miércoles, diciembre 31, 2014

Un rufián en la escalera. Joe Orton.
















Un rufián en la escalera
Joe Orton


Personajes: Mike
                   Joyce
                   Wilson



ESCENA I
Una cocina/comedor con un dormitorio.  Mike está afeitándose en la pileta de la cocina.  Joyce entra desde la habitación trayendo una bandeja con tazas, platitos, hueveras, etc.  Pone la bandeja sobre la mesa.


JOYCE:   ¿Tenés una entrevista hoy?
MIKE:   Sí.  Tengo que estar en la estación King´s Cross a las 11.  Me  encuentro con un hombre en el baño.  (Guarda los elementos de afeitarse)
JOYCE:   Siempre vas a lugares interesantes.  ¿Vas en la camioneta?  (Mike se pone un moño)
MIKE:   No, todavía la están reparando.  (Joyce lleva la bandeja a la pileta y pone  los platos en un bowl.  Les echa agua)
JOYCE:   (Poniéndose guantes de gomas)  ¿A dónde fuiste ayer?
MIKE:   Fui a lo de Mickey Pierce.  Tenía un mensaje que llevar.  Tuve una charla con un hombre que  opera máquinas electrónicas.  Me compró jamón.  Parece que está huyendo.  No lo dijo en estas palabras.  Pero me pareció…
JOYCE:   ¿Un hombre buscado?
MIKE:   No sé, no creo que la compañía de seguro le pague si se da cuenta que huye.
JOYCE:   No.  (Ella empieza a lavar los platos. Mike se pone el saco)  Vos vivís una vida más interesante que la mía.
MIKE:   Difícil.
JOYCE:   Sí, pero vos todavía tenés tu pinta.
MIKE:   Sí.  Soy una poderosa figura atractiva.  Todavía puedo causar un suspiro en un corazón femenino.  (Se pone una flor en el ojal y se cepilla el saco)
JOYCE:   ¿Viste la fecha?
MIKE:   No.
JOYCE:   Es nuestro aniversario.
MIKE:   ¿Otra vez?  Como pasa el tiempo.
JOYCE:   Hace dos años viniste a mi departamento y me convenciste que dejara la vida que llevaba.
MIKE:   Ahora estás mejor.
JOYCE:   Nadie me llama Maggie ahora.
MIKE:   ¿Qué?
JOYCE:   Nadie me llama Madelein.  Usé ese nombre por cinco años. Antes fui Sarah, en algún lugar del norte.
MIKE:   (Pausa)  ¿Alguna vez desde que te conocí, intimidaste con otro hombre?
JOYCE:   ¡No!
MIKE:   Bien.  Mataría al hombre que se metiera con vos.  ¡Sí que lo mataría!  (Silencio)
JOYCE:   (Sacándose los guantes)  Los diarios estaban bien ésta mañana.
MIKE:   ¿A sí?  Me alegro que todavía haya gente que los lea.
JOYCE:   Un hombre apareció en la corte acusado de haber encerrado a su esposa en un ropero.  Ella habla de su noche de terror (pausa)  Qué manera de celebrar nuestro aniversario.  (Mike levanta su piloto y lo dobla sobre su brazo)
MIKE:   Yo haría lo mismo.  Te encerraría si me dieras una causa que me enoje.
JOYCE:   Y, en el diario local, vi que había un accidente que involucraba a un hombre tatuado.  Tenía un corazón, un puño cerrado y una rosa en un brazo.  Y el nombre Ronny estaba en su cuerpo en dos lugares distintos.
MIKE:   ¿Ese era su nombre?
JOYCE:   No.  Se llamaba Frank.  Lo atropelló una camioneta.  (Silencio)
MIKE:   Me voy ahora.
JOYCE:   Tus botas están limpias.  Te podés encontrar con gente importante. Nunca lo sabés.
MIKE:   Hasta luego.
JOYCE:   Dame un beso.  (Él la besa en la mejilla)  ¿Te lo tengo recordar ahora? Hace dos años lo hiciste sin pensarlo.
MIKE:   Era más joven entonces.  Te veo a la noche.  (Se va.  Joyce entra a la habitación, hace la cama.  Pone el pijama de Mike debajo de la almohada. Suena el timbre.  Ella contesta.  Wilson está parado afuera)
WILSON:   (Sonriendo)  Vine por la habitación.
JOYCE:   Temo que hay un error.  No tengo nada que ver con el alquiler de habitaciones.  Averigüe en otro lado.
WILSON:   No soy de color me criaron en Home Countries.
JOYCE:   Me temo que no me suena conocido.
WILSON:   ¿Es esa la habitación?
JOYCE:   Esa es mí habitación.
WILSON:   No podría compartir  ¿Cuánto pide de alquiler?
JOYCE:   No pido nada.
WILSON:   No pido caridad.  Yo pagaría por mi habitación.
JOYCE:   Debe haber venido a la puerta equivocada.  Lamento que se haya  molestado.  (Ella trata de cerrar la puerta, pero Wilson la bloquea con el pie)
WILSON:   ¿Puedo entrar?  Caminé mucho hasta acá.  (Pasa y le sonríe)
JOYCE:   Sólo por un minuto.  (Lo deja entrar y cierra la puerta.  El se sienta)          Estoy muy ocupada hoy.
WILSON:   ¿Qué tal una taza de té?  Generalmente usted toma una a ésta hora.       (Joyce asienta con la cabeza.  Va hacia pileta y para de pronto)
JOYCE:   ¿Cómo lo sabe?
WILSON:   Recojo todo tipo de información útil en mi trabajo.
JOYCE:   ¿Cuál es?  (Sirve agua en la pava de la tetera)
WILSON:   Soy peluquero.  Calificado.  Mi padre tiene un negocio.  Sólo un par de           sillones.  En mi época le corté el pelo a un par de cabezas importantes.        La mayoría profesionales.  Aunque tuvimos un músico amateur hace        unas semanas.  Me parece que quedó satisfecho  (Joyce saca dos tazas  y sirve té)  Mi hermano también estaba en el negocio.  Hasta que tuvo un accidente.  (Se sirve en el té azúcar y leche)
JOYCE:   ¿Qué le pasó?
WILSON:   Lo atropelló una camioneta.  (Joyce se sirve té)
JOYCE:   ¿Estaba tatuado?
WILSON:   ¿Escuchó de él?
JOYCE:   Escuché de sus tatuajes.
WILSON:   Eran únicos.  Se los hizo un artista famoso.  (Se agarra una galleta).  A
                   su funeral vino gente interesante.  Antes de su muerte era deportista.
                   Usaba shorts blancos mejor que ningún hombre que conocí.  De hecho,
                   estoy usando un par de sus shorts blancos ahora.  Tiene un
                   inconveniente...porque...(lo dice de repente) no tienen cierre.  (Pausa).
                   Los usó dos días antes de su fallecimiento.  (Joyce mira para otro lado
                   con una vergüenza que se le va enseguida)  No apareció en los diarios.
                   No se dieron cuenta lo importante que era yo en la vida de Frank.
                   Entonces no me entrevistaron.  Pensé en darme a conocer yo mismo
                   ¿Pero cúal era el sentido?  (pausa)  A la novia de mi hermano le sacaron
                   una foto.  Ella insistió que lo enterraran con el anillo de compromiso.
                   Fue sólo un gesto teatral.  Es demasiado problema llevarle un ramo de
                   flores a la tumba.
JOYCE:   A lo mejor el accidente la afectó la mente.
WILSON:   No fue un accidente (se toma el té)  Fue asesinado.
JOYCE:   No lo sabe.
WILSON:   No me contradiga!  (Joyce lo mira con sorpresa)
JOYCE:   (Enojada)  Esta es una casa privada.  ¿Quién se cree en levantar la voz?!
               No voy a permitir a perfectos extraños que me hablen así.  (Wilson se
              toma el té y se coma una galleta)  Tome su té y váyase.  No lo quiero
              volver a ver.  Mi esposo va a volver en cualquier momento.
WILSON:   El no es su esposo.
JOYCE:   (Furiosa)  Cómo se atreve.  Ya fue demasiado lejos.  Váyase de inmediato.
WILSON:   No están casados.
JOYCE:   Voy a llamar a la policía.
WILSON:   No tiene teléfono.
JOYCE:   Puedo golpear el piso.
WILSON:   No hay nadie abajo.
JOYCE:   Lo voy a denunciar.  (Wilson se para.  Alarmada)  Manténgase lejos.
               (Wilson la mira con la taza en la mano.  Toma un sorbo)
WILSON:   Sabe que la podría asesinar.  Así de fácil.  Así es como se cometen
                   éstos ataques a mujeres solas.  Si quiere.  Podría atacarla feo en éste
                   momento.  
JOYCE:   (Con algo de histeria)  No se acerque.
WILSON:   ¿Su esposo es apasionado con usted?  (Joyce suspira)
JOYCE:   Lo voy a denunciar.  Usando lenguaje sucio.
WILSON:   Si yo lo atacara, ¿él se vengaría?
JOYCE:   Sí
WILSON:   Dónde guarda el arma.
JOYCE:   No tiene arma.
WILSON:   Sé positivamente que las guarda cargada.  (Él da un paso hacia adelante
                   y ella retrocede un paso)  Dónde está?
JOYCE:   En el cajón.  Allí.  (Wilson va al cajón.  Deja su taza, abre el cajón y saca
               un revolver.  Chequea que esté cargado, lo pone en el cajón y lo cierra.
               Después camina de nuevo hacia la mesa con la taza en la mano y toma lo
               que queda, dejando la taza sobre el platito.)  Gracias por el té.  (Joyce lo
               mira asombrada)  ¿Sé va?
WILSON:   El cuarto no está disponible, ¿no?  Supongo que cree que soy judío o
                   algo parecido.  (Pausa)  ¿Tiene algo de plata que le sobre?  No puedo
                   caminar todo el camino de vuelta.  (Joyce abre su cartera)
JOYCE:   (Dándole plata)  Acá tiene media corona.  No vuelva por acá.
               (Wilson se va.  Joyce saca un frasco con pastillas de su cartera y se toma
               unas cuantas)



ESCENA II
Más tarde
Los restos de una cena están en la mesa.  Mike está fumando un cigarro chico. Joyce está leyendo un libro.  Usa anteojos.


