PROHIBIDO SUICIDARSE
EN PRIMAVERA
Chole
Alicia
Fernando
Juan
Doctor Roda
Hans
El Padre de la otra
Alicia
ACTO PRIMERO
En el Hogar del
Suicida, sanatorio de almas del Doctor Ariel. Vestíbulo como de hotel de montaña,
recordando esos paradores de turismo construidos sobre ruinas de antiguos
monasterios y artísticamente remozados por un gusto nuevo. Todo es aquí
extraño, sugeridor y confortable: el mobiliario, la plástica, el trazado de las
arquerías, la disposición, indirecta de las luces acristaladas. En las paredes,
bien visibles, óleos de suicidas famosos reproduciendo escenas de su
muerte: Sócrates, Cleopatra, Séneca, Larra. Sobre un
arco, tallados en piedra, los versos de Santa Teresa:
"Ven, Muerte, tan
escondida
Que no te sienta venir
Porque el placer de
morir
No me vuelva a dar la
vida".
Amplia verja al fondo,
sobre un claro jardín de sauces y rosales. El jardín tiene un lago, visible en
parte, un fondo lejano de cielo azul y montañas jóvenes nevadas. En ángulo, a
la derecha, arranca una galería oscura, en arco, con una pesada puerta de herrajes,
practicable, sobre el dintel, una inscripción que dice: "Galería del Silencio" .En frente, otra
semejante, pero clara y sin puertas: ”Jardín de la Meditación”.
EMPIEZA LA COMEDIA
En escena, el Doctora Roda y Hana, su ayudante, con bata
de enfermero. El primero, de aspecto inteligente y bondadoso; el segundo, de
rostro y palabra mortalmente serio. El Doctor, al lado de una mesa volante de
trabajo, revisa sus ficheros.
Doctora: Desengaños de
amor, 8. Pelagra, 2. Vidas sin rumbo, 4. Catástrofe
económica... cocaína... ¿No tenemos ningún caso nuevo?
Hana El joven que
llegó anoche. Está paseando por el parque de los sauces, hablando a solas.
Doctor:¿Diagnóstico?
Hans: Dudoso. Problema
de amor.
Doctor: ¿Ha hablado
usted con él?
Hans: Yo sí, pero no
me ha contestado. Sólo quiere estar solo. Está sobresaltado
Doctor: Miedo
nervioso. Muy bien; entonces hay peligro todavía. ¿Su ficha?
Hans: Aquí está.
Doctor (leyendo):Sin
nombre. Veinticinco años. Desengaño de amor. Tiene un libro de poemas inédito.
Ah, un romántico; no creo que sea peligroso. De todos modos, vigílelo sin que
él se dé cuenta, ¿Ha ido a ver a la señora del pabellón verde?
Hans: ¿La Dama Triste?
Está en el jardín
Doctor: ¿Vigilada?
Hans:¿Para qué? La he
venido observando días. Sólo le gusta llorar.
Doctor: Déjela. El
llanto es tan saludable como el sudor, y más poético.
Hans: Perdóneme el
doctor, pero creo que ninguno de nuestros huéspedes tiene el propósito serio de
morir. Temo que estamos fracasando.
Doctor: Paciencia,
Hans, nada se debe atropellar. La Casa del Suicida está basada en un absoluto
respeto de la muerte. Esperemos.
Hans: Esperemos
(Señalando con un gesto). La Dama Triste.
Dama: Perdóneme,
Doctora...
Doctor: Señora...
Dama: He seguido sus
consejos con la mejor voluntad he llorado toda la mañana. Y nada. Cada vez me
siento más cobarde.
Hans (animándola):¿Ha
visto usted nuestro muestrario último de venenos?
Dama: Sí, los colores
son preciosos, pero el sabor debe ser horrible.
Hans: Puede añadirle
un poco de Menta.
Dama: No sé ... El
lago también me gustaría, pero esta tan frío. No sé, no sé qué hacer... ¿Qué
pensará usted de mí, Doctor?
Doctor: Por Dios
señora; le aseguro que no tenemos prisa alguna.
Dama: Gracias. ¡Ah,
morir es hermoso, pero matarse
Doctor:Es difícil.
Dama: Gracias,
Doctora, es usted muy amable conmigo. (Va a salir. Se detiene a ver entrar al
Amante Imaginario. Es un Joven de aspecto romántico y enfermizo. Vive
ensimismado. Suena detrás de él una campana, y se vuelve sobresaltado. Se
recobra. Saluda turbado.)
Amante: Buenos días...
Doctor:¿Ha elegido
usted ya su procedimiento?
Amante: No, todavía
no. Pensaba.
Hans (ofreciendo la
mercancía como en un bazar).muchos elementos de suicidio(le muestra un
panfleto)
Amante:¿Para qué
tanto? Cuando la vida pesa basta con un árbol cualquiera.
Hans (apresurándose a
tomar nota en su cuaderno):Ah, muy bien. "Suspensión". Perfectamente.
.¿Número de cuello?
Amante: Treinta y
siete, largo.
Hans: Treinta y siete.
¿Tiene preferencia por algún árbol?
Amante (en una
reacción brusca):¡Oh, cállese. Es odioso oír hablar así de la Muerte.
(Transición.) Perdón ... (Va a salir por la Galería del Silencio.)
Doctor: Un momento. Si
no se ha decidido aún ... valla por aquí
Amante: Gracias.
(Sale. Saluda a la Dama Triste con una inclinación de cabeza.)
Dama:¿Otro
desesperado? ¡Qué pena, tan joven....! ¿Algún desengaño de amor? (sale)
Doctor: Así parece.
Hans: Y así todos.
Mucho llanto, mucha tristeza poética; pero matar no se mata ninguno.
Doctor: Esperemos,
Hana.
Hans (Sin gran ilusión):
Esperemos.(Sale Hans. El Doctor Se dispone a tomar unas notas. Se oye de pronto
un grito de mujer. Por la, Galería del Silencio sale corriendo Alicia, una
muchacha, apenas mujer, de dulce aspecto. Viste con una sencillez humilde y
limpia. Viene espantada, como huyendo de un peligro inmediato.)
Alicia y el Doctor
Alicia: ¡No! ¡No
quiero morir..., no quiero morir! (Al ver al Doctor, que acude a ella.) ¡Paso!
¡Déjeme salir de aquí!
Doctor: Calma,
muchacha, ¿Adónde va usted, Alicia, eh?
Alicia: No sé: ¡al
aire libre!... ¡a la vida otra vez! ... ¡Déjeme! (Volviéndose sobresaltada.)
¿Quién anda ahí?
Doctor: Nadie.
Alicia: He visto una
sombra. La he oído reír...
Doctor: Vamos, vamos,
alucinaciones.
Alicia (empieza a
sentirse aliviada. Se pasa una mano por la frente):¿Quién es usted?
Doctora LA Doctora
Roda, directora de la Casa. Tranquilícese.
Alicia:¿Por qué hacen
ustedes esto? Esos árboles extraños, con cuerdas colgadas, esa música
invisible, esa Galería negra que da vueltas y vueltas... ¡Es horrible!
Doctora tranquila.
¿Venga conmigo?
