domingo, abril 19, 2026

Dientes blancos.

 









DIENTES BLANCOS


Demetrio Aguilera Malta





Prólogo: La Máscara de Marfil y el Grito Silenciado

El Autor: Demetrio Aguilera Malta y el Realismo Social

Demetrio Aguilera Malta (1909-1981) no fue solo un escritor; fue un cartógrafo de las injusticias del trópico. Miembro fundamental del "Grupo de Guayaquil" —aquellos "cinco como un puño" que revolucionaron la literatura ecuatoriana en los años 30—, Aguilera Malta dedicó su vida a dar voz a quienes la historia oficial pretendía enmudecer: el cholo, el montuvio y, de manera magistral en esta obra, el afrodescendiente.

Su pluma, marcada por un realismo feroz y una profunda sensibilidad humana, transitó desde la narrativa de Los que se van hasta un teatro de vanguardia social. En Aguilera Malta, la palabra es un arma de denuncia, pero también un espejo donde la sociedad debe mirarse, aunque la imagen que devuelva resulte incómoda.

La Obra: "Dientes Blancos" o la Tragedia del Espectáculo

Dientes Blancos es una pieza en un acto que condensa, en pocos minutos de lectura o representación, siglos de explotación racial y deshumanización. Ambientada en la atmósfera densa de un cabaret centroamericano, la obra nos presenta una paradoja cruel: el hombre que debe reír para sobrevivir mientras su alma se quiebra.

La trama nos enfrenta a tres músicos negros —Peter, William y Ernest— que funcionan como los engranajes de una maquinaria de placer para una clientela blanca que los ve como objetos, no como sujetos.

  • Peter representa la conciencia herida, el hombre que reclama su derecho a la intimidad y al dolor.

  • William es el símbolo de la alienación, el "alma negra del cabaret" cuya única función es mostrar esa hilera de dientes blancos que da título a la obra.

  • Ernest es el autómata, el ritmo que sostiene la farsa.

Temas Centrales: La Risa como Mercancía

El conflicto estalla cuando lo humano (la noche de bodas de Peter) choca con lo comercial (la exigencia del Patrón y el capricho de los Ebrios). La obra explora con crudeza cómo el sistema despoja al individuo de su derecho a la tristeza.

El simbolismo de los dientes blancos es desgarrador: no son signo de alegría, sino una exigencia contractual. La blancura de los dientes contrasta con la "negrura" de su situación, convirtiéndose en una máscara de marfil que oculta el llanto.

"Ríe. El cabaret no puede estar sin tu risa... ¡Para eso te pago!"

Estas palabras del Patrón resumen la tragedia de la obra. El final, con esa carcajada colectiva y frenética que se confunde con la locura, no es un cierre cómico, sino un clímax terrorífico donde la identidad ha sido finalmente devorada por el espectáculo.

Invitación al Lector

Al leer Dientes Blancos, te invitamos a mirar más allá del reflector que ilumina la tarima. Escucha el sonido de la batería no como música, sino como el latido de una protesta que no encuentra salida. Demetrio Aguilera Malta nos entrega aquí una pieza eterna sobre la dignidad humana frente a la tiranía de la apariencia.






Pieza en un Acto

PERSONAJES:
EBRIA
EBRIO
WILLIAM
PETER
ERNEST
PATRON

(Al levantarse el telón, un reflector focaliza el centro del escenario.
La decoración representa la tarima de una orquesta de negros, en un cabaret centroamericano. Se oye, de rato en rato, el rumor de la fiesta, destaparse de botellas, gritos estridentes, carcajadas. Los músicos negros —Peter, William y Ernest— tocan piano, saxofón y batería, respectivamente. Están vestidos de frac blanco. Miran, a veces, abajo, donde se supone que están divirtiéndose los blancos.
Durante todo el acto, cada vez que William ríe, con su estruendosa carcajada, Ernest lo acompaña, como un autómata, con el sonido, también estruendoso, de su batería.)