MIKE:   Fui al baño de King’s Cross como te dije.  Me encontré con mi contacto.
             Era un hombre que tenía mal un pie.  Parecía que la vida no lo había tratado
             bien.  Le di el mensaje, de, ehm... (pausa)  El mensaje fue entregado.  Fui
             afuera al andén.  Hacía frío.  Vi una mujer con dificultades para respirar.
             Tenía algo mal.  Casi no podía respirar.  Su cara estaba azul (pausa)  ¿Estás
             escuchando, Joyce?
JOYCE:   (Sacándose los anteojos y bajando el libro)  Sí  (Pausa)  Tuve un día
               ocupado.
MIKE:   ¿Estás cansada?
JOYCE:   Un poco.
MIKE:   ¿Tuviste un día ocupado?
JOYCE:   (Cortante)  Sí.  ¿Porque no escuchas?  Nunca escuchas a nadie salvo a
                vos.
MIKE:   Sí lo hago.
JOYCE:   Nunca me escuchas a mí.
MIKE:   Nunca decís nada interesante.
JOYCE:   Daría lo mismo que estuviera muerta. (Pausa)  ¿Qué pasaría si llegaras a
               casa y estuviera muerta?
MIKE:   ¿Sos rarita, eh?
JOYCE:   No
MIKE:   (Pausa)  ¿Estás teniendo problemas con tu… menstruación?
JOYCE:   Estoy bien.
MIKE:   ¿Tenés problemas de hígado entonces?
JOYCE:   No
MIKE:   Es por comer y deborar tanto frito.  Ponés algo en la sartén y lo freís.  Ese
             es tu problema.
JOYCE:   A vos parece que te encanta.
MIKE:   Soy un hombre.  Los hombres tienen glándulas diferentes.  No podés
             comer lo que como yo.
JOYCE:   Bueno, si lo tenés que saber, creo que son mis nervios.
MIKE:   No te podés morir de los nervios.
JOYCE:   ¿No?
MIKE:   Mañana voy a ir a la biblioteca pública y lo averiguo.
JOYCE:   (Pausa)  ¿Qué tal si alguien mi hiciera algo?
MIKE:   ¿Quién te haría algo?
JOYCE:   Alguien.  Todos los días se leen de ataques a mujeres solas e indefensas.
MIKE:   Podrías pedir ayuda.
JOYCE:   ¿A quién?
MIKE:    Mary
JOYCE:    No está.  Está trabajando de nuevo.  Estoy sola en la casa.
MIKE:   Podrías romper una ventana.  Eso atraería la atención.
JOYCE:   (Pausa)  No salgas mañana.
MIKE:   No me puedo quedar acá.  Soy una persona sana activa.  Mary esta sola y esta
             bien.  (Joyce cierra el libro, marcando la página.  Mike empieza a sacar la
             mesa y poner las cosas en la pileta)
JOYCE:   Mary se puede arreglar.  (Mike vuelve de la pileta)
MIKE:   ¿Y por qué?  ¿Porque es católica?  Lleva su fe a su vida privada.  Eso es lo
             que nos enseñan a hacer.  No siempre tenemos éxito, pero lo intentamos.
             (Se saca el saco)  ¿Porqué no tenés una charla con Mary?  Te haría bien.
             Te daría la dirección de un cura con mente curiosa para que visites.  Te
             haría parar.  (Se saca los zapatos) Tenés una imaginación muy vívida.  Una
             mente fértil.  Es muy bueno para algunos, pero no es tu caso.  (Pausa)
             Está en la mente.  Es lo que el cura diría.  Estaría mejor si tomaras la
             comunión.  Eso es lo que necesitas.  Lo digo hace años.
JOYCE:   Igual estaría sola.
MIKE:   Tendrías el sacramento dentro de ti.  Eso sería algo.  (Pausa)  De todas
             formas, ¿quien te atacaría?  ¿Quién?  Tendría que estar trastornado.
             Mirá tu cara.  ¿Cuándo fue la última vez que te la lavaste?
JOYCE:   Estuve llorando
MIKE:   Llorando.  ¿Estás embarazada?
JOYCE:   No.  Estoy preocupada.
MIKE:   Nadie estaría interesado en atacarte.  Es orgulloso pensar que te
             atacarían.  Es ridículo.  Por favor, no me cargues con eso.  (Se saca el
             moño, va a la habitación, abre la cama y saca el pijama.  Joyce se acerca a
             la puerta)
JOYCE:   (Pausa)  Un muchacho vino hoy.  (Mike se saca el chaleco del traje)
MIKE:   ¿Uno de los Brown?
JOYCE:   No.  Intentó sobrepasarse.
MIKE:   ¿Porqué no la llamaste a Mary?
JOYCE:   No está!  No está!  ¿Habló por Hablar?!  (Pausa)  Mike… si vuelve, ¿qué
               hago?  ¿Me das un consejo?  (Mike se desabrocha la camisa)
MIKE   Traéme el sobretodo.  Hace frío hoy.  Vamos a necesitar más abrigo en la
            cama.

ESCENA III
Es la mañana.
Joyce hace una pausa en la limpieza del cuarto.


JOYCE:   No puedo ir al parque.  No me puedo sentar sobre la piedra fría.  Me puedo agarrar hemorroides por la baja temperatura.  (Baja el trapo de limpiar con apatía)  Podría a lo mejor, tratar de rezar.  Pero la Virgen haría oídos sordos a una protestante.  (Pausa)  No puedo estar tan sola.  Nadie debería estar tan sólo. Rompe el corazón.  (Escucha.  Silencio)  La cantidad de admisiones humillantes que he hecho.  Uno creería que me hubiera acercado a alguien.  Pero no.  (Tres timbres cortos)  ¿Quién es?  (No hay respuesta)  ¿Qué quiere?  (Tomando una decisión)  No voy a abrirle a nadie.  La pueden derribar  (Pausa)  ¿Es el lechero?  (Llamando)  ¿Es sordo?  No puede ser él.  El sólo viene por su plata.  (Se para detrás de la puerta.  Fuerte)  ¿Es el del seguro? (Pausa)  Pero él viene los viernes, hoy es miércoles.
(Se aleja de la puerta caminando hacia atrás, ansiosa)  Nadie viene los miércoles. 
(Se inclina y mira por la rendija del buzón)  Si lo que busca es mi dinero, no hay nada en mi monedero.   (Se muerde el labio, parada, pensando. Fuerte)   ¿Son los de  la asistencia?  Ellos vienen en cualquier momento.  Vinieron un lunes. Vienen cuando quieren.  Es su derecho.   (Sonriendo y ganando confianza) ¿Es de la asistencia, no es cierto?  (Levanta la voz)  ¿Es o no es?  (Se escucha vidrio que se rompe en la habitación.  Corre a la puerta de la habitación y pega un salto hacia atrás, sorprendida; un pedazo de ladrillo atravesó el vidrio. Joyce lo mira con boca temblorosa.  Otro ladrillo rompe el vidrio. Gritando)  ¡Es él!  ¡Está entrando!  ¡Dios Todopoderoso, que voy hacer!  ¡Me va matar!  ¡Mary, Mary!  (Corre a la puerta, la abre y corre al pasillo.  Grita.  Llorando)  ¡Sr.O´Connor, Sr.O´Connor!  (Corre de nuevo dentro del cuarto y cierra la puerta de un portazo.  Se cae la traba haciendo ruido.  La levanta y la mira y después grita con terror)  ¡Se salió, se rompió!  (Trata de arreglarla)  ¡Se lo dije tantas veces, le dije que la reparara!  (Se da por vencida, sin respiración.  Después trata de poner un sillón en el cuarto, pero desiste y levanta una silla que empuja contra la puerta y se sienta)  Con facilidad va a correr esto a un costado.  Oh, Michael me van a asesinar porque no arreglaste la cerradura.  (Se escucha un timbre largo)  ¡Déjeme sola, lo voy a denunciar!  Los he visto en la estación.  Han puesto una trampa.  Acá estoy a salvo.  Tenemos una traba fuerte y confiable en la puerta, así que está atrapado.  ¡Ja, Ja!  Los detectives están vigilando la casa.  (Sé escucha una patada sobre la puerta principal.  La silla es hecha a un lado y Joyce "vuela" a un costado.  Camina hacia atrás dentro de la habitación)  Si es el arma lo que quiere, no sé dónde la puso!  Se la llevó.  A lo mejor la encuentro.  ¿Es eso lo que quiere?  (Afuera de la habitación se escucha de repente música de una radio.  Alguien golpea la puerta.  Suena el timbre.  Silencio súbito.  Risa.  Silencio.  Madera que se rompe)  Ya le dije a mi esposo.  Él está viendo a alguien.  Le va romper la cara.  (Solloza)  ¡Vállase!  Sea bueno.  No sé lo que quiere.  No sé lo que quiere.  No tengo dinero. Por favor, vallase.  ¡Por favor, por favor, por favor!  (Llora)


ESCENA IV
Más tarde.
Mike está sentado a la mesa leyendo el diario.  Joyce entra con ropa de calle.