Alicia:¡No! ¡Volver,
mol Quiero salir de aquí.
Doctora Nadie la
detiene.. Es usted libre.
Alicia (Con una
amargura infinita):La ciudad otra vez... (Se deja caer llorando en el asiento.
El Doctor la contempla, conmovido.
Doctora:¿Por qué ha
venido aquí? ¿Sabe dónde está?
Alicia: Sí, fue un
momento de desesperación. Había oído hablar de una Casa de Suicidas, y nada
más.
Doctor:¿Ha
vivido siempre sola?
Alicia: Siempre.
Doctora:¿Qué fue lo
que la decidió a venir aquí?
Alicia: Fue anoche. No
podía más. Estaba sin trabajo hacía quince días. Tenía hambre: un hambre
dolorosa y sucia
Doctora: Comprendo.
Alicia: No, no lo
comprende usted. Aquí los árboles y las montañas, no pueden comprender esas
cosas. En la ciudad. ¡Allí sí que se siente uno solo entre millones de seres
indiferentes
Doctora: Espero que no
sea la ciudad lo que ha causado su desesperación.
Alicia: Oh, no fue ¿la
soledad? ¿Sabe usted por qué he venido aquí?
Doctor: Eso es lo que
no acabo de comprender.
Alicia: Es natural; en
un momento de desesperación, una se mata en cualquier parte. Pero yo, que he
vivido siempre sola, ¡no quería morir sola también! ¿Lo entiende ahora?
Doctor (interesado):
No trato usted de buscar algún compañero
Alicia: ¿Para qué?
Cuando llegué aquí ya no sentía más que el miedo; yo venía huyendo de la
soledad. . . y la muerte es la soledad absoluta.
Doctor: Magnífico,
muchacha. Su juventud la ha salvado. Usted ya no me necesita, pero acaso yo la
necesite a usted.
Alicia: Pero, ¿qué
puedo yo hacer?
Doctor: sea aquí
nuestra enfermera de almas
Alicia (estrechándola
conmovida): Gracias
Doctor: Por aquí. Y no
pierda su fe. No le pida nunca nada a la vida. (Sale con ella. La escena sola
un momento.)
(Estalla fuera una
alegre risa de mujer. Entra corriendo Chole: una juventud impetuosa y sana.
Asomada a la verja, llama con el grito jubiloso de los montañeros.)
Chole: ¡Oh oh! (Abre
la verja de par en par. Penetra en escena. Mira agradablemente sorprendida en
torno, y vuelve a llamar hacia el exterior.) ¡Oh oh! (Contesta fuera, la voz de
Fernando).
Voz: ¡Oh, oh!
(Entra Fernando, joven
también, alegres y decididos como ella. Traje de viaje, equipaje de mano,
cámara fotográfica en bandolera.)
Fernando y Chole.
Después, la Dama Triste
Fernando: ¿Tierra
firme?
Chole: ¡Y qué tierra!
Montañas con sol y nieve, un lago, un hotel confortable, ¡y nosotros! Mira qué
nombres tan bonitos: "Galería del Silencio"... "jardín de la
Meditación"... Y en el parque, ¿has visto? "Sauce de los
enamorados", con cuerdas colgadas para los columpios. Dame las gracias
ahora mismo, Fernando.
Fernando: Gracias,
Chole... ¡Qué aspecto extraño tiene todo esto!
Chole: ¡Encantador!
Fernando: Encantador,
pero extraño. Seguramente uno de esos paradores de turismo para ingleses y
enamorados.
Chole: Lo que nos
hacía falta. ¡Ay, qué vacaciones, Fernando! ¿Ves? Siempre debías dejarme
conducir a mí. La primera vez que me dejaste el volante descubrimos así unas
ruinas góticas, ¿te acuerdas? La segunda...
Fernando: La segunda
nos fuimos contra un castaño de Indias.
Chole: Pero no se
destrozó más que el coche. Me dijiste: tenemos una semana de vacaciones en el
periódico; Aquí lo tienes.
Fernando:
Decididamente, ¿nos quedamos aquí?
Chole: ¿Dónde Mejo?
Fernando: Pero ¿es que
no hay nadie en este hotel? (Llamando a gritos hacia un lado.) ¡Oh oh! (Pausa.)
Chole (hacia el otro):
¡Oh oh! (Pausa.)
Fernando: Nadie.
Chole: Mejor. ¡La
montaña y nosotros! ¿Qué más nos hace falta? ¡Esto es El paraíso!
Fernando: Si…El
paraíso... (Se besan riendo, dichosos de amor y juventud.
(Entra la Dama Triste.
Los contempla con una ternura llena de lástima).
Dama: Pobres...
¿Ustedes también?
Fernando: Señora...
Dama: ¡Qué pena! Tan
jóvenes, (Cruza la escena y sale).
Fernando: ¿Por qué le
dará pena a esa señora que seamos tan jóvenes?
Chole: No lo habrá
sido nunca. ¿Has visto qué aire melancólico?
Fernando: Enferma del
hígado, seguro.
Chole (que se ha
quedado mirando los cuadros, extrañada): Mira...
Fernando (leyendo las
inscripciones de los cuadros que ella señala):"acá dice veneno".
"sangrante."
Chole:" Pistola”,
(comenzando a inquietarse).
Fernando: Huy, huy,
huy...
Chole: ¿Y aquí? Sobre
el arco: (Lee) "Ven, Muerte, tan escondida - que no te sienta venir -
porque el placer de morir - no me vuelva a dar la vida”. Santa Teresa. (Pausa.
Se miran desconcertados.)
Fernando: ¡A que nos
hemos metido!
Chole: ¡Un convento
¡¡esto Sera magnífico!
Fernando: no me parece
lo más indicado para dos novios en vacaciones.
Chole:Somo Los novios!
¡Los únicos! ¿Quién se ha querido en el mundo antes que nosotros?
Fernando:¡Nadie!
Chole:¿Quién se
atreverá a quererse después?
Fernando:¡Nadie!
(Rompiendo el abrazo, pasa Hana por el arco del jardín. Va tocando una
campanilla. Se asoma a escena y grita.)
Hans: Sala de la
veneno ¡libre!
(Sigue con su
campanilla. Pausa. Chole y Fernando se miran inmóviles.)
Chole (aterrada):¿Ha
dicho sala del veneno?
Fernando:Huy, huy,
huy..., (Toma un libro sobre la mesa del Doctora.) ¡Demonio!
Chole:¿Qué? "El suicidio considerado como una de las Bellas Artes".
Fernando: ¡Este libro!
(Suelta el libro.) Me parece, Chole
Chole (disponiéndose a
huir):¿Dónde pusiste el maletín?
Fernando:¡Eh, alto!
¡Huir, no! Somos periodistas, Chole. Cuando un periodista se tropieza con algo
sensacional, no retrocede aunque lo que tenga delante sea un rinoceronte. Antes
morir. Deja ese maletín.
(Entra el Doctor. Va
hacia su mesa. Se detiene al verlos.)
Fernando, Chole y el
Doctora
Doctora ¿Les atienden
a ustedes?
Chole: No, gracias.
Sólo entramos a dar un vistazo.
