"Que vivan los ilusos"
de Benjamín Gavarre
© BENJAMÍN GAVARRE SILVA
Contacte a esta dirección si la ha producido o desea hacerlo: gavarreunam@gmail.com
Sinopsis
En un multifamiliar de la Ciudad de México, la familia de Joaquín y
Elena sobrevive al día a día aferrada a sus fantasías más absurdas. Mientras el
padre maquilla deudas impagables con nuevos préstamos, la madre vive atrapada
en el melodrama de las telenovelas de los ochenta. A su alrededor, sus hijos y
amigos construyen sus propios refugios mentales: una adolescente que confunde
el acoso con el romance ideal, un joven revolucionario que idealiza el
transporte en motocicleta, una aristócrata de clóset que presume bolsas de
diseñador vacías y un sonámbulo con delirios de asesino serial.
La frágil burbuja de engaños estalla cuando Mauricio, el astuto y cínico
vecino, irrumpe en la sala. Armado con un portafolio de imitaciones y secretos
financieros, el estafador intenta chantajear a la familia vendiéndoles
criptomonedas físicas y artículos apócrifos. Tras una cómica confrontación
liderada por la implacable Tía Martita —la única voz de la razón en la casa—,
los personajes quedan expuestos ante la crudeza de sus realidades y el bochorno
de sus propias mentiras.
Justo cuando la desesperación amenaza con hundirlos, la inesperada
honestidad de un repartidor de pizzas desencadena un giro de tuerca
providencial. La obra cierra con una entrañable cena comunitaria donde la
familia decide ignorar la crisis inminente para abrazar, una vez más, la
reconfortante calidez de sus fantasías. Que vivan los ilusos
es una farsa cómica y satírica que retrata con humor negro el poder de la
evasión y la resiliente aspiración de la clase media urbana.
Personajes:
- JOAQUÍN (50): El padre. Todo lo debe, y paga sus cuentas
con nuevos préstamos que luego tiene que pagar. Su ilusión es creer que
manda en su casa.
- ELENA (55): La madre. Vive como en una telenovela
mexicana de los 80.
- TÍA MARTITA (65): La voz de la razón. Ha
trascendido la etapa de ilusa y ahora quiere ser la guía y la conciencia
de los demás, pero no le hacen caso.
- SABRINA (17): La hija menor. Ilusa sin filtro. Romántica
empedernida que interpreta un parpadeo ajeno como una propuesta de
matrimonio.
- SOFÍA (28): La hija mayor. Lo sabe todo (según ella). Su
ilusión es creer que es superior intelectualmente a su familia. Con todo,
es la que más apoya en casos difíciles.
- PATO (25): El hijo joven. El "revolucionario",
cree en la igualdad de clases, sobre todo si se trata de mecánicos o
repartidores de pizza.
- MAURICIO (25): El vecino. Guapo, estafador, cínico.
- KEVIN
"Que vivan los ilusos"
de Benjamín Gavarre
© BENJAMÍN GAVARRE SILVA
Contacte a esta dirección si la ha producido o desea hacerlo: gavarreunam@gmail.com
Sinopsis
En un multifamiliar de la Ciudad de México, la familia de Joaquín y Elena sobrevive al día a día aferrada a sus fantasías más absurdas. Mientras el padre maquilla deudas impagables con nuevos préstamos, la madre vive atrapada en el melodrama de las telenovelas de los ochenta. A su alrededor, sus hijos y amigos construyen sus propios refugios mentales: una adolescente que confunde el acoso con el romance ideal, un joven revolucionario que idealiza el transporte en motocicleta, una aristócrata de clóset que presume bolsas de diseñador vacías y un sonámbulo con delirios de asesino serial.
La frágil burbuja de engaños estalla cuando Mauricio, el astuto y cínico vecino, irrumpe en la sala. Armado con un portafolio de imitaciones y secretos financieros, el estafador intenta chantajear a la familia vendiéndoles criptomonedas físicas y artículos apócrifos. Tras una cómica confrontación liderada por la implacable Tía Martita —la única voz de la razón en la casa—, los personajes quedan expuestos ante la crudeza de sus realidades y el bochorno de sus propias mentiras.
Justo cuando la desesperación amenaza con hundirlos, la inesperada honestidad de un repartidor de pizzas desencadena un giro de tuerca providencial. La obra cierra con una entrañable cena comunitaria donde la familia decide ignorar la crisis inminente para abrazar, una vez más, la reconfortante calidez de sus fantasías. Que vivan los ilusos es una farsa cómica y satírica que retrata con humor negro el poder de la evasión y la resiliente aspiración de la clase media urbana.
Personajes:
- JOAQUÍN (50): El padre. Todo lo debe, y paga sus cuentas con nuevos préstamos que luego tiene que pagar. Su ilusión es creer que manda en su casa.
- ELENA (55): La madre. Vive como en una telenovela mexicana de los 80.
- TÍA MARTITA (65): La voz de la razón. Ha trascendido la etapa de ilusa y ahora quiere ser la guía y la conciencia de los demás, pero no le hacen caso.
- SABRINA (17): La hija menor. Ilusa sin filtro. Romántica empedernida que interpreta un parpadeo ajeno como una propuesta de matrimonio.
- SOFÍA (28): La hija mayor. Lo sabe todo (según ella). Su ilusión es creer que es superior intelectualmente a su familia. Con todo, es la que más apoya en casos difíciles.
- PATO (25): El hijo joven. El "revolucionario", cree en la igualdad de clases, sobre todo si se trata de mecánicos o repartidores de pizza.
- MAURICIO (25): El vecino. Guapo, estafador, cínico.
- KEVIN (25): El repartidor de pizzas. El único con los pies en la tierra, chambeador, servicial y amable casi siempre.
- LULÚ (22): Amiga de la familia. Presume bolsas de tiendas de prestigio vacías; usa marcas caras, en clon claro.