MIKE:   Dónde estabas?  (Dobla el diario.  Joyce se saca el sombrero, el saco y los
            guarda en el ropero)
JOYCE:   Afuera!
MIKE   Afuera?  Y que hay de mi té?  No estaba listo.
JOYCE:   Estuve caminando.  No volví hasta que no vi luz en la ventana.
MIKE:   Adónde fuiste?
JOYCE:   A la feria
MIKE:   Para qué?
JOYCE:   Por la gente.  Las luces.  La muchedumbre.  (Pausa)  Ese muchacho vino de
               nuevo, hoy.  Rompió dos ventanas en el dormitorio.
MIKE:   Pensé que había sido de al lado
JOYCE:   Viste la baranda?  Hecha pedazos sin motivos.  No lo pude parar.
               (Bajando la voz)  Meó en el piso del pasillo.  Lo tuve que limpiar.  Estuvo
               durante medio día tocando el timbre.  Corriendo arriba y abajo por la
               escalera.  Estoy fuera de mí.  No paró hasta las cuatro.  (Pausa)  Casi no
               puedo pensar de lo preocupada que estoy.
MIKE:   Lo viste?
JOYCE:   Estuve acá adentro
MIKE:   Lo viste?!
JOYCE:   (Furiosa)  No lo voy a tolerar!  Quiero que hagas algo!  Mirá  la cerradura!
               Por qué no lo arreglás?!
MIKE:   Voy a tratar de conseguir prestado un par de tornillos.  Trató de entrar en
             la habitación?
JOYCE:   No
MIKE:   Hubiera podido entrar si hubiese querido?
JOYCE:   (Pausa)  Sí
MIKE:   Habló?
JOYCE:   No
MIKE:   Entonces como sabés que es el mismo tipo de ayer?  Si no lo viste y no
             habló?   Cómo lo sabés?  (Silencio)
JOYCE:   Debe ser el mismo hombre
MIKE:   Porque no fuiste afuera a ver?
JOYCE:   Me hubiera matado
MIKE:   No tenés evidencia que sostenga esa teoría
JOYCE:   Pero... estaría muerta si tuviera esa evidencia
MIKE:   Yo lo mataría por ti, Joyce.  (Joyce se suena la nariz, al final desbastada)
JOYCE:   Vas a arreglar la cerradura para mí?  Me sentiría más segura.
MIKE:   Cuando vuelva me ocupo.  (Va a la habitación y recoge el saco de los pies de
            la cama)
JOYCE:   Cuándo vuelvas?  Cuándo vuelvas de dónde?
MIKE:   (Entra poniéndose el saco)  Estoy viendo a un hombre que me podría poner
             en contacto con algo.  (Va a la pileta y pone una flor en el ojal)
JOYCE:   Me voy abajo con Mary  (Pausa)  Querés comer algo antes de irte?
MIKE:   No, como algo en el camino
JOYCE:   Es importante ésta noche?
MIKE:   Me pueden dar otro trabajo con la camioneta.  Estamos arreglando los
             detalles.  (Suena el timbre violentamente.  Mike tiene el papel de aluminio
             de la flor)
MIKE:   Ese fue el timbre
JOYCE:   Sí
MIKE:   (Yendo a la habitación)  Contestá entonces.  Estoy acá con vos.  (Suena el
             timbre de nuevo.  Mike saca un paquete de cigarrillos del cajón y llena la
             cigarrera.  Joyce abre la puerta.  Wilson está afuera)
WILSON:   (Sonriendo)  Es Ud. la señorita que vi ayer?
JOYCE:   Es Ud.!
WILSON:   Ud. es la señorita?
JOYCE:   Qué quiere
WILSON:   No hay necesidad de levantar la voz
JOYCE:   Mi marido está adentro.  Viene acá, usando sus trucos.  Molestando.  Sólo
               lo tengo que llamar.  Entiende.
WILSON:   Me temo que no
JOYCE:   Viene acá a molestarme.  Que significa eso.  Es asqueroso.  Cualquiera
               creería que es un chico comportándose así.  Sabe lo que quiero decir, no?
               Ud. sabe, comportarse como animal  (Pausa)  Va pagar esos vidrios.
WILSON:   No sé que está hablando
JOYCE:   Es un mentiroso, un maldito mentiroso!
WILSON:   No me hable así señorita, no estoy acostumbrado
JOYCE:   Es suficiente.  Voy a poner fin a esto.  Michael!  (Mike entra desde la
               habitación.  Guarda la cigarrera en el bolsillo)
JOYCE:   Venga acá.  Quédese donde está.  Quédese acá!  (Ella trata de agarrarle
               el brazo.  Él trata de zafar.  Ella se agarra con fuerza.  El lo saca con
               violencia.  Ella vuelve.  Forcejea.  Mike va hacia el espejo y se pasa un
               peine.  Joyce gritando)  Mike!  Michael!  (A Wilson)  Dónde estás,
               Michael?  Por el amor de Dios!  (Mike guarda el peine y camina lentamente
               hacia la puerta)
MIKE:   (Fríamente)  Qué pasa?
JOYCE:   Es él!  El que estuvo viniendo.
MIKE:   Qué es esto que escucho?  Ha estado molestando a mi esposa?
JOYCE:   Si lo hizo
MIKE:   (A Joyce)  Escuchemos su versión  (A Wilson)  Dígame la verdad
WILSON:   Quería una habitación
MIKE:   No tenemos una habitación
WILSON:   Ud. es irlandés.  Mi madre era irlandesa.  Mi padre era mediterráneo.
                   Tengo dificultades con las habitaciones por eso.  (Sonríe)  He
                   caminado todo el camino desde la estación por Victoria.  Conoce esa
                   localidad?
MIKE:   Conozco King’s Cross perfectamente
WILSON:   Victoria es un lugar completamente diferente.  En verano tiene
                   identidad propia.  Ud. es londinense.
MIKE:   No.  Nací a la sombra del Monte Donegal.  Teníamos una granja.  Los
             problemas nos hicieron irnos.  Si no, hoy en día, habría gente que me
             llamaría Mike de Donegal.
WILSON:   Amo Irlanda.  Iría mañana mismo sino fuera por mi padre.  Es un
         hombre difícil de complacer.  Me están matando los pies.  Podría darme agua?
MIKE:   Por supuesto, pase
JOYCE:   No lo vas a dejar pasar
MIKE:   Calláte.  Estás haciendo el papel de ridícula.  (A Wilson)  Por acá.  No le
             preste atención a ella, no lo puede evitar  (Lo guía al cuarto)  Dale al
             muchacho un vaso de agua, Joyce.  (Joyce va a la pileta y busca un vaso con
             agua. A Wilson)  De que parte de Irlanda era su madre?
WILSON:   Dublin
MIKE:   Una vez conocí a un muchacho de Dublin.  Se llamaba Murfhy.  Me pregunto
             si a lo mejor su madre lo conoció
WILSON:   Voy a averiguarlo
MIKE:   Le agradecería.  Tenía pelo oscuro y crespo y hablaba de una manera
             particular.  No era un hombre que pasara inadvertido.  (Joyce le da a
            Wilson el vaso de agua)
JOYCE:   (A Mike)  Para qué lo dejaste entrar?
MIKE:   No es un leproso
JOYCE:    Preguntále
MIKE:   Que
JOYCE:   Pregúntale por su conducta.  No lo va poder enfrentar
MIKE:   (A Wilson)  Acerca de estas cosas que ella me dice, ¿la molestaste ayer?
WILSON:   Depende de como se vea.  Yo pensé que mi conducta era ejemplar
MIKE:   ¿La acosaste?
WILSON:   (A Joyce)  ¿Qué le estuviste contando?  Nunca traté de propasarme,
               ¿no es cierto?
JOYCE:   (Enojada)  Deje de hablar de ese modo  (A Mike)  Ves lo que tuve que
               tolerar
MIKE:   Eso es mero vocabulario, Joyce.  Deberías aprehender a controlarte.  (A
            Wilson)  ¿Porqué se trajo su valija?
WILSON:   Quería una habitación  (Afirma a Joyce)  Pensé que ella podría cambiar
                   de parecer.
JOYCE:   ¿Quién es ella?  De ningún modo
MIKE:   (A Wilson)  Éntrela.  No va a querer dejarla allí afuera.  (Wilson se va)
JOYCE:   A que estás jugando.  ¿Después de lo que me ha hecho?
MIKE:   Calláte!
JOYCE:   ¿Cuáles son sus antecedentes?  Podría ser cualquier cosa
MIKE:   Dale al muchacho una oportunidad
JOYCE:   ¿Oportunidad?  ¿Después de lo que tuve que pasar?
MIKE:   Calláte!
JOYCE:   (Sorprendida)  ¿Calláte?
MIKE:   Te estás buscando una paliza.  Ándate a lo de Mary.  ¿Te vas?  (Wilson
             entra con la valija)
MIKE:   Pongala allá hombre.  Que tal una taza de té, ¿Joyce?  (Joyce se va al
            dormitorio)
MIKE:   Se ofendió.  (Llama)  ¿Me escuchaste?  ¿Dónde están tus modales?  (A
            Wilson)  ¿Cuál es su profesión?
WILSON:   Soy peluquero
MIKE:   ¿No tendrá nada que ver con el control de natalidad?  Esa no es una
             manera de ser para un católico
WILSON:   Yo no manejo esa parte del comercio.  Mi viejo lo hace.  Él tiene un
                   marco de pensamiento libre.  No lo a pruebo, por supuesto.  Es el
          temperamento latino que ha sido la maldición de nuestra familia por siempre.
MIKE:   El Papa es italiano
WILSON:   Ese es mi punto.  Me encantaría ver un hombre de Liffey en el trono de
                   San Pedro.  Me encantaría escuchar el anillo lleno de las blasfemias de
                   nuestra tierra natal
MIKE:   ¿En qué está pensando?  El vicario de Cristo no blasfema
WILSON:   Lo haría si fuera irlandés y tomara Guiness
MIKE:   Sentimos iguales.  ¿No me conocerías por mi nombre supongo?
WILSON:   No lo pesqué
MIKE:   Michael O’Rourke.  Era conocido como Mike o Mickey O’Rourke en los días
             en que era un bebé.  Era respetado en el boxeo.  En un momento parecía
             que llegaría a la cima de la profesión.  Después tuve mi problema  (gira
             hacia el dormitorio y grita)  ¿No es cierto?  ¿No era hábil con mis puños?
             ¿En los días después de la Segunda Gran Guerra?  (Gira hacia Wilson)
             Vaca ignorante  (Entra en el dormitorio)  ¿Te vas a comportar en forma
             decente?  (Joyce está sentada en la cama.  Gira la cara)
WILSON:   Me voy
MIKE:   No permita que te eche.  Quedáte.  (Joyce agarra un chaleco.  Entra desde
             el dormitorio)
JOYCE:   (Con voz dura y erguida)  Me voy abajo!  (Se va al hall golpeando la
               puerta)
MIKE:   No le prestes atención.  Ya va a volver.  Es nerviosa.  Es la vida que vivió
             antes de mí.  Tengo que vigilarla.  Me metería en todo tipo de problemas.
             No tiene sentimientos religiosos.  Eso es lo peor.  Nunca tuvo el beneficio
             de una buena crianza.
WILSON:   Mi madre fue criada por monjas
MIKE:   ¿Todavía vive?
WILSON:   Está en el hospital con una infección en la cadera
MIKE:   ¿Tiene dolor?
WILSON:   Grita de dolor.  Es terrible escucharla.
MIKE:   Ojalá pudiera hacer algo.  ¿Serviría de algo prender una vela?  No creo
             tener dinero conmigo
WILSON:   ¿El cura no le prestaría el dinero?
MIKE:   No me gustaría preguntar.  Es su negocio, por supuesto.  Él tendría el
             derecho de preguntarme.  ¿Pero porqué debería someterme a su
             escrutinio?  (Pausa)  ¿Esperan que su madre se recupere?
WILSON:   Temporariamente
MIKE:   Podría estar sentenciada.  Es probable que ya sea una vela ella misma.  A lo
             mejor la están asistiendo los ángeles mientras hablamos.  ¿Supongo que
             nos cocinaremos desnudos?  Nunca me animé a preguntarlo.  No es algo que
             se lo pueda preguntar al Padre.  Aunque es jesuita.  Eso marca una
             diferencia.  (Pausa)  ¿Tú padre tiene buena salud?
WILSON:   Él está bien.  (Pausa)  ¿No te estoy retrasando, no?
MIKE:   No  (Pausa.  Mira su reloj)  De hecho, me ha retrasado.  Me perdí mi
             entrevista.  Voy a tener que dejarles una línea disculpándome por mi
             ausencia.  (Se saca el saco, pone la flor del ojal en un vaso y le agrega agua.
             Lo apoya en la mesada)  Si está muy desesperado por una habitación lo
             podríamos acomodar en el diván.  Es bastante cómodo
WILSON:   ¿Es nuevo?
MIKE:   No.  Lo compré hace mucho.  Hoy no podría darme semejante lujo.  Estoy
             mal financieramente 
WILSON:   Bueno, mi plata los ayudaría
MIKE:   Es la comisión de asistencia.  No creo en la caridad.  Ha no ser que lo
             necesite.  Con el costo de vida tan alto estoy en la necesidad de una
             donación semanal por parte del gobierno.  Dicen que mis circunstancias han
             cambiado.  No tengo circunstancias que cambiar.  Debieran saberlo.  Llené
             un formulario a los efectos de que soy un desocupado
WILSON:   Sí.  Mi hermano y yo tuvimos el mismo problema
MIKE:   No tienen la sensibilidad de corazón como tenemos en Irlanda
