Este es un texto fundamental del teatro mexicano del siglo XX. Sergio Magaña logra, en una extensión mínima, condensar temas profundos como la envidia, la decadencia física, el erotismo y la trascendencia.
1. El ocaso de un ídolo
"Como las estrellas y todas las cosas" es una pieza breve que funciona como un duelo psicológico de sombras. Escrita con una sensibilidad lírica y cruda a la vez, la obra nos sitúa en la habitación de Raúl, un hombre que personificaba la belleza y el vigor físico, ahora reducido a la inmovilidad. La obra no es solo el relato de un suicidio, sino la transferencia de un "estatus" de vida de un personaje a otro. A través de un diálogo cargado de subtextos, Magaña explora cómo la identidad se desmorona cuando el cuerpo, que era su templo, deja de funcionar.
2. COMO LAS ESTRELLAS Y TODAS LAS COSAS
Autor: Sergio Magaña
PERSONAJES:
RAÚL: Joven de voz sonora y viva. Paralítico desde hace tres meses.
MIGUEL: Su amigo, más joven. Manso, de voz cariñosa y suave.
ÉPOCA: Actual.
ESTACIÓN: Invierno.
HORA: 6:30 de la tarde.
ESCENARIO:
El interior de una habitación decorada con muy buen gusto. Un lecho donde Raúl se halla recostado; una mesita de noche a la derecha. Una silla junto a la cama donde está sentado Miguel. La escena comienza a oscuras; se escucha la respiración agitada de Raúl.
RAÚL: No, no. No enciendas la luz, ahora no.
(En la penumbra, Raúl se aplica una inyección. Su brazo se mira casi luminoso en la oscuridad. Se incorpora con esfuerzo).
RAÚL: Y esto es tan fácil... fácil... (Deja la jeringuilla en la mesa. Su voz se reanima). Tan fácil que va pasando... como si de pronto uno estuviera limpio, de adentro y de afuera, sin frío, bañado de sol, corriendo sobre un campo verde y grande... ¡Qué belleza! Pues si no se ve nada, oye, hace media hora todavía entraba el sol.
MIGUEL: Son tardes de invierno.
RAÚL: Y qué feas. Claro, ahora enciende la luz... ¡Eso!
(Miguel enciende la luz. Queda laxo en su silla, con las manos en el regazo —la izquierda enguantada—. Evita mirar a Raúl. Miguel silba suavemente el tema de "Pedro y el Lobo").
MIGUEL: Ayer alcancé los mil doscientos metros, veinte vueltas a la alberca.
RAÚL: (Sonriendo) Ah, Miguel, no creíste lo que te dije, ¿verdad? Lo que acabo de decirte con respecto a esto... (Señala la jeringuilla y luego su corazón).
MIGUEL: (Intenta moverse, pero Raúl lo detiene).
RAÚL: No toques nada. Acabo de suicidarme y es morfina. ¿No lo dije?
MIGUEL: ¡Oh!
RAÚL: ¿Oh? Claro que ¡Oh! He agotado el frasco. Dentro de seis minutos empezaré a dormir. Acabo de suicidarme. Ah, no me mires así. ¿En cuánto tiempo das veinte vueltas a la alberca?
MIGUEL: Per... o...
RAÚL: Yo siempre hice dieciocho. Sentía el agua fresca en los párpados, en los labios. Las mujeres me hacían señas mientras mis piernas ágiles corrían desnudas. Perseguí siempre a mis amigas.
MIGUEL: A las mías también.
RAÚL: ¡Qué gentil! Si tú no tienes ninguna, Miguel. No sé cómo hemos podido ser amigos.
MIGUEL: (Inclinando la cara) Yo sí lo sé.
RAÚL: Perdóname. Soy tajante. Debió haberse quedado paralítico algún otro, no yo.
MIGUEL: Yo, por ejemplo.
