sábado, abril 04, 2026

MI OBELISCO Y YO, de Osvaldo Dragún (Argentina)

 

 

MI OBELISCO Y YO

 

De Osvaldo Dragún

(Argentina)

 


1. El Origen: Un "No" que se convirtió en "Todos"

En 1981, la dictadura militar intentaba mostrar una imagen de "apertura", pero la realidad era que los autores nacionales estaban en listas negras y los teatros oficiales les cerraban las puertas. Osvaldo Dragún, junto con figuras como Carlos Gorostiza y Roberto Cossa, decidió que si no los dejaban entrar por la puerta, iban a construir su propia casa.

Lo que empezó como una charla de café terminó en una convocatoria masiva: 21 obras cortas (entre ellas Mi obelisco y yo), 21 directores y cientos de actores que trabajaron ad honorem.

 

2. El Atentado: El fuego que no pudo apagar nada

El ciclo comenzó en el Teatro del Picadero. El éxito fue tan inmediato y tan "peligroso" para el régimen que, a pocos días del estreno, un comando lanzó bombas incendiarias y destruyó el teatro.

El efecto bumerán: Lejos de asustar a la gente, el incendio provocó una indignación masiva. De la noche a la mañana, 17 salas privadas ofrecieron sus espacios. Teatro Abierto se mudó al Teatro Tabarís y las colas para entrar daban la vuelta a la manzana. El miedo había cambiado de bando.

 

3. La "Estética de la Resistencia"

Como bien mencionaste en tus notas, no se podía ser panfletario porque la represión seguía ahí, en la esquina. Por eso, Teatro Abierto perfeccionó lo que se llamó "la visión oblicua":

 

  • La Metáfora: Se hablaba de la familia, de la locura o de monumentos (como el Obelisco) para hablar de la bota militar.
  • El Absurdo: Se usaba lo ridículo para mostrar lo irracional del sistema.
  • La Identidad: El lema era "¿Por qué hacemos Teatro Abierto? Para demostrar que existimos". Era una reafirmación de la identidad nacional frente al cosmopolitismo vacío que intentaba imponer la dictadura.

 

4. Un Legado que traspasó el escenario

Teatro Abierto demostró que la cultura podía ser un refugio y una trinchera. Fue el preludio de la primavera democrática que llegaría un par de años después. Además, sentó las bases para otros movimientos similares como Danza Abierta, Música Abierta y hasta Periodismo Abierto.

Fue la prueba de que, cuando los artistas se unen sin egos y con un propósito claro, no hay censura (ni fuego) que los detenga.


 


El Grito en el Cemento: Una Aproximación a "Mi Obelisco y Yo"

 

El Obelisco de Buenos Aires no es solo un bloque de 67 metros de hormigón que conmemora la fundación de Juan de Garay en 1580; es el eje vertical sobre el que gira la psique de una nación. Para el transeúnte distraído, es un punto de encuentro; para el dramaturgo Osvaldo Dragún, en aquel convulso 1981, era un símbolo fálico de poder, una antena de miedos y una metáfora maleable de la inestabilidad argentina.

 

El Teatro como Trinchera: El Contexto de 1981

Corría el año 1981, un tiempo de sombras. Argentina estaba sumergida en la dictadura militar más sangrienta de su historia, bajo el peso de la censura, las desapariciones y una economía en ruinas. En este escenario de silencio forzado, surgió Teatro Abierto. Fue un acto de resistencia cultural sin precedentes: 21 obras breves, cientos de artistas trabajando gratis y un público que abarrotaba las salas para escuchar lo que no se podía decir en la prensa.

Ni siquiera el incendio intencional del Teatro del Picadero pudo detener esta llama. Es en este marco de "visión oblicua" y metáforas necesarias donde nace "Mi obelisco y yo". Como la realidad era demasiado peligrosa para ser nombrada directamente, Dragún recurrió a la farsa y al absurdo para diseccionar la herida nacional.

 

La Metáfora del Poder Inestable

En la obra, el Obelisco tiene una cualidad orgánica: crece y se achica. Esta fluctuación no es azarosa; representa la inestabilidad política crónica de un país que ha oscilado entre la democracia y el autoritarismo.

Los personajes que desfilan por la escena —desde un Colón ciego hasta un Indio-perro o inmigrantes italianos— no son meras figuras históricas. Son fantasmas de la idiosincrasia argentina que convergen en un presente eterno.

·       El Pasado: Representado por la colonización y la independencia, recordándonos que la memoria a veces parece "inútil" porque repetimos los mismos errores.

·       El Presente: Encarnado en "Él", el ciudadano que envejece esperando una promesa que no llega, custodiando un monumento por orden de una autoridad (el Actor I) que bien podría ser el eco de la bota militar.

·       El Futuro: La esperanza reside en los jóvenes que, al final, deciden ignorar el mandato de "cuidar el cemento" para buscar el río, la vida y la libertad.

 

Osvaldo Dragún: El Arquitecto del Teatro Necesario

Hablar de esta obra es hablar de Osvaldo Dragún, un titán que entendió el teatro como una herramienta pedagógica y social. Desde su paso por el grupo Fray Mocho hasta la creación de la EITALC, Dragún buscó siempre un teatro que no solo retratara lo que ocurría, sino lo que podría suceder. Su técnica, influenciada por Brecht y un expresionismo vigoroso, obligaba al espectador a dejar de ser un testigo pasivo para convertirse en un juez crítico de su propia historia.

 

Hacia una Experiencia Virtual

Hoy, al revisitar "Mi obelisco y yo" nos preguntamos: ¿Sigue siendo el Obelisco ese símbolo de poder que nos domina? ¿Somos máquinas que reciben órdenes o seres capaces de cuestionar el sistema? El Obelisco resiste y resistirá, no importa cuántos Videlas y Miléis vayan y regresen, Él siempre estará como “La Puerta” de la canción española, siempre se podrá decir: ¡Ahí está!

 

Y siempre habrá una pareja de jóvenes como los que al final deciden largarse de una obligación impuesta por un idiota.

