Donde
el viento hace Buñuelos
Arístides Vargas
Catalina
y Miranda se encontraron en diferentes lugares en tiempos diferentes
sin saber cuál es el tiempo real que les toca vivir. Esta obra está
basada en las improvisaciones que Rosa Luisa Márquez y Charo Francés
realizaron en lugares distintos como Madrid, Quito y San Juan y, de
alguna manera, expresa la amistad surgida del desarraigo, la
solidaridad de las que están fuera de si mismas. Agradezco a estas
dos magníficas actrices, directoras y maestras, el haber compartido
sus mundos, el mostrarme en sus memorias, sus países: España y
Puerto Rico, sus exilios diarios y sus recuerdos.
Escena1
(Catalina
y Miranda esperan que una persona dormida desocupe alguna cama para
dormir en ella)
Catalina: Este hombre duerme
profundamente.
Miranda: Duerme como si intentara olvidar
algo.
Catalina: Siempre llega antes que nosotras.
Miranda: Tal
vez esté fingiendo.
Catalina: ¿Qué?
Miranda: Tal vez esté
fingiendo dormir cuando en realidad duerme...
Catalina: No le
entiendo
Miranda: Tal vez esté muerto.
Catalina: No
creo.
Miranda: (Tocándolo) Mire...
Catalina: Si...
Miranda:
¿Ve?
Catalina: ¿Qué?
Miranda: Nada...
Catalina: Yo no le
despertaría.
Miranda: Yo tampoco.
Catalina: Podríamos perder
el turno.
Miranda: Sí.
Catalina: Los hombres son más trágicos
cuando duermen.
Miranda: Y más aventureros.
Catalina: Cuando
pierdo el turno se me empasta la boca como si me hubiese comido un
mono con cáscara y todo, se me empasta la boca, se me empasta como
si mordiera una pedazo de mono vivo; entonces el cielo se vuelve gris
como el uniforme de la policía y el pensamiento se me licúa como
una sopa, se me licúa aquí..., aquí, ¿se da cuenta?
Miranda:
No se altere, vamos a dormir, sólo es cuestión de tiempo.
Catalina:
A veces he tenido la tentación de pasar la mano por la mejilla del
que duerme por el simple placer de acariciar a una persona
dormida.
Miranda: Mi padre duerme la siesta...
Catalina:
¿Qué?
Miranda: Mi padre... Puedo verlo con cierta claridad,
tomando sombra en la siesta bajo un inmenso árbol, a su costado un
pavo real y en su boca un hilo de baba. No había brutalidad porque
mi padre era joven y dormía.
Catalina: El tiempo pasa más rápido
cuando una duerme.
Miranda: Yo era niña y mi padre era
joven...
Catalina: A veces sueño con ventiladores...
Miranda:
Mi padre siempre quieto como las piedras, ¿Se mueve? Sí, como las
piedras arrastradas poe el viento de la noche... De todos modos, el
viento de la noche también es una suposición.
Catalina: Tiene un
pañuelo?
Miranda: No... por qué?
Catalina: Por nada. Odias a
tu padre?
Miranda: No. Solo lo recordaba.
Escena
2
Miranda:
Todo es perfecto: la luz que atraviesa la ventana donde llegan y
parten aviones hacia un cielo celeste, apenas cuestionado por una que
otra nube... ¿Me escucha? Digo que todo es perfecto: los árboles a
lo lejos y las personas con sus maletas perfectas, despeinadas
suavemente por una música transparente que viaja por el aire
acondicionado, aire inventado para que todo sea perfecto como el
aire, aire... ¿Me sigue? ¿Ah? ¿Sí? Le decía... todo es perfecto:
a la gente se la ve bien, sin problemas, los pájaros vuelan en la
dirección que se debe volar, atraviesan el ángulo de la vista que
se debe atravesar, las persona exclaman lo que se debe exclamar:
¡Oh!, ¡Son pájaros...! Y así, todo es perfecto, sólo yo estoy
demás. Pero como no me veo, todo es perfecto. ¿Me escucha? Bueno,
no importa... Usted no tiene por qué escucharme, yo soy una
extranjera y usted está tallada en el aire... aire.
Escena
3
Catalina: ¿Dijo algo...?
Miranda: No.
Catalina:
Pensé...
Miranda: Pensó mal.
Catalina: No se altere.
Miranda:
Pensó mal, eso es todo.
Catalina: Sí, ya se, pero no se
altere.
Miranda: Usted pensó mal, ¿y yo soy la que me
altero?
Catalina: Pensé que murmuraba algo y a mí no me gusta la
gente que murmura algo, además... Me sale sangre por la
nariz.
Miranda: ¿Quiere un poco de té?
Catalina: No.
Miranda:
¿Quiere mi bufanda?
Catalina: No.
Miranda: ¿Qué quiere,
entonces?
Catalina: Quiero que esos perros que ladran a lo lejos
se callen.
Escena
4
Buñuelo: Permítanme que me presente, Soy Buñuelo, el perro de
Luis Buñuel, también conocido por "el perro andaluz"...
¡guau! Tambien conocido por "el perro poeta", ¡guau! o,
tambien, por "el perro chismoso", a secas. Por una extraña
asociación fui dejado bajo los cuidados de la niña Miranda. No me
quejo... Como bien y me masturbo tres o cuatro veces al día. La Niña
Miranda me dice: ¡No seas asqueroso, Buñuelo! Y yo, ¿qué voy a
hacer, si soy puro instinto...! Veo la vida en blanco y negro, como
las películas de Don Luis, ciertos días le pongo título a lo que
veo, por ejemplo: "La alevosa caída del señor Pérez",
basada en el golpazo que se pegó el viejo Pérez, al posar su vista
en los pechos de Dona Beatriz, la vecina, y no ver la puerta de
vidrio, frontera transparente entre las tetas de Dona Beatriz y el
deseo de Don Pérez. ¡A tetas de vidrio, deseo transparente, para
ser mas claro. O "La muchacha se va porque hace frío".
¿Les conté esa? Bueno, si se la conté, se aguantan, se la cuento
de nuevo.... Estaba yo, como siempre, oliéndome el sexo y a punto de
desmayarme. La calle parecía un fideo tembloroso y la gente parecía
borracha por el agobiante sol que a su vez parecía una escupida de
oro en el cielo de junio... Todo parecía porque nada era
verdad...
