viernes, enero 30, 2026

EL AMOR DETRÁS DE LAS PAREDES (Tú no estabas en mi mapa)

 



EL AMOR DETRÁS DE LAS PAREDES

(Tú no estabas en mi mapa)


por Gavarre B


® Benjamín Gavarre Silva

Contact: gavarreunam@gmail.com 

benjamingavarre@filos.unam.mx  



"Un ingeniero que vive bajo plano y un actor que habita el caos descubren que, a veces, la estructura más difícil de derribar es la pared que separa sus recámaras."

 

Pablo es un ingeniero civil que cree que la felicidad es una estructura que se puede calcular. Manuel es un actor que sabe que la vida solo ocurre cuando el guion se rompe. Como compañeros de piso, han construido una convivencia basada en el orden estricto y los silencios cómodos, pero debajo de la mesa coja y entre las sábanas para el frío, palpita una tensión que las matemáticas no pueden explicar.

Cuando un control remoto cubierto de mermelada y un arnés de cuero olvidado sabotean la rigidez de Pablo, ambos se ven obligados a enfrentar la pregunta que han evitado: ¿qué pasa cuando la persona que amas no estaba en tus planos? Una comedia romántica inteligente sobre la arquitectura del deseo y la hermosa catástrofe de perder el control.

 

 

PERSONAJES

  • PABLO (30): Ingeniero. Pulcro hasta la obsesión. Su vida es un edificio de cristal que teme ver roto. Atractivo y secretamente exhibicionista tras su máscara de orden.
  • MANUEL (30): Actor. Caótico, físico y tierno. Su desorden es un idioma que Pablo se niega a traducir. Vive entre castings y la frustración de no ser "visto" por su compañero.
  • DON TOMÁS: El vecino. Curioso y un tanto reprimido; representa la moral tradicional, aunque en el fondo siente envidia de la libertad ajena.
  • DOÑA ELVIRA: La vecina sagaz. Una mujer que lee entre líneas y lanza verdades como flechas envueltas en amabilidad.

ESCENA 0: PRÓLOGO – EL ORDEN DE LOS FACTORES

(Escena: La sala está dividida por una línea invisible de hábitos. El lado de PABLO brilla; el de MANUEL tiene un rack de vestuario desbordado. PABLO está frente a un espejo, luchando con una corbata de seda. Viste un traje impecable. MANUEL revisa atuendos mientras lame una cuchara con crema de cacahuate).

PABLO: (Sin mirarlo) Manuel, ¿has visto mis mancuernillas de plata? Las que tienen mis iniciales. Es mi primera cita con la pelirroja que me endilgó mi mamá.

MANUEL: (Lamiendo la cuchara) En el tercer cajón del trinchador que te regaló tu tía… ¿Pelirroja de Sociedad, supongo? Si te la endilgó tu mami, debe de tener siete apellidos… Mademoiselle de la boulangerie, de la patisserie, de la confiserie, de la glacerie… de la brasserie… de la chocotalerie… de la… Chantilly…

PABLO: (Ajustándose el nudo) ¿Ya terminaste? No sé por qué te molesta que tenga una cita a ciegas… Marcela se llama, y es el siguiente paso lógico en mi vida, Manuel. Estabilidad, elegancia, mi mamá lo aprueba. No puedo seguir toda mi vida viviendo con un roommate, perdón por decírtelo así cómo va.

MANUEL: (Se levanta, la palabra "roommate" le golpea el pecho). Claro. "Roommates", ni siquiera el más amable término “Roomies”…. Compañeros de código postal. (Se acerca a Pablo y le endereza la corbata con dedos que tiemblan ligeramente). Te ves... perfecto. Tan perfecto que pareces una fantasía… de alguien. Esa Marcela sería muy afortunada si hacen click.

PABLO: (Se queda inmóvil ante el contacto. Su respiración se detiene un instante). La perfección no existe, Manuel. Pero hay que estar en orden en esta vida. Las matemáticas no mienten: el orden de los factores sí altera mi paz.

