
TRES NO SON MULTITUD
(El jardinero de bronce)
Farsa onírica y absurda en un prólogo, tres actos y
cinco cuadros
Autor: Benjamín Gavarre | para dramavirtual.org
TRES NO SON MULTITUD (EL JARDINERO DE BRONCE). © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under CC BY-NC-ND 4.0
INTRODUCCIÓN
En
los suburbios estadounidenses de color pastel, la felicidad no es un estado de ánimo, sino un
reglamento de urbanismo. Esta farsa onírica y absurda se instala en ese limbo
de sonrisas quirúrgicas, copas vacías de acrílico neón y jardines podados con
precisión militar para diseccionar, a carcajadas, la hipocresía de la
corrección política y el fetichismo racial. Aquí, la falsa tolerancia
progresista salta por los aires cuando el deseo —ese jardinero silencioso que
no pide permiso en la caseta de vigilancia— se cuela hasta la sala de estar.
A
través de un minimalismo pop saturado, donde los objetos reales conviven con el
vacío y la gestualidad estilizada sustituye a las herramientas, la obra
invierte los espejismos de la belleza hegemónica. El complejo pigmentocrático
se desmorona frente a la contundencia estética del bronce, los champiñones
silvestres derriban las fajas de la moral conservadora y el sacrosanto
matrimonio de catálogo descubre que, para sostener el techo del Sueño
Americano, dos son una hipoteca aburrida, pero tres son una obra de arte
conceptual.
PERSONAJES
- TIFFANY
(La Novia): Rubia
platinada con un peinado monumental e inmóvil. Tiene la sonrisa
perpetuamente congelada por el bótox: jamás baja las comisuras, ni
siquiera en pleno ataque de ira. Viste un vestido nupcial corte sirena
color rosa pastel y un delantal de tul celeste. Oculta un embarazo de ocho
meses bajo una faja ortopédica de alta compresión.
- HUNTER
(El Novio): Gigante
rubio, simpático, generoso, de bronceado artificial anaranjado y mente
transparente. Viste un esmoquin color azul bebé con solapas de satén y sin
camisa debajo. Todo le entusiasma y carece por completo de malicia o
filtro social.
- MARTHA-MAY: Vecina ultraconservadora vestida de
amarillo canario riguroso, guantes blancos cortos y un larguísimo collar
de perlas enormes. Relata las tragedias mortales ocurridas en su jacuzzi
con la misma cadencia con la que daría una receta de galletas, mientras reprime
a duras penas una lujuria volcánica.
- RAMIRO
MARTÍN: Paisajista
y artista conceptual mexicano. Viste pantalones negros de corte sastre
manchados de polen y un chaleco oscuro ajustado con hebillas metálicas
sobre los brazos desnudos. Es de una belleza escultórica e hipnótica —un
Alain Delon prieto de pómulos afilados y mirada melancólica—, pero vive
acomplejado pensando que su piel morena es un defecto estético. No lleva
herramientas encima; cuando habla o se pone nervioso, sus dedos ejecutan
en el aire una leve y rapidísima cadencia de pinza y caricia, el tic
inconsciente de un escultor virtuoso que a todos los presentes les sugiere
una destreza manual tan artística como erótica.
- SHANIQUA
Y SOLANGE:
Pareja interracial de lesbianas recién mudadas a la casa contigua. Shaniqua
es una poeta afroamericana radical vestida con un caftán geométrico color
violeta eléctrico y gafas de armazón blanco. Solange es una abogada
corporativa latina de traje sastre verde esmeralda y carpetas jurídicas
bajo el brazo.
PUESTA EN ESCENA Y ESCENOGRAFÍA
El
escenario representa un salón suburbano de geometría impecable y colores
saturados: paredes invisibles delimitadas por marcos flotantes color menta, un
sofá curvo amarillo mantequilla, una mesa de centro de acrílico fucsia, una
alfombra circular color turquesa y, al fondo, tres arbustos sintéticos gigantes
podados con formas caprichosas de cisnes y espirales. A un costado brilla un
carrito de bar dorado con copas vacías de plástico neón, una fuente cromada
para salsa de queso, una bandeja de plata con domo y un pedestal con un
micrófono retro cuyo cable cortado cuelga a medio metro del suelo. La pantomima
y los efectos vocales puntuales irrumpen únicamente como estallidos rítmicos y
estilizados cuando la falsedad social se desborda.
