LA MUERTE NO ENTRARÁ EN PALACIO
TRAGEDIA, DE RENÉ MARQUÉS
(Obra editada en español e inglés)
PUERTO RICO
LA MUERTE NO ENTRARÁ
EN PALACIO
Versión editada (Español)
Autor:
René Marqués (1919)
- Origen: Portorriqueño, nacido en Arecibo.
- Trayectoria: Agrónomo de profesión, estudió literatura en
Madrid y arte dramático en Estados Unidos con una beca de la Fundación
Rockefeller.
- Estilo: Su obra analiza la desadaptación de los
pobladores de Puerto Rico frente a una cultura impuesta, utilizando a
menudo elementos simbólicos y una profunda motivación trágica.
PERSONAJES
- TERESIAS
- CASANDRA
- ALBERTO
- DOÑA ISABEL
- ANTONIO (Criado)
- SECRETARIO
- DON JOSÉ
- DON RAMÓN, EL MOZO (Campesinos)
- JEFE DE JUSTICIA
- EL COMISIONADO DEL NORTE
- VOCES Y COROS (Voz de Coquí, Ruiseñor, Empleados,
Invitados)
ACTO PRIMERO
CUADRO I
(Es de noche. Se vislumbra un parque iluminado a
trechos por la luna. A la derecha, surgen, en silueta, estructuras que sugieren
las ruinas de un palacio. En el centro, tras una balaustrada, se alzan grandes
árboles cuyos troncos están cubiertos de yedra y lianas salvajes. Al fondo, se
yergue una estatua de mármol sobre un pedestal de granito. Se escucha la nota
monótona del coquí: co-quí.)
UNA GRAN VOZ: Así
ves tú el cuadro, Teresias. Así lo ves.
(Un rayo de luna ilumina la estatua: una mujer
joven con túnica, gesto altivo y el brazo derecho en alto, como a punto de
asestar un golpe. Teresias, un hombre de unos 68 años con barba y gafas, limpia
sus cristales y se dirige al público.)
TERESIAS: (Con voz cálida) Así veo el cuadro. Así veo yo a
Casandra. No ha sucedido. Pero sucederá. Es curioso observar cómo los hombres
se olvidan del tiempo que fluye para convertirse en Historia. Para que la
realidad se convierta en esto, es preciso que alguien, consciente o inconscientemente,
infrinja el orden moral del universo.
(La luz languidece. El ambiente sombrío se
transforma en un jardín alegre y soleado. Desaparecen Teresias y la estatua.
Estamos ahora en el jardín de un palacio con vista al mar.)
CASANDRA: (Riendo, tiene unos 18 años, viste ropa de tenis) ¡Pero
Alberto, si tienes cosas de niño! ¡A quién se le ocurre!
ALBERTO: (De 24 años, sirviéndose un ron con soda) Se le ocurre
a cualquiera con sentido común. Hablo de mi posición de soldado de chocolate.
¿Qué sentido puede tener un Ayudante Militar en un país sin ejército propio?
CASANDRA: (Acercándose a él) Tenemos Guardia Nacional, ¿no?
Además, ahí tenemos el ejército del Norte listo a defendernos si llegara la
ocasión. Pero Alberto, tú cumples una misión en palacio. Papá te quiere y
confía en ti.
ALBERTO: (Abrazándola) Si te hubiese conocido en otras
circunstancias, ¡qué libre y feliz me sentiría al decirte que te quiero!
CASANDRA: No
estamos prisioneros en palacio. Puedes renunciar cuando quieras. Somos libres.
Solo dame tiempo para preparar a papá; él cree que al casarnos nos quedaremos
aquí junto a él.
ALBERTO: (Señalando hacia afuera) Mira, allí está el pueblo. Y
el pueblo es feliz. Por lo tanto, también nosotros podemos serlo.
CASANDRA:
Como dice mamá: "Nadie en palacio tiene derecho a la felicidad si el
pueblo no es feliz".
ALBERTO:
¿Doña Isabel dice eso? Esas son palabras de Don Rodrigo.
CASANDRA:
¿Don Rodrigo? ¡Pero si él está en prisión en el Norte desde hace veinte años!
ALBERTO:
Esta mañana tu padre recibió una comunicación. Don Rodrigo está libre. Cumplió
su sentencia y quiere regresar a la Isla. Tu padre está preocupado.
CASANDRA:
Bah, papá nada tiene que temer de ese pobre anciano. El pueblo adora a mi
gobernador. ¡No sucederá nada!
CONTINUACIÓN: CUADRO I
(ACTO PRIMERO)
ALBERTO: Casandra, me gustaría
que no tomases ciertas cosas tan a la ligera.
CASANDRA: No las tomo a la
ligera. Y para demostrártelo, te recuerdo que ya es hora de que vayas a ponerte
tu uniforme. Pero antes, te serviré otro trago. ¿A que no sabes por quién vas a
brindar? ¡Por el regreso de Don Rodrigo!
(Entra DOÑA ISABEL por la puerta vidriera.
Tiene unos cincuenta años y viste con sencillez. Se detiene al oír la frase de
Casandra y una sombra cruza por su rostro.)
DOÑA ISABEL: ¡Casandra! De un
momento a otro vendrá una delegación de campesinos a ver a tu padre. (A
Antonio, el criado) ¡Antonio! Llévate esos licores, por favor.
CASANDRA: Pero mamá, ésa es la
bebida de Alberto.
DOÑA ISABEL: El Ayudante Militar
no puede beber en horas laborables. Vete, Casandra, tal como estás no eres un
espectáculo edificante para los campesinos. (Casandra sale riendo por la
derecha).
ALBERTO: (Bromeando)
¿Puedo dar una ayudadita?
DOÑA ISABEL: Deberías darle algún
uso a tu diploma de agrónomo; la tierra sigue pidiendo que la trabajen. Me
sentiría mejor si le dieras uso a eso en vez de ser "suegra de un
uniforme".
(Entra el SECRETARIO, un hombre delgado de
modales cortesanos).
SECRETARIO: Señora, el señor
Gobernador bajará en seguida. Localicé al señor Teresias, pero dice que le será
imposible venir mañana. Tiene un compromiso en el aeropuerto para recibir a
alguien de su más alta estima.
DOÑA ISABEL: (Preocupada)
¿En el aeropuerto? (A solas con Alberto) Es la primera vez que Teresias
no responde a una llamada mía.
ALBERTO: Don Rodrigo está
libre. Pudiera ser que Teresias vaya a recibirlo.
LA LLEGADA DE DON JOSÉ
Y LOS CAMPESINOS
(Sale DON JOSÉ. Tiene 58 años, es corpulento
y emana un calor humano que subyuga voluntades).
DON JOSÉ: Vaya, vaya, ¿a dónde
vas tan de prisa?
DOÑA ISABEL: A tejer un rato.
DON JOSÉ: Pensé que te gustaría
ver a los campesinos.
DOÑA ISABEL: Los veré. Pero es
horrible lo que intentas, José. Tú les has dado pan, techo e instrucción, pero
eres un hijo de la ciudad educado en el Norte. Yo soy campesina y siento que
les estás matando algo que vale más que el progreso.
DON JOSÉ: ¡Estás loca! El
pueblo es una masa y su felicidad consiste en la seguridad económica. No se
puede hacer metafísica con el pueblo, hay que hacer política que conduzca al
buen gobierno.
(Entra la delegación de campesinos de Altamira: DON
RAMÓN, el MOZO, PASCASIA, ROSA y tres hombres más).
DON RAMÓN: ¡Don José! Igualito
que antes, pero sin esperanza de volver a compartir un cafecito con usted.
DON JOSÉ: Ustedes dirán en qué
puedo servirles. ¿Alguna queja? ¿Falta de electricidad?
MOZO: Es sobre un tipo de
piedra que descubrimos en el barrio. Queremos que la analicen. Tal vez sea
materia prima para el programa de industrialización.
PASCASIA: (Muestra una
piedra blancuzca).
DON JOSÉ: Es linda, sin duda. Pero
no importa si tiene valor industrial; lo que importa es su fe en el progreso
que estamos construyendo.
MOZO: ¡Pero eso no basta! Es
necesario que tenga valor porque no podemos depender eternamente del Norte si
queremos ser libres. Nos hace falta saber sacrificarnos para ser nosotros
mismos.
DON JOSÉ: ¿Y crees que eso se
logra con una piedra?
MOZO: En esa roca está la
contestación de lo que somos. Usted predicó "Agro, pan y
emancipación", pero ha olvidado la emancipación y el agro. Solo queda el
pan. Y un pueblo puede morir de hambre, ¡pero también puede morir de pan!
DON JOSÉ: (Tras una pausa
tensa) Porque vivimos en libertad puedes expresarte así. Ven a verme cuando
quieras hablar serenamente. (Los campesinos se retiran).
DON JOSÉ: (Acariciando la
piedra) La semilla que alguien sembrara aún no ha muerto.
DOÑA ISABEL: ¿Y por qué matarla,
Joseíto? ¿Por qué no dejarla germinar?
(TELÓN RÁPIDO)
BLOQUE 3:
Voces en el Viento y
la Corrupción de la Ley
ACTO PRIMERO
CUADRO II
(Teatro a oscuras. Se escucha el sonido de los
motores de un gran avión que aterriza. A través de los altoparlantes, una voz
mecánica da instrucciones a los pasajeros que llegan del Norte. Se oye el
murmullo de la multitud y el registro de maletas en la aduana.)
VOZ DE EMPLEADO: ¿Tiene algo que
declarar, señor? VOZ DE DON RODRIGO: (Con resonancia) Nada. VOZ
DE EMPLEADO: ¿Ropa y libros? ¿Alguna semilla? VOZ DE DON RODRIGO:
Sí. Traigo una semilla. La misma que llevé conmigo hace veinte años. Traigo de
nuevo a mi Isla... ¡la semilla de la libertad!
(La música sube en un crescendo dramático. Se
ilumina repentinamente el despacho de DON JOSÉ. Él está golpeando su
escritorio, irritado. A su lado están ALBERTO, de uniforme, y el JEFE
DE JUSTICIA, un hombre seguro de sí mismo que sostiene unos papeles.)
DON JOSÉ: ¡Palabras! ¡Palabras
huecas! Desde que regresó hace seis meses, ese hombre solo se dedica a hacer
frases románticas, como si hablara con la Historia. ¡Pero es con el pueblo con
quien tiene que dialogar! Y yo soy el pueblo. Yo fui elegido para construir
progreso sobre el dolor que esos gestos románticos crearon.
JEFE DE JUSTICIA: Me permito recordarle
que podemos arrestarlo en cualquier momento. Contamos con la ley antisubversiva
que la Asamblea aprobó hace dos años por indicación suya.
ALBERTO: (Incrédulo)
¿Arrestarlo sin motivo? Esa ley nunca se ha puesto en práctica. Don Rodrigo no
apelará a la violencia.
JEFE DE JUSTICIA: Él no, pero sus
secuaces sí. Aquí, en este informe, están los datos recogidos: conversaciones
privadas, intervenciones telefónicas... un plan de acción. Si vuelve a la
cárcel, será condenado por sus propios compatriotas y no por extranjeros.
ALBERTO: (Hojeando el
informe con asco) Esto no es un informe, es un diario de espionaje. Es
indigno.
JEFE DE JUSTICIA: (Riendo) ¿Le
exigiría usted un código de honor a nuestro Servicio de Seguridad Interna? Los
militares abandonan su honor cuando estalla la guerra, y nosotros vivimos en
perpetua guerra.
DON JOSÉ: (Explotando)
¡Basta! Admito que para proteger al pueblo hay que llegar a lo bajo y lo sucio,
¡pero no admito que se me venga a restregar en las narices esa porquería! (Le
arranca el informe a Alberto y lo arroja frente al Jefe de Justicia)
¡Llévate tu informe! Te he puesto ahí para que te ensucies por mí, ¡pero antes
de entrar en mi casa, lávate las manos!
(El Jefe de Justicia sale presuroso. Don José queda
solo con Alberto. Su voz ahora es baja, cansada.)
DON JOSÉ: Alberto, todavía soy
capaz de sentir asco. Pero lo horrible es que cada vez siento menos. Un día
tendré la inconsciencia de esa alimaña que acabo de echar. Tu padre lo sabía; él
se negó a aceptar un puesto en el gobierno porque decía que el poder nos
impediría realizar nuestros ideales. Él murió a tiempo, cuando todos estábamos
limpios.
DON JOSÉ: (Hacia el fondo,
como hablándole a la ausencia de Don Rodrigo) ¡Soy yo quien te hago a ti! ¡Soy
yo quien hace tu historia al impedirte llegar a palacio y permitirte seguir
siendo puro para la Historia!
VOZ DE DON RODRIGO: (En resonancia) Lucharán mis hermanos por
la raíz honda de la raza... por la lengua que llegaron los abuelos... ¡por la
libertad de la Isla!
BLOQUE 4: El Dilema de
las Dos Voces
ACTO PRIMERO
(Continuación)
CUADRO II
(Se ilumina una pequeña área a la derecha. Doña
Isabel está sentada tejiendo; entra Antonio para anunciar la llegada de
Teresias. Ella lo recibe con alivio, pero con una profunda carga de tristeza.)
DOÑA ISABEL: ¡Teresias, por fin! ¡Qué
difícil le está resultando al padrino visitar a sus ahijados en palacio! Ah,
Teresias, este palacio es un monstruo con mil ojos. Todos, desde los más altos
funcionarios hasta los empleados más insignificantes, se han puesto de acuerdo
para rebajar su dignidad y convertirse en delatores. Me van a volver loco a
José.
TERESIAS: José tiene demasiado
temple para dejarse influir por esas bajezas.
DOÑA ISABEL: (Levantándose)
¡Me avergüenzo de mi condición de mujer al ver a las esposas de los
funcionarios venir a vomitar sus delaciones sobre mí! Tengo miedo, Teresias. Miedo
por mí y por Casandra. Me pregunto a veces si ha valido la pena. Cuando era
niña, mi única ambición era ser maestra rural en mi montaña. Tenía fe en mí
misma y en mi gente.
TERESIAS: Pero un día llegaron
a la montaña tres desconocidos: el poeta, el filósofo y el político. Tres
hombres empeñados en redimir un pueblo tras el sacrificio de Don Rodrigo. Ofrendaban
al pueblo tres dones: agro, pan y emancipación.
DOÑA ISABEL: Y la maestrita rural
recibió el amor. Pero ahora todo es confuso. Hace muchos años nuestra fe estuvo
prendida a la voz de Don Rodrigo; luego José hizo suya esa voz y nos parecía
que eran una sola. Pero ahora sabemos que hay dos voces. ¡Y una sola fe!
TERESIAS: He tratado de lograr
una entrevista entre José y Don Rodrigo. Don Rodrigo está dispuesto, pero no
vendrá a palacio. José, por su parte, no saldrá de palacio. No hay medio capaz
de vencer la soberbia y el orgullo de los hombres. Si las voces no se
concilian, tenemos que escoger entre una u otra. ¡Tenemos que ser fieles solo a
una voz!
(La música sube dramáticamente y las luces se
apagan. Surge de nuevo la voz de Don Rodrigo en la oscuridad.)
VOZ DE DON RODRIGO: (Con apasionamiento profético) "Y
cayeron las lluvias... mas la casa no fue destruida porque estaba fundada sobre
piedra". ¡Pero la casa no es ya de piedra! Porque los fariseos
despreciaron nuestra piedra y edificaron sobre cimientos falsos. ¡Cuando
lleguen los vientos con ímpetu, la casa será derribada!
BLOQUE 5:
Sombras en el Jardín
de Cristal
ACTO PRIMERO
(Continuación)
CUADRO II
(Se ilumina el centro de la escena. Casandra
aparece sentada, leyendo un libro con el ceño fruncido. Alberto entra de
uniforme y se acerca a ella; Casandra da un grito de terror al sentir su
presencia.)
ALBERTO: (Tratando de
calmarla) Soy yo, Casandra. ¿Qué pasa? ¡Estás temblando! ¿Quieres que demos
un paseo en auto?
CASANDRA: (Amarga) ¿En
la limosina blindada? ¿Con un detective a cada lado? Antes salía poco de
palacio, pero era libre para elegir no hacerlo. Ahora me asfixio. He abierto
los ojos a un mundo que no conocía. ¿Sabes cómo debería titularse este libro? "Don
José en lucha desesperada por mantenerse en el poder".
ALBERTO: Estás siendo injusta
con tu padre. Todos pasamos por ese momento en que dejamos de ver a nuestros
padres como héroes y los vemos como hombres falibles. Mi padre también era un
hombre importante, un idealista incorregible, hasta que descubrí que era del
mismo barro que los demás. Él me dijo: "El hijo, para triunfar, debe matar
la sombra de su padre".