- BETO (17): Amigo de Sabrina. "Asesino serial" solo en sus sueños recurrentes; es sonámbulo. Es un buen chico.
ACTO ÚNICO
(Escenario: Una estancia en Lomas Virreyes, un multifamiliar en la CDMX. Es una planta baja grande con patio interior, pero no es de lujo. La estancia principal intenta verse "minimalista-chic" pero grita "clase media aspiracional" con muebles de diseño pretenciosos. Sabrina está pegada a la ventana. Elena suspira mirando una foto vieja. Sofía lee. Joaquín hace cuentas con cara de tragedia).
SABRINA: (Sin aire) ¡Me vio, Sofía! ¡Me acaba de ver con ojos de deseo! El vecino que se encuera, el vecino que es como una estatua griega… Se puso su bata y sacó la basura solamente para que yo lo viera salir. Es una metáfora: "Estoy limpiando mi vida para que entres tú". ¡Apretó la bolsa de basura orgánica con una pasión...! ¡Me está viendo, me saluda! ¡Quiere casarse conmigo!
SOFÍA: (Sin levantar la vista de su libro de sociología) O tal vez solo quiere confirmar que no eres un fantasma pegado al vidrio.
(Elena sirve té en tazas desportilladas pero con el dedo meñique muy levantado).
ELENA: Estas tazas de porcelana me recuerdan tanto la vez que conocí a Alex Ribeiro. Fuimos a esas casas como castillos medievales rumbo al Desierto de los Leones. Alex me miró con una sonrisa encantadora, como en su novela Deseo y amargura... Sus ojos eran dos faros en la niebla y su boca parecía anunciarme actos de pasión irrefrenable...
SABRINA: ¿Quién es Alex Ribeiro, ma? ¿Un TikToker?
ELENA: Fue el galán más cotizado de las novelas de los 80.
SOFÍA: (Con condescendencia) Telenovelas, ¿verdad?
JOAQUÍN: (En su propio mundo) Esos castillitos eran de puro cartón piedra, eran muy caros para lo que costaban. Eran más pequeños que nuestro depa y la verdad qué flojera tener que pagar renta en un Camelot fake. Yo al menos tengo mi propia casa.
TÍA MARTITA: (Entrando con un recibo del predial) Tu propia casa, Joaquín, sí, pero me debes todavía la mitad del enganche. Ustedes viven bien, apretaditos pero bien, gracias a mí, así que menos humos. Elena, Alex Ribeiro te miró apasionadamente porque casi le tiras el café encima… Tenía ganas de matarte con sus propias manos, pero no estaba solo y se contuvo. Yo estaba ahí.
(Entra PATO con un casco de moto que le queda grande. Viene radiante).
PATO: ¡Me llevaron al Cielo antes de tiempo! ¡El amor aniquila la lucha de clases! Un guerrero azteca me trajo en su corcel de acero, arriesgando su vida y la mía por las avenidas de la ciudad sin que eso acabara con el estrecho lazo que nos unía.
VOZ DE KEVIN: (Desde afuera) ¡Ya ven a pagarme, carnal! No que no te tardabas… ¡Y me debes la propina por el aventón y los arrimones!
PATO: (Agarra un cofre estilo repujado metálico viejo y le da una enorme moneda por la ventana a Kevin) ¡Tu pago en metálico: incluye la propina por los buenos momentos que vivimos juntos en el asfalto! ¡Regresa a tus dominios de concreto, repartidor de pizza, conductor del caballo alado!
VOZ DE KEVIN: (Desde afuera) Ya bájale, pinche mono, me crees tarado. Una moneda vieja y sucia, ¿te cae?… La próxima no te doy servicio aunque me muera de hambre.
PATO: (A los de la casa) Lo ven… muere de amor por mí.
(Elena está a punto de regañar a Pato por dar lo que no es suyo, pero intempestivamente entran LULÚ, cargada de bolsas de "El Palacio" completamente vacías, y BETO, pálido y sudando).
LULÚ: ¡Niñas! ¡Miren qué ofertas en Balenciaga! Solo para mi talla. Se producen solo cien artículos de lujo de cada cosa y yo fui de las afortunadas en quedarme con tres piezas. La ropa es tan fina que las bolsas ni pesan.
BETO: (Temblando) Necesito ayuda, alguien que me escuche, alguien que me perdone. No puedo más... hice algo terrible. Hay sangre en mis manos. Yo fui, yo soy el asesino... maté sin compasión, fríamente, metódicamente, en el callejón, con el bisturí y las alicatas… fue tan real. La policía me persigue.
SOFÍA: Beto, ¿sigues dormido? Estás todo babeado… Han de ser las pesadillas que siempre te persiguen… Ven, acuéstate y sigue de sonámbulo, pero aquí en el sillón… aquí te vigilamos…
SABRINA: (Entusiasmada) ¡Beto mató por amor! ¿Es verdad, Betito? ¿Mataste a un rival malvado por mí?
PATO: No, en serio… Wey, ¿a quién mataste?
BETO: (Entra en un estado de leve convulsión, pero luego de unos segundos se calma. Adopta una postura de “flor de loto” sobre el sillón y les habla a todos con una voz suave y melodiosa de Gurú) Son ustedes tan amables, querido público, soy un “artista del hambre”, soy un faquir kafkiano… mírenme cómo sobrevibio del aire.
LULÚ: (Abanicándose con una bolsa vacía) Ay, Betito, qué ordinario. Yo también sobrevivo del aire, pero mi aire es totalmente mundo VIP. ¿Sí me oíste, flaquito?
SOFÍA: Déjalo, Lulú; ya se puso en modo avión.
TÍA MARTITA: (Revisando las bolsas de Lulú) Oye, Lulúcita, esta bolsa tiene un ticket de OXXO y está vacía. Tu blusa dice "ermez" sin "H", puras minúsculas y con Zeta. Es un clon de Tepito, m’hija.
