jueves, enero 27, 2022

Monólogo Cromosoma Galia, Fernández Chapo Gabriel










Introducción a "Cromosoma Galia"



A continuación presentamos "Cromosoma Galia", un intenso y visceral monólogo dramático del autor argentino Gabriel Fernández Chapo.

La obra nos sitúa en el epicentro de una crisis existencial. Galia, una mujer de treinta años, ha decidido dinamitar los cimientos de su vida conyugal rutinaria y "pasteurizada". Refugiada en la sordidez de una habitación de hotel de baja categoría, mientras el atardecer tiñe de rojo el ambiente, Galia confronta telefónicamente a su marido, Julio.

A través de un torrente de palabras crudas, cargadas de rencor, dolor y una desesperada lucidez, Galia se desnuda emocionalmente. Es un grito contra el papel de esposa complaciente que ha interpretado durante años y una búsqueda radical —y quizás autodestructiva— de una identidad propia, dispuesta a cruzar límites morales para volver a sentirse viva, aunque sea por una noche en brazos de un desconocido.



Sobre el autor: Gabriel Fernández Chapo

Gabriel Fernández Chapo (Buenos Aires, 1975) es una de las voces más sólidas y polifacéticas del teatro argentino contemporáneo. Su labor integra de manera excepcional la creación dramática, la investigación teórica y la docencia universitaria, lo que otorga a sus textos una profundidad intelectual y una eficacia escénica singulares.

Trayectoria Artística

Como dramaturgo y director, ha desarrollado una obra caracterizada por la exploración de los márgenes sociales y la fragilidad de los vínculos humanos. Entre sus reconocimientos más destacados se encuentran:

  • Premios Internacionales: Obtuvo el Tercer Premio del Concurso Internacional de Teatro “Expresiones” en Venezuela por su obra La luna.

  • Teatro x la Identidad: Su obra Mil puertas fue seleccionada por la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo para formar parte de este emblemático ciclo.

  • Obras Clave: Es autor de piezas potentes como La carreraLa casa chicaPerturbaciones y el monólogo Cromosoma Galia.

Labor Académica e Investigación

Fernández Chapo es Licenciado y Profesor en Letras (UNLZ). Su compromiso con el pensamiento teatral lo ha llevado a ser:

  • Investigador: Miembro del Centro de Investigación en Historia y Teoría Teatral (UBA) y del Área de Artes Escénicas del Centro Cultural de la Cooperación.

  • Docente: Profesor en la Universidad del Cine y en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, formando a nuevas generaciones de artistas y críticos.

  • Crítico y Jurado: Colaborador habitual en medios especializados como el periódico Artes Escénicas y jurado del prestigioso Premio “Teatro del Mundo”.

Su formación se ha enriquecido con maestros de la talla de Mauricio Kartun y Rubén Szuchmacher, consolidando un estilo que transita entre la crudeza del realismo social y la introspección psicológica más aguda.






Cromosoma Galia




SINOPSIS: Una mujer de treinta años, cansada de su rutina matrimonial, decide abandonar a su marido y escapar a un hotel de baja categoría. Por primera vez sola, intentará encontrarse a sí misma y jugará a coquetear con ser otra mujer: una prostituta.

Correo electrónico del autor:


