LOS FANTASMAS DE COYOACÁN
Una farsa en tres actos
PERSONAJES
- MARTHA (65). Sofisticada, hastiada. Su postura es la de una emperatriz en el exilio. Vive aferrada a su iPad.
- ABEL (50). Su marido. De voz profunda, ex locutor. Atrapado en una eterna adolescencia erudita y gótica.
- RITA (50s). Actriz legendaria. Elegancia caótica. Viste abrigos extravagantes y lleva enormes audífonos al cuello.
- ÓSCAR (50s). Ácido, encantador, con la lucidez destructiva y brillante del alcohólico funcional.
- SARITA (35). Hija de Martha. Rígida, permanentemente ofendida por el mundo. La burocracia encarnada.
ESCENOGRAFÍA GENERAL
El comedor de una casona tradicional en Coyoacán, diseñado como un museo del caos ilustrado. Muebles pesados de madera tallada que huelen a cera y encierro. Los libreros están a punto de colapsar bajo el peso de enciclopedias, primeras ediciones y botellas de vino de cosechas carísimas, ya vacías, usadas como candelabros. En una esquina, un altar profano: torres de cajas de figuras de acción de superhéroes, inmaculadas y sin abrir.
ACTO PRIMERO: EL DELICADO EQUILIBRIO DE LA DECADENCIA
[ La luz es ámbar, polvorienta, casi líquida. Una luz que se niega a admitir que es de madrugada.
MÚSICA CUE: Suena un bolero lentísimo de Los Panchos en un tocadiscos, pero el disco está ligeramente rayado y repite la misma sílaba cada cuatro compases en un bucle hipnótico: "Y si te vuelvo a ver... ver... ver... ver..."
Martha está hundida en un sillón orejero Luis XV. Viste una bata de seda espectacular. Sus lentes de lectura descansan en la punta de la nariz mientras desliza el dedo por su iPad a una velocidad febril. De la bocina escapa un sonido inconfundible: gemidos y el rítmico chapoteo de una película para adultos. Ella no se inmuta.
En el otro extremo de la mesa, Abel viste un suéter de rombos. Usa guantes blancos de curador de arte y, con la precisión de un neurocirujano, lustra la caja de plástico de una figura retro de Drácula. ]
MARTHA
(Sin despegar la vista de la pantalla, con un tono casual y aristocrático)
Abel, querido... El plomero húngaro acaba de sacar una herramienta que desafía las leyes de la anatomía euclidiana. Y, sin embargo, lo que más me impresiona es lo limpio que tienen el azulejo del baño. ¿Crees que usen cloro o vinagre blanco?
ABEL
(Soplando una mota de polvo invisible de la caja, sin mirarla)
El cloro es para la clase media, mi flor de loto. Seguramente es una ilusión óptica. La bidimensionalidad embellece hasta la más sórdida de las interacciones humanas. Por eso yo prefiero a Lugosi. Él no necesitaba desnudarse; te chupaba la sangre con la mirada.
MARTHA
(Suspira, embelesada por su pantalla)
Qué maravilla es no tener que oler a los amantes. Ver cuerpos que se enredan, sudan y se desechan sin la brutalidad del compromiso emocional. Nadie te pide que le prepares huevos tibios a la mañana siguiente. El porno es la verdadera paz mundial.
[ EFECTO DE SONIDO: La puerta principal no se abre, estalla hacia adentro con un golpe teatral. El viento frío de la calle corta el ambiente pesado, haciendo parpadear las velas.
Entran Rita y Óscar. Vienen envueltos en abrigos de piel sintética extravagantes, a pesar de que no hace tanto frío. Rita camina con la majestad de una diva en plena ovación, cargando un bolso de diseñador que tintinea sospechosamente. Óscar trae una botella de ginebra a medio terminar, usándola como micrófono. ]
ÓSCAR
(Lanzando un suspiro profundo, dramático, mientras se deja caer en la alfombra, boca arriba)
¡Supervivencia! Hemos cruzado el desierto de asfalto. El aire acondicionado del City Market debería estar tipificado en la convención de Ginebra. Allá afuera el mundo madruga, es hostil, ordinario y sobrio. Qué puto asco.
RITA
(Avanza hacia la mesa central. Golpea la mesa tres veces como jueza dictando sentencia)
¡Atención, fantasmas! Los dioses del hurto han sonreído a esta actriz desempleada. El guardia de seguridad —un pobre diablo que claramente no ha visto teatro en su vida— estaba tan abrumado por mi presencia escénica que me abrió la puerta electrónica. ¡A mí! ¡A la mujer que lleva media sección gourmet en las entrañas de este bolso!
