martes, mayo 22, 2018

Bardo, vigor en la atmósfera. Leonel Giacometto. Mónólogo para muchacho.


















Bardo, vigor en la atmósfera

Leonel Giacometto

Bardo, vigor en la atmósfera, de Leonel Giacometto, fue estrenada en la Facultad de arte de la ciudad de Tandil (Buenos Aires, Argentina) en 2015, con la actuación de Lucas Máximo y la dirección de Mariano Espondaburu, Cecilia Gramajo. www.alternativateatral.com/obra38671-bardo-vigor-en-la-atmosfera

El Congo es una región de la mente.
Graham Greene


Se ve una habitación, pero también hay otra. Y otra, quizás. Hay puertas, hay cosas dispersas por ahí. Hay posibles instrumentos musicales. Hay pulcritud, buen gusto, cosas útiles para ser tocadas. Lo de cosas es un decir. Podría haber cosas porque sí (podría no es a propósito el porque sí). No hay ventanas, ni ventilas; ni un ventiluz hay. Pero sí un techo de donde pende un cable, que sostiene una lámpara cromada (o similar), que da una especie de luz semi amarilla, en cono. Todo podría estar a propósito. O no. En las paredes hay dibujos, escritos y collages en los cuales es muy fácil perderse.

Muchacho, no hombre. Está en una espera; o acaso ése sea su estar. No está solo pero sólo se lo ve a él. Ahora no hay nadie a la vista.

El muchacho, desde el off, en el otro espacio, viene manteniendo una conversación. Alguien lo escucha del otro lado. Hay una especie de armado de algo. Entra, sale, vuelve a salir, se demora, reingresa, ensaya diferentes formas y partes de lo próximo; sale, se demora, vuelve a entrar. Pareciera no simular. Ve que hay gente del otro lado. Vuelve a salir. Todo esto muchas veces, a gusto; y a discreción. En sus entradas y salidas -se ve-, el muchacho transporta lo que podrían ser herramientas, sus objetos útiles. O comida. Del otro lado, al parecer, no sólo conversa. También repara algo. O lo prepara. O lo cocina.

Las pausas son algo. Algo es cualquier cosa, hasta un silencio.

Los raptos y trances no son, siquiera, resquicios ni desquicios de resabios farmacológicos. Son ámbitos sensoriales sosegados de efectos visuales, como un olor.

El muchacho fuma.

El muchacho podría hacer canciones algunas de sus palabras (no en off). Algunas.

La cuarta pared es una decisión de ritmo, simulación, suplantación y riesgo.

