Saca a tu mami de la maleta y tírala…
(al el fondo del mar.)
Saca a tu mami de la maleta y tírala (al fondo del
mar)
Sinopsis Corta:
Diez
años de pareja, una crisis de los 40 a la vuelta de la esquina y el fantasma de
una madre que no se calla nunca. Elías, un neurótico profesor de letras clásicas,
y Matt, un práctico gerente amante de las motos, intentan salvar su aniversario
en una playa de México. Pero el equipaje es literal: Doña Rina, la madre
fallecida de Elías, reaparece como una glamorosa visión de los años 50 para
juzgarlo todo, desde su cuenta bancaria hasta su "estilo de vida".
Una comedia ácida sobre el duelo, la codependencia y esa herencia emocional
que, por más que intentemos, nunca terminamos de desempacar.
PERSONAJES:
- ELÍAS
(39):
Profesor de Letras Clásicas. Ve acercarse su cumpleaños 40 como si fuera a
presentar un examen de oposición.
- MATT
(32):
Gerente comercial de una empresa de prestigio. Guapo, atrabancado como un
potro, maneja motocicleta; prefiere a los hombres mayores.
- DOÑA
RINA (25): La madre ya fallecida de Elías. Aparece como una
versión joven y glamorosa de los años 50. Solo ellos la ven.
- ROBERTA
(Voz/Video): La hermana "new age" de Matt.
ESCENA 1: Noche de ronquidos y despertares
ESCENARIO:
Habitación de un hotel de surfistas frente al mar en Zicatela, Puerto
Escondido, México. Una maleta abierta revela un casco de moto y, presidiendo la
credenza, bajo la tv, un retrato gigante de una anciana (DOÑA RINA). La luz del sol es cegadora. El ambiente es
húmedo, pero placentero. Un silencioso ventilador o un aire acondicionado portátil
hacen más agradable la estancia.
(MATT está de pie,
envuelto en una toalla, mirando significativamente a su esposo, tras haber sido
expulsado de la cama. ELÍAS duerme abrazado a todo el edredón como si fuera un
tesoro pirata. MATT le lanza una sandalia).
MATT: ¡Amor!
¡Despierta! Es nuestra "segunda luna de miel", no un concurso de
quién duerme más. Ándale, pareces un viejito.
ELÍAS:
(Despertando con dignidad herida) Viejitos tus lindos cachetes. Soy un modelo
clásico que circula diario. Y tú, como te dormiste como un muerto desde las 9 de
la noche, ya me quieres despertar como si fueras un poodle
ansioso.
MATT: (Levantándose)
No dormí tan bien, sabes… Había un bulldog gigante y baboso que me ponía encima
sus patotas. Ah, y además roncaba.
ELÍAS: (Le
habla al enorme cuadro de su madre) Mira, Mamá… Y tú querías que me casara con
un médico o un banquero. Pero no, me casé con el chico de la moto.
MATT: Gerente
comercial, aunque te cueste más trabajo decirlo.
ELÍAS: Y
suicida motorizado… ¿Para qué trajiste tu casco?
MATT:
Rentarán motos, ¿no?, o al menos una cuatrimoto.
ELÍAS: Seguro
que sí, pero a ver quién te acompaña… porque yo… me voy como anciano de la
tercera edad a broncear todo el día.
MATT:
¡Aburrido!
ELÍAS:
¡Salvaje!
ESCENA 2: LA ENTROMETIDA
(De pronto, una mujer
joven, vestida con un traje de boda muy elegante con velo y sombrero, emerge de
detrás de las cortinas. Es DOÑA RINA a los 25 años. Luce el vestido que
siempre usaba para las bodas de su época. Se sienta en una silla con mucha
propiedad).
DOÑA RINA: Yo
siempre te insistí en que cultivaras tu amistad con Héctor, el banquero que
tenía chofer. Él sí que era un gerente… de los que valen la pena…
MATT: (A DOÑA
RINA) Ya empezó la señora. Le enseñaría mi recibo de nómina, señora Rina, pero
mejor que su hijo le enseñe el suyo… De profesor de asignatura… Ah, qué poquito
ganan; pero eso sí, son los grandes académicos, pura eminencia pobre.
