EL COFRECITO DE PARMÉNIDES
(O El Avaro de la Roma)
Por BENJAMIN GAVARRE
bengavarre@gmail.com
El clásico arquetipo del avaro
cobra una caótica vitalidad en El cofrecito de Parménides, una farsa
vertiginosa que traslada la tacañería histórica al corazón de la gentrificada
Colonia Roma en la Ciudad de México. Esta adaptación moderna toma la esencia de
Plauto y Molière para arrojarla a un siglo XXI obsesionado con las apariencias,
el cobro de "derecho de piso" y los negocios ilícitos disfrazados de
franquicias de helados. A través de una comedia física profundamente deudora
del slapstick y el absurdo escénico, el texto expone las neurosis de un
"whitexican" cincuentón dispuesto a utilizar a su propia esposa como
escudo humano en la planta baja de su edificio con tal de proteger su flujo de
caja. Con un ritmo frenético, transiciones oníricas detonadas por un simple
cofre de yerbabuena y un coro griego encarnado en los inefables
"Gumaros", la obra ofrece una sátira mordaz sobre el capital, los
enredos familiares y el autoengaño. Es un texto diseñado para enriquecer el acervo
teatral contemporáneo, conectando con el lector digital y el espectador moderno
a través de la risa desparpajada y la crítica social.
PERSONAJES:
PARMÉNIDES: Cincuentón aferrado a la juventud y a su cartera.
Viste un traje de diseñador, pero raído y con las rodilleras brillantes de
tanto uso.
ELENA: Su esposa. Práctica, inteligente. Lo ama, pero su paciencia pende de un
hilo.
PLÁCIDO: El hijo. Un erudito del psicoanálisis, brillante,
analítico, de hablar pausado y profundo.
MARIJOSE: La nuera española. Fina, de altísima cuna y cuenta
bancaria, un secreto que guarda celosamente.
GUMARO ORIGINAL: El milusos de confianza.
Defensor de su identidad.
GUMARO DOS y GUMARO TRES: Ayudantes con menos luces que
un pasillo de hospital público, de lenguaje gutural y directo.
ESCENOGRAFÍA (Minimalista y Funcional):
El escenario está dividido
visualmente por trastos simples. A la izquierda, un marco de puerta de madera
despintada con un letrero que dice "Planta Baja". A la derecha, un
tendedero con calzones percudidos y una caja de fusibles representan "La
Azotea". En el fondo, un telón negro liso. Los cambios de espacio se
logran moviendo un solo objeto (una mesa, un farol).
Apuntes de Dirección y Didascalias (Farsa
Física y Slapstick)
Para
potenciar la comedia visual en el escenario y subrayar los momentos fársicos,
las acotaciones deben marcar un contraste radical entre la histeria de
Parménides y la normalidad con la que el resto de los personajes acepta su
locura.
- El
caminar del Avaro: Parménides debe moverse con pasos cortitos, rápidos y
el torso inclinado hacia adelante, como si su cuerpo quisiera llegar antes
que sus pies para atrapar una moneda en el aire.
- Transiciones
Oníricas (El Efecto "Cajita"): Cada vez que Parménides huele la
yerbabuena, el cambio de luz debe ser un "corte a negro" de un
segundo, seguido por una iluminación cenital color violeta o ámbar irreal.
Un efecto de sonido (un arpa desafinada o un platillo en reversa) marca la
entrada al trance.
- La
Mesa de Canapés: Durante el trance, la utilería debe ser exagerada. Los
canapés pueden ser esponjas pintadas (para que al meterlos en sus
bolsillos reboten de manera cómica o suelten "jugo"). La jarra
de agua que vacía en su saco debe tener un mecanismo oculto o ser confeti
azul brillante que cae en cámara lenta.
- Los Gumaros como Coro Griego: Los tres Gumaros deben
moverse casi en bloque. Si Gumaro Original señala a la izquierda, los
otros dos voltean sus cabezas un segundo tarde. Cuando juegan voleibol con
la col, los saltos deben ser en cámara lenta y con exagerada técnica
deportiva, contrastando con el diálogo principal.
ESCENA 1: EL ESCUDO HUMANO Y EL PSICOANALISTA
(La acción arranca a la izquierda. Suena un
timbre ensordecedor. ELENA, en bata de seda, abre la puerta de madera
frotándose las sienes. Frente a ella están GUMARO DOS y GUMARO TRES, que traen
puesta una gorra de "Coppel" uno, y una sotana improvisada el otro).
ELENA: ¡Por octava vez en la mañana, no! ¡Aquí no vive ningún Brayan que deba
una licuadora, y no, tampoco quiero leer su revista sobre el fin del mundo!