WILSON:   Nosotros vivimos en Shepard’s Busch.  Teníamos una pequeña
                   habitación.  Nuestra vida fue hecha bastante confortable por la N.A.B.
                   por casi un año.  Teníamos muchos amigos.  De todos los credos y
                   colores.  Éramos felices. Éramos jóvenes, Yo tenía 17, él 23.  No se
                   puede hacer más por uno que eso, no?  (Se encoge de hombros)
                   Éramos íntimos amigos.  Nunca se lo había dicho a nadie antes.  Espero
                   no haberlo shockeado.
MIKE:   ¿Tan íntimos?
WILSON:   Teníamos camas separadas.  Pasábamos todas las noches en compañía.
                   Era por eso que nunca trabajábamos.
MIKE:   No hay ninguna palabra en irlandés para lo que estaban haciendo 
WILSON:   En Lapland no hay una palabra para la nieve.
MIKE:   Preferiría no escuchar, sabe
WILSON:   No estaba con él cuando se murió.  Estoy con el corazón destrozado
MIKE:   ¿Está muerto?
WILSON:   Sí.  Pensé en ponerme yo mismo un fin.  Como un gesto.  Lo hubiera
                   hecho por no ser por mi estricta educación.  El suicidio es difícil
                   cuando uno tiene una madre tan piadosa
MIKE:   Matarse
WILSON:   No quiere vivir, sabe.  Es una manera cruda de ponerlo.  He vivido con
                   gente ruda
MIKE:   ¿Aunque usted no lo hará?
WILSON:   He dejado un testamento, por supuesto.  En caso de que algo pasara en
                   el futuro
MIKE:   ¿Qué podría pasar?
WILSON:   Que me maten
MIKE:   ¿Cómo?
WILSON:   No lo sé  (Pausa)  En mi testamento establezco que quiero que me
                   entierren con Frank.  Es mi último pedido.  Seguramente lo van a
                   honrar.  A su novia no le va a importar.  Ya está con otro hombre.
                   Todavía no está frío el cadáver y ya es mucho trabajo para ella llevar
                   un ramo de flores a su tumba.  Es una típica mujer.  ¿A conocido usted
                   a alguien así?
MIKE:   Sí, algunas son unas malditas
WILSON:   Él no se hubiera beneficiado con ella.  Yo era más íntimo con él que ella.
                   Yo basaba mi vida alrededor de él.  No se tiene eso muy frecuente
MIKE:   (Incómodo)  No
WILSON:   Escuché que era amigo suyo.  Usted fue señalado como el hombre que
                   lo conocía  (Saca una foto del bolsillo y se la da a Mike)  ¿Lo conoce?
                   (Mike mira la foto)
MIKE:   (Pausa)  Era buen mozo
WILSON:   Tenía personalidad.  Es algo indefinible.  Esa foto le fue sacada dos
                   días antes de morir  (Pausa)  ¿Qué pasa?  La luz le lastima los ojos.
                   (Mike le devuelve la foto)
MIKE:   Llévesela me pone mal
WILSON:   ¿Lo reconoce?
MIKE:   Lo pude haber visto una o dos veces.  Puede llegar haber hablado con él
WILSON:   Lo atropelló una camioneta
MIKE:   ¿Dijo algo?  ¿Fue una muerte inmediata?
WILSON:    Murió instantáneamente  (Pausa)  Hace poco tuvo un golpe en la
                    camioneta, ¿no?  Lo chequeé con el garaje.  Tuvo cinco arreglos
                    grandes en menos de dos años.  ¿Porqué no aprende a manejar bien?
                    Es una vergüenza para la profesión
MIKE:   Me siento mal.  Le voy a tener que pedir que se vaya.  Me avergüenza estar
             enfermo frente a extraños.  (Wilson sonríe)
WILSON:   Pensé que iba a vivir acá
MIKE:   Me acabo de cuenta.  No lo podemos alojar 
WILSON:   ¿Porqué?
MIKE:   Su tía puede venir.  Lamento haberle dado esperanzas
WILSON:   ¿Suele venir tan tarde?
MIKE:   Sí
WILSON:   Debe ser una mujer ignorante, viniendo a mitad de la noche.  Sin
                   consideración para los demás  ¿Cómo se llama?
MIKE:   Snell
WILSON:   Cuál es su primer nombre
MIKE:   Bridie Francine.  Usa el segundo.  Todo el mundo conoce a Francine Snell
WILSON:   No he tenido el honor, ¿cómo es?
MIKE:   Tiene un tumor al costado del cuello.  Y renguea al caminar
WILSON:   Parece una Señora adorable.  ¿Dónde vive normalmente?  ¿Cuándo no
                   está a media noche haciendo visitas?
MIKE:   En los suburbios.  Los prefiere al centro de  la ciudad.
WILSON:   Bueno, lamento no poder quedarme.  Debo irme entonces.  Antes de
   despedirme le molestaría decirme, en pocas palabras, porque mató a mi hermano
MIKE:   No lo hice!
WILSON:   Sí lo hizo.  Le pagaron doscientos cincuenta.  Excluyendo los gastos de
                   reparación de la camioneta
MIKE:   No!
WILSON:   Lo mataron el veintiuno de octubre.  ¿Dónde estaba ese día?
MIKE:   Estaba pescando
WILSON:   ¿Dónde?
MIKE:   En el canal
WILSON:   ¿Pescó mucho?
MIKE:   Poco, lo devolví al agua.  Esas son las reglas.  Las reglas del club
WILSON:   Mi hermano pertenecía al club.  Era el mejor pescador que había.  Él
                   repartía las tarjetas (Pausa)  ¿Qué pescó el día en que murió?
MIKE:   No puede pretender que me acuerde
WILSON:   ¿Tubo la fortuna de encontrar un salmón del otro lado de la línea?
MIKE:   No.  ¿Quién escuchó alguna vez de pescar salmón en el canal?
WILSON:   Usted mató a mi hermano.  Su negación cae en oídos sordos  (Pausa)
                   Es un mentiroso.  Es así
MIKE:   (Asustado)  ¿Qué va hacer?
WILSON:   No hay nada que pueda hacer, no?  (Levanta su valija y se va a la
                 puerta)  Me voy  (Sonríe deliberadamente)  Salude a Maddy de mi parte
MIKE:   Déjeme sólo.  Estoy enfermo  (Pausa)  ¿Qué dijo?
WILSON:   Maddy.  Su vieja fregona  (Mike se acerca a Wilson)
MIKE:   ¿Qué es esto?  Que es todo esto de Maddy.  No conozco ninguna Maddy
WILSON:   Vive acá
MIKE:   Su nombre es Joyce  (Wilson se encoge de hombros y sonríe)  Salga de
             acá.  Raje de acá.  Venir a causar problemas.  Era bueno con mis puños una
             vez.  Lo puedo hacer puré.
WILSON:   Toda ésta energía, casi pierde el control.  Debe controlarse.  Se
                   sentirá mejor
MIKE:   No venga con esas palabras  (Pausa)  ¿Porqué la llamó Maddy?
WILSON:   Ella me lo pidió.  En privado.  Es su nombre comercial
MIKE:   Nunca té vio hasta hace dos días.
WILSON:   Es lo que te dijo, le crees?
MIKE:   Sí
WILSON:   Es tu problema.  Yo nunca le creo a una mujer.  Me lo dice la
                   experiencia 
MIKE:   La única experiencia que ha tenido es con el puño
WILSON:   Que guarango.  Ojalá hubiera cambiado las sábanas de la cama.  Es un
                   mal signo
MIKE:   Si la ha poseído le pego
WILSON:   ¿Me mataría?
MIKE:   Sí, lo mataría con mis propias manos.  Lo ahogaría en su propia inmundicia
WILSON:   Tiene un arma.  Máteme  (Pausa)  Volveré mañana.  Decíle a Maddy que
                   vuelvo
MIKE:   Puede creerme nunca maté a su hermano
WILSON:   No.  Puede que la ponga a Maddy en el club de pasteles.  Sólo para
                   demostrar mi desaprobación por su forma de vida.  Nunca tomo
                   precauciones.   Uso el método natural
MIKE:   (corre al cajón, busca y saca el arma)  Lo ve.  Lo usaré si lo pesco con ella
WILSON:   ¿Qué tan buen tirador es?
MIKE:   Un experto
WILSON:   El corazón está acá.  No falle.  No quiero ser herido.  Quiero que me
                   maten
MIKE:   ¿Crees que estoy bromeado?
WILSON:   Espero que no
MIKE:   Usted es un joven ignorante.  Como su hermano.  Debe ser de familia
WILSON:   Notó el lunar que tiene
MIKE:   ¿Dónde?
WILSON:   En un lugar privado.  No creo que lo haya visto últimamente.  Por eso
                   está buscando alguien más joven
MIKE:   (Gritando)  Fuera de acá!  (Wilson sonríe y sale)  Me siento mal.  Algo me descompuso  (Guarda el revolver en el cajón)  Creen porque es un criminal te pueden tratar como una basura.  Venir acá así.  Decirle a un hombre en la cara.  Ni la moral de Ninive era tan laxa.  (Se sienta a la mesa y cierra los ojos)
Está jugando con fuego.  Le voy a disparar.  Tengo un caso claro.  Soy la parte perjudicada.  Lo voy a matar si se la cogió  (Pausa)  Lo próximo es que la va a meter en prostíbulo.  Estos chicos tienen solo una idea.  (Va al dormitorio, levanta los pijamas y pantuflas, agarra la almohada y entra a la habitación principal)  Voy a dormir acá.  No la puedo tener a mi lado.  (Se sienta en el sillón y se empieza a desvestir)  Que espectáculo.  Uno juraría que estaba a salvo con ella.  No es muy mirona.  El sexo está podrido.  Traicionero.  Infiel.  Podría ser su madre  (Pausa)  No debería decir eso.  Es una cosa terrible de decir.  (Se pone el chaleco del pijama)  Sé protituyó bajo dos nombres.  Antes de conocerla era conocida en el Directorio de Directores como Madeleine Scott-Palmer.  Antes de eso llevaba una vida liviana como Sarah Fielding.  Malgastó el legado de la tía en tarjetas de tabaco.  Es demasiado.  Voy a tener que matarla.  (Se pone el pantalón del pijama)
Si la mato voy a tener que despedirme.  No la voy a volver a ver.  Estaría solo.  ¡Que dolor!  Nunca percibo el dolor.  Soy muy viejo para empezar de nuevo. Demasiado viejo.  La amo.  Me duele el corazón de admitirlo.  Es todo lo que tengo. Si la quiero.  Es el mejor pastelito desde la madre de Salomón.  (Se pone las pantuflas)  Que vida vivir en un país lleno de putas y comunistas.  (Se pone el saco como desaviye.  Joyce entra.  Ella se saca el chaleco)  
JOYCE:   ¿Se fue?
MIKE:   (Mirando para arriba achicando los ojos)  Que querés decir?
JOYCE:   Pensé que se quedaba
MIKE:   Querías que se quedara?
JOYCE:   Si quiero que se quede?
MIKE:   (Afirmando con la cabeza)  Veo tu plan.  Lo veo.  Tenés la astucia de
             Luther.  (Joyce camina por delante de él por la habitación)  A donde vas?
JOYCE:   A la cama.  No te voy a escuchar.
MIKE:   En que anda?  (Pausa)  A lo mejor la perdono.  Nuestro Señor perdonó a la
             mujer que cayó en adulterio.  Pero las circunstancias eran distintas.
             (Pausa)  Es un negocio lucrativo, muy lucrativo.  La decepciono.  A su edad.
             Quiere alguien mas joven.  A su edad les da la picazón.  Es como un cuento
             contado por un viajante comercial.  Un temblor de unos momentos.  No se
             como sería si tuviéramos tv.
JOYCE:   (Desvistiéndose para acostarse)  Estás recitando ahí? 
MIKE:   (Entrando a la habitación)  Qué?
JOYCE:   Pensé que estabas entreteniendo a la tropa.
MIKE:   Dejo eso para vos.  Es mas tu estilo, no? 
JOYCE:   Qué pasa?
MIKE:   Vaca!  Jugando conmigo.
JOYCE:   No lo deberías haber invitado a pasar.  Me enojaste
MIKE:   Escuché acerca de vos.  Lo próximo es que te vas a desvestir en la calle
JOYCE:   Qué se te metió?
MIKE:   Algunos hombres te matarían.  Tenés suerte.  No soy uno.  Una buena
             familia.  Tu madre estaba haciéndolo en la entrada de una casa la noche
             que fue asesinada.  Si no hubiera sido tan maldita debería haber estado en
             un refugio con el resto.  Tu abuela pasó la noche de Mafeking de espaldas.
             Eso hace tres generaciones de putas.  (Él la cachetea.  Joyce grita con
             sorpresa y miedo)  Te voy a matar.  (Salta sobre ella.  Ruedan por la cama
             y se caen)
JOYCE:   (Gritando)  Cuidado con el pez.  Vas a molestar a mi pecesito
MIKE:   (Parándose y sacándose el saco)  Para que querés mantener el pez en la
             habitación?  No es higiénico.  (Él se mete en la cama.  Joyce busca la
             amohada y frazada de la habitación principal y los pone en la cama)
JOYCE:   Qué te ha estado diciendo? 
MIKE:   Lo dejaste?
JOYCE:   (Indignada)  Nunca me tocó
MIKE:   Tenías que decir eso.  No quiero perderte.  No quiero estar tan sólo de
             nuevo.  Estuve tan solo antes
JOYCE:   Pongo el saco sobre tus pies?  Está helando de nuevo