CASANDRA: (Conmovida)
Alberto, alejémonos de esas sombras. Renuncia a tu puesto hoy mismo. Casémonos
y vayamos lejos de aquí. Seremos sencillamente Alberto y Casandra, con derecho
a una vida propia.
ALBERTO: No puedo. Sería una
deserción abandonar a tu padre en estos momentos. Siento la amenaza de Don
Rodrigo a todas horas; su voz martillea incansable en los oídos del pueblo. Pero
hay algo más: tu padre está trabajando en planes con expertos del Norte para
convertir la colonia en un Protectorado.
CASANDRA: ¿Un Protectorado?
ALBERTO: Es un golpe
desesperado para contrarrestar la influencia de Don Rodrigo. Si esos planes se
concretan, no habrá salida al futuro; será la perpetuación del statu quo.
Siento que debo ayudar a Don José en su lucha interna, por lo que hay de mi
padre en los ideales que él echó a un lado. Soy fiel a la sombra de mi padre;
no puedo evitarlo.
CASANDRA: (Con voz rota)
Entonces estamos condenados a sacrificar nuestra felicidad en aras de sombras
que no podemos matar.
EL GRITO DE ALARMA EN
PALACIO
(La música se vuelve turbulenta. Se ilumina a
Alberto mientras atiende una llamada telefónica urgente.)
ALBERTO: (Alarmado)
¿Cómo dice? ¿En Altamira? ¿Un auto negro con terroristas se dirige a palacio?
¡Capitán de la Guardia! Refuerce la fachada principal y que desalojen las
oficinas. ¡Que envíen gente armada pronto!
(Suena la sirena de alarma. Alberto intenta
comunicarse con el Secretario para proteger a Don José. En la oscuridad, surge
de nuevo la voz de Don Rodrigo hablando de leones rugientes y el sacrificio final.
De repente, se escucha el ruido de un auto a toda velocidad, un frenazo
dramático y fuego cerrado de ametralladoras.)
VOZ DE DON JOSÉ: (Gritando tras la
puerta cerrada) ¡A mí, guardias! ¡Quieren matarme! ¡Asesinos!
(CAE EL TELÓN)
BLOQUE 6:
El Muro de Hierro y la
Farsa del Poder
ACTO SEGUNDO
CUADRO I
(Teatro a oscuras. Surge la voz de DON JOSÉ,
ampliada y con una carga de emoción meticulosamente medida. Su discurso suena
sereno pero intenso, subrayando palabras clave con efectismo.)
VOZ DE DON JOSÉ: Me
dirijo a mi pueblo para agradecer su actitud ante la revuelta provocada por un
puñado de asesinos. Altamira, incubadora de la revuelta, ha sido ocupada por
las tropas del Norte. La paz y el orden vuelven a reinar. El responsable — Don
Rodrigo — paga ahora la sentencia máxima de cadena perpetua. ¡Garantizo al
pueblo que la subversión no entrará en la Isla! ¡Garantizo que la violencia y
la muerte, no entrarán en palacio!
(Se descorre el telón. Es una calurosa tarde de
julio. El jardín ahora está dividido por una alta verja de recios barrotes de
hierro con centinelas armados que custodian el paso. Don José trabaja en una
mesa llena de papeles, whisky y alcoholado para el calor. TERESIAS
aparece tras los barrotes; los centinelas le interceptan el paso con sus armas
hasta que entrega una tarjeta y le permiten entrar.)
DON JOSÉ: (Sin
levantar la vista) Adelante, Teresias. Hace un calor del demonio. (Se
unta alcoholado en el cuello y sirve whisky). ¿Escribiste los versos para
el himno?
TERESIAS: (Suavemente)
¡Estás loco!
DON JOSÉ: (Irritado)
He estado trabajando desde las cinco de la mañana en cosas graves que afectan
el futuro de mi pueblo. Contesta: ¿escribiste la letra del himno?
TERESIAS: No.
Mi pluma no está al servicio de tus caprichos.
DON JOSÉ: (Amenazador)
¡Teresias!
TERESIAS: (Sonriendo)
José, ¿a quién tratas de impresionar? Estás solo. No serías buen político si no
fueses un magnífico histrión. Pero es trágico: cuando se borra el límite entre
la farsa y la vida, se tiende a vivir solo la farsa. Alguien tiene que romper
este silencio de muerte y decirte: ¡Gobernador, eres un farsante!
DON JOSÉ: ¡Basta!
TERESIAS: Te
has atrevido a enviarme una orden para que escriba la letra de un himno para
esa autonomía de mentirijillas que inventas: el Protectorado. Se lo has robado
al pueblo para tus propios fines.
DON JOSÉ: El
Protectorado nos hará dejar de ser colonia. Tendremos Constitución propia. ¿Es
que no me concedes ni el derecho a ser grande?
TERESIAS: Te
concedo la astucia de la zorra, pero no grandeza. Ni te la concederá la
Historia. (Baja la iluminación y entra música irreal). Yo soy solo un
poeta. Percibo realidades que están más allá de tu realidad circundante. Tú
estás condenado a ser solo una acción en el pavoroso silencio de tu mundo. Tú
eres el Hombre, José. Yo, soy solo el Poeta.
BLOQUE 7:
La Palabra no
Pronunciada
ACTO SEGUNDO
CUADRO I
(Continuación)
(Teresias se dispone a salir. Don José, en un tono
casi angustioso, lo detiene.)
DON JOSÉ: Teresias... ¿Qué
puedo hacer para escuchar tu voz?
TERESIAS: (Se vuelve
lentamente) Quizás... te ha faltado el valor. Hubo un momento en tu
historia personal en que tuviste ante ti la grandeza y no pudiste alcanzarla.
Fue en tu cuarto año en el poder. La reforma agraria estaba en su apogeo; el
pan estaba en todas las bocas. Solo faltaba la tercera consigna: emancipación.
DON JOSÉ: (Nervioso,
buscando fósforos) No sé de qué hablas.
TERESIAS: (Encendiéndole el
cigarrillo) Lo sabes. Todo era propicio: el impulso del pueblo, una
administración liberal en el Norte y una base económica razonable. Bastaba una
palabra tuya para que el pueblo votara por su libertad y el mundo viera a un
país alcanzar su soberanía pacíficamente. Era una palabra corta, sencilla, la
que no dijiste: ¡la palabra libertad!
DON JOSÉ: (Defendiéndose)
¡No era el momento! Había mucha obra por hacer. ¡No hay independencia absoluta
en el mundo actual!
TERESIAS: Hace veinte años no
concebíamos la soberanía como un aislamiento, sino como abrir todas nuestras
puertas al mundo, no solo una al Norte. Pero tú necesitas un
"protector" porque no supiste darte seguridad a ti mismo. ¡Y los
protectores jamás protegen a los débiles, se los tragan!
EL SACRIFICIO DEL
POETA
(Entra DOÑA ISABEL. Teresias se despide y
sale rápidamente, evitando ser acompañado. Don José intenta beber whisky, pero
su esposa retira la botella y le aplica alcoholado en la nuca para calmarlo.)
DOÑA ISABEL: ¿Sabes que Teresias
renunció a su pensión?.
DON JOSÉ: (Sorprendido)
¡No! ¿Desde cuándo?.
DOÑA ISABEL: Hace meses, cuando
supo que habían arrestado a Don Rodrigo. Vive de pequeñas tareas y reseñas. ¡Está
pasando hambre, José!
DON JOSÉ: (Tapándose el
rostro) ¡Dios! ¿Qué se propone? ¿Vengarse? ¿Desprestigiar mi obra? ¡Morirse
de hambre en medio de la prosperidad que yo he traído! .
DOÑA ISABEL: Teresias solo sigue
los impulsos de su corazón.
DON JOSÉ: (Vociferando) ¿Por
qué soy el último en saber las cosas? ¡Qué clase de imbéciles me rodean! (Se
dirige violento hacia la puerta, pero Isabel se interpone).
DOÑA ISABEL: (Gritando)
¡No, José! ¡Pégame a mí si eso te hace más hombre! ¿Por qué necesitas probar tu poder a cada
instante? ¿Es que te odias tanto que quieres destruirnos a todos?
BLOQUE 8:
Gigantes en un
Gobierno de Enanos
ACTO SEGUNDO
CUADRO I
(Continuación)
DOÑA ISABEL: ¿No somos al fin y al
cabo tus siervos? Tienes a tus pies un pueblo ingenuo, agradecido, deslumbrado
por el progreso. Poco importa que esa prosperidad sea artificial y dependa del
Norte y no de ti. El pueblo ve ese torrente de monedas y te adora, José.
DON JOSÉ: ¿No hay elecciones
limpias? ¿No hay libertades civiles?
DOÑA ISABEL: Lo que ocurre, mi
Joseíto, es que eres un gigante en un gobierno de enanos. Los enanos rinden sus
derechos para aumentar el poder del gigante. La culpa fue de los griegos, que
inventaron la democracia para gigantes y no pensaron que su invento caería en
manos de enanos.
DON JOSÉ: Eres injusta con la
gente de mi gobierno.
DOÑA ISABEL: ¡Estoy harta de este
palacio! ¡Harta de tu gobierno! Harta de la "democracia", del
bienestar del pueblo y de la cantaleta de los ideales . ¡No creo ya en nada!. "Porque
los fariseos despreciaron la piedra nuestra y edificaron su ostentoso edificio
sobre cimientos falsos". Mi hogar ha sido una casa pública, mi marido un
gobernante y mi hija solloza de noche. ¡No es feliz!
(Entra el SECRETARIO por la derecha.)
SECRETARIO: Perdón. Conferencia
telefónica para el señor Gobernador. El Rector dice que los doctores del
Colegio de leyes han terminado de redactar la Constitución para el Protectorado.
El Rector tiene dudas sobre una de las cláusulas; cree que el Gobierno del
Norte no le impartiría su aprobación .
DON JOSÉ: (A Isabel) No
pierdas la fe, Isabeliña. Necesito mucho de tu fe. Mucho. (La besa y sale
presuroso hacia su despacho).
LA TRAMPA DEL
REFERÉNDUM
(Doña Isabel queda sola hasta que aparece ALBERTO
con un cartelón de propaganda doblado. Cruza el portón de la verja y sube a la terraza.)
ALBERTO: (Indignado,
desplegando el cartel ante ella) ¡Vea esto! Es un cartelón de propaganda
para el referéndum sobre el Protectorado. Lea lo que dice: "Si usted no
vota por el Protectorado, estará contra la Democracia. Se hará cómplice de los
subversivos".
DOÑA ISABEL: (Con suave burla)
Es la política, Alberto. El partido en el poder tiene que hacer su propaganda.
ALBERTO: ¡Se puede hacer
política limpia!
(Doña Isabel empieza a reír histérica y
convulsivamente. Es un sonido penoso. Alberto, asustado, le sirve whisky de la
mesa para que beba y se calme.)
DOÑA ISABEL: Gracias, Alberto.
Estoy bien ya. Solo nervios . ¿Crees de verdad que el referéndum tenga
importancia?.
ALBERTO: Si el pueblo vota a
favor, Don José podrá firmar el tratado con el Norte. Pero toda la maniobra es
injusta. Solo se le da a escoger al pueblo entre la colonia y el Protectorado. ¡Es
una trampa sucia!
DOÑA ISABEL: Es un nuevo disfraz
para la colonia. Para acallar nuestras conciencias y que el pueblo juegue a la
libertad inocentemente. (Señalando a la izquierda) ¡Y para que no nos
obliguen a levantar más vallas de hierro alrededor de palacio!
BLOQUE 9:
El Grito de Teresias y
la Huida de Casandra
ACTO SEGUNDO
CUADRO I (Conclusión)
ALBERTO: (En
un último intento de resistencia) Tenemos que hacer algo, Doña Isabel.
Ayúdeme a convencerlo.
DOÑA ISABEL: No,
Alberto, yo no. Tú, que todavía tienes el alma joven y limpia. Ve, él está en
su despacho. Si hay una voz que pueda llegar a lo mejor de él, esa es la tuya.
(Alberto sale hacia el despacho de Don José. En ese
momento, se escucha el rugido del motor de un auto deportivo europeo. Doña
Isabel corre a la baranda de la terraza circular.)
DOÑA ISABEL: (Gritando
hacia el fondo) ¡Casandra! ¿A dónde vas?
VOZ DE CASANDRA: (Desde
abajo) ¡Voy a respirar aire puro, mamá! ¡Me asfixia tu palacio!
DOÑA ISABEL: ¡No
puedes salir en ese auto descubierto! ¡Tiene que acompañarte alguien!
(El auto arranca a gran velocidad y se pierde a lo
lejos. Doña Isabel, con un paso torpe y un cansancio de siglos, se deja caer en
la butaca de Don José. Es un derrumbe definitivo.)
DOÑA ISABEL: (Susurrando
con amargura) ¡Mi palacio!.
CUADRO II
El Velo del Misterio y
el Dolor de la Justicia
(Teatro a oscuras. Una música irreal envuelve la
escena y surge una GRAN VOZ magnificada.)
UNA GRAN VOZ:
Teresias, para ti descorro otro velo del misterio. ¿Qué ves ahora en el cuadro?
TERESIAS: (En
tono de salmodia trágica, bajo una luz roja) ¡Ay, dolor, dolor! ¡Dolor y miseria!
¡Húndeme en las sombras, Señor! Que mi corazón se desgarre en jirones. Tu mano
caerá sobre el palacio. La sangre de los míos correrá por la blancura del
mármol. ¡Sangre inocente junto a la sangre culpable!
UNA GRAN VOZ: Así
sacio tu hambre, Teresias. Así calmo tu sed.
TERESIAS: Mi
hambre era de justicia, mi sed de amor. ¡Aparta de nosotros tu justicia!
(La luz roja se apaga sobre Teresias. La escena se
traslada a una pequeña área iluminada donde CASANDRA solloza con la
cabeza hundida en la falda de DOÑA ISABEL.)
DOÑA ISABEL:
Cálmate, Casandra. Fue solo un sueño, una pesadilla.
CASANDRA: (Horrorizada)
Pero horrible. Yo había cortado la ceiba del jardín con mis propias manos
porque ya no cantaba el ruiseñor. Y a cada golpe de hacha sentía un dolor
espantoso en el pecho.
BLOQUE 10:
El Regalo de
Terciopelo y la Fe Ciega
ACTO SEGUNDO
CUADRO II
(Continuación)
DOÑA ISABEL: (Abrazando a su
hija) No digas que no hay alegría. A tu edad tiene que haberla. La vida a
tu edad es la cosa más hermosa; no permitas que nada estorbe tu goce de vivirla.
CASANDRA: No siento goce
alguno. Nuestro amor se asfixia entre estas paredes. Alberto quiso quedarse
para salvar una sombra.
DOÑA ISABEL: (Con angustia)
Si quieres salvar tu amor, debes mantener la fe en el hombre que amas. Tienes
que creer en él ciegamente, irracionalmente, como creemos en Dios. Cuando la
razón haga caer a pedazos todo lo que creías seguro, esa fe será tu única
salvación. No permitas que se apague en tu alma la fe en su destino. ¡No
pierdas tu fe, Casandra!
(La luz se apaga sobre ellas y se ilumina el
escritorio de DON JOSÉ. Él está eufórico, de excelente humor. Entra ALBERTO,
pero esta vez viste de paisano, sin su uniforme.)
DON JOSÉ: ¡Hola, Alberto! ¡Un
gran día para mí y para el pueblo! Dentro de unas horas ejecutaré el mandato
democrático. Recuerda que la recepción empieza a las ocho y a las nueve llega
el Comisionado del Norte para firmar el tratado. Estarás a mi derecha... ¿o a
mi izquierda?
ALBERTO: (Le alarga un
sobre abierto) Le agradecería que leyese esta carta.
DON JOSÉ: (Sin hacerle caso
aún, toma una caja) ¡Espera! Tengo una sorpresa para Casandra. He ido yo
mismo a la tienda de modas más exclusiva. La francesita casi se cae de nalgas
al verme: "¡Monsieur le Gouverneur!". Me sentía naufragando entre
velos, encajes y perfumes franceses. Pero mira lo que conseguí. (Saca una
hermosa capa de noche de terciopelo negro forrada de lamé plateado). ¿Qué
te parece? Quiero que esta noche Casandra se sienta feliz.
ALBERTO: (Serio) Lea la
carta, señor.
DON JOSÉ: (Lee y se le muda
el gesto) ¿Pero qué es esto? ¿Tu renuncia? ¿Hoy, precisamente hoy? Sin explicaciones, sin motivo... No te la
aceptaré.
ALBERTO: Mi decisión es
irrevocable. Aquí están las insignias. He entregado mis uniformes y mi pistola
al Capitán de la Guardia.
BLOQUE 11:
El Alma Desnuda del
Gobernante
ACTO SEGUNDO
CUADRO II
(Continuación)
DON JOSÉ: (Pasándose la mano
por la nuca) Alberto, estás actuando como un chiquillo. Si tu padre
viviera....