MANUEL: Pues no sé, te contesto con unos versitos de Caviedes: "Yo tengo un cómo se llama... después que vi un no sé qué y me dio tal, como dicen, que me cómo se llamé".

PABLO: No tengo idea de qué significa todo eso, pero un día me lo explicas… ahora tengo prisa.

(Suena el timbre. Es DOÑA ELVIRA con un ramo de ruda).

ELVIRA: (Entra barriendo el aire con la ruda). ¡Vaya, vaya! Qué arregladillo… Les traje unas ramitas de Ruda. Sirve para atraer un nuevo amor, combatir la indiferencia, o alejar las malas vibras… Lo ponen debajo de su almohada, de la de cada quien… o como quieran…

PABLO: Es solo una cita, Doña Elvira, no todo es cuestión de amor, a veces es por motivos de estabilidad.

ELVIRA: (Mirando a ambos con ojos sabios). Sabes hijo… el destino es como la humedad: siempre encuentra la grieta. (Sale guiñando un ojo).

PABLO: (Toma su saco). Deséame suerte, roomie.

MANUEL: (Susurrando cuando Pablo sale). La suerte de la pelirroja… Pero qué estoy diciendo, qué me pasa con este hombre.


ESCENA 1: EL DIARIO DE NAVEGACIÓN Y LA MAREJADA

(Escena: PABLO está sentado frente al escritorio. La luz de la laptop es el único faro en la habitación. Su mano derecha se mueve rítmicamente bajo la mesa; su respiración es entrecortada. La caja de Kleenex está al borde del escritorio).

PABLO: (En un susurro, casi un ruego a la pantalla) Ya casi… el horizonte se aclara… entra en el puerto… no te detengas ahora…

(Entra MANUEL con un solo zapato puesto, buscando el otro. Se detiene en seco al ver la silueta rígida de PABLO. Observa el movimiento bajo la mesa, luego mira la caja de pañuelos. Una sonrisa lenta se dibuja en su rostro. Sale en silencio. Vuelve a entrar haciendo ruido con las llaves).

MANUEL: ¿Has visto mi brújula, Pablo? Siento que en este departamento las corrientes siempre me llevan al lugar equivocado.

PABLO: (Cierra la laptop de un golpe seco. Su respiración es un desastre). Estaba… estaba estudiando las mareas, Manuel. Es un reporte… cartográfico. Muy denso. Las matemáticas no mienten: la hidrodinámica es un asunto complejo.

MANUEL: (Se apoya en el marco de la puerta). Las mareas. Claro. Te ves agotado, como si acabaras de cruzar el Atlántico en una balsa de un solo remo. Tienes la frente empapada. ¿Hubo tormenta en el monitor?

PABLO: (Toma un Kleenex y se limpia el sudor). El clima en alta mar es impredecible. La humedad… es corrosiva. Los pañuelos son para secar la bruma. No quiero que el equipo se oxide. Es pura prevención náutica.

MANUEL: (Baja el tono de voz). Es admirable tu dedicación al océano, Pablo. Pero ten cuidado con navegar tanto tiempo en solitario. Llegar a puerto es mucho más satisfactorio cuando hay alguien en el muelle esperando para ayudarte con las amarras.

PABLO: (Tieso) Prefiero las travesías individuales. Hay menos margen de error en la bitácora.

MANUEL: (Saliendo) Recuerda que hasta los capitanes más estrictos necesitan bajar a tierra firme de vez en cuando… y soltar el timón. (Sale silbando).


ESCENA 2: EL CALOR DE LAS DOS MANTAS

(Escena: Noche cerrada. El departamento está en penumbra, solo interrumpida por la luz gélida del refrigerador abierto. PABLO está frente a él, sin camisa, bebiendo leche directamente del envase. MANUEL entra en calzoncillos y se detiene a centímetros de su espalda).

PABLO: (Voz vibrando por el frío y la presencia de Manuel) Estás desafiando a la biología, Manuel. El suelo está helado. Vas a terminar con una congestión.