Muchacho (En off. Bajo. Ya viene hablando.): (…) La venganza de Hermes pensé yo en ese momento, te juro. Fue tan automático lo que se me vino, mirá, que no te puedo decir que lo pensé yo siquiera. (Pausa.) Oporto sazonado. (Pausa.) Digo que se me vino de golpe lo de Hermes cuando Lama me detallaba lo de los moretones. (Pausa.) Olé. (Pausa.) Con la culata de una Versa le pega cuando está por acabar. Eso dijo. (Pausa. Entra. Ensaya lo próximo. Gentil.) Me tuve que inventar meticulosamente una trama para poder estar acá. Y ahora que estoy acá no sé cómo decir esto que es la cortesía que la candidez me pasa, entera, por toda mi existencia. (Silencio. Pausa. Sale y vuelve a entrar, todo rápido. Ensaya lo próximo. Altivo.) Lo primero que hay que hacer, es aceptar lo que acá se está planteando. Esta es la primera contienda. O el primer error. (Sale. En off.) Salgo feo. (Silencio.) Salgo feo. Salgo feo. (Pausa. En off.) Salgo feo, salgo feo, salgo feo. (Pausa. En off.) Kazi Dawa. Algo así. (Pausa. En off.) A mí, sinceramente, me hubiera gustado negar todo el suceso y dar por cierto lo que yo te había dicho que Hermes me había contado sobre la frase ésa que me hizo notar que decía Helena sobre el suicidio de los escorpiones y yo no sé qué más sobre lo real porque no le presté la más mínima atención aquella vez. Ni nunca, en realidad. Ahora la invoco, mirá vos. (Pausa. En off.) Sí, salgo feo. (Pausa. Pareciera repensar.) Que deje, dijeron, ¿no? (Pausa. Reingresa. Ensaya lo próximo.) Que deje todas las luces encendidas, que retire todos los obstáculos, que no me resbale, que use los pasamanos, que me fije la temperatura del agua antes de bañarme. (Pausa.) Eso me dicen. (Pausa.) Ahora. (Pausa. Detención. Piensa en algo fuertemente por un instante, pero no lo dice. Sigue con lo suyo.) Que me evite de vez en cuando, me dicen, en realidad. (Pausa.) Y que me dimensione. Y que me dimensione en mis propias expectativas. (Pausa.) Que vea todos los parches me dicen. (Pausa. Sale. En off.) Afuera es un problema. (Pausa. Reingresa.) Ahora es todo. (Pausa.) Eso me dicen. (Pausa.) Esto es para mí. (Sale. En off. Irritado.) Acerca de qué, acerca de qué, acerca de qué, acerca de qué decime vos, acerca de qué podés hablar en una situación como la mía. (Pausa.) Estoy enmudeciendo, sin embargo. Digo pavadas. Pavadas. Pavadas. (Un golpe se escucha. O el arranqué de un motor.) Juan Manuel tenía siempre camisas celestes. Y andaba siempre de mangas arremangadas, como un colectivero en verano. (Pausa. Sonríe.) Qué sabrá de colectivos Juan Manuel. Lo llevaron a un borde. Gente vil hay en todas partes, te juro. Hermes compró un Shocklender. Acordate. (Pausa.) Tantas promesas que se pagan. (Se ofusca.) De qué. (Pausa.) De qué. (Pausa.) De qué escarbando dentro de qué, decime vos, de qué. (Vuelve a entrar. Otro. Podría ser una canción.) Acerca de lo cerca de todas las cosas juntas y desparramadas que hacen, de todos, que todo lo ajeno se haga propio. Y lo ajeno mío. (Pausa.) Mío. (Pausa.) Mío tan ajeno que a veces duele. (Pausa. Las pausas son algo. Algo es un decir.) Solitaria manifestación de estos tugurios donde yo soy su parte. (Pausa. El muchacho entra, sale, vuelve a salir, se demora, transporta o arrastra, arregla o cocina, reingresa, ensaya diferentes formas y partes de lo próximo; sale, se demora, vuelve a entrar. Ensaya lo próximo. O canta. Un decir, como actuar.) Yo esplendía. (Pausa.) Lo juro. (Pausa.) Y derrapé. (Pausa.) Lo voy a contar. (Pausa.) Corralones a cielo abierto. Lluvias amargas. Atracones. Salvajes sin procedencia. No anunciadas h… (Se interrumpe.) No anunciadas. (Pausa.) O tal vez sí. (Pausa. Rápido, a alguien.) Quisiera saltar hacia donde estás. (Pausa.) Atracones fueron decía yo a la vera de la hoy ruta 9. (Pausa.) No sé explicarlo. Perdón. (Pausa.) Pero están. (Pausa.) Ahora es todo. (Pausa.) Los atracones no son un estado discutible para vivir. El que se atraca es propenso a la disolución de las formas y al hastío emocional. (Casi en un rapto. Lúcido.) Costó entenderlo: venían de noche. (Pausa.) Esto cuesta. Esto cuesta. Esto cuesta. (Pausa. Bajo y algo raro.) Somoveintiré. (Pausa.) En demasía ellos querían acortar el trayecto hacia el amanecer. Pero amanecía. Y se iban. Eso hacían. Con la fuerza endeble quedaba yo, que esplendía. (Pausa.) Estelas de polvo y sandalias dejaban. Olor a pasto quemado, a crines, a semillas de veneno guardadas en las manos. (Pausa. Ido.) Filas de rodillas pintadas. (Pausa.) Oí que me llamaban por esto. (Pausa.) Esto es un secreto. (Pausa.) Lo cautivo entra en un valijín. (Pausa.) Lo juro. (Pausa.) Yo no sé si quise. (Pausa. Se excita.) Mador. Mador. Mador. (Pausa.) Me divorciaban de todo. Yo no lo podía creer. Yo no lo podía creer. (Pausa.) Y sin embargo, sucedía. (Pausa.) Sucede aunque me miren así. (Pausa. Vuelve.) Esto cuesta. Ya lo dije. (Pausa. Mira atentamente a alguien. Piensa en irse. Piensa en quedarse y seguir. Pausa.) Malformaciones tenía en todo el cuerpo. (Pausa.) Parecían eso. (Pausa.) Era dolor. (Pausa.) Podría dibujarlo. (Pausa.) Un dibujo de lo que dolía como algo que ejerce presión de adentro hacia afuera podría dibujar. (Se aburre de repente. Amaga con irse. Se queda.) Esto es serio. Era un dolor preciso y l… (Se interrumpe. La resignación o la congoja aparecen.) Era es un decir. Las malformaciones se hicieron zonas: tres. Cabeza, pecho, estómago. Se me hizo habitual. (Pausa. Insiste.) Esto es serio. Repito: es serio. Es el desfajase, la resequedad sin culpa ajena, la domesticación de la rabia, el no verte llegar, el viro errado de la cuestión, el inesperado misterio de no poder encontrarse, de repente, ante el peso del mundo. (Pausa.) Es serio y a pesar mío, esto es teatro. (Pausa. Algo se quebró y algo vino en él. En trance o similar.) Vienen. (Pausa.) Elásticos cuellos de quien… (Se interrumpe.) Me tocan. (Pausa.) Delgados no, delgaduchos y medio encorvados. La mayoría. Sus cuerpos. Cuerpos, cuerpos, cuerpos, cuerpos, cuerpos, cuerpos, fibras con más marcas que carne. Lampiños, extremadamente lampiños. Uno espera más pelo en esa gente. Sólo sus piernas y sus brazos. Mestizos, digamos, cuyas marcas estaban en sus pantorrillas –finas y evocativas de su origen. Eran fuertes gracias al incayuyo. (Pausa. Respira hondamente.) Hay un tropel dentro mío. (Pausa. Rápido, a alguien.) Quisiera saltar hacia donde estás. (Pausa.) Eso me dicen. Yo repito. Derrapé. Ya lo dije. (Pausa.) Y soy gentil. Creo. (Pausa.) Hablaban poco. Ahora no. Jamás opinaban. Ahora son todo. (Pausa.) Yeguarizo, Reumay, Tripailao, Coliqueo, Murena, Pincén. Pijudos. (Silencio.) Pijudos que rompían la regla de que todo pijudo es tonto. Vergas. Gruesas, como en gancho. Atravesaban los toldos. Y yo con ellos. (Pausa.) Fueron veintitrés. Me dijeron: “Has de suponer esto como algo preconcebido. Deberemos forzar hasta la proyección. Israel está en la cabeza, en el estómago y en los intestinos. Toda calumnia viene de adentro. Somos la última especie de nosotros mismos”. (Pausa.) Qué, qué, qué sólo atinaba a decir yo, pero más o menos dijeron otra cosa pero ahora el que habla me dice: “a troche y moche te dejaste comer la cabeza por cualquiera. Pudiste haberte defendido apenas notaste cómo te iban dando de relumbrón los acrílicos y los refucilos que, claro está, no brillan como el oro. Ni el cristal. Hemos sido ortodoxos. Como todo cristiano, como todo judío, como todo musulmán. (Pausa.) De estas tres sale todo”. (Pausa. Otro.) Dicen eso. Y es una indiada. Bruta. Resentida. La siento por las noches. (Pausa.) Te comieron la cabeza, entre tanto. (Pausa.) Me comieron la cabeza. (Pausa.) Entran y salen, a voluntad creo. (Algo sale.) Me humillo por esto. (Pausa.) Pero entran y salen. (Pausa.) Escotes, flojedades, tiranteces. Eso quedó. (Pausa.) Todo se escucha. (En trance o similar) Somos 23. (Pausa.) Estamos dentro de la forma. Eso dice el que habla. Somos 23 y hablamos como uno. (Sale y vuelve a entrar.) Comenzó con silbidos alrededor mío. Susurros no, silbidos. Me estaban llamando. (Pausa.) Llevo 23 indios brutos de Chapadmadal dentro. (Pausa.) Suelen hablar, es justo hacerlo notar. (Sale. En off.) ¿Qué? ¿¡De qué hablás?! ¡¿De qué hablás?! (Pausa. En off.) ¡¿De qué hablás?! Yo quiero que vos me mires. Yo quiero que vos te sientes acá y me mires así mientras yo amablemente te siento desde los hombros; y quiero que me escuches y me digas por qué dios se va a ocupar de un planeta donde mora el perdedor? (Pausa. Reingresa. A alguien en particular. Cierta violencia.) Decime. Esto no es una metáfora. (Pausa.) Esto no es una metáfora. Ni un sueño. Ni una alucinación. (Pausa. A alguien.) Toda convención es poco seria acá. Esto no lo pensás mientras grillos te intranquilizan el caminar. (Pausa.) No estás caminando. (Pausa.) ¿Lo ves? ¿Lo ves? Yo soy su parte. ¿Lo ves? (Pausa.) “En la desesperación, todo rincón es una ventanita. Un aire prometido. Un prodigio interno. Un ventiluz”. (Pausa. Silencio.) Ya escuché. (Pausa. Sigue con alguien. Cambia.) Son ganas, en realidad. Yo también necesito de lo agradable. ¿Lo ves? (Pausa.) Dejá eso. (Pausa.) Dejá eso. (Pausa.) Es de Isaías. (Pausa.) Lo mismo que Hermes, dijo. (Pausa.) Lexapro. (Pausa. Otro.) Está lo que se necesita sin pensar, y está lo que uno lleva a cuestas, ¿no? ¿No? (Pausa.) Uno tiene el cuerpo hinchado, malgastado y lastimado. Uno viene sobrellevando remordimientos; casi fresco, casi valiente. (Se va ampliando. Ensaya lo próximo ya es un decir. Lúcido. Repentino y rápido.) Veo una curva. La tomo. Veo una calle con paredes altas, grises, a ambos lados. Pienso en galpones. Claro, al final de la calle, un destello azul. Es de noche, muy de noche. No hay luna. Nunca entendí eso. Hace calor. El destello azul se opaca de a ratos si lo miro fijo. Pienso en algún efecto traslúcido. Camino y veo que lo azul es un charco de agua refractada. Agua estancada. Llovió. (Pausa. A alguien.) Quisiera saltar hacia donde estás. (Pausa.) Hordas agresivas. Machos brutales capaces. Aun no amanecía. No caminábamos. No corríamos. Ni reptábamos. No bailábamos. Otra cosa percibíamos. Danzábamos. El suelo estaba aún inclinado. El mundo aún no se comía. Ni era de juguete. Ni demasiado. Nosotros no éramos faltos. Lo emocional no fallaba aunque había intemperies. No soy dictado. Vigor en la atmósfera. Fortines ilusos. Baúles con próceres incapaces. Los Pasos. Aplomo sin embargo. No sobornarse. Esto tiene su principio. (Íntimo.) A pesar mío, sin ser tenido en cuenta es la sensación que quisiera sentir. Lejos el frenesí iluso de no estar obligado a ver de por vida esto. (Trance o canción.) En el fondo, estamos sin vueltas, más imposibles que ciertos, sin embrago, de ciertos sucesos. (Pausa. Entra.) Impotentes e inútiles. Esto es un decir. Me comieron 23. (Pausa. Sale. Se demora mientras habla, transporta o arrastra, arregla o cocina, reingresa, sale, se demora, vuelve a entrar. Alterna idas y venidas, siempre para salir y comenzar a ingresar cuadros con dibujos e imágenes de alto próceres para terminar entrando, últimos, el de la mujer de Juan Manuel de Rosas. Todos los próceres fueron visibles. Los rocía con algo líquido mientras habla, explica, medita sobre los cuadros que va viendo. A público.) No sabe lo que hace. Nunca saben. Él dice flotar. Poco criterio, indudablemente. Ni la mitad, ni por asomo la mitad de todo lo que se había propuesto. Y eso que fue recién. (Pausa. Va apilando cuadros.) La pose y el arrastre. (Pausa. Otro.) “Detengamos esto”, me dijo Hermes, “te lo pido lo más ciertamente posible, detengamos esto. Yo no quiero hacerlo, y tampoco quiero que vos lo hagas. No quiero”, me dijo, “yo no quiero. Vamos a tener problemas. Tengo los dientes apretados desde febrero. Detengamos esto. Lo voy a contar”. (Pausa. Trance.) Ahora estamos dentro de la forma que se nos ha sido dada. Soy el que me habla. Soy el que me dice ser 23. Soy el que retiene. O no querer. Cerca tuyo doblegar el horror. (Enciende una antorcha o similar. Va a quemar los cuadros.) No hay vuelta atrás. (Sólo la luz del fuego.)