PRÓLOGO ESCÉNICO
Antes de que se enciendan las luces del salón, el
escenario está sumergido en una penumbra azul eléctrica. Suena una música de
elevador de los años cincuenta, excesivamente dulce, tocada con theremín y
campanillas de cristal.
Un único reflector cenital color rosa chicle
ilumina el centro de la alfombra turquesa. Aparece RAMIRO de espaldas al
público; camina en cámara lenta hacia los tres arbustos sintéticos del fondo.
Se detiene frente al arbusto con forma de cisne. No lleva tijeras ni
herramientas, pero levanta ambas manos a la altura de su rostro: sus dedos
comienzan a moverse en el aire con una velocidad hipnótica, ejecutando pinzas,
giros y caricias invisibles. Con cada movimiento de sus falanges, caen desde el
techo puñados de pétalos brillantes de papel metálico y suena un suspiro
femenino amplificado con eco en los altavoces.
A su izquierda se enciende un segundo reflector
sobre TIFFANY, quien se coloca la faja ortopédica con gestos mecánicos de
muñeca de cuerda mientras ensaya su sonrisa inmóvil frente a un marco vacío. A
la derecha se enciende un tercer reflector sobre HUNTER, que lustra sus propias
manos blancas con un paño de seda, y sobre MARTHA-MAY, que pasa las cuentas de
su collar de perlas como si fuera un rosario erótico sin dejar de mirar la
espalda de RAMIRO.
Por un lateral entran SHANIQUA y SOLANGE a paso
redoblado, plantando un letrero invisible de «VENDIDO» en el borde del
proscenio con un golpe seco de tacón.
VOZ EN OFF (Con tono de locutor de comercial de
electrodomésticos de 1955): Bienvenidos a Colinas del Edén Privado. Cielo
despejado, cero por ciento de humedad, noventa y nueve por ciento de fibra
sintética. Recuerden nuestras tres reglas de convivencia: no pisen el césped,
no mezclen los colores primarios y, bajo ninguna circunstancia, miren
directamente las manos del jardinero.
RAMIRO gira el rostro sobre su hombro hacia el
público; un destello dorado ilumina sus pómulos color bronce. Todos los
personajes en escena sueltan un jadeo simultáneo y se congelan en sus puestos.
Estalla la luz cenital amarilla sobre todo el escenario y arranca
inmediatamente el Cuadro I.
ACTO PRIMERO: LA SIMETRÍA DEL
CÉSPED SINTÉTICO
CUADRO I: El cóctel de la
contención blanca
Luz cenital brillante, sin una sola sombra en el
escenario. TIFFANY, HUNTER y MARTHA-MAY están sentados en el sofá amarillo
mantequilla sosteniendo copas de acrílico vacías. Permanecen congelados en una
pose de fotografía publicitaria durante diez segundos hasta que TIFFANY habla
sin mover los labios.
TIFFANY (Con la sonrisa clavada en las orejas):
Brindemos otra vez, pero sin líquido para no manchar la alfombra turquesa. Uno,
dos, tres: sonido de prosperidad.
LOS TRES (Chocando las copas de plástico vacías en el
aire con delicadeza extrema): ¡Tilín-tilín, burbuja, burbuja, pssss!
HUNTER (Deja la copa en la mesa fucsia y levanta sus
dos manos abiertas frente a su rostro, maravillado): Míralas bien, Tiffany.
Mis manos blancas americanas. Anchas como espátulas de repostería, rosadas, sin
un solo callo. Cuando las pongo contra la luz del jardín, parecen dos filetes
de pavo real recién horneados. Con estas manos te cargué al cruzar el umbral y
con estas manos voy a aplaudir cada vez que nuestra cuenta de ahorros genere
intereses.
TIFFANY (Intenta respirar hondo, pero su torso rígido
se lo impide; se presiona el vientre con el delantal de tul y emite un único
sonido vocal de válvula neumática): ¡Pffffff-clic! Son divinas, cariño.