ESCENA V
A la mañana siguiente
Joyce está lavando los platos.  Suena el timbre.  Joyce se saca los guantes y se seca las manos.  Se abre la puerta y entra Wilson.



JOYCE:   Qué estás haciendo acá?  Se supone que la puerta debería estar cerrada
WILSON:   No hay traba.
JOYCE:   Mi marido está abajo.  Es verdad.  Esta vez es verdad
WILSON:   Lo sé.  Lo vi dando vueltas por ahí.  Anoche le dije que estábamos
                   teniendo un afeair.  No te causó inconvenientes?  (Se saca el saco y lo
                   pone en el sillón)  No querés tener un afeair conmigo por casualidad?
JOYCE:   Solo sos un muchacho.  (Wilson levanta la silla y la pone trabando la
               puerta)  Para qué haces eso?
WILSON:   Para cuando él suba y trate de abrir crea que lo estamos sacudiendo
JOYCE:   (Con desagrado)  No uses expresiones así.  No estoy acostumbrada
WILSON:   Cuando estabas en el juego no te molestaban estas expresiones
JOYCE:   Nunca permití que nadie se tomara esas libertades conmigo.  Mi gente
               era de buena clase  (Pausa)  Quién te habló de mí?
WILSON:   Mi hermano.  Se acostó con vos después de ver La Novicia Rebelde.  Yo     esperé abajo.  (Aflojándose la corbata)  Sos como la mayoría de las mujeres.  Acá hoy y mañana quien sabe.  La novia de mi hermano se parecía a vos en varias formas, se estaba probando el vestido de novia cuando le anunciaron la muerte de Frank.  Ahora lo tiñó de azul hielo y lo usa en cenas.  Mi único consuelo es que le queda mal.  Pero muestra que clase de mujer es, no?  Conocí el tipo de mujer que era por la  manera en que movía sus rodillas contra mi culo en el funeral.  Quería ahorcarla.  Lo hizo durante hora.  Dimos la vuelta larga para evitar la procesión
JOYCE:   Que procesión
WILSON:   Estaban celebrando algún tipo de victoria.  Escuchamos a lo lejos las bandas tocando.  La familia Real en pleno estaba afuera.  Pieles y ligas volando.  Mi padre estaba en ella.  No pudo venir al funeral porque estaba en la Legión Británica.  Representaba algo.  (Se sienta, con los hombros levantados mirando el espacio)  Pensó mas en acicalare que en enterrar a su hijo.  Todos en la familia debemos tener algo de idiota.  Si alguien siquiera menciona la Legión Británica mi viejo entra en trance.  El día de Amnistisio toma parte de los rituales.  Come amapolas toda la semana anterior.  No lo veo desde el funeral.  Supongo que estará en casa ahora.  (Se para)  Él debiera estar acá.  
JOYCE:   Quién?
WILSON:   Tu hombre.  Debemos calentar un poco el ambiente.  Tenés alguna
                   estufa?  No anticipé morirme congelado  (Se va al dormitorio.
                   Llamando desde el dormitorio)  Esto es alguna variedad de pez carpa?
JOYCE:   Solamente peces dorados.  (Wilson entra a la habitación principal)
WILSON:   Té podés contagiar gérmenes, sabes.  (Se saca la corbata)  Mi hermano hubiera cumplido 24 dentro de tres días.  Tenía planes para un negocio.  (Se patea los zapatos sacándoselos)  Supongo que lo hubiera ido bien tarde o temprano.  Era de los tipos que tiran para adelante.  Tenía una mente bien desarrollada.  Leía muchos libros que le expandían la mente.  Su muerte puso un freno a eso.  Yo no salí a él.  A no ser por el aspecto físico  (Suspira y sacude la cabeza)  Estoy un poco perdido sin él, no me importa admitirlo  (Pausa)  Podría haber hecho mucho dinero.  Mi ambición era ser hermano de un millonario  (Pausa)  Supongo que estás aburrida.  No lo conociste.  No puedo pretender que entiendas mi punto de vista.  (Se saca el pullover, se desabrocha la camisa, pone un escudo en su camisa sobre el corazón y se baja el cierre del corazón)
JOYCE:   Que estás haciendo?
WILSON:   Debiera parecer que lo estuvimos haciendo cuando suba 
JOYCE:  Pará!  Para!   Qué va pensar Michael.  Va a creer que lo estuvimos
              haciendo.  Nunca lo había pensado
WILSON:   Hubiera apostaba que habría subido y estaría golpeando la puerta.  A lo
                   mejor cambió de idea.  (Va al dormitorio y mira por la ventana)  No
                   está ahí afuera ahora  (Joyce levanta el pullover de él y entra al
                   dormitorio)
JOYCE:   (Dándole el pullover)  No va a venir.  No, veo que esto es un fracaso, como
               todo.  (Se lo escucha a Mike subir la escalera)
MIKE:   Joycie!  Joycie!
WILSON:   Perdón si causé problemas.  No suelo ser así.  Se me está rompiendo el
                   corazón.  Hubiera querido estar con él cuando murió
JOYCE:   Pobre niño, pobre niño.  (Lo besa en la mejilla tiernamente.  Él la abraza.
              Mike entra de golpe en el dormitorio.  Avanza despacio.  Pausa.  Wilson se
              aleja de Joyce, le sonríe a Mike y se sube el cierre.  Mike dispara.  El
              disparo da contra la pecera.  Joyce grita y un segundo disparo le da a
             Wilson en el pecho)
WILSON:   Me disparó  (Se cae al suelo de rodillas)  Mi testamento está en el
                   bolsillo del sobretodo.  Mi dirección en mi diario de bolsillo.  Se va a
                   acordar?
JOYCE:   (A Mike)  Qué has hecho?
WILSON:   Lo tomó enserio, que encantador  (Tose y escupe sangre)  Está un poco
                   loco, si me lo pregunta.  Me estoy muriendo?  Creo...  (Se cae para
                   adelante... silencio)
JOYCE:   Se desmayó
MIKE:   (Dejando el arma al costado)  Está muerto
JOYCE:   Pero no puede ser.  No lo has matado?
MIKE:   Trae una sábana.  Cubre el cuerpo
JOYCE:   Tengo un trapo por ahí
MIKE:   Dije una sábana.  Dale la mejor.  (Él va al dormitorio y saca una sábana de
            la cama que pone sobre el cuerpo de Wilson)
JOYCE:   Qué excusa había para matarlo?
MIKE:   Él se estaba portando mal con mi esposa
JOYCE:   Pero no soy tu esposa.  Y él no se estaba portando mal
MIKE:   Te llamó Maddy
JOYCE:   Alguien le debe haber contado de mi pasado.  Sabes como es la gente
               (Pausa)  Tuviste algo que ver con la muerte del hermano?
MIKE:   Sí
JOYCE:   Esto es lo que pasa por no tener un trabajo común.  (Pausa)  Anda el tel.
               de Nag’s Head?
MIKE:   Sí
JOYCE:   Andá al tel. y discá el 999.  Decíle que fui atacada
MIKE:   (Horrorizado)  Va a aparecer en los diarios
JOYCE:   Bueno, quizás no del todo.  Vos llegaste a tiempo
MIKE:   Te vas a quedar conmigo, Joycie?
JOYCE:   Por supuesto, cariño  (Ella lo besa)  Te amo.  (Ella ve la pecera rota)
               Mirá Michael  (Llorando)  Un pez!  (Levanta un pez)
MIKE:   Una de las balas debe haber dado a la pecera
JOYCE:   Están muertos.  Pobrecitos.  Y Yo que los cuidaba tanto.  Mientras todo
               esto pasaba se murieron.  (Ella llora con congoja.  Mike la rodea con un
               brazo y la guía al sillón.  Ella se sienta)
MIKE:   Sentáte.  Voy a buscar la policía.  Éste fue un crimen pasional.  Ellos
             entenderán.  Ellos también tienen esposas y peces.  (Joyce está demasiado
            triste para llorar.  Esconde su cabeza en el hombro de Mike.  Él la abraza)