[ COREOGRAFÍA DEL BOTÍN: Rita empieza a sacar cosas del bolso. Cada objeto sale con un efecto de sonido de caricatura (un "pop", un platillazo pequeño, una campanita). Saca: un queso Camembert, un frasco de trufas, tres kilos de aceitunas, un busto de Beethoven de yeso que nadie sabe por qué robó, y finalmente, aferrándose con ambas manos y tirando hacia atrás con esfuerzo físico... ]
RITA
¡Y la joya de la corona!
[ Saca una pata entera de jamón serrano gran reserva. La levanta en alto como Rafiki levantando a Simba. ]
MARTHA
(Da un grito ahogado. Apaga el iPad de golpe y se cubre los ojos con ambas manos, temblando)
¡Rita, por la Virgen de los Remedios! ¡Quita ese cadáver amputado de mi mesa sagrada! ¡Está sudando grasa! ¡Es una atrocidad!
ÓSCAR
(Se levanta del piso de un salto ninja absurdo. Descorcha una botella de vino con los dientes y escupe el corcho hacia el público)
Llevamos tres años viviendo de prestado en tu cuarto de visitas, Martha. Comiendo gracias a la cleptomanía ilustrada de esta mujer. ¡Respeta el arte dramático del robo!
MARTHA
(Se pone de pie, indignadísima. Camina frenética de un lado a otro)
¡Es grotesco! Es una pierna muerta. Es ese color... esa textura. Es exactamente igual al incidente del Viaducto.
RITA
(Rodando los ojos, saca una lima de uñas)
Ay no. Otra vez el Viaducto.
[ CAMBIO DE LUZ: La luz general baja. Un cenital rojo intenso ilumina solo a Martha. Suena un violín solitario tocando notas disonantes. Martha rompe la cuarta pared, caminando hacia el borde del escenario, hablándole directamente al espectador en primera fila. ]
MARTHA
Años setenta. Un martes. Soleado. Yo era joven y aún creía en la bondad humana. Caminaba por la banqueta del Viaducto Miguel Alemán. Un auto se detiene. El conductor abre la puerta. Y ahí estaba. Exhibiendo sus miserias.
(Abre los ojos desmesuradamente, reviviendo el trauma)
Una cosa roja. Arrugada. Congestionada. Latiendo. No era un símbolo fálico, era un embutido a punto de infartarse. Me recordó inmediatamente a las gallinas en el patio de mi abuela en Toluca. Les cortaban la cabeza con un machete y los cuerpos corrían en círculos, espasmódicos, manchando la tierra seca con chorros de sangre... un amasijo de plumas que se negaba a aceptar su propia muerte.
(Tiembla, abraza su propio cuerpo)
¡Eso es la carne! Un recordatorio de que estamos hechos de vísceras que tarde o temprano se van a pudrir. ¡Alejen a ese cerdo de mí!
[ CAMBIO DE LUZ: Regresa la iluminación ámbar normal. El violín se detiene abruptamente. ]
ABEL
(Sin levantar la vista de su Drácula)
Y luego te casaste conmigo. Porque yo soy de polímero inyectado. No lato. No sudo. Soy eterno.
RITA
(Acariciando el jamón, le habla como a un bebé)
No le hagas caso, Puerquito. Tu asco es bellísimo, Martha. Pero yo cometí el error de tragarme la vida a puños. Por eso me ahogo. Por eso choco los coches y sobrevivo sin un rasguño mientras mis copilotos acaban en terapia intensiva.
ÓSCAR
(Sirviendo el vino en floreros, tazas de café y una zapatilla)
¡Salud por nosotros! Por los ahogados que aprendimos a respirar en formol.
[ El tocadiscos cambia de canción solo. Ahora suena Chavela Vargas a muy bajo volumen. Óscar saca de debajo de la mesa un álbum de fotografías del tamaño de una lápida. ]
ÓSCAR
(Soplando el polvo del álbum, que crea una nube espesa en la que todos tosen cómicamente)
Playa del Carmen. 1984. Antes de que la biología nos declarara la guerra.
[ Los cuatro se agrupan alrededor del álbum. Sus rostros se iluminan con una luz interna, nostálgica. ]
RITA
(Llevándose las manos a la boca)
¡Mírenme! Pesaba cuarenta kilos, llevaba ese turbante de lentejuelas y consumía estupefacientes que hoy en día usarían para sedar rinocerontes. Parecía una deidad hindú anoréxica. Y a mi lado... "La Movediza".
MARTHA
Arenas. El hombre que pagó ese viaje vaciando la cuenta de ahorros de su madre diabética. Qué terrorista emocional tan fascinante era.
ÓSCAR
(Riendo con amargura dulce)
Caer en su cama era como caer en arenas movedizas. Te hundías lento, perdiendo la dignidad y la cartera. Pero qué viaje.