ALBERTO: Aprobaría mi actitud,
sin duda. El Protectorado no es el ideal que ustedes compartieron. ¡No me venga
con esa monserga demagógica! Ni siquiera lo cree usted mismo.
DON JOSÉ: (Enérgico) Me
estás faltando al respeto.
ALBERTO: No firme ese tratado.
Usted no fue capaz de darnos la emancipación. Otros vendrán después, pero por
ellos, no cierre usted el camino. No comprometa el futuro con ese tratado
irrevocable. ¡No tiene derecho!
DON JOSÉ: Tengo todos los
derechos. Abro el camino de la libertad con protección, que es la única
verdadera. Indultaré a Don Rodrigo, habrá paz.
ALBERTO: ¿Qué obra queda de su
partido revolucionario? Al cuarto año abandonó la reforma agraria; al sexto,
las medidas socialistas; a los diez, estaba aliado con los capitalistas que
combatió. Hoy industrializa el país sobre bases falsas y olvida la agricultura.
Traicionó el ideal de emancipación a cambio del poder y de su cómoda seguridad.
DON JOSÉ: ¡De modo que dudas
hasta de la democracia! .
ALBERTO: (A gritos) La
democracia sin principios liberales es pura demagogia y, en la práctica, algo
peor: pura dictadura de un mesías hipócrita. Usted se ha aprovechado hábilmente
de las fallas de la democracia. No piensa en la Historia ni en la dignidad del
pueblo....
DON JOSÉ: (Estallando, fuera
de sí) ¡Al estampar mi firma en ese documento estaré elevando a este
miserable, estúpido pueblo, a un nivel de dignidad que jamás ha conocido!
(Pausa larga. Ambos se miran en silencio. Don José
se da cuenta de que ha desnudado su alma y Alberto lo mira con horror.)
ALBERTO: De modo que era eso. De
modo que ese pueblo no tiene dignidad. Durante veinte años ha estado mimando a
un pueblo que en el fondo desprecia. No tuvo confianza en él. Ese
"miserable pueblo" no era digno de la libertad.
DON JOSÉ: (Huyendo de su
mirada) ¡No he dicho eso!
ALBERTO: ¡Qué bien entiendo su
paradoja! El demócrata convencido violando constantemente los principios de la
verdadera democracia.
DON JOSÉ: (Gritando con la
voz preñada de lágrimas) ¡Vete! ¡Lo firmaré! Nadie impedirá que ejecute el
mandato de este pueblo noble y bueno. ¡Lo firmaré!
BLOQUE 12: La
Sacerdotisa de la Noche Negra
ACTO SEGUNDO
CUADRO II
(Continuación)
(La escena queda a oscuras y la música adquiere una
grandiosidad religiosa. Un chorro de luz rojiza ilumina a CASANDRA
arrodillada en un reclinatorio de terciopelo rojo. Está cubierta por la capa de
terciopelo negro que le regaló Don José; bajo ella, viste una túnica griega
color gris. Su figura es estatuaria, con las manos entrelazadas de las que
cuelga un rosario de nácar y oro.)
CORO MASCULINO: (Cantando) Dolor,
dolor. Dolor y miseria. ¡Dolor!
VOZ DE DOÑA ISABEL (en off): "Cuando la razón haga caer a pedazos todo lo
que tú creías seguro... tendrás el asidero de tu fe, que será tu única
salvación”.
(Entra ALBERTO por la izquierda; observa con
ternura a Casandra y se arrodilla junto a ella. Se miran con devoción, pero no
se besan.)
ALBERTO: Vine a despedirme. He
renunciado a mi puesto en palacio.
CASANDRA: (Iluminada)
¡Qué alegría! Al fin te decidiste. Tú y yo, lejos de aquí, juntos para siempre.
ALBERTO: (Desesperado) No
entiendes... no tenemos derecho a ese "hoy". Solo vine a verte por
última vez. No vayas a la recepción, quédate en tu habitación.
CASANDRA: ¡Me das miedo, Alberto!
ALBERTO: No importa lo que
suceda, debes estar segura de mi amor. Te quiero más que a mi vida.
(Alberto intenta marcharse, pero Casandra, al
abrazarlo, tropieza con un objeto sólido en el bolsillo de su chaqueta. Con una
intuición aterradora, mete la mano y saca un revólver.)
CASANDRA: ¡Era esto! ¿Para qué
necesitas un revólver? ¿Hoy? ¿El día más importante en la vida de mi padre? ¡No!
ALBERTO: ¡Casandra! Dame esa
arma.
(Luchan cuerpo a cuerpo en medio de una luz que se
vuelve intensamente roja. Suena un disparo. El cuerpo de Alberto se desploma
lentamente. Casandra sostiene su cabeza sobre su falda, mirando el cadáver con
ojos desorbitados.)
CASANDRA: (En un susurro
quebrado por sollozos) ¡Alberto! ¡Amor! ¡Amor!
(La luz roja se apaga y el silencio es roto por la
música de un vals vienés que proviene de la fiesta en el jardín del palacio.)
BLOQUE 13:
La Noche más Negra del Palacio
ACTO SEGUNDO
CUADRO II (Final)
(La escena se ilumina brillantemente. Las terrazas
del palacio están decoradas para la recepción; el jardín y el mar brillan bajo
la luna. Los invitados visten de gala, hay música, risas y el sonido de copas
de champaña. DON JOSÉ destaca entre sus altos funcionarios, a quienes
Doña Isabel describe como "enanos" frente a su figura de gigante.)
SECRETARIO: (Anunciando)
¡El Señor Comisionado del Norte!
(Aparece el COMISIONADO, un hombre rubio y
corpulento de apariencia bonachona y vestimenta informal que contrasta con la
etiqueta de los locales. Don José lo recibe con entusiasmo y estrecha su mano. Se
realiza un brindis por la "eterna amistad" entre la Isla y el Norte.)
DON JOSÉ: (Iniciando
su discurso oficial) ¡Señores! Nos hemos reunido para un acto de
importancia trascendental. Con el advenimiento del Protectorado, este pueblo
noble y bueno realiza al fin sus más caras aspiraciones. Es un triunfo de dos
pueblos libres que se respetan.
(Don José toma la pluma para firmar el tratado. La
luz del escenario empieza a languidecer, concentrándose solo en él.)
DON JOSÉ: Hoy
comenzamos una página blanca y limpia en nuestra historia. Y para celebrarlo,
anuncio que esta misma tarde... ¡firmé el indulto de Don Rodrigo!
LA SENTENCIA DE CASANDRA
(En ese instante, entra música irreal y aparece CASANDRA
tras la verja de hierro. Está pálida, con el cabello suelto y su túnica gris
manchada de sangre; el brazo derecho permanece oculto bajo su capa negra.)
DON JOSÉ: (Trémulo)
¡Casandra! ¡Has venido al fin! .
CASANDRA: (Con
voz monótona y dura) He venido a tu celebración, padre. He venido a lucir
tu capa negra en la noche más negra de mi vida. ¡La muerte ya entró en palacio,
padre!
DON JOSÉ: (Gritando)
¡No!
CASANDRA: A
pesar de las rejas, la he tenido en mis brazos. Y a su cuerpo ensangrentado le
he arrancado la voz. ¡Y su voz es ya mi voz! Es la voz de mis ideales muertos,
de nuestra patria entregada, de mi amor asesinado. ¡Es la voz de mi Alberto!
(Suenan tres disparos. El rostro de Don José se
crispa de dolor y la luz se extingue sobre él mientras cae. Se hace el
silencio, solo roto por la voz del coquí.)
EPÍLOGO HISTÓRICO
(En la penumbra, surge la figura de TERESIAS
contemplando la escena. Un rayo de luz azul pálido ilumina a Casandra, quien
ahora aparece inmóvil sobre el pedestal de granito, como una estatua viva con
el brazo en alto.)
TERESIAS: (En
tono salmódico) ¡Ay, dolor y miseria! Porque corrieron ríos de sangre y la
casa fue derribada. Y sucedió. La Historia de los hombres perpetuó lo
implacable de Tu fallo. ¡Por amor y por dolor, Casandra es ya inmortal!
(Los coros suben en un crescendo triunfal cantando
"¡Amor, amor!" mientras cae el telón final.)
(FIN DE LA OBRA)
DEATH SHALL NOT ENTER THE
PALACE
ENGLISH Edited Version
Author: René Marqués (1919)
·
Origin: Puerto Rican, born in Arecibo.
Trajectory: An agronomist by
profession, he studied literature in Madrid and dramatic arts in the United
States under a Rockefeller Foundation scholarship.
·
Style: His work analyzes the maladaptation of Puerto Ricans when faced with an
imposed culture, often using symbolic elements and profound tragic motivation.
CHARACTERS
·
TERESIAS
·
CASANDRA
·
ALBERTO
·
DOÑA ISABEL
·
ANTONIO (Servant)
·
SECRETARY
·
DON JOSÉ
·
DON RAMÓN & THE YOUTH (Peasants)
·
CHIEF OF JUSTICE
·
THE COMMISSIONER FROM
THE NORTH
·
VOICES AND CHOIRS (Voice of the Coquí, Nightingale, Employees, Guests)
ACT ONE
SCENE I
(It is night. A park is glimpsed, illuminated in patches by the moon. To
the right, structures suggesting palace ruins emerge in silhouette. In the
center, behind a balustrade, stand tall trees with trunks covered in ivy and
wild vines. In the background, a marble statue rises upon a granite pedestal.
The monotonous note of the coquí is heard: co-quí.)
A GREAT VOICE: This is how you see the scene, Teresias. This is how you see it.
(A moonbeam illuminates the statue: a young woman in a tunic, with a haughty expression and her right arm raised as if about to strike a blow. Teresias, a man of about 68 with a beard and glasses, cleans his lenses and addresses the audience.)
TERESIAS: (In a warm voice) This is how I see the scene. This is how I see Casandra. It hasn't happened yet. But it will happen. It is curious to observe how men forget the time that flows to become History. For reality to become this, someone, consciously or unconsciously, must infringe upon the moral order of the universe.
(The light fades. The somber atmosphere transforms into a bright and sunny garden. Teresias and the statue disappear. We are now in a palace garden overlooking the sea.)
CASANDRA: (Laughing, she is about 18 years old,
wearing tennis clothes) But Alberto, you are acting like a child! Who would
think of such a thing!
ALBERTO: (24 years old, pouring himself a rum and
soda) Anyone with common sense would think of it. I'm talking about my
position as a "chocolate soldier." What meaning can a Military Aide
have in a country without its own army?
CASANDRA: (Approaching him) We have a National
Guard, don't we? Besides, the Army of the North is right there, ready to defend
us if the occasion arises. But Alberto, you fulfill a mission in the palace.
Father loves you and trusts you.
ALBERTO: (Embracing her) If I had met you under
other circumstances, how free and happy I would feel telling you that I love
you!
CASANDRA: We are not prisoners in the palace. You can
resign whenever you want. We are free. No one prevents us from being happy.
Just give me time to prepare Father; he believes that when we marry, nothing
will change, that we will stay here with him.
ALBERTO: (Pointing outside) Look, there is the
People. And the People are happy. Therefore, we can be happy too.
CASANDRA: As Mother says: "No one in the palace
has the right to happiness if the People are not happy."
ALBERTO: Doña Isabel says that? Those are Don
Rodrigo’s words.
CASANDRA: Don Rodrigo’s? But that’s absurd! Don Rodrigo
has been in prison in the North for twenty years!
ALBERTO: This morning your father received a
communication. Don Rodrigo is free. He served his sentence and wants to return
to the Island. Your father is worried.
CASANDRA: Bah, Father has nothing to fear from that
poor old man. The People adore my Governor. Nothing will happen!
CONTINUATION: SCENE I (ACT
ONE)
ALBERTO: Casandra, I would like you not to take certain things so lightly.
CASANDRA: I don't take things lightly. And to prove it
to you, I remind you it's time for you to go put on your uniform. But first,
I’ll serve you another drink. I bet you can't guess who you’re going to toast
to? To Don Rodrigo! To the return of Don Rodrigo!
(DOÑA ISABEL enters through the glass door. She is about fifty years old and dresses simply. She stops for a moment upon hearing Casandra’s last phrase, and a shadow crosses her face.)
DOÑA ISABEL: Casandra! In a moment, a delegation of peasants will come to see your father. (To Antonio, the servant) Antonio! Take those liquors away, please.
CASANDRA: But Mother, that’s Alberto’s drink.
DOÑA ISABEL: The Military Aide cannot
drink during working hours. Go, Casandra, as you are now, you are not exactly
an edifying sight for the peasants. (Casandra runs off to the right).
ALBERTO: (Joking) Can I give a little help?
DOÑA ISABEL: You should give some use to
your agronomist diploma; the land is still asking to be worked. I would feel
better if you gave use to that instead of becoming a "mother-in-law to a
uniform."
(The SECRETARY enters, a thin man with courtly manners).
SECRETARY: Madam, the Governor will be
down shortly. I located Mr. Teresias, but he said it will be impossible for him
to come tomorrow. He has an appointment at the airport to receive someone of
his highest esteem.
DOÑA ISABEL: (Worried) At the
airport? (Alone with Alberto) It is the first time Teresias has not
answered a call of mine.
ALBERTO: Don Rodrigo is free. It could be that
Teresias is going to receive him.
THE ARRIVAL OF DON JOSÉ AND
THE PEASANTS
(DON JOSÉ enters. He is 58 years old, corpulent, and radiates a human warmth that subdues wills).
DON JOSÉ: Well, well, where are you going so fast?
DOÑA ISABEL: To knit for a while.
DON JOSÉ: I thought you would like to see the peasants.
DOÑA ISABEL: I will see them. But what
you are attempting is horrible, José. You have given them bread, roof, and
instruction, but you are a son of the city and were educated in the North. I am
a peasant, like them, and I feel you are killing something in them that is
worth more than progress.
DON JOSÉ: You are crazy! The People are a mass, and as
such, they only feel primary needs. Their happiness consists of economic
security. You cannot make metaphysics with the People; you have to make
politics that lead to good government.
(The delegation of peasants from Altamira enters: DON RAMÓN, THE YOUTH,
PASCASIA, ROSA, and three more men).
DON RAMÓN: Don José! Just like before,
but without hope of sharing a coffee with you again.
DON JOSÉ: Tell me, what can I do for you? Any
complaints? Lack of electricity?
YOUTH: It’s about a type of stone we discovered in
the neighborhood. We want it analyzed. Maybe it is an important raw material
for the industrialization program.
PASCASIA: (Shows a whitish stone).
DON JOSÉ: It’s beautiful, without a doubt. But it
doesn't matter if this stone has industrial value or not. What matters is your
gesture, your faith, and your enthusiasm for the program that is transforming
this island into a world of progress.
YOUTH: But that isn't enough! It is necessary for it
to have value because we cannot depend eternally on the North if we want to be
free. We need to know how to sacrifice ourselves to be ourselves.
DON JOSÉ: And you think that is achieved with a piece
of stone?
YOUTH: In that rock is the answer to what we are.
You preached "Agro, bread, and emancipation," but emancipation and
the agro have been forgotten. Only bread remains. And bread is good. But a
people can die of hunger... and they can also die of bread!
DON JOSÉ: (After a tense pause) Because we live
in a country with freedoms, you can express yourself as you have. Come see me
when you feel ready to talk... serenely. (The peasants withdraw).
DON JOSÉ: (Caressing the stone) The seed that
someone sowed has not yet died.
DOÑA ISABEL: And why kill it, Joseíto?
Why not let it germinate?
(QUICK CURTAIN)
BLOCK 3:
Voices in the Wind and the
Corruption of the Law
ACT ONE
SCENE II
(Theater in darkness. The sound of engines from a large plane landing is
heard. Through the loudspeakers, a mechanical voice gives instructions to
passengers arriving from the North. The murmur of the crowd and the checking of
suitcases in customs are heard.)
VOICE OF EMPLOYEE: Do you have anything to
declare, sir? VOICE OF DON RODRIGO: (Resonantly) Nothing. VOICE
OF EMPLOYEE: Clothing and books, eh? Aren't you bringing any plants? VOICE
OF DON RODRIGO: No. I bring a seed. The same one I took with me twenty
years ago. I bring back to my Island... the seed of liberty!
(The music rises in a dramatic crescendo. DON JOSÉ's office is suddenly illuminated. He is hitting his desk, irritated. Beside him are ALBERTO, in uniform, and the CHIEF OF JUSTICE, a self-assured man holding some papers.)
DON JOSÉ: Words! Hollow words! Since he returned six
months ago, that man only dedicates himself to making romantic, high-sounding
phrases, as if he had entered a definitive dialogue with History. But it’s with
the People he has to dialogue! And I am the People. I, who was democratically
and overwhelmingly, elected to build a world of progress upon the pain that all
those romantic gestures had created.