M.Superiora: Niña Miranda, ¿qué cree que está
haciendo, qué se cree que está haciendo, niña?
Miranda: Nada,
sólo jugaba.
M.Superiora: Pero, ¿no sabe que aquí está
prohibido jugar? ¿Lo sabe? ¿Lo sabe? ¡Claro que lo sabe! Pero,
¡claro!, la nina... ¿a que jugaba? ¿No sabe que jugar en soledad
es malo? ¿O cree que porque esta sola Dios no la ve? Dios ve todo,
senorita. ¿No se da cuenta que Dios es un ojo? Dios es un ojo y lo
ve todo, un ojo que todo lo ve, un ojo que todo lo puede, un inmenso
ojo celeste...
Miranda: Entonces Dios tomo una navaja y se hizo un
corte horizontal en la mirada.
Escena
5
Catalina: Tengo vértigo, este barco blanco atraviesa la niebla
y siento frío y por fin comprendo cómo la gente oscura, como yo,
nos ponemos pálidos al cruzar la niebla... Es el frío que nos quita
los últimos rayos de sol de nuestra cara y nos pone pálidos porque
el frío es el alma... ¿comprende? El frío... es... el... alma...
Escena
6
Miranda: ¿Qué dijo?
Catalina: ¿Cuando?
Miranda:
Ahora...¿qué dijo?
Catalina: Nada...
Miranda: ¿Qué hora
es?
Catalina: Las dos de la madrugada, quizás...
Miranda:
Pregúnteme algo.
Catalina: ¿Cuándo?
Miranda:
Ahora...
Catalina: Bueno, ¿tiene novio?
Miranda: En una
ocasión tuve uno que me dio un beso y me pudrió el labio
Catalina:
¿Si?
Miranda: Si, pero lo peor fue que posó sus manos sobre mis
rodillas y me dejó paralítica
Catalina: ¡No!
Miranda: Sí, y
otro intentó abrazarme y me rompió tres costillas.
Catalina: Eso
se llama, falta de calcio.
Miranda: Tal vez. Debido a estos
accidentes se me cayó la sonrisa y la atropelló un
taxi...
Catalina: ¡Pobre...!
Miranda: Tuve un novio que se
desvanecía.
Catalina: ¿Era de mala calidad?
Miranda: No, era
un novio de antaño. Venía hacia mí cruzando la calle... A veces me
parece que las voces de la gente viajan en el aire...
Catalina:
Muy interesante, ¿y...?
Miranda: Y,¿qué?
Catalina: Su
novio...
Miranda: ¿Ve?
Catalina: ¿Qué?
Miranda: Aun ahora
se desvanece cuando me distraigo.
Catalina: Usted me va a volver
loca.
Miranda: Es que era un novio de antaño... Cada vez que me
despistaba, él se desvanecía; un día me despisté completamente y
él, completamente, se desvaneció. Me he dado cuenta que las
palabras de la gente viajan en el aire en diferentes
direcciones.
Catalina: Es verdad, las cosas no siempre viajan en
la dirección que una quisiera que viajen.
Miranda: Mi último
novio desaparecía con la lluvia. El me decía, ¿quieres casarte
conmigo?, y ¡zas! el cielo se venía abajo. Me decía, seré tuyo
para siempre, y un trueno nos dejaba sordos y el granizo nos llegaba
hasta el cuello... Un día vino decidido a vivir conmigo pero llovía
tanto, que no nos podíamos ver la cara a un metro de distancia y,
para colmo, la tormenta había hecho saltar los fusibles de mi casa;
estábamos a oscuras y el boletín meteorológico no dejaba de decir
que las lluvias no cesarían hasta bien entrado noviembre.
Catalina:
No todas las lluvias terminan en historias de amor.
Escena
7
Madre: Catalina, hija, ven que te voy a enseñar algo que vas a
recordar siempre.
Catalina: A olvidar.
Madre: No seas tonta,
hija, no seas tonta.
Catalina: Si, madre pero no lo puedo
evitar.
Madre: Evitar ¿qué?
Catalina: Llorar en todas las
habitaciones de la casa.
Madre: Quisiera entenderte pero no te
entiendo.
Catalina: ¿No?
Madre: No.
Catalina:
¡Bueno!
Madre: Escucha lo que te voy a enseñar, querida... ¿Te
he llamado querida antes?
Catalina: No.
Madre: Bueno, no tiene
importancia; te decía que, a simple vista, pareces
inteligente.
Catalina: Gracias, madre.
Madre: Pero es a simple
vista, que es la vista más simple que se ha visto jamás. ¡En fin!
que te voy a enseñar a no perder el culo, y, sobre todo, a no perder
el culo por los hombres porque una pierde muchas cosas en la vida,
pero cuando perdemos el culo, el cuerpo se nos aliviana; y no sólo
porque el culo pese sino porque lo que pesa es la virtud que suele
estar en ese lugar tan propenso a las caricias y a las patadas...
¿Qué hacen a esta hora las gentes de nuestra pequeña comunidad?:
duermen en sólidas casas con la tranquilidad del que sabe que afuera
está su carro, su perro y su amante, y, adentro, su mujer, sus
hijos, su yogur, su café con leche, sus buenas noches amor, sus
buenos días cariño. El sabe todo esto; lo que no sabe es que ha
perdido el culo durante todo el día para alcanzar su media hora de
televisión por satélite... ha perdido el culo con la fría certeza
del que nunca tendrá hambre, del que vive sin sobresaltos pero sin
culo. Creen acostarse en sólidas camas, en realidad se acuestan a la
intemperie, junto a otros, espalda con espalda puesto que, culos no
tienen, como un ejército cuya única estrategia es vender el culo
por un plato de comida. Yo perdí el culo por un hombre pero me lo
encontré tres cuadras más allá, en la misma esquina en la que el
me dijo: ¡Amor!... Te detesto, amor, y tú, hija del alma, dabas
patadas en el vientre, desde adentro. ¿Te había dicho alguna vez,
hija del alma?
Catalina: No.
Madre: No importa, no tiene
importancia, ninguna importancia.
Escena
8
Miranda: ¿Qué hace?
Catalina: Me toco el trasero.
Miranda:
¿Está ahí?
Catalina: Creo que sí.
Miranda: Recuerdo un
novio que tenía el trasero bizco.