RITA
(Apartándose de la mesa, la memoria se apodera de su cuerpo. Empieza a declamar y a actuar para la sala)
¡La noche del huracán! Estábamos en esa palapa miserable. Empezó a volar el techo... ¡las palmas giraban como cuchillas ninjas! Y Arenas, en un ataque de pánico inducido por el peyote, se aferró a la base del inodoro gritando: "¡Soy el tapón del océano! ¡Si me suelto, nos traga el inframundo!"
ÓSCAR
(Llorando de risa, se tira al piso)
¡Y tú te saliste a la tormenta a recitar a Sor Juana!
RITA
(Gritando por encima del ruido imaginario del viento)
¡Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón...! Y en eso... ¡ZACATA! ¡Una iguana del tamaño de un Schnauzer voló por los aires y le aterrizó en la cara a Arenas!
[ Los cuatro estallan en carcajadas monumentales. Una risa profunda, animal, ronca. Las carcajadas mexicanas de quienes han visto el abismo y le han pintado dedo. ]
ABEL
(Limpiándose los lentes)
Cine puro. Buñuel mezclado con Chespirito.
MARTHA
(Suavizando la voz, acariciando la foto)
Éramos inmortales en esa comuna, en el cuarto de arriba de la mamá de Rodrigo.
ÓSCAR
(Con la voz rota, repentinamente serio)
Un enredo de piernas y humo. Pasándonos los amantes como encendedores. Y la pobre señora abajo... viendo Bonanza. Blindada en su mecedora.
RITA
Hasta que el virus entró. Se llevó a Rodrigo. Al Gordo. A Arenas con todo y sus iguanas. Uno por uno. Tos, manchas, pánico, silencio.
ABEL
Y nos dejaron aquí. Los cuatro jinetes de la resaca perpetua.
RITA
(Se levanta. El dolor la vuelve agresiva, grandilocuente)
¡Por eso no salgo de esta casa! Cuando me quitaron a mi hijo... cuando el juez me dijo que yo era "inestable" y se lo mandó a París con ese oficinista imbécil de su padre... me fui a Guanajuato. Hice Lady Macbeth. Empezó a llover. Una tormenta bíblica. ¡El maquillaje me escurría como chapopote negro, tragaba granizo, pero no paré! El público estaba petrificado.
(Pausa. Sonríe con locura).
Principalmente porque las puertas de la plaza estaban atascadas por el lodo y no podían huir. Pero yo era inmensa. ¡Soy inmensa!
ÓSCAR
(Besándole la mano)
Eres nuestra tragedia griega con credencial del INAPAM, mi amor.
ABEL
(Caminando entre ellos como un pastor de ovejas descarriadas)
Mírennos. Hemos sobrevivido a todo. A la epidemia, a los choques de Rita, a los abortos clandestinos de Martha, al hígado fosilizado de Óscar. Somos cucarachas bañadas en oro. Por eso están aquí. Por eso los invitamos a quedarse tres días, y llevan tres años durmiendo en el cuarto de Sarita separados por una cortina. Allá afuera el mundo exige que sanes. Aquí adentro... honramos la herida.
[ Se toman de las manos. Es un momento de codependencia hermosa, tóxica y perfecta. Un delicado equilibrio.
EFECTO DE SONIDO: El tocadiscos hace un ruido de SCRATCH violento. La aguja salta. Se hace el silencio. Se escucha el chirrido de una llave en la cerradura principal. La puerta se abre.
Entra Sarita. Viste un traje sastre gris Oxford que absorbe la poca luz de la habitación. Arrastra dos maletas con ruedas cuadradas que hacen un ruido insoportable contra la duela: CLACK-CLACK-CLACK-CLACK. Su rostro es una máscara de rectitud ofendida. ]
SARITA
(Soltando las maletas, aspirando el aire con asco)
Huele a cantina clandestina. A mariguana. A humedad. Y a... queso rancio.
RITA
(Sin soltar la mano de Óscar, dando un sorbito a su copa)
Es Camembert, querida. Cuesta más que el enganche de tu Jetta. Buenas madrugadas tengas.
SARITA
(Avanza, ignorando a todos, dirigiéndose a su madre)
René es un fraude. Un inútil. Terminamos. Los hombres modernos carecen de estructura. Regreso a mi casa.
MARTHA
(Volviendo a encender su iPad)
Hola, hija. Qué milagro. Bienvenida. Hay agua de jamaica en el refri, si logras esquivar los jamones robados de Rita.
SARITA
(Con un grito que rompe el tono actoral de todos)
¡NO QUIERO AGUA DE JAMAICA! ¡QUIERO MI CUARTO!