(Les cierra la puerta en las narices. Los dos
Gumaros falsos se quitan los disfraces y corren hacia el lado derecho del
escenario, subiendo a la "Azotea". Allí está PARMÉNIDES, calculadora
en mano, junto a GUMARO ORIGINAL).
ELENA: (Gritando hacia arriba) ¡Parménides! ¡Juro que te voy a
pedir el divorcio! ¡Me mandaste a vivir al cuarto de la planta baja con el
pretexto de que "las escaleras desgastan los cartílagos"! ¡Mentira!
¡Me pusiste de escudo humano! ¡Llevo tres horas lidiando con el del fierro
viejo, los de la luz, el del agua y la mafia que viene a cobrarte tu derecho de
piso!
PARMÉNIDES: (Asomándose por el borde
imaginario, histérico) ¡Es táctica militar, Elena, mi amor! ¡Tú
tienes don de gentes, los despachas con elegancia! ¡Si me ven a mí, me
secuestran por mi innegable atractivo de maduro interesante y mi liquidez!
GUMARO ORIGINAL: Patrón, con todo respeto, la
señora tiene razón. Allá abajo parece terminal de autobuses. Y hablando de
quejas, patrón, le exijo que me respete mi jerarquía. Estos dos (señala a Gumaro Dos y Tres) andan diciendo que son
Gumaros. ¡Yo soy el Gumaro Original! ¡A mí me bautizaron así, a ellos nomás les
dicen Gumaro por contagio!
GUMARO DOS: (Con voz ronca y cavernícola)
Nosotros también arreglar cables. Nosotros romper piernas si patrón pedir.
Gumaros unidos jamás serán vencidos.
GUMARO TRES: Ugh. Sí. Gumaros romper.
PARMÉNIDES: ¡Silencio, recua de subempleados! ¡Aquí todos son
Gumaros para ahorrar saliva! ¡El tiempo es dinero!
(Entran PLÁCIDO y MARIJOSE a la azotea.
Plácido, impecable, sostiene una pipa apagada. MariJose se abanica con asco,
mirando los calzones del tendedero).
PLÁCIDO: Padre, tu mecanismo de defensa es fascinante,
aunque patético. Proyectas tu angustia de castración financiera hacia la figura
materna, ubicando a mi madre en la frontera física del hogar —la planta baja—
como un tótem apotropaico para repeler a tus acreedores. Es un caso de manual
de neurosis obsesiva ligada al capital.
PARMÉNIDES: ¡Háblame en cristiano, mequetrefe ilustrado!
¡Tanta universidad para que vengas a insultarme con palabras esdrújulas!
MARIJOSE: (A Plácido, en un susurro
sonoro) Joder, Plácido, que me da un pasmo de ver cómo vive. Si tu
padre supiera que mi familia es dueña de la mitad de la Gran Vía en Madrid y
que cago euros, me amordaza y pide rescate a mis padres. ¡Ni una palabra de mi
herencia, eh!
PARMÉNIDES: ¿Qué murmuras, nuera? ¿Ya traes el adelanto para
la boda? ¡Porque en esta casa las tradiciones se respetan, y los conquistadores
pagan el banquete!
GUMARO DOS: (Interrumpiendo, tropezando con
sus propios pies) Patrón. Problema grande. Dinero que usted dar en
sobre para pagar mafia de su negocio de "Helados y Helotes"...
nosotros entregar a señores equivocados. Ser otros mafiosos. Mafia original
estar muy enojada. Venir para acá.
PARMÉNIDES: (Se pone blanco como el papel.
Se agarra el pecho) ¡Le pagué a la competencia! ¡Me quedé sin un
peso! ¡Mi capital! ¡Mi flujo de caja! ¡Me ahogo! ¡La cajita! ¡Gumaro Original,
tráeme la cajita mágica!
ESCENA 2: LA ENSOÑACIÓN Y LOS CANAPÉS
(Gumaro Original saca de detrás de la caja de
fusibles un cofrecito de madera desgastado y se lo entrega. Parménides lo abre
con manos temblorosas. Adentro hay yerbabuena seca. Parménides mete la nariz y
aspira profundamente).
PARMÉNIDES: (Su voz se vuelve lenta y
distorsionada) Ah... el aroma de la casa de mi abuela... cuando el
bolillo costaba veinte centavos... cuando nadie me pedía prestado...
(Cambio radical de luz. Tonos morados y
oníricos. Música de arpa. Todos los personajes adoptan posturas congeladas.
Gumaro Dos y Tres meten velozmente una mesa con un mantel blanco y una charola
de canapés, colocándose un moño de mesero en el cuello. El marco de la puerta
ahora tiene pegado un cartel que dice "BODA". Estamos en la
ensoñación de Parménides).
(Parménides tiene los ojos cerrados. Extiende
los brazos como sonámbulo. Camina de puntitas. Los demás se descongelan pero
actúan con pasmosa normalidad ante el absurdo).