Apagón rápido y total.


Me entregué al misterio. / ¿Qué era?
Un cambio de tiniebla
hacia una tierra que quizá no existe.
Soy fiel. Persevero.

Sara Gallardo

sábado, mayo 19, 2018

MONÓLOGO FEMENINO LOS CAMALEONES ÓSCAR LIERA




MONÓLOGO:

LOS CAMALEONES

ÓSCAR LIERA

MÉXICO


Introducción Crítica: "Los Camaleones" de Óscar Liera

El mimetismo de la identidad en la dramaturgia del silencio

La obra de Óscar Liera (1946-1990) se erige como una de las piezas fundamentales de la "Nueva Dramaturgia Mexicana", caracterizada por una profunda crítica a las estructuras de poder, la hipocresía social y la desmitificación de la vida cotidiana. En el monólogo de Laura, perteneciente a su pieza Los Camaleones, Liera nos sumerge en una atmósfera de realismo psicológico donde la frontera entre lo público y lo privado se desdibuja a través del recurso de la confesión.

La narrativa nos presenta a Laura, una joven estudiante de antropología cuya edad parece fluctuar según la parte del cuerpo que se observe —una metáfora visual de su fragmentación interna—. Desde la seguridad aparente de su hogar de clase media, Laura entabla un diálogo unidireccional con una figura paterna que, al final, se revela como un simulacro: un muñeco de trapo. Este dispositivo dramático subraya la incapacidad de comunicación y la soledad estructural del individuo frente a una sociedad que exige uniformidad.

Ejes temáticos del monólogo:

El Mimetismo Social: El título de la obra hace referencia a la capacidad de adaptación del camaleón. Para Laura, la homosexualidad no es solo una orientación, sino un ejercicio de supervivencia que la obliga a "cambiar de color" (fingir, mentir, silenciar) para no ser devorada por su entorno.

La Tesis como Espejo: La investigación académica de Laura sobre el comportamiento humano y la zoología funciona como un mecanismo de defensa y, a la vez, como una herramienta de disección. Al cuestionar lo que la sociedad tacha de "normal" frente a lo "aberrante", el personaje utiliza la lente antropológica para denunciar la violencia de la heteronormatividad.

La Crisis del Modelo Patriarcal: La presencia del padre (y su posterior revelación como objeto inanimado) simboliza la búsqueda de validación ante la autoridad. El discurso de Laura transita desde la vulnerabilidad del desamor hasta el sarcasmo más visceral contra el matrimonio tradicional, al que describe como una transacción de "objetos" desprovista de verdadera conexión humana.

El monólogo culmina en una catarsis agridulce. Al desarmarse el muñeco, se desarma también la ilusión de haber sido escuchada. Laura queda suspendida en el "algún día", recordándonos que el verdadero drama del camaleón no es cambiar de color, sino el agotamiento de no poder mostrar nunca su piel verdadera.


LOS CAMALEONES

ÓSCAR LIERA



Personaje unico:
Laura

Si la viéramos a los ojos, pensaríamos que Laura tiene 22 años, las manos reflejarían 32; pero su boca concedería solamente 25. Ella confesaba siempre 24.
Ahora se encuentra en su casa. El buen gusto con el que habian sido elegidos los muebles y la gran cantidad de libros hacen parecer una sala demasiado elegante, sin embargo, los habitantes de aquella casa pertenecen a lo que normalmente llamamos clase media. El decorado podría resumirse de la siguiente manera: un librero con muchos libros y algunos elementos decorativos, cuadros en las paredes, un sofá, una mesita con un teléfono, al fondo, un escritorio con un sillón de respaldo alto, en donde, según parece, alguien, que está de espaldas al público, se halla sentado. El telefono esta descolgado mientras Laura busca un libro.