(Apunta a Óscar y Rita con un dedo tembloroso)
Y quiero que estos dos parásitos recojan sus audífonos, sus botellas y se larguen a la calle. Ya pasaron tres putos años. ¡Es una toma de rehenes!
ÓSCAR
(Sonriendo con una amabilidad venenosa)
Sarita, mi amor. Cada día te pareces más a una piedra pómez humana. Rasposa, pálida y llena de hoyos por donde se te escapa la alegría. Si nos mandabas un WhatsApp, guardábamos la decencia.
SARITA
¡Cállate, alcohólico de clóset!
ABEL
(Interponiéndose, conciliador pero firme)
Sarita, baja tus decibeles. Tu aura está vibrando en una frecuencia de recibo de la luz vencido. Vienes herida. Pero esta casa es inmensa. Rita y Óscar pueden instalarse en la sala, yo muevo mi colección a la bodega...
SARITA
(Pisoteando el piso)
¡NO! ¡No voy a vivir sorteando vagabundos de alcurnia para ir a mi propia cocina! ¡No quiero tropezarme con sus delirios de grandeza a las tres de la mañana! Yo soy la hija. ¡Quiero que los eches! ¡HOY!
MARTHA
(Apaga el iPad con un golpe seco. Se levanta lentamente. Se quita los lentes. Su voz es hilo de hielo)
A ver, escúchame bien, engendro de la contabilidad. A mí, a mis sesenta y tantos años, una niña frustrada de treinta y cinco, incapaz de mantener una relación más de seis meses sin ahogar al prójimo con sus exigencias, no me va a dar órdenes en mi comedor.
(Se acerca a ella, amenazante)
Eres un desastre andante. Odias este lugar. Nos odias a nosotros. Pero bien que vienes a escudarte en tu "derecho de sangre" cuando tu mundito de Excel colapsa.
SARITA
¡ES LO QUE ME CORRESPONDE! ¡ES LO JUSTO!
[ Silencio pesado. Rita se separa de Óscar. Se arregla el abrigo. De pronto, mira a la cabina de luces. ]
RITA
¡Gerry! Luz de heroína ofendida, por favor.
(Un foco azul la ilumina).
Gracias.
(Se dirige a Sarita, con voz sepulcral).
La justicia es un invento de los mediocres para no aceptar su intrascendencia, niña. Tienes razón en una cosa: el cuarto es tuyo. Óscar, recoge el yeso de Beethoven y la ginebra. Nos vamos.
SARITA
(Cruzándose de brazos, sonriendo con un triunfo mezquino)
Ya era hora.
RITA
(Sonriendo de vuelta, con una maldad escalofriante)
Oh, sí. Pero no nos vamos a ir por la puerta trasera. Antes... tendremos una cena de despedida. La Última Cena de Coyoacán. Acorde a nuestra realeza. Y tú, chiquilla, te vas a sentar a ver cómo los muertos en vida celebramos nuestro destierro.
[ MÚSICA CUE: Suena un mambo estridente, a todo volumen.
COREOGRAFÍA DEL CAOS DE TRANSICIÓN: Óscar y Rita corren de un lado a otro armando una mesa de banquete ridícula. Abel se pone su capa de Drácula. Martha empieza a arrojar copas de cristal al piso para hacer espacio. Sarita se queda en medio, apretando los puños, mientras el refugio se prepara para la guerra. ]
TELÓN RÁPIDO DEL PRIMER ACTO
ACTO SEGUNDO: EL BUCLE DEL JAMÓN Y LA CENIZA
[ La escenografía es exactamente la misma del final del Acto Primero. Pero algo está roto en la realidad. El reloj de pared tiene la manecilla del segundero girando hacia atrás a una velocidad vertiginosa.
EFECTO DE SONIDO: Un chirrido ensordecedor, como de una cinta de casete rebobinándose a máxima velocidad. Las luces parpadean en un efecto estroboscópico enloquecedor. Los personajes se mueven en reversa a cámara rápida: Rita escupe vino en su copa, Sarita retrocede hacia la puerta arrastrando sus maletas hacia atrás.
De pronto: ¡CLAC! La luz vuelve a ser ámbar y todo se congela.
Suena el mambo lento de antes. La puerta de la calle se abre de una patada. Sarita entra con las mismas dos maletas colosales. La misma postura rígida. ]
SARITA
(Inhalando con asco, exactamente el mismo tono del primer acto)
Huele a cantina barata. A mariguana. Y a queso...
RITA
(Interrumpiéndola, con una sonrisa desquiciada, sosteniendo un metrónomo que nadie sabe de dónde sacó)
¡Corte! ¡Tiempo, tiempo, tiempo!