Fernando Señor,
permítame que me presente, Fernando Zara, periodista; especializado en
reportajes sensacionales. Doctor…
Mucho gusto. Chole, mi
compañera, mi novia,
Doctor:. Doctor Roda,
director de la Casa. Pero ... si son ustedes una pareja feliz, ¿Han llegado
ustedes voluntariamente?
Chole: No… Hemos
llegado fatalmente. Conducía yo.
Doctor: ¿Y saben
ustedes dónde están?
Fernando: Todavía no;
pero lo sabremos en seguida. Es nuestra profesión somos periodistas.
Doctor: ¿Y creen
ustedes haber encontrado aquí su "su respuesta" me parece que tienen
que retirase?
Chole:¡No nos cierre
las puertas, Doctor! ¡Ayúdenos, Doctor (con una sonrisa de simpatía).
Doctor: Está bien,
veamos. ¿Son ustedes, en efecto una pareja feliz?
Fernando (Posando la
mano sobre el hombro de ella):¡Cómo no ha habido otra!
Doctor: ¿Enfermedad?
Chole: Ninguna.
Doctor: ¿Problemas
espirituales?
Fernando: No existen.
Doctor: ¿Amor?
Chole: ¡Torrencial!
Doctor: En, ese caso,
yo puedo facilitarles su trabajo. Pero ustedes, en cambio, pueden prestarme a
mí un gran servicio.
Los dos: A sus
órdenes.
Doctor. ¿Quieren
ustedes ser aquí la vida feliz?
Chole: estamos de
vacaciones.
Doctor: Pues siendo
así como colaboradores y. amigos, escuchen ustedes. (Se Sientan)
Fernando: ¡Chole!
(Chole prepara lápiz y cuaderno.)
Doctor: No; prométanme
que no escribirán una sola línea hasta que no conozcan a fondo la
institución.
Fernando: Chole ... (Chole
guarda lápiz y cuaderno.
Doctor:
¿Conocieron ustedes al
Doctor Ariel?
Fernando:
El Doctor Ariel...,
sí.
Chole: Sí, sí, el
Doctor Ariel.
Doctor: El Doctor dejó
escrito un libro maravilloso. (Lo toma de la mesa.)
Fernando: Sí. "El
suicidio considerado como una de las Bellas Artes".
Doctor:¡Ah!, ¿lo
conocía usted?
Fernando: No hace
mucho; pero lo conocía.
Doctor:
Este libro está lleno
de ciencia; pero también de comprensión humana y de ternura. Vea la
dedicatoria: "A mis pobres amigos los suicidas” y fundo esta
casa
Gracias.
Chole: Hasta aquí,
todo va bien. Pero si el doctor Ariel murió feliz al fin, ¿por qué la fundación
de esa casa?
Doctor: Ahí empieza el
secreto. Este es el Club del perfecto suicida. Todo en ella está previsto para
una muerte voluntaria, estética y confortable
Chole (echando mano a
su lápiz): Magnífico. Segunda etapa.(Fernando la detiene con un gesto.)
Doctor: Etapa de la
meditación. El enfermo pasa largas horas en silencio y soledad y Un día se
sorprende a sí mismo acariciando a una rosa.
Fernando: Y empieza la
tercera etapa.
Doctor:
Ultima. El alma se
tonifica, El pasado va perdiendo sombras y fuerza! Ese día el enfermo abandona
la casa, y en cuanto traspasa el jardín, echa a correr sin volver la cabeza.
¡Está salvado!
Chole: Precioso.
Parece una balada
Fernando: No está mal.
Periodísticamente era más interesante que se matasen.
Doctor: Aquí sólo
llegan los vacilantes. Desdichadamente, el desesperado profundo se mata en
cualquier parte, Voy a encargar que dispongan sus habitaciones.
Fernando: Gracias.
¿Nos permite hacer algunas preguntas a sus pacientes?
Doctor: Bien mire
Generalmente son desconfiados y no abren fácilmente su corazón a un extraño.
Chole: Aquel joven que
se acerca, ¿es un enfermo?
Doctor: Ah, sí: un
muchacho romántico. Le llamamos aquí el Amante Imaginario
Chole, Fernando y el
Amante
Amante: Perdón
¿Compañeros?
Chole: Funcionarios
...
Amante: Ah,
funcionarios (Va a seguir, desilusionado.)
Fernando: ¿Por
qué no se sienta?
Chole:¿Quiere usted
tomar alguna cosa?
Amante: Gracias.
Quiero terminar cuanto antes.
Fernando:¿Ha elegido
usted ya su procedimiento?
Chole: No se decida
sin consultarnos: tenemos los mejores venenos, un lago de leyenda, celdas
individuales y...
Amante:¡Ah, ustedes
también! Yo esperaba encontrar un corazón amigo.
Chole: Cuente usted
con ese corazón. Hemos visto su ficha. Desengaño de amor. Nos gustaría tanto
conocer su historia.
Amante (con ganas de
contarla):¿De veras? ¿La oirían ustedes?
Chole:¿Cómo no?
Amante: Gracias.
(Pausa.) Yo era un empleado Hacía números por el día y versos por la noche. Una
noche fui a la ópera. Cantaba Cora Yako el papel de Margarita. ¡Una mujer
espléndida!
Fernando: La conozco.
Ha dado mucho que hacer al huecograbado.
Amante Cora
Yako. Cantó toda la noche para mí. No era ilusión, no; sus ojos se clavaban en
los míos Y volví al teatro. Noche tras noche y le envié un ramo de flores Y una
tarjeta. Después... (Vacila. Se calla.)
Chole: Después,
¿qué?... Diga.
Amante: Después ...
¡fue la felicidad! Nos besábamos todo los países y la he abrazado en
todos los idiomas! ...
Fernando. Y qué más?
Amante (seco): Nada
más.
Chole:¿Nada más?
¿Entonces?
Amante: ¿Qué? ¿No me
creen? ¡Les juro que es verdad! ¿Qué tengo yo que no me quiera una mujer?
Fernando: no es un
poco raro, es que ha contado su historia de un modo tan extraño...
Chole:¿Por qué ha
mentido usted?
Amante: (vencido por
el tono cordial de Chole): Tiene usted razón. Para qué mentir, si nadie Me
cree... sin embargo no he mentido que Cora me miraba cantando, pero cuando
volví al teatro, el vestíbulo estaba lleno de baúles y decorados. Mi ramo
estaba tirado y pisoteado en un rincón, y la tarjeta sin abrir. Necesito que
crean esta historia. Necesito creerla yo también ... y después morir. (Sale de
puntillas, entra el Doctor.)
Doctor: Sus
habitaciones están dispuestas. ¿Quieren pasar a verlas?
(Chole y dra. Salen
con el maletín. Fernando, a solas, da unos pasos en la dirección en que salió
el Amante Imaginario. Se vuelve al ver a la Dama Triste).
Fernando y la Dama
Triste
Fernando: Señora...
Dama: ¿Es usted nuevo
en la casa?
Fernando: Soy el nuevo
ayudante del doctor.
Dama: Qué
interesante,
Fernando:¿No ha
encontrado todavía su procedimiento?
Dama: Son todos
demasiado brutales.