Catalina: No creo que haya
oculista de traseros.
Miranda: No.
Catalina: A mi también me
gustaría recordar, a veces..
Miranda: ¿Traseros?
Catalina:
No, recordar...
Miranda: Solo es cuestión de apoyar la cara sobre
la mano derecha, el codo, a su vez, sobre la mesa, la mesa sobre las
cuatro patas, las patas sobre la baldosa o sobre la tierra o en el
aire, y, esa es toda la arquitectura del recuerdo: una forma de
sostenerse la cara con la mano derecha.
Escena
9
Miranda: Yo sé que no es bueno que te lo diga ahora pero te lo
digo porque desde algún lugar me estás escuchando. Solías decir
que los tiranos hacen lo que hacen porque se los mete presos
demasiado viejos. Hacíamos turno para esperar una cama, ¿te
acuerdas? ¿Te acuerdas dónde era? Nunca te dije lo que te tenía
que decir, por eso siento que hay algo atrofiado en mí porque no me
encontré contigo cuando debía encontrarme... (Pausa) He decidido
que no te voy a decir nada. De todos modos, eso atrofiado que hay en
mí ya no me duele como antes.
Escena
10
M.Superiora: Niña Miranda, venga acá inmediatamente,
siéntese, estírese la falda, la falda, la falda de su uniforme,
niña. ¿Le dice algo la palabra, "Buñuel"? Porque a mí
no me dice nada "Buñuel", y a mí las palabras me dicen;
por ejemplo "Japón", me dice de un país lleno de
japoneses, pero, ¿ "Buñuel" es un país? ¡La falda! ¡Sus
piernas cuelgan como de un puente! ¿Se depila? ¿Quiere que le diga
la verdad? Usted me aterroriza, niña... Usted me saca de mis
casillas... Pero, ¡claro! la niña... Buñuel, ¿cuántos años
tiene, quince, dieciseis? Aquí hay alguien que no existe: ¡Nosotras,
señoritas, nosotras! No tengo mucha información, pero estoy segura
de que si hay alguien que no existe, somos nosotras, ¿comprende?
Tiene que comprender porque Buñuel..., ¡La falda, señorita
Miranda, la falda! Usted cree que yo soy una cobarde, que no soy
capaz de poner límites a sus actividades buñuelescas, ¡por favor!
¡Me tienen harta usted y sus compañeras, Simon del desierto...!
¡Nunca hubo eyaculación, nunca! Y eso que chorreaba por la madera
eran hilos de cera que se desprendían de las llamas de las velas,
¿entiende? ¡Buñuel... ¿cuántas veces Buñuel?! ¡Depílese, por
favor, los vellos de sus piernas se erizan! Buñuel... ¡Nunca más
"Buñuel"!, ¿entiende? ¡Nunca más!
Miranda: Madre
Superiora...
M.Superiora: ¿Si?
Miranda: ¿Si me muero hoy, voy
al cielo?
M.Superiora: Creo... No. No.
Miranda: ¿El cielo es
en blanco y negro?
M.Superiora: ¿Cómo se le ocurre? El cielo es
en colores, señorita.
Miranda: ¡Ah!, entonces no es un cielo de
Buñuel.
M.Superiora: ¡Basta! ¡Basta! ¡De rodillas! ¡De
rodillas! (Sale)
Miranda: (Arrodillada) Entonces Miranda tomó la
navaja de afeitarse las piernas y, ¡zas! se cortó un ojo por la
mitad. Viridiana no le pudo ayudar porque estaba rezando.
Escena
11
Catalina: Me he dado cuenta de que la gente se siente sola pero
no todo el tiempo sino por momentos y en determinadas
posiciones.
Miranda: ¿Lo dice por mí?
Catalina: ¡No, por
favor!
Miranda: Sí, lo dice por mí.
Catalina: No, le juro que
no; por ejemplo...
Miranda: Es mi espalda.
Catalina: Un señor
entra en un bar...
Miranda: Es una bola de grasa, no es una
joroba.
Catalina: ...Pide una copa...
Miranda: La curva que
usted ve es una bola de grasa...
Catalina: ...Y el tiempo que
tarda el mesero en servírsela...
Miranda: No es una joroba, es
una bola de grasa.
Catalina: ...El hombre adopta una posición
deplorable: está sólo...
Miranda: La cervical se inflama y da
esa sensación de decrepitud... Eso es todo.
Catalina: La vecina
de al lado...
Miranda: ¿Qué?
Catalina: Aquí al lado hay una
vecina que en lugar de manos tiene dos bolsas de basura. Por las
noches intenta dejarlas al pie del recolector y al agacharse se
siente sola.
Miranda: Habría que evitar ciertas
posiciones.
Catalina: Luego no puede enderezarse y aunque lo
intenta, no puede... Su soledad no se lo permite.
Miranda: Es que
la soledad es muy cabrona, se aprovecha de las mujeres cuando se
agachan.
Catalina: También cuando están erguidas: un hombre
golpea suavemente a una mujer, luego golpea la mesa, luego golpea la
puerta, luego golpea la cabeza llena de malos pensamientos contra la
pared, la cabeza se rompe y salen tres papagayos escandalosos que
vuelan hacia el triste norte...
Miranda: ¿Es un
acertijo?
Catalina: No, es la historia de mi primer matrimonio.
Escena
12
Esposo: (Intentando bajar unas escaleras) Catalina, mi amor, no
te pongas en esa posición, así no, Catalina, más abajo, más
abajo, no tan bajo, ¿por qué me haces esto? Yo no soy una persona
violenta...
Catalina: ¿Crees que soy un paraguas, que te puedes
apoyar en mí como si fuera un paraguas
Marido: Sólo necesito tu
hombro, ¿es mucho pedir?
Catalina: Primero la mano, después el
hombro. ¿Mañana qué me vas a pedir?
Marido: ¿No te das cuenta
de que necesito tu ayuda? Dame un cigarrillo, no me des, no debo
fumar. No puedo fumar. No quiero fumar. No fumar... fumar...
No.
Catalina: ¿Podemos descansar?
Marido: ¿A quién se le
habrá ocurrido poner yeso? Mejor dicho, ¿quién inventó el
yeso?
Catalina: ¿Nos podemos morir?