(Rompe la cuarta pared. Camina hacia el proscenio, mirando directamente a la cabina de iluminación)
¡Gerry! Te dije que el ámbar me hace ver como enferma del hígado. Súbele al filtro rosado, mi amor, que estoy a punto de destrozar a esta Godínez y necesito verme radiante.
(La luz del escenario cambia instantáneamente a un rosa chicle absurdo. Rita sonríe al público)
Gracias.
(Regresa a su posición, aclarando la garganta)
Continúa, Sarita. "Y a queso..."
SARITA
(Desconcertada, parpadeando rápido, atrapada en la escena)
Y a... ¿qué diablos están haciendo? ¡Quiero que se larguen!
[ Óscar da un salto olímpico sobre el respaldo del sillón. Agarra una aceituna kalamata y la lanza con precisión de francotirador al piso, justo donde Sarita va a dar el siguiente paso. ]
SARITA
René es un imbécil y... ¡Aaaah!
[ COREOGRAFÍA SLAPSTICK: Sarita pisa la aceituna. Resbala con una física de caricatura (brazos en molino, piernas en el aire). Vuela hacia la mesa. Abel, con reflejos felinos impropios de su edad, se lanza... no para atrapar a Sarita, sino para proteger su caja de Batman. Sarita aterriza de cara contra el plato del jamón serrano. Suena un platillazo de batería de circo. ]
MARTHA
(Sin levantar la vista del iPad, deslizando el dedo de derecha a izquierda)
Ay, no me gustó cómo cayó. Se vio muy fingido. A ver, regrésala.
[ EFECTO DE SONIDO: ¡Zzzzipp! Rebobinado rápido. Sarita es "succionada" de vuelta a la puerta, de pie, intacta. Las luces parpadean. ]
SARITA
(Entrando por tercera vez, jadeando, mareada, con una rebanada de jamón serrano pegada en la frente)
Huele a... huele a... ¡Ya basta! ¡Están todos locos! ¡Me voy a volver loca!
ÓSCAR
(Acercándose al público, saca un cigarro y le habla a la primera fila)
¿Alguien tiene fuego? Gracias.
(Enciende el cigarro)
Fíjense bien en ella. Treinta y cinco años y cree que el universo le debe un cuarto de visitas. Es fascinante. Si le hiciéramos una autopsia en este momento, encontraríamos un Excel en lugar de corazón y un pagaré vencido en el intestino grueso.
SARITA
(Arrancándose el jamón de la frente, histérica)
¡Con quién hablas, borracho infeliz! ¡Aquí no hay nadie!
RITA
(Con tono de documentalista de NatGeo)
El espécimen oficinista sufre alucinaciones al salir de su hábitat natural de cubículos y luz blanca. Observemos cómo reacciona al Arte.
[ MÚSICA CUE: Suena "El Danubio Azul" de Strauss, pero interpretado violentamente con kazoos y acordeones desafinados.
INICIA COREOGRAFÍA ONÍRICA DEL CAOS: Abel y Óscar toman a Sarita por los brazos y la hacen bailar un vals a la fuerza. Sarita patalea y grita, pero ellos la giran con una elegancia absurda, pasándosela de uno a otro como un muñeco de trapo. Rita agarra la pata de jamón serrano como si fuera un contrabajo y empieza a "tocarlo" al ritmo del vals. Martha se pone de pie, levanta su iPad como si fuera una antorcha olímpica y marcha alrededor de la mesa con paso militar. ]
SARITA
(Mientras da giros en el aire, sostenida por Óscar)
¡Suéltenme! ¡Voy a llamar a la policía! ¡Voy a llamar a protección civil!
ÓSCAR
(Lanzándola hacia Abel en un pas de deux ridículo)
¡La policía no entra a Coyoacán a esta hora, mi amor! ¡Le tienen miedo a los mimos y a los poetas sin beca!
ABEL
(Atrapando a Sarita, sumergiéndola en un dip de tango extremo, su cara a centímetros de la de ella)
¿Sabías que Bela Lugosi fue enterrado con su capa de Drácula? Eso es compromiso con el personaje. Tú fuiste enterrada viva bajo un contrato matrimonial de bienes mancomunados. ¡Triste! ¡Muy triste!
(La suelta de golpe. Sarita cae de sentón al piso. La música se detiene con un efecto de disco rayado).
SARITA
(Llorando de rabia y desesperación, en el suelo)
Son unos monstruos... Mamá, diles algo. Por favor.
MARTHA
(Se acerca a Sarita, bajando el iPad. Su rostro de pronto adopta una solemnidad digna de tragedia griega. Las luces se vuelven dramáticas, un cenital blanco sobre ella).
Hija mía... Mi carne. Mi sangre. Fruto de mis entrañas...