Unas manos que nunca han tocado tierra húmeda ni han tenido que desatornillar
una tubería. Así debe ser el matrimonio: hermético, inodoro y sin pliegues en
la cintura.
MARTHA-MAY (Acariciando su collar de perlas mientras mira
fijamente los pectorales de HUNTER): Ay, queridos, no hablen de tuberías
tapadas que me pongo nostálgica. Mi difunto esposo Arthur —el segundo, el juez
de distrito, no el banquero que se resbaló con el jabón líquido— tenía unas
manos muy parecidas a las tuyas, Hunter, aunque con menos masa muscular. (Le
lanza una caída de ojos descarada al novio). El pobre Arthur cometió la
imprudencia de cenar un asado inglés de riñones con salchicha especiada el año
pasado, justo antes de meterse a nuestro jacuzzi a cuarenta grados.
TIFFANY (Sonriendo con ferocidad dental): Qué
anécdota tan digestiva para una boda, Martha-May. ¿Quieres un canapé de aire?
MARTHA-MAY (Ignorándola, acercándose un centímetro más al
muslo de HUNTER): Yo le advertí desde el borde de la terraza: «Arthur, el
riñón se hincha con el hidromasaje». Pero él quiso encender el chorro lumbar al
máximo. A los tres minutos dio un hipo seco y expulsó todo el asado de riñones
con salchicha directamente hacia el filtro central. (Hace un gesto elegante
con su guante blanco y emite un único sonido ridículo de desagüe).
¡Glup-plop! Se atascó la bomba de succión, el agua formó un remolino espeso y
Arthur entregó su alma al Creador entre rodajas de embutido flotante. (Toca
el hombro desnudo de HUNTER con la punta de un dedo). Qué desperdicio de
jacuzzi para un hombre con tan poca capacidad torácica... En cambio tú, Hunter,
tienes el tórax de un salvavidas bautista. Contigo el filtro jamás se
atascaría.
HUNTER (Sonriendo encantado, sin captar ni media
indirecta): ¡Muchas gracias, vecina! Es que yo mastico treinta y dos veces
cada bocado. Si quiere, un día de estos voy a su casa y le enseño a hacer
abdominales hipopresivos junto al agua para que no le vuelva a pasar.
CUADRO II: La invasión del
jardín vallado
Suena un timbre real, excesivamente largo y
melodioso, que reproduce los primeros compases de una marcha nupcial
electrónica. TIFFANY se levanta de un salto rígido, camina hacia el marco
flotante de la derecha y abre la puerta imaginaria. Entran SHANIQUA y SOLANGE
con paso firme; detrás de ellas aparece RAMIRO sosteniendo una factura de papel
rosa entre los dedos.
SHANIQUA (Observando el sofá amarillo y los arbustos del
fondo): Demasiado amarillo primario. Es el color de la culpa colonial
disfrazada de limonada. Buenas tardes, vecinos. Somos las propietarias de la
casa contigua y venimos a notificarles que su cisne de hojas sintéticas nos
está invadiendo el espacio aéreo.
SOLANGE (Mostrando una carpeta verde): Y que el
reglamento de la calle privada tiene tres cláusulas anticonstitucionales que
pienso tumbar antes del martes. Soy Solange y ella es mi esposa, Shaniqua.
TIFFANY (Sufre un microinfarto facial detrás de su
bótox. Al ver a RAMIRO esperando en el umbral, lo toma por las correas de su
chaleco y lo empuja hacia una silla de acrílico junto a la mesa):
¡Bienvenidas, qué alegría, qué frescura demográfica! ¡Y pasa tú también,
Ramiro, no te quedes ahí en el marco como un retrato triste! ¡Hoy no eres el
paisajista, hoy eres nuestro invitado de honor! (Abre los brazos hacia las
recién llegadas con pánico escénico). ¡Miren qué diversos somos en esta
calle privada! ¡Parejas modernas, profesionistas bilingües y miren nada más...
qué guapo es este hombre prieto!