 TELÓN

El mundo ha vivido equivocado. Roberto Fontanarrosa.




El mundo ha vivido equivocado

Roberto Fontanarrosa

La épica de lo imposible: "El mundo ha vivido equivocado"

Si existiera un monumento al pensamiento aspiracional y a la verborragia de bar, tendría que tener la forma de una mesa con dos cafés y las sombras de Pipo y Hugo. En este relato, Fontanarrosa no solo escribe; filma en tecnicolor una fantasía de lujo y sofisticación que choca, inevitablemente, contra la realidad de un pocillo frío y una vereda gris en Rosario.

"El mundo ha vivido equivocado" es más que un cuento; es un ejercicio de puesta en escena mental. A través de un diálogo que funciona con la precisión de un reloj suizo, el "Negro" nos lleva de la mano por un día perfecto en Bora Bora, diseñado con un detalle tan obsesivo que termina por volver ridícula la propia perfección. Es la prueba definitiva de que, para Fontanarrosa, la literatura no estaba en los grandes eventos, sino en la capacidad humana de imaginar un mundo mejor mientras se espera que pase el tiempo en una esquina.

Prepárense para entrar en la mente de un estratega del placer imaginario y descubrir por qué, al final del día, quizás todos hemos estado viviendo un poco equivocados.











El mundo ha vivido equivocado

Roberto Fontanarrosa

HUGO: —¿Sabés cómo sería un día perfecto?... Suponete... que vos vas de viaje y llegás, ponele, a una isla del Caribe. Qué sé yo, Martinica, ponele, Barbados, no sé... Saint Thomas.

PIPO: —¿Martinica es una isla?

H: —Sí. Creo que sí. Martinica. La Isla de Martinica... Llegás a la isla... solo, ¿viste? Tenés que estar un día, ponele. Un par de días. Entonces vos llegás al hotel, un hotel de la gran puta, cinco estrellas, subís a la habitación, dejás las cosas y bajás a la cafetería a tomar algo. Es de mañana, vos llegás en un avión bien temprano, entonces es media mañana. Bajás a tomar algo.

P: —Un jugo.

H: —Un jugo. Un jugo de tamarindo, de piña.

P: —De guayaba, de guayaba.

H: —De guayaba, de esas frutas raras que tienen por ahí. Calor. Hace calor. Vos bajás, pantaloncito blanco livianón. Camisita. Zapatillitas.

P: —Deportivo.

H: —Deportivo.

P: —Tipo tenis.

H: —No. No. Ojo, pantaloncito blanco, pero largo, ¿eh? No short. No. Largo. Livianón. Bajás... poca gente. Música suave. Cafetería amplia. Te sentás a la mesa y... se ve el mar, ¿no? Se ve el mar. El hotel tiene su playa privada, como corresponde. Poca gente. Poca gente. No mucha gente. No es temporada. Porque tampoco vos vas de turismo. Vos vas por laburo. Una cosa así.

P: —Claro.

H: —Entonces ahí... a un par de mesas de la mesa tuya: una mina, sentadita. Desayunando.

P: —Sola.

H: —Sola... o con un macho. Mejor con un macho, ¿viste? Pero la mina te juna. Te marca. No alevosamente, pero registra. La mina, muy buena, alta, rubia, ojos verdes, tipo Jacqueline Bisset.

P: —Me gusta.

H: —La mina, poca bola. Marca de vez en cuando, pero poca bola.

P: —Jacqueline Bisset no es rubia.

H: —¿No es rubia? ¿Qué es? Castaña.

P: —Sí, castaña, castañona.

H: —Bueno... pero esta es rubia. Remerita azul, pantaloncitos blancos. Cruzada de gambas, fumando. Hablando con el tipo, recostada en el respaldo del silloncito. Esos silloncitos de caña.

P: —¿Silloncitos de caña? ¿En una cafetería?

H: —Bueno, no. Uno de esos comunes. O como estos (pega dos tincazos en el respaldo de su silla). Pero con apoyabrazos, ¿me entendés? Porque la mina está estirada, así, para atrás, medio alejada de la mesa. Mirando al tipo, cruzada de gambas. O sea, queda de perfil a vos. Pero... ¿qué pasa?

P: —¿Qué pasa?

H: —La mina se aburre. Se nota que se aburre. El tipo chamuya algunas boludeces y la mina hace así con la cabeza... pero se nota que se hincha las pelotas.

P: —Y claro, loco...

H: —Entonces, entonces... vos empezás a hacerte el bocho. Con la mina. ¿Viste cuando vos empezás a junar una mina y no podés dejar de mirarla? ¿Y que entrás a pensar "¡Mamita, si te agarro!"? Vos te empezás a hacer el bocho. Claro, te hacés el boludo...

P: —Porque está el macho.

H: —No. Pero el macho no calienta. Porque está de espaldas. No te ve. No te ve. Vos te hacés el boludo por si la mina mira. Cosa que no vaya a ser cosa que mire y vos estás sonriendo como un boludo, o que le hagas una inclinación con la cabeza...

P: —O que se te esté cayendo un hilo de baba sobre la mesa.

H: —Claro, claro. No. No. Vos, atento, atento, pero digno. Tipo Mitchum. Tipo Robert Mitchum.

P: —Bogart, loco. Vamos a los clásicos.