ELÍAS:
(Ofendido) Aunque te pese, trabajo en la mejor universidad de Latinoamérica, y
lo sabes.
MATT: Sin
plaza. Yo pago más de las tres cuartas partes de todo.
DOÑA RINA:
(Ignorando a Matt) Ah, ahora anda de cuentachiles tu roomie… el del sueldito. Al menos hubieras conocido a don
Ayub, era un poco mayor, pero tenía edificios completos en la del Valle…
ELÍAS: Sí, me
lo presentaste, mamá… Antes de que te fueras…
MATT: ¿Al cielo?
ELÍAS: A dónde
quiera que te encuentres…
MATT: ¿En el infierno?
DOÑA RINA: Vaya, tu dizque roomie
hoy está muy ingenioso.
ELÍAS: Tú eres
la que decía que era mi roomie.
DOÑA RINA: Eso decías tú… que
Matías te ayudaba con la renta, y que dormía en… no sé dónde porque solo tenían
una recámara en ese mugroso estudio de 40 metros cuadrados… y un solo baño, por
Dios, un solo baño.
MATT: (Sarcástico) En
la cocina, Doña Rina, yo dormía en la cocina… ¿Pues dónde más?...
DOÑA
RINA: Sencillo, en el futón, te habría quedado bien…
MATT: Claro… ¡Uy, si
ese futón hablara!
DOÑA
RINA: Estás mal, muchachito, no tienes remedio.
MATT: (Muy irónico) Ah, y a
propósito de estar mal… yo creo que de la cabeza, ¿no?, o de los pies… ja, ja… me acuerdo que su dulce y atractivo esposo… decía
que él ya sabía de tu “problema”, Elías…
ELÍAS: No me
digas Elías… que no estamos enojados. Y no hables así de mi papa.
DOÑA
RINA: Yo también siempre supe de tu problema, hijo… Te acuerdas de cuando ponías
posters de hombres desnudos en tu recamara… Puras estatuas griegas decías, puro
arte… Puros muchachos musculosos… Pero no ponías nunca a una mujer desnuda.
ELÍAS: Yo
nunca tuve “un problema”, los que se ponían mal eran tú y papá… Ustedes sí que tenían
un problema de aceptación. Ah, pero que no fuera yo a dejar pasar a un buen
partido como tú decías, porque hasta le habrías dado una anacrónica dote si se
trataba de un arquitecto o un doctor…
MATT: Anacrónica… vaya con
el profe…
DOÑA RINA: Pues sí, pues cómo no…
me hubiera gustado verte casado con un hombre que te mantuviera como te lo
merecías y no con… Esto.
MATT: Ay,
doña Rina, ya me acordé por qué no la invitamos a nuestra boda… ¡Se hubiera
pasado el banquete presentándole solteros exitosos rucos y rubios a Elías!
Lástima que no pudiera ir… Fue una boda civil encantadora, sin malas vibras, sin
clasismo, sin homofobia y con pura gente sana y joven y no tóxica, ¿sabe?
ELÍAS: Bueno,
ya, Matías, te estás pasando de la raya.
DOÑA RINA: (Con
melancolía) De su supuesta “BODA”… Pues…
Me enteré por casualidad… Eso de publicar todo en el Facebook… ¿Sí sabían que
todo el mundo se entera de sus travesuras?, ¡todo el mundo!
ELÍAS:
(Cansado de ser tolerante) No, mamá… no fue una supuesta boda, fue un
compromiso civil y legal… Y Travesuras a los cuarenta no lo creo… Oye, y
acuérdate que yo nací de una travesura. ¿O tú y papá me engendraron en probeta?
DOÑA RINA: Me
estás faltando al respeto, Elías.
MATT:
(Remedándola) ¡Me estás faltando al respeto! ¡Elías!