CHIEF OF JUSTICE: I allow myself to remind
you that we can arrest him at any moment. We have the anti-subversive law that
the Assembly approved two years ago at your indication.
ALBERTO: (Incredulous) Arrest him? Without
motive? That law has never been put into practice.
CHIEF OF JUSTICE: He won't, but his followers
will. They have done it in the past. Here, in this report, are the data
collected: private conversations, telephone interventions... a plan of action.
When Don Rodrigo enters prison again, he will have been condemned, not by foreigners,
but by his own compatriots.
ALBERTO: (Leafing through the report with disgust)
This isn't a report. It looks more like a... diary of espionage. It is
unworthy.
CHIEF OF JUSTICE: (Laughing) Unworthy?
It’s possible. Would you demand a code of honor from our Internal Security
Service? The military abandons its code of honor when war breaks out, doesn't
it? Our secret police live in perpetual war.
DON JOSÉ: (Exploding) Enough! I admit that to
protect a people from subversion, one must reach what is low and dirty. But I
do not admit that this filth be rubbed in my nose! (He snatches the report
from Alberto's hands and throws it in front of the Chief of Justice) Take
your report! I have put you in that position precisely so you can be what you
are, so you can get dirty for me. Do it! But before entering my house, wash
your hands!
(The Chief of Justice exits hurriedly. Don José is left alone with
Alberto. His voice is now low, tired.)
DON JOSÉ: Alberto, I am still capable of feeling
disgust. But the horrible thing is that each time I feel less disgust. One day,
I will have the unconsciousness of that beast I just kicked out of my office.
Your father knew it; he refused to accept any post in the government because he
said the power would prevent us from realizing our ideals. He died happy. He
died in time. Because at the hour of his death, we were all clean.
DON JOSÉ: (Toward the background, as if speaking to
Don Rodrigo's absence) It is I who make you! It is I who make your history!
By preventing you from reaching the palace, I allow you to play a beautiful
role for History!
VOICE OF DON RODRIGO: (Resonantly) My
brothers will fight for the deep root of the race... for the land given as
heritage... for the language the grandfathers bequeathed... for the freedom of
the Island!
BLOCK 4: The Dilemma of the
Two Voices
ACT ONE (Continued)
SCENE II
(A small area on the right is illuminated. Doña Isabel is sitting
knitting; Antonio enters to announce the arrival of Teresias. She receives him
with relief, but with a deep burden of sadness.)
DOÑA ISABEL: Teresias, finally! How
difficult it is becoming for the godfather to visit his godchildren in the
palace! Ah, Teresias, this palace is a monster with a thousand eyes. Everyone,
from the highest government officials to the most insignificant employees, has
agreed to lower their dignity and become informants. They are going to drive
José mad.
TERESIAS: José has too much temple to let himself be
influenced by those basenesses.
DOÑA ISABEL: (Rising) I am
ashamed of my condition as a woman when I see the wives of officials come to
vomit all their black denunciations upon me! I am afraid, Teresias.
Afraid for myself and for Casandra. I ask myself sometimes if it has been worth
it. When I was a girl, my only ambition was to be a rural teacher in my
mountains. I had faith in myself and in my people.
TERESIAS: But one day three strangers arrived at the
mountain: the poet, the philosopher, and the politician. Three men committed to
the noble task of redeeming a people after Don Rodrigo's sacrifice. They
offered the people three gifts: agro, bread, and emancipation.
DOÑA ISABEL: And the rural teacher
received love. But now everything is confused. For many years our faith was
attached to the voice of Don Rodrigo; then José picked up 그 voice and made it his own. And the object of our faith did not change
in the slightest. But now, suddenly, we know there are two voices. And only one
faith!
TERESIAS: I have tried to achieve an interview between
José and Don Rodrigo. Don Rodrigo is willing. But he will not come to the
palace. José, for his part, will not leave the palace. There is no means
capable of overcoming the pride and arrogance of men. If the voices are not
reconciled, we must choose between one or the other. We must be faithful only
to one voice!
(The music rises dramatically and the lights go out. Don Rodrigo's voice emerges again in the darkness.)
VOICE OF DON RODRIGO: (With prophetic passion)
"And the rains fell... but the house was not destroyed because it was
founded upon stone." But the house is no longer made of stone! Because the
Pharisees despised our stone and built upon false foundations. When the rain
comes... when the wind blows with impetus upon the house, the house shall be
cast down!
BLOCK 5:
Shadows in the Crystal
Garden
ACT ONE (Continued)
SCENE II
(The center of the stage is illuminated. Casandra appears sitting,
reading a book with a localized frown. Alberto enters in uniform and approaches
her; Casandra gives a cry of terror upon feeling his presence.)
ALBERTO: (Trying to calm her) It’s me, Casandra. What’s wrong? You’re trembling! Do you want us to go for a car ride?
CASANDRA: (Bitterly) In the armored limousine?
With a detective on each side? Before, I left the palace very little, but I was
free to choose not to. Now I am suffocating. I have opened my eyes to a world I
didn't know. Do you know what this book should be titled? "Don José in a
Desperate Struggle to Stay in Power."
ALBERTO: You are being unfair to your father. We all
go through that moment when we stop seeing our parents as heroes and see them
as fallible men, capable of erring. My father was also an important man, an
incorrigible idealist, until one day I discovered he was made of the same clay
as other men. He told me: "The son, to triumph, must kill the shadow of
his father."
CASANDRA: (Moved) Alberto, let us move away from
those shadows. Resign your post this very day. Let’s get married tomorrow. We
will be simply Alberto and Casandra, two beings with a right to their own life.
ALBERTO: I cannot. It would be a desertion to abandon
your father at this time. I feel Don Rodrigo’s threat at all hours; his voice
hammers tirelessly into the ears and conscience of the people. But there is
something more: your father is working on plans with experts from the North to
convert the colony into a Protectorate.
CASANDRA: A Protectorate?
ALBERTO: It is a desperate political move by Don José
to counteract Don Rodrigo’s influence. If those plans materialize, there will
be no way out for the future; it will be the perpetuation of the statu quo.
I feel I must help Don José in his internal struggle, for what there is of my
father in the ideals he cast aside. I am faithful to the shadow of my father; I
cannot avoid it.
CASANDRA: (With a broken voice) Then we are
condemned to sacrifice our happiness for the sake of shadows we cannot kill.
THE CRY OF ALARM IN THE PALACE
(The music becomes turbulent. Alberto is illuminated as he answers an
urgent phone call.)
ALBERTO: (Alarmed) What did you say? In
Altamira? A black car with terrorists is heading toward the palace? Captain of
the Guard! Reinforce the main facade and evacuate the offices. Send armed
people quickly!
(The alarm siren sounds. Alberto tries to communicate with the Secretary
to protect Don José. In the darkness, Don Rodrigo's voice emerges again,
speaking of roaring lions and the final sacrifice. Suddenly, the sound of a car
at full speed is heard, a dramatic braking, and closed machine-gun fire.)
VOICE OF DON JOSÉ: (Gritando tras la puerta
cerrada) Guardias, to me! They want to kill me! Assassins!
(THE CURTAIN FALLS)
BLOCK 6:
The Iron Wall and the Farce
of Power
ACT TWO
SCENE I
(Theater in darkness. DON JOSÉ's voice emerges, amplified and with a
meticulously measured burden of emotion. His speech sounds serene but intense,
underlining key words with effect.)
VOICE OF DON JOSÉ: I address my people to
thank them for their serene and balanced attitude before the revolt provoked by
a handful of assassins. Altamira, incubator of the revolt, has been occupied by
Northern troops. Peace and order reign again. The one responsible—Don Rodrigo—now
pays the maximum sentence of life imprisonment. I guarantee the people that
subversion will not enter the Island! I guarantee that violence and death will
not enter the palace!
(The curtain rises. It is a hot July afternoon. The garden is now
divided by a high fence of thick iron bars with armed sentries guarding the
passage. Don José works at a table full of papers, whiskey, and rubbing alcohol
for the heat. TERESIAS appears behind the bars; the sentries intercept his path
with their weapons until he hands over a card and they allow him to enter.)
DON JOSÉ: (Without looking up) Come in, Teresias. It's a hell of a heat. (He rubs alcohol on his neck and pours whiskey). Did you write the verses for the anthem?
TERESIAS: (Softly) You are crazy!
DON JOSÉ: (Irritated) I have been working since
five in the morning on grave and important things that affect the future of my
people. Answer: did you write the lyrics for the anthem?
TERESIAS: No. My pen is not at the service of your
whims.
DON JOSÉ: (Threatening) Teresias!
TERESIAS: (Smiling) José, José. Who are you
trying to impress? You are alone. You wouldn't be a good politician if you
didn't possess magnificent histrionic skills. But it’s tragic: when the limit
between farce and life is erased, one tends to live only the farce. Someone has
to break this silence of death and tell you: Governor of this Island, you are a
fake!
DON JOSÉ: Enough!
TERESIAS: You have dared to send me an order to write
the lyrics of an anthem for that thing you call a Protectorado, for that
make-believe autonomy you invent for this people. You have stolen it from the
people for your own ends.
DON JOSÉ: The Protectorado will make us cease to be a
colony. We will have our own Constitution. Is it that you do not grant me even
the right to be great?
TERESIAS: I grant you the extraordinary ability of a
politician that you actually have. I grant you the cunning that the fox of old
fables possessed. But because you failed to be faithful to your destiny, I
cannot grant you any greatness, José. Nor will History grant it to you. (The
lighting fades and unreal music enters). I am only a poet. I perceive
realities that are beyond your surrounding reality. In that lies my
greatness... and my tragedy. You are the Man, José. I am only the Poet.
BLOCK 7:
The Unspoken Word
ACT TWO
SCENE I (Continued)
(Teresias prepares to leave. Don José, in an almost anguished tone,
stops him.)
DON JOSÉ: Teresias... What can I do to hear your voice?
TERESIAS: (Turns slowly) Perhaps... you have
lacked courage. There was a moment in your personal history when you had before
you the greatness you now yearn for and cannot reach. It was in your fourth
year in power. The agrarian reform was at its peak. Bread was in all mouths. Only
the third slogan of our motto was missing: emancipation.
DON JOSÉ: (Nervously searching for matches) I
don't know what you are talking about.
TERESIAS: (Lighting Don José’s cigarette) Of
course you know. Everything was favorable for us: the renewing impulse in the
people's conscience, a liberal administration in the North that would have
welcomed our demand. It only took one word from you for the world to see the
spectacle of a country reaching its sovereignty, peacefully and democratically.
It was only one word; a short, small, humble word: the one you did not say!
DON JOSÉ: (Defending himself) It wasn't the
moment! There was much work to do for the people. In the current world, there
is no country that can truly be free!
TERESIAS: Emancipation was not conceived as a suicide.
We yearned for our people to open all their doors to the world, instead of
keeping only one door open to the North. But you need a "protector"
to guarantee the security you yourself have not known how to provide.
"Protectors" never protect the weak! They swallow them!
THE SACRIFICE OF THE POET
(DOÑA ISABEL enters. Teresias says goodbye and exits quickly, avoiding being accompanied. Don José tries to drink whiskey, but his wife removes the bottle and applies alcohol to the back of his neck to calm him.)
DOÑA ISABEL: Did you know Teresias
resigned his pension?
DON JOSÉ: (Surprised) No! Since when?
DOÑA ISABEL: Months ago already. When he
learned they had arrested Don Rodrigo. He lives on small tasks and reviews. He
is starving, José!
DON JOSÉ: (Covering his face) My God! What does
he propose? To take revenge? To discredit my work? To starve in the midst of
the prosperity I have brought to the people!
DOÑA ISABEL: Teresias only follows the
impulses of his heart.
DON JOSÉ: (Shouting) Why am I the last to know
things? What kind of imbeciles surround me! (He moves violently toward the
door, but Isabel interposes herself).
DOÑA ISABEL: (Shouting) No, José!
Hit me if that makes you more of a man! Why do you need to prove your power at
every moment? Is it that you hate yourself so much that you want to destroy us
all?
BLOCK 8:
Giants in a Government of
Dwarves
ACT TWO
SCENE I (Continued)
DOÑA ISABEL: Aren't we, after all, your
servants? You have at your feet an ingenuous, grateful people, dazzled by
progress and prosperity. It matters little that this prosperity is artificial,
that it depends on the North and not on you. The people see that torrent of
coins and they adore you, José.
DON JOSÉ: Aren't there clean elections? Aren't there
civil liberties?
DOÑA ISABEL: What is happening, my
Joseíto, is that you are a giant in a government of dwarves. The dwarves
surrender their rights to increase the giant’s power. The blame was on the
Greeks, who invented democracy for giants and didn't think their invention
would one day fall into the hands of dwarves.
DON JOSÉ: You are unfair to the people in my
government.
DOÑA ISABEL: I am fed up with this
palace! Fed up with your government! Fed up with "democracy," with
the well-being of the people, and the chant of ideals. I don't believe in
anything anymore! "Because the Pharisees despised our stone and built
their ostentatious building upon false foundations." My home has been a
public house, my husband a ruler, and my daughter sobs at night. She is not
happy!
(The SECRETARY enters from the right.)
SECRETARY: Pardon. Telephone
conference for the Governor. The Rector says the doctors of the College of Law
have finished drafting the Constitution for the Protectorado. The Rector has
doubts about one of the clauses; he believes the Northern Government would not impart
its approval.
DON JOSÉ: (To Isabel) Don't lose faith,
Isabeliña. I need your faith very much. Very much. (He kisses her and leaves
hurriedly toward his office).
THE TRAP OF THE REFERENDUM
(Doña Isabel is left alone until ALBERTO appears with a folded
propaganda poster. He crosses the gate and climbs to the terrace.)
ALBERTO: (Indignant, unfolding the poster before
her) Look at this! A propaganda poster for the referendum on the
Protectorado. Read what it says: "If you do not vote for the Protectorado,
you will be against Democracy. You will become an accomplice to the
subversives."
DOÑA ISABEL: (With soft mockery)
It’s politics, Alberto. The party in power has to do its propaganda.
ALBERTO: Clean politics can be made!
(Doña Isabel begins to laugh hysterically and convulsively. It is a
painful sound. Alberto, frightened, serves her whiskey from the table to drink
and calm down.)
DOÑA ISABEL: Thank you, Alberto. I am
fine now. Just nerves. Do you truly believe that the referendum has importance?
ALBERTO: If the people vote in favor, Don José will be
able to sign the treaty with the North. But the whole maneuver is unfair. The
people are only given a choice between the colony and the Protectorado. It’s a
dirty trap!
DOÑA ISABEL: It is a new disguise for
the colony. To silence our consciences and so the people play at liberty
innocently. (Pointing to the left) And so they do not force us to raise
more iron fences around the palace!
BLOCK 9:
Teresias's Cry and
Casandra's Flight
ACT TWO
SCENE I (Conclusion)
ALBERTO: (In a final attempt at resistance) We
have to do something, Doña Isabel. Help me convince him.
DOÑA ISABEL: No, Alberto, not me. You,
who still have a young and clean soul. Go, he is in his office. If there is a
voice that can reach what is best in him, that voice is yours.
(Alberto exits toward Don José's office. At that moment, the roar of a
European sports car engine is heard. Doña Isabel runs to the railing of the
circular terrace.)
DOÑA ISABEL: (Shouting toward the
background) Casandra! Where are you going?
VOICE OF CASANDRA: (From below) I'm
going to breathe fresh air, Mother! Your palace suffocates me!
DOÑA ISABEL: You cannot leave in that
open car! Casandra! Someone has to accompany you!
(The car starts at full speed and disappears in the distance. Doña
Isabel, with a clumsy step and a fatigue of centuries, drops into Don José's
chair. It is a definitive collapse.)
DOÑA ISABEL: (Whispering bitterly)
My palace!
SCENE II
The Veil of Mystery and the
Pain of Justice
(Theater in darkness. Unreal music envelops the scene and a magnified GREAT VOICE emerges.)
A GREAT VOICE: Teresias, Teresias, for you I draw back another veil of mystery. What do you see now in the scene?
TERESIAS: (In a tragic psalmody tone, under a red
light) Ay, pain, pain! Pain and misery! Sink me into the shadows, Lord! Let
my heart be torn into shreds. Your hand shall fall upon the palace. The blood
of my own shall run upon the whiteness of the marble. Innocent blood next to
guilty blood!
A GREAT VOICE: Thus I satisfy your hunger,
Teresias. Thus I calm your thirst.
TERESIAS: My hunger was for justice, my thirst, for
love. Turn Your justice away from us!
(The red light goes out over Teresias. The scene moves to a small illuminated area where CASANDRA sobs with her head buried in DOÑA ISABEL's lap.)
DOÑA ISABEL: Calm down, Casandra. It was only a dream, a nightmare.
CASANDRA: (Horrified) But horrible. I had cut
down the ceiba tree in the garden with my own hands because the nightingale no
longer sang in its branches. And with every blow of my axe I felt a ghastly
pain in my chest.