LULÚ: (Ofendida, acomodándose el cuello) ¡Hasta crees, Tía! Es edición mercado latino. Menos es más. ¿Verdad, Sofi?
SOFÍA: (Sin despegar la vista del libro) Sí, claro. Menos inteligente es lo de hoy. (Pausa, por Sabrina) Ay, Sabrina, deja de mirar a Beto con cara de corderito. Y míralo al sonámbulo, ya reaccionó… Muy faquir kafkiano decía, pero él también te mira como corderito a punto de ir al matadero. Ya se te pasó el trance, ¿no, Beto?, pues anden, vayan a la cocina y pónganse a pelar chícharos. A ver si el contacto con la verdura les regresa el sentido común.
SABRINA: Todo eso que dijiste lo entiendes tú, la verdad, pero me gusta la idea de ir a la cocina. Vamos Beto, acompáñame.
BETO: No soy un asesino, no soy faquir… Soy un corderito… Beeee.
(Sabrina y Beto van hacia la cocina. Elena mira por la ventana. Joaquín vuelve a revisar sus cuentas. Tía Martita se queda sola en el centro de la sala).
TÍA MARTITA: (Pensando en voz alta) En esta casa, la verdad es que cada loco con su tema es piropo.
(De pronto, tocan a la puerta con tres golpes secos. Entra MAURICIO. 25 años, atractivo de Gym, traje ajustado pero barato y un portafolio de imitación piel que brilla de más. Sabrina asoma la cabeza desde la cocina en éxtasis, Beto la sigue con mirada de corderito y con una bolsa de chícharos en las manos).
MAURICIO: ¡Ya estuvo bueno, familia! ¡Vengo a poner una queja! A ver los papás, vengan. ¡Esta muchachita no me quita el ojo de encima! Me asomo a la cocina: ahí está ella. ¡Es un acoso, caramba! Y quiero aclarar una cosa: ¡Yo NUNCA ando en calzones en mi casa! Y eso de que “Afrodita” me vio desnudo como "estatua griega" es pura mentira de su cabeza de pajarito.
SOFÍA: ¡Perdónanos la vida, amigo! ¿Pero quién te manda andar en calzones o peor, desnudo, en un edificio con tantas ventanas? Si por lo menos pusieras una cortinita... Pero te advierto, mi hermanita es menor de edad y podemos acusarte de acoso nudista.
MAURICIO: ¡Esa muchachita que no se haga la víctima… Me espía a toda hora, es cierto, y hasta me manda besitos desde su ventana, la muy degenerada! (Pausa, cambia de tono) Pero no se equivoquen... yo no vengo aquí porque me moleste que me miren. Vengo porque yo también a ustedes los vigilo.
SABRINA: (Enamorada) Yo sé que tú me amas, por eso me enseñas tu cuerpo de revista, por eso andas como dios te trajo al mundo cuando vas al refri.
MAURICIO: (Cínico, ignorándola) Bueno, yo he venido por asuntos serios... y de negocios… que nos van a hacer ganar muchas cosas a todos, es todo un gana-gana, todo un win-win. Les traigo en oferta especial… ¡unas "Bitcoins" físicas a quinientos dólares! Inversión segura. Y tengo también bolsas Balenciaga de "exclusividad masiva", directo de mi bodega. Tengo "información privilegiada"... De todos ustedes. Sé que Joaquín no ha pagado la renta en seis meses. Sé que Elena cree que un actor de telenovelas estaba enamorado de ella, pero la verdad, Elenita, es que usted no fue ni un mal recuerdo. Sé que Lulú compra sus "clones" en el tianguis y que Beto tiene pesadillas porque sus hermanos le pegan… y que por eso es sonámbulo y rechina los dientes.
PATO: ¿Y de mí, de mí no sabes nada, encorbatado Godínez?
MAURICIO: Sí, pero la verdad me da penita. Mueres por la clase trabajadora, pero pierdes tu tiempo chato.
ELENA: Deja en paz a mi hijo, yo lo apoyo… ¿Cómo sabes eso? Qué, ¿tienes micrófonos o qué?
JOAQUÍN: A ver, vecino metiche, usted cómo dice que sabe todo lo que acaba de inventar… ¿Puras mentiras sabe? Lo podemos acusar en el ministerio por espía.
MAURICIO: No, no... Sí, sí… Pues aquí la vecinita Sabrinita sí que se siente buena espía… pero yo soy mejor. Pero olvidemos esos detalles. Y ya que conozco todas sus miserias... qué tal que los hago ricos y no ando por ahí hablando mal de ustedes… O difundiendo sus divertidos diálogos… que grabé…
(Pone una grabación en su celular y se escucha un diálogo de Sabrina: “¡Me vio, Sofía! ¡Me acaba de ver con ojos de deseo! El vecino que se encuera, el vecino que es como una estatua griega… Se puso su bata y sacó la basura solamente para que yo lo viera salir. Es una metáfora: "Estoy limpiando mi vida para que entres tú". ¡Apretó la bolsa de basura orgánica con una pasión...! ¡Me está viendo, me saluda! ¡Quiere casarse conmigo!”)
SABRINA: Esa no soy yo… es una mala grabación fake, es inteligencia artificial…
MAURICIO: Yo no dije que fueras tú, niñita, pero te acabas de delatar… Quién quiere oír otra grabación… Les aseguro que no son falsas.
JOAQUÍN: Bueno, ya… No siga.
MAURICIO: Esa actitud me gusta, vecino… Pues entonces, no se diga más… A ver… ¿quién quiere invertir en mis criptomonedas "Lo... más-Coin"? Quinientos dólares la pieza. Si no invierten, tal vez se me escape contarle al banco que Joaquín está escondiendo su Tsuru para que no se lo embargue la institución…. O que Lulúcita compra sus trapitos en el tianguis.
LULÚ: (Gritando dramáticamente, tapándose los oídos) ¡Mentira! ¡Calumnias de Godínez! ¡Mis bolsas tienen pedigrí!
