Orlando. Nunca pensé que bichos semejantes tuvieran hijos.

ORLANDO.- Todos pueden ser padres. Algunos hasta tienen más de dos, hasta más de cinco. Lo ves Ariosto, es cosa de animarlo a que tenga más hijos.

ARIOSTO.- Así es, mentecato: Usted puede tener más hijos.

GARRAFONERO 1.- No quiero más hijos, Señor. Quiero a mis cinco chiquitines, a mis cinco, mis cinco, mis cinco querubines, Ohhhhhhh.

ARIOSTO.-  (A Orlando) Voy a vomitar. (Supuestamente compasivo, al GARRAFONERO 1)  No se preocupe, seguramente se salvaran, ya que el agua que le arrojamos está especialmente a la temperatura necesaria.

GARRAFONERO 1.- ¿Y los pedazos de vidrio?

ARIOSTO.- ¿Los vidrios? (A Orlando) No arrojamos pedazos de vidrio, o sí.

ORLANDO.- No, sólo arrojamos vasos completos. Y el agua es inofensiva, además está tibia. Previamente la calentamos en nuestras bocas como todo el mundo sabe.

ARIOSTO.- Es cierto, por otro lado, sus pequeñines estaban al fondo de la tómbola, o no tanto. Debo decir, para su consuelo, que la tómbola, por muy sagrada que sea, es un fiasco, no gira ni nada. ¡No da vueltas!, ¡no tiene premios! ¡Qué caso tiene!!!!!!

ORLANDO.- Sí, no se preocupe. No da vueltas. Así que sus pequeños no corren peligro, lo ve. Además si hubieran sufrido algún daño, pues ya los habríamos oído. Y no hemos oído nada, ni que lloren ni nada.

ARIOSTO.- Sí, no se preocupe Usted. Yo sólo escucho un silencio sepulcral. (Voltea a ver con un gesto  cómplice).

GARRAFONERO 1.- Mis hijos. Mis hijitos. Ayyyyyy.

ORLANDO.- (“Conciliador”) En cierto modo tiene razón nuestro amigo, Ariosto. No sólo los pequeñines se destruirían sino todas las aportaciones de los miembros a la Gran Sagrada Tómbola. Imagínate ¿cuántos platos suculentos y vertiginosos hay allí dentro?

ARIOSTO.- Además de las mascotitas claro. Sí, es cierto. No creo que nada se destruya. Incluso la sogadelsentidoestricto fue incluida por unos de los miembros más eminentes del Recinto. Eso lo sé. Lo sé, lo sé.

GARRAFONERO 2.- (Se descongela)  ¡Qué dice! ¡La sogadelsentidoestricto está en peligro? Hay pedazos de vidrio, los vasos rotos, usted sabe, los cristales, el agua.

ARIOSTO.- Sí, podría estar en peligro, pero no se apene, no creo. Cuando mucho llegará a mojarse un poquitín,  o algún pedazo de vidrio se enredara con ella. Pero el sentido estricto siempre será el sentido estricto, y la soga soga.

ORLANDO.- Eso digo yo, y la soga soga.

GARRAFONERO 3.- (Se descongela: a los otros GARRAFONEROS) ¿saben cual será el destino de la Tómbola Sagrada una vez destruida?

GARRAFONERO 2.- ¿Será Destruida?

GARRAFONERO 1.- ¡Destruida, Mis hijos, ayyyyyyyy!

ARIOSTO.- (Atroz) La tómbola, la Gran Sagrada Tómbola, una vez destruida, será... Será guardada en la puerta número 28.

ORLANDO.- ¿Bromeas?, si sólo son 23 las puertas.

ARIOSTO.- El Discípulo Caballón, a la muerte del Genio Caballón decidió inaugurar 23 puertas más, pero ástas serían identificadas por medio de números irracionales. 

ORLANDO.- ¿Pero  el número veintiocho es irracional?

ARIOSTO.- Así es.

ORLANDO.- No entiendo nada.

ARIOSTO.- Ah, tienes razón, Orlando. Este es el mundo en que vivimos. No tiene mucho sentido verdad, jejejeje. Jajajajajajaja... Eso creo...  Pero... En fin... Por fin. Se acerca nuestro Discípulo Caballón: tendré que escupirle en la cara.

Entra el DISCÍPULO CABALLÓN. Los tres GARRAFONEROS se postran ante él y se congelan.

DISCÍPULO CABALLÓN.- ¿Por qué quieres escupirme, Ariosto?

ARIOSTO.- Eso a usted no le importa, y para que se enoje más: no descuidaré mi saliva de su rojiza cavidad.

DISCÍPULO CABALLÓN.- Bueno, bueno. ¡Bien!... Decía... Mis muchachos, encantadores ministros, amados súbditos: voy a decir mi discurso de inauguración con motivo de la destrucción de la gran sagrada tómbola.

GARRAFONERO 1.-  (Se descongela) Antes quiero decir que no estoy de acuerdo.

GARRAFONERO 2.- Ni yo.

GARRAFONERO 3.- Yo.

DISCÍPULO CABALLÓN.- Je, je. Claro, claro. “Yo”, je je. En fin. Siendo las 23 horas de este magnífico Paraíso del Recinto, me permito…

ORLANDO.- ¿Me permite decir que yo tampoco estoy de acuerdo? 

DISCÍPULO CABALLÓN.- Desde luego… Decía. Me permito: dada la investidura que mi antecesor, mi Padre, el Genio Caballón, me confirió el día 23 de Otro tiempo… Inaugurar…

TODOS.- ¡Nooooo!

ARIOSTO.-  ¡Me niego!

DISCÍPULO CABALLÓN.-  Y sin embargo es una idea soberbia de, de, de, decididamente Vertical.

ORLANDO.- (Ecuánime) Piense por un momento. Si una vez destruida la Gran Sagrada Tómbola es remitida a la puerta número veintiocho... Tal vez encierre de por vida a cinco pequeñines angustiados.

DISCÍPULO CABALLÓN.- Oh, sólo son cinco.

ARIOSTO.- En eso tiene razón Sólo son cinco.

GARRAFONERO 1.- (Llora) ¡Oh, desdichado! (Mete la mano en la boca del garrafón) ¡Mis pobres pequeñitos querubines multicolores!

DISCÍPULO CABALLÓN.- ¡Son peces?

ARIOSTO.- No se sabe... Son pequeñitos, son sus hijos. Eso sí, ni hablar.

ORLANDO.- Las circunstancias hablan por sí mismas.

DISCÍPULO CABALLÓN.- Habría que conocer la opinión de los pequeñines.

GARRAFONERO 1.- (Lastimeramente) ¡Son sordos!

ARIOSTO.- (Obvio) Pero podrán hablar. (Al GARRAFONERO 1) ¿Sí pueden hablar?

ORLANDO.- Yo propondría una solución intermedia a la disputa.

ARIOSTO.- Sí, tengo hambre.

DISCÍPULO CABALLÓN.- Eso implicaría un nuevo decreto. Voy a consultarlo con mis ministros. (Se acerca a los balones y los empieza a “interrogar”). ¿Sí o sí?...  Ah, lo siento mucho... ¿Y usted?... (Pausa, “oye” otra de  las opiniones de uno de sus “ministros”) Bueno, no es para tanto... ¿Y ustedes dos?... Claro. Eso mismo pienso yo. Bueno, parece que la solución intermedia ha sido estudiada y aprobada.

TODOS.-  ¡Bravo! ¡Viva! ¡Bravo!

DISCÍPULO CABALLÓN.- Dictaré El Nuevo Decreto: Siendo las horas pertinentes al caso... y sabiendo que la decisión expresada será la mejor posible… (Mira asustado a todos.) …Dictaré el siguiente…

ARIOSTO.- Sí, sí, adelante, siga, continúe usted … ¡O LE ESCUPO!

DISCÍPULO CABALLÓN.- Ya voy,  ya voy. Decía: Pronunciaré … El siguiente...

TODOS.-  (Exasperados) ¡Bueno,  ya!

DISCÍPULO CABALLÓN.- Es cosa de tomar tiempo. Son asuntos serios. Se tiene. que analizar, considerar, tasar, evaluar... ¡PONDERAR!

ORLANDO.- Es evidente.

ARIOSTO.- No tanto.

GARRAFONERO 1.- Hay que dejarlo solito para que piense.

ORLANDO.- Ah, no. Solo no se quedaría. Estaría  siempre cerca de  todos los Ministros.

ARIOSTO.- ¡Y para qué dejarlo solito? Después, cuando regresemos, será necesario que todos estemos de acuerdo en la decisión que se tome.

ORLANDO.- ¿Sería necesario?

ARIOSTO.- Evidentemente sí.

ORLANDO.- Entonces, si tú lo dices (Ampuloso) ¡Es necesario! ¡Será necesario! Muy necesario.

DISCÍPULO CABALLÓN.- Es necesario que guarden silencio.

ARIOSTO.- Si yo lo decía, hay que hablar, antes de disentir.

GARRAFONERO 3.- ¿Quéeeee?

DISCÍPULO CABALLÓN.- (Enojadísimo) ¡CÁLLENSE TODOS! (Largo Silencio) ...Les decía: Siendo estas horas de hoy que no recuerdo. Pronunciaré el siguiente decreto. DECRETO QUE CADA QUIÉN HAGA LO QUE QUIERA.

ARIOSTO.- Ah, no, esto no me lo pueden hacer a mí. Yo no tengo por qué soportar tanta injusticia. Es más, me voy. (Da dos pasos) Mejor me quedo. Pero hay que salvar a los pequeñines.

ORLANDO.- Eso digo yo, salvarlos.

GARRAFONERO 1.- Es demasiado tarde.

ARIOSTO.- Sí, a estas alturas, si no están muertos, por lo menos... estarán agonizando. Podemos investigar. Voy a tirar otro vaso de agua a la Tómbola, a ver si reaccionan. (Echa el contenido de agua a la tómbolapero sin el vaso) Lo ven, no se escucha nada. Están muertos.

GARRAFONERO 1.- Pues yo tiraré el agua en el sitio más indicado (Le echa el contenido de un vas al DISCÍPULO CABALLÓN).

ARIOSTO.- Yo estoy de acuerdo (Le tira el contenido de otro vaso al DISCÍPULO).

TODOS.-  (Lo bañan) Todos estamos de acuerdo.

DISCÍPULO CABALLÓN.- (Casi llora o estornuda) Ministros. Esto es humillante. Yo renuncio. Me encerraré en la puerta 23 y ni con sus lamentos más histéricos lograrán hacer salir mi hermoso cuerpo (Muy digno) Hasta que acabe mi tormento, sinceramente, ¡LOS ODIO! (Se va corriendo).

ARIOSTO.- Ah, no era para tanto.

ORLANDO.- Ya verás, va a regresar. Siempre lo hace... Y qué hacemos ahora. ¿Salvamos a los pequeñines?

GARRAFONERO 1.- ¡Están Muertos!

ARIOSTO.- ¡Ya lo comprobó?

GARRAFONERO 1.- No, ¡me ayudan?

ARIOSTO.- Eso es cosa suya, ¿no cree?

GARRAFONERO 1.- Sí, es cierto. (A los otros GARRAFONEROS) ¿Me ayudan?

GARRAFONERO 2.- No sé.

GARRAFONERO 3.- ¿Y si nos bañamos antes?

GARRAFONERO 2.- Esa es la primera idea sensata que oigo. Yo primero... (Vierte el contenido de su garrafón en la cabeza del GARRAFONERO 1)

GARRAFONERO 3.- No, ¿de quién fue la idea? Mía, ¿no? Pues entonces... Yo primero ( A su vez, vierte el contenido de su garrafón en la cabeza del GARRAFONERO 1)

GARRAFONERO 1.- ¡ Ah, sí... Pues yo también puedo ser primero (Vacía el contenido de su garrafón en la cabeza de los otros dos. Orlando y Ariosto se alejan subrepticiamente).

LOS TRES GARRAFONEROS.- Eh, bravo. Tú primero. Nooo, yo primero, no él primero, eh.  ¡Bravo!

ARIOSTO.- Pero qué odiosos.

ORLANDO.- Sí.  ¿Tú crees que los pequeñines se salven?

Los GARRAFONEROS quedan una vez más congelados en posiciones muy grotescas.

ARIOSTO.- (Juega con su bufanda) Se salvaran, no se salvarán... Es un asunto que ahora no me preocupa.

ORLANDO.- ¿No?

ARIOSTO.- Lo que me gustaría saber ahora, mi amado, mi muy querido Orlando, ya que no hay ningún inconveniente para ELLO...

ORLANDO.- (Turbado) ¿Sí??

ARIOSTO.- Podrías, es decir, no tendrías inconveniente en darme, es decir, yo... (Decidido) ¡Podrías darme la receta de LAS PERAS DIVERSAS?