La iluminación cambia de golpe: un reflector cálido
color ámbar recorta el rostro de RAMIRO. Mientras intenta disculparse, sus
manos se levantan a la altura del pecho y sus dedos hacen ese leve movimiento
rítmico, preciso y envolvente en el aire —como quien moldea pétalos invisibles
o acaricia el borde de una copa de cristal—. Las tres mujeres y HUNTER quedan
hipnotizados mirando el movimiento de esos dedos.
RAMIRO (Bajando las manos rápidamente al notar que
todos las miran): Perdón, es la costumbre de emparejar el follaje fino...
No me haga promoción, señora Tiffany, que me da pena con las visitas. Yo cuál
guapo voy a ser, si parezco escultura de barro sin barnizar en medio de tanta
porcelana fina. (Señala a HUNTER con sincera admiración). El guapo de
verdad es el señor Hunter. Mírenlo: rubio, altote, de ojo claro. Él es de los
blancos; eso de ser guapos les viene de fábrica, está en todas las películas
del cine y en los anuncios de relojes. Uno que es prieto nomás sirve para hacer
contraste junto a las hortensias.
MARTHA-MAY (Clavando las uñas en su collar de perlas,
hipnotizada por el leve movimiento que vuelven a hacer los dedos de RAMIRO
sobre su rodilla): ¡Santo cielo, jamás me había fijado en cómo mueve las
falanges! ¡Qué destreza, qué articulación tan cristiana y tan pecaminosa al
mismo tiempo! (Se inclina hacia él hablando con un acento gutural
espantoso). ¡No diga esou, caballierou! ¡Usted es muy guappou! ¡Esas manos
deben podar el jardín del Edén! ¡Muy guappou, mucho calientou!
SHANIQUA (Cruzándose de brazos, evaluándolo con
aprobación estética): Hermano, tienes el síndrome del espejo colonizado.
Tienes la estructura ósea de un dios olmeca tallado en obsidiana y te estás
comparando con un muñeco inflable de crema chantilly.
SOLANGE: Hazle caso a mi mujer, Ramiro. Con esa cara y esa
habilidad digital que te traes en las manos, en mi bufete ya te habríamos hecho
socio honorario.
HUNTER (Se levanta del sofá, genuinamente conmovido, y
se quita el saco azul bebé quedando a pecho descubierto): ¡Tienen toda la
razón, Ramiro! ¡No te menosprecies, amigo! ¡A mí también me hipnotiza cómo
mueves los dedos, parece que estás tocando un arpa chiquita! ¡Y mírate esos
pómulos: el prieto es sexy! ¡Todos aquí somos increíblemente atractivos! (Sin
transición alguna, adopta tres poses seguidas de fisicoculturista clásico,
tensando los músculos con una sonrisa angelical). ¡Doble bíceps por la
hermandad vecinal! ¡Perfil de pecho por la autoestima de Ramiro! ¡Músculo
dorsal por las nuevas vecinas!
MARTHA-MAY (Al ver el torso de HUNTER y las manos de
RAMIRO simultáneamente, se mete medio collar de perlas en la boca y lo muerde
con un crujido seco): ¡Crac-crac! ¡Jesús, María y el Comité de Damas
Voluntarias! ¡Abran el ventanal que se me está subiendo la presión arterial al
sombrero! ¡Tanta belleza masculina junta es más peligrosa que cenar salchichas
antes de nadar!
ACTO SEGUNDO: LA FERMENTACIÓN
DEL SUBURBIO
CUADRO III: Los champiñones
alucinógenos y la salsa de queso
TIFFANY levanta el domo plateado de la bandeja y
destapa la fuente cromada de salsa de queso amarillo fosforescente. La luz del
escenario se vuelve violeta y verde ácida.
TIFFANY (Repartiendo platos pequeños de acrílico):
¡Sirvamos el aperitivo antes de que la conversación se vuelva demasiado
anatómica! Champiñones silvestres recién cortados del jardín trasero bañados en
salsa tibia de queso procesado. ¡Coman todos, que es receta de revista!
Todos comen un bocado al mismo tiempo. Pasan tres
segundos de inmovilidad absoluta. De repente, los champiñones desatan una
euforia alucinógena y elástica en HUNTER, MARTHA-MAY y RAMIRO, mientras la
salsa de queso provoca un colapso digestivo en TIFFANY, SHANIQUA y SOLANGE. Es
el único momento del cuadro donde irrumpe el coro sonoro vocal.