PETER. (Mirando angustiado para todas partes, como buscando una salida.) ¿Serán las tres de la madrugada?
WILLIAM. (Lo observa, como a un bicho raro. Después, estalla en una carcajada martillante, onomatopéyica, que muestra sus dientes blanquisimos.) ¡Jajajá!.. . ¡Jajajá!
PETER. (Volviéndose furioso a William. Sintiendo que encuentra, por fin, alguien contra quien descarga su cólera.) ¿Y tú? ¿De qué te ríes?
WILLIAM. (Un tanto desconcertado. Con súbita seriedad.) De tu preocupación por el tiempo. Sabes que trabajaremos hasta cuando el sol baile en las calles. Y preguntas a cada instante la hora.
¿Cómo quieres que no ría? (Transición. Con su risa estruendosa.)
¡Jajajá! . . . ¡ Jajajá! . . .                                   
ERNEST. (Después de acompañar, como lo hace siempre, con su batería, la risa de William. Como despertando.) Es que lo espera su mujer. . .
WILLIAM. (Asombrado.) ¿Su mujer?. . . ¿Qué mujer?
ERNEST. (Señalando a PETER.) La mujer de él. ¿No sabes que se casó ayer, no más?
WILLIAM. (Como para sí mismo.) ¡Ah! ¿Se ha casado? Entonces, no debía estar trabajando. ¡Debía estar con ella!
ERNEST. Por lo menos esta noche. (Sordamente.) ¡Es su primera noche!
PETER. (Con desesperación.) ¡Sí pudiera hacerlo!
ERNEST. (Pesando sus palabras. Preocupado.) ¡Y se ha casado con una mujer blanca! ¡O casi blanca!
WiLLIAM. (Histérico. Vibrando todo. Riendo, mientras lo acompaña Ernest, con su batería, cada vez que lanza su carcajada.) ¡Una mujer casi blanca!.. . ¡Jajajá!.. . ¡Una mujer casi blanca!.. . ¡ Jajajá! . . . ¡ Jajajá! . . .
PETER. (Con rabia creciente.) ¿Y ahora? ¿De qué te ríes?
WiLLIAM. (Transición. Preocupado.) ¿Yo? ¡De nada! Tú sabes. Yo sólo sé reír. . . (Transición. Eufórico.) ¡Una mujer casi blanca!. . . ¡Jajajá! . . . ¡Lo que vas a tener que trabajar para que dure a tu lado!.. . ¡Jajajá!.. . ¡Jajajá!.. .
PETER. (Sin poderse contener más. Abalanzándosele encima a William. Agarrándolo por la solapa del frac. Sacudiéndolo, mientras su contendor en vano intenta desasirse.) ¡Cállate!
ERNEST. (Se levanta rápidamente. Se interpone entre Peter y William. Después de breve esfuerzo, los separa.) ¿Qué te ocurre hoy, Peter? ¡Estás muy nervioso!
WILLIAM. (En actitud canalla.) ¿Acaso tienes miedo de que, .. ?
PETER. ¿De qué?
WILLIAM. ¿¿De que tu mujer?.. .
PETER. ¿Qué, pues, qué?
WILLIAM. (Lentamente. Calculando todo el efecto de sus palabras.)
¿Se canse de esperarte y se vaya con otro?. . .
PETER. ¡Desgraciado!
(Peter se lanza, otra vez, contra William. Empieza a golpearlo. William se defiende, pero casi sin responder los golpes. Tratando, más bien, de contener a Peter. Ernest vuelve a separarlos.)
ERNEST. ¿Es que no pueden hablar de otra cosa?
WILLIAM. (Transición a la euforia.) ¡Del cabaret, por ejemplo! ¡Jajajá! (Coge el saxofón y empieza a dar vueltas como si el instrumento fuera una mujer con la cual estuviese bailando un ritmo loco. En tanto, toca unos compases.)
PETER. (Sombrío.) ¡El cabaret! ¡Sólo piensas en el cabaret!
WILLIAM. ¿En qué más quieres que piense! ¡Aquí he nacido! Aquí he vivido siempre. ¿Te imaginas esto sin la risa del negro William? Sabría mal el champaña. Las mujeres no darían el mismo placer a los hombres. El cabaret me necesita. ¡Yo soy el alma! ¡El alma negra del cabaret. ¡Jajajá!.. . ¡Jajajá!