Marido: Es una lápida,
nadie lo dice pero todos sabemos que es una lápida, deja que apoye
la mano....
Catalina: ¿Qué?
Marido: La mano, apóyala en
ti.
Catalina: ¿Qué es una lápida?
Marido: La última vez que
apoyé mi mano en ti fue en agosto... No... ¡Bueno!, fue el año
pasado. (Se escucha una radio a todo volumen) ¿Por qué la radio,
quién carajo se creen estos tipos para gritar así?
Catalina:
¿Podemos descansar?
Marido: (A la radio) Por más que grites no
te voy a comprar un carajo, tu lavadora es una mierda, ¿entiendes?
Una mierda.
Catalina: ¿Qué, que quisiste decir...?
Marido: Tu
aspiradora... la aspiradora de estos tipos, ¿te acuerdas cuántas
veces intentamos hacerla andar? Yo confié en ellos, luego te
comprometí en una compra fraudulenta... y ellos hicieron lo peor que
se le puede hacer a un hombre: arrastrar a su familia a una compra
fraudulenta... Perdóname, Catalina, mi amor. ¡Nunca más
aspiradoras!
Catalina: ¿Qué quisiste decir cuando dijiste: apoyé
mi mano en ti?
Marido: ¿A qué vienen tantas preguntas? Para
ayudarme a bajar estas putas escaleras no es necesario preguntar
tanto. Yo soy una persona buena, ¿o no? veo películas, camino de
vez en cuando, voy en mi carro al centro, sin ir más lejos...
¿Y...., y por eso me armas tanto escándalo? Habíamos planeado algo
tu y yo, ¿lo recuerdas? Teníamos planes... ¿sabes lo que me dijo
nuestro vecino el otro día? Me dijo: "su esposa es misteriosa",
eso me dijo.
Catalina: ¿Podemos descansar?
Marido: No sé si
guapa, no sé si profunda, pero, ¡qué misteriosa es! Y yo le
respondí: "La tontería, cuando es penetrante, se vuelve un
misterio", eso le dije. Es gracioso. ¡Catalina, cambia de
posición! ¿Te falta algo? Te pedí perdón hace rato y no me
respondiste. ¿Por qué carajo te quedas en silencio? Yo no soy un
cuadro complicado; es decir, como cuando dicen: padre borracho, por
ejemplo... ¡Háblame, rompe el silencio, tengo una pierna rota, ¿no
te das cuenta? Catalina, Catalina, Catalina, Catalina,
Catalina....
Catalina: Estoy aquí, a tu lado, pero en realidad no
estoy. Abres tanto la boca que, a veces, temo que se te caiga la
quijada. ¡Qué pena no poder ver cómo se te cae la quijada alguna
vez! Vistos a la distancia, apoyados uno en el otro con el pie en el
aire, se podría pensar que nos queremos, pero es una posición, una
determinada posición... Me sale sangre de la nariz, ¿ves?, y de los
oídos, ¿ves?
Escena
13
Miranda: Cada momento de la vida ocurre una sola vez, como este
momento en que te miro viajar en la quietud... Siempre pensé que el
final es inesperado, no así, no así. Dime: ¿cuántas veces
escapaste de morir antaño, cuánto ejército, cuánta policía te
tenía en su lista? No me gusta que te des la vuelta cuando te hablo,
como si tu cuerpo se inclinara a algún abismo que desconozco... Una
vez me ayudaste..., ¿lo recuerdas?
Escena
14
Catalina: ¿Qué pensabas?
Miranda: En esa sangre que te
sale.
Catalina: Te hago sentir mal.
Miranda:
Insegura.
Catalina: Nuestra situación en el mundo, siempre lo
fue.
Miranda: Sí, es verdad. Una vez planté un árbol y éste
empezó a crecer y me asaltó una profunda duda: ¿No sería yo que
empequeñecía? Temí ser una enana y destruí el árbol... Estaba
insegura. Cuando una duda nos asalta hay que entregarle todo, nos
puede matar.
Catalina: Es la inseguridad.
Miranda: Mi madre en
las noches de verano solía entretenerse poniendo escarabajos patas
para arriba, el animalito no podía volver a su posición y se
limitaba a mover las patitas con desesperación sostenida; al cabo de
un rato lo ponía en su posición. ¿Sabe por qué?
Catalina: Se
sentía insegura.
Miranda: Exacto, temia volverse un escarabajo,
también temía los gritos de mi padre... (Pausa)
Catalina: ¿Por
qué se queda callada?
Miranda: Mi padre no hubiese tolerado que
mi madre se volviese un insecto sin su consentimiento.
Catalina:
Odia a su padre.
Miranda: No, sólo trato de recordarlo.
Escena
15
Catalina: (Debajo de la mesa) ¡Papá, papá! ¿Me escuchas,
papá? Quisiera que me explicaras la lógica del viento y que no te
justifiques otra vez diciendo: no sé cual es la lógica del viento.
No, papá, no soporto que te justifiques, no soporto que no me
contestes, no soporto que te quedes callado cuando no estás, que no
hables cuando te has marchado. ¿Cuál es la lógica del viento,
hombre canalla? ¿Cuál es la lógica del viento? ¡Basta,
Catalina..., basta! Yo no sé cual es la lógica del viento... Sí lo
sabes... Una vez me lo dijiste: la lógica del viento es gritar tras
las ventanas el día menos pensado, es arrancar palmeras y lanzarlas
contra las personas, es arrancar personas y lanzarlas contra
personas, es elevar techos y destruir jardines y asustar niñas
cortas de vista, es elevar carteles que nada dicen, es elevar padres
junto a carteles que nada dicen y llevárselos bien lejos donde un
señor que fuma en pipa, inventa ciclones y brisas suaves sin
padres... ¿Yo te conté eso, Catalina? Sí papá, una mañana, hace
años; entonces yo era una niña sin miedo a los ciclones. La lógica
del viento no es mi lógica. ¿Cuál es tu lógica, papa?
Escena
16
Miranda: Todo es perfecto: la luz que atraviesa la ventana
donde llegan y parten aviones hacia un cielo celeste cuestionado por
una que otra nube. Espero una visa, espero un trabajo,
espero...
"Las
Compañeras", diálogos de espera.
Compañera Una: Compañera,
¿qué hará la historia con nuestros cadáveres?