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CROMOSOMA GALIA

Silencio. Ruido de secador de pelo. Se ilumina la escena. Habitación de hotel de baja categoría. Galia, mujer bonita de 30 años, está secándose las uñas recién pintadas de los pies con el secador de pelo. Se encuentra sentada en el frente de la cama. A la izquierda, hay un gran ventanal con las cortinas mustias abiertas. El atardecer comienza a mostrar su color rojizo. El ventilador de techo gira muy lentamente. Olor a sudor y sábanas sucias inundan el ambiente. La televisión está encendida, pero con el volumen apagado.
Durante toda la escena, Galia irá cambiando su ropa, y preparándose para un encuentro íntimo. El parlamento final la debe encontrar en situación precisa en vestimenta y posición para una relación sexual.
Comienza a sonar su teléfono celular sobre la mesa de luz. Suspirando, se recuesta de espaldas sobre las sábanas. El celular sigue sonando. Recostada, cuenta las marcas de quemaduras de cigarrillos en el respaldo de la cama. El celular no deja de sonar.
GALIA: ¡Mierda! (Atiende)
Ya te dije, Julio.
¿Me escuchás?
Aprendí.
Ya no soy la misma.
Tanto he rascado mis heridas que me encontré otra piel...
de hembra sin dueño ni sueños.
Qué increíble, ¿no?
Tanto rato a tu lado sin cambiar nada,
el lugar en la mesa,
la presa del pollo
y ahora...en unos días...puuufff.
Todo cambia.
Ahora encendés tu auto.
Querés ir a buscar a tu esposa.
Estás convencido de que las puertas de tu rodado
tienen trabas suficientemente fuertes
como para detener la furia de una mujer.
¿Adónde vas a ir? ¿dónde me buscarás?
¿En qué puerta tocarás bocina con la esperanza
de que suba corriendo a tu máquina?
Estás desorientado.
La vida, carajo, es rara.
Años usando el mismo perfume
como si fuera una laca que podía perpetuar
nuestra pareja pasteurizada,
creyendo que la felicidad era eso:
empujar a tu lado los domingos un carrito de supermercado
con orgías de promociones “Carrefour”.
Infamias
de mi pecho
que gusta
de llenar de ilusiones a barcos con destinos inciertos,
de dejar cajitas con pedazos de mi alma en esquinas cualquieras.
Pero repito:
a pren dí.
Esa mujer que nos inventamos no soy yo.
¡Ok!
Tanto golpear con la frente las paredes
abrí una idea en mí.
Ya la sabía.
Sólo que de vestirme de tantas mentiras,
la verdad ya no me sentaba bien.
¿Acaso no veías
que un cansancio eterno me arrullaba los ojos,
que mis días se montaban a una silla de ruedas
en una pendiente sin fin?
¡Forro! ¡Pendejo!
Las cosas cambian.
Cuando te conocí, te había visto
tan entusiasmado en romperme el pecho
que no te llevé la contra.
Toda esa ilusión ingenua
de las dos toallas con nuestras iniciales colgadas del baño.
Un amor tonto, pero cómodo, de sofá beige
con almohadones color ladrillo.
¡Mierda!
¡Mierda que una mujer puede ser bien tonta
si un tipo le resuelve el enigma de su pena!
¡Qué me parió!
¿Por qué me ahogué en tus ojos color traición
y quebré mi promesa de no volver a embriagarme
en el bar de la desilusión?
¡Cuánto de vida he pagado
para poder quedarme dormida
tan mínima tan pequeña
en los brazos de un hombre!
Pero basta, Julio.
Tu imperio de cafés en la cama,
de milenios de silencio pedidos solo para mirarte ha caído.
Date cuenta.
Ya no me reiré de tus chistes malos,
no miraré el fútbol contigo
ni mentiré por ti enfermedades en tu trabajo.
Tu trono lo ha ganado la desazón y el vacío.
Ahora un portaretrato sin foto se columpia frente a mis ojos.
(Pausa)
Siento el motor de tu vehículo
rugir debajo de tus pies.
Inquietos: no saben si frenar o acelerar.
¿Hacia dónde ir?
Para encontrarme, sólo tenés que guiarte por la intuición.
Si soy tu mujer, no te hace falta olfato ni ojos para hallarme.
¿Cuánto sabés de mí?
¿Cuánto de mí pudiste retener realmente en tu mente estos años?
Sabés...
anoche
por primera vez
me dije a mi misma la palabra “soledad”
y no temblé.
Ya no me asusta pararme frente al espejo
y ver todo lo que no seré.
¡Qué se vaya todo a la mierda!
No ser nada
ofrece tanto alivio, tanta liviandad.
Lo entendí, Julio.
En un segundo.
Como si mi cuerpo, mi alma
hubiese estado 30 años gestando esto...
que recién ahora puja por salir.
Maduré...
o me pudrí.
Vaya a saber.
¿Cuál es la diferencia?
¿El olor?
En este cuarto nada huele bien.
Así...
en un chasquido de dedos
entendí todo:
la naturaleza lo sabe.
La clave es comer y no ser comido.
Y vos me devoraste, Julio.
Todos estos años.
Con tu aire a Hugh Grant
y tus pullóveres lisos color pastel.
Me volaste los pétalos
y quedé sólo espinas.
Decime:
¿cuándo dejamos de buscar la luna por las noches,
cuándo dejamos de volver rápido a casa para vernos?.
(Escucha a Julio por teléfono. Recobrando su ímpetu)
¿Ahora me querés ver?
Me ves cuando no estoy.
¡Paradoja de pajero!
Cuando podías verme, esquivabas la mirada.
Fui el adorno más costoso de tu departamento,
con ropa “Zara” y fragancias de “Chanel”.
Tranquilo te llenabas de negocios
y aspiraciones nuevas
mientras tu mujer se entretenía por las mañanas
entre microscopios y tubos de ensayo.
Y una esposa con delantal blanco y paga escasa