TIFFANY, SHANIQUA Y SOLANGE (Doblándose ligeramente con
elegancia forzada mientras sus estómagos rugen al unísono): ¡Bor-bo-rig-mo,
glugluglu, pffff-crac! ¡Bor-bo-rig-mo!
HUNTER (Mirando la alfombra turquesa como si fuera una
piscina profunda): ¡Oigan, la alfombra está respirando! ¡Tenemos que bailar
sobre ella para que no se desinfle! ¡Música de bodas!
Empieza a sonar un vals de salón distorsionado y
lento que poco a poco se funde con una cumbia psicodélica de sintetizadores. En
un lado del escenario, SOLANGE toma a TIFFANY por la cintura y la conduce en un
vals dominante y seductor. TIFFANY intenta mantener la distancia por el bulto
de su vientre, pero se deja llevar, visiblemente halagada.
SOLANGE (Deslizando la mano por la espalda rígida de
TIFFANY): Deja de apretar los omóplatos, rubia. Detrás de esa sonrisa
quirúrgica y ese tul de pastelito nupcial se nota que te mueres por cruzar la
cerca hacia nuestro jardín.
SHANIQUA (Que baila sola haciéndose aire con una
carpeta, interviene con celos poéticos): ¡Glugluglu-brrrr! ¡Solange, te
estoy viendo! ¡Apenas llevamos media hora en el vecindario y ya estás
intentando expropiar a la esposa del rubio!
TIFFANY (Agitando las pestañas a toda velocidad sobre
su sonrisa inmóvil, excitada por la atención pero abrumada): ¡Qué cosas
dices, Solange, me pones la piel de gallina bajo el maquillaje en aerosol! Me
halagas muchísimo, tienes un porte ejecutivo fascinante... ¡pero te juro que yo
no soy lesbiana! ¡Es más, tengo la prueba viviente aquí adentro ahora mismo! (Se
da dos golpecitos secos en el vientre duro). ¡Una prueba irrefutable que
lleva meses formándose!
SOLANGE (Riendo mientras la hace girar): ¡No le
eches la culpa a tu orientación sexual por una indigestión de queso amarillo,
querida! ¡A todas nos está retumbando la panza igual!
Al otro lado del salón, el vals se convierte del
todo en cumbia rebajada hipnótica. RAMIRO toma a una tiesa MARTHA-MAY. No hace
falta que la apriete: basta con que mueva suavemente sus dedos a dos
centímetros de la cintura y el cuello de ella, como moldeando el aire a su
alrededor, para que MARTHA-MAY pierda el control motor.
RAMIRO (Con voz suave y cadenciosa, dejándose llevar
por el hongo): Suéltese tantito, doña Martha-May... deje que el ritmo le
empareje las ramas secas...
MARTHA-MAY (Temblando de pies a cabeza como una gelatina
en un terremoto, viendo las manos de RAMIRO moverse cerca de su rostro):
¡Ay, Dios de los Peregrinos, qué hace con esos dedos que siento que me están
podando el alma sin tocarme! ¡Qué guapo es usteud, ¿sí me entiendeu?! ¡Qué
facciones, qué calor tropical! (De pronto le da un espasmo monumental de
placer que le hace arquear la espalda sobre el sofá amarillo y le grita a
HUNTER con voz desgarrada). ¡ESTO ES SOLO SEXO, HUNTER! ¡NO ME JUZGUES, MI
GIGANTE RUBIO, ES QUE ES MUY GUAPO! ¡MIRA CÓMO MUEVE LAS MANOS, ES HUMANAMENTE
IMPOSIBLE RESISTIRSE!
HUNTER (Que está dando vueltas en cámara lenta
admirando sus propios antebrazos, les sonríe con total aprobación): ¡Ah,
sí, muy guapo! ¡Tú disfruta, Martha-May, no pasa nada! ¡Es sexy y guapo como
yo! ¡Qué bonito cuando todos los vecinos se gustan al mismo tiempo!
