FAUSTO EN COYOACÁN
Una Comedia en Cuatro Cuadros sobre la Condenación (y otros problemas contemporáneos)
de Benjamin Gavarre
Esta obra está bajo la licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.
PERSONAJES:
FAUSTO: 38 años. Un académico y consultor hundido en la mediocridad de la hiperproductividad. Vive en una crisis existencial perpetua, convencido de que el alma humana se está evaporando a través de pantallas rectangulares y juntas virtuales interminables.
MEFISTÓFELES: Edad incalculable. Viste un traje sastre de lino impecable. Habla con la cadencia de un filósofo cínico y un aristócrata aburrido. El mal, para él, ya no es fuego y azufre, sino la optimización absoluta de la vida humana.
MARGARITA: 32 años. Ceramista, restauradora y dueña de un cinismo blindado. Vive en Coyoacán. Lee a Schopenhauer pero finge leer los astros para espantar a los turistas y a los esnobs.
DRA. MORALES: 45 años. Psicoanalista lacaniana de paciencia infinita. Intenta encuadrar los tormentos góticos de su paciente en los cómodos manuales de la psiquiatría moderna.
CUADRO PRIMERO: El Pacto en la Plaza
Lugar: La Plaza de la Conchita, Coyoacán. Cae la tarde. Las jacarandas tiran sus últimas flores. Hay un aire de melancolía colonial.
Acción: FAUSTO está sentado en una banca de hierro forjado, mirando al vacío. A su lado, alimentando a las palomas con migajas de un pan artesanal excesivamente caro, está MEFISTÓFELES.
FAUSTO
(Hablando solo, frotándose las sienes)
Y entonces la pantalla se congeló. Todos asintiendo en silencio, en sus pequeños recuadros, fingiendo que lo que hacemos importa. El infierno no son los otros, Sartre se equivocó. El infierno es una conexión inestable mientras discutes la "visión integral del proyecto". Mi reino por un solo momento de significado real. Vendo mi alma por sentir... algo que no sea fatiga.
MEFISTÓFELES
(Lanza una migaja con elegancia)
Tengo que admitir que el mercado de las almas está por los suelos. La inflación existencial las ha devaluado terriblemente. Pero la tuya, Fausto, tiene ese delicioso dejo de desesperación clásica que a los coleccionistas como yo nos fascina. Mefistófeles, a tus órdenes.
FAUSTO
(Gira lentamente, evaluándolo)
¿Eres uno de esos estafadores de bienes raíces que intentan comprar las casas viejas del barrio? Pierdes el tiempo. Yo solo rento. Y mi contrato de vida ya casi expira por agotamiento.
MEFISTÓFELES
(Ríe suavemente, un sonido que hiela un poco el viento)
Bienes raíces terrenales... qué vulgaridad. Yo gestiono propiedades más... íntimas. Escuché tu lamento al vacío. Y vengo a ofrecerte una salida de este bucle de mediocridad. Te ofrezco la absolución de la modernidad.
FAUSTO
¿Eres el diablo? Esperaba a alguien con cuernos, o al menos con una camiseta de criptomonedas.
MEFISTÓFELES
Los cuernos son un cliché del medievo, y las criptomonedas fueron una de mis pasantías más perezosas. No, Fausto. Yo represento el abismo refinado. ¿Quieres conocimiento absoluto? ¿Quieres seducir sin el tedio del cortejo? ¿Quieres vivir sin la fricción de la angustia?
FAUSTO
¿Sin la fricción? Eso suena a... anestesia.
MEFISTÓFELES
Suena a la perfección que tu especie persigue inútilmente. Yo te la doy. A cambio de tu espíritu, cuando termine la obra. Una simple transferencia de activos. Nada de firmas con sangre, la sangre mancha el lino. Un apretón de manos bastará.
FAUSTO
(Duda, mirando el cielo gris de la ciudad)
He pasado diez años estudiando filosofía para terminar vendiendo "estrategias de retención" a corporativos. Si el universo es un chiste, al menos quiero ser el que lo cuenta, no el remate.
(Fausto extiende la mano. Mefistófeles la toma. Las palomas de la plaza alzan el vuelo todas al mismo tiempo en un caos de plumas y un trueno sordo, invisible, sacude los adoquines.)
MEFISTÓFELES
Consummatum est. Ahora, sacúdete ese polvo de burócrata. Vamos a buscarte problemas reales.
CUADRO SEGUNDO: El Diván y el Demonio
Lugar: Consultorio de la Dra. Morales. Techos altos, paredes de adobe pintadas de blanco, un diván de cuero gastado y una biblioteca repleta de libros de Freud, Lacan y Jung.
Acción: FAUSTO camina de un lado a otro. La DRA. MORALES lo observa desde su sillón. MEFISTÓFELES está tumbado en el diván, hojeando un libro de psicología con evidente burla, invisible para la doctora.
DRA. MORALES
Fausto, la sesión pasada hablábamos de tu despersonalización en el entorno laboral. Hoy entras y me dices que eres el dueño del tiempo y la materia. Es un salto... drástico.
FAUSTO
¡Es que ya no hay límites, doctora! Ayer leí la Divina Comedia en toscano antiguo mientras resolvía un teorema matemático que llevaba siglos sin respuesta. Y lo del restaurante... ¿Le conté lo del restaurante?
MEFISTÓFELES
(Sin apartar la vista del libro)
Cuéntale cómo hiciste que el mesero olvidara su propia existencia con solo mirarlo. Fascinante ejercicio de nihilismo aplicado.
FAUSTO
(A Mefistófeles, en un susurro colérico)
¡Tú cállate, que el mesero terminó llorando en la cocina!