H: —Sí. Una cosa así. Fumando, el hombre. Medio entrecerrados los ojos por el humo del faso. Un duro.

P: —Sí. A esa altura yo ya estaría duro.

H: —También, también. Pero con dignidad. Porque por ahí te tenés que levantar y tenés que salir encorvado como el jorobado de Notre Dame y ahí se te va a la mierda el encanto. Cagó el atraque. No. Vos, en la tuya. Juguito, un par de sorbos vichando por encima de las pajitas esas, de colores...

P: —Los sorbetes.

H: —Los sorbetes. Una pitada. Mirando de vez en cuando al mar. Pero vos siempre atento a la rubia que balancea lentamente la piernita y a vos...

P: —A vos te corre un sudor helado desde la nuca.

H: —Desde la nuca hasta el mismo nacimiento de los glúteos. Y una palpitación en la garganta... ¿viste? Como a los sapos. Que se les hincha la garganta.

P: —Lindo espectáculo para la mina si te mira.

H: —No, pero eso te parece a vos desde adentro. No. Vos un duque. Un duque. Y... ¿viste? ¿Viste cuando vos decís "viejo, si esta mina me da bola yo me muero. Me caigo al piso redondo", y que medio agradecés que la mina esté con un macho porque te saca de encima el compromiso de tener que atracártela? Pero por el otro lado vos decís "¿Cómo carajo no me la voy a tirar, si esta mina es un avión, un avión?". ¿Viste?

P: —Típico.

H: —Pero vos, claro, perdedor nato, también pensás: "Esta mina ni en pedo me puede dar bola a mí". Porque es una mina de esas de James Bond, de esas bien de las películas. Un aparato infernal. Digamos, todo el hotel es de las películas, con piletas, piscinas, parques, palmeras, cocoteros, playas privadas.

P: —Catamaranes.

H: —Surf. Grones. Confitería con pianista, negro, también. Una cosa de locos. Entonces vos decís: "Esta mina no me puede dar bola en la puta vida de Dios". Pero, pero...

P: —Al frente.

H: —¡Al frente! Al frente... y por ahí, por ahí... el tipo se levanta.

P: —El tipo que está con la mina.

H: —El tipo que está con la mina se levanta y se pira. Le da un besito en la boca corto, y se pira. A vos, medio que se te estruja el corazón porque pensás: "Si el tipo este la besó en la boca, es el macho. No hay duda"... Porque uno siempre al principio tiene esa esperanza. "Puede ser el hermano", piensa, "un amigo", qué sé yo...

P: —Una institutriz de esas alemanas. Muy rígidas.

H: —Claro, claro. Pero cuando el tipo le zampa el beso en la trucha ya ahí medio que se te acaban las posibilidades... Aunque viste cómo son los yanquis, se besan por cualquier cosa. Ahí viene la mina, te da un chupón y es cosa de todos los días.

P: —¿Sí?

H: —Sí. Bueno, bueno. La cuestión es que la mina se ha quedado sola en la mesa. El tipo se piró. Se fue. Y la rubia está en la mesa mirando el mar. Balanceando la piernita. Y ahí te agarra el ataque. Ahí te agarra el ataque. ¡Está servida, loco! Sola y aburrida. Rebuena, para colmo.

P: —¡Qué te parece!

H: —Claro. Primero vos esperás. Te hacés el sota y esperás. Porque en una de esas vuelve el dorima. O el tipo ese que estaba con ella y es un quilombo. Entonces vos te quedás en el molde. Y te empieza a laburar el marote de que si te vas y te sentás con ella, ¿qué carajo le decís?

P: —Y además la mina habla en inglés.

H: —No sé. No sé. Eso no sé.

P: —¿La mina no es norteamericana?

H: —No sé porque vos no la escuchás. Vos la viste que está ahí chamuyando con el tipo pero no sabés en qué habla.

P: —Y... si habla en inglés te caga.

H: —Sí, sí... pero, esperá.

P: —Bah. Si habla en inglés, o en francés o en ruso, te caga.

H: —Pará, pará.

P: —Porque nosotros acá porque manejamos el verso, pero si te agarra una mina que no hable castellano...

H: —Oíme, boludo. Pará. ¿Vos sos amigo mío o amigo de la mina? La mina puede ser francesa, por ejemplo, y saber un poco de castellano.

P: —O española. La mina es española.

H: —¡No! Española no. Dejame de joder con las españolas.

P: —¿Por qué no?

H: —Las españolas son horribles. Tienen unos pelos así en las piernas.

P: —Sí, mirá la Cantudo.

H: —No, no... dejame de joder con la Cantudo. La mina es una francesa tipo, tipo...

P: —¿Por qué no la Cantudo?

H: —Tipo... ¿Cómo se llama esta mina?

P: —Romy Schneider.

H: —No, no. Esa mina...

P: —A mí dejame con la Cantudo y sabés...

H: —¡No rompás las bolas con la Cantudo! ¿Cómo se llama esta mina? Mirá, el día que vos me vengas con tu día perfecto, muy bien, que la mina sea la Cantudo. Pero yo estoy contando mi día. Además esta mina es rubia.

P: —Bueno. La próxima vez que me cuentes tu día perfecto, vos quedate con tu rubia. Pero que la rubia esté con la Cantudo y salimos los cuatro. Así...

H: —Está bien, está bien... ¡Catherine Deneuve! Catherine Deneuve. Un tipo así.

P: —Claro. Es muy rubia.

H: —De ese tipo. De cara medio angulosa. Y con esa voz así... profunda.

P: —Oíme, si no la escuchaste hablar. Decías...

H: —La mina es francesa, pero habla castellano porque ha vivido en el Perú. ¿Viste que los franceses viajan mucho a Perú?

P: —¿Sí?

H: —Claro. Porque esta mina es una mina del jet-set. Una arqueóloga o algo así, que viaja por todo el mundo.

P: —Una cosmetóloga.

H: —O dirige una línea internacional de cosmética. Una línea suiza de cosmética. O diseña moda. Habla varios idiomas. Y entonces habla castellano con un acento francés, arrastra las erres...

P: —Como el dueño del hotel donde para Patoruzú.

H: —Eso. Y tiene una voz profunda. Medio áspera. Como Ornella Vanoni.

P: —Ajá, ajá. Me gusta.

H: —La cuestión es que la mina se quedó sola en la mesa, fumando.

P: —Los puchos son Gitanes.

H: —Claro. Los puchos son Gitanes y tiene, ¿viste?, atado a una de las manijas del bolso, un pañuelo de seda. Fucsia. Bueno. Ahí, la mina se para. Se da vuelta. Y te mira.

P: —¡Mierda!

H: —Te mira, ¿viste? Te mira un momentito, pero no es una mirada de refilón. Una mirada de interés. Profunda.

P: —Ahí te acabás.

H: —No... vos, un hielo. Le mantenés la mirada. Serio. Sin un gesto. Como diciendo: "¿Qué te pasa, cariño?". Sostenés la mirada hasta que la mina se da vuelta y se manda para la playa con el bolso al hombro. Y... ¿viste cuando las minas se dan cuenta que las están junando, y entonces caminan remarcando más el balanceo?... ¿así? La mina se va para la playa despacito. Matadora. Claro. Vos estás paralizado en la silla, tenés la boca seca y si te mandás un trago del jugo te parece que tragás papel picado. Cualquier cosa parece. Te zumban los oídos.

P: —Te sale sangre por la nariz.

H: —No. No. Porque ya te recuperaste. Ya te recuperaste. Y ya empezás a sentir, ¿viste?, esa sensación, esa sensación, ese olfato, esa cosa... de la cacería, ¿no? Para colmo, para colmo... la mina llega al ventanal, todo vidriado. Porque la parte de la cafetería que da al mar es puro vidrio. Entonces, cuando la mina llega a la parte de la puerta donde ya sale a la parte de la playa, que hay una explanada y después está la arena, se para. Se para en la puerta, ¿viste? Como deslumbrada por el sol. Y mira para todos lados. Busca algo dentro del bolso con un gesto de fastidio...

P: —Los lentes negros.

H: —Algo así. Lo que pasa es que la mina está aburrida. Y en eso, antes de salir ya del todo, gira un poco. Y te vuelve a mirar...

P: —Ahh... jajajá...

H: —¿Viste cuando de golpe una mina te mira y vos no sabés...?

P: —Sí. Si te mira a vos o a alguien de atrás.

H: —Claro, claro, eso. Que vos te das vuelta para ver si atrás no hay otro tipo, qué sé yo, para asegurarte.

P: —Sí, sí.

H: —Pero no. La mina te vuelve a mirar a vos. Ya no tan largo, pero...

P: —Está con vos.

H: —Está con vos.

P: —La mina siempre seria.

H: —Ah, sí. Sí. Seria. Juna, pero ni una sonrisa. Los ojitos, nada más. No se regala. Digamos...

P: —Insinúa.

H: —Eso. Insinúa... Entonces vos llamás al mozo, ¿viste? "Mozo"... no te sale ni la voz. Tenés la garganta seca. "Mozo". Firmás tu cuenta y ahí nomás te mandás para la habitación. A los pedos.

P: —A la habitación.

H: —Claro. Porque vos ya viste que la mina se fue para la playa. O sea, la tenés ubicada y un poco la seguridad de que la mina se va a quedar ahí. Entonces vas a la habitación y te ponés la malla, cazás una toalla. Una revista...

P: —Ah. Eso sí. Imprescindible. Un libro...

H: —Sí. Sí, sí. Un libro, una revista, cualquier cosa, para llevar debajo del brazo y salís rajando para la playa cosa de que no vaya a aparecer algún otro y te primerée. Bajás y te mandás a la playa. Como siempre pasa, la primera ojeada que das, no la ves. Ahí te puteás, decís: "¿Para qué mierda me fui arriba a cambiar?". Y te desesperás. Pero por ahí ves que viene caminando, entre alguna gente que hay, tomando una Coca-Cola que ha ido a comprar. La mina te ve, pero se hace la sota. Se tira por ahí, en una lona. No, en una de esas reposeras y se pone a tomar sol. Medio se apoliya.