 

Los invitamos a sumergirse en esta farsa necesaria, donde el tiempo se dobla y el cemento cobra vida para hablarnos de nuestra propia libertad.

 


 

MI OBELISCO Y YO

 

De Osvaldo Dragún

 


REPARTO (Cast)

  • El que nos cuida (Actor I): Manuel Callau
  • Él: Salo Pasik
  • Colón: Zelmar Gueñol
  • Indio: Hugo Barrancos
  • Pelado: Néstor Maestro
  • Inmigrante: Omar Fanucci
  • Inmigrante: Azul Quirós
  • Pájaros: Alicia Ceboli / Diana Machado / Noemí Traktemberg
  • Hombre del paraguas: Jesús Berenguer
  • Mujer del paraguas: Graciela Juárez
  • Caballero español: Roberto Rego
  • El Joven: Emilio Bardi
  • La Muerte: Patricia Lande
  • La Joven: Mónica Filippa

 

Equipo Técnico

  • Asistente: Teresa Sanguinetti
  • Vestuarista: Carlota Beitia
  • Músico: Rodolfo Mederos
  • Coreógrafo: Carlos Veiga
  • Director: Enrique Laportilla

 

ESCENA

El escenario vacío. Oscuridad total. Se escucha la voz del Actor I que grita:

 

ACTOR I: ¡Luz!

 

Un foco ilumina un círculo de luz sobre el escenario. Entra en el círculo el Actor I trayendo en sus manos un pequeño Obelisco. Mira hacia donde está la cabina de luces.

 

ACTOR I: ¡Gracias!

(Se vuelve al público y le enseña el Obelisco)

¡Un Obelisco! ¡Nada por aquí! ¡Nada por allá! ¡Nada más que un Obelisco!

 

(Deja el Obelisco en medio del círculo de luz. Lo mira. No le gusta del todo el sitio. Lo cambia de lugar. Mira al público y al Obelisco. Vuelve a cambiarlo. Ahora parece conforme. Toma cierta distancia para examinarlo. Pausa. Entra ÉL. Rápidamente. Mirando su reloj. Se detiene. Observa a su alrededor. Ve al Actor I y al Obelisco. Se acerca)

 

ÉL: Perdón, señor...

ACTOR I: (Le hace una reverencia) ¡Lo perdono, señor!

ÉL: Eso... ¿es el Obelisco?

ACTOR I: ¿Me está cargando, señor, o quiere que le conteste con un chiste cordobés?

ÉL: No, señor... Es que... acabo de llegar de... Paraná...

ACTOR I: ¿Para qué?

ÉL: ¡No, Paraná... Entre Ríos! Yo nací en Paraná... y... y tengo una cita al pie del Obelisco...

ACTOR I: Y nunca lo vio antes.

ÉL: No...

ACTOR I: Ahora está claro. Acaba de llegar al lugar de su cita. Eso... ES el Obelisco.

ÉL: (Aspira emocionado. Mira hacia arriba) ¡Qué maravilla!

ACTOR I: (También mira hacia arriba) Así es.

ÉL: ¿No lo chocan los aviones?

ACTOR I: No lo choca nada. ¡Ahí está! ¡Indestructible!

ÉL: (Mirando hacia arriba) ¡Qué maravilla!

ACTOR I: Le gusta...

ÉL: (Indignado) ¡Y... qué le parece! ¡Es el Obelisco! (Obviamente)

ACTOR I: ¿Me lo cuida? Total, su cita es aquí. Tengo algo que hacer, pero volveré pronto.

ÉL: ¡Sí, claro, no se preocupe! ¡Vaya tranquilo! ¡Y gracias por todo, señor!

ACTOR I: (Le hace una reverencia) ¡Usted se las merece, señor!

 

El Actor I sale. Él queda solo. Mira la hora. Pausa. De pronto escucha murmullos que parecen llegar justo del límite entre la luz y la sombra. Se sorprende y se atemoriza porque no sabe de qué se trata. Entra Colón. Él está mirando hacia otra parte. No lo ve. Colón casi se lo lleva por delante.

 

COLÓN: (Habla como "gallego") ¿Se ve algo? (Él se sobresalta, sorprendido) ¿Se ve algo?

ÉL: (Mira en torno. Dubitativo) No... Creo... (En el círculo de luz aparecen manos que revolotean) ¿Qué es eso?

COLÓN: ¿Qué? ¡Dígame qué!

ÉL: No sé... Algo que se mueve en el aire...

COLÓN: ¡Pues pájaros! ¿Qué van a ser si no pájaros?

ÉL: ¿Pájaros?... (Mira) No me había dado cuenta... Son distintos a los de mi ciudad...

COLÓN: ¡Aquí todo DEBE ser distinto! ¡Es mi última esperanza!

ÉL: ¿Su última esperanza?

COLÓN: ¡Mi última esperanza! ¿Y usted?


ÉL: ¿Yo, qué, señor?

COLON: Usted... ¿qué espera?

ÉL: (Sonríe cohibido) ...no sé... yo... ¡Acabo de llegar!

COLON: ¡Buen comienzo! ¡Olvidarlo todo! ¡La memoria es inútil!

ÉL: ¿La memoria es inútil?

COLON: ¡La memoria es inútil! ¿Y las escaleras?

ÉL: ¿Qué?

COLON: ¿Le gustan?

ÉL: ¿Qué?

COLON: ¡Las escaleras! ¿Le gustan las escaleras?

ÉL: No sé... depende...

COLON: ¡No depende! ¡Olvídalas!

ÉL: ¿Qué?

COLON: ¡Las escaleras! ¡Olvídalas! ¡Hay un solo escalón! La memoria es inútil. El futuro está por verse. ¡No hay escaleras! ¿Se ve algo?

ÉL: No sé...

COLON: ¡DEBE verse! Primero los pájaros... ¡DEBE verse algo!

Se escucha el murmullo que rodea el círculo de luz.

ÉL: Yo...

COLON: ¿Qué?

ÉL: ¡Oigo! ¡Oigo algo!