PETER. (Con desprecio.) ¡Me das lástima!
WILLIAM. (Danzando con el saxofón.) ¡Jajajá! ¡Jajajá!
PETER. Vives contento con fu suerte. ¡Infeliz!
WiLLIAM. (Como antes.) ¡Jajajá!.. . ¡Jajajá!.. .
PETER. ¡Eres un traidor a ti y a la raza!
WILLIAM. (Como antes.) ¡Jajajá!.. . ¡Jajajá!.. .
ERNEST. (Qué, como siempre, ha acompañado automáticamente,  con su bateria, las carcajadas de William. Como dejando de ser
autómata, para volverse hombre.) ¿Pero qué te ocurre hoy, Peter?
PETER. (Amargamente.) ¿A mí? ¿Qué puede ocurrirme, Ernest? ¡Esta noche es igual a todas. . . a todas las noches de mi vida!
ERNEST. ¿Entonces?
PETER. ¿Qué?
ERNEST. ¿Por qué estás así con William? Él es tu amigo. Y él, esta noche, también está igual a todas las noches de su vida.
WILLIAM. ¡Y seguiré igual, hasta después de muerto! ¡Jajajá!
¡Jajajá!
(Por la izquierda, sube a la tarima el Ebrio, vestido de frac negro, con una copa de champaña en la mano izquierda y una botella del mismo licor en la diestra. A su lado, sube, también, la Ebria, que va vestida de noche y también lleva una copa de champaña. De vez en cuando, ambos beben. Suben con dificultad a la tarima. La embriaguez los torna desdibujados, caricaturescos.)
EBRIO. Tengo que irme mañana mismo.
EBRIA. Ya me lo has dicho.
EBRIO. Pero quiero decírtelo otra vez. Tengo que irme. . .
EBRIA. (Continuando la frase de él) ... mañana mismo.
EBRIO. Así es. ¡Salud! (Bebe.)
EBRIA. ¡Salud! (Bebe.)
PETER. (Con repugnancia y rabia.) ¡Sólo nos faltaba eso! ¡Que vinieran hasta aquí!
WILLIAM. ¡Hay que aprovecharlos!
(William se acerca a los Ebrios y empieza a hacerles muecas. A bailarles. A hacerles gracias, como si se tratara de un payaso negro. Los Ebrios, al principio, no se dan cuenta de qué se trata. Después, ríen. A su vez, William empieza a reír, enseñando sus dientes blancos. Su carcajada va siendo tan contagiosa, que, al final, todos, excepto Peter, estallan en carcajadas estruendosas. Esta vez, Ernest, como loco, golpea todos los instrumentos de la
batería, en una forma extraordinaria.)
EBRIA. (Cuando todos parecen agotarse de tanto reír y se hace un breve silencio.) ¡Qué negro más gracioso!. . . ¿Me lo compras, querido?               
EBRIO. ¡No puedo! ¡Tengo que irme. . .
EBRIA. (Continuando la frase.) ...mañana mismo! ¡Ya me lo has dicho, querido!
EBRIO. ¿No puedo decírtelo otra vez?
EBRIA. Sí. Sí querido. . . (Pausa.) ¿Y una copa? ¿Le puedes brindar una copa?
EBRIO. Sí. ¡Se la ha ganado!
WILLIAM. ¡Claro que me la he ganado! (Da unos cuantos pasos de baile con su saxofón.) ¡Jajajá!.. . ¡Champaña! Jajajá!.. . ¡Jajajá!
EBRIO. (Sirve más champaña en su copa. La tiende a William.)
¡Toma! ¡Bebe!
(William va a beber. Pone la copa en sus labios. Pero, de salta de la mano de WILLIAM, cayendo al suelo. Ante la estupefacción de todos, después, se dirige hacia el Ebrio, a quien arrebata la botella y, también, la arroja al suelo.)
PETER. ¡Canalla!
(Pasado un brevísimo instante de estupor, Ernest se lanza contra Peter. Lo toma por los brazos. Lo sacude.)
ERNEST. ¡Peter! ¿Qué te pasa? ¿Te has vuelto loco?