LAURA.- Mitos y ritos, mitos y ritos, mitos y ritos...la rama...el principio de las religiones... la magia. (Gritando.) ¿Por qué se te metió en la cabeza que yo lo tenía?
¿Tan inspirada te sientes como para comenzar tu tesis justamente el día de hoy?
(Corre al teléfono.) ¿Me oíste lo que te dije? Sí, era a ti. Yo no tengo ese libro. ¿No se lo prestarías a Olivia? Pues trata de acordarte bien, yo no lo tengo. ¿Tienes que comenzar tu tesis precisamente hoy? Pues sí. ¿Tienes que reunir todo el material? Pues ficha otro libro. ¿Qué exhiben? ¡Qué padre! Pero no puedo ir, tengo que hablar con mi papá ahora mismo, no, no lo puedo dejar para mañana. Bueno, sí, muy bien, yo te llamo.
Adiós Luisa.
Con un sentimiento extraño, parecido al dolor que produce el vacío cuando cala en las profundidades de los huesos, cuelga el teléfono y lo presiona sobre la mesita por largo rato como para que no fuera a brincar en algún momento. Voltea a ver la silla de la que sólo ve el respaldo y el pelo de alguien que, según parece, está sentado. Duda un poco, y luego, aspirando con fuerza el aire, como una gran dosis de droga que la reconforta, comienza a sonreír con cierta inocencia y después, con decisión, suelta el aire convertido en palabras.
Papá, te pedí que te quedaras porque quiero hablar contigo. Ya te dije que no quiero que voltees a verme mientras no haya terminado de decirte lo que pienso. Lo que te voy a decir es como una confesión que me hago a mí misma, es como uninteriorizarme ante tu presencia, es como si de pronto comenzara a resbalarme hacia el interior de mi ser y quedara volteada al revés, como quien voltea una media y se encuentra con sus hilos y sus costuras. ¿Me pregunto por qué tú? ¿Por qué tú y no mi mamá, por ejemplo? ¿O mis hermanos? No lo sé, tal vez porque eres el que ha estado más cerca de mí, o por lo menos eso es lo que me has hecho sentir durante toda mi vida. Tú me has dicho muchas veces que quieres ser mi amigo, y en este momento te acepto la proposición porque ahora lo que necesito no es un padre, sino un amigo.
Déjame fumar un poco de tu cigarro, amigo. (Toma el cigarro que está sobre el escritorio y se queda con él.) Delante de mis amigos, a veces, fumo; delante de mis padres nunca. Ahora es cuando yo debería conocer también tus secretos, pero no permitiste que se adhirieran a la boquilla. Los camaleones. Todo tiene que ver con la tesis que he escogido: “Los Camaleones”. Si hubieras visto la cara que puso el doctor Campos cuando conoció el título de mi tesis. (Lo imita.) “Señorita ¿usted pretende alcanzar la licenciatura en antropología o en zoólogo o veterinario?”
Pues mire doctor, le dije yo, todo depende de la gravedad del asunto que pienso tratar; si usted considera que el problema de antropología social que voy a estudiar llega a ser tan patológico que coloque al hombre por debajo de los seres racionales, creo que sí me he equivocado de vocación y debí haber estudiado veterinaria o zoología.
Entonces él me preguntó cuál era ése tan grave problema que pensaba presentar en mi tesis y yo le respondí: el comportamiento homosexual en los humanos. ¿Te das cuenta papá de lo que pienso hablar? Mi mamá pondría el grito en el cielo y se tiraría al piso fingiendo cualquier ataque extraño, pero tú no. Tú te quedas en el reposo que te he impuesto, maquinando, cerrando algunas de tus ventanas, seguramente haciendo gestos grotescos con la cara. ¿Has tenido tú alguna experiencia homosexual?
Según algunos investigadores, en los hombres es más común que en las mujeres. No, no me digas nada hasta que haya terminado con mi plática; si algún día tú quieres contar tu vida íntima, me gustaría mucho conocerla. Me gustaría saber, por ejemplo, si eres sexualmente feliz con tu mujer... a veces pienso que solamente te has acostado con mi mamá las veces necesarias para engendrar los hijos. Alba me contó que sus padres han condenado con energía el placer sexual, y que cuando iban a hacer el amor era sólo con el fin de engendrar el hijo, y antes de hacerlo tenían mucho cuidado de rezar algunas oraciones y pedirle un hijo a Dios, avergonzándose del acto que tenían que cometer. ¿No crees que sea completamente ridículo?

El timbre de la puerta viene a interrumpir el hilo de la conversación, y como un nuevo personaje se coloca en medio de ellos. Laura no sabe si atender de inmediato al extraño personaje entrometido, duda un poco, el timbre insiste como si fuera una interrogación constante, constante. Por fin, Laura se decide a ver quién es y se encamina hacia la ventana, pero al llegar prefiere no contestar aquella insistente interrogación y regresa a retomar la conversación.
Perdóname papá, pero no pienso abrir. No sé si te moleste estar soportando por algunos momentos el berrido de ese timbre infecto, pero prefiero terminar de hablar contigo sin distraernos en anda antes de que lleguen los demás. (Pausa.) Quiero hacer una buena tesis, una importante investigación, quiero que tú sepas que lo hago porque desde algún tiempo me he venido asqueando del mundo, y cada vez, cada día me doy más cuenta de que la tierra no puede ser el mejor planeta, ni los terrícolas los seres
más perfectos del Universo.
Laura, como llena de ira, se pone a correr por toda la sala y a gritar como si anunciara algo en venta.
¡El hombre es el animal más promiscuo que existe! ¡Todos los hombres les son infieles a sus mujeres! ¡Todas las mujeres piensan en otro hombre cuando están con el marido o se acuestan con el amante en turno! (Continúa furiosa.) Existen grupos de mujeres que dedican su vida a cobrar para que un hombre las use sexualmente, todos los adolescentes van con estas mujeres o engañan a otras para obtener de ellas lo mismo.
Esto, dentro de los cánones socio-religiosos se llama: relaciones “normales”. Pero existen otros seres que prefieren las relaciones sexuales con personas de su mismo sexo, esto puede ser aberrante a los ojos de los que no ven más allá de sus narices, y perfectamente normal para los que no clasifican al ser humano por sus relaciones sexuales, ni les importa la vida íntima de los hombres frente a la grandeza interior y trascendente. De cualquier manera, en ninguno de los casos, casi nadie dedica actualmente su vida sexual a una sola persona. A veces la gente se enamora de otra gente, se realiza sexualmente con ella y se siente el ser más agraciado del mundo; pero un día la situación cambia y uno de los dos se marcha con alguna mujer o con algún hombre. Quiero que tú, papá, me convenzas de que no le ponga ese título a mi tesis, quiero que tú seas uno de los que se realizan sexualmente con la mujer que ha elegido para madre de sus hijos, para compañera de toda su vida, y quiero que me digas, además, que los jadeos que escucho por las noches cuando paso cerca de la recámara de ustedes y que a veces me he detenido a oírlos para codificarlos, no son ronquidos como siempre he creído; dime que por las noches la tocas y se aman y los dos jadean y gozan juntos; (Pausa.) Sin embargo, siempre los he oído roncar. Convénceme de que estoy equivocada, de que no es un buen tema para mi tesis. Todo dependerá de lo que tú me digas. Un día, uno de los dos deja de amar, si están casados, roncan juntos y si es una relación libre, ese uno puede irse. En uno el amor se agota de pronto porque es incapaz de amar, o porque ha concebido el amor como un valor relativo y lo ha acomodado dentro de esta mezquina circunstancia en que vivimos los humanos. Pero tal vez en el otro el amor perdure, y cuando ese uno se ha ido, el amor crece en el otro con desespero y con enfermedad, como un tumor canceroso que se acomoda entre los
pulmones y se alimenta de oxígeno y después no deja respirar con tranquilidad y sin dolor. El amor se enferma mortalmente en el que se queda y poco a poco tiene que irmatándolo con la conciencia clara y completa de que es lo que más desearía conservar; de que puede ser el único amor de la vida. (Pausa.) Cuando esto sucede en las relaciones “normales”, el sufrimiento se puede exteriorizar, la familia entera podrá compartir la pena y se tratará, en lo más posible, de ayudar a reenfrentarse a la vida al que sufre; pero cuando esto se da fuera de este tipo de relaciones, es decir, dentro de las relaciones homosexuales, ¿quién le puede ayudar? ¿Qué actitud toma el homosexual frente a la familia y qué otra en la soledad? Tienen que ser unos seres miméticos, como unos camaleones, y sólo dejarán salir el llanto cuando estén a solas. ¡Papá, Dolores, mi mejor amiga, mi amante desde hacía tres años, me dejó hace una semana porque cree estar enamorada de una pinche alemana bizca que vino como arqueóloga! ¡Y me está llevando el carajo! ¡Y desde hace ocho días que me estoy ahogando con mi cáncer! ¡Y quisiera matarla en mí o morirme yo con ella dentro!
Laura cae en la desesperación pero se siente libre al poder expresar lo que piensa en el fondo de sí misma. Pretende curar su espíritu confesando sus más íntimas relaciones. Ahora sí desearía que su padre se levantara de la silla y se acercara a ella, y la abrazara, y la besara y le deslizara por la oreja alguna palabra de aliento, cualquier cosa que la hiciera sentir que no estaba sola. Le gustaría que el padre le comunicara que él estaba con ella y que también lo estarían su madre y sus hermanos. Deseaba le contara algunas relaciones homosexuales de su juventud, eso la hubiera acercado más estrechamente a él. Pero le asaltó el problema de sentirse compadecida y se apresuró a hablar.
Recuerda que no quiero que te muevas de tu sitio, no quiero que digas una sola palabra hasta el final de mi exposición; si es que tienes ganas de hacerlo. (Pausa.) Y luego tú, preguntando a la hora de la comida por Dolores, y lo hacía mi madre también y querían que la invitara a comer el sábado con nosotros y yo destrozándome por dentro, y recordaba sus labios, su talle, su pelo. ¡Y tenía que comer!, y tenía que inventar alguna mentira. (Pausa.) Mimética, me he vuelto yo también mimética, como un camaleón. Yo te pido que entiendas este estado en que me encuentro y al cual yo no pedí llegar. Yo no pedí llegar a esto, sin embargo creo que siempre me han gustado las mujeres, desde los primeros días de mi vida, y no sé por qué pero así es. A mí me hubiera gustado ser como todas, tener un novio, y los padres del novio piden la mano de la novia como quien pide solamente el guante derecho en ceremonia familiar, y los padres la dan como una cosa...
Laura ha llegado con gran facilidad al sarcasmo, comienza a hablar entre risas, risas que salen de su interior cuando habla de las relaciones que ella siempre entrecomillaba como “normales”, las cuales tenían muchas cosas que a una antropóloga como ella le parecían ridículas.Y los novios se casan...
Ahora, sin perder su sarcasmo, canta la marcha nupcial e imita a una novia boba que cruza dentro de la iglesia por entre una valla de amigos y parientes.

