Por Benjamin Gavarre
Esta
obra está protegida por INDAUTOR
gavarreunam@gmail.com
Comedia
Sinopsis:
En la
azotea más pretenciosa de la ciudad, Don Gonzalo intenta desesperadamente casar
a sus hijas para salvarse de la ruina financiera, mientras su esposa disfruta
de la vida (y de los masajes) gastando su propia fortuna. Entre esculturas
fálicas, un "mirrey" con negocios fantasma y un ranchero demasiado
auténtico, el único que parece entender el absurdo de la situación es Ramiro:
un ajolote que vive en una pecera de diseño. Una comedia ácida sobre las
apariencias, el dinero viejo versus el nuevo, y las masculinidades en crisis.
Personajes:
- Don Gonzalo: Dueño de sus escasos ahorros. Estresado por
depender de su esposa; quiere casar a sus hijas para pellizcar algo de
fortuna.
- Mamá Gándara: Dueña de la casa, de acciones varias y de una
vida interior "gozosa". Va a spas por masajes (con hombres
jóvenes) mientras su marido no se entera.
- Karen:
Influencer molesta con la vida, pero en el fondo con buen corazón.
- Camila (La "Intensa"): Bióloga de la UNAM, vegana y protectora del
ajolote Ramiro.
- Santiago: Heredero con casa, pero sin fortuna, vive del
cuento y de la bondad de sus amigos.
- Diego: Mozo
de los Altos de Jalisco. Rico, guapo y enfocado en los negocios, aunque
Camila le atrae.
Escena Única: En la azotea de una casa en las
Lomas.
(Muebles viejos pero "de diseño", vista a
la ciudad y una escultura fálica propiedad de Mamá Gándara. Don Gonzalo revisa
su iPad. Karen se toma una selfie junto a la escultura con cara de duda. Camila
está en cuclillas frente al estanque del ajolote).
Don Gonzalo: No
te saques selfies con esa escultura, o al menos no las publiques… Yo no sé si
me gusta, porque se parece mucho a un… Es como una gran… Si te la sacas, no la
publiques.
Karen:
Pero, papá, pagaron millones por tu escultura. Junto a ella me veo intelectual,
pero sexy. Lo "rarito" llama la atención, te lo juro.
Camila: (A su ajolote) ¿Ya viste, Ramiro? Aquí lo importante no
es que tengan una escultura fálica, sino que pagaron millones y nadie la
entiende. Me gustaría ser un señor ajolote como tú… Me gustaría ser pez y tener
patitas.
Don Gonzalo:
¡Camila! ¡Deja de hablarle a ese... renacuajo extraterrestre! Un mal día te vas
a convertir en ajolote y él se convertirá en ti…
Karen: (Broma pesada) Y nadie se dará cuenta: Brock, brock… ¿O cómo es que hacen los ajolotes?
Camila:
Afortunadamente son mudos, hermanita.
Don Gonzalo:
Basta de peleas. Camila, hoy vienen Santiago y Diego. Compórtate. Y por favor,
si te preguntan dónde estudias, di que en la Ibero. No menciones a la
Universidad Nacional Autónoma de México. Eso a nadie le importa.
Mamá Gándara: (A gritos, sin estar todavía en escena) ¡Ya llegué!
Puedo notar que hablan de mí.
Don Gonzalo: (A
gritos también) Hablamos de ajolotes y de la universidad de los piojosos.
Camila: Ya
quisieras, tú estudiaste un diplomado en la Universidad de "Vago ya
sabes"… Y para tu información… Ramiro es un Ambystoma mexicanum.
En tiempos de los aztecas era el Dios Xólotl. Si le cortas una pata, la
regenera en dos semanas.
Karen: Uh,
¡qué intensa!… ¡Qué intensa! Si sigues hablando de los aztecas al rato vas a
defender los tlacoyos… Qué desagradable. Por cierto, papá, espero que Diego no
venga con esa camisita de charro otra vez.
Don Gonzalo:
Compórtate, hija, que a Diego lo vamos a exprimir…
Karen: Ya
ni las apariencias guardas, papito… Se dice extorsionar.