SABRINA: (Horrorizada) No puedo creerlo… ¡Eres un monstruo! ¡No eres un ángel desnudo! ¡Te voy a funar, te voy a ghostear, bellaco!
JOAQUÍN: Vecino, con todo respeto usted es un vil estafador.
MAURICIO: Exacto, respetable vecino… Resulta que en la vida real hacer negocios es lo importante, no andar tapando hoyos destapando otros… Pero no se apuren, yo los invito a mi negocio… ¿Nadie quiere una "Balenciaga" de mi cajuela? Yo sí tengo mi auto en la entrada… Porque yo siempre gano, saben…
(La TÍA MARTITA agarra una escoba que estaba junto a la puerta y lo empieza a perseguir por toda la sala).
TÍA MARTITA: Eso es lo que dice, pero ya me colmó la paciencia… ¡Fuera de aquí, vil estafador! ¡Degenerado! ¡Ladrón! ¡Lárguese o lo acusamos a usted de andar persiguiendo muchachitas! Y sabe qué, yo lo tengo todo grabado también… a ver, escuche todas sus mentiras… (Se escucha la grabación de lo que dice Mauricio… pero editado y con una autoacusación de lo que le haría a la jovencita Sabrina) “Y esa jovencita… se muere por mí y yo la voy a llevar a… mi casa… ando en calzones y “Afrodita” me quiere desnudo como 'estatua griega' con cabeza de pajarito".
MAURICIO: ¡Eso es un delito…! Usted usó mis palabras en mi contra… todo eso está evidentemente editado y muy mal editado.
ELENA: Ya déjenos en paz, señor… Tía… dele con la escoba, péguele fuerte para que ya no regrese.
(La tía, Elena, Sabrina, Betito y Sofía lo persiguen: le avientan chícharos y le dan escobazos… Mauricio finalmente sale entre cómicos alaridos y risas, tratándose de defender con su portafolio).
MAURICIO: ¡Ya estuvo, ya estuvo, ya me voy! Pero ya déjenme por favor, los perdono, les juro que ya no los voy a andar molestando, ya déjenme… (En el forcejeo, el portafolio se abre y caen al suelo varias monedas doradas brillantes antes de que él logre finalmente escapar cerrando la puerta tras de sí). ¡Esta gente está loca!
LULÚ: (Agachándose rápido, recoge una moneda, abre la envoltura de aluminio y la muerde) ¡Lo sabía! Un chocolate belga de edición limitada. Mauricio sí tiene mundo. (Comienza a guardarse las demás monedas de chocolate en sus bolsas de marca vacías).
TÍA MARTITA: ¡Degenerado, con ganas de soltarle a los perros que no tenemos…!
SOFÍA: Estafador de cuarta.
JOAQUÍN: Pero podemos decir algo a su favor…
SOFÍA: No lo creo… Qué.
JOAQUÍN: No paga renta, eso me interesa… (Ante la mirada de Sofía) Pero no, no es buena persona, ¿cierto?… Mejor ni le pregunto. Y ni pienso ir a buscarlo… Lo juro.
TÍA MARTITA: Hay que tener cara dura… Al menos tú tratas de pagar, Joaquín, tratas, pero te la vives pidiendo préstamos impagables para pagar préstamos impagables, como el que yo te hice… ¿Ya hace cuánto tiempo?
(Se hace un silencio sepulcral. El bochorno reemplaza a la ilusión. Betito vuelve al sillón a ponerse en su "modo Gurú". Sabrina lo cuida maternalmente. Los demás tienen cara de afligidos; nadie quiere mirar a Joaquín. En ese momento, la iluminación cambia a colores radiantes y entra KEVIN cargando unas pizzas).
KEVIN: ¡Quihúbole, familia! Se pasaron de lanza. Me dieron mucho más de lo que marcaba el servicio. Les cuento: su moneda de plata del joven era de colección… La llevé a empeñar y me dieron lo suficiente para comprar una pizza… Dos pizzas. Soy de barrio, pero la honestidad va ante todo. Se las doy si me invitan a sentarme y me regalan una rebanada de la de pepperoni.
PATO: (Mirando a Kevin con ternura) Pásale, siéntate, mi guerrero sin plumas, mi héroe de mil batallas, la honestidad personificada, el buen corazón del barrio...
JOAQUÍN: (Conmovido, interrumpiendo a Pato) Ya pásale, muchacho. Toma asiento… Ese que ves en flor de loto no muerde… O tal vez sí, pero ahorita está en modo avión.
SABRINA: Sí, pásale, buen hombre. Has llegado al lugar indicado, caballero.
BETO: No, bueno, Sabrina, ¿ya me vas a cambiar por otro? ¿Y lo nuestro dónde quedó?
SABRINA: Tú eres el único, Betito; tú eres mi corderito.
TÍA MARTITA: Bueno, bueno... El muchacho vale mucho. Eres bienvenido. Patito no te merece, pero qué bueno que vienes a buscarlo.
KEVIN: Yo, ¿a buscarlo? Yo no he dicho eso...
TODOS: (Echándole montón, riendo) ¡Ya carnal, admítelo, lo quieres, se te nota! ¡Beso, beso, son novios, son novios!
KEVIN: Ya, chale, creo que mejor me voy corriendo... Él ni me gusta, ¡yo tengo noviaaaa!
(Joaquín y Pato lo detienen del chaleco del uniforme y lo llevan amigablemente hacia el sillón).
ESCENA FINAL
(La luz de la sala cambia a un naranja dorado de atardecer de película clásica. Por las bocinas de un aparato viejo empieza a sonar la "Sinfonía Pastoral" de Beethoven. La familia y los invitados se sientan en el suelo, en círculo, alrededor de las cajas de pizza de cartón sobre la alfombra raída).
ELENA: (Con voz de narradora de telenovela) Al final, la pizza tiene el mismo color que un atardecer en el bosque y en la playa...
SOFÍA: Ya… Cállate, mamá. Y pásame la salsa inglesa.