COLON: ¡Él OYE algo!... ¡Eso es! ¡SONIDOS! Allá... no hay más que... ¡SONIDOS!

Lo toma con fuerza del brazo.

ÉL: (Sobresaltado) ¿Qué?

COLON: ¿Se dio cuenta de que vengo huyendo, no?

ÉL: Yo... No... Es que, perdóneme... no presté atención... Acabo de llegar, y... ¿viene huyendo, señor?

COLON: ¡Vengo huyendo, señor! ¡Y si alguna vez le dicen que me enviaron, no les crea! ¡Huyo, señor! ¡Huyo! ¡De la memoria y de las palabras! ¡Huir! ¡Huir! Y tal vez... es posible... a lo mejor... quién sabe... sólo buscaba esto: el... ¡SONIDO!

Las manos se retiran.

ÉL: ¡Los pájaros!

COLON: ¿Qué pasa con los pájaros?

ÉL: ¿No lo ve?

COLON: ¡No! ¿Qué pasa con los pájaros?

ÉL: ¡Se fueron!...

COLON: ¡Se fueron!... Entonces... ¡hemos llegado! Ayúdeme a cruzar la avenida.

ÉL: ¿Ayudarlo? ¿Por qué?

COLON: (Exasperado) ¡Soy ciego, señor! ¿No se dio cuenta de que soy ciego?

ÉL: No... perdóneme... no presté atención...

COLON: ¡Soy ciego, señor! Ayúdeme.

ÉL: Es que... (Vacila. Mira al Obelisco) no puedo... estoy cuidando el... (Se corta al recordar que el otro es ciego)... ¡algo! Me comprometí. (Pausa. Culpable) No puedo... (Colón comienza a emitir un sonido bajo, que es casi un gemido) No puedo... Me comprometí...

 

Colón aumenta la intensidad del sonido. Gira sobre sí mismo, como buscando a tientas por dónde salir. Va hacia el Obelisco. Él le grita:

¡Por ahí no, señor!

 

El Obelisco crece. Colón tropieza con él y cae sentado. Él lo ayuda a levantarse.

 

¿Se lastimó? (Colón sigue emitiendo sonidos) ¡Señor!... ¿Se lastimó?

 

Lo ayuda a incorporarse. Colón sale emitiendo sonidos. Él le grita:

 

Yo lo ayudaría, pero... ¡me comprometí, sabe!

 

Pausa. Silencio. Él mira su reloj. Entra Actor I.

 

ACTOR I: ¡Pensé que se habría ido!

ÉL: No, si me comprometí...

ACTOR I: ¡Se lo agradezco mucho, señor! (Le hace una reverencia) ¡Enseguida vuelvo! (Va a salir)

ÉL: Oiga, señor...

ACTOR I: (Se vuelve) ¿Sí, señor?

ÉL: ¿Se va, señor?

ACTOR I: Claro, señor.

ÉL: ¿Va a tardar mucho, señor?

ACTOR I: (Lo piensa) No, señor. No lo creo.

ÉL: (Sonríe simpático) ¡No se olvide de mí, eh!

ACTOR I: ¡Quédese tranquilo, señor! ¡Tengo muy buena memoria! Mañana es el cumpleaños de papá. El mes que viene mi aniversario de casado. A fin de año el santo de la nena. ¿Ve que tengo buena memoria?

 

Entran en el círculo Colón y el Indio. El Indio va delante, ligado a Colón por una cadena, como si fuese un perro guiando a un ciego. El Indio lleva algunas prendas de Colón, y Colón algunas del Indio. Salen.

 

¿Por qué siempre la gente saca a pasear sus perros a esta hora?

ÉL: No sé... Nunca lo pensé...

ACTOR I: ¿O serán los perros los que sacan a pasear a su gente a esta hora?

ÉL: No sé... Tampoco lo pensé...

ACTOR I: ¡Vaya a saber! (Recuerda algo con entusiasmo) ¡Oiga, señor! ¡Casi me olvido! ¡Yo tengo un amigo que vive en Paraná!

ÉL: (Feliz) ¡Ah, sí? ¿quién es? (Actor I no le responde. Sale. Pausa. Él sonríe mientras mira su reloj) ¡Es simpático! Yo tenía mucho miedo cuando veníamos en el tren... con mamá y mis hermanos... ¡eh, Buenos Aires!... y no, acabo de llegar... y ya estoy cuidando... ¡EL OBELISCO! ¡EL O-BE-LIS-CO! (Ríe) ¡No me lo vas a creer, Pelado, cuando te lo escriba!

Entra el Pelado trayendo unas maderas.

PELADO: ¡Ya está el barquito, Josesito! ¡El tano pescador me hizo los planos! ¡Mirá! ¡Podemos irnos, Josesito!

 

Arma el barquito con las maderas.

 

ÉL: (Lee su carta) "Pelado: ésta debe ser la primera carta que escribo en mi vida. ¿Sabés qué bueno es escribir cartas? Podés ver todo como desde lejos... pensarlo desde afuera... No parece que hicieran dos días en que me fui de Paraná, sino 25 años... ¡Todo se borra, Pelado! ¡Todo!... ¡Hay que escribir cartas, Pelado!".

PELADO: (Armando el barquito) Aquel alemán que conocí en el puerto, Josesito, venía de cazar cocodrilos. ¡Dice que en Corrientes hay cocodrilos, Josesito! ¿Te das cuenta? Y a lo mejor... también hay... ¡OTRAS COSAS! ¿Te imaginás, nosotros, vos y yo, Josesito, cazando cocodrilos... y entre otras cosas?

ÉL: (Siempre en su carta, tono casi mecanizado) "Vos siempre fuiste medio loco, como aquella vez del barquito ¿te acordás?, pero esto que te voy a contar no me lo vas a creer, ni vos, Pelado... ¡porque es lo más loco de lo loco!: llegué ayer... ¡y ya estoy cuidando el Obelisco!".