MANUEL: (Se acerca más. El vaho de su respiración roza la piel desnuda de Pablo). Mi habitación es un iglú, Pablo. Las sábanas están frías como el hielo.

PABLO: (Se gira cara a cara. Lo mira con una mezcla de horror y fascinación). Estás temblando.

MANUEL: Tiemblo de frío, primo. O de falta de aire. Mi manta es muy delgada. Siento que el invierno se cuela por debajo de la puerta y me busca los pies.

PABLO: (Su mano sube al aire, pero no lo toca). La mía también es delgada. Es una manta de mentiras. Cubre, pero no abriga.

MANUEL: (Susurra contra su pecho) Pensaba que... con dos mantas puestas sobre una sola cama... engañaríamos al frío. Una manta encima de la otra. O dos cuerpos debajo de las dos.

PABLO: (Suspiro de rendición). Dos mantas. Es... una buena idea. Para no morir de hipotermia. Pero solo por el frío, Manuel. Nada de travesuras.

MANUEL: (Sonriendo) Nada de travesuras, Pablo. Te lo prometo.

(Caminan hacia el pasillo. Se apaga la luz).


EPÍLOGO ESCENA 2: EL DÍA SIGUIENTE

(Escena: Mañana. Luz de sol. PABLO desayuna de pie, impecable. MANUEL entra despeinado buscando café. Sus miradas se cruzan y se desvían de inmediato).

PABLO: (Sin mirarlo) Se acabó la leche. Tendré que comprar más al salir del trabajo.

MANUEL: Sí. Y yo tengo que lavar la ropa. Se me juntaron las camisas y los pantalones… las sábanas…

PABLO: (Limpia una migaja invisible). Hoy va a hacer mucho calor… Pero en la tarde noche tal vez llueva. Pero con una gabardina bastará, odio los paraguas.

MANUEL: (Incómodo) Yo no creo que llueva… pero ya sabes, hay cosas que no se pueden controlar… como el clima… Se puede intentar predecir, pero no siempre es posible, o no siempre acertamos… (Se da cuenta de que no para de hablar) Voy a llevarme mi paraguas.


ESCENA 3: LA MESA COJA Y LA RESISTENCIA DEL MATERIAL

(Escena: Han pasado dos días desde la noche de las mantas. PABLO está debajo de la mesa de centro en shorts deportivos, trabajando con furia silenciosa).

PABLO: (Voz metálica, contenida) ¡Manuel! Pásame las pinzas de presión. Necesito algo que sostenga con fuerza, algo que no se suelte nunca, pase lo que pase.

MANUEL: (Inclinándose, mirando sus piernas). Tienes un poco de aserrín en el muslo, Pablo. Se te pegó justo ahí... Parece una marca.

PABLO: (Se pone tenso). No importa la marca. Lo que importa es que esta madera está cediendo. Dame el desarmador de cruz. Hay que apretar fuerte este tornillo; si lo dejo flojo, se va a seguir tambaleando.

MANUEL: (Se agacha. El espacio es estrecho. Sus hombros se rozan). A veces apretar demasiado rompe la veta. Podríamos ponerle un cartón doblado... algo alternativo que amortigüe mientras decidimos qué hacer.

PABLO: (Mirada fulminante). ¿Un cartón? Tu solución para todo es un parche, Manuel. Yo no quiero soluciones temporales. Yo quiero que las cosas se queden en su sitio, aunque duela atornillarlas.

MANUEL: (Susurrando) Las mesas no saben que son inestables. O quizá sí.

PABLO: (Da un último giro). Ya quedó. Viste, no era tan difícil. Estable como un templo.


ESCENA 4: LA ARQUITECTURA DEL DESEO

(Escena: Pablo está solo en la sala. Limpia el rack de Manuel con un atomizador. Sus movimientos son neuróticos. De pronto, se detiene ante una cota de malla medieval y un arnés de cuero negro).

