CITAS RÁPIDAS PARA HUMANOS
DESESPERADOS
(INSTRUCCIONES PARA UN TOTAL FRACASO)
Comedia Meta-teatral en Un Acto
De Benjamin Gavarre
© Benjamín Gavarre Silva
PERSONAJES
·
JULIÁN: El director y coach de citas. Apasionado, intenso, interrumpe
constantemente.
·
ELENA: Ejecutiva perfecta, dice ella. Quiere una segunda oportunidad. Corre,
ve y dile… Armada con binoculares gigantes.
·
MATEO: Galán moderno por obligación. Distraído crónico, atrapado en sus
propios pensamientos de tuercas y motores. Muere por Checo Pérez.
·
BEATRIZ: La mujer libre y desafiante. Madura, sin culpas, misteriosa con lo que
hace con su dinerito.
·
RODOLFO: Caso perdido. Donjuán anacrónico. Tiene 30 años pero actúa como de 50.
Nervioso ante los encantos de Julián.
·
LUISITO: El actor comodín y asistente de producción. Hace todos los extras,
esclavo de los caprichos del director. Tierno de corazón y fácil de ser
flechado.
ESTRUCTURA DEL CORO
Cuando las citas fracasan o la
tensión sube, los personajes que están en la penumbra se dividen en dos bandos
coreográficos:
·
CORO DE MUJERES (La arma de tos): Exponen el defecto evidente.
·
SEMICORO DE HOMBRES (No es para tanto, no se peinen): Intentan defender lo
indefendible o desvían el tema.
ESCENA 1: EL BANDERAZO DE SALIDA
(El escenario está en penumbra.
Hay cuatro mesitas individuales con dos sillas cada una, distribuidas por el
espacio. Cada mesa tiene un reflector cenital apagado. JULIÁN de pie al frente,
con un silbato al cuello y una libreta de notas).
JULIÁN: ¡Alto todo el mundo!
Bienvenidos al ensayo. Olvídense del romance: esto es una ruleta rusa. El amor
es una farsa rápida donde el destino siempre nos tiene una mala jugada
preparada, un esqueleto en el armario, una ilusión que se niega a desaparecer
aunque nos den con un ladrillazo en la cara... ¡No, ya te dije que no,
Vladimir, qué no entiendes! ¡Iluso! (Carraspea) Ejem, perdón la
proyectadota… Equipo: vivan la neurosis y, si el impulso los domina, salgan del
personaje y lo debatimos. ¡Citas rápidas para humanos desesperados! ¡Silbato,
luces y Luisito, listos: que comience el desmadre… ejem… ¡desastre!
(Sopla el silbato con fuerza).
ESCENA 2: CITA 1 – EL MALENTENDIDO DE LOS CABALLOS
(ELENA y MATEO se sientan en la
Mesa 1. Elena quiere lucir como la ejecutiva perfecta. Mateo sonríe con
galanura artificial, sus ojos están un poco perdidos).
MATEO: (Con voz profunda, mirándola
fijamente) Siento una conexión. Una energía salvaje. Como si el destino nos
hubiera arrojado a la misma pradera.
ELENA: (Encantada) ¡Ay, Mateo!
Qué poético. Yo también siento eso que dices.
MATEO: Es que no puedo dejar de pensar
en ellos. En los caballos.
ELENA: ¿Los caballos? ¡Qué delicia! Te
imagino cabalgando libre, el viento en el rostro, un jinete dominando la
naturaleza...
MATEO: Hablo de los caballos de
fuerza. Del motor V6 híbrido… ¡Fórmula Uno! (Se le van los ojos) A mí…
Ferrari me vuelve loco.
ELENA: (Parpadeando, descolocada)
¿Ferrari? ¿Tú también con la maldita Fórmula Uno? ¡Es nuestra primera cita,
caramba!
MATEO: ¡Es que si no configuran bien
la carga, los caballos no rinden! (De la nada, empieza a tararear con ritmo)
"Y así... ¡así no te amará jamáaaaas!"... Perdón, se me pegó esa
canción en la mañana. Por cierto, ¿viste lo bobo que estuvo Colapinto en el
último circuito? Checo, mi rey, como siempre… ¡Papá!