JOAQUÍN: (Dándole una mordida a la pizza) Mi esposita piensa que es una pizza de alcurnia.
ELENA: No hables de mí como si no estuviera.
LULÚ: (Limpiando la caja de cartón con un pañuelo, con asco) Al menos el empaque es rústico vintage. Esta pizza sabe a herencia europea, ideal para mi paladar.
PATO: (Mirando a Kevin con ternura) Regresaste por mí, guerrero del asfalto. Eso está claro.
KEVIN: (Dándole un de mordisco a la pizza y guiñándole un ojo) No amigo, no te hagas ilusiones. Regresé para devolverles la feria, carnal... Pero bueno, el aventón en la moto no estuvo tan mal. A la otra te dejo manejar. Pero que no nos vea mi novia.
PATO: Gracias, Alex.
KEVIN: Kevin… Me llamo Kevin. ¡Ya ves cómo eres! Todos los hombres son iguales.
PATO: No todos, Kevin, no todos… Marcaré mi frente con tu nombre con fuego.
KEVIN: No te digo, no seas payaso.
TODOS: Sí, chale Pato, te pasas… eres un pinche cursi, ya deja en paz a ese pobre muchacho… tiene novia, no insistas.
JOAQUÍN: Pues ya qué… ¿Podemos decir que somos felices, qué no? ¡Qué importa lo que pase mañana! Porque hoy, por hoy, tenemos pizza, salud y buen humor. ¡Viva la pizza!
TODOS: ¡VIVAAA!
(Sabrina y Beto comparten una rebanada, mirándose con cara de corderitos. Joaquín y Elena se dan la mano. Todos mastican al ritmo de la música de Beethoven mientras la luz se desvanece lentamente en un cuadro de falsa felicidad perfecta. La Tía Martita se levanta silenciosamente, toma el cofre de plata y se sirve refresco en una copa de cristal cortado).
TÍA MARTITA: (Al público, hablando en voz baja mientras abraza el cofre) Pues lo dicho, cada loco con su tema… Y la única verdad es que esa moneda era de mi abuela… Y me la dio para empeñarla en caso de emergencia… Pues por mí, fue bien usada… Me da gusto que esta bola de ilusos tenga al menos una alegría, pasajera, pero alegría… La verdad… hoy, por hoy... ¡que vivan los ilusos!
(La música sube de volumen heroicamente. La luz naranja los envuelve por completo como si fueran una familia perfecta en una revista de sociedad).
TELÓN LENTO (25): El repartidor de pizzas. El único con los pies en la tierra, chambeador, servicial y amable casi siempre. - JOAQUÍN (50): El padre. Todo lo debe, y paga sus cuentas con nuevos préstamos que luego tiene que pagar. Su ilusión es creer que manda en su casa.
- LULÚ (22): Amiga de la familia. Presume bolsas de
tiendas de prestigio vacías; usa marcas caras, en clon claro.
- BETO (17): Amigo de Sabrina. "Asesino serial"
solo en sus sueños recurrentes; es sonámbulo. Es un buen chico.
ACTO ÚNICO
(Escenario:
Una estancia en Lomas Virreyes, un multifamiliar en la CDMX. Es una planta baja
grande con patio interior, pero no es de lujo. La estancia principal intenta
verse "minimalista-chic" pero grita "clase media
aspiracional" con muebles de diseño pretenciosos. Sabrina está pegada a la
ventana. Elena suspira mirando una foto vieja. Sofía lee. Joaquín hace cuentas
con cara de tragedia).
SABRINA: (Sin aire) ¡Me vio, Sofía! ¡Me acaba de ver con ojos de
deseo! El vecino que se encuera, el vecino que es como una estatua griega… Se
puso su bata y sacó la basura solamente para que yo lo viera salir. Es una
metáfora: "Estoy limpiando mi vida para que entres tú". ¡Apretó la
bolsa de basura orgánica con una pasión...! ¡Me está viendo, me saluda! ¡Quiere
casarse conmigo!
SOFÍA: (Sin levantar la vista de su libro de sociología) O tal
vez solo quiere confirmar que no eres un fantasma pegado al vidrio.
(Elena
sirve té en tazas desportilladas pero con el dedo meñique muy levantado).
ELENA: Estas tazas de porcelana me recuerdan tanto la vez que conocí a Alex
Ribeiro. Fuimos a esas casas como castillos medievales rumbo al Desierto de los
Leones. Alex me miró con una sonrisa encantadora, como en su novela Deseo y amargura... Sus ojos eran dos faros en la
niebla y su boca parecía anunciarme actos de pasión irrefrenable...
SABRINA: ¿Quién es Alex Ribeiro, ma? ¿Un TikToker?
ELENA: Fue el galán más cotizado de las novelas de los 80.
SOFÍA: (Con condescendencia) Telenovelas, ¿verdad?
JOAQUÍN: (En su propio mundo) Esos castillitos eran de puro
cartón piedra, eran muy caros para lo que costaban. Eran más pequeños que
nuestro depa y la verdad qué flojera tener que pagar renta en un Camelot fake.
Yo al menos tengo mi propia casa.
TÍA
MARTITA: (Entrando con un recibo del predial) Tu propia casa,
Joaquín, sí, pero me debes todavía la mitad del enganche. Ustedes viven bien,
apretaditos pero bien, gracias a mí, así que menos humos. Elena, Alex Ribeiro
te miró apasionadamente porque casi le tiras el café encima… Tenía ganas de
matarte con sus propias manos, pero no estaba solo y se contuvo. Yo estaba ahí.
(Entra
PATO con un casco de moto que le queda grande. Viene radiante).
PATO: ¡Me llevaron al Cielo antes de tiempo! ¡El amor aniquila la lucha de
clases! Un guerrero azteca me trajo en su corcel de acero, arriesgando su vida
y la mía por las avenidas de la ciudad sin que eso acabara con el estrecho lazo
que nos unía.