PELADO: (Ha terminado de armar el barquito) ¡Listo, Josesito! Podemos irnos. Vos tenés dos hermanos: da lo mismo cualquiera. Yo no tengo ninguno:  ¡igual ni se va a notar! ¡Mirá... mirá el rio, Josesito!

ÉL: (En su carta y su tono mecánico) "¡Estoy cuidando el Obelisco, Pelado!".

PELADO: ¡Mirá qué río, todo para nosotros, para vos y para mí... y para las OTRAS COSAS, Josesito!

ÉL: (Grita a la defensiva) ¡Estoy cuidando el Obelisco! (Se corta, como asustado de su propio grito. Se disculpa) Me comprometí...

PELADO: (Lo mira. Casi como un gemido) ¡Josesito!... (Abandonado, abre los brazos hacia Él) ¿Qué?... ¿Qué?... (No puede hablar)

Entra el Indio-perro. El Pelado lo ve. El Indio mira al Pelado, que se asusta.

¡Vámonos, Josesito, que me muerde! ¡Yo sé que me muerde!

ÉL: (Sigue en su carta) "¡Y sí, aunque te parezca mentira, estoy cuidando el Obelisco!".

El Indio-perro comienza a girar alrededor del Pelado, que trata de escaparle.

PELADO: ¡Me muerde, Josesito! ¡Vámonos!

ÉL: (Siempre en su carta y su tono mecánico) "Al principio no podía creerlo, pero después, sabés, comprendí que es el primer compromiso grande que tengo en mi vida. Y como te decía al principio, las cartas sirven para eso: para verlo todo desde afuera, para pensarlo bien, Pelado".

El Indio-perro atrapa al Pelado.

PELADO: (Grita) ¡Me muerde, Josesito! (El Indio-perro lo muerde, pero muy suavemente. Es casi como un beso ligero. El Pelado lo mira, sorprendido por el descubrimiento) ¿Era con vos el viaje? (Lo acaricia. Sonríe) ¡Nunca me imaginé que ahora la muerte viniera disfrazada de Rin-Tin-Tin!

El Pelado muere en brazos del Indio-perro. Este lo levanta en sus brazos. Lo pone dentro del barquito. Ata al barco la cadena que lleva al cuello, y se aleja, arrastrándolo, como un perro guía. Salen.

ÉL: (Queda solo. Para sí) ¿Pero, a quién se le ocurre escribirle a un muerto?

 

Entra rápidamente el Actor I.

ACTOR I: ¡Menos mal! ¡Me dijeron que andaba por aquí un perro rabioso!

ÉL: ¿Era eso!... ¡no me di cuenta! Pasó... ¡pero ni me miró!

ACTOR I: Es que nunca ningún perro rabioso mordió a nadie que estuviese cuidando el Obelisco. (Lo mira) ¿Estaba escribiendo?

ÉL: (Sonríe avergonzado) Sí... ¡a un amigo que murió hace años!

ACTOR I: Deme, se la echo al buzón. (Le saca la carta)

ÉL: ¡Está muerto!

ACTOR I: (Lo mira) Nunca se sabe, señor. (Va a salir. Se detiene. Se vuelve a Él y le hace una reverencia. Sale)

 

El Obelisco crece. Él no lo estaba mirando. Al volverse, ve que ha crecido bastante. Se intranquiliza. Mira en torno. Mira su reloj.

 

ÉL: ¿Cuándo va a llegar? ¡Va a empezar la película! (Mira hacia la gente que cruza la avenida) ¡Qué cantidad de gente! Pensar que Paraná entero tiene 70 mil habitantes, y aquí, en una sola esquina... (Pausa) ¿Podré gritar alguna vez: aquí estoy yo? ¿Podré?... (Pausa corta. Mira a su alrededor. Se anima y comienza a gritar) ¡Aquí!...

 

Lo interrumpe la entrada del Actor II y la Actriz I. Visten como inmigrantes. El Actor II trae un largo palo en sus manos. Hablan como "tanos". El grito de Él se encima con las primeras palabras del Actor II.

 

ACTOR II: ¿Aquí? ¿E aquí, signore?

ÉL: (Sorprendido por la interrupción) ¿Aquí? ¿Qué?

ACTOR II: ¡El lugare! ¿E aquí?

ACTRIZ I: Vámono...

ACTOR II: Osté se calla. ¡Chi-to! (A Él) ¿E aquí?

ÉL: (Confundido) Y... ¡el Obelisco es aquí!

ACTOR II: (A la Actriz I) ¿Vio? ¡E aquí! ¡Hemo arrivato! ¡Ayúdeme!

ACTRIZ I: Ma no... Vámono... No yame la atencione...

 

Pero lo ayuda a erguir el largo palo sobre el escenario.

 

ACTOR II: No la yamo. Igual, no va a venire. ¡Nadie va venire! ¡E por mí!

 

Comienza a trepar por el palo. A Él:

 

Osté... ¿e uno, o dúe? ¿Hombre... o muquer?

 

ÉL: (A la Actriz I) ¿Son del circo?

ACTRIZ I: (A Él) ¡Por favor, contéstele, signore!... Cree que está ciego il povere... Necesita saber que ve...

ACTOR II: (Desde el palo, a Él, en tono muy alto) ¿E uno, o dúe?

ÉL: (Responde también en tono alto) ¡Uno!

ACTOR II: (Igual) ¿Hombre, o muquer?

ÉL: (Igual) ¡Hombre!

ACTOR II: ¡¡El gusto es mío!! (A la Actriz I) ¿Vio que veo? (Sube más)

ACTRIZ I: Yo le dije que ve... ¡Se va'caer! ¡Se va'caer!

ACTOR II: ¡Veía parede... e sótano... e negro! ¡Ahora veo! ¡Un hombre veo! (A Él) ¡El gusto es mío!

ÉL: (A la Actriz I) ¿Le pasó algo en la vista?

ACTRIZ I: La usa poco. Siempre sótano, sabe... (Al Actor II) ¡Se va'caer!

ÉL: (A la Actriz I) ¿A dónde va?

ACTRIZ I: Arriba. A poner una bandera...

ÉL: ¿Para qué?