(Pausa. El labio de Martha empieza a temblar. Mira fijamente a Sarita... y de pronto la expresión de tragedia se transforma en puro asco).
¡Ay, guácala! ¡Hueles a carne curada! ¡Te pegaste la carroña en la cara! ¡Eres como el hombre del Viaducto! ¡Aleja tu mortalidad de mi vista, aborto fallido de la burocracia!
[ Martha sale corriendo, haciendo ruidos de asco y tapándose la boca, subiendo las escaleras a zancadas. ]
RITA
(Dejando el jamón sobre la mesa, suspirando)
Ahí va el premio a la Madre del Año.
SARITA
(Arrastrándose hacia sus maletas, completamente rota, la máscara de Godínez implacable ha desaparecido)
Solo quiero dormir... Solo quiero acostarme en mi cama y llorar por René... Quiero mis sábanas limpias...
ÓSCAR
(Se pone en cuclillas junto a ella. Su tono es de pronto genuinamente compasivo, suave, dulce)
Sarita. Sarita, mírame.
[ Sarita lo mira, con los ojos llenos de lágrimas, esperando un resquicio de humanidad. ]
ÓSCAR
René te engañaba con tu prima la que vende Herbalife.
SARITA
(Abre los ojos como platos)
¿Qué?
ÓSCAR
(Poniéndose de pie de un salto, exultante, como presentador de concurso)
¡Y con el contador! ¡Era un muchacho muy versátil! ¡El punto es que la vida es una farsa, mi amor! ¡Y tú quieres protagonizar un melodrama de Televisa en una casa diseñada para el Teatro del Absurdo!
RITA
(Abriendo su bolso de diseñador, el cual ahora parece tener una luz dorada brillando en su interior)
Cena de despedida. Prometimos una cena de despedida. ¡Que comience el banquete!
[ MÚSICA CUE: "El Vuelo del Moscardón" a triple velocidad.
COREOGRAFÍA A CÁMARA RÁPIDA (Estilo cine mudo): Bajo una luz parpadeante que imita los fotogramas del cine mudo de los años 20:
Rita empieza a sacar cosas imposibles de su bolso y lanzarlas a la mesa: un candelabro encendido, un pollo de hule, una bufanda de plumas, tres botellas de champaña y finalmente un enorme reloj de arena.
Óscar sirve champaña en las tazas de café, los floreros y en los zapatos de Sarita.
Abel baja corriendo las escaleras con una capa negra de vampiro puesta sobre su suéter de rombos y empieza a bendecir la mesa en latín.
Sarita corre en círculos intentando agarrar sus maletas, pero Rita y Óscar se las patean de un lado a otro.
De repente, Martha aparece en el balcón del segundo piso. Trae un megáfono. ]
MARTHA
(Por el megáfono, con voz de directora de cine fascista)
¡Más rápido! ¡No siento el terror existencial! ¡Avíntenle la trufa negra en la cara!
[ Óscar agarra una trufa y se la estampa a Sarita en la nariz con un sonido de "SQUISH" amplificado. La música cesa de golpe.
Todos se congelan en posiciones absurdas: Abel a medio morder el pollo de hule, Rita derramando champaña sobre una maleta, Óscar señalando al techo, y Sarita hiperventilando en el centro de la mesa, cubierta de vino, migajas de queso y con la nariz manchada de trufa. ]
RITA
(Rompe su pose, camina al frente y le habla al público)
¿Ven? Es cuestión de ritmo. Si rompes a alguien lo suficientemente rápido, ni siquiera le da tiempo de ofenderse.
SARITA
(Cayendo de rodillas, con los brazos en cruz, mirando al techo. Monólogo de ruptura total. La luz se centra en ella. Es un momento de honestidad brutal envuelto en humillación).
Tenían razón. Ustedes tenían razón y yo soy una imbécil. El mundo allá afuera no existe. René no existe. Mi trabajo en recursos humanos es una ilusión creada para que yo no me suicide los domingos por la tarde. Vengo aquí exigiendo orden en una casa donde mi madre ve orgías rusas y mi padre cree que es un murciélago. Ustedes son inmortales porque ya están muertos. ¡Están muertos y están de fiesta! ¡Y yo estoy viva y me estoy pudriendo!
(Pausa. Baja los brazos. Los mira a los tres con una sonrisa rota, aterradora, completamente loca).
¿Me pueden dar un poco de vino de mi zapato, por favor?
[ Silencio sepulcral. Óscar, Rita y Abel se miran entre sí. Una sonrisa lenta y malévola se dibuja en sus rostros. Martha baja lentamente las escaleras, sin el iPad. El rito de iniciación ha terminado. ]
ÓSCAR
(Le acerca su zapato empapado de champaña)
Salud, princesita de la oscuridad.