DRA. MORALES
(Anotando cuidadosamente)
¿Le hablas a tus proyecciones, Fausto? Has materializado tu deseo de control en una figura imaginaria. Un "Mefistófeles" que te otorga permiso para actuar tus impulsos reprimidos. Es un mecanismo de defensa brillante, debo admitir.
MEFISTÓFELES
(Cierra el libro de golpe)
"Mecanismo de defensa". ¡Qué desfachatez! Llevo eones destruyendo imperios y esta señora con maestría me reduce a un síntoma. Fausto, dile que Jung me caía mejor. Él al menos tenía la decencia de tenerme miedo.
FAUSTO
¡No es una proyección, doctora, huele a sándalo y a azufre y no deja de criticar su decoración!
DRA. MORALES
Fausto, el tabú de la locura en nuestra sociedad nos hace temer a nuestras propias metáforas. Estás usando el mito del pacto fáustico para procesar tu pánico al libre albedrío. Si el "Diablo" controla todo, tú no eres responsable de abandonar tu vida anterior.
FAUSTO
(Se detiene, genuinamente golpeado por el argumento)
¿Responsable? Pero... el pacto fue real. Lo sentí. Sentí el vacío.
MEFISTÓFELES
(Se levanta, ofendido)
¡Por supuesto que fue real! A ver, rompe su jarrón Ming. Haz que levite. ¡Demuéstrale que la ciencia es un juguete de niños frente a la oscuridad primordial!
FAUSTO
(Apretando los puños)
No voy a romper nada. Doctora... ¿y si el problema no es que esté loco? ¿Y si el problema es que el poder absoluto es tremendamente aburrido? He conocido a Margarita. Una mujer en el taller de cerámica de la otra calle. Y este... ente... quiere que la conquiste usando trucos mentales baratos.
DRA. MORALES
El "ente" quiere que evites la vulnerabilidad. El cortejo real implica la posibilidad del rechazo. El rechazo duele. Tu demonio no es más que tu evitación al dolor.
MEFISTÓFELES
Me ofende profundamente la banalidad de esta época.
CUADRO TERCERO: Arcilla y Cinismo
Lugar: El taller de Margarita. Cacharros de barro, tornos, polvo de arcilla iluminado por la luz de la tarde que entra por ventanales altos.
Acción: MARGARITA está manchada de barro hasta los codos, trabajando en el torno. FAUSTO está de pie, incómodo. MEFISTÓFELES está apoyado en el marco de la puerta, limándose las uñas con una lima de cristal.
MARGARITA
(Sin dejar de moldear la arcilla)
Entonces, Fausto. Dejaste la consultoría, quemaste tus trajes y ahora te dedicas a... ¿qué exactamente? ¿A vagar por las plazas recitando a Goethe y asustando a los paseantes?
FAUSTO
A explorar los límites de la voluntad humana. A desentrañar el tejido mismo de la realidad.
MEFISTÓFELES
(Susurrando al oído de Fausto)
Demasiado denso. Dile que sus ojos son dos abismos donde naufraga la razón. A las artistas les gusta naufragar.
FAUSTO
(Repitiendo como un autómata)
Tus ojos... son dos abismos donde naufraga mi razón.
MARGARITA
(Detiene el torno bruscamente. Lo mira con una ceja alzada)
Mira, Fausto. Me caes bien. Tienes esa vibra de perrito atropellado por el existencialismo que a veces resulta entrañable. Pero si me vas a soltar frases de poeta maldito de los años veinte, te voy a pedir que salgas y me dejes terminar esta jarra.
FAUSTO
(Ruborizándose, mirando a Mefistófeles con furia)
¡Te lo dije!
MARGARITA
¿A quién le dijiste? Solo estamos tú, yo y mi jarrón deforme.
MEFISTÓFELES
Esta mujer es de piedra. Usa el carisma coercitivo. Nubla su mente. Haz que el taller entero gire a su alrededor. ¡Haz que vea la inmensidad del cosmos en ti!
FAUSTO
(Luchando consigo mismo, sudando)
No. No quiero que vea el cosmos. Margarita... la verdad es que estoy aterrado. No sé qué estoy haciendo. Siento que tengo el universo en la cabeza y no tengo a quién contárselo. Y vine aquí porque... porque tus manos huelen a tierra mojada. Y es lo único real que he sentido en meses.
MARGARITA
(Suaviza el rostro. Se limpia las manos en el delantal)
Tierra mojada. Bueno. Eso es un poco menos pretencioso.
MEFISTÓFELES
(Llevándose las manos a la cabeza, escandalizado)
¡Vulnerabilidad emocional! ¡No! ¡Es la kryptonita del inframundo! ¡Fausto, la estás arruinando, pareces un mamífero necesitado!
MARGARITA
(Se acerca a Fausto)
La vida es un desastre, Fausto. Es arcilla cruda y la mitad de las veces explota en el horno. No sé qué demonios te pasa en la cabeza...
FAUSTO
(Sonríe amargamente)
Literalmente.
MARGARITA
...pero si quieres sentarte ahí, callarte un rato y ayudarme a limpiar el barro, puedes quedarte. Pero sin abismos ni cosmos. Solo agua y trapos.
FAUSTO
(Siente que respira por primera vez)
Me encantaría.
MEFISTÓFELES
(Paseando de un lado a otro, fúrico)
¡Inaceptable! ¡Yo no te di el dominio del universo para que limpies la mesa de una artesana! Voy a incendiar este lugar. Un rayo celestial. ¡No, infernal!
(Mefistófeles alza la mano, preparándose para hacer estallar el taller. Fausto lo ve, y en un acto de voluntad pura, interviene antes de que Margarita note algo).
FAUSTO
¡Margarita, cuidado!