Don Gonzalo: Yo
dije… halagar… no pongas equivocaciones en mi boca. ¿Lo dije o no lo dije,
Camila?
Camila: Qué
te puedo decir, eres un cínico… (A gritos) ¡Mamá, te
casaste con un viejo descarado!
Mamá Gándara: (Desde adentro, entiende mal) ¿Pan con ajo? Solo hay
pan de centeno, ya no tardo.
Camila:
Otra que no tiene remedio.
Karen: Lo
que yo no entiendo es a qué demonios vienen esos dos, papá… No estarás de
casamentero… otra vez.
Don Gonzalo: El
tal Diego es como los charros de los de antes… pero en joven… Está correoso y
guapo, pero es más morenito que Santiago.
Camila: Y
Santi es tu vecino, ¿no Karen?
Karen: (A Camila) El tuyo. Era tu amor imposible, acuérdate…
Don Gonzalo: No
tiene en qué caerse muerto, pero le heredaron una mansión, eso ya cuenta.
(Suena el timbre. Entran Santiago, con mocasines
sin calcetines, y Diego, con una elegante camisa vaquera, pantalones ajustados
y corbatín de cuero).
Santiago:
¡Familia, qué gusto! Don Gonzalo, siempre tan distinguido. Karen, espectacular.
Te sigo diario en Insta… no te pongo likes para no
abrumar, pero en mi corazón estás.
Karen: (Falsa) Adorable, Santi… no me hacen falta más likes, créeme.
Santiago:
Siempre hacen falta. Mi empresa Wagenverkaufen tiene un millón
de seguidores alemanes y extranjeros.
Diego: (Encantador, acercándose a Camila) ¡Y ese huerco! Ah,
maldito demonio… Es un charal con patas, ¿qué no?… o trucha o tilapia.
Camila: Se
llama Ramón. Come larvas de mosquitos… es un animal maravilloso.
Don Gonzalo:
¡Camila, a nadie le interesa lo que coma tu pez gato con patas!
Santiago: (Asomándose al estanque) ¿Esos que le salen de la
cabeza son gusanos?
Camila: Son
branquias.
Karen: Las
tiene de fuera... imagínate si así fueran los hombres.
Mamá Gándara: (Llegando relajada) ¿Quién tiene qué cosa de fuera?
Don Gonzalo:
Nada, querida… Mira, él es Diego, de los machos de Jalisco.
Mamá Gándara:
¡Vaya, qué buena figura tiene usted, muchacho!
Diego: De
los Altos de Jalisco, señora. Sé enlazar yeguas, potros y lo que haga falta.
Santiago:
Jesús de Veracruz… eso está muy bien, compadre. Yo soy Santiago Limantour.
Dirijo la empresa Krankenweisz… especializada en
autos.
Mamá Gándara:
Vaya… Su empresa se llama "Enfermo blanco". (Le habla en alemán perfecto) "Und warum hat sie ihm so einen schrecklichen Namen
gegeben?" (A todos) Le
pregunté por qué le puso ese nombre tan horrendo.
Santiago: (Nervioso) ¡Ya veo que habla alemán! Tendremos
conversaciones sin fin.
Camila: Yo
también hablo alemán, Santiaguito. Y francés. Me di cuenta de que le cambias el
nombre a tu empresa cada vez que la mencionas. Entonces, mi papi te invitó para
casarte con mi hermana…
Karen: (Tose y habla) ¡Perro! Pero cómo se te ocurre, Camila.
Santiago:
¿Casarme? No todavía, en unos cinco lustros. Tu papi me invitó porque mi
familia casi fue fundadora de las Lomas… ¿No es así, Don Gonzalo?
Don Gonzalo: Eh,
claro, hijo, ustedes son como de la familia. ¿Y sí piensas vender tu casa, no
es cierto?, ahora que la heredaste….
Karen: No
la piensa vender, papá, si es lo único que tiene… Y ya no hables de matrimonio.
Don Gonzalo: Ah,
sí, claro, y a ti, Dieguito, te quería presentar a mi otra hija… Es bióloga, le
gustan los ajolotes… y estudió… en una de las universidades más calificadas del
país… y de Latinoamérica…
Diego: Don
Gonzalo, conocer a su hija Cristina ha sido ya un logro en esta visita.