P: —Ahí te cagó.

H: —No, bueno. Al fin te la atracás.

P: —Ah, no. ¡Qué piola! Así cualquiera. Es como en esas películas donde un tipo dice: "Me voy a atracar esa mina" y después aparece con la mina, charlando lo más piola, encamado. Y no te dicen cómo el tipo se la atracó. Que es la parte jodida.

H: —Bueno. Pará, pará. Vos te quedás vigilando. Ves, por ejemplo, que no hay ningún peligro cercano. Ningún tipo, ningún tiburonazo como vos que ande rondando. O algún tipo con su mujer que vicha. Los yanquis, los ingleses por ahí ven una mina que es una bestia increíble y no se les mueve un pelo. Ni se dan vuelta. No dan bola. No son latinos. Entonces vos ves que no hay peligro cercano y planeás la cosa. Vos tenés una situación privilegiada: estás solo. Tenés tiempo. Tenés guita...

P: —No como acá.

H: —Claro. Además ahí no te juna nadie. No hay quemo posible. Entonces por ahí te vas un poco al mar, nadás, hacés la plancha. Y cuando volvés, ves que la mina está leyendo. En la reposera, pero leyendo. Entonces vos, desde tu puesto de vigilancia, ni muy cerca, ni muy lejos, te ponés también a leer. Por ahí te dan ganas, ¿viste?, de largar todo a la mierda, cazar un bote, alquilar un catamarán y disfrutar un poco en lugar de andar sufriendo por una mina por ahí... Pero claro, cuando la mirás y por ahí le ves mover una piernita...

P: —Venís muerto.

H: —Lógico. En eso la mina se levanta y se va para un barcito que hay en la playa, muy bacán. Ese es el momento, es el momento... Lo que vos me pedías que te explicara.

P: —Claro. Porque si no es muy fácil.

H: —Vos vas y te sentás al lado. Ya sin hacerte tanto el boludo, ya, ya en la lucha, y ahí vas a los bifes. Le preguntás, por ejemplo: "¿Usted es norteamericana?". En un tono monocorde. Casi, digamos, periodístico. Sin sonrisitas ni nada de eso. Ahí la mina te mira un momento, fijamente, y es cuando...

P: —Te cagás en las patas.

H: —¡Claro! ¡Claro! Porque ese es el momento crucial. Ahí se juega el destino del país. Si la mina se hace la sota y mira para otro lado... o si dice "sí", caza el vaso y se va a la mierda, perdiste. Perdiste completamente. Pero no. La mina te mira, dice "sí". "Sí, ¿por qué?". Y se sonríe.

P: —¡Papito!

H: —¡Papito! ¡Vamos Argentina todavía! ¡Se viene abajo el estadio! ¿Viste esas minas que son serias, que no se ríen ni de casualidad, pero que por ahí se sonríen y es como si tuviesen un fluorescente en la boca? ¿Que vos no sabés de dónde sacan tantos dientes? Una cosa...

P: —Como Farrah Fawcett.

H: —Sí. Que es una particularidad de las modelos. Están serias, de golpe le dicen "sonreí" y ¡plin!, encienden una sonrisa de puta madre que no sabés de dónde la sacan... Bueno, la mina te mira, te dice "Sí, ¿por qué?" y...

P: —Te da el pie.

H: —Claro. Te da el pie, para colmo. Entonces vos decís "permiso", el barrio es el barrio, y te sentás en el taburete de al lado y entrás al chamuyo...

P: —Muy facilongo lo veo.

H: —Lo que pasa es que la mina está con vos. Está con vos. La mina ya tiene decidido que te va a dar bola. No va a andar haciendo las boludeces de hacerse la estrecha o esas cosas. Es una mina que está en el gran mundo internacional y sabe lo que quiere. La mina va a los bifes. No se regala, pero va a los bifes. Si le gusta un tipo le da pelota de entrada y a otra cosa.

P: —Eso es cierto. Esas minas son así.

H: —Entonces vos empezás el chamuyo. Ya tranquilo. Ya gozando la cosa, porque sabés que la cosa viene bien, ya estás en ganador. Garpás los tragos, tirás unas rupias sobre el mostrador al grone y te vas con la mina para las reposeras. Y vos ves que los tipos te junan como diciendo "hijo de puta, se levantó el avión ese". Pero vos, un duque, fumás, te hacés el sota y la ves caminar a la mina delante tuyo...

P: —Bueno... el peor momento ya ha pasado.

H: —En fin. Entonces escuchame cómo es la milonga, la milonga del día perfecto: un poco de natación, el mar, las olas, te alquilás un catamarán... y a eso de las seis o siete de la tarde, te mandás al bar y te das algún trago largo...

P: —Un ron Barbados.

H: —Fijate, fijate... preferiría mejor un gin-tonic. Un gin-tonic.

P: —Loco, eso pedilo en Mombasa. En algún boliche de esos. Pero no te pidás un gin-tonic en un lugar así. Con esa mina...

H: —Grave error. Grave error. ¿Qué tomaban los tipos que aparecen en la novela de Hemingway, de esas en el Caribe, Islas en el Golfo, por ejemplo?

P: —Bacardí.

H: —¡Bacardí! ¡Y gin-tonic! Gin-tonic, mi amigo. Pero la cosa no es esa. No es que pidas tal o cual trago. La cosa es que no vayas a pedir algo que te tire a la lona. Tenés que pedir algo que más o menos sepas que te la aguantás. Mirá si todavía que ya tenés la mina en casa te levantás un pedo que flameás o te descomponés y después andás con diarrea, te cagás ahí en el lobby del hotel.

P: —Vomitás.

H: —Vomitás. Le vomitás las pilchas a la mina. Un asco, un asco. No, no. Un gin-tonic y la mina pide una cosa así. Ahí charlás un ratito. La mina muy piola. Muy bien. Muy agradable. Simpática.

P: —Muy bien la mina.

H: —Sí, sí. Una mina de unos 26 o 27 años. No una pendeja. Casada. Bien en su matrimonio. Bien. Que sabe lo que está haciendo. La mina quiere pasar bien esa noche y a otra cosa.

P: —Claro.

H: —Claro. Ninguna complicación. No es de las que te van a hacer un quilombo al día siguiente ni nada de eso. La mina sabe cómo son estas cosas.

P: —No. No se te va a venir a la Argentina tampoco.

H: —¡Nooo! ¡No! No es de esas que agarran el teléfono y te dicen "arribo a Fisherton mañana". Y se te arma tal despelote. No es nada de eso. Entonces...

P: —Entonces.

H: —Entonces te vas con la mina a la habitación del hotel.

P: —¿A la tuya o a la de la mina?

H: —A cualquiera. No, mejor le decís a la mina que vaya a su habitación y vos te vas a la tuya y te das una buena ducha.

P: —Te sacás toda la arena.

H: —Claro, te sacás la arena. Los moluscos que se te hayan quedado pegados. Y te vas a la pieza de ella... y bueno ahí, viejo, ¿para qué te cuento? Te echás 20, 25 polvos. Cualquier cosa.

P: —¿Veinticinco, che?

H: —Bueno... dejame lugar para la fantasía. Bah... te echás 5, 6. De esas cosas que ya los dos últimos la mina te tiene que hacer respiración boca a boca porque vos estás al borde del infarto...

P: —Sí. Que ya lo hacés de vicioso.

H: —Hay un país detrás tuyo. No es joda.

P: —Muy lindo, che. Muy lindo.

H: —No. No. No. Ahora viene lo interesante. Porque yo te digo una cosa. Te digo una cosa... eh... Pipo. Te digo una cosa, Pipo: el mundo ha vivido equivocado. El mundo ha vivido equivocado. Yo no sé por qué carajo en todas las películas el tipo, para atracarse la mina, primero la invita a cenar. La lleva a morfar a un lugar muy elegante, de esos con candelabros, con violinistas. Y morfan como leones, pavo, pato, ciervo, le dan groso al champán... Yo, Pipo, yo, si hago eso... ¡me agarra un apoliyo! Un apoliyo me agarra, que la mina después me tiene que llevar dormido a mi casa y tirarme ahí en el pasillo. O si no me apoliyo me agarra una pesadez, un dolor de balero. Eructo.

P: —Y eso no colabora.

H: —No. Eso no colabora. Por eso te digo. El mundo ha vivido equivocado. Yo no sé cómo hacían los galanes esos de cine que se iban a encamar después de comer.

P: —Es la magia del cinematógrafo, Hugo. Hay que admitirlo.

H: —Pero en este día perfecto que te digo yo, vos terminás de echarte los 15 polvos con la rubia, te levantás hecho un duque. Te pegás una flor de ducha, cosa de quitarte de encima los residuos del pecado y, ¿qué pasa? Tenés un hambre de la puta madre que lo parió. ¡Loco! No comés desde el desayuno que picaste alguna boludez. Y después no almorzaste porque el tipo que está de cacería no puede permitirse andar con sueño y hecho un pelotudo. Entonces, entonces... imaginate bien, eh. Prestá atención. Te empilchás livianito. La mina también. Ya es de noche. Está fresquito. No hay el calor puto que suele haber acá. Ahí refresca de noche. Vos como un duque pedís el morfi a la habitación. ¡Imaginate vos!... Vos ahí te sentís Gardel. Acabás de encamarte con una mina de novela. Estás en un lugar de puta madre, tenés un hambre de lobo... entonces te hacés traer un vino blanco helado, pero bien helado, de esos que duelen acá.

P: —Ahí es cuando uno se empieza a reír de cualquier pavada.

H: —¡Eso! ¡Claro! Que te reís de cualquier cosa... y ahí te vas al sobre con la rubia ya sin ningún apetito de ningún tipo, solo a disfrutar de la catrera. Te vas hundiendo en el sueño. Te vas hundiendo. Está fresquito. Entra por la ventana la brisa del mar. Oís el ruido del mar. Y un poco la música de abajo... (Pausa). Cobrame.