PETER. (Haciendo desesperados esfuerzos por desasirse de Ernest.)
¡Suéltame!
WILLIAM. (Que está desconcertado. Reaccionando.) Peter. . . yo . . . yo. . .
PETER. (Furioso. Fuera de sí). ¡Cállate!
EBRIO. (Tratando de comprender.) ¿El champaña no es bueno para los negros?
EBRIA. ¡Oh querido! ¿Eres tonto? Este negro (señala a Peter) no quiere nuestro champaña.
EBRIO. (Sin entender.) ¿No lo quiere? ¿Por qué?
EBRIA. ¡Es un negro insolente! ¡Atrevido!
EBRIO. (Haciendo ademán de irse.) Bien. ¡Pidamos otra botellal
EBRIA. ¿Y qué? ¿No eres hombre? ¿No vas a hacerte justicia por ti mismo?
EBRIO. ¿Yo? ¿Golpear a un negro? ¡Nunca! Me ensuciaría las manos!
PETER. (Sacudiéndose. Tratando de soltarse de las manos de Ernest.)
¡Suéltame! ¡Suéltame! (Al Ebrio.) ¡Borracho maldito!
ERNEST. ¡Cálmate!
EBRIA. ¿Vas a permitir que te siga insultando?
ERNEST. (Soportando a duras penas las sacudidas de Peter.) Todos se están dando cuenta de lo que pasa. Hasta el patrón. ¡Tranquilízate!
WILLIAM. (Dominándose. Amistoso.) Ernest tiene razón, Peter. ¡Tranquilízate! .. . No sé por qué te has disgustado. Sobre todo, conmigo.
Yo siempre tomo champaña. Me gusta. ¿No me has visto recoger las sobras todas las copas, cuando se van los clientes? ¡Champaña!
PETER. ¡Miserable!
EBRIA. ¿Lo ves, querido? ¿Vas a dejar que te sigan ofendiendo?
EBRIO. En mi hacienda, siempre les doy látigo. ¿Puedes conseguirme un látigo? Pídele al dueño del cabaret. Tal vez, él tenga un látigo.
(Peter, con un desesperado esfuerzo, logra soltarse de las manos de Ernest.)
PETER. ¿Látigo? ¿Ha dicho, látigo? (Se lanza contra el Ebrio. Lo agarra por el cuello y empieza a sacudirlo. Ernest, William y la Ebria intervienen y, después de breve lucha, consiguen soltar al Ebrio de las manos de Peter. Desde este momento empiezan a surgir numerosas voces de la Muchedumbre, fuera de escena.)
MUCHEDUMBRE. (Desde fuera.) ¡Afuera, el negro! ¡Afuera! ¡Que lo cuelguen! ¡Afuera! ¡Afuera!.. . ¡Atrevido! ¡Asqueroso! ¡Afuera! ¡Sáquenlo! ¡Afuera!
(El Patrón sube a la tarima de los músicos. Los músicos se  apartan respetuosamente.)
PATRON. ¿Qué pasa aquí?
EBRIO. (Tratando de reaccionar. Monocordemente.) Que me voy mañana mismo.
EBRIA. (Al Ebrio.) ¡Idiota! (Transición. Al Patrón, indicando a Peter.)
Este negro nos rompió una botella de champaña. Y no contento con eso, intentó pegarle a él. (Señala al Ebrio.)
WILLIAM. ¡Pobre Peter!
PETER. ¡Pobre tú! ¡Descastado!
PATRON. ¡Silencio!
WILLIAM. Peter es magnífico, Patrón. Usted lo sabe. ¡Pero esta
noche ha perdido el juicio!
MUCHEDUMBRE. (Desde fuera de escena.) ¡Afuera el negro! ¡Que lo boten! ¡Que lo cuelguen! ¡Afuera! ¡Afuera el negro! ¡Afuera!
PETER. (Transformándose.) ¡Sí! ¡Que me cuelguen! ¡Es lo mejor que pueden hacer!
WiLLiAM. No le haga caso, Patrón. Es verdad lo que le digo. ¡Peter está medio loco!
PATRON. Yo no permito aquí a ningún loco. Este es un cabaret, no un manicomio.
PETER. (Completamente fuera de sí.) ¡No! ¡Todavía no estoy loco! ¡Enloqueceré, no cabe duda! Pero todavía no estoy loco. Aun puedo darme cuenta de la vida que llevamos. ¡Nos consumimos como antorchas negras, para alumbrar la alegría de los blancos!