OSCURO

SE OYE UN AVIÓN ATERRIZAR
Fin

           ®   Benjamín Gavarre

LA FIESTA DE LOS DISFRACES, de Benjamín Gavarre


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LA FIESTA DE LOS DISFRACES, de Benjamín Gavarre




El escenario es una gran habitación; un poco teatro, un poco camerino, un poco departamento; pero es sobre todo el lugar donde habita nuestro personaje al que llamaremos: el Actor; aunque su nombre, el verdadero, el otro, sea Jorge.
Él, se encuentra "solo", en una intimidad extrema; sin embargo, se relacionará con ciertos personajes surgidos del recuerdo, o de su imaginación. Lo acompañarán algunos otros que podrían llamarse personajes reales, pero hay quien asegura que también forman parte de su mente; quizá de su mente en el momento de un sueño, de su sueño: esto sin embargo no lo podríamos asegurar.
Al comenzar la obra el Actor se encuentra en gran actividad: escoge su música preferida; luego va hacia un perchero y trata de probarse distintos disfraces, (obrero, licenciado, agente de tránsito, un héroe de espada y armadura, Romeo...) pero no puede vestirse solo. Por eso saca de un baúl enorme a Bufo-el Globero, quien le ayuda a ponerse la capa, o le coloca el yelmo o el birrete. Con cada disfraz posible modela frente a un espejo de cuerpo entero, pero ninguno de ellos lo convence. Finalmente escoge un disfraz: será un colegial de suéter, escudo, pantalones largos, mocasines y mochila. Busca la aprobación de Bufo-el Globero, pero éste solamente lo observa burlona, silenciosamente.
El Actor sonríe frente a su imagen final. Es una sonrisa que se transforma súbitamente en carcajada. Después viene el silencio. Él sabe perfectamente lo que tiene que hacer: corre presuroso hacia un rincón donde aparece un letrero que dice:
escondite tortuoso... Y saca una pistola. Obliga al desconcertado Bufo a salir de escena, luego va hacia el espejo y apunta a su sien...
Dispara tres tiros a su imagen reflejada y grita:

         ACTOR.— ¡Basta!

Bufo-el Globero brota sorpresivamente del baúl y muestra al público una claqueta en la que leemos:

         ¡EL SUICIDIO!         

Luego, después de dar el claquetazo dice con brillantez:

         BUFO.— ¡El suicidio! Escena tercera del acto V... ¿Romeo y Julieta?... ¡No! Pero de todos modos: ¡Comenzamos!

Y se vuelve a meter a su baúl.
Suena el timbre de la puerta, el Actor corre hacia ella pero en ese momento suena el timbre de su teléfono móvil: decide primero contestar su teléfono.

         ACTOR.— ¿Diga?

Con el teléfono móvil pegado a la oreja va hacia la puerta; la abre y descubre que no hay nadie. Confundido la cierra y sigue tratando de responder la llamada.

         ACTOR.— ¿Quién habla? (Nadie contesta del otro lado de la línea) ¡Bueno! (Silencio) Qué, ¿no vas a contestar? No me lo digas. Eres tú de nuevo. Eres el Mudo...¿O Muda?...A lo mejor eres la Muda. Pues bien, querido o querida quien seas: te recomiendo que vayas y consultes un buen Otorrino. Sí, laringólogo. A ver si así me dejas de joder. (Y muy molesto avienta el teléfono móvil al piso).

Durante algunos instantes se queda viendo al vacío, luego busca con ansiedad su teléfono y  marca un número. Espera. Alguien contesta del otro lado de la línea y el Actor cuelga con una mezcla de miedo y vergüenza. Respira, mira de nuevo al vacío y vuelve a marcar el mismo número. Espera. Contestan del otro lado: cuelga precipitadamente. Bufo surge del baúl y lo mira suspicaz...


         BUFO.— ¿No contestan?

         ACTOR.— Sí, ellos siempre contestan, ¿pero yo?...Me quedo como una Mú...Muerto de nervios.

         BUFO.— Sí, ¡esos mudos! ¿Insoportables, verdad?

         ACTOR.— Deberían encerrarlos.

         BUFO.— ¿Nos?

         ACTOR.— Encerrarnos si quieres; lo mismo da. Pero, ¿sabes qué?

         BUFO.— ¡Oh no!

         ACTOR.— Voy a invitarlos. Voy a invitarlos a mi fiesta de cumpleaños.

         BUFO.— ¿Crees que se acuerden de ti?

         ACTOR.— (Sin hacer caso) Únicamente dos invitados: Verónica y Jerónimo; Jerónimo y Verónica... ¿Te das cuenta?

         BUFO.— ¡Oh no!

         ACTOR.—  Hasta en el nombre se parecen. ¿No te parece ridículo?... Jerónimo y Verónica, ¡Já! (Se toma la cabeza con un exagerado gesto de dolor) ¡Ay, otra vez esta maldita migraña, no es justo! ¡Mi pobre cabeza...! !Y tenía que dolerme precisamente hoy! (Repentinamente sin dolor mira paranoico a Bufo) Sí, ya sé... pero no tienes por qué mirarme así; ya no me duele... ¡Que no me mires así!... De acuerdo, tienes razón: siempre busco pretextos. Pero esta vez sí les voy a hablar. (Bufo toma el teléfono y marca el número de Verónica y Jerónimo) ¿No me crees, verdad? Pues fíjate bien cómo les hablo... (Mientras espera a que contesten, dice...) Y no me vuelvas a decir que soy hipocondriaco, porque no soy hipocondriaco. Nunca he sido ni seré... ¡Hola!... ¡¿Verónica?! (Muy nervioso) ¡Adivina quién!... Jorge, el mismo de siempre, casi el mismo. ¿Qué te parece si te invito a una fiesta?... Sí, así de drástico. Dile también a Verónimo, QUIERO DECIR: Jerónimo... Pero claro que es en serio... ¿Ahí está?... Luego me lo pasas, pero mira: es una fiesta de disfraces... Pues se me ocurrió... ¿Mi cumpleaños? No, claro que no. ¿Te hubieras acordado, no?... ¿Cómo? ¿Sí te acordaste? ¿Qué dijiste?... ¡Ah sí! ¡Claro! Gracias por hablar... ¿Qué cosa?... No, si ya sé que yo soy el que te habló, claro; pero de todos modos gracias, sí. Por acordarte... ¡Uy, qué insistencia! A ver, pásamelo... ¿Jerónimo?... ¡Maestro, qué desgracia!... ¿Cómo?... Sí, que me da mucho gusto... Sí, de veras. Le decía a Verónima de una fiesta... Sí, de disfraces... No, no; pastel si quieres, pero detesto los globos... Pues no sé, nunca me han gustado... ¿Qué dices? ¡Ahmmh, temprano! ¿A las nueve te parece bien?... Nueve y media... ¿Sí?... A ver, pásamela... De lo que quieras, Vero... ¿De momia? Pues, me parece estupendo... ¿Sí?... A mí también, sí... Perfecto... Bye... Nos vemos... Diez y media, sí... ¡Chauuu!

Cuelga radiante el teléfono. Bufo se burla de él.

         BUFO.— Ajá, sí... ajá, sí, claro. ¿Ajá?... sí... mmmhhh.

         ACTOR.— (Feliz) No lo puedo creer. Estoy vivo. ¡Vivo! (Orgulloso) Lo he notado. Y ellos van a venir. A las nueve, a las nueve en punto. ¿Te das cuenta? ¡Estoy vivo!

         BUFO.— Felicidades...¿Y qué vas a hacer con toda esa vivísima vitalidad?

         ACTOR.— (Sin desalentarse) Tengo futuro, voluntad. Soy casi famoso. Hoy es mi cumpleaños, todavía soy joven. Tengo salud, fuerza, memoria, entendimiento: Inmejorables condiciones.

         BUFO.— Oye, ¡qué bárbaro! ¡Por qué no nos casamos!

         ACTOR.— ¿Así que no me crees? (Lo mira fijamente) Ya sé lo que estás pensando: Jorge va a intentarlo de nuevo. Eso piensas, ¿verdad? ¡Contesta!

         BUFO.— ¿Intentar? ¿Qué cosa?

         ACTOR.— El suicidio. Llámalo con todas sus letras:
         (Deletrea) S-U-I-D–I-C-I-O:  Suiciodio... Suidi…cio…. digo, como se llame.

         BUFO.—  Usted... ¡Se está tomando demasiado en serio!

         ACTOR.— ¿Qué?... ¡De qué se trata!

         BUFO.— (Muy amable, le da un globo) Queda usted detenido. Acompáñeme.

         ACTOR.— ¿Sí?... Gracias, pero así estoy bien.

         BUFO.— Sígame.

         ACTOR.— ¡Cómo se le ocurre! ¡Yo no soy un delincuente!

         BUFO.— Eso no interesa. Se siente usted culpable, ¿no?

         ACTOR.— Sí. Es decir: ¡No! ¿De qué tendría que sentirme culpable? Yo solamente quiero sentirme bien.

         BUFO.— Qué original. Entonces usted no es culpable de nada.

         ACTOR.— No, rotundamente no.

         BUFO.— Y sin embargo, todo lo que usted diga o haga será utilizado...

         ACTOR.— En mi contra, sí. Pero, ¿yo soy culpable, soy un delincuente, he hecho las cosas mal?

         BUFO.— Quizá. Y quizá todo lo que usted diga o haga no le importe a nadie, ni siquiera a usted mismo...

         ACTOR.— Eso no puede ser posible... ¿O sí puede ser posible?

         BUFO.— No lo sé; pero el caso es que tiene usted que acompañarme.

         ACTOR.— ¿Tengo? Es una obligación… Ya veo. ¿Y si me escapo?

         BUFO.— Esa sería su decisión... su elección.

         ACTOR.— ¿Está seguro?

         BUFO.— No.

         ACTOR.— (Busca distintas salidas) ¿Y por dónde está la salida?

         BUFO.— Por la puerta como es natural, pero sólo algunos, muy pocos acostumbran escapar por la puerta. Otros prefieren las ventanas.

         ACTOR.— (Pensativo) Claro... ¡Qué confusión! (Se despide de Bufo) Gracias, ha sido... como un placer.

         BUFO.— No fue nada.

         ACTOR.— Ah... Si preguntan por mí... Dígales que tuve un compromiso muy... Un compromiso verdaderamente...

         BUFO.— Y que no fue capaz de despedirse de nadie...

         ACTOR.— Que tuve que salir. Eso es todo.

El Actor se dirige a la puerta: la encuentra cerrada. Va hacia un marco rectangular vertical, un supuesto espejo de cuerpo entero: lo traspasa. Se da cuenta de que se encuentra en el mismo espacio. Traspasa una y otra vez la puerta-espejo. Trata de adoptar una actitud racional. Analítica.

         ACTOR.— Bueno y después de todo: ¿quién quiere saber lo que hay afuera? Afuera es un concepto abstracto, tan abstracto como el concepto Adentro. ¿Dentro y Fuera relacionados con qué o para qué? Si lo pensamos bien, obtendremos como conclusión de esta antinomia: una serie de datos que podrían revelar el sentido más profundo de las entidades ontológicas. Quiero decir que tomando en cuenta la Ubicuibilidad y los Atributos del Ser: el Espacio se manifiesta precisamente en una contradicción básica cuyas premisas son como acabo de decir, ahmm... Cuyas premisas son precisamente, ahmm... (Se toma la cabeza anunciando dolor de cabeza. Bufo le sirve un vaso de agua) Cuyas principales premisas son, ahmmm... (Recibe el vaso de agua y mira agradecido a Bufo) Gracias. (Se lo toma sin dejar de mirarlo) Es usted un... Casi un ángel. ¿Sabe? Tengo una cita a las ocho.

         BUFO.— (Afirmando) Una cita muy importante.

         ACTOR.— Importantísima. Más que una cita es una fiesta. Una fiesta disfrazada, (Se corrige) de disfraces.

         BUFO.— (Malicioso) Y van a venir sus amigos. 

         ACTOR.— Mis amigos de siempre sí... Y cuando lleguen...

         BUFO.— Siempre y Cuando lleguen.

         ACTOR.— Cuando lleguen...

Se escucha la sirena de una patrulla o ambulancia. Entra Jerónimo  vestido de boy scout. Su aspecto en general es el de un niño que acaba de sufrir un accidente: su camisa está manchada de sangre.

         JERÓNIMO.— (Infinitamente triste) Te lo dije, Jorge. Te dije que no podríamos seguir con tanta suerte. A dónde estabas. ¿Por qué me dejaste solo? Me detuvieron, Jorge. Ya no podemos seguir así jugando tanto. Jugando siempre como si nada fuera en serio. Algún día tenía que terminar; y ya ves, me detuvieron. Me agarraron entre cuatro y no tuvieron….  ¿piedad?, ¿compasión? No, nada de eso. Me pescaron, como tú dices. A la salida, como siempre.

         BUFO.— ¡Tírale los dientes; apúrate, nos van a ver; quítate, me toca a mí! (Habla y actúa sin que Jerónimo lo tome en cuenta. Para Jerónimo y para todos los demás personajes, con excepción de Jorge, Bufo apenas existe. Saben que está ahí, como un holograma impertinente, pero prefieren ignorarlo).