Fernando: Puede
encontrarse otra cosa. ¿Conoce usted el libro del Doctor Ariel? ¿No? Ah, es un
manual perfecto. Vea en el apéndice la distribución geográfica de los
suicidios. (Extiende la hoja de un mapa)
Dama:¿Dónde está
señalado el suicidio pasional?
Fernando: Aquí: la
franja encarnada. Vea, al margen, la gráfica estadística: Índice anual de
suicidios por amor: Inglaterra 14; Francia, 28; Alemania, 41; Italia, 63;
España, 48; Estados Unidos, 2.
Dama: ¿Dos solamente?
Fernando: Dos. Eran
mejicanos nacionalizados. (Deja el libro.)
Dama: Ah, qué bien ha
hecho usted en leerme esos datos ¡Me gustaría tanto morir por amor!
Desgraciadamente, para eso hacen falta dos ... ¿Usted me ayudaría?
Fernando: Honradísimo,
señora, pero... estoy comprometido ya.
Dama: Siempre llego
tarde.
Fernando: Perdón. Sí
me hace usted el honor de una confidencia, ¿,por qué quiere morir?
Dama:¡Por tantas
cosas!
Fernando:¿Puede
decirme alguna?
Dama: Desilusión
absoluta. Tengo lástima de este pobre cuerpo mío, que no me ha proporcionado
nunca más que dolor.
Fernando:¿Y por
lástima de su cuerpo ha decidido usted quitárselo de en medio? Me parece
excesivo
Dama: ¿Para qué
conservar lo que de nada sirve? Mi carne no existe. Sólo mi alma ha vivido.
Fernando: Pero no lo
lamente demasiado. Al fin y al cabo el cuerpo es de origen tan divino como el
alma; No se ponga triste. Reconcíliese usted consigo misma. ¿Quiere que la
acompañe a dar una vuelta por el parque? Hace un sol espléndido.
Dama:
Gracias...(Acepta su brazo. Se justifica):
(Salen. La
escena sola. Suenan de pronto uno, dos, varios timbres y campañas de alarma.
Sale corriendo Alicia. Grita llorando.)
Alicia: ¡Doctor...,
Doctor! (Acude el Doctor.)
Doctor:¿Qué ocurre?
Alicia: ¡Allí! (Señala
la Galería del Silencio.)
Doctor: Pronto...
¡Hanal ¡Deténgalo! ... (Suena dentro un disparo. Callan los timbres. Alicia se
tapa la cara con las manos. Entra Hana forcejeando con Juan, que lucha
desesperadamente por desasirse y recobrar su arma.)
Juan: ¡Déjeme ¡Suelte!
Doctora:¿Qué ha sido?
Hana: Nada ya. He
conseguido desviarle la pistola a tiempo. Aquí está.
Doctora: Traiga.
Juan: ¡Suelte (Se
desprende violentamente.)
Doctor: Pronto, Hana,
calme a los demás. Que no acuda nadie.
(Sale Hana. Alicia
queda al fondo y escucha sin hablar toda la escena. Juan trata ahora de
arrebatarle la pistola al Doctor.)
Juan: ¡Déjeme ¡Es mía!
Doctor:¡Quieto!
Juan:¡Es mía!
Doctor:¡Mol (Lo
rechaza. Juan cae sin fuerzas en una butaca y esconde la cabeza entre los
brazos, sollozando convulso. El Doctor se acerca lentamente a su escritorio.
Guarda el arma.) ¡Qué iba usted a hacer!
Juan: Necesito morir.
¡Mañana puede ser tardel
Doctor: ¿Y por qué?
Juan: Si no me muero
yo, acabaré matando. Lo sé ... ¡Y no quiero matar!
Doctor: Vamos,
serénese. ¿Por qué había de matar usted a nadie?
Juan: lo Mataré.
Porque él me quiere ... ¡y no sabe siquiera todo el daño que me hace!
Doctor:¿Quién es
él?
Juan: Es mi hermano...
Todo lo que yo hubiera querido, todo me lo ha quitado él sin saberlo. Me robo
todo lo que yo quise, mi madre mi novia, . L Pero él no tiene la culpa; él es
bueno. ¡Es además mi hermano! Líbreme de esta pesadilla, Doctor.. . No quiero
matarlo.. ¡No quiero matarlo! (Entran precipitadamente Chole y Fernando).
Chole: ¿Ha ocurrido
algo, Doctor? (Sorprendida al verle.) ¡Juan!
Juan: ¿ustedes?
Doctor:¿Se conocían
ustedes?
Fernando: Es mi
hermano... (Avanza hacia él).
Telón.
Acto Segundo
:En el mismo lugar,
tres días después. Luz de tarde. Han desaparecido los cuadros de muerte, y en
su lugar Chole acaba de colgar un solo cuadro nuevo: La Primavera de Botticelli. Alicia, viste de
enfermera,
Chole y Alicia
Chole: ¿Queda bien
así?
Alicia: Sí, muy bien.
Los otros cuadros eran tan tristes ...
Chole (disponiendo un
cacharro de flores)¿Y estas flores? ¿Le gustan? mañana es el primer día de
primavera. Cuando florezcan habrá que ponerlas también en todas las
habitaciones. (Quedan mirándose). Está usted hoy muy sonriente, Alicia..
Alicia: Estoy
contenta.
Chole: ¿Por qué?
Alicia No sé..., se ha
reído usted toda la mañana. No había tenido nunca a nadie que se riera junto a
mí.
Chole (riendo):Es
gracioso. ¡Está usted contenta porque me río yo!
Alicia: Tampoco había
tenido nunca una amiga. Y usted me dio la mano
Chole
(estrechándosela cariñosamente): ¿Amiga siempre?
Alicia: Siempre.
(. Sonríe también):
Gracias...(Sale. Entra
el Doctora)
Chole y el Doctora
Doctora: Señorita
Chole...
Chole: Buenas tardes,
Doctora. ¿Nota usted algo nuevo aquí?
Doctor: No sé ...
¿Esas flores? (Volviéndose) ¡Los cuadros! Por fin los ha arrancado usted.
Chole: Eran demasiado
sombríos. No hacían ningún bien a esta pobre gente..
Doctor: Es curioso.
Está usted en plena etapa de meditación y de ternura.
Chole: Algunas de
estas historias íntimas, me han llegado muy hondo. Esa contradicción constante
del suicida con la lógica de la vida. ¿Por qué se matan más los triunfadores
que los fracasados? ¿Por qué se matan más los enamorados que los que no han
conocido amores? ... ¿Y por qué se matan más en la primavera que en el
invierno?
Doctor: Difícil de
explicar para una mujer feliz.
Chole: No, Doctor, no
me haga usted dudar. La vida no es solamente un derecho. Es, sobre todo, un
deber.
Doctor: Ojalá piense
usted siempre así.
(Pausa. En el umbral
del jardín aparece el Padre de la otra Alicia; una noble cabeza blanca agobiada
de dolor. Vacila. Se adelanta al fin, con una paz humilde y rota.)
Chole, el Doctor y el
Padre de la otra Alicia
Padre: Perdón ... ¡la
Doctora Roda?...
Doctor: A sus órdenes.