Compañera Dos:
Nada, compañera: dejar que se pudran; eso hará la historia con
nuestros cadáveres.
Escena
17
Catalina: Hace un momento ese barco blanco, blanco, atravesó
la niebla de regreso. Estoy parada exactamente donde hace cincuenta
años, mujeres paradas como yo venían del mismo sitio que yo con el
mismo vértigo y las mismas ganas de vomitar, sujetándonos la boca
porque en el país de los hombres libres no está bien visto que las
mujeres vomiten en las calles. ¿Me entiende? La vida es complicada
pero luego todo se aclara.
Escena
18
Catalina: Tengo sueño.
Miranda: Yo también.
Catalina:
¿Y si nos dormimos?
Miranda: Perderíamos el turno.
Catalina:
Detesto perder el turno.
Miranda: El hombre duerme.
Catalina:
Con un sueño ronco como si en su garganta diez alcohólicos
intentaran cantar un nana.
Miranda: ¿Escribe?
Catalina: De vez
en cuando, ¿y usted?
Miranda: De cuando en vez.
Catalina:
Quedémonos en silencio pero no nos durmamos, ¿si?
Miranda:
Sí.
Catalina: ¿Miranda?
Miranda: ¿Si?
Catalina: No nos
durmamos, ¿bueno?
Miranda: Bueno.
Catalina: Sangro otra
vez.
Miranda: ¿Si?
Catalina: Pero no importa.
Miranda:
¿No?
Catalina: No. Miranda es bueno que esté aquí ¿le tiene
miedo a los ciclones?
Miranda:
No
Catalina: ¡Qué bien! Yo soy una mujer partida,
¿sabe?
Miranda: No se preocupe. Una mujer partida no es
necesariamente dos mujeres.
Catalina: ¿Le conté que mi tercer
marido me trataba como si yo fuera su bastón?
Miranda: No... Pero
pensé que tenía sueño.
Catalina: Sí, lo tengo.
Miranda:
Quedémonos en silencio, entonces.
Catalina: Pero no nos
durmamos.
Miranda: Sí, no nos durmamos.
Catalina: Primero como
un bastón y después como un mantel.
Escena
19
Madre: Catalina, hija, ven que voy a enseñarte algo que no te
vas a olvidar en tu vida.
Catalina: Gracias, mamá.
Madre: Te
voy a dar instrucciones para doblar pájaros, ¿entiendes?
Catalina:
No.
Madre: Me lo imaginaba, no importa. Ahora lo vas a entender.
¡Bien! Los pájaros deben ser frescos, preferentemente de la región.
Prohibido doblar gansos, faisanes y ocas, aunque entrañables a
nuestra mantelería, no tienen nada que ver con nuestra manera de
ser; aunque graznemos como gansos y nos pavoneemos como gallinas de
Guinea. No son pájaros nuestros que están en los cielos,
¿comprendes?
Catalina: No, mamá.
Madre: Me lo imaginaba.
Prosigo: los faisanes son pájaros de otros costal; dobla el mantel
por la mitad. Las palomas son asquerosas y cagonas; prohibido usar
palomas. Una vez doblado a la mitad, hija bonita, ¿te había llamado
antes, hija bonita?
Catalina: No, mamá.
Madre: No tiene
importancia. Te decía que una vez doblado a la mitad, debes doblarlo
en cuatro partes. Los pájaros deben lucir almidonados y deben volar
hacia el oeste, y conste que dije "volar hacia el oeste",
¿entiendes?, hacia el oeste; detesto esos pájaros inertes posados
sobre las ramas, detesto la quietud de los pájaros. Los pájaros
fueron hechos para volar y trinar, no para estar quietos y menos para
caminar. No hay cosa más ridícula que un pájaro caminando con esos
pasitos histéricos de mariquita con tortícolis, con esa pajita en
la boca como si saliera de tomarse un batido del Burger King, detesto
el caminar de los pájaros. Me imagino que si entiendes lo que te
estoy diciendo.
Catalina: Sí, mamá.
Madre: Una debe doblar el
pájaro en la mitad; de tal manera que el vuelo quede suspendido por
la horizontalidad del corte, inmediatamente, un segundo doblez; de
tal forma que el pájaro quede fragmentado: por un lado la cabeza,
por otro el cuerpo, por otro las alas sin cuerpo y sin cabeza. En el
caso que haya más pájaros en el mantel, los cortes se harán más
pequeños. Las líneas deben ser perfectas como si un cirujano
hundiera su cuchillito en el mantel lleno de pájaros, y así, y así,
cariño, ¿te había dicho cariño alguna vez?
Catalina: No,
mamá.
Madre: Entonces, el pájaro debe ser doblado de tal forma
que lo que veamos sea un ojo, o la parte de una ala, o un puñado de
plumas sobrepuestas a un atardecer, o el corazón sin alas y sin
cuerpo, y sin cabeza. Nunca te equivoques al doblar pájaros, nunca.
Eso te quería enseñar.
Catalina: Gracias, mamá.
Madre: No
hay de qué... hija.
Escena
20
Catalina: ¡Miranda!
Miranda: Sí, Catalina.
Catalina:
¿Una nunca vuelve al lugar donde alguna vez le castigaron?
Miranda:
No.
Escena
21
Miranda: Cuando una tiene una patria y una bandera, dice: he
aquí mi patria y mi bandera, echaré raíces en ella, inflamaré mi
pecho porque tengo dónde caerme muerta. Pero cuando no tengo ni
patria ni bandera, ni inflamado pecho, ni dónde caerme muerta, busco
el calor de una persona y echo raíces en ella, dejo que crezca la
hierba y digo: No tengo patria, ¡qué joda!, pero tengo una amiga,
¡qué bueno! Eso te quería decir hace un rato cuando te dije que
había algo atrofiado en mí. Ahora me siento mejor, no sé por
cuánto tiempo.
Escena
22
Profesor
Martínez: Señores, señoras, padres de familia, jóvenes. La
Señorita Miranda nos ha preparado un hermoso cuadro dramático,
titulado:"La madre y las yardas," extraño título. La
escuchamos, señorita, ¡Adelante!
Miranda: Mi madre empezó a
correr a temprana edad: corrió a la escuela, corrió al colegio pero
no llegó; luego corrió a la iglesia y se casó. Corrió a la
verdulería Corrió a la panadería Corrió a la carnicería Y la
comida de mi padre preparó Corrió a la cama y a todos nos parió.