ELENA: (Con cara de sanseacabó)
¿Ferrari? Colapinto, Checo… y seguro te gusta Verstappen.
MATEO: ¿¡También a ti te gusta!? Ah,
mira, tenemos un punto de conexión.
ELENA: (Ya para sí misma, ignorando
a Mateo. Sin retorno) Igual que mi último marido... ¿Por qué los hacen a
todos así? ¡Por qué!
(Elena, furiosa, abre su bolso
de manera exagerada, saca los binoculares gigantescos, se los planta en la
cara, ignora por completo a Mateo y se gira a espiar la Mesa 2).
ESCENA 3: EL ESPIONAJE Y EL TRASERO DEL DIRECTOR
(En la Mesa 2 están RODOLFO y
BEATRIZ. Rodolfo está sumamente rígido, vestido como un señor mayor. Beatriz
bosteza).
RODOLFO: El cortejo ya no es como antes,
señorita Beatriz. Yo… soy un firme creyente de las buenas costumbres.
BEATRIZ: (Toda una dama) Es usted
un buen hombre, se nota que es muy decente y que ha recibido una educación muy
sólida.
(Julián se acerca a la Mesa 2
por detrás para corregir la postura de Rodolfo. Se agacha exageradamente,
dándole la espalda al público).
ELENA: (Mirando por los
binoculares, estalla en risas) ¡No puede ser! ¡Hay que ver eso! ¡Chisme
viral, al menos!
RODOLFO: (Intentando hablar
formalmente, pero con los ojos clavados en los pantalones de Julián. Se traba)
Porque los buenos traseros, digo… las... las buenas costumbres... Qué bárbaro,
qué buenas costumbres… Sí, las buenas costumbres implican observar... semejante
panorama... Como las del futbolista al menos… ¡No lo puedo soportar!
ELENA: (Gritando desde su mesa)
¡Qué caray, Rodolfo! ¡Ya deja de verle el trasero al direc! ¡Ja, ja!
RODOLFO: (Sudando frío, saliendo del
personaje) ¡Te pasas, Elena, yo solo estaba concentrado en mi escena!
¡Andas de chismosa! ¡Y además Julián tiene la culpa, se me puso en la cara! ¡A
tres centímetros!
BEATRIZ: (Riéndose) Ah, Rodolfo,
yo estoy de acuerdo, lo que sea de cada quién el direc rifa.
RODOLFO: Ya serios… Y usted más… que es
una dama respetable.
ESCENA 4: LA INTERRUPCIÓN METATEATRAL DE JULIÁN
(Julián se incorpora de golpe y
da un aplauso ensordecedor).
JULIÁN: ¡Serios por favor!… ¡Ya fue
demasiado! ¡CORTEN! (Los actores se relajan) Elena, bien los
binoculares, bien. Pero deberías sacarte más de onda, más indignada, como si el
director fuera tu novio y te lo bajara un hombre. ¡Luisito! ¡Entra, Luisito!
(LUISITO entra arrastrando los
pies, con una playera vieja de rayas rojas o azules, marinerito arlequín).
LUISITO: Para qué soy bueno…
JULIÁN: Toma los binoculares de Elena.
Haz como si espiaras a Rodolfo viéndome las nachas. ¡Yo lo haría, pero no puedo
ser juez y parte!
LUISITO: (Toma los binoculares de
mala gana, mira a Rodolfo sin emoción) Ah, miren, Rodolfo le mira las
nachas al Dire.... Qué barbaridad. Híjole… ¿Así? O más saque de onda.
JULIÁN: ¡Pésimo! ¡Como actor eres una
ruina! ¡Quítate, mejor lo hago yo! (Le arrebata los binoculares, se tira al
piso de rodillas con desesperación melodramática) ¡Pero qué está pasando en
este mundo! ¡Ya no hay moral! ¡Yo sé que me queda muy bien el pantalón! ¿Pero
hay que ser tan evidente?… ¡Un poco más de respeto a mi físico envidiable! (Todos
le aplauden, algunos con ganas, otros con ironía; Rodolfo incluso lanza
¡Vivas!) Suficiente, vamos, vamos a lo que sigue. ¡Rotación!