         JERÓNIMO.— Y no pienses que fue un combate limpio; una pelea de caballeros, de grandes héroes y todo eso, no. Me agarraron entre cuatro. Como a tres cuadras de la escuela. Me cubrieron de patadas, de gritos cómplices.

         BUFO.— ¡Tírale los dientes; apúrate, nos van a ver; quítate, me toca a mí!

         ACTOR.— Eso sucedió hace mucho tiempo...

         BUFO.— A la salida.

         ACTOR.— ¿Y yo?

         JERÓNIMO.— ¡A dónde estabas!

         BUFO.— Te quedaste dormido.

         ACTOR.— ¿Dormido?... ¿Estoy dormido?

         JERÓNIMO.— Nadie me avisó. Todo sucedió sin más, a la salida, como siempre. Me puse a caminar sin esperarte.

         ACTOR.— Me quedé dormido.

         JERÓNIMO.— Me agarraron entre, ¿siete?
        
BUFO.— Una pesadilla.

ACTOR.— Una bofetada de cascos y macanas, de calibres y patrullas. ¿Y yo? ¿Dónde estaba yo?

         BUFO.— Roncando. Soñabas con judiciales.

         ACTOR.— Te rompieron los ojos.

         JERÓNIMO.— Me arrancaron la vida.

         BUFO.— Ya lo decía yo. Una pesadilla.

         JERÓNIMO.— Me dejaron tirado en la calle, masacrado.

         ACTOR.— ¡Malditos policías!

         JERÓNIMO.— ¿Estás loco? ¡Cuáles policías! ¡Fueron Jáuregui y los demás! ¡Fueron los del tercero B!

         BUFO.— ¡Tírale los dientes; apúrate, nos van a ver; quítate, me toca a mí!

         JERÓNIMO.— ¿Y tú, a dónde estabas tú? Por qué no fuiste a la escuela.

         ACTOR.— ¿Yo? (Somnoliento) ¿Estaba dormido?

         JERÓNIMO.— ¡Qué dices!

Suena  una señal de alarma. Un despertador, o la chicharra de una escuela son adecuados. Bufo venda los ojos de Jerónimo. Jorge le pone una pistola en la sien. Comienza un interrogatorio implacable.

         ACTOR.— ¿Cuál es tu última voluntad?

         JERÓNIMO.— No me molestes.

         ACTOR.— ¿Cigarros, alcohol, alguna droga... ?

         JERÓNIMO.— ¡No me estés jodiendo!

         ACTOR.— ¿Saliste reprobado?

         JERÓNIMO.— Sí, fue por tu culpa.

         ACTOR.— ¿En Deportes?

         JERÓNIMO.— Sí.

         ACTOR.— En Matemáticas.

         JERÓNIMO.— Sí, fue por tu culpa.

         ACTOR.— Siempre mi culpa... ¿Cuál es tu última voluntad?

         JERÓNIMO.— ¿Voy a morir?

         ACTOR.— ¿Quieres veneno?

         JERÓNIMO.— ¿No has visto a los demás?

         ACTOR.— ¿Demás?

         JERÓNIMO.— Demás.

         BUFO.— ¿Qué es eso?

         ACTOR.— ¿Demás?

         JERÓNIMO.— Demás.

         BUFO.— Demasdemasdemasdemás...

         ACTOR.— ¿Qué es eso?

         JERÓNIMO.— No lo sé. ¿Una palabra?

         BUFO.— ¿Y qué significa?

         JERÓNIMO.— No lo sé.

         BUFO.— No lo sabe.

         JERÓNIMO.— Ya no.

         ACTOR.— ¿Quieres veneno?

         JERÓNIMO.— Lo sabía.

         ACTOR.— ¿Veneno?

         JERÓNIMO.— Un vaso de agua.

Bufo le ofrece una copa de metal.

         ACTOR.— (A Bufo) ¿Tiene todo?

         JERÓNIMO.— (Mira receloso el contenido de la copa) Gracias... ¿Y?... ¿Cómo te ha ido? ¿Qué has hecho? ¿Qué dice el Teatro?

         ACTOR.— Estoy ensayando mi nuevo, mi último... es decir mi más reciente personaje: sucedió frente al espejo... ¿Qué fue lo que te dije?

         BUFO.— Estoy ensayando mi nuevo, mi último... es decir mi más reciente... (El Actor obliga a Bufo a meterse a su baúl) ¡Personaje!

         ACTOR.— ¡Sucedió!... Suicidio... frente al espejo.

         JERÓNIMO.— Ah, sí... me dijeron que estabas ensayando Romeo y Julieta. ¿Pero eso fue el año pasado, no?

         ACTOR.— (Le quita la copa y representa un fragmento de su versión a Romeo, antes del suicidio. Bufo surge de su baúl y le ayuda a representar la escena) Julieta, por qué estás aún tan hermosa? Tus ojos brillan. Voy a morir contigo. Déjame sellar con un beso mi eterno pacto con la muerte. (Besa la copa) Ven áspero y vencedor veneno. Mi cuerpo, harto de combatir con la vida... quiere perderse en los abismos. Brindemos.

EL ACTOR CAE FULMINADO. JERÓNIMO APLAUDE CON ENTUSIASMO.

         JERÓNIMO.— ¡Bravo! ¡Genial, maestro! ¡Déjame darte un abrazo! (Se dan un aparatoso abrazo. Repentinamente, Jerónimo se pone serio) Pero no lo vuelvas a hacer, es de mala suerte.

         ACTOR.— ¿Ensayar frente al espejo?

         JERÓNIMO.— No. Suicidarse frente al espejo. Es de mala suerte. Dicen que tu alma se queda dentro, atrapada.

         ACTOR.— Por favor, Jerónimo; nunca pensé que fueras un supersticioso.

         JERÓNIMO.— Nunca lo he sido.

         BUFO.— Pero insisto en que es de mala suerte.

         JERÓNIMO.— Pero insisto en que es de mala suerte.

         ACTOR.— Mejor me suicidio en otra parte.

         BUFO.— ¡Se aproxima el juego más vital!

         JERÓNIMO.— ¿Y si mejor te mato?

         ACTOR.— (Emocionado) ¡Bruscamente!

         JERÓNIMO.— (Feliz) ¿Te acuerdas?...

         ACTOR.— Cuando jugábamos en la cocina de tu abuela...

         JERÓNIMO.— ¡Muerte brusca, sí! ¿Cuáles eran las reglas?

         BUFO.— ¡Artículo tercero!

         ACTOR.— ¡Artículo tercero, sí! ¿Qué es más importante? ¿Las reglas del juego... ?

         JERÓNIMO.— ¡O el juego sin reglas!

         ACTOR.— ¡El juego de la regla rota!

         JERÓNIMO.— ¡Artículo mortis!

         BUFO.— ¡Mortis mortibus!

         JERÓNIMO.— ¡Todo aquel que viole o desobedezca estas reglas será condenado a la pena máxima...

         TODOS.— ¡MUERTE BRUSCA!

EL ACTOR TOMA LA PISTOLA Y DISPARA TRES TIROS A JERÓNIMO, QUIEN CAE SÚBITAMENTE AL PISO. EL ACTOR TRATA DE REANIMARLO CON LA AYUDA DE BUFO.
      
   ACTOR.— ¡Jerónimo! ¡Jerónimo despierta! ¡Acaban de matar al maestro de Matemáticas!

         JERÓNIMO.— (Se levanta sorpresivamente) No, Jorge, no. Al maestro de Matemáticas no lo asesinaron. Simplemente se arrojó, se tiró, precipitó. Se hizo trizas; salió en el periódico. Todo el mundo lo sabe. Se arrojó. Se hizo trizas...

         TODOS.— ¡SE SUICIDÓ! 

         JERÓNIMO.— (Adopta la actitud de un maestro de Matemáticas) Vamos a ver, jóvenes, miremos. El día de hoy analizaremos la Teoría del suicidio y sus principales corolarios. Axioma A... (Al Actor) A ver, usted. Diga Ahh por favor.

         ACTOR y BUFO.— Aggh, gahhh, guihuu, gaiiuuu...

         JERÓNIMO.— ¡Suficiente! El suicidio como todos sabemos es una actividad peligrosa que puede llevar al individuo a diversos estados de alteración. Tenemos por ejemplo los suicidios que comienzan con una perturbación del pneuma. Asimismo, los hay parecidos a la muerte lenta, muy semejantes a los provocados por muerte brusca, pero no tanto. La diferencia estriba en si el sujeto se toma demasiado en serio o no. Tenemos el suicidio de Romeo, con veneno por supuesto. El lento pero aproximado, que es una variante de la muerte brusca. Tenemos ese suicidio, ese otro... y tenemos además, el además.

         ACTOR Y BUFO.— Gauuu, gauiii, gaushhh, shiuuuuu, aghh.

         JERÓNIMO.— (Al Actor) ¿Cuál es su nombre, joven?

         ACTOR.— Jorge.

         JERÓNIMO.— (Indignado) ¡Jorge! (Lo observa con atención) Jorge, usted y yo resolveremos juntos la siguiente ecuación. Acuéstese en el piso. Levante ese brazo. (El Actor levanta, por ejemplo, el brazo izquierdo) ¡Ese brazo no! ¡El otro! (El Actor levanta el brazo derecho) ¡No, ése no! Levante exactamente ese brazo y no el otro. (El Actor confundido levanta uno y otro brazo) ¡Levántelo!... Muy bien. Ahora, usted va a recibir un pequeño obsequio. (Le da una rosa. Bufo, a su vez, corre por un ramo de rosas negras y las va colocando alrededor del cuerpo del Actor) Repita después de mí.

El Actor repite torpemente cada verso mientras flexiona piernas y brazos. Jerónimo lo cubre con una tela negra a manera de sudario. Bufo es el cómplice de Jerónimo en esta especie de ceremonia.

         EL ACTOR Y JERÓNIMO.—

                                               MUERTO SOY

                                               MUERTO SIN POLVO

                                               SIN EMBARGOS Y SIN PEROS

                                               MUERTO SIN SAL

                                               CON DIENTES Y CON PELO

                                               MUERTO SOY

                                               SIMPLEMENTE

                                               SIN CUIDADO

                                               SIN ANTEOJOS

                                               SIN MALETA

                                               MUERTO SOY

                                               DESNUDO

                                               YO SOLO

                                               Y SIN ZAPATOS

         ACTOR.— (Gime) ¿¡Maestro, puedo ir al baño!?

         JERÓNIMO.— (Continúa con su "cátedra") El suicidio...

         ACTOR.— (Aúlla) ¡Maestro!

         JERÓNIMO.— Silencio. Despejemos juntos la siguiente incógnita:
         Capítulo primero: Usted se encuentra en su casa; solo y angustiado; triste, cabizbajo; sin hambre, desolado; herido y fatigado; se siente culpable, amordazado.
         Capítulo segundo: Usted sale corriendo hacia la calle. Baja las escaleras del Metro. Mira venir el convoy. Se decide. Todo es metal naranja y luz verde. El convoy se acerca, se acerca cada vez más aprisa. Usted está dispuesto. Mira venir el inmenso convoy...
         ¡Y en ese preciso instante!...

         ACTOR.— ¡Qué bruto!

         JERÓNIMO.— (Muy serio) De qué te ríes.

         ACTOR.— Del maestro de Matemáticas. Es que eso de suicidarse en el Metro... ¿No has visto el anuncio? “!Por favor no se suicide en el Metro, piense en el tiempo de los DEMÁS!”

         JERÓNIMO.— (Gélido) ¿Te pido un favor?

         ACTOR.— (Bromista) ¿De aquí hasta el fondo de la coladera? ¿Qué desea su INMINENCIA?

         JERÓNIMO.— ¿Podrías dejar de escupir estupideces?

         ACTOR.— Disculpe, señor Profesor. No quise ofenderlo. Yo... ¿Me va a reprobar?

         JERÓNIMO.— ¿Te callas? Estoy hablando en serio.

         ACTOR.— ¿Qué? ¿Así no juegas? Uyy sí. No hay problema. ¿No quieres un café?

         JERÓNIMO.— No, gracias. Pero podrías prestarme tu teléfono. Es algo que no te importa. Es algo que jamás te importaría. Es una llamada urgente. ¿Me prestas tu teléfono?

         ACTOR.— Claro que no...

         JERÓNIMO.— ¿No?

         ACTOR.— (Desarmado, le presta su teléfono móvil) Está bien. Habla.
Jerónimo marca un número telefónico interminable. Bufo y el Actor llevan a cabo un insólito juego de naipes.

         JERÓNIMO.— Una porquería, todo es una porquería. Estoy harto. ¿El juego más importante que las reglas? Pobre Jorge. Tú insistes demasiado y el juego terminó hace mucho tiempo. ¿A dónde vas? ¿A dónde quieres ir? Un día me descubrí hablando con un payaso insoportable. ¿Quién cambió? ¿Quién se volvió un desconocido para el otro? Estoy harto. Yo ya no vuelvo. Yo ya no voy a jugar.

         BUFO.— Tercia de qüinas, dos reyes, dos jotos y un caballo... Jaque mate.