(Fausto tropieza a propósito, tirando una estantería llena de tazas defectuosas. El estruendo es terrible. El hechizo de Mefistófeles se rompe ante el caos físico y torpe).
MARGARITA
(Suspirando, mirando el desastre)
Bueno. Supongo que sí necesitabas limpiar. Toma la escoba, Señor del Cosmos.
(Fausto sonríe, arrodillándose para recoger los pedazos de barro. Mefistófeles lo mira con asco absoluto).
CUADRO CUARTO: La Rescisión
Lugar: Consultorio de la Dra. Morales. De noche. Solo una lámpara cálida ilumina el cuarto.
Acción: FAUSTO está sentado, sereno. DRA. MORALES termina de escribir en su libreta. MEFISTÓFELES está de pie, junto a la puerta, con los brazos cruzados y una expresión de fastidio glacial.
DRA. MORALES
Entonces, al romper las tazas, ¿sentiste que rompías también tu vínculo con esta... figura de autoridad omnipotente?
FAUSTO
No solo lo sentí. Lo entendí. Me di cuenta de que el dolor, la torpeza, el miedo a ser rechazado por Margarita, el tener que recoger los pedazos del piso... esa fricción es lo que nos hace humanos. Mefistófeles me ofreció una vida sin fricción. Una ilusión. El algoritmo perfecto de la existencia.
MEFISTÓFELES
(Acercándose, venenoso)
Te ofrecí la divinidad y preferiste jugar en el lodo. Eres una decepción histórica, Fausto. Tus antecesores al menos pedían imperios, ejércitos, la juventud eterna. Tú te conformas con una mujer cínica que hace vasijas chuecas y una terapeuta que cobra por hora para escucharte quejarte.
FAUSTO
(Mirando directamente a donde está Mefistófeles, pero hablando para la doctora también)
Y por eso, cancelo el trato.
MEFISTÓFELES
(Suelta una carcajada seca)
No hay política de devolución. Las almas no son ropa de temporada.
FAUSTO
Claro que la hay. Un pacto exige dos voluntades alineadas. Tú necesitas mi obediencia a tu vacío. Y yo elijo el absurdo, el desorden, el barro y la angustia. Elijo sufrir por mi cuenta, sin tu ayuda. Te quito tu poder sobre mí. Eres irrelevante.
(Mefistófeles cambia de semblante. La elegancia se resquebraja por un microsegundo, revelando algo antiguo y aterrorizado. Retrocede un paso).
MEFISTÓFELES
El infierno es la banalidad, Fausto. Volverás a tus crisis de ansiedad. Volverás a sentirte inútil. Y yo no estaré ahí para darte sentido.
FAUSTO
Ese es exactamente el punto. Adiós, Mefi.
(Mefistófeles abre la boca para decir algo grandilocuente, pero la luz del cuarto parpadea una sola vez, emitiendo el chasquido seco de un interruptor. Cuando la luz se estabiliza, la esquina está vacía. Solo queda un levísimo olor a ozono y café quemado.)
DRA. MORALES
(Observa a Fausto, notando el cambio profundo en su postura)
¿Fausto? Te veo... diferente. La tensión de tus hombros ha desaparecido. ¿Qué pasó por tu mente justo ahora?
FAUSTO
(Se echa hacia atrás en la silla, cruza las piernas y esboza una sonrisa tranquila, cansada, pero absolutamente libre)
Sabe qué, doctora... Creo que le acabo de colgar al diablo.
DRA. MORALES
(Sonríe levemente y cierra su libreta)
Me parece excelente. Y dime, ¿cómo te sientes con esa desconexión?
FAUSTO
Me siento... maravillosamente aterrado de lo que voy a hacer mañana.
(La Dra. Morales asiente. Fausto mira hacia la ventana, donde se ve la noche caer sobre los adoquines de la ciudad).
TELÓN
FAUSTO EN EL ABISMO DE ADOQUINES
Una Comedia en Cuatro Cuadros sobre la Condenación (y otros problemas contemporáneos)
PERSONAJES:
FAUSTO: 38 años. Un académico y consultor hundido en la mediocridad de la hiperproductividad. Vive en una crisis existencial perpetua, convencido de que el alma humana se está evaporando a través de pantallas rectangulares y juntas virtuales interminables.
MEFISTÓFELES: Edad incalculable. Viste un traje sastre de lino impecable. Habla con la cadencia de un filósofo cínico y un aristócrata aburrido. El mal, para él, ya no es fuego y azufre, sino la optimización absoluta de la vida humana.
MARGARITA: 32 años. Ceramista, restauradora y dueña de un cinismo blindado. Vive en Coyoacán. Lee a Schopenhauer pero finge leer los astros para espantar a los turistas y a los esnobs.
DRA. MORALES: 45 años. Psicoanalista lacaniana de paciencia infinita. Intenta encuadrar los tormentos góticos de su paciente en los cómodos manuales de la psiquiatría moderna.
CUADRO PRIMERO: El Pacto en la Plaza
Lugar: La Plaza de la Conchita, Coyoacán. Cae la tarde. Las jacarandas tiran sus últimas flores. Hay un aire de melancolía colonial.
Acción: FAUSTO está sentado en una banca de hierro forjado, mirando al vacío. A su lado, alimentando a las palomas con migajas de un pan artesanal excesivamente caro, está MEFISTÓFELES.
FAUSTO
(Hablando solo, frotándose las sienes)
Y entonces la pantalla se congeló. Todos asintiendo en silencio, en sus pequeños recuadros, fingiendo que lo que hacemos importa. El infierno no son los otros, Sartre se equivocó. El infierno es una conexión inestable mientras discutes la "visión integral del proyecto". Mi reino por un solo momento de significado real. Vendo mi alma por sentir... algo que no sea fatiga.