Yo comencé haciendo carreritas y me estrellé contra la puerta de la
cocina, entonces opté por la carrera con obstáculos. Entonces,
salté de mi cama y caí en mis zapatos, luego salté a los quince
años y caí en los brazos de un joven, salté la soledad y caí en
la casa de una amiga que me ofreció un té de naranja que perfumó
mi vida por una noche y fue suficiente para tomar impulso y volver a
saltar y correr y saltar. Mi abuela corrió en las maratones de los
años cuarenta, corrió del hambre, corrió del fascismo. Cuentan
algunas tías que la vieron correr de mi abuelo que corrió de
despecho y se arrojó bajo las ruedas de un tranvía. Entonces, mi
abuela corrió a la iglesia y se embriagó de salmos. Para entonces
mi madre ya corría y yo corría tras ella a los saltos, como las
canguras. Mi padre se hartó de mi madre, de mi abuela y de mí y
salió corriendo, como es natural en una familia como la nuestra.
Luego, todas corrimos en distintas direcciones, como esos animalitos
nocturnos que son sorprendidos por la luz y por la presencia humana,
animalitos nocturnos, decía, llámense luciérnagas, alondras o
cucarachas. Todavía seguimos corriendo, no con el brío de antes
sino con la serenidad que nos da el haber corrido mucho. ¿Qué hacen
las mujeres atletas cuando se detienen? Descansan diez minutos, y si
se mueven, quiere decir que pueden seguir corriendo. El telón cae
con suavidad y los ojos del público humedecen los cuerpos de las
actrices atletas.
Profesor Martínez: ¿¡Es una obra!?
Miranda:
¡Sí!
Profesor Martínez: ¿¡Es una obra!?
Miranda:
Sí.
Profesor Martínez: ¿¡Es una
obra!?
Miranda:¡Siiiiiiiiiiiii!
Profesor Martínez: ¡Es una
mierda, eso es, una mierdaaaaaaaaa!
Miranda: También.
Escena
23
Catalina:
¡En qué piensa?
Miranda: En las mujeres que se dedican al
atletismo.
Catalina: El espíritu de competencia entre los
animales de la misma especie lleva, más temprano que tarde, al deseo
de morder al contrincante, debido a que la disputa es por la misma
comida y el mismo territorio, animados por la misma ira... los
cocodrilos, sin ir más lejos...
Miranda: Entonces, he pasado
parte de mi vida entre cocodrilos.
Catalina: A los cocodrilos se
los reconoce por las arrugas.
Miranda: Lo que sospechaba, mi
abuela era cocodrilo.
Catalina: ¿Su abuela?
Miranda: Sí,
solía decir que lo único triste que hay en la vida es la
vejez.
Catalina: ¿Su abuela nunca habló de las
despedidas?
Miranda: No.
Catalina: ¿De las fotografías
comidas por la humedad?
Miranda: No.
Catalina: ¿De las
cárceles?
Miranda: No.
Catalina: De por qué usted está aquí
y yo estoy aquí esperando que este tipo abandone una cama para
ocupar su sitio, ¿habló su abuela de esto?
Miranda:
No.
Catalina: Entonces, su abuela era un cocodrilo.
Miranda:
Sí.(Pausa) Es asombrosa mi abuela, ¿No?
Escena
24
Miranda:
Pasan
los días
Pasan las noches
Pasan descalzas
Pasan en
coche
Abuelita, abuelita... La moquita
Pasan los días
Pasan
en bata
Pasa el cartero
Sin una carta
Abuelita, la
moquita.
Tiendes la mesa
Sirves la cama
Todas las tardes
Y
las mañanas
Abuelita, abuelita, la moquita
Cuántos
momentos
Tiene una vida
Cuántos pañuelos
Y
despedidas
Abuelita, la moquita
Nada en el aire
La
cancioncilla
La vida pasa
Sobre la silla
Abuelita, abuelita,
la moquita
Mi abuela muere
En la quietud
La enterrarán
En
un metro de luz
Abuelita, abuelita, la moquita
La cajita, la
tierrita
Abuelita, ¿por qué te salen
Dos ángeles de agua de
la nariz?
Abuela: Mocos, se llaman, mocos.
Escena
25
Catalina: ¿Qué me decía?
Miranda: ¿De qué?
Catalina:
De su abuela, ¿qué me decía?
Miranda: Que era un
cocodrilo.
Catalina: ¡Si?
Miranda: Sí, la única diferencia es
que mi abuela no tenía lágrimas de cocodrilo.
Catalina:
¿No?
Miranda: No, tenía mocos de cocodrilo.
Catalina:
¿Si?
Miranda: Sí...¿qué hace?
Catalina: Las manos.
Miranda:
¿Si?
Catalina: Me duelen. ¿Qué hora es?
Miranda: Tal vez las
cuatro de la mañana.
Catalina: Las manos, mis manos han envejecido y me duelen. No me mire así, mis dolores no son contagiosos... desgraciadamente.
Escena
26
Catalina: El frío ha cambiado mis facciones. Este nuevo país
ha desfigurado mi rostro. Estoy parada exactamente en la esquina
donde hace cincuenta años un compatriota se prendió fuego porque
estaba triste y no resistía el haber perdido el paraíso. Se prendió
fuego y su calor no alcanza para devolver las facciones a mi cara.
Escena
27
Catalina: ¿Qué es eso?
Miranda: Parece un pie.
Catalina:
¿Qué hora es?
Miranda: Las cuatro y media de la
mañana.
Catalina: Es normal que lluevan pies a esta hora, pero,
¿en esta época?
Miranda: El año pasado, por esta época,
llovían banqueros.
Catalina: ¿Vivos?
Miranda: Sí, hasta que
se estrellaban contra el piso.
Catalina: Estoy sangrando de
nuevo.
Miranda: Quisiera sangrar por usted.
Catalina:
Imposible, mis dolores no son contagiosos. ¿Qué hacemos?
Miranda:
¿Con su sangre?
Catalina: No, con el pie.
Miranda: En otros
lugares, que lluevan pies, es bastante improbable.
Catalina: Pero
aquí...
Miranda: Parece un pie amputado.
Catalina: ¡Pobre pie
sin su resto!
Miranda: Habría que buscar un paraguas, tipo
zapato.