         ACTOR.— ¿Y eso? ¿Qué clase de estúpido juego es éste?

         BUFO.— Un estúpido juego sin reglas. O qué, ¿ya no te gustan?
         Jaque mate y muerte brusca. ¡Salud!

         JERÓNIMO.— Pero... parece que tu teléfono está descompuesto. Mejor hablo desde un teléfono público. Espero que no te moleste.

         ACTOR.— No, ¿cómo crees? Yo de todos modos me iba a dar un...

         BUFO.— Un balazo.

         ACTOR.— Un baño. Me iba a matar al baño cuando llegaste... A meter. Así que si me permites...

         JERÓNIMO.— Claro.

         BUFO.— Además no tarda en venir Verónica.

         ACTOR.— Además no tarda en venir Verónica.

         JERÓNIMO.— ¿Quién?

         ACTOR.— Verónica. ¿La conoces?

         JERÓNIMO.— Se me hace tarde. Luego nos hablamos.

         BUFO.— Anda pues.

         ACTOR.— Adiós. Cuídate, si puedes.

Jerónimo sale de escena. En ese momento se escucha el estruendoso choque de un automóvil. Gritos y sirenas de ambulancia. Bufo y el Actor se miran desconcertados. Entra Verónica intempestivamente. Es una mujer joven, pero viste como una niña. Trae una bolsa de algún almacén.

         VERÓNICA.— ¡Puf... vengo muerta! (Cae fulminada. El Actor y Bufo corren a confortarla. Verónica se levanta sorpresivamente.) ¡Hay un tráfico...! No tienes una idea. Un tráfico espantoso. (Siempre al Actor) Pero qué cara. Parece que te hubieran golpeado. Por cierto, a que ni sabes con quién me acabo de encontrar en el elevador: a tu psiquiatra. ¡Qué tipo! (Bufo le da un vaso de agua) ¡Pero cómo no lo pensé! ¿Acaba de estar aquí, verdad? Se nota. ¿A qué vino? (Se toma el vaso de agua mientras observa al Actor) Por eso tienes esa cara... Pero siéntate, mi amor; estás muy pálido.

         ACTOR.— ¿Y tú? ¿Cómo has estado tú?

         VERÓNICA.— ¡Mira lo que te compré! (Saca un libro enorme de la bolsa de almacén) Acaban de editarlo. La traducción es una porquería, pero las ilustraciones son de sueño. Además te dice en veintinueve lecciones todo lo necesario. Eso sí: debes seguir las instrucciones al pie de la letra, pero con un pequeño esfuerzo...

         ACTOR.— Verónica te estoy hablando. ¡Verónica, cómo demonios has estado!

         VERÓNICA.— Una joya. Incluye recetas de cocina, crucigramas, el horóscopo al día y un paquete de adivinanzas varias. Pague una fortuna claro, pero al final...

         ACTOR.— ¡Maldita sea, Verónica! ¿¡Me vas a contestar!? ¿¡Cómo has estado!?

Verónica deja caer el libro. Bufo lo toma y lo lee plácidamente.

         Verónica.—(Conmocionada) ¿Bien? ¿Todo está bien?

         ACTOR.—¿Necesitas ayuda?

         VERÓNICA.— Soy fuerte.

         ACTOR.— ¿Por qué tienes los ojos tristes?

         VERÓNICA.— Soy dueña de mis actos.

         ACTOR.— Así que ya no eres una niña.

         VERÓNICA.— Nunca lo he sido.

Bufo se sienta en una silla. Saca de una bolsa un paquete enorme de palomitas de maíz y silenciosamente las consume mientras observa atentamente al público.

         ACTOR.— Recuerdas, ayer, cuando estuvimos solos.

         VERÓNICA.— ¿Ayer?... ¿Quién quiere hablar de eso?

         ACTOR.— Yo.

         BUFO.— (Anuncia) ¡Soledad! ¡La película! ¡Véala en su cine favorito!

         VERÓNICA.— ¿Ayer?... Estuve sola. Me compré una paleta de limón en la tienda de la esquina. Ayer me soñé caminando sola por la calle; y en mi sueño me decían, no sé quién, pero me decían que me habían visto comprar una paleta de limón en la tienda de la esquina.

         BUFO.— ¡Soledad! ¡Una película!, ¡pero qué película!

        ACTOR.— Ayer hacía calor. Me quité la camisa y los zapatos. Hacía calor y me tomé un vaso de agua.

Bufo los moja con una regadera. Luego pasea con un paraguas abierto.

         VERÓNICA.— Me gusta comprar paletas de limón. Son frías pero me besan los labios y la lengua. Me gusta sentir el vacío de mi estómago cuando me siento sola, sentada en cualquier banca del parque, mirando la gente que pasa.

         BUFO.— Conozca la conmovedora historia de Verónica: simple mortal en busca del Amor. ¿Su mayor fantasía?...

         VERÓNICA.— ¿Vendrás? ¿Vendrás a mí, Caballero de los brazos fuertes?

         BUFO.— Ella no sabe que pronto llegará a ella, a su melancólica soledad: ¡El Hombre!

         VERÓNICA.— Un caballero de piel tibia. Hermoso y fuerte.

         ACTOR.— ¿Ayer? Ya casi no me acuerdo. Alguien decía que tenía que ser valiente como un torero.

         BUFO.— Sí, pronto llegaría Jorge. Un Hombre que le ofrecería todo su amor. Todo el amor que él podía ser capaz de dar.

         VERÓNICA.— ¿Vendrás? ¿Vendrás a mí?

         ACTOR.— Y me dijeron: Cuando seas grande serás vigoroso y audaz. Cabalgarás con armadura y una espada. Eso dijeron. Pero no. Yo no soy azul, nunca lo fui, ni mucho menos príncipe.

         BUFO.— Y sucedió. El Hombre y la Mujer se conocieron. No se la pierda. Soledad. Consulte su cartelera.

         BUFO.— (A Verónica) ¿Cómo fue todo? ¿Cómo fue que nos conocimos?

         VERÓNICA.— ¿Sucedió como en el Teatro, como en el Cine? ¿Verdad que sucedió como en el Cine?

         ACTOR.— Sí, algo así... claro.

         BUFO.— Por lo menos sucedió en el cine.

         ACTOR.— Esa tarde fui al cine.

         VERÓNICA.— Esa tarde me fui... al cine.

         BUFO.— Fueron al cine.

        VERÓNICA.— Me senté en la butaca que yo elegí. Estuve mirando las caras de la gente y te vi. Tú también habías escogido tu lugar, sin mucho ruido. Bueno, es una manera de decirlo.

         ACTOR.— Estás sugiriendo que fui un escandaloso.

         VERÓNICA.— Lo afirmo. Fuiste escandaloso.

         ACTOR.— (Cínico) Fue para llamarte la atención

         VERÓNICA.— Debo decir que lo lograste. Nunca vi la película.

         BUFO.— ¡Soledad!

         ACTOR.— (Admirado) ¿¡No la viste!?

         VERÓNICA.— Tampoco tú.

         ACTOR.— Claro que sí... Todavía me acuerdo.

         VERÓNICA.— ¡Pero Jorge! ¡Te corrieron del cine!

         BUFO.— Por escandaloso.

         ACTOR.—¿Sí, verdad? Y tú saliste tras de mí... clamando.

         VERÓNICA.— No seas vanidoso.

         ACTOR.— No soy vanidoso, pero saliste tras de mí... clamando.

         VERÓNICA.— No me voy a poner a discutir.

         ACTOR.— ¿Y te acuerdas, en la calle?

         BUFO.— ¿Les gustan las comedias musicales?

         ACTOR.— ¡Las detesto!

         VERÓNICA.— En la calle fue como de cuento. Mejor dicho fue como... Como una...

         ACTOR.— ¿¡Una comedia musical!? ¡No, ni se te ocurra, por favor!

         VERÓNICA.— Me acuerdo que yo era Ginger Rogers y tú... tú eras...

         BUFO.— ¿Fred Astaire?

         ACTOR.— (A Bufo) ¡Todo lo que quieras menos Fred Astaire!

         VERÓNICA.— Me quitaste las palabras de la boca... tú eras Fred Astaire.

         ACTOR.— Lo dijo... ¡Lo dijo!

Música de comedia musical. Los personajes ejecutan una comedia musical rosa.

         BUFO.— Hola muy buenas piernas.

         ACTOR.— ¡Hola! Muy buenas tardes.

         VERÓNICA.— ¡Hola! ¡Gusto, mucho!

         ACTOR.— ¿Para dónde vas?

         BUFO.— ¿Pequeños pliegues en los sitios más inusitados?

         VERÓNICA.— Pasaba por aquí y pues pasaba.

         ACTOR.— Yo también iba esperándote, pasando. ¿Te gustó la película?

         VERÓNICA.— Sí. Es decir no. No la vi.

         ACTOR.— Yo también. Yo tampoco la vi.

         BUFO.— Dulces tensiones aliviadas. Húmedas sensaciones. Olores varios…  ¿Te gustaría ir conmigo a donde estemos solos?

         VERÓNICA.— ¿Te puedo hacer una pregunta?

         BUFO.— ¿Te gusta el sexo oral?

         ACTOR.— Claro, cómo no.

         BUFO.— ¿Exactamente ahí, o a un lado?

         VERÓNICA.— ¿Cómo dijiste que te llamabas?

         ACTOR.— Jorge. Me llamaba Jorge. Soy talentoso y por supuesto soy actor. Luego te doy mi tarjeta.

         VERÓNICA.— Sí bueno, pero en qué trabajas.

         BUFO.— ¡Basta! ¡Silencio, por favor silencio!

Cesan abruptamente música y coreografía. Verónica cae al suelo, fulminada.

         ACTOR.— ¿¡Qué pasa!?

         BUFO.— Es terrible... pero lo peor sucedió antes del desayuno, como siempre. Lo peor, ni más ni menos; antes del desayuno.

         ACTOR.— ¡Qué! ¿Cuál desayuno?

         BUFO.— El de ustedes. Despierta a tu mujer. Pregúntale si los prefiere revueltos o estrellados.

         ACTOR.— ¡Pero si nos acabamos de conocer!

         BUFO.— ¿Conocer? ¿Qué no vivieron juntos?

         ACTOR.— ¿Vivimos?

         BUFO.— ¿Viven?

         ACTOR.— ¿Qué?

         BUFO.— Sí, eso es lo que digo yo. VIVEN juntos... por ahora. Muy bien, entonces cómo quieren su desayuno.

         ACTOR.— ¡Insistes!

         BUFO.— ¡Ajá! Sí.

         ACTOR.—  Pues lo queremos en la cama, por favor.

         BUFO.— Perdón, ¿cómo dijiste?

         ACTOR.— El desayuno en la cama y rapidito por favor.

         BUFO.— ¿Estás soñando?

         ACTOR.— (Turbado) ¿¡Qué!?

         BUFO.— No importa, no. Veré que puedo hacer por ti.

BUFO SALE DE ESCENA.

         ACTOR.— ¿Verónica? ¿Duermes, Verónica?

         VERÓNICA.— ¿Jorge?

         ACTOR.— Sí.

         VERÓNICA.— ¿Estás aquí? No te vayas... La vida es demasiado grande.

         ACTOR.— No te preocupes. Yo te voy a cuidar.

         VERÓNICA.— (Pausa) Te equivocas, Jorge. No me gusta que me cuiden. (Se levanta desorientada)

         ACTOR.— (Protector) ¿Tienes frío? ¿Quieres que te preste un suéter?

         VERÓNICA.— ¿Un suéter? (El Actor la abraza dulcemente) ¿Una piel tibia? (Lo aleja) No me toques.

         ACTOR.— Eres una niña.

         VERÓNICA.— Soy una mujer. (El Actor la abraza de nuevo. Ella dice fríamente...) Soy fuerte. (Y se aleja hacia el espejo. Lentamente, cepilla su cabello)

Bufo entra con una charola vacía.

         BUFO.— Dígame, señor. ¿Usted la ama?

         ACTOR.— ¿Quiere una respuesta simple?

         BUFO.— Quiero una simple respuesta. ¿La ama?

         ACTOR.— Sí.

         BUFO.— ¿Y ella?

         ACTOR.— Verónica es egoísta.

         VERÓNICA.— ¿Cómo empezar? Ayer estaba sola y me dijeron:
         ¿No quieres venir?
         ¿Cómo seguir?... Ahí estaba ese curioso ser, ese chiflado escandaloso. Tenía los ojos vivos y en cada mano una sorpresa...
         Y comencé a querer amarlo.

         ACTOR.— ¿Una decisión?

         BUFO.— Un imposible.