PABLO: (Acomodando perchas) Desorden... puro desorden. ¿Cómo se vive entre tanto trapo viejo? (Toca el metal; suena un tintineo frío). Una armadura medieval… Un traje de payaso… Bueno. (Saca el arnés de cuero). ¿Y esto? Cuero negro... Resistente... masculino…

(Pablo se quita la camisa. Se pone el arnés y la gorra leather frente al espejo. Su postura cambia: es pura autoridad).

PABLO: (Voz grave) "Ciudadano... soy su superior… ustedes tendrán que obedecerme. Como si fueran mis perros… mis perros instintos, qué tal…

(Asoman ELVIRA y TOMÁS por la puerta. Pablo no los ve. Luego llega MANUEL y se queda mudo al fondo).

DON TOMÁS: (Susurro) Se metió un motociclista del infierno.

MANUEL: Vaya... parece que tendremos una noche leather.

PABLO: (Salta del susto. Intenta cubrirse el torso desnudo con las manos). ¡Es totalmente un acto indefendible, Manuel… Siento haberme metido con tus cosas, pero no lo pude evitar.

ELVIRA: (Riendo) Hijo... te ves guapísimo, y muy varonil…  con la gorra la mirada se te vuelve más… profunda.

MANUEL: (Acercándose). No está nada mal tu nuevo look. Tiene mucho estilo…

PABLO: (Huyendo al cuarto, tropezando). ¡Se acabó! Admito que me equivoqué, pero no permito que se rían de mí.

 


ESCENA 5: EL UNIFORME Y EL SIMULACRO DE AUTORIDAD

(Escena: Minutos después. PABLO está en la laptop, aún incómodo por lo anterior. MANUEL entra vestido de guardia de seguridad para un comercial).

MANUEL: ¡Ciudadano! Identifíquese. Este es un perímetro de alta seguridad.

PABLO: (Su pulso se acelera, pero no despega la mirada de la pantalla). Manuel, por favor. No estoy de humor.

MANUEL: (Rodeándolo). No soy Manuel. Soy el oficial a cargo de imponer orden. ¿Crees que impongo respeto, Pablo? ¿O me falta firmeza?

PABLO: (Traga saliva). Te ves como alguien que no acepta un "no" como respuesta.

MANUEL: Si te arrestara ahora mismo... ¿te dejarías llevar o pondrías resistencia?

PABLO: (Tocando la tela del uniforme). Yo no pongo resistencia a la autoridad... pero tú nada más eres un actor… y no te creo.

MANUEL: ¿Seguro?

PABLO: No te creo nada.

(Entra DON TOMÁS sin avisar).

DON TOMÁS: ¡Caramba! ¿Quién llamó a la policía?

MANUEL: Me está ayudando a ensayar una escena… Lo voy a llevar preso, don Tomás. ¿Nos ayuda?

DON TOMÁS: (Desconsolado) Yo ya estoy muy viejo… Pero se ve que son buenos actores… los dos. Aprovechen, que a veces uno se queda con las ganas. (Sale).

PABLO: (Se aleja bruscamente de Manuel. Intención: Ataque de pánico defensivo). Ve a cambiarte. O sigue ensayando, pero a solas. No tengo tiempo para seguir jugando.

MANUEL: Voy a seguir ensayando frente al espejo, ya qué… Y no es nada más un juego… Ya sabes… Es mi trabajo.


ESCENA 6: EL MANDO DE LA DISCORDIA Y LA FAUNA

(Escena: PABLO limpia la mesa neuróticamente. MANUEL come pan con mermelada).

PABLO: No tires migajas, Manuel.

MANUEL: Relájate. Te convido de mi pan con mermelada de mora azul, está buenísimo.

PABLO: (Toca el control remoto y su mano queda pegada). ¡Ya llenaste el control de pura mermelada! Seguro ya lo descompusiste.

(Manuel enciende la TV. El control se traba y los canales cambian solos a toda velocidad).