WILLIAM. (Queriendo disculpar a Peter en cualquier forma.) ¿Sabe usted, Patrón? Se casó ayer. Esta es su noche de bodas. Y... usted comprende.
PATRON. ¡No! ¡No comprendo! Además, ¿para qué? Tampoco permito
que mis músicos vengan a celebrar aquí sus noches de bodas.
PETER. (Mirando al Patrón con odio y desprecio.) ¡Cerdo!
PATRON. (Desconcertado.) ¿Qué dices?
PETER. ¡Cerdo!
PATRON. (Buscando a su derredor.) ¿Quién?
PETER. ¡Usted!
PATRON. (Dudando de lo que ha oído.) ¿Yo?
PETER. Sí. ¡Usted!
PATRON. (Se rasca la oreja, meditando. Duda. Después, se encoge de hombros.) ¡Uhm! ¡Bien! ¡Estás despedido! ¡Ya trataré de que nadie vuelva a darte empleo!. . . ¡Ahora, vete!. . . ¡Vete enseguida!
PETER. Cállate
WILLIAM. Pero, patrón. Peter. . .
(Con pasos lentos, Peter sale de escena, mientras arrecian los gritos de la Muchedumbre.)
MUCHEDUMBRE. (Fuera de escena.) ¡Afuera el negro! ¡A colgarlo!
¡A colgarlo fuera! ¡A colgarlo! ¡Atrevido! ¡Fuera!
PATRON. (Al Ebrio.) Perdone usted, señor. . . Usted comprende, ¿verdad? Se trata de un negro.
EBRIO. No se preocupe. Yo me voy mañana mismo. Estoy de paso.
Hoy llegué de mi hacienda de bananos. Esa es mi mina de oro verde. Mañana me voy a París. ¿Sabe? Voy a pasar mis vacaciones en París.
EBRIA. ¿Por qué no me llevas a París, querido?
EBRIO. No. No puedo. Voy con mi mujer. . . (Transición.) Pero te puedo dar más champaña.
EBRIA. (Encogiéndose de hombros.) ¡Champaña! ¡Eso es! ¡Champaña!
EBRIO. (Sonando las manos.) ¡Mozo! ¡Mozo! ¡Champaña!
PATRON. (A William.) Bueno. ¿Y tú? ¿Qué esperas?
WILLIAM. (Como despertando.) ¿Yo?
PATRON. Sí. ¿Por qué no ríes?
WILLIAM. Es que . . .
PATRON. ¡Ríe! El cabaret no puede estar sin tu risa. Sin que enseñes la doble hilera de tus dientes blancos. ¡Apúrate! ¡Ríe!
WILLIAM. (Angustiado.) Este.. . yo.. .
PATRON. Todos estamos esperando. ¡Apresúrate! ¡Ríe!
WILLIAM. (Intenta sonreír. Pero le sale una mueca horrible.) ¿No ve que no puedo?
PATRON. ¡No importa! ¡Tienes que reír! ¡Para eso te pago! . . .
WILLIAM. (Vuelve a intentar reír. Pero le resulta la misma mueca trágica.) | No!  ¡No puedo!
EBRIA. ¡Ríe, negrito! ¡Ya viene el champaña! ¡Nuestro champaña!
EBRIO. Ríe. Me voy a París mañana mismo. Y antes quiero verte reír.
ERNEST. Tienes que reír, William. Es tu deber. Está escrito en el contrato.
WILLIAM. ¡No quiero champaña! ¡No quiero reír!
KWCHEDUMBRE, (Fuera de escena . En coro. Con acompañamiento de golpes sobre las mesas.) ¡Ríe! ¡Ríe! ¡William ! ¡Ríe, William !
PATRON. Si no ríes, ¿para qué sirves? ¿Quieres que también te despida a ti y a Ernest? Recuerda que Ernest es sólo una batería..
¡Y una batería sola no sirve de nada! ¡Anímalo, Ernest!
(Ernest empiezo a tocar desesperadamente la batería.)
WILLIAM. (Haciendo un esfuerzo sobrehumano. Con risa triste.)
¡Jajajá! ¡Jajajá!
PATRON. ¿Yo ves como si podías reír? ¡Ríe! ¡Ríe, más! ¡Ríe!
WILLIAM. Jajajá. Jajajá. ¡Jajajá! ¡Jajajá!
PATRON. ¡Venga alegría, señores! ¡Riamos con William! Más fuerte.
¡Más fuerte! ¡Jajajá! ¡Jajajá!.. .
(Los Ebrios, Ernest, el Patrón, la Muchedumbre fuera de escena, todos, van contagiándose de la carcajada de William que, poco a poco, va siendo más fuerte, más fuerte, acompañada por la batería enloquecida de Ernest, hasta que cae violentamente, el telón.)