está bien visto por tus colegas con el código de barras
tatuado en sus culos.
Tranquilo fuiste matando a mi hombre amado
y dejaste en su lugar a este impostor
al que le sienta muy bien tu cuerpo.
Nunca me viste, Julio.
¿Entiendes lo que digo por ver?
¡Carajo! ¡Qué vas a saber!
Ni te interesa.
Me dices que siempre estoy disconforme con todo,
que nada me viene bien
y con eso me callas y vuelves invisibles
mis palabras.
Como tu photus de balcón,
me regás con tu leche una vez a la semana
y que no joda.
Y yo, tu yerma, preparando tus tortillas de papas
y rogando ganar la quiniela en la jugada del domingo.
Mi concha, vientre de vida, se volvió cicatriz
y por ella sangro.
Vuelvo rojo mis días.
Te rogué:
tapá mi torrente con tu niño,
pongamos a un bebé todos nuestros sueños frustrados.
Nada.
Laburo. Y más laburo.
Que la hipoteca y me cago en Dios.
(El le habla)
¡Qué carajo me importa tu fidelidad!
Tu cerebro de átomo desintegrado
solo cree que una mujer sigue un camino de huida
si le son infiel.
Quizás otra vagina caliente
te hubiera dado el electroshock justo
para que tu pecho vuelva a latir.
Yo no.
Soy solo una célula blanca.
Una infección que se pone mis ropas.
Y me oxido.
¿Sabías que las personas nos oxidamos?
Sí. Como los hierros o las manzanas.
En el laboratorio lo veía por el microscopio
cuando en realidad el microscopio me miraba a mí.
Ya no.
Todo en mí es una alarma que no calla.
Vos trabajabas y una tarde
abrí la heladera y vi.
Allí... cada uno de mis deseos
vencidos, fríos,
juntando gusanos y pobredumbre.
Es mi culpa.
Que ya no repetiré.
No me quedaré más a la sombra
vagabunda de tu barba de tres días
ni me invitaré sola a la fiesta de tu alegría triste.
Ya no me apetece vivir
solo la resaca del amor.
Y aunque llegué tarde a la cita con la suerte,
prefiero esperarla aquí.
Quizás olvidó algo por estas calles
y se dé una vuelta nuevamente.
Hagamos silencio.
Quizás yo escuche el escape de tu automóvil
haciéndome saber que estás acá.
Quizás abras esta puerta de una patada,
me cojas violentamente en esta cama extraña
y por unos minutos nos olvidemos de todo.
¿No te das cuenta, Julio?
Olvidamos lo que es extrañarnos.
No nos mintamos más.
Cada uno por las noches soñaba secretamente
con volver a enamorarse.
Porque eso quiero...
un nuevo amor
de receta irrepetible
y sabor inigualable.
Sin condicionamientos
ni letra chica.
Quiero un amor adolescente.
Fresco, puro presente.
Que mis pezones como ojos
le apunten a su entrepierna.
Un amor que no especule,
cuya única preocupación sea
qué vestido ponerme la próxima cita
o hasta dónde dejaré sus dedos
hurgar debajo de mi pollera.
Un amor que me dé el impulso de saltar de la cama
y no convierta mis sábanas en plomo.
¿Recordás esa sensación?
El arrebato,
las noches sin dormir,
los llantos hasta que los ojos se caen,
el latido más fuerte,
las cartas quemadas,
el teléfono mudo?
¿Te acordás cuando alguna vez
perdiste una de tus putas tardes
sólo para ver a alguna muchacha
pasar por la esquina?
¿Cuánto hace que no te gana el insomnio por una mujer?
¿Cuánto hace que no cogés con la mina que realmente deseás?
Me siento tan bebé.
Cada pensamiento me quita diez años.
Cada paso parece dirigirme hacia el vientre de mi madre.
¿Por qué pasa, Julio?
Cuando pusiste todos los ingredientes de la receta
y el plato no sale sabroso, ¿qué se hace?.
Ya cumplí todos los requisitos para entrar a la felicidad.
Hice las cuentas y los deberes
pero no tengo nada.
¿Qué le digo a mis días que me pedían agua
pero mi sed nunca se acaba?
¿Qué mierda hacer?
¿Dónde está mi falla de fabricación,
quién cubre la garantía de mi deterioro?
Cuando vivís una vida creyendo en el frío del mar
y resulta que los peces hierven.
¿Se puede aprender a caminar haciendo la vertical con las manos
o como hacer para que el mundo no me parezca que está al revés?
Quiero ser una mujercita
feliz del peceto con papas
y de que la nena volvió a cagar bien.
Quiero mandarte mensajitos preguntándote
a qué hora pongo los fideos
o si para mañana debo plancharte una camisa.
Me calcé la chaqueta de la vida ordinaria
y la rutina me volvió trampolín sin agua
el camino de los días.
Ya estoy grande para empezar una vida.
Una vida que no me enseñaron, que desconozco.
¿Entendés?
Ahora que pienso nunca estuve sola.
No sé lo que es estar conmigo.
Nunca me tragué el llanto menstrual por mi misma
ni tuve todas las cuentas a mi nombre.
Toda la vida cogiendo en lugares limpios y seguros,
esperando con tu campera en mano que salgas de las casas de deportes
o contando los lunares de tu espalda tumbada en la cama.
Andá, tranquilo, Julio.
No llamaré y cortaré por teléfono toda la noche
ni pondré tus anécdotas de avaro en bocas risueñas de divorciadas.
(Se recuesta en la cama. Está en justa posición para iniciar un encuentro íntimo)
Seguiré aquí...
muriendo horas hasta que llegue el tipo que me coja sin amor.
Menos que puta seré. Escupiré sus monedas.
Ligándome un cuerpo extraño, Julio, veré
cuán extraño me era el tuyo.
(Se escucha una frenada de automóvil)
Apagón