...Después, la fiesta, y el novio, una vez cumplidos todos estos requisitos, puede llevársela, su cosa, a cualquier hotel y romperle el himen, y la pobre muchacha temerosa queda asquerosamente penetrada por un hombre.
Las últimas palabras se expresaron en un grito, iban dentro de un grito, envueltas en un grito que se escapó de las profundidades de Laura. Después del grito la voz se le quiebra en los límites de la garganta y la lengua y las palabras comienzan a escurrírsele impregnadas de una especie de llanto lastimoso, dolorido, que brota como la saliva.
...Asquerosamente penetrada por un hombre, con un sexo extraño al de ella, un sexo que ni siquiera se le asemeja, un falo vomitante y duro como un hierro que sin piedad rompe membranas y se va introduciendo sin clemencia entre las carnes más blandas y el macho ruge de placer, el macho posee “su cosa” y casi la estrangula con sus gritos y su baba. Y cuando el naciente gozo de la mujer aparece, el macho canta triunfal su himno eyaculativo, se limpia la boca y se voltea de nalgas. ¡Qué asco! ¡Qué asco! ¿Cómo puede ser normal todo esto?
Suelta el llanto, busca un pañuelo y se limpia los ojos y la nariz. Le gustaría enviarle a Dolores todos los pañuelos llenos de lágrimas que ha ido guardando, enviárselos con una nota; el chantaje melodramático es corriente, pero en la guerra y en el amor se vale todo. Dolores es una angustia, un desespero, una obsesión. Se acerca al teléfono y con
lentitud marca una serie de números y espera con paciencia, de pronto, alguien levanta el audífono del otro lado de la línea.
¿Dolores? Es Laura. ¿Cómo estás? ¿Te podré ver hoy? ¿Qué? No, no he salido en toda la tarde. ¿Tú? ¿Y tocaste el timbre varias veces? No abrí porque estaba contigo, no, no estoy loca. ¿Y te peleaste con ella, por eso veniste? ¿Qué? ¡Ah! Pero ya te habló, claro y tú la quieres. No, no me haces daño... (El timbre de la puerta suena dos veces.) Alguien llama a la puerta, déjame ver quién es.
Deja el teléfono y corre hacia la ventana y mira hacia abajo. Se sorprende al ver a su padre en la calle.
¡Papá, papá! ¿No traes llaves? ¿Dónde están los demás? ¿Te veniste solo? ¿Qué? Sí, en este momento bajo a recogerlas y las meto de inmediato al refrigerador; sí, déjamelas con Catalina, bueno no te tardes.
Regresa con alegría al teléfono. Bueno, Dolores, bueno, bueno, Dolores...
Cuelga con gran cansancio el teléfono, voltea hacia la silla en donde está el bulto del hombre, se va acercando con lentitud. Coge la silla por el respaldo y comienza a empujarla, hay allí un muñeco, hecho, seguramente con la ropa de su padre. Lo pasea por toda la sala. El muñeco empieza a desbaratarse y van cayendo al suelo los rellenos de toallas, sábanas, almohadas, mientras Laura le dice.
Algún día me atreveré a decírtelo papá, algún día me atreveré. No quiero seguir fingiendo delante de ustedes y llorando a solas, algún día tendré el suficiente valor, algun dia.

MIENTRAS, SE VA CERRADO EL TELÓN

LA PIÑA Y LA MANZANA: Óscar Liera.












LA PIÑA Y LA MANZANA

De Óscar Liera


Introducción a "La piña y la manzana"

Bienvenidos a esta propuesta visual para "La piña y la manzana", una de las obras más emblemáticas y divertidas del panorama teatral mexicano del siglo XX. Esta pieza no es solo una comedia de enredos; es un bisturí afilado que disecciona la hipocresía social con una sonrisa en los labios.

La Obra: El Caos Detrás de la Manzana

La trama nos sitúa en una cena aparentemente armoniosa. Un grupo de siete amigos, todos ellos orgullosos vegetarianos, se reúnen para compartir sus ideales de vida "pura" y superioridad moral. Se presentan ante el mundo con máscaras de perfección, paz y convivencia civilizada.

Sin embargo, la llegada de un octavo personaje, Manuel Carpintero —un hombre pragmático y provocador que no comparte sus "elevados" principios— actúa como un catalizador. Lo que comienza como una discusión trivial e irónica sobre la supuesta regla de "no mezclar piñas con manzanas" en la misma comida, pronto se convierte en una metáfora del conflicto humano.

A medida que avanza la velada, Manuel presiona los botones correctos de cada invitado, provocando que sus máscaras de falsa cortesía caigan una a una. La cena se transforma en un campo de batalla donde la ira, la envidia, los secretos y las verdaderas —y a menudo mezquinas— personalidades de los "vegetarianos perfectos" quedan expuestas en un clímax de caos absoluto.

La imagen que hemos creado captura precisamente ese momento: la ruptura de la compostura, la mesa volcada y el enfrentamiento directo, simbolizado por la piña y la manzana que ya no pueden convivir separadas por una línea imaginaria de moralidad.

El Autor: Óscar Liera, el Francotirador de la Escena Mexicana

Para entender la potencia de esta comedia, es fundamental conocer a su creador, Óscar Liera (1946-1990). Liera no fue solo un dramaturgo; fue un poeta, director, actor y uno de los renovadores más importantes del teatro mexicano contemporáneo.

Originario de Sinaloa, Liera llevó a la escena nacional un estilo único que fusionaba el realismo con elementos fársicos, el humor negro y una profunda raíz en la cultura popular de su región. Fue el fundador del emblemático grupo TATUAS (Taller de Teatro de la Universidad Autónoma de Sinaloa), con el cual descentralizó el teatro en México.