MEFISTÓFELES
(Lanza una migaja con elegancia)
Tengo que admitir que el mercado de las almas está por los suelos. La inflación existencial las ha devaluado terriblemente. Pero la tuya, Fausto, tiene ese delicioso dejo de desesperación clásica que a los coleccionistas como yo nos fascina. Mefistófeles, a tus órdenes.
FAUSTO
(Gira lentamente, evaluándolo)
¿Eres uno de esos estafadores de bienes raíces que intentan comprar las casas viejas del barrio? Pierdes el tiempo. Yo solo rento. Y mi contrato de vida ya casi expira por agotamiento.
MEFISTÓFELES
(Ríe suavemente, un sonido que hiela un poco el viento)
Bienes raíces terrenales... qué vulgaridad. Yo gestiono propiedades más... íntimas. Escuché tu lamento al vacío. Y vengo a ofrecerte una salida de este bucle de mediocridad. Te ofrezco la absolución de la modernidad.
FAUSTO
¿Eres el diablo? Esperaba a alguien con cuernos, o al menos con una camiseta de criptomonedas.
MEFISTÓFELES
Los cuernos son un cliché del medievo, y las criptomonedas fueron una de mis pasantías más perezosas. No, Fausto. Yo represento el abismo refinado. ¿Quieres conocimiento absoluto? ¿Quieres seducir sin el tedio del cortejo? ¿Quieres vivir sin la fricción de la angustia?
FAUSTO
¿Sin la fricción? Eso suena a... anestesia.
MEFISTÓFELES
Suena a la perfección que tu especie persigue inútilmente. Yo te la doy. A cambio de tu espíritu, cuando termine la obra. Una simple transferencia de activos. Nada de firmas con sangre, la sangre mancha el lino. Un apretón de manos bastará.
FAUSTO
(Duda, mirando el cielo gris de la ciudad)
He pasado diez años estudiando filosofía para terminar vendiendo "estrategias de retención" a corporativos. Si el universo es un chiste, al menos quiero ser el que lo cuenta, no el remate.
(Fausto extiende la mano. Mefistófeles la toma. Las palomas de la plaza alzan el vuelo todas al mismo tiempo en un caos de plumas y un trueno sordo, invisible, sacude los adoquines.)
MEFISTÓFELES
Consummatum est. Ahora, sacúdete ese polvo de burócrata. Vamos a buscarte problemas reales.
CUADRO SEGUNDO: El Diván y el Demonio
Lugar: Consultorio de la Dra. Morales. Techos altos, paredes de adobe pintadas de blanco, un diván de cuero gastado y una biblioteca repleta de libros de Freud, Lacan y Jung.
Acción: FAUSTO camina de un lado a otro. La DRA. MORALES lo observa desde su sillón. MEFISTÓFELES está tumbado en el diván, hojeando un libro de psicología con evidente burla, invisible para la doctora.
DRA. MORALES
Fausto, la sesión pasada hablábamos de tu despersonalización en el entorno laboral. Hoy entras y me dices que eres el dueño del tiempo y la materia. Es un salto... drástico.
FAUSTO
¡Es que ya no hay límites, doctora! Ayer leí la Divina Comedia en toscano antiguo mientras resolvía un teorema matemático que llevaba siglos sin respuesta. Y lo del restaurante... ¿Le conté lo del restaurante?
MEFISTÓFELES
(Sin apartar la vista del libro)
Cuéntale cómo hiciste que el mesero olvidara su propia existencia con solo mirarlo. Fascinante ejercicio de nihilismo aplicado.
FAUSTO
(A Mefistófeles, en un susurro colérico)
¡Tú cállate, que el mesero terminó llorando en la cocina!
DRA. MORALES
(Anotando cuidadosamente)
¿Le hablas a tus proyecciones, Fausto? Has materializado tu deseo de control en una figura imaginaria. Un "Mefistófeles" que te otorga permiso para actuar tus impulsos reprimidos. Es un mecanismo de defensa brillante, debo admitir.
MEFISTÓFELES
(Cierra el libro de golpe)
"Mecanismo de defensa". ¡Qué desfachatez! Llevo eones destruyendo imperios y esta señora con maestría me reduce a un síntoma. Fausto, dile que Jung me caía mejor. Él al menos tenía la decencia de tenerme miedo.
FAUSTO
¡No es una proyección, doctora, huele a sándalo y a azufre y no deja de criticar su decoración!
DRA. MORALES
Fausto, el tabú de la locura en nuestra sociedad nos hace temer a nuestras propias metáforas. Estás usando el mito del pacto fáustico para procesar tu pánico al libre albedrío. Si el "Diablo" controla todo, tú no eres responsable de abandonar tu vida anterior.
FAUSTO
(Se detiene, genuinamente golpeado por el argumento)
¿Responsable? Pero... el pacto fue real. Lo sentí. Sentí el vacío.
MEFISTÓFELES
(Se levanta, ofendido)
¡Por supuesto que fue real! A ver, rompe su jarrón Ming. Haz que levite. ¡Demuéstrale que la ciencia es un juguete de niños frente a la oscuridad primordial!
FAUSTO
(Apretando los puños)
No voy a romper nada. Doctora... ¿y si el problema no es que esté loco? ¿Y si el problema es que el poder absoluto es tremendamente aburrido? He conocido a Margarita. Una mujer en el taller de cerámica de la otra calle. Y este... ente... quiere que la conquiste usando trucos mentales baratos.
DRA. MORALES
El "ente" quiere que evites la vulnerabilidad. El cortejo real implica la posibilidad del rechazo. El rechazo duele. Tu demonio no es más que tu evitación al dolor.