martes, enero 25, 2022

 










LA GATA MUJER
de
Leonel Giacometto y Patricia Suárez


Basada en una fábula de Samaniego



PRIMER PREMIO DEL TEATRO GUIÑOL, ORGANIZADO POR MAISON D’AMÉRIQUE LATINE EN RHÔNE-ALPES, FRANCIA, 2009.


Personajes

Venus
Félix
Zapaquilda


Escena 1
Félix está sentado con una gata en la falda.
La acaricia a contrapelo.

Félix:
Ah, si la bella Venus consintiera mis favores! Ah, si alguna vez se dignara mirarme! Tanta soledad que sufro... tantos años de soledad porque ninguna de las ingratas de esta cuadra ni de la otra me quiere para marido. ¿Y por qué, eh? ¿Porque soy tacaño, dicen unas? Mucha mentira, no soy tacaño y testigo es esta gata que come bocado de jamón todos los días. ¿Porque tengo mal carácter, dicen las otras? Mayores mentiras, que esta gata, mi buena Zapaquilda, me ha visto prodigarle mil caricias... ¿No es cierto, gatita? Ah, buenita, buenita. Por eso, Venus, no seas injusta conmigo. Te llevaré a tu templo en la isla un gran ramo de flores, las que más te gusten. Margaritas no ha de ser lo tuyo, diosa, sino tamañas rosas, rojas y enormes como melones...

Venus:
Estoy oyéndote, Félix. Continúa.

Félix:
¿Eres tú, diosa Venus?

Venus:
Sí.

Félix:
¡Ah! No vendrás a matarme, ¿verdad? Por haberte sacado de tus divinas ocupaciones...

Venus:
En realidad, me estaba tiñendo el cabello. Con aceite de nuez.
Cuando me distrajo este deseo tan estúpido que tienes, y eso que yo estoy tan acostumbrada a oír deseos estúpidos y barbaridades sin nombre que se les ocurren a los hombres...
Las mujeres son un poco más modestas en los pedidos, y a decir verdad, le cansan la paciencia más a Diana que a mí, siempre pidiendo por sus hijos, por la salud cuando están enfermos y por la gloria cuando están sanos... Que a Aristidito le va mal en el gimnasium, que Fedrita tiene la escarlatina...

Félix:
Sigue con tu cabello, diosa. No vaya a manchársete.

Venus:
¿Qué?

Félix:
Es que tengo vergüenza de interrumpir tus...

Venus:
Decía que no había conocido a nadie con un deseo tan estúpido como el tuyo.
¡Hacer de una gata una mujer!
Qué idea tan descabellada...

Félix:
Ella es mi mejor compañera.

Venus:
Sí, sí. Porque no habla sino que solo maúlla.

Félix:
Es una gran cazadora de ratones.

Venus:
¿Para eso quieres una esposa?