ACTRIZ I: Eh... Quiere tener una bandera.

ACTOR II: (Grita a la Actriz I) ¡Déme la bandera!

ACTRIZ I: (Sorprendida) Yo no tengo la bandera...

ACTOR II: ¡Osté la tenía! ¡Yo no la tengo!

ACTRIZ I: Yo tampoco la tengo...

ACTOR II: ¡Osté la tenía!

ACTRIZ I: ¡Pero no la tengo!... (Recuerda) ¡Madonna doloratta! Se quedó sobre la mesa... en la oscurida no la vimo... La usamo de mantel, ¿recuerda?... y se quedó sobre la mesa... ¡Báquese ahora! Se va'caer... ¡y ya no vale la pena!

ACTOR II: ¿Por qué? ¿Porque osté olvidó la bandera al sótano? ¿Y yo? ¿O yo no existo?

ACTRIZ I: Osté é osté... non é una bandera... ¡Báquese!

ACTOR II: Yo sirvo para todo. Sirvo para mesa. Sirvo para zanagoria. Sirvo para estar chito. No soy una persona. Soy un camaleone. ¡Eso soy! ¿E por qué no voy a servir para sere mi propia bandera? (Sube más. El palo vacila)

ACTRIZ I: (Asustada) ¡Se va'caer! ¡Báquese! ¡Yo no puedo sostenerlo más! ¡Báquese, por favor! (A Él, angustiada) ¡Ayúdeme, signore!...

ÉL: (Vacila. Mira el Obelisco) Bueno, es que... (Pausa. Se decide. Avanza hacia ellos con intención de ayudarlos justo en el momento en que entra el Actor I y ve su movimiento)

ACTOR I: (A Él) ¡EH... NO! (Él se vuelve asustado) ¡Usted se comprometió a cuidarme el Obelisco! ¡Si quiere bailar en dos partes al mismo tiempo, se va a despatarrar!

ÉL: Es que... se va a caer, me parece... (Bajo) Cree que ESO... es el Obelisco...

ACTOR I: (Natural) Ah, sí. Le pasa a todos. (Se aproxima al palo. Grita al Actor II) ¡Oiga! ¿Qué hace ahí?

ACTRIZ I: No se enoque con él, signore... No quiso yamar l'atencione... No quiso yamar a nadie...

ACTOR I: ¿Tengo cara de enojado? (Le acaricia el rostro suavemente. Grita al Actor II) ¿Qué busca? ¿Trabajo?

ACTOR II: ¿Trabajo?... No... ¡Busco el noveno piso!

ACTOR I: (Mismo tono) ¿Para qué quiere el noveno piso?

ACTOR II: (Mismo tono alto) ¡Me dijeron que ahí... custito ahí... está el paraíso!

ACTOR I: (Natural) ¡Ah, sí. Eso sí! ¡Bueno, ya llegó! Ahora, siga mis consejos: abra la boca. (Actor II abre la boca) ¡Muy bien! Aspire hondo. (Actor II aspira) ¡Muy bien! ¡Cierre la boca! (Actor II cierra la boca) Eche el aire por la nariz. (Actor II lo hace) ¡Muy bien! De nuevo. Boca. Aire. Nariz. Aire. Boca. Aire. Nariz. Aire. Suficiente. Ya puede bajar.

 

Actor II desciende del palo.

 

Vaya a su casa, y repita los ejercicios. Relaja. Es yoga.

 

Actor II asiente con la cabeza baja. Toma el palo.

 

Oiga, señor... (Actor II lo mira) A ella... ¿nada?

 

Actor II lo mira. Pausa corta. Se vuelve a la Actriz I. Se miran frente a frente. Pausa corta. El Actor II le echa aire. Ella lo aspira. Repiten lo mismo tres veces más. Pausa.

 

ACTOR II: (A la Actriz I) Ayúdeme a cruzar l'avenida... No veo...

 

Colocan el palo como si fuese una cadena que los uniese, apoyándolo sobre sus hombros. Van saliendo. Ella, delante, como un perro-guía. El Actor II la sigue, con vacilantes pasos de ciego. Salen.

 

ÉL: (Pausa. Aspira hondo. Echa el aire por la nariz) En serio relaja...

ACTOR I: ¿Le hace falta?

ÉL: Uno tiene sus problemas... (Aparecen los "pájaros") ¡Nunca me imaginé que había tantos pájaros en el Obelisco! [Nota: la palabra "pájaros" aparece tachada manualmente]

ACTOR I: (Mira sorprendido) ¿Qué pájaros?

ÉL: (Señala las manos que revolotean) Esos...

ACTOR I: No son pájaros. ¡Son manos! (Habla a las manos) ¡Les presento a mi amigo, el que me ayuda a cuidar el Obelisco! (Las manos lo aplauden a Él) Son manos, ¿ve? [Nota manuscrita: AH]

ÉL: (Sorprendido) ¿Y por qué me dijeron que eran?... (Se ofende ante una presunta estafa) ¡Yo no iba a comprar ningún pájaro!

ACTOR I: (Ofendido y digno) ¡No somos chilenos, señor! ¡Aquí no todos son ladrones, señor! ¡Hay mentiras gratuitas, señor!

ÉL: Perdóneme... Yo...

 

Pausa. Mira su mano. Le cuesta creer. Lentamente, la hace revolotear en el aire.

 

ACTOR I: Sí. Así, parecen, pero... (Golpea su mano contra la de Él, haciéndolas aplaudir) ¿Qué son?

ÉL: (Pausa) Manos.

El Obelisco crece. Ya es más alto que Él. Él se vuelve rápidamente hacia el Obelisco. Lo mira crecido. Mira su reloj en un movimiento cortado y rápido. Va a empezar la película...

ACTOR I: Sí.

ÉL: ¿Por qué no llega? Se nos va a hacer tarde...

ACTOR I: No, eso no. Esta es una ciudad grande. Aquí se da la misma película durante mucho tiempo.

ÉL: ¿En serio?

ACTOR I: Claro.

ÉL: ¿Las de Libertad Lamarque?