CUADRO IV: El poema incendiario
y la revelación genética
SHANIQUA, decidida a recuperar el control estético
y político de la velada, sube de un salto a la mesa de centro fucsia y toma el
micrófono del cable cortado.
SHANIQUA (Usando el micrófono
desconectado como cetro mientras la luz se vuelve roja): ¡Basta de vals
burgués! ¡Que suene el himno que va a revalorizar el metro cuadrado de esta
cuadra! ¡El blues de las mujeres que aman a las mujeres!
(Canta con voz profunda y magnética, llevando el compás con el tacón sobre
el acrílico):
¡Vivan las mujeres que aman a las mujeres!
¡Sin fajas de alambre ni falsos deberes!
¡Que caigan las cercas del barrio privado,
que el deseo femenino ya tomó el control del condado!
SOLANGE (Sube a la mesa junto a ella y le arrebata la
cintura con pasión renovada): ¡Esa es mi poeta! ¡Te juro por la Suprema
Corte que te amo solo a ti, Shaniqua! ¡Ya no iré tras la rubia platinada!
¡Además, acabo de atar cabos periciales y esa rubia guarda un secreto de ocho
meses debajo del delantal!
MARTHA-MAY (Toma el micrófono que SHANIQUA le pasa desde
arriba y habla como locutora de radio sensacionalista): ¡Yo lo confirmo
ante la junta de vecinos! ¡Cuando la abracé en la entrada sentí el contrabando!
¡El «embarazo prematuro» de Tiffany no es ningún milagro nupcial con Hunter!
¡Ese bebé que está a punto de botar el broche de la faja es fruto de una noche
loca en el invernadero con Ramiro! (Suspira extasiada al micrófono). ¡Es
que no soportaba lo guapo, guapo que es ese prietou! ¡Con esas manos que tiene,
cualquiera termina embarazada con solo pedirle un presupuesto de jardinería!
Estalla una breve y coreografiada pelea de utilería
blanda: vuelan cojines amarillos, servilletas neón y flores artificiales en
cámara lenta mientras todos hacen un único grito coral estilizado:
«¡Ahhhhh-plop!».
TIFFANY (Sube a la mesa de acrílico desplazando a las
vecinas. Con su sonrisa de bótox más radiante y psicótica que nunca, tira de
dos cintas laterales de su vestido; se escucha un estallido vocal colectivo
«¡PRRRRRR-PUM!» y su vientre de ocho meses emerge en todo su esplendor bajo el
tul): ¡Sí, fui yo! ¡Lo confieso! ¡Estábamos eligiendo el diseño de los
rosales, empezó a hacer ese movimiento hipnótico con los dedos explicándome
cómo injertar los tallos y perdí el conocimiento cívico! ¡Fue una noche de
pasión salvaje sobre el abono importado, pero escúchenme bien: mi bebé es mío y
miren, ya no lo voy a ocultar!
RAMIRO (Llevándose ambas manos al pecho, primero
ofendido en su dignidad de artista): ¡Oiga, no, cómo que suyo nomás! ¡Yo
puse la mitad del diseño conceptual en esa maceta! ¡Primero me tratan como
adorno exótico de la cuadra y luego me quieren borrar los créditos de autor! (Se
detiene en seco. Sus dedos hacen un rapidísimo floreo en el aire mientras
calcula la combinación en su cabeza. Sonríe deslumbrado). ¡Aunque
pensándolo bien... espérense tantito! Si usted es rubia como la nieve y yo
tengo este perfil que tanto les alborota la hormona... ¡Ah, mi hijo será muy
guapo! ¡Será blanco como Paul Newman, pero con mis bellas facciones!
SOLANGE, SHANIQUA Y MARTHA-MAY (Interrumpiéndolo al
unísono, señalándolo con el dedo): ¡Error de cálculo, papacito!
SOLANGE: ¡Objeción biológica! ¡Los genes prietos son
dominantes, Ramiro, eso lo sabe cualquier perito! ¡De blanco lechoso no va a
tener ni las uñas!
SHANIQUA: ¡Esa criatura va a salir medio café con leche, con
la melanina triunfante desde la cuna!