La obra de Liera se caracteriza por una crítica social feroz e inquebrantable. Ninguna institución quedaba fuera de su radar: la iglesia, el gobierno, la familia y, como en "La piña y la manzana", la propia clase media intelectual y sus pretensiones moralistas. Utilizaba el escenario como un arma para desnudar las contradicciones de la sociedad mexicana.

Otras de sus obras maestras, como El jinete de la Divina Providencia o Los negros pájaros del adiós, exploran temas de poder, mito y pasión. Óscar Liera falleció joven, pero dejó un legado de 36 obras y una huella imborrable por su valentía, su humor corrosivo y su genio escénico. "La piña y la manzana" es una puerta de entrada perfecta a su universo: una cena donde el postre principal es la verdad, servida con una buena dosis de carcajadas.


Personajes

  • ARQUITECTO DURÁN

  • REVERENDO UGALDE

  • SEÑORA LINA RAMOS

  • SEÑOR MANUEL CARPINTERO

  • LICENCIADO FLORES

  • DOCTOR GARCIA

  • SEÑOR OCHOA

  • SEÑORA CONDESA PEÑA

    (Todos vegetarianos)


Escena Única

(Desde el mes pasado Lina se hubiera mudado a San Jacinto, pero no habían terminado su departamento. Ahora inaugura la sala, que es lo único que había alcanzado a decorar. Durán invitó a sus amigos a la cena que Lina, cuidadosamente, preparó para agradar a los invitados. Durán acomodó a todos como parte de la decoración y Lina les servía refrescos de frutas.)

ARQUITECTO: Sin embargo, Condesa, también se debe tener mucho cuidado con las frutas.

REVERENDO: Soy un hombre que se deja llevar por el olfato, allí radica mi instinto alimenticio. Los olores, los olores, los olores.

LINA: Es que el chayote merece un monumento. Yo se lo haría en bronce.

MANUEL: (A Ugalde) ¿Y cómo le hace usted, Reverendo, cuando tiene catarro? Supongo que pasará muchas hambres al cambiar las estaciones.

LICENCIADO: ¿Cuánto tiempo tiene usted de ser vegetariano?

MANUEL: Tengo tres meses.

LICENCIADO: Doctor, por favor informe al prosélito…

DOCTOR: Un vegetariano nunca se enferma. Jamás un vegetariano auténtico padece enfermedades de carnívoros y menos un cochino resfrío asqueroso como un chorizo de marrano pudriéndose.

(Siempre que oían mencionar la carne recordaban las palabras de Saussure: “El significado no es sino la representación psíquica de la cosa.” Por eso, el significante: “carne” les producía, solamente en los rostros, un marcadísimo asco.)

LINA: ¿En qué basa su alimentación señor…

MANUEL: Manuel… Carpintero.

OCHOA: ¡Qué bello! Tiene una profesión vegetariana. Hay seguros de vida con primas especiales (Abre su maletín) para personas que se dedican a su oficio…

MANUEL: Es mi apellido, me apellido Carpintero; yo soy contratista.

LINA: ¿En qué basa su alimentación señor Manuel Carpintero?

MANUEL: Frutas, verduras, germinados, leche, huevos…

CONDESA: ¡Cómo! ¿Ingiere usted fetos de pollo?

MANUEL: El huevo es…

CONDESA: ¡Es un feto asqueroso de cualquier bípedo plúmeo! Pez, reptil o quelonio.

DOCTOR: Tal vez el señor Carpintero, a quien no tenía el gusto de conocer ¿Cómo le va? (Le da la mano) Mucho gusto, soy el doctor García, viejo amigo del arquitecto Durán, vegetariano desde los once años en que pude librarme de la carnívora tutela de mis progenitores. Tal vez, continúo, usted no ha tenido una sólida preparación sobre la alimentación en los humanos. La salud está en el estómago. Y recuerde usted que: cuerpo sano, mente sana.

LICENCIADO: Lo que el doctor le está diciendo, amigo, es la Biblia.

ARQUITECTO: Hace un momento te decía, ¿verdad Condesa?, que había que tener mucho cuidado con las frutas. (A Manuel) Quizá tú no sabes combinarlas bien; hay frutas ácidas, subácidas, dulces…

CONDESA: ¡Él come fetos y toma jugo de pechos de hembra para mamífero!

MANUEL: (A Condesa) ¡El hombre es un mamífero!

CONDESA: ¡Yo soy mujer!

REVERENDO: (Al licenciado) ¿Ya leyó las últimas investigaciones sobre el sistema alimenticio a base de helechos y musgo?

ARQUITECTO: (A Manuel) …Entonces no se deben mezclar, dentro de las mismas veinticuatro horas frutas dulces con ácidas y menos comerlas al mismo tiempo.

OCHOA: (A Manuel) ...Puedo venderle un seguro muy bueno, los contratistas corren mucho peligro, déjeme hablarle acerca de las primas… O puedo asegurarle su coche, últimamente los roban como ceniceros. Las primas…

LICENCIADO: Siempre me han gustado las reuniones en las que coinciden vegetarianos porque son muy cordiales; el vegetariano es el hombre más pacífico y jamás llega a la agresión.

LINA: (Gritando) Anota eso Durán, anótalo en la lista que estamos haciendo. Nos faltaba esa gran ventaja del vegetariano sobre el carnívoro: es cierto, ¡nunca es agresivo!

REVERENDO: ¿Qué lista están haciendo?

ARQUITECTO: Unos carnívoros infectos que conocimos, nos dijeron que los vegetarianos nunca haríamos la revolución porque nos moriríamos de hambre. Que si hay que comer raíces ellos las comen y si hay que comer ratas también. Nosotros apostamos…

CONDESA: ¡Assssssco! ¡Cómo puedes usar esa terminología miasmática!

DOCTOR: ¿Quién ha hablado de revoluciones? Así estamos muy a gusto.

LINA: Solamente estamos haciendo una lista para demostrarles todas las ventajas que sobre ellos tenemos.

CONDESA: ¡Miles! ¡Todas! Somos gente sana.

DOCTOR: Pero si somos libres…

ARQUITECTO: (A Manuel) Por lo tanto, no se debe comer nunca una piña junto con una manzana.

LICENCIADO: Quiero decirte Reverendo, que yo he comido el liquen en salsa de níspero, es delicioso.

DOCTOR: A propósito de cosas deliciosas, Lina. ¿Puede servirme un poco más de su refresco? ¿Verdad que somos libres Lina? Las revoluciones son de los románticos.

LINA: (Afirma con la cabeza) Gracias doctor, es usted muy gentil y sabe decir muy bien las cosas.

DOCTOR: Podría ser una aportación para esa lista de ventajas.

LINA: No creo, puesto que su amabilidad le distingue muy especialmente. Durán me había hablado maravillas de usted.

DOCTOR: Nuestro arquitecto es un poco exagerado cuando habla de sus amigos.

OCHOA: ¿Y por qué vive tan solita y tan apartada de la ciudad? ¿No quiere un seguro?...

LINA: Amo la soledad y no me gusta estar segura ni asegurada. Ahora es cuando soy feliz sin ningún vecino a kilómetros a la redonda. Es, para mí, maravilloso saber que soy el único ser que habita estos edificios. Ahora estamos juntos, aislados del mundo, perdidos entre la naturaleza. Somos como parte de una isla que ha trepado por encima de las copas de los árboles. Así serán las ciudades del futuro; núcleos flotantes de salud y armonía, sin tener que soportar alimentos ni eructos carnívoros.

DOCTOR: Es usted una poetisa: se expresa usted en frágiles nervaduras, en plena función de fotosíntesis.