ACTOR I: Las de Libertad Lamarque. Las de Gardel. Las de Sandrini. Siempre la misma película.

ÉL: Bueno, sí... tal vez... pero quedamos en ir hoy, sabe... Además me iba a enseñar la ciudad...

ACTOR I: (Le señala el Obelisco) ¡Esta es la ciudad! Eso somos. ¿A dónde pensaban ir?

ÉL: No sé... (Mira a lo lejos) Allá, creo...

ACTOR I: ¿De veras, señor? Aquí, está la luz. Allá, la oscuridad. ¿No le hace pensar en nada?

ÉL: ¿En qué?

ACTOR I: No sé... Por ejemplo: si nosotros estamos en la luz, ¿no querrá decir que estamos donde corresponde? ¡Digo yo! ¡Es mi opinión, claro! ¡No quiero obligarlo a pensar como yo! (Se arrodilla) Recemos por ellos, señor.

ÉL: ¿Por quiénes, señor?

ACTOR I: Por los que están ALLÁ, señor.

ÉL: ¿Por qué, señor?

ACTOR I: Están en la oscuridad. ¿Le parece poco, señor?

ÉL: Oh... (Se arrodilla) ~~Estoy pensando...~~

ACTOR I: ¿En qué, señor?

ÉL: En... papá y mamá.

ACTOR I: (Pausa corta) ¡Pobres!

 

Entran Actor y Actriz con paraguas de colores. Se arrodillan junto a ellos. Han entrado corriendo. Como si escaparan de una posible lluvia. Pero antes de que entrasen, se ha escuchado el ulular de una sirena. Los del paraguas usan alguna prenda con reminiscencia de principios del siglo XIX. Están asustados. La sirena se detiene. Los actores del paraguas cierran ambos paraguas y los extienden hacia adelante, como si estuviesen pescando. El Actor usa una larga barba. Entra Actor IV. Usa el largo bastón de la autoridad, y algo de su vestimenta pertenece al ejército español del 1800. El Actor IV busca a alguien. Mira en torno. Va hacia el Actor I.

 

ACTOR IV: (Con tonada "gallega" falsa) ¡Oye, tú! ¿Pasó alguien por aquí?

ACTOR I: (Señala a los de los paraguas) Esos.

ACTOR IV: (Ve a Él) Y ése, ¿quién es? ¡Parece joven!...

ACTOR I: Era joven. ~~Pero~~ me está ayudando a cuidar el Obelisco. [Nota: "Pero" aparece tachado y se subraya la frase siguiente]

ACTOR IV: ¡Vaya, hombre! ¡Me alegro por ti! ¡Ya era hora! (Va hacia los dos de los paraguas. Los examina atentamente. Luego grita hacia afuera) ¡Oye, que no están aquí! ¡Sólo hay dos viejitos pescando! ¡Aquéllos deben haberse ido al Cabildo!

 

El Actor IV sale. Pausa corta. Se escucha el ulular de la sirena que se aleja hasta desaparecer. Los dos de los paraguas vuelven a abrirlos.

 

ACTOR I: Perdonen que me meta. Yo sólo soy el que cuida el Obelisco. Pero no debieron venir aquí.

ACTOR DEL PARAGUAS: Escapábamos de la lluvia.

ACTOR I: Vamos, señor. No me venga con cuentos. No está lloviendo.

ACTOR DEL PARAGUAS: Estaba lloviendo, señor.

ACTOR I: Nunca llovió, señor.

ACTOR DEL PARAGUAS: ¡Todos dijeron que llovía, señor! (Se pone de pie)

ACTOR I: ¡No se pare, no se pare! Si ése vuelve, lo único que puede salvarlo es que los encuentre rezando.

ACTRIZ DEL PARAGUAS: (Al Actor del paraguas) Arrodillate. Pensá en el bebé. (El Actor del paraguas se arrodilla. Ella le habla al Actor I) Estoy embarazada, señor. (Señala al marido) Y “ése”, me ha traído arrastrando por todas partes. Necesito un lugar para calentar la mamadera. ¿No tendrá un braserito, por casualidad?

ACTOR I: No.

ÉL: ¡Yo tengo, señora!

 

Saca un encendedor. Lo enciende.

 

ACTRIZ DEL PARAGUAS: (A Él) ¡Angelito mío! (Saca una mamadera y la pone a calentar sobre el encendedor)

ACTOR I: (A Él) ¡No se meta, señor! ¡Usted dedíquese a cuidar el Obelisco!

ÉL: ¡Es una Madre! (A la Actriz del paraguas) ¿Quiere que le tenga el paraguas?

ACTRIZ DEL PARAGUAS: ¿Sigue lloviendo?

ACTOR I: Nunca llovió. (A Él) Hágame caso, señor. No se meta. Lo van a complicar.

ÉL: ¿En qué?

ACTOR I: En todo. Lo único que puede salvarlo es que se concentre en cuidar el Obelisco. A ésos, los conozco bien.

ÉL: ¡Es... una Madre! (Toma el paraguas de ella)

ACTOR I: Usted no sabe nada, señor. Acaba de llegar.

ACTRIZ DEL PARAGUAS: (A Él) ¡Gracias, mi nene! (Al Actor del paraguas) Dame mi bebé.

El Actor del paraguas le da un "bebé" que saca de su bolsillo.

ÉL: (Apaga el encendedor. Conmovido) ¡Es una Madre!

ACTOR I: ¡No me diga a mí lo que realmente son! Hace años que cuido el Obelisco, señor. ¡He visto pasar mucha gente!

 

La Actriz del paraguas da la mamadera al "bebé". El Actor del paraguas observa al "bebé" y pone cara de repulsión.

 

ACTOR DEL PARAGUAS: ¡Es horrible!

ÉL: (Indignado) ¡Es su hijo!

ACTOR DEL PARAGUAS: (Lo mira a Él) Ah... lo reconociste, por fin...

ÉL: ¡No!... ¡No sé quién es... pero es su hijo!