RAÚL: Pues tú quizás podrías, yo no. Apolo con piernas de Vulcano... mira estas piernas inmóviles. ¿Crees que muero ahora por la morfina? Hace tres meses que he muerto. Te has limitado a admirarme y a envidiarme.
MIGUEL: Es cierto.
RAÚL: Isabel dice que...
RAÚL: No metas a Isabel. ¿No es raro que a ella le guste tu compañía? Con su porte de Electra... es una griega clásica.
MIGUEL: Tú, ¿nunca has sentido miedo?
RAÚL: Ahora mismo quieres huir de aquí para no verme morir. Te quiero, eres mi amigo, pero lo que en mí envidiaste fue mi amor frenético hacia la vida. ¡Qué belleza!
MIGUEL: Yo también amo la vida, el sol.
RAÚL: (Debilitándose) Absurdo. Siempre estás triste... El polen va en el viento... La vida es como un sueño grande que ahora me pesa en los ojos.
(Raúl entra en el sueño de la morfina. Miguel permanece quieto, hablando con voz suave).
MIGUEL: Me gusta nadar, Raúl. Isabel dice que mi torso es ahora un buen torso. Me gusta caminar con ella.
RAÚL: (Entre neblinas) No la nombres... ella se acerca... o se va...
MIGUEL: A veces nos sentamos en los prados a mirar las estrellas.
RAÚL: Se va... ¡Miguel!
MIGUEL: Las estrellas viajan, dice Isabel, pero su luz no se interrumpe nunca.
RAÚL: (Su brazo cae inerte) ¡Miguel!
MIGUEL: Y ella y yo caminamos en la arena... ella dice: "Si tú te desnudas, me baño contigo". Y entonces dejamos que el agua nos bañe los pies mientras miramos nuestras piernas hundidas... ella dice: "Parece que están quebradas". Y yo le digo: "Sí, parece". Y el sol no se detendrá, es como las estrellas y todas las cosas, es algo que pasa. (Se escucha el silbido de "Pedro y el Lobo"). Ayer Isabel y yo alcanzamos los mil doscientos en el tanque. Dijo: "Ahora Miguel tiene un hermoso torso". Por eso se rieron. ¡Raúl!
(Miguel se levanta, arropa el cuerpo de Raúl con cariño extático).
MIGUEL: ¡Qué belleza! (Afuera, alguien silba de nuevo). ¡Qué belleza!
TELÓN LENTO
3. Interpretación: El relevo de las sombras
La obra presenta una ironía trágica. Raúl, el "Apolo", se suicida porque no puede concebir una existencia sin la perfección física que lo definía. Para él, la parálisis es la muerte real. Sin embargo, el clímax revela que Miguel —quien siempre fue el amigo "manso" y disminuido— ha tomado el lugar de Raúl en el mundo de los vivos y en el deseo de Isabel.
El uso de las referencias mitológicas (Apolo vs. Vulcano) subraya la caída del pedestal. Lo más inquietante es el final: Miguel, al cubrir el cadáver, repite las palabras de Raúl: "¡Qué belleza!". Esta frase ya no se refiere a la vida heroica de Raúl, sino a la "belleza" de su muerte, que finalmente deja el camino libre para que Miguel deje de ser la sombra y se convierta en el protagonista de su propia vida.
4. Semblanza de Sergio Magaña (1924-1990)
Sergio Magaña fue una de las figuras cumbres del teatro mexicano del siglo XX y pieza clave de la Generación de los 50. Nacido en Tepalcatepec, Michoacán, Magaña revolucionó la escena nacional al alejarse del costumbrismo regionalista para enfocarse en la psicología urbana, la marginalidad y el existencialismo.
Innovación: Introdujo una crudeza temática que escandalizó y fascinó a la vez. Sus personajes suelen estar atrapados en ambiciones frustradas o pasiones destructivas.
Obras Clave: Su obra maestra, Los signos del zodiaco (1951), retrata la vida en una vecindad con una profundidad técnica sin precedentes. También destacan Moctezuma II, donde reinterpreta la historia de México, y Santísima, una exploración del deseo y la religión.