OCHOA: Sin embargo no debió cambiarse bajo estas circunstancias: no tiene vecinos, no hay servicio de elevador todavía y ni siquiera terminan aún los demás edificios. Debe haber mucho ruido con tantos albañiles, máquinas…

ARQUITECTO: Por ahora nadie trabaja en los edificios porque se acaba de morir el dueño.

LINA: Mi olfato es muy delicado, y por las calles corre el olor de la siempre pudriente carne; usted me comprende, ¿verdad Reverendo? Aquí por lo pronto corre un viento puro. Sería interesante que en este edificio, que está tan separado de los otros, vivieran sólo vegetarianos, ¿no les interesaría?

CONDESA: ¡Fabuloso, fabuloso, fabuloso!

OCHOA: Disculpe mi insistencia, creo que sería prudente que por el momento se asegurara (Abre el maletín) contra todo: robo, incendio, daños a terceros o accidentes de trabajo.

REVERENDO: ¿Tiene seguros contra la contaminación? (Todos ríen)

(Condesa se ha levantado después de varios intentos infructuosos de ingresar activamente en la conversación. Se pasea con dejos de hartura por la sala pletórica de plantas, libros, lámparas y tapetes. Sus participaciones en la conversación han sido desde las esquinas del departamento. A veces arranca hojas de alguna planta y las mastica para ver si saben bien, tratando, de esta manera, de hacer algún descubrimiento sensacional. Como buena aries quiere descubrir algo para los demás y así ganar el centro de la reunión. Ahora hojea esa revista en donde busca su objetivo. De pronto fija su mirada con exageración, lanza un grito clorofílico, estrepitoso, como un bosque que se derriba. Los allí presentes voltean a verla asustados, ha ganado el centro y no piensa perderlo.)

OCHOA: ¿Qué te pasa Condesa?

CONDESA: ¿Qué infamia es ésta?

LINA: ¿Cuál infamia?

CONDESA: ¡¡Que la soya produce cáncer!!

LICENCIADO: ¿Quéee?

CONDESA: (Leyendo) ”La soya produce cáncer.” “Según algunas investigaciones realizadas en el Instituto de Nutriología de Volldemgt, por los científicos Marckp Gotf y Ywzq Heatrf, se descubrió que a pesar del alto valor nutritivo que tiene la soya, comiéndola con frecuencia, a la larga, produce cáncer en el duodeno. Se aconsejó que al difundirse la noticia se hiciera con cautela, pues el gobierno de los Estados Unidos es el primer productor de este mortífero grano que tratan de imponer en el mundo entero ganando nuevos mercados con nuevos venenos.”

REVERENDO: ¿En qué país queda ese instituto?

DOCTOR: Espere a que termine de leer, no sea mal educado.

ARQUITECTO: Es pura propaganda comunista, seguramente está en Rusia o en alguno de sus países satélites.

LICENCIADO: ¡Que se callen para que termine de leer!

CONDESA: Ya terminé.

DOCTOR: ¿Allí termina?

REVERENDO: ¿Cómo se llama la revista que publica semejante mentira?

OCHOA: Sólo quieren desacreditar a Occidente. El doctor de la Furmiére, fundador de la “Gran Hermandad Colosal”, hablaba, incluso, de cierta santificación a través del “maná soya” como él la llamaba, por lo tanto no es posible que un iluminado como él…

LINA: ¡No podemos dejarnos embaucar por una nota amarillista, ni vamos a echar por la borda nuestra reunión! Esta noche tenemos soya para la cena y no pienso tener que tirarla.

ARQUITECTO: Claro, no podemos creer lo que dicen un par de cretinos en una ciudad fantasma dentro de un instituto que carece de prestigio. Si fuera el Instituto Pasteur o el prestigiado Instituto Colby de Washington…

MANUEL: Claro, claro, claro… mejor hablemos de esa cena que nos espera, y si ustedes me lo permiten voy a fumar.

TODOS: ¿Qué?

MANUEL: A fu-mar, voy…

REVERENDO: ¡Cómo se atreve, es usted un… cochi…!

LICENCIADO: ¡Es un envenenador de atmósferas sanas!

MANUEL: Supongo que lo que consumo sea un vegetal.

REVERENDO: ¡Oh sacrosantas hojas incineradas! ¡Veneno volátil! ¡Combustión incompleta!

ARQUITECTO: Un buen vegetariano nunca fuma.

MANUEL: Tal vez yo no sea tan bueno.

CONDESA: ¡Fuma, plantígrado vivíparo, devorador de fetos, nicotinador de vientos!

LINA: No veo por qué no vamos a permitirle que fume. Yo personalmente conozco a muchos grandes vegetarianos que fuman… Además, creo, nos estamos excediendo un poco en nuestro comportamiento. El señor Carpintero podría sentirse incómodo y eso podría disgustarme personalmente. Él se encuentra en mi casa y es nuestro invitado. ¿No es cierto Durán?

ARQUITECTO: Por supuesto Lina. Siempre se ha dicho que eres una anfitriona espléndida y lo has demostrado una vez más.

(Manuel Carpintero, obviamente respaldado por la anfitriona, comienza a ensancharse en su silla. En ese momento es un pavorreal que levanta su cola y sus cejas para disponerse a fumar después del triunfo patente en el torneo. Los otros invitados se van alejando de él, algunos con disimulo, otros con marcada obviedad.)

LINA: Señores, (Tratando de ser conciliadora) quiero hacerles sentir que están en su casa. Durán me había hablado mucho de ustedes, yo, en verdad, soy nueva en la ciudad, me da mucho gusto que estén aquí reunidos. Cuando Durán vivía en San José compartíamos las mismas amistades, ahora que hemos coincidido de nuevo en esta ciudad, me gustaría ser amiga de todos sus amigos.

DOCTOR: Es usted un auténtico ángel.

LINA: Quisiera conocerlos más. Gracias por su cumplido doctor. Además ustedes son gente cosmopolita, tan inteligente…

LICENCIADO: Y todos habitantes del segundo reino: el reino vegetal.

LINA: A propósito de reinos, Condesa, ¿de qué familia es usted?

CONDESA: De los Peña.

LINA: No, no me refiero a su título. ¿De qué país…?

CONDESA: Condesa es mi nombre, me apellido Peña Camarena, soy feminista y misógina, aborrezco hacer colas, soy vegetariana de nacimiento, detesto los higos, me gusta la música asiática, no creo en las clases sociales pero soy partidaria de la discriminación racial y no sé si mi platillo favorito siga siendo el sopletín de soya alcachofado.

LINA: (Con desencanto) ¡Eso es lo que vamos a cenar! (Desencanto en los invitados)

LICENCIADO: (Tragando saliva) ¡Y qué hay de postre!

(Lina va a comenzar a hablar con alegría para tratar de reanimar la reunión, pero recuerda la presentación que acaba de hacer Condesa de sí misma y sufre un desencanto. Le comienza a invadir el temorcillo de que el agasajo preparado se le venga abajo. Luego recuerda una sonrisa de Gina Lollobrigida en Trapecio, la ensaya juntando bien los dientes y abriendo grande la boca, y dice contoneándose): Higos frescos al maple.

DOCTOR: ¡Delicieux, ragôutant, superbe!

LINA: (Sabiéndose triunfadora gracias a Trapecio, una de sus películas favoritas) Thank you.

REVERENDO: Seré curioso Condesa. ¿Por qué no le gustan los higos?

CONDESA: Porque la higuera, en épocas prehistóricas, era una planta carnívora.

DOCTOR: Esa es una historia prehistórica, improbable y fea.