MEFISTÓFELES
Me ofende profundamente la banalidad de esta época.
CUADRO TERCERO: Arcilla y Cinismo
Lugar: El taller de Margarita. Cacharros de barro, tornos, polvo de arcilla iluminado por la luz de la tarde que entra por ventanales altos.
Acción: MARGARITA está manchada de barro hasta los codos, trabajando en el torno. FAUSTO está de pie, incómodo. MEFISTÓFELES está apoyado en el marco de la puerta, limándose las uñas con una lima de cristal.
MARGARITA
(Sin dejar de moldear la arcilla)
Entonces, Fausto. Dejaste la consultoría, quemaste tus trajes y ahora te dedicas a... ¿qué exactamente? ¿A vagar por las plazas recitando a Goethe y asustando a los paseantes?
FAUSTO
A explorar los límites de la voluntad humana. A desentrañar el tejido mismo de la realidad.
MEFISTÓFELES
(Susurrando al oído de Fausto)
Demasiado denso. Dile que sus ojos son dos abismos donde naufraga la razón. A las artistas les gusta naufragar.
FAUSTO
(Repitiendo como un autómata)
Tus ojos... son dos abismos donde naufraga mi razón.
MARGARITA
(Detiene el torno bruscamente. Lo mira con una ceja alzada)
Mira, Fausto. Me caes bien. Tienes esa vibra de perrito atropellado por el existencialismo que a veces resulta entrañable. Pero si me vas a soltar frases de poeta maldito de los años veinte, te voy a pedir que salgas y me dejes terminar esta jarra.
FAUSTO
(Ruborizándose, mirando a Mefistófeles con furia)
¡Te lo dije!
MARGARITA
¿A quién le dijiste? Solo estamos tú, yo y mi jarrón deforme.
MEFISTÓFELES
Esta mujer es de piedra. Usa el carisma coercitivo. Nubla su mente. Haz que el taller entero gire a su alrededor. ¡Haz que vea la inmensidad del cosmos en ti!
FAUSTO
(Luchando consigo mismo, sudando)
No. No quiero que vea el cosmos. Margarita... la verdad es que estoy aterrado. No sé qué estoy haciendo. Siento que tengo el universo en la cabeza y no tengo a quién contárselo. Y vine aquí porque... porque tus manos huelen a tierra mojada. Y es lo único real que he sentido en meses.
MARGARITA
(Suaviza el rostro. Se limpia las manos en el delantal)
Tierra mojada. Bueno. Eso es un poco menos pretencioso.
MEFISTÓFELES
(Llevándose las manos a la cabeza, escandalizado)
¡Vulnerabilidad emocional! ¡No! ¡Es la kryptonita del inframundo! ¡Fausto, la estás arruinando, pareces un mamífero necesitado!
MARGARITA
(Se acerca a Fausto)
La vida es un desastre, Fausto. Es arcilla cruda y la mitad de las veces explota en el horno. No sé qué demonios te pasa en la cabeza...
FAUSTO
(Sonríe amargamente)
Literalmente.
MARGARITA
...pero si quieres sentarte ahí, callarte un rato y ayudarme a limpiar el barro, puedes quedarte. Pero sin abismos ni cosmos. Solo agua y trapos.
FAUSTO
(Siente que respira por primera vez)
Me encantaría.
MEFISTÓFELES
(Paseando de un lado a otro, fúrico)
¡Inaceptable! ¡Yo no te di el dominio del universo para que limpies la mesa de una artesana! Voy a incendiar este lugar. Un rayo celestial. ¡No, infernal!
(Mefistófeles alza la mano, preparándose para hacer estallar el taller. Fausto lo ve, y en un acto de voluntad pura, interviene antes de que Margarita note algo).
FAUSTO
¡Margarita, cuidado!
(Fausto tropieza a propósito, tirando una estantería llena de tazas defectuosas. El estruendo es terrible. El hechizo de Mefistófeles se rompe ante el caos físico y torpe).
MARGARITA
(Suspirando, mirando el desastre)
Bueno. Supongo que sí necesitabas limpiar. Toma la escoba, Señor del Cosmos.
(Fausto sonríe, arrodillándose para recoger los pedazos de barro. Mefistófeles lo mira con asco absoluto).
CUADRO CUARTO: La Rescisión
Lugar: Consultorio de la Dra. Morales. De noche. Solo una lámpara cálida ilumina el cuarto.
Acción: FAUSTO está sentado, sereno. DRA. MORALES termina de escribir en su libreta. MEFISTÓFELES está de pie, junto a la puerta, con los brazos cruzados y una expresión de fastidio glacial.
DRA. MORALES
Entonces, al romper las tazas, ¿sentiste que rompías también tu vínculo con esta... figura de autoridad omnipotente?
FAUSTO
No solo lo sentí. Lo entendí. Me di cuenta de que el dolor, la torpeza, el miedo a ser rechazado por Margarita, el tener que recoger los pedazos del piso... esa fricción es lo que nos hace humanos. Mefistófeles me ofreció una vida sin fricción. Una ilusión. El algoritmo perfecto de la existencia.
MEFISTÓFELES
(Acercándose, venenoso)
Te ofrecí la divinidad y preferiste jugar en el lodo. Eres una decepción histórica, Fausto. Tus antecesores al menos pedían imperios, ejércitos, la juventud eterna. Tú te conformas con una mujer cínica que hace vasijas chuecas y una terapeuta que cobra por hora para escucharte quejarte.
FAUSTO
(Mirando directamente a donde está Mefistófeles, pero hablando para la doctora también)
Y por eso, cancelo el trato.