BLOCK 10:
The Velvet Gift and Blind
Faith
ACT TWO
SCENE II (Continued)
DOÑA ISABEL: (Embracing her daughter)
Don't say there is no joy. At your age, there must be joy. Life at your age is
the most beautiful thing that can happen to a human being; live it, live it in
all its beauty. Don't let anything or anyone hinder your enjoyment of living
it.
CASANDRA: I feel no enjoyment in living it. Our love
suffocates between these walls. Alberto wanted to stay. To save a shadow.
DOÑA ISABEL: (With anguish) If
you want to save your love, you must maintain faith in the man you love. You
have to believe in him blindly, irrationally, with the same blind faith with
which we believe in God. When reason makes everything you believed secure,
admirable, fall to pieces; when you suddenly see yourself in a desolate world,
you will have the handle of your faith which will be your only salvation. Do
not let the faith in his destiny be extinguished in your soul. Don't lose your
faith, Casandra!
(The light goes out over them and DON JOSÉ's desk is illuminated. He is euphoric. ALBERTO enters, but this time in civilian clothes.)
DON JOSÉ: Hello, Alberto! A great day for me and for the people! In a few hours, I will execute the democratic mandate. Remember the reception begins at eight and at nine the Commissioner from the North arrives to sign the treaty. You will be at my right... or at my left?
ALBERTO: (Hands him an open envelope) I would
appreciate it if you would read this letter.
DON JOSÉ: (Ignoring him for now, picks up a box) Wait! I have a surprise for Casandra. I went to the most exclusive fashion shop myself. The little French girl almost fell on her bottom when she saw me: "Monsieur le Gouverneur!". I felt myself shipwrecked in a sea of laces and French perfumes. But look at what I got. (He pulls out a beautiful black velvet evening cape lined in silver lamé). What do you think? I want Casandra to feel happy tonight.
ALBERTO: (Seriously) Read the letter, sir.
DON JOSÉ: (Reads and his expression changes) What
is this? Your resignation? Today, precisely today? Without explanations,
without motive... I will not accept it.
ALBERTO: My decision is irrevocable. Here are the
insignias. I have turned in my uniforms and my pistol to the Captain of the
Guard.
BLOCK 11:
The Ruler's Naked Soul
ACT TWO
SCENE II (Continued)
DON JOSÉ: (Passing his hand over the back of his neck) Alberto, you are acting like a child. If your father were alive....
ALBERTO: He would approve of my attitude, without a
doubt. The Protectorado is not the ideal you two shared. Don't come to me with
that demagogic drivel! You don't even believe it yourself.
DON JOSÉ: (Energetically) You are being
disrespectful to me.
ALBERTO: Don't sign that treaty. You weren't capable
of giving us emancipation. Others will come after you, but for them, do not
close the path. Do not compromise the future with that irrevocable treaty. You
have no right!
DON JOSÉ: I have all the rights. I open the path to
liberty with protection, which is the only effective, the only true one. I will
pardon Don Rodrigo, there will be peace.
ALBERTO: What work remains of your revolutionary
party? In the fourth year, you abandoned agrarian reform; in the sixth, the
socialist measures; by ten, you were allied with the powerful capitalists you
once fought. Today you industrialize the country on false bases and forget
agriculture. You betrayed the ideal of emancipation in exchange for power and
your comfortable security.
DON JOSÉ: So you doubt even democracy!
ALBERTO: (Shouting) Democracy without liberal
principles is pure demagoguery and, in practice, something worse: the pure
dictatorship of a hypocritical messiah. You have skillfully taken advantage of
the flaws of democracy. You do not think of History nor of the dignity of the
people....
DON JOSÉ: (Exploding) By stamping my signature
on that document, I will be elevating this miserable, stupid people to a level
of dignity they have never known!
(A long pause. Both look at each other in silence. Don José realizes he has stripped his soul and Alberto looks at him with horror.)
ALBERTO: So that was it. So that people has no dignity. For twenty years you have been pampering a people that, deep down, you despise. You had no confidence in your people. That "miserable people" was not worthy of liberty.
DON JOSÉ: (Fleeing his gaze) I didn't say that!
ALBERTO: How well I understand your paradox! The
convinced democrat constantly violating the principles of true democracy.
DON JOSÉ: (Shouting with a voice full of tears)
Go! I will sign it! No one will prevent me from executing the mandate of this
noble and good people. I will sign it!
BLOCK 12: The Priestess of
the Black Night
ACT TWO
SCENE II (Continued)
(The stage goes dark and the music acquires a religious grandiosity. A beam of reddish light illuminates CASANDRA kneeling at a red velvet kneeler. She is covered by the black velvet cape Don José gave her; beneath it, she wears a grey Greek tunic. Her figure is statuary, with hands interlaced from which hangs a nacre and gold rosary.)
MALE CHOIR: (Singing) Pain, pain. Pain and misery. Pain! VOICE OF DOÑA ISABEL (offstage): "When reason makes everything you believed secure... fall to pieces... you will have the handle of your faith, which will be your only salvation.”
(ALBERTO enters from the left; he observes Casandra with tenderness and kneels beside her. They look at each other with devotion, but they do not kiss.)
ALBERTO: I came to say goodbye. I have resigned my
post in the palace.
CASANDRA: (Illuminated) What joy! Finally you
decided. You and I, far from here, together forever.
ALBERTO: (Desperate) You don't understand... we have no right to this "today." I only came to see you one last time. Don't go to the reception; stay in your room.
CASANDRA: You scare me, Alberto!
ALBERTO: No matter what happens, you must be sure of
my love. I love you more than my life.
(Alberto tries to leave, but Casandra, as she embraces him, stumbles upon a solid object in his jacket pocket. With a terrifying intuition, she reaches in and pulls out a revolver.)
CASANDRA: It was this! Why do you need a revolver? Today? The most important day in my father's life? No!
ALBERTO: Casandra! Give me that weapon.
(They struggle hand-to-hand in the midst of a light that becomes
intensely red. A shot is heard. Alberto's body slowly slumps. Casandra holds
his head in her lap, looking at the corpse with eyes wide with horror.)
CASANDRA: (In a whisper broken by sobs) Alberto!
Love! Love!
(The red light goes out and the silence is broken by the music of a
Viennese waltz coming from the party in the palace garden.)
BLOCK 13:
The Palace's Blackest Night
ACT TWO
SCENE II (Final)
(The scene is brilliantly illuminated. The palace terraces are decorated
for the reception; the garden and the sea shine under the moon. The guests
dress in gala, there is music, laughter, and the sound of champagne glasses.
DON JOSÉ stands out among his high officials, whom Doña Isabel describes as
"dwarves" before his giant figure.)
SECRETARY: (Announcing) The
Commissioner from the North!
(The COMMISSIONER appears, a blonde and corpulent man of bonhomous
appearance and informal dress that contrasts with the etiquette of the locals.
Don José receives him with enthusiasm and shakes his hand. A toast is made to
the "eternal friendship" between the Island and the North.)
DON JOSÉ: (Beginning his official speech)
Gentlemen! We have gathered for an act of transcendental importance. With the
advent of the Protectorado, this noble and good people finally realizes its
dearest aspirations. It is a triumph of two free peoples who respect each
other.
(Don José takes the pen to sign the treaty. The light on the stage
begins to fade, concentrating only on him.)
DON JOSÉ: Today we begin a white and clean page in our
history. And to celebrate it, I announce that this very afternoon... I signed
Don Rodrigo's pardon!
CASANDRA'S SENTENCE
(At that moment, unreal music enters and CASANDRA appears behind the
iron fence. She is pale, with her hair loose and her grey tunic stained with
blood; her right arm remains hidden under her black cape.)
DON JOSÉ: (Trembling) Casandra! You have come at
last!
CASANDRA: (In a monotonous and hard voice) I
have come to your celebration, father. I have come to wear your black cape on
the blackest night of my life. Death has already entered the palace, father!
DON JOSÉ: (Shouting) No!
CASANDRA: Despite the bars, I have held it in my arms.
And from its bloody body, I have torn its voice. And its voice is already my
voice! It is the voice of my dead ideals, of our surrendered homeland, of my
murdered love. It is the voice of my Alberto!
(Three shots are heard. Don José's face contorts with pain and the light
fades over him as he falls. Silence ensues, broken only by the voice of the
coquí.)
HISTORICAL EPILOGUE
(In the gloom, the figure of TERESIAS emerges contemplating the scene. A
pale blue beam of light illuminates Casandra, who now appears motionless on the
granite pedestal, like a living statue with her arm raised.)
TERESIAS: (In a psalmodic tone) Ay, pain and
misery! Because rivers of blood flowed and the house was cast down. And it
happened. The History of men perpetuated the implacability of Your judgment.
For love and for pain, Casandra is now immortal!
(The choirs rise in a triumphal crescendo singing "Love,
love!" as the final curtain falls.)
(END OF THE PLAY)
ESTUDIO Y FRAGMENTOS DE LA TRAGEDIA
René Marqués y la Tragedia del Poder: La muerte no entrará en palacio
Estudio Introductorio: René Marqués y la Isla a la Deriva
René Marqués (1919-1979) es el arquitecto del drama nacional puertorriqueño. En La muerte no entrará en palacio (1957), Marqués no solo escribe una obra de teatro; escribe un oráculo sobre la pérdida de la soberanía. Utilizando el lenguaje de la tragedia clásica, retrata la figura de Don José (trasunto de Luis Muñoz Marín), un líder que transforma su fervor revolucionario en pragmatismo colonial.
Las Condiciones de Puerto Rico: El Antes y el Después
1. Antes (El Ideal): Puerto Rico era una sociedad mayormente agraria que, a pesar de la pobreza, mantenía una lucha vibrante por su identidad y su lengua frente al dominio directo del Norte. El nacionalismo, representado en la obra por el invisible pero omnipresente Don Rodrigo, era la brújula moral.
2. Después (El Protectorado): Con la creación del Estado Libre Asociado (1952), la isla entra en una era de industrialización acelerada. El "bienestar económico" se convierte en el nuevo dios. El ciudadano cambia su aspiración de libertad política por la seguridad del consumo, creando lo que Marqués describe como un "pueblo adormecido por la demagogia".
Selección de Escenas Fundamentales
A continuación, se presentan los momentos más significativos de la obra, donde se palpa la tensión entre el idealismo y la traición política.
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MOMENTO I: El Pan frente a la Libertad (Acto I)
Explicación: Un grupo de campesinos de Altamira visita al Gobernador. El Mozo, representante de la nueva generación, confronta a Don José sobre el sentido del "progreso".
DON JOSÉ: ¿Y para qué creen ustedes que sirva esa piedra?
MOZO: Ese es el problema. No lo sabemos... Lo que quiero decir es que no podemos depender eternamente del Norte si queremos ser libres... Nos hace falta saber sacrificarnos. Sacrificarnos para ser nosotros mismos.
DON JOSÉ: (Acariciando la piedra) ¿Y crees que ello se logre con este pedazo de piedra?
MOZO: ¡Yo me destrocé las manos arrancándole esa piedra a la roca de mi campito! Y no me quejo... Si mis manos se sacrifican, yo me sacrifico. Si mis manos tienen valor, yo tengo valor. (...) Sé bien, don José, que no vivo en una dictadura. Pero... no gozamos de la libertad fundamental... de ser nosotros mismos. (...) Un pueblo puede morirse de hambre. Pero... ¡también puede morirse de pan!
Comentario: Aquí se expone la fractura del alma nacional. El Gobernador ve en la piedra un recurso industrial (dinero); el campesino ve en ella la raíz de su propia existencia. Es el choque entre el pragmatismo del ELA y el idealismo del agro.
MOMENTO II: La Palabra que no se dijo (Acto II, Cuadro I)
Explicación: Teresias, el poeta ciego y mentor del Gobernador, lo visita para reprocharle su cobardía. Don José busca que Teresias escriba la letra de un himno para su "Protectorado".
TERESIAS: ¡Una orden para que escriba la letra de un himno que utilizarás en esa cosa que llamas Protectorado, en esa autonomía de mentirijillas que inventas para este pueblo!
DON JOSÉ: ¡No entiendes! (...) Dejaremos de ser colonia.
TERESIAS: Sólo en apariencia. (...) Hubo un momento en tu historia personal en que tuviste ante ti la grandeza que hoy anhelas y que no puedes ya alcanzar. (...) Era el momento. Bastaba una palabra tuya para que el mundo viera el espectáculo de un país que alcanzaba su soberanía... Era sólo una palabra; una palabra corta, pequeña, humilde, sencilla: ¡la que tú no dijiste!
DON JOSÉ: ¡La independencia absoluta! ¡Encara tú esa realidad, poeta! ¡En el mundo actual no hay nación que pueda en verdad ser libre!
Comentario: Teresias señala el pecado original del Gobernador: haber tenido el poder para declarar la independencia y haber preferido el refugio del "Protector". Marqués define aquí al ELA como una farsa semántica.
MOMENTO III: El Sacrificio Final (Final de la Obra)
Explicación: Alberto (el novio de la hija del gobernador) ha decidido actuar contra la traición de Don José. Casandra, la hija, descubre el arma. Tras la muerte de Alberto, Casandra comprende que su padre ha asesinado el alma de la isla. Entra al salón donde se firma el tratado con las manos ensangrentadas.
DON JOSÉ: (Frente al tratado) ¡Al estampar mi firma en ese documento estaré elevando a este miserable, estúpido pueblo, a un nivel de dignidad que jamás ha conocido! (Entra Casandra con la capa de lana y terciopelo, manchada de sangre)
CASANDRA: He venido a tu celebración, padre. He venido a lucir tu capa negra en la noche más negra de mi vida. (...) ¡La muerte ya entró en palacio, padre! (...) ¡Esa es mi voz! ¡La voz de mi mundo arrasado por ti! La voz de tus ideales muertos, de nuestra patria entregada, de mi amor asesinado. ¡Es la voz de mi Alberto! (Suenan tres disparos. Don José cae. La luz se apaga sobre su rostro)
TERESIAS: (En el epílogo) Y sucedió. La Historia de los hombres perpetuó lo implacable de Tu fallo. ¡Por amor y por dolor Casandra es ya inmortal!
La muerte no entrará en palacio termina con la transfiguración de Casandra en una estatua de mármol. Es el recordatorio de que, aunque la política puede intentar sepultar la libertad bajo capas de progreso económico, la conciencia histórica (Casandra) siempre vuelve para reclamar la sangre derramada. Un texto fundamental para entender que la tragedia de Puerto Rico no es económica, sino de identidad.