Félix:
Es suave al tacto... y... mira sus ojos, qué bellos. Parecen dos auténticas esmeraldas... Dime si no es cierto...

Venus:
No lo sé. Como nunca he visto esmeraldas falsas no puedo decirte si parecen auténticas o...
Ah, vamos.
¿Con qué la alimentarás?
No irás a creer que va a pasar los días mordisqueando el queso.

Félix:
No...
Cazaré...
Iré al bosque a cazar...

Venus:
¿Qué pasó con Clea, la morena?

Félix:
No me quiso. Era caprichosa, quería regalos costosos. Me despreció por pobre.

Venus:
¿Y con Filis, la rubia?

Félix:
Altanera. Quería que fregara con un trapo el piso antes de que ella lo pisara. Quería que la llamara Señora y no Filis. Era presumida y a cada rato hablaba de cuántos pretendientes tenía y cuán mejores que yo eran, y del gran favor que ella me hizo al rebajarse a posar sus ojos en mí...

Venus:
¿Y las demás?
Euterpe, Talía, Febe?

Félix:
No me quisieron.
¡Ten piedad de mí, diosa!
¡Vuelve a esta gata, mujer, para que me ame para siempre!

Venus:
Para siempre, para siempre... qué capricho ustedes los hombres en hablar así. El para siempre de ustedes es para nosotros un suspiro... apenas un sorbo de ambrosía...

Félix:
Te lo suplico, diosa.

Venus:
Hágase, Félix.
Pero conste que te advierto que esto te dará mayores jaquecas que Talía, Febe, Filis, Euterpe y Clea, las cinco juntas.

Félix:
Verás que no, diosa.
Verás que al fin se dará para mí el amor.

Venus:
Qué porfiado...
Mejor volver a mis cabellos...


Escena 2.
En el centro, Félix y Zapaquilda (hecha mujer pero con bigotes de gato), recién casados, danzan muy lentamente. A un costado, sentada, Venus.

Venus (Bostezando):
¿¡Cómo pueden bailar sin música!? ¡O me estoy quedando sorda?

Chasquea los dedos. Cambian las luces. Vuelve a chasquear los dedos y las luces vuelven a ser las de antes. Los amantes ni se inmutan.

Venus:
No, sorda no estoy. Son ellos. Ellos que bailan sin música. ¿Qué ritmo siguen?

Vuelve a bostezar.

Venus:
Ay, tan triste lo vi a este pobre mortal que, finalmente, accedí... Y allí está, su doncella, su gata hecha mujer... (Los observa.) Aunque no sé por qué tiene esos bigotes tan horribles... Bah, no creo que le importe a él.... Después de todo, él no puede andar eligiendo a esta altura de su vida.

Venus chasquea los dedos y hace aparecer un peine con el que comienza a peinarse lu larga cabellera.

Venus (Peinándose.):
Eran otras épocas las de los sirvientes. Ahora todo lo tengo que hacer sola... No vuelvo a teñirme de este color nnunca más...

Félix y Zapaquilda danzan y sonríen.

Félix (Bailando.):
Es usted tan hermosa, Zapaquilda, que no me atrevo a tutearla.

Zapaquilda (Bailando.):
Yo tampoco, mi buen Félix. Yo tampoco.

Se miran y sonríen con complicidad.

Felix:
Baila usted muy bien, mi flamante esposa.

Zapaquilda:
¿Qué es flamante?

Felix:
Nueva.

Zapaquilda:
¿Nueva? ¿Qué, hubo otras?

Felix:
Pero ninguna como usted, mi Zapaquilda.

Zapaquilda (Sonriendo.):
¿Sabe? No recuerdo nada de lo que usted me contó sobre mí.

Felix:
¿No recuerda cuándo la arrullaba toda la noche en mi regazo?

Zapaquilda:
No, es una pena. Sólo recuerdos vagos. Algunas imágenes suyas...

Felix:
Mejor, mi amor. Serán todas nuevas experiencias.

Zapaquilda:
¿Así lo cree usted? Es tan feo no tener recuerdos.

Felix:
A contrapelo la acariciaba yo.

Zapaquilda:
¿Y no me despeinaba?

Félix:
No, lo hacía con suavidad.

Zapaquilda:
Ah, que pena.

Félix:
Lugo volveré a acariciarla y será todo nuevo para usted.

Zapaquilda:
¿Soy bella? ¿Soy como usted me imaginó?

Felix:
Por supuesto. Usted es el fruto de mi amor. Usted existe por mi amor. Y mi amor es bello.