ELENA: (Bebiendo champaña invisible) Ay, mira qué hermoso
camina. Ya entró en su trance de ahorro.
PLÁCIDO: Es su fase REM de cleptomanía táctil.
Completamente inofensivo si no traes suelto.
(Parménides, dormido, se acerca a MariJose.
Con una delicadeza de cirujano, le desabrocha un collar brillante y se lo mete
al bolsillo de su saco).
MARIJOSE: (Sonriendo, como si nada)
Hombre, que me ha quitado las perlas falsas. Qué detalle, me pesaban un montón
las cervicales.
PARMÉNIDES: (Murmurando en sueños)
Ahorro para el enganche del panteón...
(Parménides avanza hacia la mesa de canapés.
Toma los bocadillos y, en lugar de comerlos, se los mete directamente en los
bolsillos del pantalón, haciendo un desastre de paté y queso. Luego, toma una
jarra de limonada imaginaria y se la vierte dentro de la bolsa del saco).
GUMARO ORIGINAL: (Anotando en una libretita)
Catorce canapés, dos litros de agua de jamaica en el forro... el patrón está
rompiendo su récord.
GUMARO TRES: Ugh. ¿Nosotros también meter comida en calzones?
GUMARO ORIGINAL: No, bestia, eso solo lo hace el
patrón en sus viajes astrales.
(Parménides respira hondo. Cierra el cofrecito
de golpe. La luz onírica desaparece y vuelve la iluminación normal. Parménides
parpadea, desorientado. Ve sus manos llenas de paté y su saco escurriendo
agua).
PARMÉNIDES: ¡Pero qué demonios! ¡Gumaro! ¡¿Por qué estoy
sudando jamaica?!
PLÁCIDO: Regresaste, padre. Tuviste otro episodio
disociativo inducido por la yerbabuena. Intentaste capitalizar el evento
social.
PARMÉNIDES: (Se da cuenta de que tiene el
collar de MariJose en la mano) ¡¿Y esto?! ¡Yo no soy un ratero, soy
un administrador proactivo! ¡Toma tu baratija, española gorrón!
ESCENA 3: EL PERFUME Y LA CONFUSIÓN
MARIJOSE: ¡De gorrón nada, carcamal! ¡Que hueles a caño y a
paté! (Saca un frasco de perfume de su bolso para rociarse ella misma).
Joder, qué sofoco me das.
PARMÉNIDES: (Viendo el frasco)
¡Perfume importado! ¡Eso es un derroche de etanol! (Rápido como una víbora, le
arrebata el frasco). ¡Préstalo, que no me he bañado por culpa de la
escasez del Cutzamala y el recibo del agua!
(Parménides se vacía medio frasco en el
cuello. Cierra los ojos con deleite).
PARMÉNIDES: Mmmm... huele a madera de oriente... a lujos
europeos... MariJose... este olor me excita las hormonas... me siento un toro
de lidia, un semental ibérico... ven acá, chiquilla...
(MariJose le acomoda una tremenda bofetada de
revés que lo hace girar como perinola).
MARIJOSE: ¡Serás cerdo!
GUMARO ORIGINAL: ¡Código rojo! ¡El patrón se nos
puso hormonal! ¡Gumaros, neutralicen!
(Gumaro Dos saca una lata industrial de
desodorante para pies y Gumaro Tres una de Axe de chocolate. Lo rocían de pies
a cabeza. Parménides tose violentamente).
ELENA: (Entrando por el lado de la planta baja, tosiendo)
¡Basta! ¡Apesta a vestidor de secundaria técnica! ¡Báñate ya, Parménides! ¡Los
invitados de la boda están llegando y los mafiosos están exigiendo su dinero en
la puerta!
PARMÉNIDES: ¡Los Gumaros! ¡Gumaros, bajen y confúndanlos!
¡Díganles que yo me mudé a Groenlandia!
GUMARO TRES: ¿Nosotros romper Groenlandia?
GUMARO ORIGINAL: ¡Ay, por Dios! ¡Síganme, par de
primates!
(Los tres Gumaros bajan corriendo. Se escucha
un alboroto abajo).
ESCENA 4: LA APARICIÓN DE MACORINA
(El marco de la puerta y el tendedero
desaparecen. Las luces bajan a un tono cálido y elegante. Una mesa con dos
copas de vino. La boda está en su apogeo. Parménides entra contando cacahuates
uno por uno de un platito).
PARMÉNIDES: Cuarenta y uno, cuarenta y dos... a tres pesos el
gramo... estos gringos y españoles tragan como pelícanos...
PLÁCIDO: (Acercándose con MariJose)
Padre. Pese a tus patologías, MariJose y yo hemos decidido que nos encargaremos
de tus deudas con la mafia.