MEFISTÓFELES
(Suelta una carcajada seca)
No hay política de devolución. Las almas no son ropa de temporada.
FAUSTO
Claro que la hay. Un pacto exige dos voluntades alineadas. Tú necesitas mi obediencia a tu vacío. Y yo elijo el absurdo, el desorden, el barro y la angustia. Elijo sufrir por mi cuenta, sin tu ayuda. Te quito tu poder sobre mí. Eres irrelevante.
(Mefistófeles cambia de semblante. La elegancia se resquebraja por un microsegundo, revelando algo antiguo y aterrorizado. Retrocede un paso).
MEFISTÓFELES
El infierno es la banalidad, Fausto. Volverás a tus crisis de ansiedad. Volverás a sentirte inútil. Y yo no estaré ahí para darte sentido.
FAUSTO
Ese es exactamente el punto. Adiós, Mefi.
(Mefistófeles abre la boca para decir algo grandilocuente, pero la luz del cuarto parpadea una sola vez, emitiendo el chasquido seco de un interruptor. Cuando la luz se estabiliza, la esquina está vacía. Solo queda un levísimo olor a ozono y café quemado.)
DRA. MORALES
(Observa a Fausto, notando el cambio profundo en su postura)
¿Fausto? Te veo... diferente. La tensión de tus hombros ha desaparecido. ¿Qué pasó por tu mente justo ahora?
FAUSTO
(Se echa hacia atrás en la silla, cruza las piernas y esboza una sonrisa tranquila, cansada, pero absolutamente libre)
Sabe qué, doctora... Creo que le acabo de colgar al diablo.
DRA. MORALES
(Sonríe levemente y cierra su libreta)
Me parece excelente. Y dime, ¿cómo te sientes con esa desconexión?
FAUSTO
Me siento... maravillosamente aterrado de lo que voy a hacer mañana.
(La Dra. Morales asiente. Fausto mira hacia la ventana, donde se ve la noche caer sobre los adoquines de la ciudad).
TELÓN
FAUSTO EN coyoacan
Una Comedia en Cuatro Cuadros sobre la Condenación (y otros problemas contemporáneos)
PERSONAJES:
FAUSTO: 38 años. Un académico y consultor hundido en la mediocridad de la hiperproductividad. Vive en una crisis existencial perpetua, convencido de que el alma humana se está evaporando a través de pantallas rectangulares y juntas virtuales interminables.
MEFISTÓFELES: Edad incalculable. Viste un traje sastre de lino impecable. Habla con la cadencia de un filósofo cínico y un aristócrata aburrido. El mal, para él, ya no es fuego y azufre, sino la optimización absoluta de la vida humana.
MARGARITA: 32 años. Ceramista, restauradora y dueña de un cinismo blindado. Vive en Coyoacán. Lee a Schopenhauer pero finge leer los astros para espantar a los turistas y a los esnobs.
DRA. MORALES: 45 años. Psicoanalista lacaniana de paciencia infinita. Intenta encuadrar los tormentos góticos de su paciente en los cómodos manuales de la psiquiatría moderna.
CUADRO PRIMERO: El Pacto en la Plaza
Lugar: La Plaza de la Conchita, Coyoacán. Cae la tarde. Las jacarandas tiran sus últimas flores. Hay un aire de melancolía colonial.
Acción: FAUSTO está sentado en una banca de hierro forjado, mirando al vacío. A su lado, alimentando a las palomas con migajas de un pan artesanal excesivamente caro, está MEFISTÓFELES.
FAUSTO
(Hablando solo, frotándose las sienes)
Y entonces la pantalla se congeló. Todos asintiendo en silencio, en sus pequeños recuadros, fingiendo que lo que hacemos importa. El infierno no son los otros, Sartre se equivocó. El infierno es una conexión inestable mientras discutes la "visión integral del proyecto". Mi reino por un solo momento de significado real. Vendo mi alma por sentir... algo que no sea fatiga.
MEFISTÓFELES
(Lanza una migaja con elegancia)
Tengo que admitir que el mercado de las almas está por los suelos. La inflación existencial las ha devaluado terriblemente. Pero la tuya, Fausto, tiene ese delicioso dejo de desesperación clásica que a los coleccionistas como yo nos fascina. Mefistófeles, a tus órdenes.
FAUSTO
(Gira lentamente, evaluándolo)
¿Eres uno de esos estafadores de bienes raíces que intentan comprar las casas viejas del barrio? Pierdes el tiempo. Yo solo rento. Y mi contrato de vida ya casi expira por agotamiento.
MEFISTÓFELES
(Ríe suavemente, un sonido que hiela un poco el viento)
Bienes raíces terrenales... qué vulgaridad. Yo gestiono propiedades más... íntimas. Escuché tu lamento al vacío. Y vengo a ofrecerte una salida de este bucle de mediocridad. Te ofrezco la absolución de la modernidad.
FAUSTO
¿Eres el diablo? Esperaba a alguien con cuernos, o al menos con una camiseta de criptomonedas.
MEFISTÓFELES
Los cuernos son un cliché del medievo, y las criptomonedas fueron una de mis pasantías más perezosas. No, Fausto. Yo represento el abismo refinado. ¿Quieres conocimiento absoluto? ¿Quieres seducir sin el tedio del cortejo? ¿Quieres vivir sin la fricción de la angustia?
FAUSTO
¿Sin la fricción? Eso suena a... anestesia.
MEFISTÓFELES
Suena a la perfección que tu especie persigue inútilmente. Yo te la doy. A cambio de tu espíritu, cuando termine la obra. Una simple transferencia de activos. Nada de firmas con sangre, la sangre mancha el lino. Un apretón de manos bastará.