VOZ
DE KEVIN: (Desde afuera) ¡Ya ven a pagarme, carnal! No que no te
tardabas… ¡Y me debes la propina por el aventón y los arrimones!
PATO: (Agarra un cofre estilo repujado metálico viejo y le da una enorme
moneda por la ventana a Kevin) ¡Tu pago en metálico: incluye la
propina por los buenos momentos que vivimos juntos en el asfalto! ¡Regresa a
tus dominios de concreto, repartidor de pizza, conductor del caballo alado!
VOZ
DE KEVIN: (Desde afuera) Ya bájale, pinche mono, me crees tarado.
Una moneda vieja y sucia, ¿te cae?… La próxima no te doy servicio aunque me
muera de hambre.
PATO: (A los de la casa) Lo ven… muere de amor por mí.
(Elena
está a punto de regañar a Pato por dar lo que no es suyo, pero
intempestivamente entran LULÚ, cargada de bolsas de "El Palacio"
completamente vacías, y BETO, pálido y sudando).
LULÚ: ¡Niñas! ¡Miren qué ofertas en Balenciaga! Solo para mi talla. Se
producen solo cien artículos de lujo de cada cosa y yo fui de las afortunadas
en quedarme con tres piezas. La ropa es tan fina que las bolsas ni pesan.
BETO: (Temblando) Necesito ayuda, alguien que me escuche,
alguien que me perdone. No puedo más... hice algo terrible. Hay sangre en mis
manos. Yo fui, yo soy el asesino... maté sin compasión, fríamente,
metódicamente, en el callejón, con el bisturí y las alicatas… fue tan real. La
policía me persigue.
SOFÍA: Beto, ¿sigues dormido? Estás todo babeado… Han de ser las pesadillas
que siempre te persiguen… Ven, acuéstate y sigue de sonámbulo, pero aquí en el
sillón… aquí te vigilamos…
SABRINA: (Entusiasmada) ¡Beto mató por amor! ¿Es verdad, Betito?
¿Mataste a un rival malvado por mí?
PATO: No, en serio… Wey, ¿a quién mataste?
BETO: (Entra en un estado de leve convulsión, pero luego de unos
segundos se calma. Adopta una postura de “flor de loto” sobre el sillón y les
habla a todos con una voz suave y melodiosa de Gurú) Son ustedes tan
amables, querido público, soy un “artista del hambre”, soy un faquir kafkiano…
mírenme cómo sobrevibio del aire.
LULÚ: (Abanicándose con una bolsa vacía) Ay, Betito, qué
ordinario. Yo también sobrevivo del aire, pero mi aire es totalmente mundo VIP.
¿Sí me oíste, flaquito?
SOFÍA: Déjalo, Lulú; ya se puso en modo avión.
TÍA
MARTITA: (Revisando las bolsas de Lulú) Oye, Lulúcita, esta
bolsa tiene un ticket de OXXO y está vacía. Tu blusa dice "ermez" sin
"H", puras minúsculas y con Zeta. Es un clon de Tepito, m’hija.
LULÚ: (Ofendida, acomodándose el cuello) ¡Hasta crees, Tía!
Es edición mercado latino. Menos es más. ¿Verdad, Sofi?
SOFÍA: (Sin despegar la vista del libro) Sí, claro. Menos
inteligente es lo de hoy. (Pausa, por Sabrina)
Ay, Sabrina, deja de mirar a Beto con cara de corderito. Y míralo al sonámbulo,
ya reaccionó… Muy faquir kafkiano decía, pero él también te mira como corderito
a punto de ir al matadero. Ya se te pasó el trance, ¿no, Beto?, pues anden,
vayan a la cocina y pónganse a pelar chícharos. A ver si el contacto con la
verdura les regresa el sentido común.
SABRINA: Todo eso que dijiste lo entiendes tú, la verdad, pero me gusta la idea
de ir a la cocina. Vamos Beto, acompáñame.
BETO: No soy un asesino, no soy faquir… Soy un corderito… Beeee.
(Sabrina
y Beto van hacia la cocina. Elena mira por la ventana. Joaquín vuelve a revisar
sus cuentas. Tía Martita se queda sola en el centro de la sala).
TÍA
MARTITA: (Pensando en voz alta) En esta casa, la verdad es que
cada loco con su tema es piropo.
(De
pronto, tocan a la puerta con tres golpes secos. Entra MAURICIO. 25 años,
atractivo de Gym, traje ajustado pero barato y un portafolio de imitación piel
que brilla de más. Sabrina asoma la cabeza desde la cocina en éxtasis, Beto la
sigue con mirada de corderito y con una bolsa de chícharos en las manos).
MAURICIO: ¡Ya estuvo bueno, familia! ¡Vengo a poner una queja! A ver los papás,
vengan. ¡Esta muchachita no me quita el ojo de encima! Me asomo a la cocina:
ahí está ella. ¡Es un acoso, caramba! Y quiero aclarar una cosa: ¡Yo NUNCA ando
en calzones en mi casa! Y eso de que “Afrodita” me vio desnudo como
"estatua griega" es pura mentira de su cabeza de pajarito.
SOFÍA: ¡Perdónanos la vida, amigo! ¿Pero quién te manda andar en calzones o
peor, desnudo, en un edificio con tantas ventanas? Si por lo menos pusieras una
cortinita... Pero te advierto, mi hermanita es menor de edad y podemos acusarte
de acoso nudista.
MAURICIO: ¡Esa muchachita que no se haga la víctima… Me espía a toda hora, es
cierto, y hasta me manda besitos desde su ventana, la muy degenerada! (Pausa, cambia de tono) Pero no se equivoquen... yo no
vengo aquí porque me moleste que me miren. Vengo porque yo también a ustedes
los vigilo.
SABRINA: (Enamorada) Yo sé que tú me amas, por eso me enseñas tu
cuerpo de revista, por eso andas como dios te trajo al mundo cuando vas al
refri.