PARMÉNIDES: (Suelta los cacahuates)
¡¿De verdad?! ¡Hijo mío! ¡Lumbre de mi intelecto! ¿Cómo? ¿Pediste un préstamo
en Coppel?
MARIJOSE: No, hombre. Que mi padre es el Marqués de Casa de
Vaca. He extendido un cheque. Calma.
(Parménides se queda bizco, procesando la
fortuna que acaba de entrar a su familia. Antes de que pueda gritar de
avaricia, las luces bajan aún más. Queda un solo reflector en el centro).
ELENA: (Acercándose a Parménides) Parménides. Sé que eres
insoportable. Sé que me usas de escudo humano. Pero llevamos treinta años
juntos, y conozco tu único punto débil. Tu amor platónico. Tu fantasía
inalcanzable. Este es mi regalo de bodas para ti.
(Suenan los acordes desgarradores de una
guitarra acústica. Empieza a sonar "Macorina". Al círculo de luz
entra una figura imponente: trae un jorongo rojo y negro, gafas oscuras, el
pelo recogido y un puro apagado en la mano. Se acerca a Parménides).
FIGURA: (Con voz ronca, grave, idéntica a Chavela Vargas, cantando al oído
de Parménides) "Ponme la mano aquí, Macorina..."
(Parménides abre los ojos desmesuradamente.
Empieza a temblar. El labio inferior le tiembla. Se lleva ambas manos al
corazón).
PARMÉNIDES: (Con voz quebrada)
¿Chavela? ¿Mi Chavela? ¡Estás viva! ¡Y viniste a cantarme de gratis! ¡Oh, Dios
mío, la emoción y el ahorro juntos! ¡No lo soporto!
(Parménides voltea los ojos en blanco y cae
redondo hacia atrás, tieso como tabla. Plácido y MariJose aplauden, pensando
que es parte del show).
PLÁCIDO: Magnífica catarsis. Un colapso psicosomático
inducido por el éxtasis estético.
GUMARO TRES: (Asomándose)
¿Nosotros romper Chavela?
GUMARO ORIGINAL: ¡Cállate, animal!
(Parménides empieza a parpadear en el suelo.
Se levanta a medias, mareado).
PARMÉNIDES: ¿Chavela? ¿Dónde estás, diosa del tequila?
PLÁCIDO: Padre, Chavela Vargas falleció hace más de una
década.
PARMÉNIDES: (Se toca la cabeza)
¡No, no puede ser! ¡Yo la vi! ¡La olí! Olía a agave y a tabaco caro... ¡La
cajita! ¡Fue la yerbabuena de mi abuela! ¡Caí en otra ensoñación! ¡Mi cerebro
me engaña para no gastar en boletos de concierto!
(La figura de Chavela se ríe. Se quita las
gafas oscuras y el jorongo. Es ELENA, muerta de la risa).
ELENA: Ay, Parménides. Serás tacaño, pero sigues siendo facilote. Fui yo.
PARMÉNIDES: (La mira atónito. Luego mira el
cheque que asoma del bolso de MariJose. Sonríe, con los ojos llenos de
lágrimas, y abraza las piernas de Elena). ¡Elena, mujer maravillosa!
¡Me ahorraste la terapia de duelo, los boletos de primera fila y el cover! ¡Te
amo! ¡De hoy en adelante, te prometo que te subiré al segundo piso!
(Parménides, inesperadamente se
levanta y abraza a Plácido con una fuerza inusitada) ¡Plácido, hijo mío, sangre de
mi sangre! Qué orgullo. ¡Casarte con una mujer tan noble, tan virtuosa... y con
una cuenta bancaria tan grotescamente abultada! Tienes un instinto financiero
natural.
PLÁCIDO: (Acomodándose la corbata,
con una media sonrisa) Aprendí del mejor, padre.
MARIJOSE: (Abanicándose, con una
sonrisa helada) ¡No os hagáis ilusiones, par de sanguijuelas! Que firmamos
separación de bienes absolutos, y mi tarjeta platino se va conmigo a la tumba.
(Entran los Gumaros corriendo.
Traen una col gigante en las manos).
GUMARO ORIGINAL: ¡Patrón, ya despistamos a los
mafiosos! ¡Y nos robamos una col de la cocina!
GUMARO DOS: ¡Voleibol!
(Los tres Gumaros empiezan a jugar voleibol
saltando por el escenario con la gran Col. Parménides, abrazado a las rodillas
de Elena, saca su libretita y murmura).
PARMÉNIDES: Plácido, anota: la col gigante se la descontamos
de la quincena a los tres.
(Plácido sonríe, negando con la cabeza,
mientras abraza a su acaudalada esposa española).
TELÓN