ACTRIZ DEL PARAGUAS: (A Él) Dejá que diga lo que quiera. Le tiene miedo.

ACTOR DEL PARAGUAS: ¡Porque es horrible!

ACTRIZ DEL PARAGUAS: (Burlona) ¡Sí, sí!

ACTOR DEL PARAGUAS: Y cuando crezca, ¡va a ser más horrible!

ACTRIZ DEL PARAGUAS: (Siempre burlona) ¡Sí, sí!

ACTOR DEL PARAGUAS: (Enardecido) ¡Y... y... y ojalá se muera!

 

Se calla aterrado ante lo que dijo. Él y ella se miran. Se escucha nuevamente la sirena. Él se encoje asustado. Ella reacciona con firmeza y rapidez. Cierra los paraguas. Hace que Él lo extienda como caña de pescar. Luego cierra el suyo. Del extremo saca una cuerda con un anzuelo. Pone en el anzuelo el "bebé" y lo deja colgando de la cuerda, como carnada. O pesca. Entra rápidamente el Actor IV. Busca al Actor I.

 

ACTOR IV: ¿Ha llegado alguien?

Actor I le señala al "bebé". Actor IV se acerca. Huele el "bebé". Lo suelta. Grita hacia afuera:

 

— ¡Aquí no hay nadie! ¡Deben haberse ido al Alto Perú! ¡Oye, que los viejitos pescaron una trucha! (Pasa junto a Él. Lo mira. Le clava el bastón en el estómago. Él se encoje por el dolor) ¡A mí también me dieron con el cinturón cuando era un bebé!

Actor IV sale. Suena la sirena. Se aleja. Desaparece.

 

ACTRIZ DEL PARAGUAS: (Toma al "bebé" en sus brazos. Lo acuna) Y ahora, ¿qué vas a decir? Estamos vivos gracias a él. Sin él, nuestra vida no tendría sentido.

ACTOR DEL PARAGUAS: Eso... ¡lo hace más horrible todavía!

ÉL: (Jadeando por el dolor. Casi llorando) ¡Es... su hijo!

ACTRIZ DEL PARAGUAS: (Acaricia a Él) No hagás caso. No es un padre como se debe.

ACTOR DEL PARAGUAS: ¡Eso es lo que querés! ¡Que me mate!

ACTRIZ DEL PARAGUAS: (Simulando sorpresa) ¿Yo? Pero, ¡cómo se te ocurre!

ACTOR DEL PARAGUAS: ¿Por qué no le contás todo lo que hice por él? ¡Todo lo que tuve que correr! ¡Que arrastrarme! ¡Que soportar! ¡No, vos no! ¡Vos querés que me mate!...

ACTRIZ DEL PARAGUAS: Pero no, mi amor. Tiene que crecer. Tiene que estudiar. Tiene que hacerse hombre. ¿Qué haríamos sin vos?

ACTOR DEL PARAGUAS: ¡Es... horrible! ¡Yo sé que algún día me va a matar!

ACTRIZ DEL PARAGUAS: ¡Algún día, algún día! Eso es... ¡algún día! (Mira el cielo) Mirá HOY... dejó de llover. (Cierran los paraguas. Se ponen de pie) Vamos, antes de que vuelva "ése". Necesito una maternidad. ¡No voy a tener mi hijo en la calle! (Mira al marido. Le quita la barba postiza) Ya no te hace falta. (A Él) ¿Cuándo es tu cumpleaños, nene?

ÉL: (Aún jadeando dolorido) No sé...

ACTRIZ DEL PARAGUAS: Mañana.

ÉL: (La mira) ¿Mañana?...

ACTRIZ DEL PARAGUAS: Mañana. (Le da la barba) Mi regalo de cumpleaños. (Él vacila. Finalmente, toma la barba. Actor y Actriz del paraguas van a salir. Ella se vuelve a Él) Nene... (Él la mira) No vuelvas tarde. Es tu primer día aquí. No conocés a nadie.

ÉL: (Pausa. Bajo) Sí... mamá...

Actor y Actriz del paraguas salen.

ACTOR I: (A Él) ¿Le duele? (Él asiente, quejándose) Culpa suya, señor. Yo se lo advertí. No hay que meterse con los que vienen de ALLÁ. Llegan. Nos complican. Y se van.

ÉL: (Jadeando) Era... una Madre...

ACTOR I: Madres. Padres. Hijos. Pájaros. Nunca se sabe, señor. Lo único seguro es el Obelisco.

ÉL: Pero... yo... yo acabo de llegar...

ACTOR I: Eso fue hace mucho, señor. Todos llegamos. Y ahora estamos aquí. (En el único sitio iluminado) Cuidando el Obelisco. (Le señala la barba) Póngasela. Es su cumpleaños.

ÉL: Mañana es mi cumpleaños...

ACTOR I: Mañana es hoy. Ayer. Anteayer. Mañana. Pasado mañana. Todo es hoy. Póngasela.

Él vacila. Finalmente, se pone la barba. Él Obelisco crece. Se ponen de pie. Él queda semi encorvado, como un anciano.

ÉL: (Sorprendido) No puedo enderezarme...

ACTOR I: ¿Le hace falta? Si le hace falta, lo ayudo.

ÉL: (Lo piensa. Pausa. Sonríe divertido) No... realmente no. Así está más fresco.

ACTOR I: Sí. Es un clima ideal.

Suena sirena. Llega. Se detiene. Entra Actor IV empujando con su bastón al Joven.

ACTOR IV: ¡Lo hallamos vagando por ahí! ¡No sabe a dónde va!

ÉL: (Va hacia el Joven. Lo mira) ¿No sabés a dónde vas?

JOVEN: No... Más o menos... Acabo de llegar de... de Paraná y...

ÉL: ¿Para qué?

JOVEN: Paraná. Entre Ríos. Yo nací en Paraná. Y tengo una cita al pie del Obelisco...

ÉL: Ah. Y nunca lo viste antes.

JOVEN: No, señor. Acabo de llegar de...

ÉL: No hablés tanto, que no hace falta. Llegaste. ESTO... es el Obelisco.