[ Sarita toma el zapato. Bebe. Tose. Y suelta una carcajada, una carcajada profunda, ronca, coyoacanera. Exactamente igual a la de ellos.
EFECTO DE SONIDO: El reloj de pared hace un "CLAC" fuerte. El segundero empieza a moverse hacia adelante otra vez. El bucle se ha cerrado. ]
ABEL
(Acomodándose la capa)
Bienvenida al búnker, Sarita. Hay queso robado y una bodega llena de juguetes. No volveremos a ver la luz del sol nunca más.
[ Los cuatro adultos rodean a Sarita, quien ríe histéricamente desde el suelo, brindando con su propio zapato. Martha le acaricia el cabello con una mezcla de amor maternal y morbo puro. La luz se cierra sobre el grupo, formando un cuadro renacentista de locura absoluta. ]
TELÓN DEL SEGUNDO ACTO
ACTO TERCERO: LA CORONACIÓN DE LA PIEDRA PÓMEZ
[ Han pasado tres días… o quizá tres minutos, el tiempo ya no existe. El comedor de Coyoacán ha mutado. Los muebles pesados han sido arrastrados para bloquear la puerta principal, formando una barricada que mezcla sillas Luis XV, la pata de jamón serrano (ya en los huesos) y las maletas de Sarita.
En el centro de la mesa se ha erigido un trono precario construido con las cajas inmaculadas de Batman y Superman de Abel.
MÚSICA CUE: "O Fortuna" de Carmina Burana, pero interpretada exclusivamente con marimba chiapaneca y silbatos de la muerte aztecas. Un sonido épico, folclórico y aterrador.
Sarita está sentada en el trono de cajas. Lleva la capa negra de Abel sobre su traje sastre gris, el cual ahora está rasgado y manchado de vino. Tiene la mirada desorbitada y mastica un pedazo de queso Camembert con la fiereza de un animal salvaje.
Abel, Martha, Rita y Óscar están sentados en el suelo, alrededor de la mesa, mirándola con una mezcla de devoción absoluta y pánico. ]
SARITA
(Tragando el queso sin masticar, levanta una botella de ginebra vacía como si fuera un cetro)
¡Escúchenme bien, espectros de la decadencia! ¡Se acabaron las medias tintas! Si vamos a estar muertos, vamos a ser la mejor maldita fosa común de todo Coyoacán. ¡Óscar!
ÓSCAR
(Poniéndose de pie de un salto, haciendo un saludo militar)
¡A sus órdenes, mi generala del pánico existencial!
SARITA
¿Cuántas horas llevamos sin maldecir a la sociedad civil?
ÓSCAR
Aproximadamente veinte minutos, su alteza. Desde que Rita se asomó por la ventana y le gritó "mediocre" al del camión de la basura.
RITA
(Limándose las uñas con una tarjeta de crédito)
No separaba el cartón del vidrio. Su falta de conciencia ecológica ofendió mi sensibilidad de cleptómana.
SARITA
(Baja del trono de un salto felino. Camina de un lado a otro. Su energía es frenética, la represión de treinta y cinco años liberada de golpe)
¡No es suficiente! El vacío intenta colarse por las rendijas. ¡Huelo la inflación! ¡Huelo las tasas de interés rozando los cimientos de nuestra casa! ¡Mamá!
MARTHA
(Sentada en el piso, en posición de loto, con el iPad apagado en el regazo, mirándola fascinada)
Dime, monstruito de mi sangre.
SARITA
Pásame ese aparato de perversión bidimensional.
[ Martha se lo entrega con reverencia. Sarita lo toma, camina hacia la barricada de la puerta y, con un grito de guerra, lo usa como martillo para clavar un zapato de tacón de Rita en el marco de la madera, sellando la puerta simbólicamente. ¡BAM! ¡BAM! ¡BAM! ]
MARTHA
(Llevándose las manos al pecho, pero sonriendo con morbo)
¡Eran quince pulgadas de retina display! ¡Y la suscripción premium a los plomeros búlgaros! ¡Oh, qué brutalidad tan deliciosa!
ABEL
(Acomodándose los lentes, completamente enamorado de la destrucción)
Es el triunfo del caos sobre la tecnología. Es... poesía. Sarita, hija mía, nunca estuve tan orgulloso de ti. Has superado a Frankenstein. Yo te creé con un gen defectuoso de amargura, pero tú lo convertiste en arte contemporáneo.
SARITA
(Arrojando el iPad destrozado por encima del hombro)
¡Silencio, vampiro de utilería! Ahora yo dicto las reglas. Rita, saca todo lo que quede en esa bolsa mágica tuya. Vamos a hacer un inventario de supervivencia.