TV (VOZ): "Aquí vemos al cangrejo ermitaño. Solitario, como su nombre lo indica… No suele quedarse mucho tiempo... en su viejo caparazón"

PABLO: Ya viste, ¡la tele cobró vida propia! Apágala, desconéctala.

(Entra DOÑA ELVIRA).

ELVIRA: Hay que abandonar los viejos caparazones cuando es preciso. Pero eso no significa cambiar de casa, como el pobre cangrejo… A veces es cuestión de apreciar lo que uno tiene frente a sus ojos. (Sale).

PABLO: (Mirando el frasco de mermelada) Se acabó, Manuel. No puedo más con todo esto.


ESCENA FINAL: LA INAUGURACIÓN DEL CAOS

(Escena: La TV emite un zumbido de estática azulada. PABLO está de pie, sosteniendo el mando pegajoso con un trapo. Tiembla).

PABLO: (Voz cortante) ¡Es que no puedes simplemente... desconfigurarlo todo! No puedes descomponer los aparatos y quedarte tan tranquilo. Ya ni siquiera puedo ver tele en mi casa.

MANUEL: (Levantándose) ¿No te gustaría quedarte en silencio en tu casa?

PABLO: (Se gira bruscamente). ¡No me gusta que me estés viendo todo el tiempo, fijamente, como si supieras algo que yo ignoro.

MANUEL: Yo sé muy bien lo que tu también sabes perfectamente… No te hagas…

PABLO: Tal vez, sí… y perdóname… Ésta también es tu casa. Los dos vivimos aquí… pero no vivimos juntos…

MANUEL: Compañeros de piso. Roomies. Eso somos.

PABLO: Yo tenía un plan, Manuel. Un mapa. Una vida lógica, una ruta trazada... y tú no estabas en ese mapa.

MANUEL: (Cara a cara). ¿Y tu plan incluía quitarte el frío de las tres de la mañana… con tu roomie?

PABLO: (Gritando) ¡Prefiero una vida ordenada! ¡Prefiero las cosas predecibles a este  "no sé qué" que me quita el aire cuando te veo!

(La tensión estalla. MANUEL lo toma de la nuca y lo besa. Es un choque que rompe la resistencia de PABLO. PABLO se queda rígido y, tras un segundo, se entrega sin poder contenerse más. El control cae al suelo. Se abrazan con furia. Se separan casi sin aliento).

PABLO: (Susurro, tocándose los labios) ¿Qué... qué acabamos de hacer?

MANUEL: Yo... solo quería que dejaras de pensar tanto las cosas.

PABLO: (Procesando. Una risa pequeña asoma). ¿Estuvo bien? ¿Tú... tú lo sentiste?

MANUEL: Estuvo... mucho mejor que solo bien. Fue… Como si encendiéramos todas las luces de la ciudad al mismo tiempo.

PABLO: (Suelta una carcajada de liberación absoluta). ¡Dios mío! ¡Y Era tan fácil! (Ríe y abraza a Manuel). ¡Tanto caparazón destrozado por un beso fulminante! ¡Qué tontos hemos sido!

MANUEL: (Riendo) ¡Vaya que nos costó encontrar el momento justo!

(Se ríen con una felicidad ruidosa. Se abrazan y se besan de nuevo, celebrando su propia inauguración).

(En el umbral, asoman DON TOMÁS y DOÑA ELVIRA. No dicen nada; simplemente sonríen y asienten. Elvira pone su mano en el hombro de Tomás. Confirman en silencio que la vida encontró su curso).

PABLO: (Patea el mando hacia un rincón con alegría). ¡No más televisión, Manuel! Y no más pantallas, por lo pronto… Llegaremos a buen puerto los dos juntos, en nuestra pequeña casa… Prefieres en tu cuarto o en el mío…

MANUEL: En el mío… Puse sábanas limpias… aunque no lo creas.

PABLO: Eso habrá que comprobarlo… Nos vemos luego, vecinos.

(Se abrazan mientras la estática de la TV se apaga, dejando solo la luz cálida de la sala sobre ellos).

TELÓN FINAL.


 

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