(Suena el silbato que indica la
transición).
ESCENA 5: CITA 2 – EL POETA Y LA MECÁNICA
(Suena el silbato. Rodolfo se
mueve a la Mesa 3 con Elena. Mateo se mueve a la Mesa 2 con Beatriz. Enfocamos
primero la Mesa 3).
RODOLFO: (Intentando recuperar su
dignidad) Señorita Elena, para olvidar los exabruptos anteriores... déjeme
hablarle desde el alma. Conozco unos versos sublimes: "Pues bien, yo solo
quiero decirte que te quiero... decirte que te adoro con todo el corazón".
ELENA: (Mirándolo con desprecio)
¿Eso lo sacaste de una tarjeta postal coyoacanera?
RODOLFO: ¡No! Es la obra cumbre de un
poeta trágico. Manuel Acuña.
ELENA: "Nocturno a Rosario",
mi rey. Y usar versos de un muerto en una primera cita no es romántico, es
tétrico. Eres el tipo de treinta años más rancio, aburrido y raro que me ha
tocado en la semana. ¿Y maricón y poeta?... Bien, finalmente es muy común, mi
buen “amigo”.
RODOLFO: (Saliendo de personaje)
No uses palabras ofensivas, Elena. Prefiero LGBT y poeta… ¡Señor director!
ELENA: Ya, perdón, ese fue mi
personaje, no yo, ya sabes que no tengo pedos… (Incisiva) ¿LGBT? Qué
moderno… jaja.
RODOLFO: ¡Señor director!
(La luz cenital de la Mesa 3 baja a medio tono e ilumina por completo la
Mesa 2: Mateo y Beatriz).
MATEO: (Mirando fijamente las manos de Beatriz, completamente abstraído)
Tus manos son fascinantes, Beatriz. Son pequeñas, fuertes... sensuales. Tienen
esa firmeza de quien sabe ajustar una suspensión sin dudarlo.
BEATRIZ: (Sonriendo con picardía, abanicándose) ¿Ah, sí, Mateo? Qué
observador. No cualquiera nota que me paso los fines de semana cubierta de lodo
en una pista de motocross, o desvelada viendo las clasificaciones del circuito
de Mónaco.
MATEO: (Fascinado, se acerca más, rompiendo toda la galanura artificial)
¡No lo puedo creer! Estoy en éxtasis... ¡Por fin una mujer que entiende de
revoluciones por minuto! Yo finjo ser el galán moderno porque Julián me obliga,
pero... me vuelve loco tu mundo de combustión, neumáticos al límite y olor a
asfalto derretido. ¡Beatriz, eres pura adrenalina a trescientos por hora en un
mundo que camina con el freno de mano puesto!
BEATRIZ: (Seductora, se inclina hacia él de golpe, cerrando el abanico con un
golpe seco) Entonces más vale que te abroches el cinturón, Mateo... porque yo
no sé usar los frenos.
JULIÁN: (Interrumpiendo desde la penumbra, emocionado) ¡Eso! ¡Fuego puro! ¡Esa
tensión sexual sí se puede ver! ¡Mantengan esa energía para el coro!
ESCENA 5B: LA PROYECTADA TELEFÓNICA DEL
DIRECTOR
(De pronto, el celular de JULIÁN suena con un
tono ridículamente dramático de ópera. Julián interrumpe la escena furioso).
JULIÁN: ¡CORTEN!
¡CORTEN! ¿Quién demonios no puso su celular en vibrar? (Revisa su propio
bolsillo, se congela) Ah, es el mío. Un segundo, es mi terapeuta... o mi
ex, que para el caso es el mismo infierno. (Contesta, paseándose como león
enjaulado) ¿Bueno? ¡Te dije que no me llamaras, Vladimir! ¡Estoy en pleno
clímax creativo! ¿Que si saqué mis cosas de tu departamento? ¡Hasta el último
calcetín! ¿Y sabes qué se proyecta en esta obra? ¡Tu maldito egoísmo! ¡Tú eres
la ruleta rusa de mi vida, un esqueleto que se niega a salir de mi armario! (Cuelga
dramáticamente, azota el aire, respira agitado. Los actores lo observan
congelados. Carraspea, recuperando la compostura de golpe) Ejem... perdón
la catarsis vecinal. El teatro es terapia. ¿En qué estábamos? ¡Ah, sí! ¡Mateo,
Beatriz! ¡Me encanta esa tensión de asfalto derretido y pecado! ¡Elena, deja de
espiar a Rodolfo y métete con ellos! ¡Huele a chisme! ¡Suelta la bomba!