Don Gonzalo:
Camila.
Camila:
¿Sí?
Don Gonzalo:
Agradécele al señor sus bellas palabras.
Camila:
Gracias señor… Don Diego… ¿Y todavía se acostumbra que roben a las mujeres en
su tierra?
Diego: (Iluminándose) ¡Acostumbramos robarnos besos!… De las
bellas mujeres como usted.
Camila: Me
sonrojo, caballero.
Don Gonzalo: ¿Y
también acostumbran casarse, no es cierto, muchacho?
Camila:
Entiende esto, papi… Ya nadie en estos tiempos piensa en el matrimonio, nadie,
solo tú.
Diego: Eso
es verdad… El motivo de mi visita era, es… proponerle a Don Gonzalo un negocio
de importación de leche y huevos.
Camila: (Sonríe) ¡Ah, pues mientras no los traigas de fuera!
Don Gonzalo: Yo
bien estaría gozoso… de hacer negocios con usted, joven amigo… Y desde luego se
puede quedar como huésped por acá unos días y conocer a nuestras hijas… Por si
se le ocurriera tal vez, pensar… en casarse… ¿con alguna?
Santiago: Yo
también te puedo dar hospedaje, amigo mío…
Diego: Y
eso, mi amigo repentino, no sabría cómo tomar ese ofrecimiento. Apenas nos
conocemos.
Santiago: Ah,
bien, no sé, es que… me gustaría que alguna vez, si fuera posible, yo pudiera
ir a los Altos de Jalisco y me enseñaras a montar…
(Pausa incómoda)
Camila: (Agarra a Diego del brazo) Quizá yo te pueda enseñar un
poco más de la ciudad, si es que no la conoces todavía. No tendríamos que
casarnos, pero darnos besos…
Karen: (Lo toma también del brazo y lo lleva para otro lado)
Ella seguramente te llevaría a conocer el jardín botánico de Ciudad
Universitaria, amigo… Yo te llevo al más exclusivo…
Mamá Gándara: Me
parece que Don Diego tiene que hacer negocios con una servidora, que es la que
firma los cheques, ¿no es cierto, Don Gonzalo? Yo soy la que decido sobre los
negocios, ¿no es así, marido?
Don Gonzalo: (Al público, pasmado) ¡Me lleva el tren maya! Resulta
que no somos nada ahora que las mujeres son las que mandan.
Santiago: (Sacando su celular) Pues yo… quisiera quedarme más
tiempo, pero… si no les incomoda… ¿Me puedo tomar una selfie?
Karen: (Entusiasta) Conmigo, Santi… Con gusto… Pero nada de
bodas…
Santiago:
¿Contigo? Ni loco, ja, ja… Es que… le prometí una selfie a unos amigos, junto a
la enorme escultura de tu casa… Escultura, a solas, yo, y la escultura…
¿puedo?…
Karen: Es
toda tuya… Y ahora… ¡Qué tal si nos vamos todos al antro! Vamos, invita también
a… a tus amigos… Necesito olvidar que el dinero de mi madre jala más que dos
carretas….
Camila: Y
bueno, aunque estés aquí para hacer negocios, ¿Diego? Sí puedes venirte con
nosotros al antro, o no.
Diego: Lo
que diga la señora.
Mamá Gándara: Ah,
pues que no se diga más, la señora dice que nos vamos todos al antro. Tú
también Gonzalo… vienes.
Don Gonzalo:
¿Yo? No, gracias. Aquí me quedo, platicando con el Ostrogodo…
Camila: Se
llama Ramiro, ¡nos vemos papi!
Todos:
¡HASTA LUEGO SEÑOR!
(Don Gonzalo se queda solo con el ajolote).
Don Gonzalo: (Solo con el ajolote) Y tú no digas nada, Ricardo… Vaya
nombrecito para un dios. Así pues… Xólotl. Te haré la danza del ajolote para
que nos vaya bien. ¡A ver si se me regenera algo que me falte!
(Música ritual-electrónica. Don Gonzalo comienza
una danza ritual graciosa imitando los movimientos del ajolote. Las luces se
desvanecen).
TELÓN.