MARTHA-MAY (Abanicándose con las perlas rotas):
¡Tendrá un bronceado natural permanente de nacimiento! ¡Un bebé color caramelo
tostado con tus pómulos y esos deditos de pianista! ¡Qué envidia me da, no
necesitará lámparas de rayos uva jamás!
RAMIRO (Asimilando la revelación genética, inflando el
pecho con un orgullo inédito): ¿Café con leche? ¿Bronceado natural de
fábrica y con mis facciones? ¡Ah, pues entonces va a ser el niño más hermoso de
todo el continente! ¡El prieto dominante triunfó en los suburbios!
Todos los presentes —encabezados por HUNTER, que da
saltos de alegría— rompen en un aplauso entusiasta y rítmico.
ACTO TERCERO: EL NUEVO ORDEN
DOMÉSTICO
CUADRO V: La fiesta termina bien
La iluminación baja a un tono cálido color durazno
y azul crepuscular. Las invitadas recogen sus carpetas y guantes, dirigiéndose
hacia el marco de salida.
MARTHA-MAY (Mirando con desprecio aristocrático a SHANIQUA
y SOLANGE): Nos veremos mañana en la asamblea vecinal, señoras. Voy a
exigir que talen sus bambúes y que les prohíban cantar blues después de las
seis de la tarde. (Se despide de RAMIRO moviendo los dedos torpemente
tratando de imitarlo). ¡Adiós, escultura de bronce!
SOLANGE: Prepara a tus abogados, viuda del jacuzzi, porque
te vamos a embargar hasta las perlas que te tragaste. ¡Felicidades por el
heredero café con leche, vecinos!
Salen MARTHA-MAY, SHANIQUA y SOLANGE. El silencio
cae sobre el salón colorido. TIFFANY, HUNTER y RAMIRO quedan solos junto al
sofá amarillo. Toman tres copas vacías de acrílico neón, hacen el gesto de
beber hasta el fondo y, poco a poco, empiezan a reírse. Primero es una risa
contenida y luego una carcajada histérica, desatada y cómplice ante el absurdo
de su propia postal americana.
TIFFANY (Acariciándose el vientre libre mientras ríe
con su sonrisa eterna): ¡Mírennos! ¡La familia modelo del folleto
inmobiliario! ¡Sin una gota de champán real y con un bebé bronceado natural en
camino!
RAMIRO (Mirándose los brazos desnudos bajo la luz
cálida, moviendo sus dedos con elegancia segura): Oigan... tenían razón las
vecinas. Mírenme nomás el tono: hasta en la penumbra me brilla el bronce. Qué
tonto fui queriendo ser de harina teniendo este acabado de fundición artística.
HUNTER (Sentándose entre los dos y abrazándolos con
sus enormes brazos blancos): ¡Brillas increíble, Ramiro! ¡Pareces un trofeo
olímpico de bronce macizo! Y Tiffany se ve preciosa sin esa faja que hacía
ruidos raros. Oigan... ya que la casa es enorme, que el niño va a tener lo
mejor de los tres y que todos estamos tan guapos esta noche... ¿por qué no
vamos a estrenar el dormitorio principal juntos?
TIFFANY: Tres es un número impar excelente para la
decoración contemporánea.
RAMIRO (Sonriendo de medio lado mientras sus dedos
rozan suavemente el hombro de HUNTER y la mano de TIFFANY): Yo pongo la
técnica manual, ustedes ponen el entusiasmo.
HUNTER (Suspirando con timidez encantadora mientras se
levanta): Sí, por favor... nada más ténganme paciencia, ¿sí? Que esto es
nuevo para mí y me pongo nervioso cuando hay tanta simetría junta.
Los tres se dirigen al centro de la alfombra
turquesa. No hay cama alguna, pero los tres levantan el borde de la alfombra y
se meten gateando DEBAJO de una cama invisible, quedando con las cabezas juntas
asomadas hacia el público. La luz se cierra rápidamente sobre ellos hasta
quedar en oscuridad total. Tras dos segundos de silencio, los tres gritan al
unísono con júbilo fársico:
TIFFANY, HUNTER Y RAMIRO: ¡¡¡CRAC, PUM, YA SE ROMPIÓ LA
CAMA!!!
OSCURO
FINAL
FIN