FIN DE LA PIEZA

THE DISGUISED DUKE

 

 





THE DISGUISED DUKE, THE SELLERS OF FORGED RELICS, AND THE WONDROUSLY LOST GIANTS

(ELIZABETHAN INTERLUDE)

 

By GAVARRE BENJAMIN

Contact this address if you have produced it or wish to do so: gavarreunam@gmail.com

 


 

THE DISGUISED DUKE

 


 

 

CHARACTERS:

 

  • MASTER JACKSON GOME: The Patron. A gentleman who breakfasts upon pride, seeks to gull the unwary… and dines on thin air.
  • MASTER LETTUCE PALTRY: The Licentiate. Expert in the laws of the street and in doing no labor.
  • TOBY SUEDE: The Apprentice. Obsessed with his shoe-latchets and with the fair men of the North.
  • THE DUKE OF SUSSEX: Disguised as a Merchant. Elegant, ironical, and with a keen eye for entanglement.
  • MASTER SULLY: The Duke’s Steward. Bearing a countenance as if all the world owed him money.
  • TWO NORDIC GIANTS: Golden-haired giants, solemn, and very, very lost in London.

 

THE SCENE:

A marketplace in a bustling London of yore. A wooden stall filled with old junk, cracked pots, and a paltry Saint Sebastian made of plaster, cross-eyed and exceedingly small.


SCENE I: THE FLAMING HEART AND THE ACCIDENT

(TOBY is crouched low, fastening the latchets of his boots. Suddenly, from the background, passes the first NORDIC GIANT. He is a golden giant, clad in furs, with a majestic stride. TOBY is struck as stone, mouth agape).

 

TOBY: (Sighing) O, by the Mass!... What a strapper of a fellow, so exceedingly fair! Yea, 'tis a monument indeed! What arms! What a beard! If he speaks but a word to me, I shall swoon upon this very cobblestone!

 

(TOBY attempts to rise quickly to follow him with his gaze but forgets that the "points" holding his breeches are loosed. ALACK! His breeches fall to his ankles. He is left in long white linens, reaching to his knees).

 

JACKSON: (Shouting) TOBY! For the love of God! Thou flauntest sin before the whole of Cheapside!

LETTUCE: (Running to cover him) Quick, JACKSON! Hide the boy's shame! (JACKSON and LETTUCE crouch down and begin inspecting the linens exceedingly close, putting their faces to the cloth with great solemnity).

JACKSON: (Very near TOBY’s leg) Doth aught peek through, Licentiate? Any of his shameful parts?

LETTUCE: (Nose against TOBY’s leg) Presently, I see naught but filthy linen and a stain of thick gravy, but if he moves but an inch, here endeth all decency!

 


SCENE II: THE DUKE AND MASTER SULLY

(Enter the DUKE disguised as a Merchant, followed by MASTER SULLY, who walks with his nose wrinkled).

 

SULLY: (Whispering into the Duke’s ear) My Lord, behold this spectacle. Here these unmannerly rogues inspect linens before saying good afternoon. What a... picturesque people, to say no worse.

DUKE: (Amused) Fascinating. 'Tis a right deep inspection of public hygiene. (Clearing his throat). Good day to you, gentlemen of rare customs!

JACKSON: (Jumping up and trying to pull up TOBY's breeches) Ah! Master Merchant! Welcome! Take no fright, 'tis only that the lad... was ensuring that naught escaped, that all REMAIDEN within, for decorum’s sake, you understand. How may we serve you?

DUKE: (Approaches the stall and picks up the plaster Saint Sebastian). What a hideous thing. And this cross-eyed puppet? Is it a saint with rouged cheeks or a sign of the apocalypse?