CONDESA: Me da lo mismo, los higos parecen vaginas enfermas.

LINA: (Por enésima vez conciliadora) Tal vez deseen que les ofrezca unas ricas y finas hojas de savia en salsa bruta antes de pasar a la mesa.

LICENCIADO: (Extraviado) …Y aparte de eso, de las vaginas y del cáncer, ¿qué más hay?

CONDESA: ¡Mierda!

OCHOA: (A Condesa) ¡Cállate mosca chupadora! Aprende a comportarte entre el género humano.

CONDESA: ¡A mí no me vas a callar tú, vegetariano refugiado, alcohólico anónimo con nombre propio!

REVERENDO: ¡Basta carnívoros, dejen de mordisquearse!

MANUEL: No use usted la palabra carnívoro como insulto, porque mi santa madre come carne, y mi padre nunca dejó de comerla cuando vivía. Yo sólo tengo tres meses de no comerla, pero ahorita se me antoja un filete de res.

CONDESA: ¡Asco! ¡Asco!

MANUEL: (Continuando su agresión) Quiero un lomo relleno, quiero patas de puerco a la vinagreta, quiero tacos de tripas.

LICENCIADO: ¡Callen a ese loco, voy a vomitar!

OCHOA: (Golpeando a Manuel) Cierra el hocico, asqueante.

ARQUITECTO: (Tratando de separarlos) No se golpeen borrachos cantineros, no están en la calle, ni en sus casas.

LINA: ¡Por favor hagan algo, se van a matar!

CONDESA: (Al arquitecto) Rómpele el hocico a ese saprófito.

MANUEL: Un pedacito de bistec, un poco de moronga que corra por entre mis dientes envuelta con mi saliva…

(Ochoa, sin soltar a Manuel, sigue luchando por hacerlo callar, el arquitecto Durán lucha por separarlos. Lina se desespera porque la lucha acabe, mientras que Condesa, deseando participar activamente en la lucha, se limita a animar el espectáculo con gritos, frases y empujones, para violentar más el caos que, tal vez, ella desató en algún momento. Ochoa hecho un energúmeno toma a Manuel de los hombros y lo lanza al piso con la siguiente frase):

OCHOA: ¡Salte de aquí gusano barrenador!

DOCTOR: (Vomitando) ¡Sáquenlo! ¡Sáquenlo!

ARQUITECTO: (A Ochoa) ¡Déjalo papamoscas!

OCHOA: (Al arquitecto) ¡Déjame en paz bacteria infecta!

MANUEL: Denme costillitas de puerco…

CONDESA: (Tratando de quitar a Durán) Sácate de aquí falso arquitecto, estudiante fósil, decoradorcillo joto.

REVERENDO: (Calmadísimo) Doctor, cómo se atreve a vomitar sus espinacas acedas en la alfombra de la señora.

DOCTOR: ¡Cállate langosta maizalera!

LICENCIADO: Es un asco esta situación, yo me largo, quédense revolcando en este mantillo.

LINA: (Furiosa) ¡Mi casa no es ningún mantillo, mongoloide rehabilitado!

(El Lic. Flores monta en cólera, se lanza sobre la anfitriona y la cachetea, ésta se prende de los cabellos de aquel y caen sobre la, tan vejada, alfombra y se siguen golpeando. Hay una batalla campal, lugar común de la épica vegetariana. Manuel se ve perdido y como si presintiera su muerte grita):

MANUEL: ¡Déjenme herbívoros clorofílicos! Ya me voy a comer carne, carne, carne cruda, carne.

(Manuel, con lentitud, logra zafarse de nuevo y se dirige otra vez a la puerta. Condesa ve que el carnívoro va a escaparse y se le adelanta y cierra bien la puerta con doble llave, la saca de la cerradura y la arroja por la ventana. Se le dibuja una risa imbécil de triunfo y se dirige a Manuel.)

CONDESA: Tú no sales vivo de aquí, carroña de perro. (A todos) El que quiera salir tendrá que brindar siete pisos.

(Manuel golpea a Condesa, ésta, ofendidísima, va por un florero y se lo estrella en la cabeza. Manuel cae sin sentido al suelo mientras la sangre comienza a salirle a borbotones. Durán ve la escena con horror. El juego ha llegado demasiado lejos. Voltea a ver a Condesa, la risa que ésta traía ahora tiembla en sus labios pintarrajeados de rojo. Durán no lo sabe, pero la voz se le ha quebrado.)

DURÁN: Lo mataste Condesa, lo mataste.

(Lina deja de pelear, va hacia el herido, ve cómo se está desangrando y corre hacia el doctor.)

LINA: ¡Doctor! ¡Doctor, se desangra el hombre ese, cúrelo, haga algo!

DOCTOR: Yo no puedo hacer nada por él.

LINA: No sea rencoroso doctor, es un humano, se está muriendo. ¡Haga algo!

DOCTOR: ¿Qué quieres que haga? Yo no soy médico, tengo el doctorado pero en geografía. Soy doctor en geografía.

LICENCIADO: Vamos a tirar la puerta.

LINA: Es imposible, apenas con dinamita, tiene una hoja interior de acero. Es a prueba de robos.

REVERENDO: ¿Tiene teléfono?

LINA: Aún no se instalan los teléfonos en esta parte de la ciudad. En verdad éste es el único departamento habitado y no tendré un solo vecino antes de dos meses.

ARQUITECTO: (A Condesa) Tú tiraste la llave, mal parida; tú nos tienes que sacar de aquí o te aviento por el balcón para que vayas a buscarla y la recojas con el hocico.

CONDESA: (A Lina) Debes tener otra llave cielito, tienes que tener otra llave muñeca…

LINA: Existe otra llave, pero no la tengo yo, la tiene Eugenia y no está en la ciudad, ni vendrá pronto. Como no hay ninguna otra entrada, tampoco hay ninguna otra salida. Estamos a sólo ocho kilómetros de la civilización… la única posibilidad es que algún día vengan a buscarme de mi trabajo, porque saben que vivo sola y lejos de la ciudad, pero quién sabe cuánto tiempo tendríamos que vivir juntos.

CONDESA: Podremos gritarle a la gente que pasa que busquen una llave y ¡salvados!

ARQUITECTO: Recuerda lo lejos que estamos de la ciudad, por aquí nadie pasa. Esta loca que se quiso venir a vivir antes de tiempo. Ahora hay un problema de intestado entre los dueños de este cochinero de edificios. La obra está parada y ni albañiles vendrán.

OCHOA: El señor Carpintero ha muerto.

(Histeria general)

LINA: Licenciado, por favor certifique usted la muerte y diga que todo fue un accidente…

LICENCIADO: Lo siento Lina, no puedo hacerlo, yo soy licenciado en letras francesas.

LINA: Reverendo… pues, por lo menos encárguese usted de rezarle algo a este hombre.

REVERENDO: Con mucho gusto diré los rezos que me vengan a la memoria Lina, aunque no soy nada religioso. Me llamo Reverendo y me apellido Ugalde, mi profesión es contador y soy vegetariano.

SI ACASO, TELÓN


EPÍLOGO

Después de tres días, se encontraban en el departamento de Lina; en aquella soledad y en silencio, los ojos abiertos de siete personas que, habiendo devorado el sopletín alcachofado, no decidían aún cómo cocinar el cuerpo de un hombre que estaba en el refrigerador, para poder seguir esperando que un día alguien, que me hubiera gustado que hubiese sido Ramón Mimiaga, hubiera ido a visitar por casualidad a Lina Ramos.