RITA
(Poniéndose de pie. Se cruza de brazos y rompe la cuarta pared. Camina hacia el frente, iluminada por un cenital)
A ver, pausa dramática. Público, ¿ustedes están viendo esto? Pasamos dos horas construyendo a una antagonista insoportable, rígida, la clásica "hija castrante", y en diez minutos se nos vuelve Calígula. ¡Esta es mi obra! ¡Yo soy la estrella inestable! ¡Yo soy la que escupe a los directores!
(Voltea a ver a Sarita)
Oye, piedrita pómez, me estás robando foco. Bájele dos rayitas a su histeria, que aquí la diva desquiciada soy yo.
SARITA
(Se acerca a Rita, nariz con nariz. Susurra con una intensidad psicópata)
¿Quieres foco, Rita? Te voy a dar foco.
(Grita hacia la cabina)
¡Gerry! ¡Apágale el cenital a la reliquia y métele luz estroboscópica a todo el escenario!
[ EFECTO DE SONIDO: Música tecno-industrial a todo volumen. Las luces se vuelven estroboscópicas.
COREOGRAFÍA DEL FIN DEL MUNDO: Los movimientos se ven cortados, mecánicos, como muñecos de cuerda rotos.
Sarita agarra sus documentos de divorcio de la maleta y empieza a triturarlos con los dientes, lanzando los pedazos al aire como confeti.
Óscar y Abel bailan una conga macabra alrededor de la mesa, cargando la pata de jamón serrano en andas como si fuera un santo patrono.
Martha gatea por el piso recogiendo los pedazos de papel masticado y frotándoselos en la cara, extasiada.
Rita, resignada a perder el protagónico, saca un paraguas de su bolso (adentro llueve champaña) y lo abre, bailando tap de manera furiosa y descoordinada.
La música se corta abruptamente. Las luces vuelven a la cálida penumbra del refugio. Los cinco están tirados en el suelo, jadeando, sudando, cubiertos de confeti de divorcio, plumas, queso y polvo. ]
ÓSCAR
(Tirado boca arriba, mirando el techo. Habla con la voz rota, pero inmensamente feliz)
Estoy teniendo un infarto. O una epifanía. No estoy seguro. Si me muero, por favor no le avisen a mi familia. Díganles que fui abducido por un ovni en el Sanborns de Coyoacán.
MARTHA
(Apoyando la cabeza en el pecho de Abel)
Qué paz. Qué asquerosa y perfecta paz. No hay carne roja. No hay mundo exterior. Solo nosotros, pudriéndonos con estilo.
ABEL
(Acariciando el cabello de Martha)
El fundido a negro perfecto. Nadie nos encontrará jamás. Seremos una leyenda urbana. Los cinco vampiros del sur de la ciudad.
RITA
(Sentándose despacio, sacando un frasco de alcaparras de su escote, y abriéndolo)
Bueno. Si vamos a quedarnos aquí hasta el fin de los tiempos... ¿quién va a lavar los platos?
[ Silencio absoluto. Los cinco se miran. La sola mención de una responsabilidad doméstica rompe el encanto sagrado del absurdo.
Sarita se incorpora lentamente. Su rostro vuelve a endurecerse. Se ajusta la chaqueta rota del traje sastre. Todos la miran con terror. ¿Ha vuelto la Godínez? ]
SARITA
(Con voz gélida, corporativa)
Los platos no se lavan. Los platos se acumulan hasta que formen una estalagmita de cochambre que sostenga el techo cuando la casa se empiece a derrumbar.
(Sonríe, una sonrisa amplia, genuina y aterradora).
Como en los ochenta.
[ Los cuatro adultos sueltan un suspiro de alivio colectivo. ]
ÓSCAR
(Levantando su zapato, que aún tiene un charquito de vino)
Por Sarita. La piedra pómez que se convirtió en diamante de la locura.
MARTHA
Por la tribu.
ABEL
Por el refugio.
RITA
Y por el guardia del City Market, que mañana me va a extrañar.
[ Todos chocan sus copas, zapatos y botellas vacías. Empiezan a reír. Primero es una risa suave, que va creciendo, alimentándose una de la otra. Se convierte en la misma carcajada profunda, coyoacanera, histriónica y catártica del primer acto. Una risa de quienes han vencido a la cordura por nocaut técnico.
El reloj de pared vuelve a sonar: TIC, TAC, TIC, TAC. Pero a nadie le importa.
La luz se va cerrando lentamente, formando un círculo muy pequeño sobre el rostro de Sarita, que ríe con la boca abierta, libre por primera vez en su vida. El círculo de luz se apaga de golpe.
En la oscuridad total, la risa de los cinco resuena, interminable, mientras el mambo vuelve a sonar a un volumen ensordecedor. ]
TELÓN FINAL