DOÑA RINA: ¡Dile,
dile que se calle! Demuéstrale quién lleva los pantalones.
MATT: Ay,
señora, no me haga usted reír.
ELÍAS: Sí, mamá, será mejor
que tengas un poco de respeto… O si no...
ESCENA 3: ECOS DEL PASADO
(Suena el celular de
Matt: videollamada de ROBERTA. Se ve a una mujer con turbante y un
sahumerio).
ROBERTA:
¡Namasté, pecadores! ¡Sultán les manda luz color zafiro! Elías, me vas a matar,
pero Sultancito se tragó el cuarzo de amatista, el del librero turco.
ELÍAS: (Gritando
al teléfono) ¡Ay, bruta… Espero que sea una de tus bromas!
MATT: Es una
broma, es una broma. Mira, ahí está Sultancito durmiendo panza arriba.
ROBERTA: Ja, ja…
no aguantas nada, abuelito… Ya casi me vas a alcanzar… ¿Cuántos?, ¿45?
ELÍAS:
(Ignorando la provocación) ¿Y cómo está Chilaquil?
ROBERTA: Chilaquil
está gordo, gordo, porque se la pasa leyendo libros de etimologías latinas y
griegas y es tan sedentario que ya la silla donde estudia tiene su huella gorda
y sedentaria. ¡Besos! (Corta).
ELÍAS: (Se
mira la panza, horrorizado) ¿Me dijo gordo?
MATT: Gordo y
sedentario. Nada que no te haya dicho yo.
ELÍAS: ¡Discúlpame,
niño…Tengo casi cuarenta! ¡Es el metabolismo! ¡Mamá, ya te ofendiste ¿y ahora te
vas a quedar callada? Sabes que conozco tus estrategias.
DOÑA RINA: (Cambiando
la conversación) Tu hermana es una hippie, nunca me gustó. Yo con ella de
lejitos.
MATT: ¿De eso
se trata?, ¿ese es el remedio? Sabe una cosas, señora: Elías es un hippie,
¡Elías es un hippie de clóset!
DOÑA RINA: Eso del
clóset ya se acabó, bien lo sé… eso de publicar sus trapos sucios en Facebook…
ya no hay principios. Todo el mundo sabe de ustedes… dos.
ELÍAS: ¡Mamá! No
entiendo por qué a pesar de que no aprobabas mi estilo de vida… a mí siempre me
preferiste… Muy por encima de la hippie de mi hermana… No te parece que más que
su madre fuiste su enemiga…
DOÑA RINA: Tu hermana no se
merecía que la quisiera… Cuando se fue de… Hippie a los dieciocho años
cumplidos, me retó… me hizo a un lado… y eso yo no lo perdoné nunca.
ELÍAS: Sabes qué, “mami” … ya
me cansé de que todo gire en torno a lo que tu sientas tu apruebes o tú
perdones… Creo que por lo pronto te guardaré en la maleta…
MATT: Sí, ese vals sí que me
gusta, sí señor.
DOÑA RINA: No te atreverías, hijo…
Mira, yo soy tu madre… Te alimenté con estos amorosos pechos… ten cuidado con
tus decisiones que ya sabes que tendrán consecuencias… ¡Elías, noooo!
Durante ese último
parlamento, Elías ha metido en el fondo de la maleta al retrato de su mamá, y
al mismo tiempo, el personaje que representa a la madre joven se va lentamente atrás
de la cortina hasta desaparecer.
Escena 4: TRANSICIÓN
Han pasado tres días. Matt y Elías se preparan para
ir a la playa. Se les ve más relajados y con menos ganas de estar peleando.
Matt: Te gusta este traje de baño o de plano está muy,
muy provocativo.
Elías: A mí sí que me provocas… Si se me nota que me hace
efecto tu provocación tú tendrás la culpa.
Matt: Ah, qué bello es estar en silencio, siento que me
acaricia el aire de la playa, siento que esta playa de surfistas es la mejor
playa del mundo, con su olas tan altas y sus surfistas tan…
Elías: ¿Esculturales?