Padre: Tengo algo que
pedirle ... Algo muy íntimo, muy difícil ... Pero necesario.
Chole: ¿molesto?
Doctor: De ningún
modo..
Padre: Doctora...
Doctor: Diga.
Padre: Doctor ...
¡Hágame usted morir!
Doctor:¿Yo? ¿Por qué?
Padre: seguir viviendo
así. Sin ella. Antes yo Tenía un deber: unos ojos y una voz que me
necesitaban.
Doctor:¿Quién era
ella?
Padre: Era mi hija...
Estaba paralítica desde la niñez. Nada se movía en su cuerpo; yo la cuidaba
todo el tiempo Hasta que un día, empecé a sentirme enfermo; era uno de esos
males lentos y seguros. Entonces Y la fui durmiendo suavemente..., sin dolor...
hasta que no despertó más. ¿Comprenden ustedes? Era mi hija y mi vida. La he
matado yo mismo (Cae desfallecido en un lamento, pausa. El Doctor aprieta
angustiado Ias manos de Chole.)
Doctor: Sí, la vida es
un deber. Pero es, a veces, un deber bien penoso.
Chole (llama en voz
alta):¡Alicia!
Padre (sobresaltado):
¡Alicia ¿Quién se llama aquí Alicia?
Chole: Es nuestra
enfermera.
Padre:...También ella
se llamaba Alicia.
(Entra Alicia. Trae un
libro bajo el brazo. El Padre avanza lento hacia ella, mirándola con una
intensa emoción.)
Padre: Es
extraordinario... cómo se parecen...
Alicia (sin saber qué
decir, sonriendo):Gracias...
Padre:Ah..., no... La
voz, no. Perdone Si no le molesta, le puedo leer un cuento. En el jardín,
¿quiere
Alicia: Se lo
agradezco (Sale con ella.).
Doctor:¿Cree usted que
podremos salvarle?
Chole: Me parece que
está salvado ya. (Pausa. Se oye fuera el grito montañero de Fernando.)
La Voz: ¡Ohoh!
Chole:¡Ohoh!
(Corriendo a él, al verle aparecer)
Fernando:! Perdón,
Doctor., (La besa en los labios.)
El Doctor, Chole y
Fernando
Chole:¡Has estado
fuera todo el día! Y has salido sin despedirte.
Fernando: Estabas
dormida como un tronco.
Chole:¿Te has acordado
de mí?
Fernando: Todo el día.
Chole:¿No me has
traído nada?
Fernando: Ah, sí; una
rosa de los Alpes,
Chole: (Sale)
Fernando y el Doctor.
Luego Hans
Doctor: No parece muy
feliz con su día de campo.
Fernando:
Decididamente soy un salvaje urbano.
Doctora sin embargo,
la Naturaleza es más de la mitad del arte.
Fernando: Eso sí;
literariamente no tengo nada que reprocharle. (Entra Hana.)
Doctor:¿Alguna
novedad, Hana?
Hana: Ninguna
Doctor: ¿El amante ?
Hans: Le sigue
contando la historia de Cora Yako a todo el mundo. Nadie se la cree.
Doctor: ¿Y la señora
del pabellón verde?
Hans: ¿La Dama Triste?
No sé qué le ocurre
Fernando: Yo sí. (Riendo
Fernando)
Hans:¿Se ríe usted?
¡Yo, no!
Doctor: No está de muy
buen humor hoy, Hana.
Hans: Perdóneme el
Doctor, pero hay cosas que no, van a mi carácter. Y desde hace unos días esto
no marcha.
Fernando: ¿Desde que
llegamos nosotros?
Hans: Exactamente
Nadie se había reído nunca aquí hasta que llegaron ustedes ". ¿Adónde
vamos a parar?
Doctor: Calma, Hans.
Todo llegará.
Hans (sin gran fe):
Esperemos. (Va a salir. Se detiene aterrado.) Oh, Doctor... ¡Los cuadros!
Doctor: Ha sido idea
de la señorita Chole. Los otros le parecían demasiado sombríos.
Hans: (Se queda
contemplando el Botticelli con un desprecio infinito..) ¡La Primavera! ¡Qué
tendrá que hacer aquí la primavera! No es serio esto. No es serio...
Doctor: tranquila Hana
(se van)
Cora y Fernando
Fernando:
Señora...
Cora: ¿Es usted
empleado de la casa? ¿Tienen ustedes un sitio libre?
Fernando: Siempre
Cora: debo confesarle
que yo no traigo el menor propósito de matarme.
Fernando: Ah, ¿no?
Cora: Soy artista,
¿sabe? He triunfado en cien países, los años van pasando
Fernando: ¿Me permite
tomar unos datos para abrir la ficha? (Toma una del fichero y anota.)
Profesión: artista.
Cora: Cantante de
ópera.
Fernando: Edad... ¿Le
parece bien veinticuatro años?
Cora: Gracias.
Fernando:¿Su
nombre?
Cora: Cora Yako.
Fernando: Pero... ¿es
usted Cora Yako en persona? ¡Oh, déjeme estrechar esas manos!
Cora:¿Me ha oído usted
cantar?
Fernando:¡Nunca!
pero…
Cora: ¿Qué
quiere?
Fernando: ¡Cora Yako!
¿Me perdona que la deje sola un momento? Hay alguien en la casa que tendrá, el
mayor gusto en atenderla. Voy por él. ¡Cora Yako, Cora Yako! (Sale.)
Cora (mirándole ir): Simpático
muchacho. (Curiosea en torno con la mirada. Se fija en el Amante Imaginario,
que llega por el extremo opuesto como una sombra romántica sin rumbo. Viene
deshojando una margarita. Se sienta. Suspira.)
Cora Yako y el Amante
Cora: Perdón ... ¿Es
usted empleado de la casa? (Él la mira vagamente. Niega con la cabeza
Amante:¡Amor He amado
mucho; he sido todo lo feliz que puede ser un hombre. ¿Para qué vivir
más?
Cora (le mira con
inquietud): Ya...
Amante: ¿Por qué me
mira así? Cree que estoy loco, ¿verdad?
Cora: ¿era cantante?
Amante: ¡Era una voz
de plata enredada a un alma! Yo era un muchacho pobre; pero tenía juventud,
hacía versos ... Cora no necesitaba más.
Cora:¿Se llamaba Cora?
Amante: Cora Yako.
Cora: Ah, Cora Yako...
¡Qué interesante!
Amante: Yo estaba en
lo más alto de la galería; pero toda la noche cantó para mí.
Cora: ¿Para usted
solo?
Amante: Me lo decían
sus ojos, que no me dejaban un momento
Cora: ¿Tanto llegó a
quererla en una noche?
Amante: A veces cabe
toda la vida en una hora.
Cora:¿Y ella?
Amante Ella
comprendió. Besó las flores despacio, despacio, mirándome... Y así empezó el
amor. Por semanas por meses
Cora: Me gustaría que
volviéramos juntos. También yo sé cantar ...
Amante (con una
emoción violenta, casi de miedo, cogiéndole las manos):
¿Por qué me mira así?
Esos ojos... esos ojos... ¿Quién es usted?
Cora (tranquila): Cora
Yako.