Zapaquilda:
¿Y entonces?

Felix:
La diosa Venus no pudo hacer mejor trabajo. Usted es todo para mí, y yo seré todo para usted. Mis caricias serán tan reconfortantes para usted que no necesitará nada más.

Zapaquilda:
Son muy tiernas sus palabras.

Félix:
No tengo más que ternura para usted. Sólo ternura.

Se besan (ella con timidez) y comienzan a bailar más rápidamente.

Venus:
Cómo me aburren los diálogos de amantes. Siempre están hablando de lo mismo. Siempre las mismas pavadas, las mismas palabras sin sentido...

Chasquea los dedos y cambian las luces. Los amantes siguen danzando.

Venus:
Nada.

Vuelve a chasquear los dedos y surca el lugar una ráfaga de viento. Los amantes siguen danzando.

Venus:
¿Se estarán burlando de mí? ¿Será eso? ¿Tan desagradecido puede ser este mortal como para burlarse de mí después de...

Chasquea los dedos una vez más y un ratón surca el lugar. Zapaquilda se detiene de repente y comienza a oler por todos lados buscándo el ratón. Félix se desespera.
Zapaquilda corre al ratón, lo encuentra y se lo come. Félix pega un alarido.

Venus:
... Funcionó. La naturaleza es el destino.


Escena 3
Félix y Venus sentados uno junto a otro. Él, muy triste. Ella, con sus manos, se inspecciona el cabello. Silencio extenso.

Venus:
¡Se me está cayendo el pelo!
¡Maldito aceite de nuez!

Silencio. Félix sigue triste.

Venus:
¿Se fue con el ratón?

Felix responde afirmativamente con la cabeza.

Venus:
Qué pena. No era fea, ¿no?

Félix respondo “no” con la cabeza.

Venus:
Ni altanera.

Félix respondo “no” con la cabeza.

Venus:
Ni caprichosa.

Félix respondo “no” con la cabeza.

Venus:
Salvo esos bigotes tan...

Félix (Interrumpiendo.):
¿Qué bigotes?

Venus
¿No has visto sus bigotes?

Félix:
Yo...

Venus:
Ah, el amor, el amor. El amor es ciego.
Eso me produce una pena muy grande.
Porque recordemos que Amor es mi hijo.
Ahora hay un oculista famoso en el Olimpo que se ofrece a andar haciendo operaciones a los miopes... y Amor dijo que experimentara con él también. Ah!, pobre hijo. Apenas dijo eso los dioses se nos vinieron encima enfurecidos. Qué atropello, qué falta de cordura querer volverle la vista a Amor... Cuánto egoísmo, digo yo. ¿No opinas nada? Félix, te estoy hablando...

Félix
Lo siento, no te oí.

Venus:
Félix, Félix.
Hoy lloramos y mañana reiremos.
¿No es ese el lema de los mortales?

Félix:
Estaba enamorado de mi gata.

Venus:
Ah, ah, ah. ¡Una gata! Uno debe buscar según su naturaleza, sus inclinaciones, sus aficiones... Estoy hablándote como una madre, no como una diosa. Si no, a este paso acabarás en amores con un avestruz, un cangrejo, un ornitorrinco... ¿Qué clase de bicho es el orintorrinco? ¿Lo han clasificado ya?

Félix:
Me gustaba mi gata.

Venus:
¿Qué está haciendo ahora tu bella Zapaquilda’

Félix:
Está subida al árbol aquel. Muerta de vergüenza.

Venus:
¡Qué muchacha!
Iré hablarle.

Félix:
Hazla mujer otra vez.

Venus:
¿Para qué?
Ocurrirá otra vez lo mismo, Félix.

Félix:
¡Entonces conviérteme en gato!
Venus:
Ay, qué castigo esta gente.
Félix: no puedo hacer tantas ridiculeces. En el Olimpo pensarán que obro como una vieja borracha. Si quieres ser gato, actúa como gato. Ponte en cuatro patas, y maúlla. Araña la corteza de los árboles. Restriégate sobre las piernas humanas. Siempre propenderás a ser hombre, pero tal vez, actuando todo el tiempo como felino, la vida gatuna se te vuelva costumbre y si a eso le sumamos el amor -¡otra vez la palabreja!- tal vez... con Zapaquilda...

Felix se ha puesto en cuatro patas, imitando a un gato.
Huye hacia el árbol.
Maullidos.

Venus:
¿Cómo puede ser?
Estos mortales siempre se salen con la suya.

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