MAURICIO: (Cínico, ignorándola) Bueno, yo he venido por asuntos
serios... y de negocios… que nos van a hacer ganar muchas cosas a todos, es
todo un gana-gana, todo un win-win. Les traigo en oferta especial… ¡unas
"Bitcoins" físicas a quinientos dólares! Inversión segura. Y tengo
también bolsas Balenciaga de "exclusividad masiva", directo de mi
bodega. Tengo "información privilegiada"... De todos ustedes. Sé que
Joaquín no ha pagado la renta en seis meses. Sé que Elena cree que un actor de
telenovelas estaba enamorado de ella, pero la verdad, Elenita, es que usted no
fue ni un mal recuerdo. Sé que Lulú compra sus "clones" en el
tianguis y que Beto tiene pesadillas porque sus hermanos le pegan… y que por
eso es sonámbulo y rechina los dientes.
PATO: ¿Y de mí, de mí no sabes nada, encorbatado Godínez?
MAURICIO: Sí, pero la verdad me da penita. Mueres por la clase trabajadora, pero
pierdes tu tiempo chato.
ELENA: Deja en paz a mi hijo, yo lo apoyo… ¿Cómo sabes eso? Qué, ¿tienes
micrófonos o qué?
JOAQUÍN: A ver, vecino metiche, usted cómo dice que sabe todo lo que acaba de
inventar… ¿Puras mentiras sabe? Lo podemos acusar en el ministerio por espía.
MAURICIO: No, no... Sí, sí… Pues aquí la vecinita Sabrinita sí que se siente
buena espía… pero yo soy mejor. Pero olvidemos esos detalles. Y ya que conozco
todas sus miserias... qué tal que los hago ricos y no ando por ahí hablando mal
de ustedes… O difundiendo sus divertidos diálogos… que grabé…
(Pone
una grabación en su celular y se escucha un diálogo de Sabrina: “¡Me vio,
Sofía! ¡Me acaba de ver con ojos de deseo! El vecino que se encuera, el vecino
que es como una estatua griega… Se puso su bata y sacó la basura solamente para
que yo lo viera salir. Es una metáfora: "Estoy limpiando mi vida para que
entres tú". ¡Apretó la bolsa de basura orgánica con una pasión...! ¡Me
está viendo, me saluda! ¡Quiere casarse conmigo!”)
SABRINA: Esa no soy yo… es una mala grabación fake, es inteligencia artificial…
MAURICIO: Yo no dije que fueras tú, niñita, pero te acabas de delatar… Quién
quiere oír otra grabación… Les aseguro que no son falsas.
JOAQUÍN: Bueno, ya… No siga.
MAURICIO: Esa actitud me gusta, vecino… Pues entonces, no se diga más… A ver…
¿quién quiere invertir en mis criptomonedas "Lo... más-Coin"?
Quinientos dólares la pieza. Si no invierten, tal vez se me escape contarle al
banco que Joaquín está escondiendo su Tsuru para que no se lo embargue la
institución…. O que Lulúcita compra sus trapitos en el tianguis.
LULÚ: (Gritando dramáticamente, tapándose los oídos)
¡Mentira! ¡Calumnias de Godínez! ¡Mis bolsas tienen pedigrí!
SABRINA: (Horrorizada) No puedo creerlo… ¡Eres un monstruo! ¡No
eres un ángel desnudo! ¡Te voy a funar, te voy a ghostear, bellaco!
JOAQUÍN: Vecino, con todo respeto usted es un vil estafador.
MAURICIO: Exacto, respetable vecino… Resulta que en la vida real hacer negocios
es lo importante, no andar tapando hoyos destapando otros… Pero no se apuren,
yo los invito a mi negocio… ¿Nadie quiere una "Balenciaga" de mi
cajuela? Yo sí tengo mi auto en la entrada… Porque yo siempre gano, saben…
(La
TÍA MARTITA agarra una escoba que estaba junto a la puerta y lo empieza a
perseguir por toda la sala).
TÍA
MARTITA: Eso es lo que dice, pero ya me colmó la paciencia… ¡Fuera de aquí, vil
estafador! ¡Degenerado! ¡Ladrón! ¡Lárguese o lo acusamos a usted de andar
persiguiendo muchachitas! Y sabe qué, yo lo tengo todo grabado también… a ver,
escuche todas sus mentiras… (Se escucha la grabación de lo
que dice Mauricio… pero editado y con una autoacusación de lo que le haría a la
jovencita Sabrina) “Y esa jovencita… se muere por mí y yo la voy a
llevar a… mi casa… ando en calzones y “Afrodita” me quiere desnudo como
'estatua griega' con cabeza de pajarito".
MAURICIO: ¡Eso es un delito…! Usted usó mis palabras en mi contra… todo eso está
evidentemente editado y muy mal editado.
ELENA: Ya déjenos en paz, señor… Tía… dele con la escoba, péguele fuerte para
que ya no regrese.
(La
tía, Elena, Sabrina, Betito y Sofía lo persiguen: le avientan chícharos y le
dan escobazos… Mauricio finalmente sale entre cómicos alaridos y risas,
tratándose de defender con su portafolio).
MAURICIO: ¡Ya estuvo, ya estuvo, ya me voy! Pero ya déjenme por favor, los
perdono, les juro que ya no los voy a andar molestando, ya déjenme… (En el forcejeo, el portafolio se abre y caen al suelo varias
monedas doradas brillantes antes de que él logre finalmente escapar cerrando la
puerta tras de sí). ¡Esta gente está loca!
LULÚ: (Agachándose rápido, recoge una moneda, abre la envoltura de
aluminio y la muerde) ¡Lo sabía! Un chocolate belga de edición
limitada. Mauricio sí tiene mundo. (Comienza a guardarse las demás
monedas de chocolate en sus bolsas de marca vacías).
TÍA
MARTITA: ¡Degenerado, con ganas de soltarle a los perros que no tenemos…!