Cuadro Analítico: Diálogos, Significados y Campos Semánticos
| Personaje | Diálogo (con términos clave destacados) | Significado / Análisis | Campo Semántico |
| Casandra | "¡Tendría que ser yo material industrializable!" | Crítica a la visión del ser humano como una pieza de engranaje económico. | Materialista / Económico |
| Don José | "Les he dado todo... pan, techo seguro, instrucción, libertades, progreso..." | El líder justifica su poder mediante la provisión de necesidades básicas y tangibles. | Pragmatismo Cuantitativo |
| Don José | "Háblales del salario alto, de las nuevas industrias, del plan de viviendas, del seguro social." | La política entendida como gestión de bienes de consumo, no como construcción de alma. | Técnico / Administrativo |
| Mozo | "Esa sombra de siglos que es el Norte... el agro que Dios nos dio como única riqueza." | Contrapone la riqueza natural y divina frente a la influencia extranjera opresiva. | Simbolismo Identitario |
| Mozo | "Tengo fe en esa piedra. Es nuestra realidad. En ese pedazo de piedra está la contestación de lo que somos." | La identidad nacional vista como algo sólido, inmutable y telúrico. | Metafísica / Esencialismo |
| Doña Isabel | "En su conuco labraría la tierra dura e ingrata y yo en mi escuelita rural seguiría abriendo surcos..." | Nostalgia por un pasado agrario donde el trabajo tenía un sentido ritual y no solo productivo. | Tradicionalismo Agrario |
| Teresias | "Cuando se borra el límite entre la farsa y la vida, se tiende a vivir sólo la farsa." | Denuncia de la política como una puesta en escena vacía de verdad humana. | Ética / Teatralidad |
| Teresias | "Tú eres el Hombre... Yo soy sólo el poeta." | La división final entre la acción política ciega y la visión intelectual impotente. | Dualidad Existencial |
El Sacrificio de la Inocencia: Casandra y Alberto
Este binomio representa la colisión entre el idealismo joven y la realidad asfixiante del palacio. Mientras Alberto aporta la conciencia de clase, Casandra se convierte en el brazo ejecutor de la tragedia.
| Diálogo / Referencia | Significado / Análisis | Campo Semántico |
| Casandra: "¡Tendría que ser yo material industrializable!" | Denuncia la cosificación. Alberto la ama como mujer; su padre la ve como parte de un sistema que debe ser "funcional". | Deshumanización / Mercancía |
| Alberto: "(...) se siente ridículo (uniforme de chocolate en un país sin ejército propio)." | La vergüenza de representar una soberanía de cartón. El uniforme no es protección, es una farsa estética de la dependencia. | Inautenticidad / Dependencia |
| Casandra: "(...) ella es la esposa. Pero tú, Alberto, eres el hijo del que fue su amigo." | El intento de Alberto por romper con el nepotismo del poder. Casandra intenta humanizar lo que ya es puramente político. | Vínculo Afectivo / Lealtad |
| Acción Simbólica: Casandra es la que corta la ceiba. | El acto final. No es una acción política racional, es un rito de ruptura con la sombra del padre y el peso de la tradición. | Destrucción / Ruptura Simbólica |
II. La Sombra del Ideal: El Legado de Don Rodrigo
Don Rodrigo no está físicamente en escena, pero su voz es el canon ético que juzga a Don José. Es la "conciencia de izquierda" que se quedó en la pureza del exilio mientras el poder corrompía el presente.
| Diálogo / Referencia | Significado / Análisis | Campo Semántico |
| Don Rodrigo: "Nadie en palacio tiene derecho a la felicidad si el pueblo no es feliz." | La máxima moral de la obra. Establece que el bienestar privado es inmoral si nace de la carencia colectiva. | Ética Colectiva / Sacrificio |
| Don José: "...como si hubiese entablado un diálogo definitivo con la Historia." | Don José envidia la pureza de Rodrigo. Mientras José negocia con el presente, Rodrigo ya pertenece al mito. | Mito / Trascendencia |
| Voz de Don Rodrigo: "...detonador del conflicto dramático (...) fanatismo de izquierda." | Funciona como un oráculo molesto. Su ausencia física lo hace invulnerable al desgaste del ejercicio del poder. | Ideología / Purity / Ausencia |
| Relación con Isabel: "Isabel (...) seguía el pensamiento de don Rodrigo, buscar la felicidad del pueblo." | Representa la brújula perdida. Isabel es el puente entre el ideal puro de Rodrigo y la traición pragmática de José. | Memoria / Doctrina |
En estos dos grupos, Marqués juega con una nueva oposición:
Casandra/Alberto: Se mueven en el campo de lo sensible y lo corpóreo (capricho, dulzura, uniforme, sacrificio, manos). Son los que ponen el cuerpo para que la tragedia se consume.
Don Rodrigo: Se mueve en el campo de lo abstracto e inalcanzable (derecho, felicidad, historia, pensamiento, pueblo). Es una voz que "suena" pero no "toca", una idea que ya no puede ensuciarse con la realidad.
| Fase de la Tragedia | Elemento en la Obra (según tus notas) | Significado Simbólico |
| Prólogo (Atmósfera) | Las ruinas, la música irreal y la voz de Teresias. | Establece que el pasado es un fantasma que juzga el presente. Es el tiempo "fuera de quicio". |
| Parodos (Conflicto) | Contraste entre el jardín moderno y la Ceiba centenaria. | La lucha entre lo artificial (progreso/Norte) y lo orgánico (tradición/patria). |
| Hubris (Error Trágico) | El decreto de Don José: "¡La violencia y la muerte no entrarán en palacio!" | La arrogancia del líder que cree poder controlar el destino y la naturaleza humana con leyes. |
| Clímax (Acción Sacrificial) | Casandra corta la ceiba y asesina a Don José. | El sacrificio necesario. Casandra deja de ser hija para ser el instrumento del destino (la justicia histórica). |
| Desenlace (Ironía) | El título se revela como una mentira trágica. | La muerte entra precisamente porque se intentó negar. El palacio moderno queda en ruinas, igual que al inicio. |
A partir de los recursos para el desarrollo de la acción, podemos concluir que la obra no es solo un texto político, sino una experiencia sensorial:
El Sonido del "Co-quí": No es solo un adorno ambiental; es el latido de la isla que persiste a pesar de la "música de vals vienés y blues" (lo extranjero). Es el campo semántico de la resistencia.
La Iluminación y el Onirismo: Los cambios de luces y la "música irreal" sugieren que los personajes viven en una farsa (como dice Teresias). La realidad solo vuelve cuando la sangre corre.
La Ceiba: Es el personaje silente. Su sombra es la de Don Rodrigo y la de la historia misma. Cortarla es el gesto final de desesperación ante un mundo que ya no tiene raíces.
Conclusión del Estudio
Marqués utiliza la estructura griega no por capricho estético, sino porque cree que la situación de Puerto Rico es, en esencia, una tragedia de proporciones clásicas: un pueblo que busca su alma mientras sus líderes negocian con sombras.
III. Estudio filológico sobre la obra
PUERTO RICO O LA HISTORIA AÑORADA: DE RENÉ MARQUÉS A LUIS LÓPEZ NIEVES[1]
Marisa E. Martínez Pérsico
(Universidad de Salamanca / Universidad de Buenos Aires)
REVISTA ELECTRÓNICA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS
No 15
Junio de 2008
https://www.um.es/tonosdigital/znum15/secciones/estudios-21-Puerto%20Rico.htm
Resumen: El Estado Libre Asociado de Puerto Rico, por el desajuste que su estatus político plantea entre “identidad” y “nación”, se convierte en un caso paradigmático que confirma la tesis de que la literatura puede ser una herramienta privilegiada para la construcción del imaginario nacional, como espacio fundante para la biografía de un pueblo y la historia de sus deseos. Se analiza la construcción de la identidad anhelada en “La muerte no entrará en palacio” de René Marqués y en “Seva: historia de la primera invasión norteamericana de la isla de Puerto Rico ocurrida en mayo de 1898” de Luis López Nieves.
Palabras clave: identidad - ficcionalización - cesarismo democrático - Historia - diálogo intertextual.
Abstract: The political status of the Commonwealth of Puerto Rico involves a disorder between “identity” and “nation” and becomes a representative example to confirm that the Literature is a privileged tool to build a national imaginary and the desired biography of a country. The construction of the identity will be illustrated through the analysis of “Death will not enter the palace” of René Marques and “Seva: history of the first North American invasion to Puerto Rico, which happened in May of 1898” written by Luis Lopez Nieves.
Key words: identity - fictionalization - democratic Caesarism - History - intertextual dialogue.
Si Dios no existiera, habría que inventarlo.
Voltaire
La literatura puertorriqueña del siglo XX -tomando como corpus representativo la obra dramática de René Marqués y la narrativa de Luis López Nieves- plantea una singular preocupación, un perfil que se repite casi hasta convertirse en síntoma: el de la ficción que necesita apoderarse de la historia. Los “renglones vacantes” de la historiografía oficial son aprovechados por el arte literario, que se convierte así en espacio fundante, en margen de permiso para construir los mitos patrióticos deseados que ni la historia oficial ni la real satisfacen. Al carecer de “contratos de lectura” como los que recaen sobre otras tipologías de discurso -el relato periodístico o el histórico, por ejemplo- la literatura es capaz de vehiculizar (de hacerse cargo) de contenidos que otros discursos no pueden, apelando al recurso de la verosimilitud, es decir: a la “ilusión de verdad” que es capaz de generar, en este caso mediante la técnica de re-mitificación histórica. En el trailer de la película puertorriqueña Seva Vive, de próxima aparición, escuchamos que: “En Puerto Rico, la historia se ha escrito siempre alcahueteando a los Estados Unidos. Aquí no se ha escrito todavía la verdadera historia...”[2]
En la obra de Marqués y de López Nieves, entre otros autores que mencionaremos, la sociedad boricua es retratada como una cultura mutilada. Se cuestiona la existencia de una “identidad nacional” por tratarse de un pueblo multiétnico que vive bajo el dominio político de los Estados Unidos. En La muerte no entrará en palacio (1957), Marqués denuncia esa opresión en clave alegórica, eleva su inconformismo y pesimismo a la categoría de protesta teatral anti-imperialista -incluso los dos protagonistas son una ficcionalización de dos personajes históricos- y la última escena es una “expresión de deseo” que la Historia no pudo escribir, porque esos hechos jamás sucedieron (al menos, no todavía). Décadas después, en 1983, el cuento Seva, historia de la primera invasión norteamericana de la isla de Puerto Rico ocurrida en 1898 da otra vuelta de tuerca: de la protesta y la expresión de deseo pasa, sin medias tintas, a la polémica reescritura de la historia oficial, sin previo aviso.
El Estado “Libre Asociado” de Puerto Rico.
Brumas septentrionales nos llenan de tristezas,
se mueren nuestras rosas, se agostan nuestras palmas,
casi no hay ilusiones para nuestras cabezas,
y somos los mendigos de nuestras pobres almas.
Rubén Darío, Los cisnes.
La historia oficial nos informa que Estados Unidos entró en la historia puertorriqueña al invadir la isla el 25 de julio de 1898 durante la Guerra Hispano-Americana. El 25 de julio de 1898, el General Nelson Miles atracó en las playas de Guánica sin oposición. En un mes, prácticamente la isla entera había sido ocupada. El 10 de diciembre de 1898, con la firma del Tratado de París, España “cede” las islas de Puerto Rico, Cuba, Filipinas y Guatemala. Ese año fue crítico y traumático en la vida de Puerto Rico. Los puertorriqueños no cuestionaron la entrada de los norteamericanos, a pesar de haber existido algunos focos aislados de resistencia. Esta falta de oposición se debió a motivos económicos y sociales: los hacendados vieron la posibilidad de expandirse económicamente y las clases bajas de la población, la posibilidad de liberarse de la opresión española. Fue como cambiar un amo por otro… Este “mito de la mansedumbre portorriqueña” será retomado por René Marqués en un ensayo que analizaremos luego, y subvertido por Luis López Nieves en el cuento mencionado.
En 1900, la Ley Foraker creó un gobierno civil que reemplazó al gobierno militar de ocupación. En 1917, la Ley Jones concedió a los puertorriqueños la ciudadanía estadounidense. En 1947 el Congreso aprobó la ley que les permite elegir a su gobernante mediante voto electoral. Hacia octubre de 1950 tuvo lugar la Insurrección Nacionalista, en respuesta al proyecto del "Estado Libre Asociado" (esta circunstancia histórica será clave en La muerte no entrará en palacio y su reelaboración ficcional). Se sucedieron combates en diferentes puntos del País. Y en 1952, Muñoz Marín -el Don José ficcionalizado por Marqués, cinco años más tarde- indujo a Puerto Rico a obtener el status de Estado Libre Asociado, bajo la Constitución del mismo, que es la situación política actual en la Isla. La moneda, la defensa, las relaciones exteriores y la mayor parte del comercio entre estados cae bajo la jurisdicción del gobierno federal: el gobierno de Puerto Rico tiene autonomía fiscal y el derecho de cobrar impuestos locales.
A pesar de que los plebiscitos sobre la situación política de la isla informan, por amplio margen, que la mayoría de los ciudadanos desea seguir manteniendo el estatus de Estado Libre Asociado, existen grupos políticos dedicados a la lucha por la independencia, entre ellos el Movimiento Socialista de Trabajadores de Puerto Rico, el reciente Puertorriqueños por Puerto Rico (certificado como partido político el 9 de mayo de 2007), el Partido Nacionalista de Puerto Rico (que no cree en la participación en las elecciones mientras Puerto Rico sea una colonia) y el Movimiento Independentista Nacional Hostosiano[3]. Dentro de estos movimientos independentistas es preciso incluir a nuestros autores.
La historia, según los vencedores.
La imaginación debe soplar dondequiera para que nada del
trabajo humano pueda perderse. Elaborar un hecho es construirlo.
Interpretar un documento es volver a escribirlo e imaginarlo.
Lucien Fèvre
Aristóteles, en el capítulo IX de su Poética, distingue al historiador del poeta de la siguiente manera:
“La tarea del poeta es describir no lo que ha acontecido, sino lo que podría haber ocurrido, esto es, tanto lo que es posible como probable o necesario. La distinción entre el historiador y el poeta no consiste en que uno escriba en prosa y el otro en verso; se podrá trasladar al verso la obra de Heródoto, y ella seguiría siendo una clase de historia. La diferencia reside en que uno relata lo que ha sucedido, y el otro lo que podría haber acontecido” (Aristóteles, 1990: 32-33).
Es decir: la literatura puede aliarse a la verdad, pero no tiene la obligación de hacerlo. Sin embargo, la Historia -como la ciencia- tendría un compromiso tácito con la verdad. La idea radical positivista que subyace en esta afirmación es la que ha imperado hasta el siglo XX, cuestionada durante las últimas décadas del mismo siglo por teóricos de la historiografía como Jacques Le Goff y Hayden White. En Metahistoria. La imaginación histórica en la Europa del siglo XIX, White sostiene que para reconstruir la realidad se precisa la imaginación, puesto que sin ella sería imposible reconstruir en la conciencia y en el discurso un pasado compuesto por hechos, procesos y estructuras que no podemos percibir ni experimentar directamente.
La explicación histórica, entonces, aparece bajo la forma de una organización argumentativa y figurativa, ya que lo real no se presenta nunca a la experiencia como en el relato, lineal y coherentemente. Considerando las consecuencias que traen aparejadas al conocimiento histórico las recientes posturas sobre las condiciones de posibilidad de reconstruir discursivamente el pasado y la realidad fenoménica, cabe preguntarse de qué manera la literatura, afectada por las mismas mediaciones, se puede apropiar de la realidad cuando intencionalmente evidencia su interés por hacerse cargo de ella, por ejemplo, a través de la novela histórica. A esta circunstancia se suma otra: la perspectiva desde donde se narra la “historia oficial” que conocemos. No es noticia que desde Herodoto, la historia la cuentan los vencedores. Un ejemplo clásico es la información que nos ha llegado de los cartagineses: los historiadores romanos atribuyen a sus enemigos terribles crueldades que no podemos contrastar con la versión enemiga. También contamos con la versión europea de la conquista de América, pero no la de los nativos. Herodoto cuenta la versión griega de las guerras médicas, pero no ha llegado hasta nosotros la perspectiva persa del asunto.
Michel Foucault en su curso de 1976-1977 La Sociedad debe ser Defendida sostiene que los vencedores de una lucha social utilizan su predominio político para suprimir la versión de los hechos históricos de sus derrotados adversarios en favor de su propia propaganda: este mismo recurso es el que el General Nelson Miles -de acuerdo con la versión “literaria” construida por López Nieves en Seva- lleva a la práctica al erradicar sistemáticamente toda huella de la resistencia ofrecida por la valiente Seva y al fusilar a todos sus habitantes para que nadie supiera que los americanos habían sufrido tantos traspiés antes de entrar exitosamente por Guánica. En sintonía con la afirmación foucaultiana, Walter Benjamin también consideraba que los historiadores marxistas debían tomar un punto de vista radicalmente diferente del punto de vista idealista y burgués en un intento de crear una “historia desde abajo”, capaz de concebir una concepción alternativa de la historia, no basada, como en la historiografía clásica, en el discurso filosófico y jurídico de la soberanía.
Volviendo al terreno literario, Tomás Eloy Martínez (2004) piensa que las luchas entre la escritura y el poder se han librado siempre en el campo de la historia: es el poder el que escribe la historia. Pero el poder sólo puede escribir la historia cuando ejerce control sobre quien ejecuta la escritura, cuando tiene completa majestad sobre su conciencia. Según Roberto González Echevarría:
“A partir de la vanguardia, la novela va a asumir una forma radicalmente
crítica ante la historia y ante cómo narrarla. En vez de la postura científica de la novela del XIX, que supone un observador privilegiado que mira desde fuera el mundo que describe con un instrumental científico e ideológico neutro, más allá de todo cuestionamiento, la novela -más próxima ahora a la filosofía y al mito- pondrá en tela de juicio precisamente las vehículos de pensamiento y observación y verá la historia presente en el mismo plano que la pretérita.” (González Echevarría, 1984: 10-11).
Ya Terry Eagleton, en 1976, sostenía que ni el texto literario con su ilusión de libertad ni el texto historiográfico con su ilusión de objetividad dejan de ser gobernados por esa presión ideológica que sobre ellos ejerce cada meridiano de la realidad. Aunque en grados diferentes, historia y literatura presentan una opacidad inmanente al propio discurso y a los propios sujetos... Pero ¿qué sucede cuando existe una voluntad consciente de reemplazar el discurso historiográfico por el literario? En Marqués y en López Nieves, esta trasgresión obedece a otros factores, que analizaremos en los siguientes apartados.
En 1952, la muerte entró en palacio.
Escribe, Guzmán, escribe, lo escrito permanece, lo escrito
es verdad en sí porque no se le puede someter a la prueba
de la verdad ni a comprobación alguna [...] ¿en qué se funda
un gobierno sino en la unidad del poder?, y semejante poder
unitario, ¿en qué se funda sino en el privilegio de poseer
el texto único, escrito, norma incambiable que supera y se
impone a la confusa proliferación de la costumbre?