         VERÓNICA.— Pasó el tiempo y comencé a recordar ese desear amarlo. Y seguí y me perdí... Y me olvidé. Me confundí conmigo misma.
         Confundí mi voluntad de amar con el amado mismo. Olvidé tanto que imaginé querer con toda mi verdad al hombre de los ojos vivos.
         Olvidé, pero después lo supe. Me enteré de mí misma. Estaba enamorada de la imagen que yo misma quise crear. (Deja de cepillarse, mira impasible al Actor)

         BUFO.— No, no, no, no y no. La verdad es más simple y menos complicada: Verónica es incapaz de dar amor y sobre todo es incapaz de recibirlo. ¿O tú qué piensas? (Sale presuroso ante la mirada fulminante del Actor)

         ACTOR.— Oye, Vero... ¿No crees que es tiempo de que tengamos un bebé. Un bebito con mi cara y con tu cara, así... mezcladas. Sería sensacional, ¿no crees? Con tu cara con mi cara. (Ante la elocuente mirada de Verónica)  No, ¿verdad? No es una idea brillante. No.           

         VERÓNICA.— (Como si estuviera sola) Jorge es un sordo. Jorge es un gatito torpe. ¿Y yo? Yo me voy.

         ACTOR.— ¿Con quién, Verónica?

         VERÓNICA.— Me voy, Jorge; simplemente.

         ACTOR.— ¿Buscas un héroe de mil batallas?

         VERÓNICA.— Adiós, Jorge

         ACTOR.— Un héroe fantástico. Matará al Dragón. Levantará un castillo para ti.

         VERÓNICA.— Eres un idiota. Nunca vas a cambiar. (Sale furiosa de escena).

         ACTOR.— Te construirá una torre y tú en silencio lo amarás. Lejos de él; mientras conquista el mar, Dragón de tantas olas. Una historia perfecta para ti, Verónica; para ti, tan sola.

Entra Bufo-el Globero con gran estrépito. Trae consigo una misteriosa bolsa de papel estraza de las que se usan para el pan dulce, pero esta vez la bolsa contiene un globo lleno de agua que apenas se asoma al público.

         BUFO.— Le venimos estudiando, le venimos excitando, le venimos lubricando, le venimos erectando. Le pintamos, le sacamos, le introducimos, le metemos paso a paso, poco a poco: ¡la singular, la nunca vista! Lo contiene, lo tranquiliza, lo mediatiza, lo acompaña, no lo deja solo. Lo pertenece, lo incorpora, lo adhiere, lo pega, lo succiona. Usted no intenta, no ejecuta, no tiene de qué, no tiene sino qué. Se inercia, se deja, se hamaca, se alfombra y se algodona. Sin compromiso, sin esfuerzo y sin maniobras... ¡Llévelo!

         ACTOR.— (Emocionadísimo) ¿¡Y cuánto cuesta!?

         BUFO.— ¿De veras le interesa?

         ACTOR.— ¡Pues sí, pues claro, sumamente!

         BUFO.— Por ser para usted...

         ACTOR.— ¿¡Sí!?

         BUFO.— No. Mejor no. Disculpe a usted no se lo podemos vender.

         ACTOR.— (Indignado) ¿¡Por qué no!?

         BUFO.— (Misterioso) Es peligroso. (Lo abraza) Usted sabe. Usted sabe que no sirve de nada saber y mucho menos criticar. Por lo menos aquí.

         ACTOR.— (Cada vez más indignado)  ¿Saber qué cosa, criticar qué cosa? ¿Y qué quiere decir con aquí?

         BUFO.— Criticar, saber. Es inútil. Como el psicoanálisis.

         ACTOR.— ¡Oiga no! ¡A mí nadie me va a venir con discursos!

         BUFO.— Si yo mismo le dije que aquí no. ¿Qué? ¿Ya se enojó?

         ACTOR.— (Se contiene) No, cómo cree. (Reflexiona) Oiga...

         BUFO.— ¿Sí?

         ACTOR.— ¿No me podría vender aunque sea tantito?

         BUFO.— Lo siento, señor, pero está prohibido. Por lo menos durante las horas hábiles.

         ACTOR.— (Con la intención de discutirle todo) ¿Y por qué hábiles?

         BUFO.— Las de trabajo, Señor. ¿No tenía usted que irse a trabajar?

         ACTOR.— ¡Ay la entrevista!

         BUFO.— ¿Entre qué?

         ACTOR.— ¡Qué barbaridad, la entrevista!

El Actor arregla el "departamento" muy de prisa, sin demasiado éxito. Saca al Globero de escena como si fuera un mueble. Se peina, se arregla y corre hacia la puerta. En ese momento suena el timbre de su teléfono. Corre hacia donde está el teléfono, pero antes de responder se detiene en seco: se vuelve a peinar y muy seguro de sí va hacia la puerta. Entra Bufo-el Globero por primera vez con globos. El Actor furioso decide contestar el teléfono que parece sonar cada vez más fuerte. Bufo se mantiene inmóvil en la puerta como si fuera un vendedor.

         ACTOR.— (A Bufo) ¡Qué se le ofrece! (Bufo no contesta) (Al teléfono) ¡Diga! (Al estático Bufo) ¡No quiero globos! (Agresivo) ¿Me oyó? ¡Que no quiero globos! (Para sí) Nunca me han gustado los globos. (Corre furioso hacia Bufo quien huye despavorido dejando la puerta abierta)(Al teléfono) ¡Diga! Disculpe, casi no le oigo. ¿Sí?... ¿Por qué no vuelve a marcar? ¿Qué cosa?... ¿¡Eres tú, mami!? ¡Mamá, mamita; qué sorpresa! Gracias por hablar... No me lo digas, ¿no sabes cuántos cumplo?...  (Entra Bufo y coloca sigilosamente decenas de globos por todo el escenario. Bufo, EXCLUSIVAMENTE PARA LOS OJOS DEL ACTOR, sólo es observable en movimiento, ya que al congelarse, “mágicamente” se vuelve invisible) ¿Por qué no me hablaste por cobrar?... No, no exageres, no. Yo nunca te he insultado. Además eso fue el año pasado... Sí, antes de tu accidente... ¿Cómo?... Sí, mami; muy bien... ¿Publicaron mi foto?... Bueno, será porque soy joven, ¿no crees?... Pues todavía, sí... ¿En dónde?... ¡Uy, no te imaginas! ¡Todo un éxito! ¡Éxito rotundo, sí!... De Shakespeare... A Romeo... Que yo hago a Romeo... ¡Claro que es importante! Ojalá pudieras venir a verla... La obra, sí. Bueno, sí; me imagino que en tu estado... ¡Que soy qué!... (Bufo se emociona tanto con su "arreglo global", que  deja al descubierto su pequeño truco. El Actor parece planear una estrategia de ataque) Permíteme un momento, ¿sí, mami?... No tardo... Sí, ya sé que es larga distancia, pero no tardo... Sí, no tardo, eh... (Corre como un energúmeno tras de Bufo, pero éste logra escapar. Cierra la puerta con varias vueltas de llave y muy molesto "continúa" su conversación telefónica) ¡Diga!... (Iracundo) ¡Muy buenas tardes!... ¡No, señor; está equivocado!... ¿¡Qué número dice que marcó!?... ¿¡Qué cosa!?... ¡No señor yo no he recibido ningún anticipo!... ¡Por supuesto que no me apellido Incháustegui!... ¿¡Cuál contrato!? ¿¡Cuál departamento!? ¿¡Está loco!?... ¡No, de ninguna manera!... ¿Cómo?... ¡Pues demándeme si puede!... ¿¡Qué!?... Mire, ni me llamo Romero, ni rento nada, ni... Óigame, no tiene por qué insultarme... ¿Montesco?... Pues usted será el estúpido y no tengo por qué decirle mi apellido... ¿Quién?... ¿Ah sí? ¡Pues vaya usted mucho a llamarle a su madre! ¿Diga? ¡Bueno! Bueno... (Oscuro. Cuando se prenden las luces el Actor permanece inmóvil junto al teléfono)(Ausente) ¡Qué barbaridad, la entrevista! (Otra vez oscuro. Cuando se prenden las luces, el Actor está frente al espejo, se ve lejano, sin fuerzas) ¡Qué barbaridad, la entrevista!

Se escucha un blues lento. El Actor se pone lentes oscuros y se sienta tomando varias poses como si modelara frente a una cámara fotográfica. Al fondo del escenario vemos el arribo de un elevador que está dentro del departamento-camerino. Vemos las figuras de los Padres-Reporteros a contraluz detrás de las puertas translúcidas del artefacto. Se abre el elevador. Los Padres visten como en los años 40s. Cargan maletas. Ella está embarazada. Al entrar revisan quisquillosamente el "departamento".

         LA MADRE.— ¿Lo rentan con o sin muebles?

         ACTOR.— (Turbado) Disculpen...

         EL PADRE.— (Mirando al Actor y luego al departamento) Es horrible.

         LA MADRE.— Por supuesto que es horrible, por eso piden cincuenta mil. (Al Actor) Vimos el anuncio, joven. No tenemos mucho tiempo para buscar casa... Mire, si usted nos deja los muebles... ¿Qué dice? Le ofrecemos noventa mil con todo y muebles.

         ACTOR.— Señora, parece que hay un error.

         EL PADRE.— Hay un grave error. No debimos venir. Es horrible. (Sigue mirando al Actor) Con o sin muebles es horrible.

         ACTOR.— (Al Padre) Déjeme explicarle.

         EL PADRE.— No se esfuerce, joven. Buscamos algo mejor. Tenemos prisa, pero buscamos algo mejor. (A la Madre) Vámonos.

         LA MADRE.— (Al Padre) No, Jorge, mira... está bien. Quitamos algunos muebles, pintamos, alfombramos y con algunas plantas...

         EL PADRE.— ¿No bromeas?

         LA MADRE.— (Al Actor) Le ofrezco cuarenta mil. Sin muebles claro. ¿Mañana mismo puede usted desocupar?

         EL PADRE.— No le quites su tiempo al joven. (Mira al Actor, luego al departamento) Es horrible. Definitivamente horrible. Muchas gracias, joven. No sufra. No le faltará quién.

         LA MADRE.— (Al Padre) ¿!Ya decidiste!?

         EL PADRE.— (Concluyente) ¡Es horrible...!

         LA MADRE.— (Convencida) Muy bonito su departamento, joven; pero buscamos algo mejor. No se desespere, no le faltará quién.

         EL PADRE.— Buenas tardes.

         LA MADRE.— Compermiso.

El Actor parece acompañarlos a la puerta del elevador, pero repentinamente los Padres lo hacen pasar adelante y lo empujan dentro. Confirman que el elevador está en otro piso y se adueñan del departamento. La luz cambia rotundamente: parece un día soleado, perfecto para un día de campo. La Madre extiende un mantel sobre el piso y lleva a cabo todos los preparativos para un curioso picnic. Vemos descender al Actor asido a una cuerda. Él, recorrerá durante esta escena, desde el momento de su nacimiento hasta la edad que tiene al comienzo de la obra.

         LA MADRE.— (De su vientre surge una pelota roja brillante. Ambos padres  se relacionan con ella o con el Actor, como si fuera una sola entidad) Míralo, Jorge. Es tu hijo.

         EL PADRE.— Así que hoy es el cumpleaños de este desgraciado. ¿Y cuántos cumple, eh?

         LA MADRE.— (Hace cuentas sin gran éxito) Déjame pensar... en mil novecientos...cinc.. no en mil nov...


         EL PADRE.— Qué manera de cambiar... ¿Así fue como lo dejamos? Brazos largos, manos, ombligo en su lugar... Más o menos alto... ¿Y en qué trabaja?

         LA MADRE.— Es actor, Jorge... Creo que salió en una obra de... de Cervantes sí... Salió en el periódico.

         EL PADRE.— ¿Y de qué salía?

         LA MADRE.— De Romeo, creo... Pero míralo, mira qué delgado está. Y esa cara. Seguro padece insomnio, como tú, Jorge; como tú... estoy segura.

         EL PADRE.— Exageras. Es un poco delgado... pues porque es delgado y no por otra cosa.

         ACTOR.— Mamá, querida mamá. Mamá, papá. Papá, mamá. ¿Mamá? ¿Papá?

         LA MADRE.— Es evidente.

         EL PADRE.— No tanto.

         ACTOR.— Mamá, estoy sentado en tu vientre; todo es calmado y tibio. Dile a papá que estoy bien. Todo es burbuja y rojo. Escucho un pequeño tam tam, burbuja y rojo... Tam tam, tam tam...

A partir de este momento los Padres ejecutan un juego entre infantil y sexual. El Actor se convierte en un elemento obstaculizador de la situación, pero al que no dejan de tomar en cuenta; no sin enfado, no sin resignación.

         EL PADRE.— (Como una clave secreta para iniciar el rito amoroso—sexual) Veinticinco cincuenta, la número veintiséis.

         LA MADRE.— Con una, con dos, con tres: te saco la vuelta y de dejo de a seis.

         ACTOR.— Papá, querido papá. ¿Por qué todo es como es, por qué no puede ser de otro modo?... ¡Mamá!

         LA MADRE.— (Acude brevemente al llamado de su hijo) Corre, vuela, salta. A ver si no te asaltan, a ver si no te matas.

         EL PADRE.— (Protestando por la intromisión del "pequeño") ¡Fuera y pido, que se vaya el demonio, que se vaya si vino. (Besa intensamente a la Madre).