Catalina: El problema es saber qué número
calza.
Miranda: No le toque.
Catalina: ¿Por qué?
Miranda:
En una de esas es del hombre que duerme.
Catalina: ¿Cómo
así?
Miranda: Es que a veces los pies madrugan más que el resto
y se van caminando.
Catalina: ¡Ah!, ¿Y si fuera de
Dios?
Miranda: Quiere decir que se está desarmando.
Catalina:
¿Si?
Miranda: Sí, ¿no ha escuchado decir: es la mano de dios?
Lo mismo es aplicable a los pies, el abdomen, las axilas... Cuando
era joven proyectamos una película de Buñuel en el colegio de las
monjas donde estudiábamos, entonces la mano de dios nos tomó por el
cuello mientras su boca nos gritaba: ¡Nunca más Buñuel, nunca más
Buñuel! Desde entonces creo que el cielo no es el cielo sino una
clínica transplantes.
Catalina: ¿Qué es eso rojo que entra por
la ventana?
Miranda: Es el amanecer.
Catalina: Creí que era
sangre.
Miranda: Como usted sangra, cree que todas las cosas
sangran.
Catalina: No todas, algunas. El amanecer sin ir mas lejos.
Escena
28
Catalina: ¡Atención, atención! Enfermeras de turno,
anestesistas, médicos clínicos y enfermos de corazón... ¡Atención!
El cuerpo de una muchacha es grande, grande, interminablemente, mente,
grande. Lo sé porque a veces miro mis pies y no me los puedo ver. Lo
sé porque el cuerpo de una muchacha es grande, grande,
interminablemente, mente, mente, grande. Se compone de cuatro lugares
donde hay cuatro paraguas y nunca llueve. Lo sé porque un día me
desnudé y me aterré; había dibujado un mapa en mi piel: aquí,
cinco gatos me arañaban, ¡tomen, un tomatazo, gatos
malvados!
¡Atención, médicos de guardia, atención,
anestesistas y enfermos del corazón, atención! Este lugar que ven
aquí es el sitio porque es un sitio: es de arena para que los niños
pasen por alli y dejen sus huellas... ¡Tomen un tomatazo, huellas de
arena! En este otro lugar un hombre preguntó por mí, pero yo no
estaba, estaba en el cielo y el hombre en la tierra. ¡Toma un
tomatazo, hombre aterrado! Y en este último lugar hay una estación
terminal donde siempre muere alguien un mes antes de que pase el
primer huracán. Esto me pone triste; si muriera un mes después,
veríamos al huracán devastar nuestro jardín. ¡Atención,
atención, este es un cuerpo grande, grande, de una muchacha...! ¡un
tomatazo aquí, otro tomatazo, allá... rojo, rojo, como aquella
tarde del Caribe, como la noche finlandesa, como la sangre que mana
de mi nariz desde mi infancia, desde que el mapa era un mapita. ¡Toma
un tomatazo para que te controles y no llores!
Escena
29
Miranda: Camas amontonadas, enfermeras con senos de salvavidas,
un caballero con un cuello de yeso como si hubiesen doblado una pared
sobre su cervical, una anciana esquiando con sus chancletas por los
pasillos del Hospital español, un alma cayendo como guayaba del
cuerpo de un accidentado, una niña vomitando un árbol, una aguja,
un suero, un termómetro, ¿me escuchas, Catalina? Todo esto te rodea
y yo aquí intentando que me escuches, ¿me escuchas, me escuchas,
Catalina? Si me escuchas haz como un barco.
Escena
30
Catalina: ¿Qué es eso?
Miranda: Un barco
Catalina:
Están lloviendo barcos.
Miranda: Sí, pero sin
marineros
Catalina: Yo sé hacer como un barco.
Miranda:
¿Cómo?
Catalina: ¡Ohhhh!¡Ohhhhh!
Miranda: Interesante, pero
más pareces una gallina.
Catalina: No, es un barco.
Miranda:
Digamos que es un barco con pluma.
Catalina: No, es un
barco.
Miranda: Bien, es un barco.
Catalina: Cuando los barcos
están fatigados se duermen y sueñan con hermosas salvavidas.
Miranda, cuando tenga un barco, voy a tener un perro.
Miranda:
Ponle Buñuelo.
Catalina: ¿Por qué?
Miranda: Por que sí se
llama Buñuelo tendrá un alma.
Escena
31
Miranda: No sé si les dije, me llamo Buñuelo, el perro de
Luis Buñuel. Para no alargarles el cuento: aquella tarde hacía
tanto calor que las muchachas se lavaban sus pechos en la fuente de
la pequeña plaza del barrio para protegerse del sol y de los hombres
tan descontrolados por el calor que debían aplacar sus ardores con
mangueras inyectadas en sus braguetas como si hiecieran transfusiones
con delgadas anguilas que echaban agua por las bocas. El calor era
espantoso, calcinaba el peinado de las señoras del casino y pudría
los sobacos de los automovilistas y hacía que las personas se
desvanecieran y se echaran a la playa llena de cueros extendidos;
extraña curtimbre humana y maloliente. Yo estaba agobiado, apenas si
tenía fuerza para olerme el sexo. El calor de la tarde y el mar más
estúpido y soporífero que haya visto en mi vida, atentaban contra
mí; lo cierto es que era una fotografía: todos estábamos quietos
aquella tarde en aquella fotografía, hasta que aparecieron ellos.
Caminaban armados hacia la casa de la niña Miranda; es decir, hacia
mí, usaban corbatas y, algunos, ropa militar. Yo intenté
intimidarlos con mis poses de mastín agresivo, la primera patada me
dobló por la mitad, la segunda me arrojó tres metros fuera de
combate, la tercera la esquivé y la cuarta me viró la cabeza. A
partir de entonces, alguien puso boca abajo la fotografía y de ella
cayeron las buenas gentes de mi barrio, el calor espantoso, el mar
estereotipado y baboso de aquel día, la niña Miranda y yo, todos a
la vez pero distantes...
Escena
32
Catalina: Buñuelo es un alma buena.
Miranda: Lo trágico es
volverme un perro para contar lo que me pasó.
Catalina: ¿Qué es
eso que llueve?
Miranda: Relojes.
Catalina: En hora.
Miranda:
No, atrasados.
Catalina: Me gusta cuando llueven mantelitos
bordados.