Carlos Fuentes, Terra nostra: Felipe II habla a su secretario.
La muerte no entrará en palacio (1957) es una pieza teatral en la que René Marqués hace patente su vocación nacionalista -era miembro del citado Partido Nacionalista Puertorriqueño- y la aguda crítica que ejerce sobre los mecanismos de dominación colonial. Integrante del grupo conocido como la Generación del ´40, cuyo líder fue Lorenzo Homar, trabajó en el área de educación y tuvo polémicos conflictos con el gobierno de Luis Muñoz Marín. Como indicamos en el segundo apartado, fue durante el gobierno de este político que se firmó el documento que convirtió a Puerto Rico de “colonia” a “protectorado”. Por ello, es evidente que el gobernador Don José -caracterizado en La muerte no entrará en palacio como un auténtico “vendepatrias” que adopta el discurso imperialista bajo la promesa de pan, tierra y libertad- es una ficcionalización de Muñoz Marín. Cabe mencionar que el padre de éste, Luis Muñoz Rivera, fue otro célebre político puertorriqueño que en el cuento de López Nieves aparece ficcionalizado como Luis M. Rivera. Es el traidor que explica al general yanqui Nelson Miles cómo entrar por Guánica para tomar la isla sin sufrir la resistencia de los lugareños, a cambio de la primera gobernación civil.
Marqués publica en 1960 un ensayo llamado “El puertorriqueño dócil”, donde caracteriza la personalidad de la sociedad boricua afirmando que ésta obedece sin chillar la voluntad de quien le manda. Le adjudica calificativos como mansa, sumisa, subordinada, y sintagmas como que “carece de fuerza”, que “es ignorante y padece de complejo de inferioridad”. Esto mismo se ha señalado en las crónicas de la colonización acerca de la reacción de los indígenas nativos cuando llegaron los conquistadores españoles: los taínos constituían una cultura pacífica y hospitalaria que entregaron a los españoles regalos de oro y collares de caracoles. Existe la teoría de que ese comportamiento se debía a la creencia de que los conquistadores eran dioses. En el 1508, el español Juan Ponce de León fundó el poblado de Caparra luego de ser bienvenido por el Cacique Agüeybaná.
Volviendo a los ensayos de Marqués, éste afirma que la psicología puertorriqueña es el Estadolibrismo, porque elevar su docilidad a categoría de dogma político era precisamente lo que el puertorriqueño necesitaba para vivir espiritual y moralmente su tradicional “ñangotamiento sicológico” sin remordimientos ni escrúpulos de conciencia (Marqués, 1960). Cita a Antonio S. Pedreira, quien en su libro Insularismo (1934) afirma que el puertorriqueño es aplatanao, es decir: que no tiene carácter ni voluntad. Marqués afirma que se elogia al puertorriqueño como democrático, cuando éste tolera, con asnal docilidad, lo que cualquier hombre civilizado no soñaría tolerar en ninguna democracia del mundo contemporáneo.
Uno de los más importantes críticos sobre la identidad en el teatro puertorriqueño, Francisco Arriví, afirma que “la identidad es tan consustancial al teatro nacional como lo era el destino en el antiguo teatro griego” (Arriví, 1998: 6). En este sentido, no es casual que la obra que analizaremos adopte elementos del teatro clásico ni los episodios desencadenantes estén enmarcados por los parlamentos de una sacerdotisa y de un adivino: Teresias y Casandra.
Para los dramaturgos de los años ´50 y ´60 la identidad fue una “búsqueda constante”, precisamente porque el contexto socio-político de esas décadas fue el gobierno muñocista y sus enfrentamientos con los grupos nacionalistas, cuyo carismático líder fue Pedro Albizu Campos[4] (ficcionalizado en La muerte no entrará en palacio como Don Rodrigo, la amenaza permanente al gobierno de Don José).
Como antecedente de la obra de Marqués, encontramos el drama Tiempo Muerto (1940) de Méndez Ballester. Allí los boricuas son retratados como seres explotados por las grandes corporaciones azucareras norteamericanas. Como vemos, el teatro fue escenario de lucha de opiniones: también encontramos la contracara de ese antagonismo encarnado en Gustavo Jiménez Sicardó, quien publica La Razón Ciega en 1943, una obra elogiosa y esperanzada sobre el progreso que significaría el gobierno muñocista para el país.
La muerte no entrará en palacio es un texto enmarcado: comienza con una profecía de Tiresias y se cierra con el cumplimiento de su pronóstico. Desde el principio, Casandra se anuncia como un personaje que ejecutará un “gesto histórico” -si hiciéramos un relevamiento de la frecuencia con que la palabra Historia aparece en el texto, notaríamos que su insistencia es demasiado significativa como para ser obviada-. Dice Tiresias, en la primera escena:
“Así veo el cuadro. Así veo yo a Casandra (Pausa) No ha sucedido. Pero sucederá (…) ¡Es el tiempo que fluye para convertirse en historia! (…) Para que la realidad se convierta en esto, es preciso que alguien, consciente o inconscientemente, infrinja el orden moral del universo. Para que Casandra se convierta en mármol, es preciso que el equilibrio moral se haya roto mucho antes de que ella realice el acto histórico” (Marqués, 1957: 313-315).
La profetisa Casandra, en la mitología griega, recibe una maldición del dios Apolo: nadie creerá en su don ni en sus pronósticos. Por eso, ante su anuncio de la inminente caída de Troya, ningún ciudadano da crédito a sus vaticinios. En la obra de Marqués, estos atributos son trasladados a la hija de Don José: al principio vaticina la felicidad del pueblo y la esperanza de su amor con Alberto. Pero es esta chica “insignificante” (como la califican las mujeres de alta alcurnia que asisten a la firma de la nueva constitución del protectorado), crédula y optimista quien, tras la anagnórisis del cuadro final, reconoce su papel en la tragedia, infringe el “orden moral del universo” -la moira griega- y efectúa el gesto histórico: matar a su padre, el gobernador Don José, la ficcionalización del Muñoz histórico, el tirano imperialista enmascarado bajo el ropaje del liberador de Puerto Rico que encarna lo que podríamos llamar un sistema de “cesarismo democrático”. El momento desencadenante -y esperanzador para el futuro de Puerto Rico- se hace evidente en la respuesta que Casandra ofrece al discurso de su padre, ante el Comisionado del Norte:
“Don José: Nos hemos reunido aquí esta noche en un acto que ha de ser de importancia trascendental en la historia de nuestro pueblo (…) Resulta conmovedor, hondamente conmovedor, que el gran país del Norte, en el instante mismo de demostrar su máxima generosidad, su grandeza espiritual, la realización en esta Isla de sus más entrañables principios de libertad, igualdad y fraternidad humanas, desee hacerlo sin aparatosidad ni protocolo (…) Con el advenimiento del Protectorado no sólo desmiente la nación del Norte las injustas acusaciones de imperialista que viciosamente le lanzan sus enemigos, sino que el pueblo de esta Isla, ese pueblo noble y bueno, ese pueblo que yo tanto admiro porque ha sido… digno, sí, tan digno siempre a lo largo de su historia, realiza al fin sus más caras aspiraciones” (Marqués, 1957: 410-411).
Luego de la firma -que representaría la muerte de los ideales independentistas y la patria traicionada en el palacio, una metáfora de Puerto Rico- aparece Casandra en escena, con la ropa manchada con la sangre de Alberto, ya consciente de su rol en el argumento de la historia/Historia:
“Casandra: He venido a tu celebración, padre. He venido a lucir tu capa negra en la noche más negra de mi vida (…) ¡La muerte ya entró en palacio, padre!
(…)
Casandra: ¡ésa es mi voz! ¡La voz de mi mundo arrasado por ti! La voz de tus ideales muertos, de nuestra patria entregada, de mi amor asesinado” (Marqués, 1957: 414-415)
Suenan tres disparos y el rostro de don José se crispa de dolor. Con intervenciones del coro femenino y masculino, comentarista de la acción y de los pasajes más emotivos, a la manera de coro griego, Tiresias confirma su pronóstico: “Y sucedió. La Historia de los hombres perpetuó lo implacable de Tu fallo. ¡Por amor y por dolor Casandra es ya inmortal!” (Marqués, 1957: 370).
Cabe mencionar que, a pesar de la presencia y el rescate que René Marqués hace de referencias clásicas, en su drama existe una cosmovisión no teñida del determinismo griego. Hay esperanza de cambio; la muerte del tirano a manos de su propia sangre es una señal. Tiresias defiende el libre albedrío de los ciudadanos y se transforma en portador de la ilusión colectiva. Doña Isabel dice “Ay padrino, padrino nuestro. Dios me castiga por haber aceptado un destino que no era el mío”.
Porque conoce el poder absoluto de la divinidad -la sophrosyne- Doña Isabel teme haber cometido hybris (es decir, un acto que merece castigo y condena de la justicia divina) por haberse alejado de la moira predestinada, luego de casarse con Don José. Lo dice porque, con su matrimonio, desdeñó su condición campesina para pasar a vivir en el “palacio”. Sin embargo Tiresias le responde “nada ni nadie puede imponernos un destino: lo escogemos nosotros mismos” (Marqués, 1967: 350).
Aquí, el viraje del determinismo al libre albedrío es crucial si lo pensamos en términos del mensaje nacionalista que Marqués intenta transmitir a través de su obra. Tampoco es casual que los momentos decisivos del drama se encuentren enmarcados, además, por el croar del coquí. El Coquí es una pequeña rana de árbol, de color castaño-rosáceo, perteneciente a una de las dos especies cuyos machos cantan "¡Co-quí!... ¡Co-quí!... Y en la obra funciona como un símbolo telúrico porque esta especie, llamada científicamente Eleuterodactylus coqui, canta de una manera distinta a la de cualquier otra rana americana. Todos los esfuerzos por introducir el coquí en otros lugares han resultado infructuosos ya que no sobreviven fuera de Puerto Rico...
La naturaleza que se solidariza con los sentimientos de los personajes es un recurso sumamente utilizado por la literatura, desde las églogas garcilasianas, las soledades gongorinas hasta el realismo mágico. El croar del coquí cumple la misma función que el chajá borgiano de la “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”, cuando en este intertexto del Martín Fierro hernandiano el narrador introduce el canto del chajá -ave zancuda del sur de Sudamérica, en especial de Argentina, de color gris plomizo- para señalar los dos encuentros decisivos que Cruz mantiene con el desertor Martín Fierro, antes y después de “cruzarse al bando del marginal”. Por eso mismo, el canto del coquí funciona como una anticipación y como un trasfondo sonoro que recuerda, a lo largo de la obra, que se están jugando las cartas de un destino nacional. Y que ese destino no está escrito.
Otro símbolo que condensa la naturaleza puertorriqueña es el de la piedra blancuzca recientemente descubierta en una estancia. Así, coquí y piedra son emblemas portadores de la puertorriqueñidad:
“Mozo: …no podemos depender eternamente del Norte si queremos ser libres (…) no podemos pretender vivir como vive el Norte. Ellos tienen los medios y pueden hacerlo. Nosotros no. Quiero decir… que nos hace falta saber sacrificarnos. Sacrificarnos para ser… nosotros mismos (…) La realidad nuestra puede ser dura como una roca. Y no por eso vamos a decir: Hay que traer una realidad del Norte porque la nuestra es dura y nos destroza las manos (…) ¡Yo me destrocé las manos arrancándole esa piedra a la roca de mi campito! (…) Mi canción de cuna fue el lema de su partido: agro, pan, emancipación. Pero he visto cómo se ha olvidado la emancipación, la emancipación de esa sombra de siglos que es el Norte (…) Un pueblo puede morirse de hambre. Pero… (Con acento apasionado.) ¡Pero también puede morirse de pan!” (Marqués, 1957: 334-336).
El contraste entre dos imaginarios -el del imperialismo primermundista con sus joyas de relumbrón, el maquillaje a lo “estrella de cine”, la fe en el progreso adquirido a través del crecimiento económico- y el de la esencia latinoamericana, más parecida a la piedra en bruto que al diamante cincelado, se refleja claramente en el diálogo que mantienen Don José (portador de un discurso impostado/importado) y Doña Isabel (nacida en la rural Altamira):
“Don José: el sentimentalismo ha mantenido a nuestro pueblo en la más abyecta miseria. Lo sabes bien. Nuestra historia ha sido una pueril sucesión de estallidos emocionales que no han conducido a parte alguna. Era ya hora de que la razón dominara a la emoción. Nos ha tocado vivir en la hora del progreso” (Marqués, 1957: 328).
Y su esposa le responde:
“Doña Isabel: Dale a mi pueblo toda la ciencia y todo el progreso que él pueda asimilar. Pero no pases del límite (…) Porque si el pueblo llega a darse cuenta de que se le está muriendo algo muy dentro de su entraña, sería capaz…” (Marqués, 1957: 329).
Pero el contraste más feroz ocurre en el siguiente parlamento, donde se evidencia más crudamente el distanciamiento -la alienación- de Don José, que se ha convertido en el otro, como en una cúspide de antropofagia cultural:
“Don José: Hablas del pueblo como si fuese un individuo. El pueblo es una masa y como tal sólo siente las necesidades primarias. Su felicidad consiste en la seguridad económica (…) Háblales del alma del pueblo, de lo que se les está muriendo en la entraña, y se burlarán de ti. Háblales en cambio del salario alto, de las nuevas industrias, del plan de viviendas, del seguro social, y te llamarán líder. No se puede hacer metafísica con el pueblo, hay que hacer política” (Marqués, 1957: 329).
El campo semántico de la “farsa”, la “máscara”, la “mentira”, el “simulacro” y los modelos foráneos que no calzan en la realidad puertorriqueña son imágenes permanentes en la obra de Marqués. Algunos pasajes que lo demuestran son:
“Alberto: ¿Qué sentido puede tener un Ayudante Militar en un país sin ejército propio?” (Marqués, 1957: 317).
O en el siguiente diálogo:
“Don José: Porque vivimos en un país con libertades puedes expresarte como lo has hecho (…) Ahora dime, ¿de qué libertad te ves privado tú?
(…)
Mozo: Sé bien, don José, que no vivo en una dictadura. Pero las libertades de que gozo no son para mí la libertad. A lo mejor es verdad que gozamos de muchas libertades. Pero me parece que no gozamos de la libertad fundamental… de ser nosotros mismos” (Marqués, 1957: 337).
Para Tiresias, se trata de un “país de farsas”, gobernado por un farsante que implanta un sistema ajeno a la esencia nacional. El siguiente pasaje, retomando la estructura de la tragedia clásica, podría ser considerado el agón:
“Tiresias: Cuando se borra el límite entre la farsa y la vida, se tiende a vivir sólo la farsa. Pero no basta entonces vivir la farsa. Se pretende, además, que otros también la vivan (…). Yo no puedo compartir tu farsa, José (…) Tiene que alzarse una voz. Ua voz siquiera tiene que alzarse por encima de la adulación y el servilismo, por encima del temor y la cobardía, para decirte: ¡gobernador de esta Isla, eres un farsante!” (…)
Tiresías: El protectorado será tu más grande farsa.
Don José: Dejaremos de ser colonia.
Tiresias: sólo en apariencia.
Don José: tendremos una constitución propia.
Tiresias: limitada por el poder del norte.
Don José: garantizaremos la democracia y el bienestar económico del pueblo.
Tiresias: garantizarás tu personal continuación en el poder.
(…)
Tiresias: Oh, no, José. Duerme tranquilo. Tu nombre aparecerá en los textos escolares de Historia. A donde no llegará nunca es al libro que escriben los dioses para la inmortalidad” (Marqués, 1957: 372).
Por último, haremos alusión al discurso mesiánico de Don Rodrigo. El tono premonitorio no deja de atravesar el texto -recordemos la presencia de Casandra y Tiresias-. Puede atribuirse el mismo don a este personaje, que apenas toma partido en la acción (excepto en la escena del aeropuerto). Es siempre una presencia invocada, una figura amenazante que no se materializa sino en el miedo de “los del palacio” o se traduce en una voz en off. El discurso mesiánico irrumpe, por ejemplo, en los siguientes pasajes:
“Don Rodrigo: “Traigo una semilla. La misma que llevé conmigo hace veinte años. Traigo de nuevo a mi Isla… ¡la semilla de la libertad!”
(…)
Don Rodrigo: “Y Cayeron las lluvias, y los ríos salieron de madre, y soplaron los vientos y dieron con ímpetu sobre la casa, mas no fue destruida porque estaba fundada sobre piedra (con apasionamiento profético) ¡Pero la casa no es ya de piedra! Porque los fariseos despreciaron la piedra nuestra y edificaron su ostentoso edificio sobre cimientos falsos. Por eso yo os digo: Cuando lleguen las lluvias, cuando soplen los vientos y den con ímpetu sobre la casa ¡la casa será derribada! [5]
(…)
Don Rodrigo: ¡Oh, qué angosta es la puerta y cuán estrecha la senda que conduce a la vida escogida! (Profético y apasionado). Ríos de sangre cruzó el pueblo de Dios para alcanzar su libertad. Y la espada de los libertadores se tiñó de sangre hermana. Y su verbo tuvo también sabor a sangre. ¿Sangre de amor como bautismo de libertad para los pueblos!” (Marqués, 1957: 316).