         ACTOR.— Estoy en el agua, papá. No te vayas tan pronto, ¡mira qué bien sé nadar! ¡Como un pescado, mamá! ¿Lo estoy haciendo bien? (Se aferra de las piernas de sus padres).

         EL PADRE.— (Molesto, arroja al "pequeño" de una sonora patada en el trasero) Pido cielo y tierra... (Luego, le da "consejos") Corre por encima, corre por abajo, frena para atrás, sube la escalera, salta para abajo, ahora no des brincos, quédate sentado... ¡Salta! ¡Salta!!! (El Actor, confundido ante las órdenes de su papá, da un enorme salto y se queda inmóvil en el suelo) Eso es.

         LA MADRE.— (Aparentemente lo consuela. Lo cubre con el mantel) Con una, con dos con tres. Si te atrapo tú te duermes; si te alcanzo no te suelto y te convenzo.

         ACTOR.— (Al Padre, al ver que éste toma sus maletas y se intenta marchar) ¿Te vas otra vez, papá? ¡Que tengas buen viaje, que te diviertas!

         LA MADRE.— (Deja al "niño" y alcanza al Padre) Por aquí pasó Colón y mejor tomó un avión. (Realizan un "viaje" por el escenario)

         ACTOR.— (Juega a solas) Una, dos y tres... Dos pasitos, dos. Muy bien. ¿Lo estoy haciendo bien? No, tú no. Tú menos. Tú tampoco. Uno, dos, y tres. Dos para dos son tres, dos y tres son seis. ¿Lo estoy haciendo bien? No, tú no. Tú menos. Tú tampoco.

LOS PADRES REGRESAN DEL "VIAJE"

         LA MADRE.— (Al Actor) A ver, a ver. Una sonrisita, dos, tres sonrisitas.

         EL PADRE.— Ríete desgraciado. A ver sonrisita... Sonrisita... Te voy a romper los dientes.

         LA MADRE.— ("Cariñosa") ¿De qué te ríes imbecilito. A ver sonrisita, así, así. ¡Pero qué taradito, qué tontito! (La Madre cesa el juego con el Actor, coquetea al Padre con otra falsa adivinanza iniciando una vez más el coqueteo—rechazo) ¿Corre, se ahueca, salta y viene para afuera?...

         EL PADRE.— ¿Quieres que te conteste al revés? (Vuelven a perseguirse, finalmente levantan el mantel y continúan el juego sexual en un cama instantánea y vertical —el mantel— que solamente deja ver las caras de los padres).

         ACTOR.— Estoy volando, respiro. Vuelo y me elevo cuando quiero. ("Se mete a la cama" con sus padres) ¿Estás dormido, papá? ¿Hoy no me vas a pegar? ¿Tú tampoco, mamá? (Sale de la cama) ¡Mis papás no pegan, mis papás no me pegan. ¿Entonces por qué me duele, por qué me duele tanto?

Los Padres dejan la sábana y ponen total atención al Actor.

         EL PADRE.— ¡Cómo que te duele... y por qué te duele! ¡Explícate!

         LA MADRE.— Déjalo, Jorge. Déjalo que se acostumbre, que se acostumbre.

         EL PADRE.— ¿Y luego que nos eche la culpa? ¡Eso sí que no!

         LA MADRE.— (Asombrada) ¿La culpa?... ¿La culpa de qué?

         ACTOR.— (Su Padre, cariñosamente brusco, conduce al Actor al espejo, y cariñosamente brusco le quita la camisa y le lava las orejas) Tengo la nariz de mi madre y las orejas de mi tío. Tengo las cejas de mi abuelo, el cuello de mi papá... Los hombros y los pies son míos.

         LA MADRE.— (Conmovida) Míralo, Jorge; ¡es tu hijo!

         EL PADRE.— (Refunfuñón) Y el tuyo también.

         LA MADRE.— (Emocionada) ¡Soy madre!

         EL PADRE.— ¿Y qué con eso? Yo también lo digo: ¡Soy el padre! ¿Y qué?

         LA MADRE.— No es lo mismo, no es igual.

         EL PADRE.— (Arrojando al "niño" fuera de la discusión) ¿¡Quién dice!?

         LA MADRE.— ¡No fastidies!

         ACTOR.— (Repentinamente recobra su edad auténtica) Buenas tardes.

         LOS PADRES.— (Ninguno de los dos dispuesto a hacer las paces) ¡Muy buenas tardes!

         ACTOR.— ¿Ustedes son mis padres?

         EL PADRE.— ¡Todo parece indicarlo, sí!

         LA MADRE.— ¡Parece que no existe la menor duda, no!

        ACTOR.— ¿Dónde aprendieron a mentir? ¡Ustedes son demasiado jóvenes!

         EL PADRE.— (A la madre. Conciliatorio a regañadientes) ¿Se lo dices tú?... O mejor ya no le decimos nada.

         ACTOR.— Además mis padres están muertos, hace mucho tiempo que murieron... ¿A quién quieren engañar?

         LA MADRE.— (Al Padre) Es nuestra última oportunidad... (Al Actor) Pablito, hijo. Tu padre y yo tenemos una sorpresa para ti.

         ACTOR.— (Nuevamente infantil) ¿En serio?

         EL PADRE.— De verdad, de verdad... Sí, Pablito. Tu mami y yo nos vamos de viaje.

         LA MADRE.— (Dulce) Se trata de un viaje muy largo, sí... Muy, muy largo.

         EL PADRE.— Pero tú no debes angustiarte, Jorge. Te vas a equivocar algunas veces, pero al final llegarás a la meta que todos anhelamos.

        LA MADRE.— Si necesitas algo no se te ocurra pensar en nosotros.

         EL PADRE.— De todos modos pórtate… como puedas.

         ACTOR.— (Se despide, cariñoso) Gracias, señores. Gracias por todo. Me dio mucho gusto conocerlos, que tengan buen viaje... (Los Padres se marchan con todo y elevador) Que se diviertan... (Reflexiona) ¿Gracias? (Y se encoge de hombros).

El Actor muy contento pone música; de pronto el sonido empieza a fallar y se escuchan mezcladas: una sirena de alarma y alguna música que recuerde a las caricaturas de la Warner Brothers. Entra Bufo bailando muy graciosamente, disfrazado de Bugs Bunny en una de sus caracterizaciones femeninas. El Actor juega a perseguirlo como si fuera el iracundo Sam Bigotes...

         BUFO.— Ven noche; ven, Romeo. Tú que eres el día en medio de esta noche. Tú que en las tinieblas eres un copo de nieve sobre las alas negras del cuervo. Ven noche amiga de la locura y tráeme a mi Romeo... Bueno va más o menos así. ¿Qué opinas? ¿Te gusta el disfraz que escogí para tu fiesta? Lo he titulado: Julieta Capuleto se niega a salir a su balcón. ¿Cómo ves?

         ACTOR.— ¿Quién te dijo que eres mi invitado? ¡Por qué no me dejas en paz!

         BUFO.— De acuerdo, no seré más Julieta. Mira muy bien y dime ahora lo que ves.

Se quita el Disfraz de Julieta y queda casi desnudo, con un enorme y cómico pañal.

         ACTOR.— Déjame adivinar... parece algo así como un... Como el disfraz de... ¿Un bebé?


         BUFO.— Exacto. ¿Y si me quito el pañal?  Vamos a ver qué pasa.

         ACTOR.— ¡No! Mejor no. No te nos vayas a resfriar.

         BUFO.— Siempre es mejor estar cubiertos, ¿verdad?

         ACTOR.— Por favor...

         BUFO.— Siempre disfrazados, es lo mejor.

         ACTOR.— Yo no dije eso.

         BUFO.— ¿Cuál es el mejor disfraz que existe?

         ACTOR.— ¿Para una fiesta? Pues, el de...

         BUFO.—  No sólo para una fiesta... ¿Un disfraz para cualquier ocasión? ¿O para cualquier ocasión un disfraz? ¿Tú qué prefieres?

         ACTOR.— Pues yo... no sé.

         BUFO.— ¿O no prefieres ninguno? ¿Ningún disfraz para ninguna ocasión?

         ACTOR.— Sí, supongo que eso es mejor.

         BUFO.— Claro, de acuerdo. Me voy a quitar el mío. (Se lo intenta quitar).

         ACTOR.— ¡Nooo!

         BUFO.— En qué quedamos... ¿te molesta ver a un niño sin pañal?

         ACTOR.— Tú no eres precisamente un niño.

         BUFO.— ¿No? Entonces qué soy... ¿Un gnomo?

         ACTOR.— Pues si me pides mi opinión, te diré que eres un... Eres un... ¡un inmaduro!

         BUFO.— Pues claro que lo soy. Soy la parte más inmadura de... ¿De quién?... ¿De Jorge, verdad? Pues sí, ser adulto quita mucho tiempo. En todo caso para eso de los adulterios y adulteces estás tú. Y el hecho de que lo seas, no significa que no lo seas.

         ACTOR.— ¿De qué me hablas?

         BUFO.— Tú eres el adulto.

         ACTOR.— ¿Yo? Soy demasiado joven.

         BUFO.— ¿Te parece? Pues aunque estés vestido así, eres un adulto.  Un poco extravagante, como los niños. Pero eres un adulto.

         ACTOR.— Sí, supongo que sí.

         BUFO.—  Pero no te preocupes, eso no significa que no puedas jugar. Se tratará de un juego más difícil, porque es un juego en serio. El juego, si tú quieres, seguirá siendo más importante que las reglas.

         ACTOR.— ¿No todos los adultos juegan?

         BUFO.—  No todos. Algunos viven demasiado ocupados en mantener el único disfraz que se han permitido escoger. Profesores, enfermeras, diputados… Otros se divierten con miles y miles de disfraces, porque saben que son sólo eso... ¿Te lo digo? Disfraces.

         ACTOR.— ¿Y siempre escogemos uno?

         BUFO.— Uno o varios. No importa. Lo que sería interesante es conocer al que está desnudo, debajo de cualquier disfraz. Déjame enseñarte. (Se intenta quitar una vez más su "disfraz").

         ACTOR.— ¡Que no!

         BUFO.— (Discursivo) ¿Lo ves? Cuando uno quiere ser auténtico no lo dejan. Cuando uno quiere expresarse sin perder la forma, la más pura. No la que otros dicen que es mejor o indispensable...

         ACTOR.— Oiga, Profesor; ¿no le parece a usted que fueron ya muchos discursos?

         BUFO.— ¿Quién te dijo que era Profesor, En todo caso sería tu Institutriz, pues soy Julieta, Julieta Capuleto nada menos... (Intenta ponerse su disfraz de Julieta) ¿Divino mi disfraz, no crees?

         ACTOR.— (Lo lleva hacia la puerta) En eso se equivoca, querida Institutriz. Yo ya le dije que nunca la invité.

         BUFO.— Eso no tiene la menor importancia, yo estoy aquí cuando es preciso... ¿No lo habías notado?

         ACTOR.— ¡Fuera!

         BUFO.— No te enojes, mira nada más con qué cara vas a recibir a tus invitados...

         ACTOR.— ¡¿Cómo, ya!?

         BUFO.— Asómate por la ventana.

El sonido de la sirena es ahora intensísimo y se liga inmediatamente después con una marcha nupcial distorsionada. Bufo desaparece de la escena al mismo tiempo que una ventana desciende sobre el foro; el Actor se asoma por ella y saluda con gestos efusivos. Vemos venir por algún lado a Verónica y Jerónimo "disfrazados" de recién casados.

                   ACTOR.— ¡Aquí es!


 La Novia (Verónica), montada en los hombros de Jerónimo viene arrastrando un enorme velo que surge de su cabeza y termina varios metros atrás en las manos del apurado Bufo. El Actor coloca la puerta-espejo en el piso y espera sonriente a  que los invitados pasen por ella. Finalmente los Novios se instalan en la escena ignorando profundamente al Actor, quien a pesar de todo se acerca encantador a recibirlos. Todos se congelan en una composición nupcial, y de ese grupo sale Bufo y les toma una foto. Luego saca otra fotografía del público y habla alternativamente al público y a los otros personajes.

         BUFO.— ¡Sonrían, por favor sonrían! No es obligatorio pero sonreír es tal vez el único remedio... a veces. ¡Bienvenidos! Podría decir que me alegra su presencia esta noche, pero no importa. Espero que gocen, disfruten y hagan su mejor esfuerzo. ¡Esta es la fiesta de los disfraces!... ¡Bienvenidos!
Toma otra fotografía y todos se descongelan.

         ACTOR.— (A la pareja) ¿Pero por qué no me avisaron? ¿Cuándo sucedió?

         VERÓNICA.—(En éxtasis) Un acontecimiento naturalmente. Los invitados, la música, los crisantemos... Todo en su lugar, su sitio. Como es costumbre, como es natural.

         BUFO.— Y como es natural en estos casos, la pregunta final se escuchó por el micro: (Sacerdotal) ¿Aceptan unir sus vidas por los siglos, y los siglos, y los siglos... posibles? ¿Aceptan, sí?