Matt: Guapos, guapos, no seas tan rebuscado.
Elías: No sé, Matt… No puedo dejar de sentirme culpable…
Matt: Ni se te ocurra sacarla de la maleta… echarías a
perder el gran paso que has dado, mejor vámonos ya a la playa… Un mundo de
surfistas de olas gigantes nos espera. Ándale, camina.
Elías: Sí, amor… tienes toda la razón, vamos.
ESCENA 5: LA PASARELA DE LAS OLAS
(Caminan por la
pasarela hacia la playa. Matt luce sus tatuajes y su cuerpo de atleta. Elías
lleva sombrero, gafas de sol y una bolsa de playa llena de bloqueador solar
factor 100).
MATT:
Relájate, Elías. Mira a esos surfistas... tienen veinte años y cero
preocupaciones. Te están mirando.
ELÍAS: No me
miran a mí, Matt. Me ven como el sugar daddy que paga
las micheladas. O peor, ellos piensan que yo te las pago… Gracias, por cierto.
MATT: Ya
sabes que para eso es el dinero.
ELÍAS: Mira a
ese rubio... se te quedó viendo los abdominales. ¿Quieres que le dé mi
bendición?
MATT: Y eso
que no me ha visto en moto, con la camisa desabrochada y mis lentes de easy rider…
ELÍAS: (Lo
abraza por la cintura) Y eso que no te ha visto tirado en el asfalto después de
que un taxista te atropelló y se echó a correr.
MATT:
(Mirando el mar) ¿Sabes qué faltaría para cerrar estos maravillosos diez años
juntos? Algo así como un evento extraordinario e irrepetible con un número
tres.
ELÍAS: (Con
una sonrisa pícara) ¿Un número tres? ¿Estás sugiriendo una "colaboración
externa" en la cama? Mira que ese de la tabla de surf se ve muy sonriente...
MATT:
(Aclarándose la garganta) ¿El que está demasiado joven para mí?… Ejem… No. Estaba
pensando en una tercera botella de tequila, pero... (mira a otro surfista,
luego a Matt). Pero mira, ese que se nos quedó viendo… es tan mayor como yo y
casi tan anciano como tú… Si sabe hacer masajes en la espalda… el número tres
podría ser negociable. Solo por hoy, eh.
ELÍAS:
(Riendo) ¡Eres mi héroe, Matías! Es un alivio que hayamos metido a la señora
Rina en el fondo de la maleta. No querría que viera cómo su hijo de cuarenta
años intenta surfear y se desarticula con hombres guapos, sexis y de una edad
perfecta y un cuerpo perfectos.
MATT:
Tranquilo, galán. No seas tan perfecto que no estás dando clases. Pero, con
todo, señor profesor: ¡Es tan placentero escucharlo decir esas palabras!
ELÍAS: ¿Lo de
hombres guapos?
MATT: Lo de
que estaría muy bien guardar a tu mami en el fondo del mar… (Elías lo fulmina
con la mirada) Ja, ja… no me mires así… que se quede en la maleta, en la
maleta… Pero ya no la saques… (Lo agarra del cuello) Ahhhh.
ELÍAS: Será
mejor que corras porque si te alcanzo…
MATT: Ya
estuvo, ya estuvo, ja, ja, ja… Acuérdate que tenemos un trío que hacer…
ELÍAS: Tienes
razón, perdí la cabeza… ¡Vamos! ¡A celebrar nuestra luna de tres!
(Se abrazan mientras
caminan hacia la orilla. Elías se quita la camisa con un gesto de "aquí
estoy yo", mientras Matt le da un empujón hacia la primera ola. Doña Rina
espectral, desde la ventana del hotel, parece hacerles un adiós con la mano
mientras se desvanece).
MATT:
¡Cuidado con el agua, viejo!
ELÍAS:
¡Cállate y dame la mano, que hay un surfista rubio mirándote el trasero!
(Ríen mientras se
hunden en el agua. El final queda abierto, bajo el sol brillante de los diez
años vividos).
Fin