En estos parlamentos se alude a las reflexiones bíblicas del Éxodo 7, 8,9 y 10. Don Rodrigo es la personificación de Moisés, el Elegido, a quien Yavé le indicó que condujera a los israelitas desde Egipto hasta la “tierra prometida”, contraviniendo los designios del Faraón. Resemantizado el discurso bíblico en boca de Don Rodrigo, los nortemericanos ocuparían el lugar de los egipcios, los puertorriqueños el rol de los judíos y Don Rodrigo sería Moisés, bajo cuya guía podrían ser conducidos a un “estado” ideal: el de la independencia.
El discurso de Don Rodrigo también alude a la “parábola del prudente y el insensato”, presente en Mateo 7:24-27. Aquí también adquieren sentido la piedra, los fariseos, la casa destruida, los cimientos falsos: la piedra rechazada es la esencia del pueblo, la casa destruida es la patria entregada -que se consuma con la firma del protectorado-, los fariseos son los norteamericanos, los cimientos falsos aluden a la imposición de una forma de vida que no condice con la esencia telúrica… El tono profético y el derrumbe final, en La muerte no entrará en palacio, funcionan como un exemplum moralizante, didáctico, de lo que pasará si nadie asume el papel de ejecutar “el gesto histórico” que asume Casandra.
Para finalizar este apartado, un paralelo. Pedro Albizu Campos, en uno de sus discursos políticos, sostuvo que “Las intervenciones extrajeras se hacen para beneficio exclusivo del imperio y en perjuicio de las naciones intervenidas”. Y Tiresias le responde a Don José, en una de sus discusiones: ¡Encara tú este hecho, hombre de acción: los “protectores” jamás protegen a los débiles! ¡Se los tragan!”
Como decíamos al principio de este trabajo, además de la protesta y la denuncia, Marqués vehiculiza a través del teatro una “expresión de deseo” que será llevada a su máxima expresión en Seva, analizada a continuación.
Reescribir la Historia: un acto de necesidad.
Escribir no significa convertir lo real en palabras
sino hacer que la palabra sea real.
Lo irreal sólo está en el mal uso de la palabra,
en el mal uso de la escritura
Roa Bastos, Yo, el Supremo.
Gaspar Rodríguez de Francia habla con su secretario, Patiño.
Seva, historia de la primera invasión norteamericana de la isla de Puerto Rico ocurrida en 1898, fue publicada el 23 de diciembre de 1983 en la sección En Rojo del semanario Claridad. El texto comienza con una carta dirigida al director del periódico, Luis Fernando Coss, sin rótulos que indiquen que se trata de un “cuento”.
Cabe mencionar que Claridad, fundado en 1959, es un semanario de circulación nacional cuyo objetivo es ser un instrumento eficaz en la lucha por la independencia de Puerto Rico, al que consideran una nación utilizada como “botín de guerra”. A través de un periodismo combativo, de denuncia, intenta ser pivote en el proceso de consolidación de la conciencia nacional puertorriqueña, proveyendo criterios de análisis, información sobre la realidad nacional y coordinación de las luchas que conduzcan al proceso de conquista de la soberanía nacional.
Fue en este semanario donde Luis López Nieves, firmando con su nombre real, manifiesta su intención de revelar los resultados de una investigación que su amigo desaparecido, el historiador Víctor Cabañas, realizó durante dos años en torno a la primera invasión norteamericana de Puerto Rico. La consecuencia de esta investigación es que la primera invasión ocurrió el 5 de mayo de 1898 por el pueblo de Seva -que es un pueblo ficticio, inventado por el propio López Nieves a la manera de un Macondo soñado- y no el 25 de julio por el pueblo de Guánica, como afirma la historia oficial de su país. Víctor Cabañas, en una epístola a su amigo, le confiesa que “En una semana he aprendido lo suficiente como para reescribir la historia de Puerto Rico” (López Nieves, 1984: 22).
Como si se tratara de una investigación histórica seria, Claridad publica la parafernalia documental -falsa, pero verosímil- con que el impostor López Nieves acompaña al relato: cartas de Víctor Cabañas, fragmentos del diario de campaña del General Miles, declaraciones juradas del único sobreviviente de Seva, fotos y mapas de Puerto Rico del año 1896, además de prometer dieciocho cassettes con las confidencias del único sobreviviente, donde ofrece testimonio del heroísmo de los habitantes de Seva, la larga resistencia frente a los invasores, los casi tres meses de bombardeo, el fervor patriótico que los mantuvo vivos, el cerco sorpresivo de los invasores y la sangrienta masacre final. Dado que Claridad -a pedido del autor- no aclaró que se trataba de un cuento, el efecto que causó entre los puertorriqueños fue similar al provocado por la adaptación radial de La guerra de los mundos de Herbert George Welles en Estados Unidos. Este malentendido “inducido” despertó reflexiones acerca de la importancia de que los medios de comunicación diferencien lo que es ficción de lo que es información, de la necesidad que los portorriqueños tienen de “creer” en este mito literario para deconstruir unos orígenes poco heroicos y una naturaleza degradada como la que René Marqués caracterizó en su ensayo El Puertorriqueño dócil, ya analizado. En la carta dirigida al director editorial, López Nieves indica que:
“Víctor, como también podrá ver, ha pagado un precio muy alto para probar que cuando los norteamericanos entraron a Puerto Rico el 25 de julio de 1898, por el pueblo de Guánica, no lo hicieron en la forma en que oficialmente suele describirse. ¡La invasión de Guánica fue la segunda invasión norteamericana! La primera, varios meses antes, fue por la costa este de la Isla y fracasó” (López Nieves, 1984: 12).
Desmentir el mito de la mansedumbre desató, paradójicamente, una reacción colectiva que puso sobre el tapete la credulidad de los portorriqueños. El periodista Josean Ramos publicó, en 1984, una crónica de los efectos de Seva que desde entonces se incluyó al final del cuento. No exenta de ironía, Ramos realizaba la siguiente apreciación:
“Es obvio que los puertorriqueños ya no nos creemos lo que nos han dicho oficialmente toda la vida. Ahora sabemos que no somos dóciles e impotentes… Lo que Luis López Nieves nunca previó fue que miles de lectores de su cuento iban a tomarlo al pie de la letra”. (López Nieves, 1984: 84).
Historiadores como José Luis Méndez explicaron que el “efecto Seva” se debió a que:
“Este pueblo está acostumbrado a descubrir mentiras oficiales. Es decir, casos como el del Cerro Maravilla, la corrupción gubernamental, etc. Como parte de su proceso de resistencia cultural, se ha dado cuenta de que nos engañan con los acontecimientos históricos!” (López Nieves, 1984: 78).
¿De qué manera el cuento Seva subvierte la historia de mansedumbre que la escasa resistencia en Guánica confirmó una vez más? Parte del cuento incluye fragmentos del diario de Nelson Miles, quien fue -en la historia real- el general norteamericano que capitaneó la conquista de la isla, durante la guerra Hispano-Americana. El día 5 de mayo, Miles escribe varias veces al día, retratando el encuentro con los sevaenses:
“Nos sorprendió una formidable fuerza enemiga (…) la unidad enemiga se había atrincherado con la evidente intención de emboscarnos. Mis 2.000 tropas se redujeron a la mitad en menos de una hora (…) No tengo informes de bajas enemigas. En estos momentos estamos, al fin, atrincherados. El fuego enemigo imposibilita nuestro regreso a los barcos” (López Nieves, 1984: 24).
“Seguimos sufriendo bajas (…) Es imposible alcanzar al enemigo. Estamos totalmente atrapados, impotentes por completo. A muchas tropas le sangran las manos debido a la rapidez con que debieron cavar las trincheras (…) Intentamos abastecer a las tropas con los botes pero el enemigo se dio cuenta y nos ha imposibilitado todo movimiento. Es asombrosa la puntería de estos hijos de puta. Malditos sean”. (López Nieves, 1984: 25).
“Tácticamente hablando, la situación no ha cambiado en el último mes. La moral de las tropas, como es de esperarse, está muy deteriorada (…) Durante el último mes nos hemos dedicado a bombardear el pueblo diariamente. Ya no queda en pie ni la iglesia” (López Nieves, 1984: 26).
Como indicábamos en el apartado donde analizamos La muerte no entrará en palacio, aquí también aparece la figura del “traidor vendepatrias”:
“Un político de cierta importancia, Luis M. Rivera, está dispuesto a cooperar. Durante la negociación le prometimos la gobernación de la Isla bajo nuestra bandera, lo cual no tengo intención alguna de cumplir, por supuesto. Nos ha informado, en cambio, que el pueblo más vulnerable en el momento es uno llamado Guánica, al oeste de la isla. No tiene guarnición armada y posee una excelente bahía (…) Dios perdone a este Benedict Arnold[6] portorriqueño (sic) que tanto bien está dispuesto a hacernos” (López Nieves, 1984: 27-29).
Luis (Muñoz) Rivera entrega la llave de la ciudad, da un discurso en inglés y les explica a los americanos cómo sorprender al enemigo, en Seva, para exterminar al pueblo. Nelson Miles, en su diario, explica que debe “admitir que opusieron una resistencia feroz, organizada y heroica, digna de nuestra guerra de independencia contra los británicos y a la altura de un Cid o un Wellington” (López Nieves, 1984: 30).
En consonancia con la tesis foucaultiana, aquí también los vencedores “suprimen la versión de los hechos históricos de sus derrotados adversarios en favor de su propia propaganda”: los yanquis deciden borrar todo rastro de la oposición, fusilan a los ciudadanos, queman lo que queda del pueblo y eliminan toda mención a Seva en los mapas. Para terminar de borrar cualquier rastro de su existencia, se construye una base militar (la Roosevelt Roads real) sobre los escombros del pueblo y se bautiza un pueblo cercano con el nombre “Ceiba”. La labor erradicadora resultó exitosa durante casi un siglo hasta que Víctor Cabañas, dejándose llevar por la intuición que despertó una copla popular cuya letra decía “los americanos vinieron en mayo” se animó a más. Y lo pagó con su vida…
En la crónica de Josean Ramos -titulada significativamente Un sueño que hizo historia- podemos leer las reacciones que la verosimilitud literaria es capaz de provocar:
“La reacción era fuerte pero confusa. Una mezcla angustiosa de alegría, ira y dolor. Alegría, porque al fin se destruía el viejo y odiado mito de nuestra presunta docilidad, de nuestra supuesta entrega abúlica a los conquistadores. Al fin, luego de muchos años de ignorancia histórica, comenzábamos a enterarnos de algunos episodios de nuestra epopeya verdadera y heroica (…) Esta reacción por parte de lectores y de patriota es admirable, pero había un problema: Seva es un cuento, el resultado de una profunda insatisfacción de Luis López Nieves con la historia de Puerto Rico” (López Nieves, 1984: 61).
Cuando días después del 23 de diciembre de 1983 el director de Claridad explicó, en el artículo editorial, que Seva era un cuento, algunos lectores llegaron incluso a sostener que “Seva era la realidad y el Editorial la ficción”. También aparecieron graffitis urbanos que rezaban “Seva vive” o “¿Dónde está Víctor Cabañas?”.
El autor, Luis López Nieves, opina que la necesidad de tener héroes llevó a muchos lectores a creerse los acontecimientos de Seva, pero que la literatura necesita siempre una dosis de provocación… Si Cervantes alegó que el Quijote era la traducción de unos manuscritos árabes, él se propuso inventar una leyenda, un mito, una celebración de la puertorriqueñidad viva e indócil: “Había decidido que en adelante reescribiría la historia de Puerto Rico como debió ser, como pudo ser o como yo quiero que sea” (López Nieves, 1984: 84).
En relación a los procedimientos que buscan causar el “efecto de lectura” de un texto histórico, podemos mencionar los siguientes procedimientos, algunos de ellos paratextuales, mencionados por Clara Mengolini (2000):
1) El autor/narrador se posiciona en el lugar de testigo de los hechos. Su función es divulgar la investigación de su amigo, pero su nivel de desconocimiento es idéntico al de los receptores.
2) Omisión del pacto de lectura: en el diario no se dice que el relato publicado es un cuento. Se lo presenta como discurso histórico bajo la forma de crónica de una investigación histórica científica.
3) Manejo del suspenso: la carta que Nieves envía al director del diario dice: “Después de mucho titubeo y de tomar varias precauciones que garanticen mi seguridad personal, he decidido hacerle entrega de este sobre...”
4) Presencia de elementos icónicos eficaces dentro del texto: la foto del general Miles, el afidávit con la declarción jurada del testigo, los mapas…
En 1999, en una entrevista realizada por la Revista Víspera, Nieves opina que a los puertorriqueños se les ofrece un mensaje constante de que no valen, de que son una minoría ignorante, que sin los norteamericanos no son nada. Por eso, el puertorriqueño necesita un héroe propio a quien admirar: todos los países necesitan un mito, una historia épica, una historia heroica. Inglaterra tiene al rey Arturo, Estados Unidos tiene a George Washington y a Lincoln, España al Mio Cid, Sudamérica a Simón Bolívar. “¿Y qué sucede aquí?”, se pregunta Nieves.
Esta laguna heroica fue, precisamente, uno de los “renglones vacantes” de la historia oficial que López Nieves aprovechó para reelaborar a través del artificio literario.
De esta manera, el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, por el desajuste que su estatus político plantea entre “identidad” y “nación”, se convierte en un caso paradigmático que confirma la tesis de que la literatura puede ser una herramienta privilegiada para la construcción del imaginario nacional, como espacio fundante de la biografía de un pueblo y de la historia de sus deseos convertidos -aunque sea a través del papel- en realidad.
Bibliografía
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IRIZARRY, Estelle, “Nuevos mitos por viejos: Técnicas de re-mitificación histórica en Seva, de Luis López Nieves”. Georgetown University, Washington. Disponible en:
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----------------------, 1967, El puertorriqueño dócil: literatura y realidad psicológica, Puerto Rico, Antillana.
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PEDREIRA, Antonio, 1934, Insularismo, Río Piedras, Editorial Edil.
RAMOS-PEREA, Roberto, 1998, “Negociando la identidad: expediente a la dramaturgia colonial” en Actas del congreso Literatura e Identidad ante el 98, Ateneo Puertorriqueño.
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WHITE, Hayden, 1992, Metahistoria. La imaginación histórica en la Europa del siglo. XIX, México, FCE.
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[1] Trabajo realizado para el curso de doctorado “Teatro Hispanoamericano del siglo XX”, dictado por la Prof. María de los Ángeles Pérez López. Programa Vanguardia y posvanguardia en España e Hispanoamérica: tradición y rupturas en la literatura hispánica. Bienio 2006-2008, Facultad de Filología, Universidad de Salamanca.
[2] Seva Vive Tease Trailer disponible en http://www.youtube.com/watch?v=QaftBolk4Tc [consultada en junio de 2007]
[3] Este partido recibe su nombre de Eugenio María de Hostos y Bonilla, educador y escritor puertorriqueño nacido en 1839 y fallecido en 1903, llamado “Ciudadano de América” por haber luchado incansablemente por la emancipación de su patria, la unidad de las Antillas y de América Latina. Volvió a los Estados Unidos en 1898 y participó activamente en los movimientos independentistas de Cuba y Puerto Rico, pero su esperanza de un Puerto Rico independiente se esfumó después de la Guerra Hispano-Americana.
[4] Pedro Albizu Campos fue un abogado, político y revolucionario independentista puertorriqueño nacido en 1893 y muerto en San Juan en 1965. Fue miembro del Partido Nacionalista de Puerto Rico, que tenía como objetivo irrenunciable la plena independencia respecto de la tutela estadounidense. Fue condenado en 1936 por conspirar para derrocar el gobierno de Estados Unidos en la isla y trasladado a una prisión de Atlanta. En 1947 regresó a Puerto Rico; en 1950 participó en la revuelta nacionalista y volvió a ser encarcelado. En 1953, Muñoz Marín lo indulta pero en 1954 ocurre un atentado a la Cámara de los Representantes de Estados Unidos y el indulto es revocado. Todos estos elementos históricos son aprovechados y ficcionalizados por René Marqués en la obra analizada.
[5] Nótese la alusión bíblica a Mateo 7:24-27: Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. 25 Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca. 26 Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena. 27 Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa, y ésta se derrumbó, y grande fue su ruina.
[6] General estadounidense que se “vendió” al bando británico durante la Guerra de la Independencia de Estados Unidos.