         LA PAREJA.— ¡Sí!

         BUFO.— Así sea pues. Entonces... los declaro. ¡Bésense!

La pareja se besa.

         ACTOR.— ¡Pero qué desconsiderados!

         LA PAREJA.— ¿Qué qué?

         ACTOR.— ¿Por qué no me avisaron?

         JERÓNIMO.— (Molesto) ¡No teníamos tu dirección!

         VERÓNICA.— (Hostil) ¡Ni tu número de teléfono!

         JERÓNIMO.— ¡Nos dijeron que estabas enojado con nosotros!

         VERÓNICA.— ¡Que te habías ido de viaje!

         JERÓNIMO.— ¡Que te habías sorrajado un tiro en la cabeza!

         VERÓNICA.— ¡Que te habías cortado las venas!

         LA PAREJA.— ¡Nos dijeron que estabas muerto!

Oscuro. Cuando las luces se prenden de nuevo luces, el Actor coloca la puerta-espejo enfrente de los Novios, quienes la atraviesan encantadores. Ambiente de alegría y encanto social.

         BUFO.— ¡Comenzamos!

         ACTOR.— (Feliz) ¡Pero qué alegría me da, qué bueno que vinieron! ¡No saben, no saben qué alegría me da! ¿Qué quieren tomar? ¿No será lo de siempre, verdad?

         BUFO.— Porque lo de siempre se acabó.

         JERÓNIMO.— (Abraza y besa al Actor) ¡Jorge, felicidades! ¡No has cambiado nada!

         VERÓNICA.— (También lo abraza y besa) Estás igualito, igual que siempre... ¡Felicidades!

         ACTOR.— (Vuelve a abrazar y besar a sus invitados) ¡Verónica, gracias de veras! ¡Jerónimo, gracias Maestro! ¡Gracias por venir a mi fiesta de cumpleaños!

         JERÓNIMO.— (Asombrado) ¿Es su cumpleaños?

         VERÓNICA.— (Confundida) ...Yo no sabía.
                  
         ACTOR.— No importa, no. De todas formas mi cumpleaños ya  pasó, porque hoy es (Consulta su teléfono para ver la fecha) lunes y mi cumpleaños fue ayer domingo.

         JERÓNIMO.— No, no, no. Te equivocas, Jorge. Hoy es martes.

         ACTOR.— No, Jerónimo... Estoy hablando estrictamente como  a ti te gusta. Ya son más de las doce de la noche. Hoy  es lunes y mañana martes.

         BUFO.— Hablando estrictamente, claro. Hoy es lunes, hace  unos minutos fue domingo.

         JERÓNIMO.— Hoy es martes.

         VERÓNICA.— ¡Ay, Jerónimo! ¿No sabes en qué día vives? Si Jorge te lo acaba de decir... Hoy es lunes.

         JERÓNIMO.— No, no. Hoy es martes, claro que es martes...

         TODOS.— No, no y no.

         JERÓNIMO.— ¿Entonces qué día es hoy según ustedes?

         VERÓNICA.— ¿Por qué preguntas?

         ACTOR.— Sí, ¿por qué lo haces?

         BUFO.— ¿Por qué?

         JERÓNIMO.— ¡Bueno, ya!... ¿Simple curiosidad?

         VERÓNICA.— Pues déjame decirte que eres un tonto, Jerónimo. Hoy es un lunes como cualquier otro.

         JERÓNIMO.— ¿Estás loca? Ayer fue lunes. El domingo por la noche fue la boda, acuérdate. Y en la noche siguiente, es decir la del lunes, o sea ayer, nos fuimos de Luna de Miel. Lógicamente hoy es martes.

         BUFO.— ¡Qué romántico! Así que enamorados.

         VERÓNICA.— En-Amor-a-Dos, sí.

         ACTOR.— ¿De Luna de Miel? Pero y entonces... ¿qué hacen aquí?

         VERÓNICA.— Sí, Jorge... nos fuimos al Viejo Mundo... (A Jerónimo) ¡Como tú dices!

         JERÓNIMO.— ¡Yo nunca he dicho eso!

         VERÓNICA.— ¡Cómo fastidias!

         JERÓNIMO.— ¡Cómo te adoro!

         VERÓNICA.— ¡Imbécil!... (Al Actor) Así es, Jorge. Nos fuimos en avión y todo... Yo siempre sugerí el barco... Por lo seguro, claro... Pero bueno, nos fuimos en avión. Según esto sin escalas; ¿verdad, Jerónimo? Pero ya ves, tuvimos una escala fatalmente forzosa... (Como rotunda conclusión) Bueno entonces hoy es martes.

         JERÓNIMO.— (Cariñoso)  ¿Lo ves, Jorge? ¡Antier domingo fue tu cumpleaños! ¡Déjame darte un abrazo! ¡Felicidades! (Se aleja y baila con Verónica.)

         ACTOR.— ¡¿Gracias!?

         BUFO.— (Abraza al Actor) Lo siento mucho.

         JERÓNIMO.— ¡Que bailen los novios, que bailen los novios!

Se escucha el sonido de un avión en pleno vuelo. El Actor se ve envuelto junto con bufo en el enorme velo de la novia. Repentinamente la pareja deja de bailar y se queda mirando al público, sonriendo extrañamente.

         VERÓNICA.— (De reojo mira cómplice a Jerónimo) Es una pena, Jorge, pero tenemos prisa, muchísima prisa.

         JERÓNIMO.— Sí; ya nos vamos, Jorge.

         ACTOR.— ¡No puede ser, pero si acabamos de empezar!

         BUFO.— ¡Y no se trata del principio, no!

         VERÓNICA.- Mira, Jorge; no te ofendas, pero nos invitaron a una fiesta.

         ACTOR.— (Se convulsiona de risa y cae al suelo) ¿Qué? ¡No es posible! ¡No puede ser cierto! (Cae desmayado).

         VERÓNICA.— ¿Por qué lo dudas? Nos invitaron a una fiesta de disfraces en casa de Jorge.

         JERÓNIMO.— ¿Te acuerdas de Jorge? ¡El actor! ¿Te acuerdas, Jorge!

         LA PAREJA.— ¡Jorge! ¡Jorge!! ¡JORGE!!!
  Suena insistentemente el teléfono. Cambia la iluminación y vemos, por lo menos en ambiente, la casa de Verónica y Jerónimo justo en el momento en que hacen los últimos preparativos para ir a su boda.

         BUFO.— (Le entrega un teléfono a Verónica) Es para usted.

         VERÓNICA.— (Lo sujeta sin decidirse a contestar) ¡Acaba de suceder algo espantoso, estoy segura!

         JERÓNIMO.— Te van a colgar si no contestas.

         VERÓNICA.— Esto ya lo había vivido. ¡Es horrible, alguien se acaba de morir!

         JERÓNIMO.— Lo has de haber soñado, déjame contestar a mí.

         VERÓNICA.— (Turbada, contenida) ¡Jerónimo!

         JERÓNIMO.— (Con miedo, pero emocionado por tener miedo) Qué...

         VERÓNICA.— ¡Es un aviso!

         JERÓNIMO.— ¿Sí?

         VERÓNICA.— Un hombre se mira en el espejo. Tiene en la mano un… una… un…

         JERÓNIMO.— (Emocionadísimo) ¡Una pistola!

         VERÓNICA.— Sí... una visión: el hombre apunta hacia su imagen; y en un instante... un grito seco y sin que nadie se interponga llega... la Muerte.

         BUFO.— (Le quita el teléfono a Verónica y se lo da a Jerónimo) ¿Es para usted, o para usted?

         JERÓNIMO.— ¿La Muerte?

         BUFO.— Si no le contestan se va a enojar.

         VERÓNICA.— (Vuelve a tomar el teléfono) ¿Quién habla?

         BUFO.— (Saca un teléfono de algún bolsillo de su vestuario) ¿Adivina quién?

         VERÓNICA.— No estoy para bromas. ¿Quién es usted?

         JERÓNIMO.— ¿¡Qué pasó!?

         BUFO.— ¿Hace ya mucho tiempo, Verónica? ¿Cómo está Jerónimo?  ¿Todavía no adivinas?

         VERÓNICA.— Es posible... ¿Cómo has estado?

         JERÓNIMO.— ¿Quién es?

         BUFO.— Espero no ser inoportuno.

         VERÓNICA.— ¿Una fiesta?

         BUFO.— Hoy en la noche, dile también a... Verónimo.

         VERÓNICA.— (A Jerónimo) Te hablan.

         JERÓNIMO.— ¿Quién se murió?

         VERÓNICA.— No seas idiota, te habla Jorge.

         JERÓNIMO.— ¿Cuál Jorge?

         VERÓNICA.— ¿Cuál crees?

         JERÓNIMO.— ¿¡Jorge!? ¡No puede ser... Si Jorge está bien muerto!

         VERÓNICA.— Pues dice que nos invita a su casa hoy en la noche; precisamente hoy.

         JERÓNIMO.— ¿¡Hoy!? No podemos.

         VERÓNICA.— Claro que no podemos... ¿Y si lo invitamos nosotros?

         JERÓNIMO.— ¿Y si nos arruina la boda? Ya sabes cómo es Jorge; es capaz de subirse al púlpito y oficiar misa.

         VERÓNICA.— Mejor lo invitamos al brindis... O ya sé, mejor no le decimos nada: después de todo Jorge fue nuestro mejor amigo.

         JERÓNIMO.— Es una lástima que se haya... Que haya cometido esa estupidez.

         VERÓNICA.— Fue de muy mal gusto. Mejor cuélgale.

         JERÓNIMO.— Sí.

Oscuro. Cuando la luz se enciende vemos la figura de un enorme avión con puerta y ventanillas practicables. Bufo espera junto a la puerta para recibir los boletos. Verónica y Jerónimo, entre besos, arrumacos y maletas; se disponen a abordar la nave. El Actor despierta, y muy alegre va con los novios y dice...

         ACTOR.— Oigan, les gusta mi disfraz... (La pareja "entra" al "avión") ¡Oigan!

         BUFO.— No los molestes, ¿no ves que están de Luna de Miel?

         ACTOR.— ¿¡Me dejas en paz!? (Jerónimo y Verónica se asoman por sendas ventanillas) Oigan, ¿les gusta mi disfraz? Es muy bonito.

         VERÓNICA.— Sí, Jorge... muy original. Yo siempre quise uno así.

         JERÓNIMO.— ¿Por qué no te vas a jugar un rato?

         BUFO.— Te lo dije.


Se escucha el sonido del avión que despega. Bufo se instala en una de las ventanillas. La Pareja se manda besos desde cada ventanilla. El Actor juega como un niño con un avión a escala.

         JERÓNIMO.— ¿Ya viste a Jorge, Vero?...  Yo siempre supe que llegaría el día en que... pobrecito.

         JERÓNIMO.— Sí. Jamás imaginé que Jorge llegara al extremo de... quitarse la vida. Todavía no lo puedo aceptar.

         BUFO.— ¡No...! Se quitó la vida el bárbaro, qué tal.

         JERÓNIMO.— Pero por supuesto. Todo el mundo lo sabe. Se suicidó, ¿no Vero?

         VERÓNICA.— Pero por supuesto que se suicidó. ¿O no?

         BUFO.— ¿Entonces qué, o qué? ¿O qué o qué?

         JERÓNIMO.— Yo digo que... Que sí, ¿no?

         VERÓNICA.— Ay pues ya no lo tengo claro... ¿Por qué no le preguntamos? ¿O mejor no?

         JERÓNIMO.— Oye, Jorge...

         VERÓNICA.— ¡Jorge!

         TODOS.— ¡JORGE!

OSCURO. LUEGO, ÚNICAMENTE UN CENITAL SOBRE EL ACTOR.

         ACTOR.— ¿Jorge? El otro día estuve hablando con él y me dijo que yo estaba muerto, que me había dado un tiro. Por eso fue que le dije: te equivocas, Jorge; yo no estoy muerto. Solamente imaginé, una mera fantasía por supuesto, que si yo me intentaba suicidar... ellos, los demás, pensarían que yo estaba muerto. Y lo intenté y me imaginé que ellos pensaban que estaba muerto. No era verdad, no. Yo no morí, pero ellos lo pensaron. Lo cierto, Jorge, es que ellos sí que se murieron. Se fueron al Viejo Mundo... ¿O al Otro Mundo se dice? Pues no lo sé del todo, Jorge... te juro que ya no sé si lo pensé o es cierto... ¿Sí se murieron? ¿Eh, Jorge? Se fueron lejos de este mundo. O... ¿cómo se dice? ¿Viejo u otro?... Mundo sí, pero ya no sé, ya no sé nada, Jorge.

El foro se ilumina. Verónica, Jerónimo y Bufo rodean al Actor. El avión ha salido de escena.

         VERÓNICA.— Al Otro Mundo, Jorge... Un accidente, oh sí. ¿Pero no me digas que no sabías?

         ACTOR.— No, no mucho.

         VERÓNICA.— Fue espantoso, ya te podrás imaginar.