Amante: ¡No es
posible!
Cora: No apriete
tanto. Tiene usted que contarme que hemos hecho juntos. Estoy en el Pabellón
Azul. Tendré un placer verdadero en recibir allí sus flores...
Amante: ¡Cora!...
¡Cora! (Sale detrás de ella, deslumbrado, atragantada la voz.)
(Entra Juan, sin
camino. Se hunde en un sillón. Silencio. Vuelve Chole. Su mirada resbala sobre
Juan como si encontrara la escena desierta.)
Chole y Juan
Chole: No está aquí.
¿Has visto a Fernando?
Juan (con un vago
acento de reproche): Buenas tardes, Chole.
Chole: Buenas tardes.
¿Le has visto?
Juan: No creo que se
vaya a perder.
Chole (sorprendida): ¿Por
qué me hablas con ese tono? Te pregunto por tu hermano y me contestas como si
te hubiera hecho daño.
Juan: Era yo el que
estaba aquí.
Chole: Ya. Pero yo le
buscaba a él.
Juan: Sí, ya sé,
siempre a él. Vas hacia él con los ojos cerrados, como si nadie más existiese a
tu alrededor.
Chole: Perdona....
Juan: Ya estoy acostumbrado. (Va a salir. Chole le
detiene, imperativa.)
Chole ¡Juan! ... No
acabaré de entenderte nunca que escondes en tu alma
Juan: Nada.
Chole: ¿Por qué te
escondes de tu hermano?
Juan: ¡Basta, Chole! ¡Deja
ya a Fernando!
Chole: Es tu hermano.
Juan: Él nació con las
de ganar
Chole: … Juan…
Fernando no puede ser culpable de lo que no está en su voluntad.
Juan: Te he hecho
sufrir, pero tenía que decírtelo. Se me estaba pudriendo aquí dentro. Él no lo
sabrá nunca ... Perdóname.
Chole: Perdónanos tú,
Juan. Perdónanos a los dos. Pero, déjame.
Juan: Adiós,
Chole.
(Sale Juan. Ha ido
oscureciendo), y la escena está ahora en penumbra. Brilla fuera el lago
iluminado. Chole se debate en una lucha interior de silencios crueles.)
Chole: Yo estaba en
medio de los hermanos como olvidar. ... pero ya no lo estaré. Más. Toda
la vida se recuerda en un momento y después nada: Morir.
(Hans entra de
puntillas. Mira hacia la Galería, sinceramente emocionado.)
Hans: ¡Al fin tenemos
un suicidio! Y ella precisamente; la de la risa y la primavera. ¡Valiente
muchacha!
(Entran el Doctor Y
Fernando)
Hana, Doctora y
Fernando
Doctora: ¡Hana! Esas
luces.
(Hans enciende y va a
situarse a la entrada de la Galería, cruzado de brazos.)
Doctora: ¿Espera usted
algo?
Hana: Espero.
Doctora (va hacia su
mesa): ¿Usted, Fernando? ¿Piensa trabajar esta noche?
Fernando: No.
Doctora: Parece usted
preocupado.
Fernando: Sí, Doctor,
lo estoy. Esa historia de los dos hermanos que acaba usted de contarme… ¿qué
quiere decir?
Doctora: Oh, nada; es
una historia vulgar: el hermano sano y triunfador; el hermano enfermo y
fracasado....
Fernando: Bien,
pero... ¿por qué me la ha contado usted sin mirarme? ¿Quiénes son esos
hermanos?
Doctora: Cualquiera.
Fernando: No, no son
cualquiera... ¡Uno soy yo!
Doctoar: Tal vez.
Doctora y Alicia.
Luego Juan y Chole
(Entra Alicia,
aterrada, a gritos.)
Alicia:¡Doctor,
Doctor!
Fernando: ¿Qué ocurre?
Alicia: Ha sido la
señorita Chole ... ¡En el lago!
Fernando: ¿Chole?
Doctora: ¿Cómo? ¿Qué
quieres decir? ¿Qué significa esto, Hana? (Se oye dentro la voz de Juan
llamando angustiado.)
Juan: ¡Chole! ...
¡Chole! ... (Entra, trayéndola en
brazos, húmedos los vestidos de los dos. La conduce desmayada hasta un asiento.
Hans queda en el umbral.) ¡Pronto, Doctor, pronto!
Doctora: ¿Qué ha sido?
Juan: No tiene pulso.
No la oigo respirar ... ¡Doctor!
(El Doctor la
examina.)
Juan: La vi
caer.
Fernando (al Doctor): ¿Vive?
Doctora: Silencio...
(Pausa. Chole entreabre los labios con un gemido.) Está salvada.
Fernando: ¡Chole! ...
¡Mírame, Chole!
(Chole vuelve en sí
lentamente. Sonríe al ver a Fernando a su lado: le busca las manos, que aprieta
emocionadamente.)
Chole: ¿Has sido tú?
Gracias, Fernando.
Juan (ha quedado
aparte. Repite como un eco amargo): Fernando... ¡Siempre Fernando!
Acto Tercero
En el mismo lugar, al
día siguiente. Es el primer día de la primavera. Luz fuerte de mañana. Se oye
en el jardín el Himno a la Naturaleza de Beethoven, mientras va
subiendo el telón, lentamente. Alicia, inmóvil en el umbral del fondo, escucha.
Entra Chole, fatigada y débil. Alicia va a acudir a ella. Chole le hace un
gesto de silencio. Y escuchan las dos hasta que el himno termina.
Chole:¿Qué música era
ésa, Alicia? ¿Beethoven?
Alicia: El Himno a la
Naturaleza.
Chole:¡Hoy! ¿Pues qué
día es hoy?
Alicia:¡Es el primer
día de la primavera! (Pausa.) ¿Estás mejor?
Chole: ¡Si no ha sido
nada! ¿Y tú, Alicia? ¿Te pasa algo a ti? Tienes los ojos cansados.
Alicia: No he podido
dormir en toda la noche.
Chole:¿Por mí?
Alicia: Por ti. Tú
eras la risa, el amor, la juventud
Chole (angustiada por
el recuerdo):¡Calla!
Alicia: Tú, venías
andando por la orilla, resbalaste en la yerba. Y te caíste Fue entonces cuando
llegó él.
Chole: El ¿Tú le
viste?
Alicia: Sí.
(Entra el
Doctor, trae un ramo de flores. Alicia sale.)
Chole y el Doctora
Doctora: ¿Qué tal van
esas fuerzas?
Chole: Bien ya; del
todo.
Doctora: ¿Por qué
Chole, por qué?
Chole: Qué importa ya;
fue un arrebato sin sentido. Me vi situada de pronto como un obstáculo entre
dos hermanos que se quieren y que se huyen. Y pensé que apartándome yo, se
acercarían. ¡Qué locura!
Doctora: Todo se
arreglará por sí mismo. La vida está llena de caminos.
Chole: Cierre esta
casa, amigo Roda. Emplee su talento para que hoy que la vida del mundo empiece
otra vez,
Doctora: Acaso.
Chole: Hágalo por mí,
por todos ... Hoy es el primer día de la primavera. ¡Hoy es un delito morir!