Legado: Fue un maestro del diálogo y del ritmo dramático. Su teatro no solo se lee, se siente como un golpe emocional que cuestiona los valores de la clase media y la identidad nacional.
Sergio Magaña utiliza detalles aparentemente pequeños para construir una tensión psicológica asfixiante. Tanto el guante de Miguel como la música de Prokofiev son llaves maestras para entender la verdadera naturaleza de su relación.
Aquí un análisis de estos dos símbolos:
1. El misterio de la mano enguantada
En el texto, se menciona específicamente que Miguel tiene la mano izquierda enguantada. En el teatro, nada es accidental. Este elemento sugiere varias interpretaciones:
La marca de la inferioridad: Mientras Raúl presume de su antigua perfección física ("Apolo"), el guante de Miguel sugiere una imperfección oculta, una cicatriz o una deformidad. Es el símbolo de su "castración" simbólica frente al brillo de Raúl.
La barrera de la "mansedumbre": El guante representa la incapacidad de Miguel para tocar la vida directamente. Él siempre ha sido un observador, alguien que vive a través de los ojos de Raúl.
El cambio de guardia: Al final, cuando Miguel mete el brazo inerte de Raúl bajo las sábanas, lo hace con esa misma mano. El guante ya no oculta una debilidad, sino que ahora es la mano que "toma el control" y hereda el espacio del muerto.
2. El tema de "Pedro y el Lobo"
El hecho de que Miguel silbe el tema de Serguéi Prokófiev no es solo un recurso atmosférico; es una analogía del conflicto central de la obra.
La inversión de roles
En la fábula musical, cada personaje tiene un instrumento y un rol claro. Tradicionalmente:
El Lobo (Raúl): Es el depredador, la fuerza de la naturaleza, el peligro que fascina y aterra. Raúl era ese "lobo" ágil que perseguía mujeres y dominaba la alberca.
Pedro (Miguel): Es el niño astuto pero aparentemente inofensivo que termina atrapando al lobo.
¿Por qué es importante?
A lo largo de la obra, escuchamos el silbido como un recordatorio de que el cazador ha sido cazado. Raúl está atrapado en su cama (la trampa), mientras que Miguel (el niño manso) es quien ahora camina libremente por los prados con Isabel. El silbido que se escucha al final, "de alguien que pasa afuera", sugiere que la vida sigue su curso indiferente, y que el rol de "héroe" o "lobo" simplemente ha pasado de un hombre a otro.
3. Interpretación del Clímax: ¿Venganza o Admiración?
El final es profundamente ambiguo. Cuando Miguel dice "¡Qué belleza!" mientras contempla el cadáver, ocurre una transmutación:
El canibalismo simbólico: Miguel no está triste. Está extasiado. Al morir Raúl, Miguel deja de ser la sombra. Ahora él es quien nada los 1200 metros, quien posee el "hermoso torso" y quien se queda con Isabel.
La estética del fin: Para Raúl, la belleza era el movimiento. Para Miguel, la belleza es el orden final, el momento en que su "ídolo" se convierte en un objeto que él puede arropar y controlar.
Propuesta de análisis visual
Para entender mejor la estructura de poder en esta obra, podemos visualizarla como una balanza que se inclina:
| Elemento | Inicio de la obra (Raúl domina) | Final de la obra (Miguel domina) |
| Luz/Sombra | Raúl en la luz (brillo de la jeringa). | Raúl en la sombra (muerto/tapado). |
| Cuerpo | Raúl recuerda su agilidad. | Miguel presume sus 1200 metros. |
| Isabel | Es la propiedad de Raúl ("su Electra"). | Es la compañera de Miguel en el prado. |
| La frase | Raúl dice "¡Qué belleza!" sobre la vida. | Miguel dice "¡Qué belleza!" sobre la muerte. |
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