         ACTOR.— ¿Espantoso, no?

         BUFO.— Espantoso, sí... supongo.

         JERÓNIMO.— Una falla mecánica; como a diez mil pies de altura. ¿Se llaman pies, no Vero?

         VERÓNICA.— ¿Los pies?

         JERÓNIMO.— En fin... con decirte, Jorge, que a pesar del cinturón de seguridad, y de los consejos de la Torre de Control al Capitán, y de los consejos de la Azafata al Capitán, al Copiloto y a los pasajeros... A pesar de todos los consejos que todos nos dábamos unos a otros... pues cataplum, a pesar de todo: el avión se vino abajo. !Paf!

         VERÓNICA.—¿Pero en qué mundo vives Jorge, si todo el mundo lo sabe... salió en el periódico.

         BUFO.— Es que él no compra el periódico.

         ACTOR.— Por qué no te callas y sirves la cena... ¿Se van a quedar a cenar, verdad?

         BUFO.— ¿Qué desean ordenar los señores?

         VERÓNICA.— ¡Un aperitivo, por favor!

         JERÓNIMO.— ¡Que sean dos!

         BUFO.— Salen dos aperitivos Luna de Miel... Y tú, ¿qué vas a tomar?

         ACTOR.— ¿Cómo que tú? De usted, por favor... ponga la mesa y tráigame...

         BUFO.— No me lo digas... ¡Otro aperitivo! ¡Perdón!... ¡Un aperitivo De Usted Por Favor! ¡Sale!


El Actor y sus invitados permanecen de pie y se quedan viendo al piso, al "techo", o a donde puedan; tensos, por el repentino silencio.

         JERÓNIMO.— (Rompiendo el silencio) Verónica, ¿sabías que Jorge y yo nos conocemos desde que éramos (señala con  sus dedos a una altura pequeñísima) ¿así...? Amigos de la infancia, sí... ¿Sí lo sabías?

         VERÓNICA.— ¿Tú que crees?

         JERÓNIMO.— ¿Ya te lo había dicho?

         BUFO.— (Entra con la mesa y la cena, los demás personajes se sientan en cuclillas alrededor) Se lo dijo Jorge.

         ACTOR.— Yo se lo dije.

         VERÓNICA.— Él me lo dijo.

         BUFO.— Vaya preguntas, Jerónimo... Jorge y Verónica vivieron juntos.

         JERÓNIMO.— Claro.

         ACTOR.— Hace ya mucho tiempo; ¿verdad, Verónica?

         VERÓNICA.— (Habla como si el Actor estuviera ausente, pero viéndolo fijamente a los ojos) Pobre Jorge... me acuerdo muy bien de su mirada: lejana, ausente, obsesiva...

         BUFO.— (Mientras sirve una cena insólita) Y fue entonces cuando usted comenzó a notar esa curiosa actitud; ese tipo de costumbres... ¿Cómo, cómo calificarlas?

         VERÓNICA.— ¿Insólitas?

         JERÓNIMO.— ¿Extravagantes?

         VERÓNICA.— ¡Muy inauditas!

         JERÓNIMO.— ¡Inadmisibles!

        ACTOR.— In... Innn...

        VERÓNICA.— Una curiosa actitud. Los psicoanalistas se aburrieron, su psiquiatra cambió de vocación... (Haciéndole caso de repente) ¿Te acuerdas, Jorge? Creo que se dedicó a vender Biblias de casa en casa. Una vez nos quiso vender una. Todo el mundo se cansó, menos Jorge... Oye Jorge, pero entonces por qué fue eso...

         ACTOR.— ¿Eso cuál, Vero?

         VERÓNICA.— Eso... lo del suicidio. ¿Te suicidaste, no?

         ACTOR.— Ay, Vero... lo has de haber soñado.

         JERÓNIMO.— No, Jorge... Si yo también lo supe... te sorrajaste un tiro.

         ACTOR.— (Turbado) Lo han de haber soñado, estoy seguro.

         JERÓNIMO.— Claro.

SILENCIO.

         VERÓNICA.— Y...

         JERÓNIMO.— Y...

         VERÓNICA.— ¿Sigues en el Teatro, Jorge?

         ACTOR.— Sí, claro; a ver si me van a ver. Ya son las últimas funciones.

         VERÓNICA.— Pero si ya conocemos la obra, Jorge: ¿Romeo y Julieta, no? Acuérdate que me prestaste el libro.

         ACTOR.— ¿El libro, Verónica? No es lo mismo.

         JERÓNIMO.— ¿Cuál es la diferencia?

OSCURO. LUEGO, VEMOS SÓLO AL ACTOR EN UN COLUMPIO.

         ACTOR.— De vez en cuando me despierto sin saber qué pasa, y me levanto y me baño y desayuno. De vez en cuando me tomo un café; lentamente, y pienso y me confundo y sigo sin saber... No sé muy bien si lo que vivo es invención, o es sueño, o es recuerdo. A veces la vida pasa mientras tomo café, lentamente... En un deseo, en un recuerdo, en un ir y venir de la invención. A veces pienso que la vida es eso: un ir y venir de los deseos, un ir y venir de los recuerdos... Pero en un instante todo se confunde y me descubro asombrado, simplemente tomando café, sin más. Descubro que soy yo; que estoy viviendo. Mirando una taza de café. (Se baja del columpio y lo mira desaparecer).

Luz. Entra Bufo arrojando serpentinas y confeti a los invitados.

         BUFO.— ¿Alguien dijo café? Tenemos café o postre, ¿qué prefieren?

         VERÓNICA.— Yo creo que mejor nos vamos.

         BUFO.— ¿Ya se van?

         JERÓNIMO.— Sí, mañana tenemos que levantarnos temprano.

         ACTOR.— ¿Mañana? Pero si ustedes están... Yo pensé que ustedes se habían...

         VERÓNICA.— Muerto, Jorge, se dice muerto. Yo nunca pensé que fuera tan difícil.

         JERÓNIMO.— Dificilísimo. No te imaginas todo lo que nos queda por hacer: trámites y trámites y más trámites.

         VERÓNICA.— (Fastidiada) Adiós, Jorge me dio mucho gusto saber que estás bien.

         ACTOR.— Gracias por venir.

         JERÓNIMO.— Ojalá pudiéramos volver a visitarte.

         VERÓNICA.— Lástima que eso sea imposible.

         BUFO.— Oigan, y no lo van a felicitar.

         LA PAREJA.— ¡Otra vez!

         BUFO.— Bueno, pero no le han dado su regalo.

         JERÓNIMO.— No se supone que sea obligatorio. Además su cumpleaños fue... ¿el martes?

         ACTOR.— No hay problema, Jerónimo. Por supuesto que no es obligatorio. Y déjame decirte, déjenme decirles a todos que...

         VERÓNICA.— ¡Qué!

         ACTOR.—  Lo he estado pensando mucho este día y he llegado a la conclusión...

         JERÓNIMO.— Ya dilo.

         ACTOR.— Pues bien: yo tengo algo mucho mejor que un regalo.

         JERÓNIMO.— ¿Algo mejor que un regalo? No puede ser.

         VERÓNICA.— No, ¿qué puede haber mejor que un regalo?

         JERÓNIMO.— Nada. No.

         ACTOR.— Pues sí. Yo tengo un... Es un... es algo parecido a... ¿Lo quieren ver?

         BUFO.— No me digas que te acordaste, Jorge. Por fin vas a soltar a tu... a tu algo parecido a... (Lo abraza) ¡Felicidades! No he trabajado en vano.

         ACTOR.— Ahorita mismo se los enseño. (El Actor comienza a buscar) Nada más dejen que lo encuentre. ¿Dónde estará?

         JERÓNIMO.— Tenemos prisa, si no con mucho gusto nos quedábamos a verlo.

         VERÓNICA.— Sí; adiós, Jorge. Ya no podemos quedarnos más tiempo. Mañana vamos a estar muy ocupados.

         JERÓNIMO.— Tenemos responsabilidades. Muchas.

         BUFO.— ¡Pero cómo!, ¿no van a quedarse a ver su, su algo parecido a?...

         LA PAREJA.— ¡¿Algo parecido a qué?!

         ACTOR.— Debe de estar en alguna parte. (Sigue buscando, cada vez más preocupado) Ustedes no lo vieron... No se me puede haber perdido.

Baja la intensidad de la luz. El Actor comienza a buscar con una linterna, la Pareja lo sigue un poco a regañadientes, pero intrigada por conocer el "algo parecido a". Bufo más atrás camina como si estuviera preocupado. Luego se separa del grupo y observa divertido. Finalmente la Pareja se separa del Actor  y se dirige, en la oscuridad, hacia la salida. Bufo se les interpone y los deslumbra con el flash de una cámara fotográfica. La luz  repentinamente cobra su máxima intensidad.

         BUFO.— (Asume un tono parecido al de las historias policíacas) Disculpen, ¿se les perdió algo?

         LA PAREJA.— (Adoptan el mismo tono detectivesco)...¿A nosotros?

         BUFO.— ¿Ustedes?... ya se iban. Hasta luego.

         ACTOR.— ¡Qué pasa!

         BUFO.— Se quieren escapar, quieren robarse tu... tu algo parecido a...

         VERÓNICA.— ¡Oiga, no sea impertinente!

         ACTOR.— Así que fueron ustedes, ¿¡en dónde lo escondieron!?

         JERÓNIMO.— ¿De qué hablas, Jorge? Si ni siquiera sabemos lo que es.

         BUFO.—  ¡Ya dénselo, a ustedes no les va a servir de nada!

         VERÓNICA.— (Poniendo en duda su inocencia) ¿Y usted cómo lo sabe...? ¿A usted... sí le sirve?

         JERÓNIMO.— ¡Responda!

         BUFO.— (Sintiéndose repentinamente acusado) ¿A mí?... Por supuesto que... Eso no les importa.

         VERÓNICA.— ¡Ajá...! Ya no lo busques Jorge, yo sé quién lo tiene.

         JERÓNIMO.— Helo aquí...

         VERÓNICA.— Al culpable.

         ACTOR.— Cómo no lo pensé antes. Tenías que haber sido tú. ¿Dónde está?

         BUFO.— ¿No te acuerdas? A ti nunca te gustó, tú mismo lo encerraste, Jorge... ¿Lo vas a dejar salir?

La Pareja intenta salir sin ser vista.

         ACTOR.— ¿Yo lo encerré?... (Reflexiona) Sí, puede ser cierto. Pero fue así, sin darme cuenta. O sin quererme  dar cuenta. (Deteniendo en seco a la pareja) ¿Se van a ir sin conocerlo?

         BUFO.— ¿Lo vas a soltar?

         JERÓNIMO.— ¡¿Está vivo!?

El Actor va hacia el baúl y lo abraza cariñosamente.

        ACTOR.— Claro que está vivo, todavía.

        VERÓNICA.— Nunca me han gustado las adivinanzas, seguramente se trata de un perro, pobrecito, se va a asfixiar.

         JERÓNIMO.— Cómo va a ser un perro, ya lo hubiéramos oído. Eso sí, debe tratarse de algo espantoso, imagínate: el algo parecido a...  A lo que sea, ¡de Jorge! Debe ser algo siniestro.

         VERÓNICA.— (Asustada) ¿Tú crees?

         JERÓNIMO.— Estoy seguro.

         VERÓNICA.—  ¿Vámonos, por favor!

         JERÓNIMO.— ¿Y nos vamos a quedar con la duda?

         VERÓNICA.— Mira, mi amor. No sé tú, pero yo no me pienso pasar la vida convertida en fantasma.

         JERÓNIMO.— Pero si todavía no sale el sol, Vero.

         VERÓNICA.— Estoy hablando en serio.

         JERÓNIMO.— Tienes razón; perdí la cabeza, mi vida.

         VERÓNICA.— ¡Adiós, Jorge!

         JERÓNIMO.— ¡Se nos acaba el tiempo!

La Pareja es iluminada por un cenital que baja de intensidad  lentamente hasta desaparecer del todo al final de la obra.

         BUFO.— No se vayan sin conocerlo, acérquense. Les aseguro que no muerde, aunque a veces... pues... ¿Tú qué opinas, Jorge?

         ACTOR.—  Sí, debo reconocer que a veces le da por estallar. Por eso estaba encerrado, de puro miedo al mundo, de puro miedo a crecer y crecer sin saber cómo hacerlo sin reventar o perder la forma original, la forma auténtica.

         BUFO.— Pues parece que tus invitados ya no tuvieron el gusto. Suéltalo ya.

         ACTOR.— Espera, quiero prepararme bien porque su visita será muy breve. Lo veremos alejarse dispuesto por primera vez a ser el dueño de su propio vuelo. Anda, sal de ahí, no seas tímido, ¡salte ya!

El Actor abre la tapa del baúl... Del fondo vemos surgir un hermoso
y sencillo globo.

FIN
                                                Ciudad de México
1990
® Benjamín Gavarre


Registrada en SOGEM (Sociedad General de Escritores de México) en 1997.
® contacto: gavarreunam@gmail.com

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