(El Doctor queda ensimismado. Repite casi inconscientemente.)
Doctora: Tal vez, tal
vez ... (Entra Hans.)
El Doctor y Hans
Doctora: ¿Qué hay de
nuevo, Hans? ¿Por qué se ha quitado usted su bata?
Hana: Lo he pensado.
Vengo a despedirme.
Doctora: ¿Nos deja
usted?
Hana: Sí, Doctor. Pero
esto no marcha.
Doctora: No está usted
contento.
Hana: ¿Y cómo voy yo a
estarlo. ¡Y para qué! Desde que estoy en esta casa, sólo el perro del jardinero
se ha decidido a morirse y se murió de viejo. No, no hay porvenir aquí.
Doctora: Está bien,
Hans, está bien. Pase usted por mi despacho a arreglar su cuenta.
Hana: Oh, no vale la
pena. Estas cosas no se hacen por dinero, yo soy un idealista. Adiós, señor
Roda.
Doctora (Tendiéndole
la mano): Adiós, Hans. Buena suerte. Alicia... ¡Alicia! (Sale en su busca.
Viniendo del jardín entra el Amante Imaginario. Mira en torno desde la puerta,
como si se sintiera perseguido. Se deja caer desfallecido en una butaca con un
suspiro de alivio. Llega en seguida Cora.)
Cora Yaco y el Amante
Cora: ¿Dónde se
esconde mi cachorro?
Amante
(sobresaltado):¡Tú!
Cora: Mi héroe, tú,
lobezno. Alégrate, corazón: salta, grita, aúlla. ¡Ya me tienes aquí!
Amante: Te esperaba.
Cora: Nadie lo diría;
con esa cara... Parece que me huyes.
Amante: ¡Yo! Te he
estado buscando toda la mañana.
Cora: ¿Por dónde? Me
he levantado cantando ¿Tan dormido estabas?
Amante: ¡Pero si estoy
despierto desde el amanecer!
Cora: ¿Y no me oías?
Te tiré piedras primero, hasta que rompí los cristales.
Amante: Tampoco.
Cora: (Cora se
sostiene en el brazo de su butaca. Lo arrulla con caricias y palabras) ¿Eres
feliz? ¿Has pensado en mí? ¿Soy como me soñabas
Amante: ¡Es que no me
dejas!
Cora:¿Qué es lo que te
gusta de mi? ¿El cuello? ¿Las manos?
Amante: Los ojos. Los
ojos sobre todo. ¡Son los de aquella noche!
Cora: ¡Aquella noche
que estuve cantando para tú solo sin darme cuenta no me besas?
Amante: Sí.
Cora: ¿Por qué estás
temblando? ¿Te doy miedo?
Amante: solo
emocionado
Cora: Ahora vas a
tener conmigo todo lo que soñaste Y tantas cosas más que no sabes, que no están
en los libros... (De pronto.) ¿Tú me quieres? ¿Me quieres, me quieres?
Amante
(gallardamente): ¡Te quiero como un cosaco!
Cora: ¿Dispuesto a
todo?
Amante: ¡A todo!
Cora: ¿Por qué no nos
vamos ahora mismo?
Amante (aterrado al
verla tan cerca):¿Ahora?
Cora: Ahora, ahora...
¿A qué esperamos? (Consulta su reloj.) El coche está dispuesto en un momento.
¿Tú sabes conducir?
Amante: No.
Cora: Bien, conduciré
yo.
Amante: Pero, Cora,
espérate un poco, mujer.
Cora: ¿Qué?
Amante: Vamos a salir
así... ¿sin despedirnos?
Cora: ¿De quién? Yo no
me he despedido nunca.
Amante: Del Doctor, de
los compañeros..., hay que pensar en todo.
Cora: ¿Cuánto tardas
en preparar tu equipaje?
Amante (a punto de
sollozar): Cora, Cora...
Cora: ¿Qué?
Amante: i es que no
tengo equipaje!
Cora: ¿Nada? ¿Ni un
smoking?
Amante: Tengo dos
camisas... y un libro.
Cora: Empaca las
camisas.
Amante: El libro es un
manuscrito mío... inédito. Poemas.
Cora: Aunque sea tuyo.
Libros, nunca más que estamos perdidos. Si no hubieras leído tanto no te
pasarían ahora estas cosas. ¿A las once en punto?
Amante: A las once.
Cora: Faltan diez
minutos. ¿Tienes reloj por lo menos?
Amante (nervioso, se
mete las manos a los bolsillos. Sonríe feliz al encontrarlo): Sí, reloj sí. Y
de plata. Es un recuerdo de mi padre. (Se lo lleva al oído con espanto.)
¡Parado!
Cora: Pues Si no estás
a las once. Toco tres. Pero al tercero arranco.
Amante: Estaré.
Cora: Hasta en
seguida, mi héroe, (Sale el Amante. Fernando ha entrado a tiempo para ver y oír
el final de la escena.)
Fernando: ¿Se marchan
ustedes?
Cora: Dentro de diez
minutos ¡Adiós, Femando!
Fernando: ¡Feliz
viaje! (Sale Cora. Fernando juega dolorido los dedos de la mano que ella ha
estrechado con fuerza, y mira con lástima hacia donde salió el Amante) Pobre
muchacho ... (Entra Hans con su humilde equipaje: un portamantas con su
paraguas.)
Fernando y Hans.
Luego, la Dama Triste
Fernando: ¿También
usted se va?
Hana: También.
Fernando (fijándose en
su equipaje):a donde
Hana: A la ciudad. Me
han ofrecido un puesto en el Hospital General. En una semana hay veinte casos
mortales Aquí, en cambio, adiós.
Fernando: Adiós.
Fernando y la Dama
Triste
Dama: Buenos días,
Fernando.
Fernando: Señora...
Dama: ¿Han visto qué
mañana tan hermosa? ¿Les gusta este vestido?
Fernando: Es muy
alegre.
Dama: ¿Discreto,
verdad? ¿Por qué no se viene usted a comer con nosotros?
Fernando (asombrado): ¿A
comer?
Dama: ¿Le esperamos?
Anímese, Fernando; hasta luego. ¡Buenos días, Hans! (Hace un gracioso gesto de
despedida, agitando los dedos, y se va feliz tarareando, marcando inconsciente
el paso del vals. Fernando mira a Hans desconcertado.)
Fernando: Pero, ¿es
que se ha vuelto loca esa mujer?
Hana: Es la primavera;
no hay nada que hacer (Sale Hans. Fernando queda solo ensimismado, con un gesto
triste que lucha por arrancarse. Enciende un pitillo. Vuelve el Amante, mirando
furtivamente a todos lados.)
Fernando y el Amante
Amante: ¿No está?
Fernando: ¿Cora?... En
el jardín; preparando el coche.
Amante: Qué mujer,
Fernando, es terrible. ¿Por qué habrá venido? ¡Tan bella como yo la soñaba!
Fernando: Y sin
embargo es la verdadera. La que cantaba para usted aquella noche en el teatro Amantera,
no; la mía es otra cosa: una ilusión
Fernando: Le ha
tomado usted miedo.
Amante: Miedo, miedo,
no. La quiero, me gustaría verla siempre. Pero un poco desde lejos.