ESCENA 6: EL JUEGO DEL CORO Y EL SEMICORO
(Rompimiento. Las luces cenitales de las mesas
se apagan de golpe. Se enciende una luz fría. Los actores se agrupan
rápidamente en los costados, adoptando poses dramáticas exageradas).
CORO DE MUJERES (ELENA, BEATRIZ): (Avanzando un paso, apuntando con el dedo
al público) ¡Alerta roja! ¡Bandera roja! Mucho ruido y pocas nueces, ¡mejor
solas que mal acompañadas!
SEMICORO DE HOMBRES (MATEO, LUISITO, RODOLFO): (Dando un paso al frente) ¡Alerta
roja! ¡Bandera roja! ¡Mucha demanda para tan poca oferta! ¡Más vale solos que
mal acompañados!
CORO DE MUJERES (ELENA, BEATRIZ): Saquen sus trapos al sol, saquen los
esqueletos del armario.
SEMICORO DE HOMBRES (MATEO, LUISITO, RODOLFO): Saquen sus miserias a orear, ¡huelen a pecado
y se nota!
ELENA: (Rompiendo
la formación con saña, empujando a Beatriz fuera del grupo) ¡Que hable
Beatriz! Que mucho se la da de dama respetable, pero ya Mateo le descubrió el
gusto por el asfalto derretido y las carreras clandestinas. ¡Yo ya me conozco
sus trapitos!
BEATRIZ: (Descolocada por la traición, defendiéndose) Yo por lo menos
tengo una vida, Elena. No uso binoculares de chismosa profesional, te sabes los
secretos de todo el edificio. ¡Búscate un novio, un perro, y déjanos vivir!
ELENA: (Ofendida)
¿Chismosa yo? ¡Solo repito lo que gritan las paredes! El sábado pasado te
vieron de manita sudada con el repartidor de pizza… ¡Y dicen que le diste un
fajo enorme de billetes!
(Todos en el escenario ahogan un grito de
sorpresa exagerado y se acercan como vecinos metiches).
MATEO: (Dando
un paso al frente de inmediato, defendiendo a Beatriz con energía desbordada)
¡Un momento! ¡Si era el chico de la moto roja, ese motor tiene un carburador
modificado que rinde el doble! ¡Beatriz solo estaba financiando la ingeniería
local! ¡Y el poliamor es aerodinámico, Elena, no seas anticuada!
ESCENA 7: EL GRAN DESCUBRIMIENTO DE LOS
ESQUELETOS
JULIÁN: (Saltando
de su silla, emocionado) ¡Eso! ¡La defensa mecánica y el veneno vecinal son
oro puro! ¡Desnuden sus vicios privados! ¡A ver, Beatriz!
BEATRIZ: (Sin culpa, cruzándose de piernas con orgullo) A ver, ¿ya me
salieron todos persignados? Vivimos en una gran ciudad, no en un pueblito
moralino. Sí, le di un fajo de billetes. Y Marco, “El repartidor”, entregó su
alma y su cuerpo en una noche fabulosa de animación y entretenimiento. Por eso
le pagué muy bien. ¡Y Mateo está más que invitado a la próxima para que revise
la suspensión!
MATEO: (Orgulloso,
acomodándose el cuello) ¡Acepto el desafío mecánico!
ELENA: (Avanzando
al frente, exasperada, con voz quebrada) ¡Ay, por favor, Betty! ¿De como cuánto
es tu pensión? ¡A tus años debes tener un fideicomiso entero para pagar
colágeno motorizado y gigolos pizzeros! (Se le sale lo vulnerable) ¡Y eso
la verdad no es justo! Una se mata doce horas en la oficina corporativa, compra
lencería cara, lee libros de superación personal, ¡y solo me buscan tipos que
quieren que les pague la terapia o que me hablan de Manuel Acuña! ¡Tú te
consigues un pizzero stripper y yo solo colecciono exmaridos aburridos!