SULLY: (With disgust) 'Tis an insult to the senses, sir. It seems it was painted by a blind goat.

 

(The Duke grabs the doll and shakes it hard. A rattling sound of metal is heard within).

 

DUKE: Hark! This sounds as if it contained bells. What hide you here? Stolen jewels?

JACKSON: (Surprised) It must be hidden coin. Who would have thought it.

TOBY: Surely they are sovereigns and angels!

LETTUCE: (Nervous, but with sudden greed) Nay, sir! 'Tis the soul of the martyr shivering with cold! It is not for sale.

DUKE: (Threatening) How mean you, not for sale? Either you sell it to me this instant, or I call the Watch for fraud and Popish sorcery.

JACKSON: 'Tis no sorcery! 'Tis plaster and glue! 'Tis a fake, I swear it!

DUKE: Aha! A fraud, then! (He snaps the doll open). Heavens! 'Tis like one of those dolls from the East... there is another within!

 


 

SCENE III: THE GIANTS AND THE SACRED ARROWS

(Enter the TWO NORDIC GIANTS. LETTUCE hides in mortal terror behind the Duke. TOBY is once again hypnotized).

 

GIANT 1: (Thunderous voice) London Bridge? Where big ship leaves?

GIANT 2: (Pointing to a map) We want sun. Too much ice North.

LETTUCE: (Pointing towards the Thames) Straight on, pass the Tower, and follow the scent of cloves and salt!

TOBY: (Fanning them with his hand) Go with God, you statuesque colossi!

 

(The Giants look at them without understanding, eyes wide open, and depart. The Duke finishes opening the little dolls; there are five, one inside another. Upon reaching the last one, three rusty arrowheads fall out).

 

DUKE: And these iron points?

JACKSON: (Inspired) They are the original Arrows! The authentic tips that pierced the true Saint Sebastian! They are worth an Earldom!

DUKE: (Laughing heartily) You are magnificent liars! I have taken a liking to you. Tomorrow, I require you at my manor for dinner. My wife is dying of boredom, and you are the most colorful rogues I have seen in years.

SULLY: (SCANDALIZED) Dine with these filthy knaves, my Lord? They literally smell of... laundry broth!

DUKE: (Ignoring him, hands them a bag of gold and a golden pin with his crest). Say you come on behalf of the owner of this jewel. If you are late, I shall cast you into the Tower.


 

SCENE IV: THE FLIGHT TO THE CONTINENT

(The Duke and Master SULLY depart. The three stare at the gold, mouth agape. JACKSON observes the pin closely).

 

JACKSON: (Paling) Toby! Look well upon the crest! 'Tis no merchant! 'Tis the crest of the very Duke of Sussex!

 

TOBY: (Terrified) And what if the dinner is a trap for a sadist to cut our throats? What if the Duchess riddles us with arrows for sport!

JACKSON: That might well come to pass; folks who are bored are wicked. We must fly!

 

(At that moment enter the GIANTS returning, laden with three bags full of gold).

 

GIANT 1: River far. Map difficult. We not walk more.

GIANT 2: (Puts gold on the table) We want buy this stall. All. We want sell paper puppets and leather linens.

JACKSON: 'Tis a bargain! The stall is yours, the cross-eyed Saint is yours, and the debts to the Crown likewise.

TOBY: (Tying his latchets for the last time) Let us away, Patron! Let us to the Continent to walk the Way of Saint James! They say over there the saints fly through the air and men are born in flowerpots!

GIANT 1: That be true, we walk that path before.

GIANT 2: Much too crowded with pilgrims. London is more cool.

JACKSON: Say no more! To the docks to take a ship! Run as if the devil himself trod upon your heels!

 

(JACKSON, Toby, and TOBY bolt out laughing hysterically with their bags of gold. The two Giants stand behind the stall. One puts the cross-eyed Saint Sebastian on his shoulder, and the other begins fastening his boot-latchets exceedingly solemn).

 

GIANT 2: London Cool?

GIANT 1: Yea. We be very happy here.

GIANT 2: Every day we learn more… London, very happy.

 

(Y… Colorín colorado, this interlude is ended).

 

FINAL CURTAIN