Fernando: ¿No se iban
a marchar ustedes Juntos?
Amante: ¡Si pero No
puedo..., no puedo... (Se sienta)
Fernando: si se siente
desilusionado. Renuncie a la Cora Yako auténtica. Y dedíquese a escribir.
Amante: ¿A escribir?
¿Cree usted que serviré?
Fernando: ¿Por qué no?
Amante: Yo tengo un
libro de versos. (Suena en el jardín el primer bocinazo)
Fernando: Si valiera
la pena...,
Amante: ¡Ahí está ya!
(Sin acertar con su reloj.) ¿Qué hora es?
Fernando: ¡Las once en
punto!
Amante: Al tercer
bocinazo, arranca. ¿Qué hago, Fernando, qué hago?
Fernando: ¡Es el amor!
Amante (aniquilado): ¡No
voy! (Suena la tercera llamada.)
Fernando: ¡Y tres! (Se
asoma al jardín. Se le ve hacer un gesto de despedida.)
Amante Cora. ¡Cora!
Fernando: Ya se fue.
Amante: Soy un pobre
hombre ...
Fernando: ¡Es usted un
héroe!
Fernando y
Chole:
Fernando (acudiendo a
ella al verla llegar):¡Chole! ¿Estás mejor? ¿Te sientes débil todavía?
Chole: Ya pasó todo.
Fernando: ¿Todo?
Chole: El dolor, el
peligro... Lo otro, habrá que resolverlo también tarde o temprano. (Pausa. Con
un tierno reproche.)
Fernando: No te he
visto porque el Doctor me lo prohibió.
Chole: Dime, Fernando;
hay una cosa que necesito saber anoche..., cuando me caí..., hubo un hombre que
arriesgó su vida por la mía.... ¿Eras tú, verdad? (Le mira angustiada,
esperando.)
Fernando: No.
Chole: No eras tú ...
Fernando: Hubiera
querido serlo. Pero fue Juan.
Chole (acariciando
inconscientemente las flores del hermano): Pobre Juan ... Ha sufrido más que yo
misma. Tú no sabes,
Fernando: Lo sé todo.
Chole: ¿Todo? ... ¿Has
hablado con él?
Fernando: Con el
Doctor. Él no me lo diría nunca creo que tenemos que irnos.
Chole: Juan no ha
tenido nunca nada suyo. ¡No puede seguir solo! Vete tú si puedes. Yo me quedo.
Fernando: ¿Con él?
Chole: Yo seré a su
lado por lo menos en su vida una ilusión de mujer!
Fernando: ¡Pero eso no
puede ser, Chole! ¡No es así como te quiere Juan!
Chole: Lo sé; se lo oí
ayer a él mismo
Fernando: No puede
ser, Chole esta atormentada de remordimientos por culpas que no existen.
Chole: No, estábamos
ciegos con nuestra felicidad. Ni una vez se nos ocurrió mirar alrededor.
¡Y allí estaba siempre Juan, tiritando como un perro a la puerta!
Fernando: Pero, ¿crees
que el corazón de mi hermano no me duele a mí también? No te atormentes más.
Salgamos de aquí. Nunca podrás ser feliz con él.
Chole: No se trata de
que yo sea feliz. ¡Lo he sido tanto Ahora lo que importa es él.
Fernando (nervioso,
cogiéndola de los brazos)¡Mira que mañana puede ser tarde!
Chole: No es tiempo de
pensar. Mi puesto ahora está aquí, a su lado.
Fernando: ¿Porque te
salvó la vida?
Chole: Porque me ha
entregado toda la suya.
Fernando: Pero
entonces (Le levanta el rostro.) Mírame bien. ¿Qué está pasando dentro de ti?
¡Contesta!
Chole (se suelta
suplicante pero resuelta): ¡Por lo que más quieras, déjame!
Fernando: No, no es
posible. (Va hacia el interior llamando.) ¡Juan... Juan!
(Juan aparece en el
umbral del fondo. Chole, a verle, lanza una rápida mirada de súplica a
Fernando, y se dirige a él.)
Chole: ¡No le
escuches, Juan, no le escuches!... (Juan, con los ojos fijos en el hermano,
avanza apartando a Chole sin mirarla, con suave energía).
Juan: ¿Para qué me
llamas con tanto grito?
Fernando: No. Ahora
necesito hablarle.
Fernando (retrocede
sin voz al comprender que Juan ha oído): Juan ...
Juan: No, Fernando,
¿Quieres la prueba? Ahora mismo te la va a dar... Elige, Chole. ¡Para siempre! (Chole vacila.
Suplica a Fernando con el gesto y avanza dolorosamente hacia Juan.)
Chole: Juan (Juan la
recoge en sus brazos con una emoción desbordada. Sus palabras tiemblan): ¡La
ves, Femando ¡En mis brazos (Levanta en sus manos el rostro de ella, lleno de
lágrimas.) Llévatela lejos. Ahora he sido bueno como tú y feliz como Ella y te
he visto llorar.
Fernando (en un
impulso fraternal): ¡Juan!
Juan: ¡Hermano!
(Vuelcan en un abrazo toda su ternura contenida.) Gracias, Chole Llévatela,
Fernando. Sólo te pido que te vayáis a vivir lejos. Dejadme a mí gozar solo el
único día feliz que ha habido en mi vida... (Chole, sin encontrar palabras de
despedida, estrecha conmovida las manos Juan. Recoge luego sus flores,
apretándolas contra el pecho, y sale reclinada en el hombro de Fernando. Juan,
agotado por el enorme esfuerzo, desfallece un momento. Se domina. Tiene ahora
una expresión de frialdad fatal. Va al escritorio, lo abre y toma una pistola.
Pasa Alicia. Al verla, esconde el arma, volviéndose.)
Alicia y Juan
Alicia: Buenos días,
Juan... (Corre el cerrado de la Galería del Silencio, y coloca en lugar bien
visible un cartel que dice: "Prohibido suicidarse en Primavera". En
el jardín pianísimo -cuerda sola-, comienza a oírse de nuevo el himno de Beethoven.)
Es una orden de Chole... ¿Le ocurre algo, Juan?
Juan: Nada...
Alicia: Es el día...
¿Oye usted esa música?
Juan: ¿Qué es?
Alicia: Beethoven: un
himno de gracias a la primavera.
Juan: ¿Lo cree usted
así?
Alicia: la Doctora me
lo dijo un día: "No pidas nunca nada a la vida. Y algún día la vida te
dará una sorpresa maravillosa".
Juan: ¿Y espera usted?
Alicia: Siempre ...
¿quiere hacerme el favor, Juan? ¿Quiere darme eso que esconde ahí?
Juan (turbado,
entregando su pistola): Perdón... Alicia. Voy a tirarla al estanque. En el
mismo sitio donde Chole resbaló ayer. (Va a salir.). Alicia... Espere, tengo
miedo de quedarme solo... ¿Me permite que la acompañe, Alicia?
Alicia: Gracias (Le
ofrece su brazo. Avanzan juntos hacia el jardín. El himno de Beethoven suena
ahora -cuerda y viento- fortísimo y solemne. Va cayendo lentamente el telón.)
Fin