FAUSTO
(Duda, mirando el cielo gris de la ciudad)
He pasado diez años estudiando filosofía para terminar vendiendo "estrategias de retención" a corporativos. Si el universo es un chiste, al menos quiero ser el que lo cuenta, no el remate.
(Fausto extiende la mano. Mefistófeles la toma. Las palomas de la plaza alzan el vuelo todas al mismo tiempo en un caos de plumas y un trueno sordo, invisible, sacude los adoquines.)
MEFISTÓFELES
Consummatum est. Ahora, sacúdete ese polvo de burócrata. Vamos a buscarte problemas reales.
CUADRO SEGUNDO: El Diván y el Demonio
Lugar: Consultorio de la Dra. Morales. Techos altos, paredes de adobe pintadas de blanco, un diván de cuero gastado y una biblioteca repleta de libros de Freud, Lacan y Jung.
Acción: FAUSTO camina de un lado a otro. La DRA. MORALES lo observa desde su sillón. MEFISTÓFELES está tumbado en el diván, hojeando un libro de psicología con evidente burla, invisible para la doctora.
DRA. MORALES
Fausto, la sesión pasada hablábamos de tu despersonalización en el entorno laboral. Hoy entras y me dices que eres el dueño del tiempo y la materia. Es un salto... drástico.
FAUSTO
¡Es que ya no hay límites, doctora! Ayer leí la Divina Comedia en toscano antiguo mientras resolvía un teorema matemático que llevaba siglos sin respuesta. Y lo del restaurante... ¿Le conté lo del restaurante?
MEFISTÓFELES
(Sin apartar la vista del libro)
Cuéntale cómo hiciste que el mesero olvidara su propia existencia con solo mirarlo. Fascinante ejercicio de nihilismo aplicado.
FAUSTO
(A Mefistófeles, en un susurro colérico)
¡Tú cállate, que el mesero terminó llorando en la cocina!
DRA. MORALES
(Anotando cuidadosamente)
¿Le hablas a tus proyecciones, Fausto? Has materializado tu deseo de control en una figura imaginaria. Un "Mefistófeles" que te otorga permiso para actuar tus impulsos reprimidos. Es un mecanismo de defensa brillante, debo admitir.
MEFISTÓFELES
(Cierra el libro de golpe)
"Mecanismo de defensa". ¡Qué desfachatez! Llevo eones destruyendo imperios y esta señora con maestría me reduce a un síntoma. Fausto, dile que Jung me caía mejor. Él al menos tenía la decencia de tenerme miedo.
FAUSTO
¡No es una proyección, doctora, huele a sándalo y a azufre y no deja de criticar su decoración!
DRA. MORALES
Fausto, el tabú de la locura en nuestra sociedad nos hace temer a nuestras propias metáforas. Estás usando el mito del pacto fáustico para procesar tu pánico al libre albedrío. Si el "Diablo" controla todo, tú no eres responsable de abandonar tu vida anterior.
FAUSTO
(Se detiene, genuinamente golpeado por el argumento)
¿Responsable? Pero... el pacto fue real. Lo sentí. Sentí el vacío.
MEFISTÓFELES
(Se levanta, ofendido)
¡Por supuesto que fue real! A ver, rompe su jarrón Ming. Haz que levite. ¡Demuéstrale que la ciencia es un juguete de niños frente a la oscuridad primordial!
FAUSTO
(Apretando los puños)
No voy a romper nada. Doctora... ¿y si el problema no es que esté loco? ¿Y si el problema es que el poder absoluto es tremendamente aburrido? He conocido a Margarita. Una mujer en el taller de cerámica de la otra calle. Y este... ente... quiere que la conquiste usando trucos mentales baratos.
DRA. MORALES
El "ente" quiere que evites la vulnerabilidad. El cortejo real implica la posibilidad del rechazo. El rechazo duele. Tu demonio no es más que tu evitación al dolor.
MEFISTÓFELES
Me ofende profundamente la banalidad de esta época.
CUADRO TERCERO: Arcilla y Cinismo
Lugar: El taller de Margarita. Cacharros de barro, tornos, polvo de arcilla iluminado por la luz de la tarde que entra por ventanales altos.
Acción: MARGARITA está manchada de barro hasta los codos, trabajando en el torno. FAUSTO está de pie, incómodo. MEFISTÓFELES está apoyado en el marco de la puerta, limándose las uñas con una lima de cristal.
MARGARITA
(Sin dejar de moldear la arcilla)
Entonces, Fausto. Dejaste la consultoría, quemaste tus trajes y ahora te dedicas a... ¿qué exactamente? ¿A vagar por las plazas recitando a Goethe y asustando a los paseantes?
FAUSTO
A explorar los límites de la voluntad humana. A desentrañar el tejido mismo de la realidad.
MEFISTÓFELES
(Susurrando al oído de Fausto)
Demasiado denso. Dile que sus ojos son dos abismos donde naufraga la razón. A las artistas les gusta naufragar.
FAUSTO
(Repitiendo como un autómata)
Tus ojos... son dos abismos donde naufraga mi razón.
MARGARITA
(Detiene el torno bruscamente. Lo mira con una ceja alzada)
Mira, Fausto. Me caes bien. Tienes esa vibra de perrito atropellado por el existencialismo que a veces resulta entrañable. Pero si me vas a soltar frases de poeta maldito de los años veinte, te voy a pedir que salgas y me dejes terminar esta jarra.
FAUSTO
(Ruborizándose, mirando a Mefistófeles con furia)
¡Te lo dije!
MARGARITA
¿A quién le dijiste? Solo estamos tú, yo y mi jarrón deforme.
MEFISTÓFELES
Esta mujer es de piedra. Usa el carisma coercitivo. Nubla su mente. Haz que el taller entero gire a su alrededor. ¡Haz que vea la inmensidad del cosmos en ti!