BEATRIZ: (Ablandándose un poco, divertida) Bueno, Elena... el secreto
está en soltar el freno de mano. Pero tú prefieres el chisme.
ELENA: (Respingando,
tratando de recuperar la pose de ejecutiva, pero destilando envidia) ¡Mosquita
muerta! ¡De dama respetable solo tienes tu carísimo maquillaje, Zorra!
ESCENA 8: LA LIBERACIÓN DE RODOLFO
RODOLFO: (Da un golpe en la mesa y se pone de pie con los ojos iluminados)
¡Ya basta! ¡Saben qué... Beatriz y Mateo tienen razón! ¡Al diablo las
apariencias, al diablo, Manuel Acuña, y al diablo las simulaciones!
JULIÁN: (Tomando
notas, emocionado) ¡Sí! ¡Vamos al quiebre! ¡Al despertar del personaje!
RODOLFO: Es cierto: ¡Intento jugar al donjuán con las mujeres para encajar en
esta sociedad, pero la verdad es que... también los hombres me laten! ¡Me ponen
mal! ¡Y tú, Julián, con esos pantalones ajustados de director, me tienes sin
respiración desde las lecturas de mesa!
(Silencio dramático en el escenario. Julián se
queda paralizado con el bolígrafo en el aire).
JULIÁN: ¡Sublime!
¡Qué giro dramático! (Se acomoda la playera, halagado) A ver, mi cuerpo
es una obra de arte, lo sé, pero yo soy el director; no puedo involucrarme, no
sería prudente. ¡Necesitamos un sustituto de urgencia! ¡Luisito! ¡Entra como el
comodín del amor!
LUISITO: ¿Otra vez? ¡No, espérate, Julián! Soy asistente de producción, no el
sacacorchos de Rodolfo.
JULIÁN: ¡Es por
amor al arte, Luisito! ¡Y tú amas el teatro, lo sé! ¡Siéntate ahí! (Sienta a
Luisito en una silla) ¡Acción!
RODOLFO: (Mira a Luisito, sonríe relajado, divertido) Hola... me gusta tu
playera rota. Es muy... urbana.
LUISITO: (Tímido) ¿En serio? La saqué de la basura del teatro... pero
gracias. Oye, ¿te gusta el cine de terror de bajo presupuesto?
RODOLFO: ¡Me encanta! ¡Es mi placer culposo! Sabes que tienes una bella sonrisa.
LUISITO: (Menos tímido) ¿De veras? Nunca me lo habían dicho…
(Luisito y Rodolfo se miran con ojos de
enamorados).
(El Coro y Semicoro se unen en el fondo y
empiezan a aplaudir rítmicamente, celebrando el amor inesperado).
CORO (Elena y Beatriz): Son novios, se quieren… Son novios.
SEMICORO (Mateo): Son novios, son novios…
TODOS: Se tocan
sus partes, se besan, se agarran…. Sus partes…
ESCENAS 9 Y 10: EL CLÍMAX DEL ABSURDO (EFECTO
SLAPSTICK)
JULIÁN:
¡Excelente! ¡Pero no debemos parar! ¡Ronda relámpago de la desesperación
urbana! ¡Rotación absoluta! ¡Muevan las mesas!
(Comienza una secuencia coreográfica muy
rápida. Luces de discoteca. Luisito entra y sale corriendo con accesorios. Los
cables de los personajes se cruzan por completo debido a la velocidad).
MATEO: (A
Beatriz, cruzándose en el escenario) ¡Beatriz, tu motor necesita un cambio
de aceite urgente!
BEATRIZ: (Esquivándolo con un paso de baile) ¡Y tú una mujer de puro
fuego en la pista, guapo!
RODOLFO: (Persiguiendo a Luisito) ¡Luisito, no iremos al cine, tú eres mi
estreno mundial!