Miranda: Eso es cuando las abuelas tejen las
nubes.
Catalina: Miranda, ¿la vida se destiñe o estoy perdiendo
la vista?
Escena
33
Catalina: ¡Catalina! ¡Catalina! ¡Vuela, vuela! No puedes
volar porque estás atrapada por los pies; eres una mujer llorona que
no sabes reconocer que aquel barco te dejó en esta orilla y aquí
nadie llora y menos una isla como tú, ¿escuchaste?, mujer enferma y
sangrona, ¿escuchaste? Te voy a decir una sola cosa: te olvidarán y
serás invisible como el agua. ¿De qué país eres, mujer
extranjera? Soy de la patria humana, soy del reino de las bicicletas
que pasan, del país de los papalotes que se sostienen en el aire. Te
cambio este país por un helado de chocolate de la esquina de mi
casa. Estoy dando gritos y borracha exactamente donde hace cincuenta
años una paisana borracha fue apaleada porque le encontraron un
árbol en sus tripas.
Escena
34
Madre: Catalina, Catalina, ven que te voy a enseñar algo que
no vas a olvidar en tu vida: te voy a enseñar a guardar un secreto.
Suponte que entran a nuestra casa personas que no conoces, usan tu
cocina, tu baño, invaden tu dormitorio... Ellos dicen que lo hacen
para protegerte; pasan los años y te das cuenta que te has
acostumbrado a convivir con algo perverso, algo malo, y te das cuenta
de que el pasado no es siempre el mismo, en ese momento es que debes
decir: yo no olvido lo que pasa, es que guardo un secreto. Nosotros
no somos un pueblo de marinos, si lo fuéramos, odiaríamos a las
sirenas, y de nuestra alacenas colgarían arpones afilados, no,
nosotros somos un pueblo de alfareros que por una extraña razón,
habita una isla, no se lo digas a nadie... es un secreto. ¿Qué
pasaría si un día caminas en una playa y bajo tus pies explotara
una mina?
Catalina: Pasaría...
Madre: Silencio, es un secreto.
Escena
35
Catalina: El mundo ha comenzado a desfigurarse. Mana la sangre
de mi nariz, ¿cómo mana la tristeza de mí! ¿Qué es lo que llueve
ahora, Miranda?
Miranda: Espejos.
Catalina: ¿Dónde
estás?
Miranda: Aquí, a tu lado.
Catalina: ¿El hombre sigue
dormido?
Miranda: No es un hombre, es una mujer.
Catalina:
¿Cómo lo sabes?
Miranda: Le estoy mirando cómo duerme.
Escena
36
Miranda: ¿Sabes cuál es el mayor exilio? No es dejar un país
o un paisaje, no es dejar un himno o una bandera, no es abandonar un
acento o una cultura: es dejar a alguien sosteniendo un saludo como
si te reclamara un porqué que nunca vas a poder responder.
Escena
37
Catalina: ¡Miranda, la luz!
Miranda: ¿Qué pasa con la
luz?
Catalina: Ya no hay.
Miranda: Si hay.
Catalina:
No.
Miranda: Ya vamos a dormir.
Catalina: No hay luz, sólo hay
tiza.
Escena
38
Miranda: Por más que gesticules no te escucho, demasiado ruido
hacen los aviones, demasiado ruido hacen los barcos, los trenes, los
autobuses, los días....
Escena
39
Catalina: Estoy parada donde una paisana intentó escribir una
poesía y se murió sin mucha fe en las personas.
Escena
40
Miranda: No te duermas, Catalina.
Catalina: No puedo seguir
despierta.
Miranda: ¿Te conté sobre mi perro Buñuelo?
Catalina:
Creo que sí.
Miranda: ¿Te conté sobre mis novios?
Catalina:
Creo que sí.
Miranda: ¿Te conté...?
Catalina: Ya no tienes
que contar nada, nada.
Escena
41
Miranda: Ya no te escucho; el ruido y la distancia no me
permiten escuchar lo que decías, aquel momento perdido en el que te
has perdido donde me reclamabas algo que ya no recuerdo.
Escena
42
Catalina: El día.
Miranda: ¿Qué pasa con el
día?
Catalina: No llega.
Miranda: Tal vez pasó y no nos dimos
cuenta.
Catalina: ¿Qué llueve ahora?
Miranda: Linternas
sordas.
Catalina: Las linternas sordas dan una luz que no se
escucha.
Escena
43
Miranda: ¡Niña Miranda, Niña Miranda! Sí, Madre Superiora.
No deje que su amiga muera. ¿Qué hago, madre Superiora? Haga unas
alitas con papel periódico, pero que sea de hoy día y en
castellano.
Escena
44
Catalina: ¡Miranda!
Miranda: ¿Si?
Catalina: Me
voy.
Miranda: ¿A dónde?
Catalina: A la noche en que cazaba murciélagos con mi padre.
Miranda: ¿Es lejos?
Catalina:
Sí.
Miranda: ¿Puedo ir contigo.
Catalina: No.
Miranda:
Está bien.
Catalina: (Destapando el rostro de la que duerme) Soy
yo.
Miranda: Si.
Catalina: Es como una película de
Buñuel.
Miranda: Sí, pero en colores....
Escena
45
Miranda: ¿Qué hay allá, donde tu vives ahora? ¿Hay comida
china por ejemplo, hay balcones abiertos con pájaros a su amparo, hay utopías, allá donde ahora vives, viste al Che, viste o no viste animales? ¿Donde tu vives ahora, cuando dicen "universo
afectivo, a que se refieren, exactamente, se refieren a no tener
miedo, a que alguien te va a asistir si te empantanas? ¿Catalina, es
a eso a lo que llaman "mundo de los afectos"? Es algo que
no se puede nombrar, ¿verdad? Que se compone de algunos días como
bahías de aguas profundas donde encalla la belleza y la calamidad.
Bahía a la que llegamos sin ningún propósito, en la que no
fundaremos nada transcendente, en la cual desplegaremos nuestras
buenas artes para ser recibidos cuando llegamos y ser despedidos
cuando partimos y entre medio las aguas profundas y vaporosas de la
amistad.
Eso quería decirte el otro día cuando vine a decirte esto
y te dije otra cosa . Adiós Catalina mandolina, cara de cortina y
corazón de serpentina.