JOVEN: ¿Y estos somos?

JOVEN: (Mira el Obelisco asombrado) ¡Qué maravilla! Un amigo mío me contó que lo había visto una vez... desde un avión... y que desde el aire el Obelisco le parecía...

ÉL: (Lo corta) ¡Pará! ¡Pará! ¡No hablés tanto, querés! ¡Me aturdís! ¡Ya no tengo paciencia para eso!

JOVEN: Perdóneme... pero... lo que yo quería decir es que a ese amigo mío el Obelisco le había parecido un enorme...

ACTOR IV: (Le tapa la boca) ¿Me lo llevo, señor?

ÉL: (Pausa) No. Déjelo. A lo mejor, sirve para algo.

ACTOR IV: Como usted diga, señor. Usted ordena. Yo obedezco. (Le hace una especie de saludo. Sale. suena la sirena y se aleja hasta desaparecer)

ÉL: Bueno... qué bien... ¡Ya somos tres!

 

Entra La Muerte. Una bella mujer.

 

ACTOR I: Por poco tiempo. Vienen a buscarlo.

 

ÉL se vuelve. Ve a La Muerte, que le sonríe.

 

ÉL: ¿A mí?

ACTOR I: Su cita, ¿recuerda?

ÉL: (Asiente con la cabeza. Intenta oponerse) Pero yo me...

 

Aparecen las manos, de todos colores. Revolotean.

 

JOVEN: ¡Uy! ¡Pájaros! ¡Pájaros de colores!

ÉL: (Mira las manos) ¡No son pájaros! ¡Son manos! (Al Actor I) Yo... yo me comprometí a ayudarlo a cuidar el Obelisco...

ACTOR I: No se preocupe. Usted cumpla con su cita. (Señala al Joven) Él me va a ayudar. (Al Joven) Me vas a ayudar, ¿no?

JOVEN: ¡Claro, señor! ¡Lo que usted diga, patrón!

ÉL: (Resignado) Bueno... fue un gusto...

ACTOR I: Para mí también, señor.

LA MUERTE: ¿Vamos?

ÉL: Sí... (Va hacia ella. Mira las manos) Dice que son pájaros...

LA MUERTE: (Con afabilidad) Es... ¡joven!

ÉL: (Cómplice) ¡Ah! (Va hacia las manos. Comienza a estrechar una a una) Adiós. Adiós. Adiós. Adiós. (Las mira. Señala al Joven con la cabeza) No lo distraigan.

 

Salen Él y La Muerte.

 

LA MUERTE: Espero que no haya comenzado la película...

ÉL: No te preocupés. Siempre es la misma.

Salen.

JOVEN: (Al Actor I) ¿Usted cree que haya empezado la película?

ACTOR I: No te preocupés. Siempre es la misma.

JOVEN: Siempre me gustó el cine. En Paraná, los domingos, al mediodía, sabe, mamá amasaba ñoquis, y después mi hermano y yo... el menor... porque en casa...

ACTOR I: ¡Pará! ¡Pará! ¡No hablés tanto que me vas a enloquecer!

JOVEN: Como usted diga, patrón. No quisiera incomodarlo. Usted se portó bien conmigo... quiero decir, que acabo de llegar... no conozco a casi nadie... y usted, sin saber quién soy, me recibe como...

ACTOR I: (Desesperado) ¡Pará, te digo! ¡Pará!

JOVEN: (Pausa corta) Sí, patrón.

ACTOR I: (Pausa. Le señala el Obelisco) ¿Te gusta el?... (Se corta) ¡No, mejor no te pregunto nada, porque sos capaz de estar una hora contestándome! (Pausa. Busca tema) ¡Ah, sí! Mirá, tengo algo que hacer, pero volveré enseguida... ¿Podés cuidarme el Obelisco?

JOVEN: Claro, patrón.

ACTOR I: Pero, oíme... no lo dejés solo, ¡eh! ¡Hay que cuidarlo siempre!

JOVEN: Vaya tranquilo, patrón. ¡Yo se lo cuido!

ACTOR I: ¿Te comprometés, no?

JOVEN: ¡Claro!

ACTOR I: ¡No me fallés, eh!

JOVEN: ¡Por favor!

 

El Actor I lo mira. Sale. Pausa. El Joven comienza a silbar. Pausa. Mira los pájaros. Entra La Joven.

 

LA JOVEN: ¡Hola!

JOVEN: ¡Hola!

LA JOVEN: ¡Te reconocí por el silbido! ¿Llegué tarde?

JOVEN: (Mira el reloj) No...

LA JOVEN: ¿Habrá empezado la película?

JOVEN: No sé... Pero, mirá, recién dos viejos decían que siempre dan la misma.

LA JOVEN: ¿Sí? ¡Entonces vamos al río! ¿Te parece bien?

JOVEN: ¡Claro!

 

La Joven ve las manos revoloteando.

 

LA JOVEN: ¿Qué son esas cosas tan horribles?

JOVEN: Pájaros de colores. ¡A mí tampoco me gustaron nunca!

 

El Joven y La Joven salen. Las manos desaparecen. Pausa. Entra el Actor I. Busca al Joven. No lo encuentra. No puede creerlo.

 

ACTOR I: ¡No puede ser! ¡Te comprometiste! ¡Vos te!... (Se corta. Dice asombrado, incrédulo) ¡Un mentiroso! ¡Era un mentiroso! ¡Eso sí que no estaba previsto!

 

El Obelisco a su primera dimensión. El Actor I lo mira. Pausa. Lo toma en sus manos. Lo enseña al público:

 

Un Obelisco. Nada por aquí. Nada por allá. Nada más que... ¡un Obelisco!

 

Espera que alguien entre. Pero no entra nadie. Pausa. Angustiado. Habla al público:

 

¿Nadie quiere ayudarme a cuidar el Obelisco? ¿Nadie quiere ayudarme a cuidar el Obelisco? ¿Nadie quiere ayudarme a cuidar el Obelisco?

 

La luz muere sobre el Actor I hasta la oscuridad total.