ELENA: (Se
planta al frente del escenario, se pone los binoculares gigantes al revés por
la prisa, se los acomoda bien y apunta directamente hacia la cabina de
técnicos, gritando con una sonrisa enorme de loca divertida) ¡A la chingada
las apps de citas! ¡El técnico de las luces me está mandando señales de humo
con los reflectores! ¡Y tiene unos brazos que sostienen cables de alta tensión!
¡Ese es mi tipo! ¡Voy por ti, guapo!
LUISITO: (Vestido de mesero, interrumpiendo a Rodolfo, con el celular pegado
a la oreja) ¿Bueno? ¿Vampiros Karatecas a sus órdenes? (Conquistador) ¡Su
cuenta, caballero! ¡Son quinientos pesos de propina y un beso de Luisito!
RODOLFO: ¡Venga el beso!
JULIÁN: (Gritando
subido en una silla) ¡Y Vladimir es un maldito narcisista! ¡Más ritmo! ¡Más
velocidad! ¡Quiero más intensidad! ¡Colapsen, actores, colapsen!
(Los actores corren a toda velocidad
cruzándose en escena. En el frenesí, Mateo choca con la mesa de Rodolfo,
Rodolfo tropieza y cae sobre Luisito, Elena pierde el equilibrio intentando
coquetearle a la cabina y tira sus binoculares, y Beatriz choca de frente con
Mateo, tirando un par de sillas. Todo termina en un verdadero desastre físico,
con los actores enredados en el suelo, exhaustos y en posiciones ridículas.
Elena queda abrazada a una de las piernas de Mateo como si fuera un poste).
ESCENA 11: EL QUIEBRE META-TEATRAL
JULIÁN: (Sopla
el silbato tres veces con desesperación desde arriba de la silla) ¡CORTEN!
¡CORTEN! ¡CORTEN!
(El caos se detiene en seco. Entra la luz
blanca y cruda de un ensayo de mediodía. Los actores se quedan tirados,
exhaustos sobre el piso y las mesas rotas, sudando y respirando agitados).
JULIÁN: Hermoso...
de verdad, qué joya de arco dramático. El caos de la urbe personificado en sus
cuerpos neuróticos. Es arte puro, muchachos. Estética del desastre.
ELENA: (Fuera
de personaje, soltando la pierna de Mateo, incorporándose con dificultad,
quitándose un tacón y sonriendo aliviada) Julián... el ensayo va increíble,
en serio... pero estamos fundidos. Siento que corrí un maratón con tacones de
aguja.
MATEO: (Quitándose
el saco, sobándose la rodilla) Sí, mi direc... el cuerpo ya no da para más.
Se me acalambró el esternón. Pero agarramos buen ritmo, ¿qué no?
RODOLFO: (Dándole una palmadita amistosa a Luisito mientras lo ayuda a
levantarse) Yo digo que el trabajo de hoy ya dio sus frutos. ¿Qué les
parece si vamos por unos tacos y unas cervezas bien frías aquí a la vuelta? Yo
invito.
ELENA: (Sacudiéndose
el saco, compasiva y risueña) Si Rodolfo invita, yo voy. Pero mejor nos
quedamos aquí y pedimos una pizza... prometo no espiar al repartidor
poliamoroso, Betty.
BEATRIZ: (Riéndose, dándole un abrazo de lado a Elena) Ay, Elenita, si
quieres yo te paso el contacto de Marco, tiene un amigo mecánico que te va a
encantar. ¡Salgamos, necesitamos aire! Tacos está perfecto.
RODOLFO: ¡Y cervezas!
LUISITO: ¡Y muchas cervezas!
JULIÁN: (Fascinado,
bajándose de la silla y guardando su libreta) ¡Aceptado! Nos ganamos a
pulso ese descanso. Váyanse yendo, los alcanzo en dos minutos.
(Los actores se levantan riendo, se abrazan
por los hombros, juntan un par de sillas caídas y van saliendo hacia los
camerinos. Elena va del brazo de Beatriz, riendo. Julián se queda solo en el
centro. Camina hacia el proscenio, mira directamente al público con una sonrisa
cómplice y reflexiva).
JULIÁN: Nota
mental para el estreno... El fracaso amoroso casi siempre tiene un
premio de consolación.
Julián guiña un ojo al público.
OSCURO RÁPIDO
FIN DE LA OBRA