SOFÍA: Estafador de cuarta.
JOAQUÍN: Pero podemos decir algo a su favor…
SOFÍA: No lo creo… Qué.
JOAQUÍN: No paga renta, eso me interesa… (Ante la mirada de Sofía)
Pero no, no es buena persona, ¿cierto?… Mejor ni le pregunto. Y ni pienso ir a
buscarlo… Lo juro.
TÍA
MARTITA: Hay que tener cara dura… Al menos tú tratas de pagar, Joaquín, tratas,
pero te la vives pidiendo préstamos impagables para pagar préstamos impagables,
como el que yo te hice… ¿Ya hace cuánto tiempo?
(Se
hace un silencio sepulcral. El bochorno reemplaza a la ilusión. Betito vuelve
al sillón a ponerse en su "modo Gurú". Sabrina lo cuida
maternalmente. Los demás tienen cara de afligidos; nadie quiere mirar a
Joaquín. En ese momento, la iluminación cambia a colores radiantes y entra
KEVIN cargando unas pizzas).
KEVIN: ¡Quihúbole, familia! Se pasaron de lanza. Me dieron mucho más de lo que
marcaba el servicio. Les cuento: su moneda de plata del joven era de colección…
La llevé a empeñar y me dieron lo suficiente para comprar una pizza… Dos
pizzas. Soy de barrio, pero la honestidad va ante todo. Se las doy si me
invitan a sentarme y me regalan una rebanada de la de pepperoni.
PATO: (Mirando a Kevin con ternura) Pásale, siéntate, mi
guerrero sin plumas, mi héroe de mil batallas, la honestidad personificada, el
buen corazón del barrio...
JOAQUÍN: (Conmovido, interrumpiendo a Pato) Ya pásale, muchacho.
Toma asiento… Ese que ves en flor de loto no muerde… O tal vez sí, pero ahorita
está en modo avión.
SABRINA: Sí, pásale, buen hombre. Has llegado al lugar indicado, caballero.
BETO: No, bueno, Sabrina, ¿ya me vas a cambiar por otro? ¿Y lo nuestro dónde
quedó?
SABRINA: Tú eres el único, Betito; tú eres mi corderito.
TÍA
MARTITA: Bueno, bueno... El muchacho vale mucho. Eres bienvenido. Patito no te
merece, pero qué bueno que vienes a buscarlo.
KEVIN: Yo, ¿a buscarlo? Yo no he dicho eso...
TODOS: (Echándole montón, riendo) ¡Ya carnal, admítelo, lo
quieres, se te nota! ¡Beso, beso, son novios, son novios!
KEVIN: Ya, chale, creo que mejor me voy corriendo... Él ni me gusta, ¡yo tengo
noviaaaa!
(Joaquín
y Pato lo detienen del chaleco del uniforme y lo llevan amigablemente hacia el
sillón).
ESCENA FINAL
(La
luz de la sala cambia a un naranja dorado de atardecer de película clásica. Por
las bocinas de un aparato viejo empieza a sonar la "Sinfonía
Pastoral" de Beethoven. La familia y los invitados se sientan en el suelo,
en círculo, alrededor de las cajas de pizza de cartón sobre la alfombra raída).
ELENA: (Con voz de narradora de telenovela) Al final, la pizza
tiene el mismo color que un atardecer en el bosque y en la playa...
SOFÍA: Ya… Cállate, mamá. Y pásame la salsa inglesa.
JOAQUÍN: (Dándole una mordida a la pizza) Mi esposita piensa que
es una pizza de alcurnia.
ELENA: No hables de mí como si no estuviera.
LULÚ: (Limpiando la caja de cartón con un pañuelo, con asco)
Al menos el empaque es rústico vintage. Esta pizza sabe a herencia europea,
ideal para mi paladar.
PATO: (Mirando a Kevin con ternura) Regresaste por mí,
guerrero del asfalto. Eso está claro.
KEVIN: (Dándole un de mordisco a la pizza y guiñándole un ojo)
No amigo, no te hagas ilusiones. Regresé para devolverles la feria, carnal...
Pero bueno, el aventón en la moto no estuvo tan mal. A la otra te dejo manejar.
Pero que no nos vea mi novia.
PATO: Gracias, Alex.
KEVIN: Kevin… Me llamo Kevin. ¡Ya ves cómo eres! Todos los hombres son
iguales.
PATO: No todos, Kevin, no todos… Marcaré mi frente con tu nombre con fuego.
KEVIN: No te digo, no seas payaso.
TODOS: Sí, chale Pato, te pasas… eres un pinche cursi, ya deja en paz a ese
pobre muchacho… tiene novia, no insistas.
JOAQUÍN: Pues ya qué… ¿Podemos decir que somos felices, qué no? ¡Qué importa lo
que pase mañana! Porque hoy, por hoy, tenemos pizza, salud y buen humor. ¡Viva
la pizza!
TODOS: ¡VIVAAA!
(Sabrina
y Beto comparten una rebanada, mirándose con cara de corderitos. Joaquín y
Elena se dan la mano. Todos mastican al ritmo de la música de Beethoven
mientras la luz se desvanece lentamente en un cuadro de falsa felicidad
perfecta. La Tía Martita se levanta silenciosamente, toma el cofre de plata y
se sirve refresco en una copa de cristal cortado).
TÍA
MARTITA: (Al público, hablando en voz baja mientras abraza el cofre)
Pues lo dicho, cada loco con su tema… Y la única verdad es que esa moneda era
de mi abuela… Y me la dio para empeñarla en caso de emergencia… Pues por mí,
fue bien usada… Me da gusto que esta bola de ilusos tenga al menos una alegría,
pasajera, pero alegría… La verdad… hoy, por hoy... ¡que vivan los ilusos!
(La
música sube de volumen heroicamente. La luz naranja los envuelve por completo
como si fueran una familia perfecta en una revista de sociedad).
TELÓN LENTO