FAUSTO
(Luchando consigo mismo, sudando)
No. No quiero que vea el cosmos. Margarita... la verdad es que estoy aterrado. No sé qué estoy haciendo. Siento que tengo el universo en la cabeza y no tengo a quién contárselo. Y vine aquí porque... porque tus manos huelen a tierra mojada. Y es lo único real que he sentido en meses.
MARGARITA
(Suaviza el rostro. Se limpia las manos en el delantal)
Tierra mojada. Bueno. Eso es un poco menos pretencioso.
MEFISTÓFELES
(Llevándose las manos a la cabeza, escandalizado)
¡Vulnerabilidad emocional! ¡No! ¡Es la kryptonita del inframundo! ¡Fausto, la estás arruinando, pareces un mamífero necesitado!
MARGARITA
(Se acerca a Fausto)
La vida es un desastre, Fausto. Es arcilla cruda y la mitad de las veces explota en el horno. No sé qué demonios te pasa en la cabeza...
FAUSTO
(Sonríe amargamente)
Literalmente.
MARGARITA
...pero si quieres sentarte ahí, callarte un rato y ayudarme a limpiar el barro, puedes quedarte. Pero sin abismos ni cosmos. Solo agua y trapos.
FAUSTO
(Siente que respira por primera vez)
Me encantaría.
MEFISTÓFELES
(Paseando de un lado a otro, fúrico)
¡Inaceptable! ¡Yo no te di el dominio del universo para que limpies la mesa de una artesana! Voy a incendiar este lugar. Un rayo celestial. ¡No, infernal!
(Mefistófeles alza la mano, preparándose para hacer estallar el taller. Fausto lo ve, y en un acto de voluntad pura, interviene antes de que Margarita note algo).
FAUSTO
¡Margarita, cuidado!
(Fausto tropieza a propósito, tirando una estantería llena de tazas defectuosas. El estruendo es terrible. El hechizo de Mefistófeles se rompe ante el caos físico y torpe).
MARGARITA
(Suspirando, mirando el desastre)
Bueno. Supongo que sí necesitabas limpiar. Toma la escoba, Señor del Cosmos.
(Fausto sonríe, arrodillándose para recoger los pedazos de barro. Mefistófeles lo mira con asco absoluto).
CUADRO CUARTO: La Rescisión
Lugar: Consultorio de la Dra. Morales. De noche. Solo una lámpara cálida ilumina el cuarto.
Acción: FAUSTO está sentado, sereno. DRA. MORALES termina de escribir en su libreta. MEFISTÓFELES está de pie, junto a la puerta, con los brazos cruzados y una expresión de fastidio glacial.
DRA. MORALES
Entonces, al romper las tazas, ¿sentiste que rompías también tu vínculo con esta... figura de autoridad omnipotente?
FAUSTO
No solo lo sentí. Lo entendí. Me di cuenta de que el dolor, la torpeza, el miedo a ser rechazado por Margarita, el tener que recoger los pedazos del piso... esa fricción es lo que nos hace humanos. Mefistófeles me ofreció una vida sin fricción. Una ilusión. El algoritmo perfecto de la existencia.
MEFISTÓFELES
(Acercándose, venenoso)
Te ofrecí la divinidad y preferiste jugar en el lodo. Eres una decepción histórica, Fausto. Tus antecesores al menos pedían imperios, ejércitos, la juventud eterna. Tú te conformas con una mujer cínica que hace vasijas chuecas y una terapeuta que cobra por hora para escucharte quejarte.
FAUSTO
(Mirando directamente a donde está Mefistófeles, pero hablando para la doctora también)
Y por eso, cancelo el trato.
MEFISTÓFELES
(Suelta una carcajada seca)
No hay política de devolución. Las almas no son ropa de temporada.
FAUSTO
Claro que la hay. Un pacto exige dos voluntades alineadas. Tú necesitas mi obediencia a tu vacío. Y yo elijo el absurdo, el desorden, el barro y la angustia. Elijo sufrir por mi cuenta, sin tu ayuda. Te quito tu poder sobre mí. Eres irrelevante.
(Mefistófeles cambia de semblante. La elegancia se resquebraja por un microsegundo, revelando algo antiguo y aterrorizado. Retrocede un paso).
MEFISTÓFELES
El infierno es la banalidad, Fausto. Volverás a tus crisis de ansiedad. Volverás a sentirte inútil. Y yo no estaré ahí para darte sentido.
FAUSTO
Ese es exactamente el punto. Adiós, Mefi.
(Mefistófeles abre la boca para decir algo grandilocuente, pero la luz del cuarto parpadea una sola vez, emitiendo el chasquido seco de un interruptor. Cuando la luz se estabiliza, la esquina está vacía. Solo queda un levísimo olor a ozono y café quemado.)
DRA. MORALES
(Observa a Fausto, notando el cambio profundo en su postura)
¿Fausto? Te veo... diferente. La tensión de tus hombros ha desaparecido. ¿Qué pasó por tu mente justo ahora?
FAUSTO
(Se echa hacia atrás en la silla, cruza las piernas y esboza una sonrisa tranquila, cansada, pero absolutamente libre)
Sabe qué, doctora... Creo que le acabo de colgar al diablo.
DRA. MORALES
(Sonríe levemente y cierra su libreta)
Me parece excelente. Y dime, ¿cómo te sientes con esa desconexión?
FAUSTO
Me siento... maravillosamente aterrado de lo que voy a hacer mañana.
(La Dra. Morales asiente. Fausto mira hacia la ventana, donde se ve la noche caer sobre los adoquines de la ciudad).
TELÓN