lunes, junio 01, 2026

LA CARÁTULA DE DIEGO SÁNCHEZ.


















LA CARÁTULA

DE DIEGO SÁNCHEZ

PASO MUY GRACIOSO, EN EL CUAL SE INTRODUCEN TRES PERSONAS, COMPUESTO POR:


LOPE DE RUEDA.






PERSONAJES

  • ALAMEDA, simple.

  • SALCEDO, su amo.

ESCENA ÚNICA

(Un lugar harto apartado en el campo.)

(Entran ALAMEDA y SALCEDO.)

ALAMEDA ¿Acá está vuesa merced, señor mosamo?

SALCEDO Aquí estoy, ¿tú no lo ves?

ALAMEDA Pardiez, señor, a no toparos, que no le pudiera encontrar, aunque echara más vueltas que un podenco cuando se viene a acostar.

SALCEDO Por cierto, Alameda, qu'es negocio ése que se te puede creer fácilmente.

ALAMEDA A no creerme, dijera que no estábades en vuestro juicio, pues a fe que vengo a tratar con vuesa merced un negocio que me va mucho en mi conscencia, si acaso me tiene cilicio.

SALCEDO Silencio querrás decir.

ALAMEDA Sí, silencio será; pienso que...

SALCEDO Pues di lo que quieres, qu'el lugar harto apartado es, si ha de haber silencio o cosa de secreto.

ALAMEDA ¿Hay quien nos pueda oír por aquí? Mírelo bien, porqu'es cosa de grande secreuto. Y en topetando que le topeté, luego le conoscí qu'era vuesa merced como si me lo dijeran al oído.

SALCEDO Que te creo sin falta.

ALAMEDA ¿Pues no m'había de creer, siendo nieto de pastelero?

SALCEDO ¿Qué hay? Acabemos.

ALAMEDA (Hablando bajo.) Hable quedo.

SALCEDO ¿Qué aguardas?

ALAMEDA Más quedo.

SALCEDO Di lo que has de decir.

ALAMEDA ¿Hay quien nos escuche?

SALCEDO ¿No te habemos dicho que no?

ALAMEDA Sabed que me he hallado una cosa con que podré ser hombre, de Dios en ayuso.

SALCEDO ¿Cosa de hallar, Alameda? Tu compañero quiero ser.

ALAMEDA No, no; solo me lo hallé, solo me lo quiero gozar, si la fortuna no m'es adversa.

SALCEDO Amuesa qué te has hallado; enséñanoslo.

ALAMEDA ¿Ha visto vuesa merced un cernícalo?

SALCEDO Sí, muy bien.

ALAMEDA Pues mayor es mi hallazgo, con más de veinte y cinco maravedís.

SALCEDO ¿Es posible? Amuestra a ver.

ALAMEDA Ni sé si la venda, ni sé si la'mpeñe.

SALCEDO Amuesa.

ALAMEDA A paso, a paso; mírela tantico.

(ALAMEDA saca la carátula y se la muestra a SALCEDO.)

SALCEDO ¡Oh, desaventurado de mí! ¿Qué, todo eso era tu hallazgo?

ALAMEDA ¡Cómo! ¿No's bueno? Pues sepa vuesa merced que viniendo del monte por leña, me la'ncontré junto al vallado del corralejo, este diabro de hilosomía. ¿Y adónde nascen éstas, si sabe vuesa mercé?

SALCEDO Hermano Alameda, no sé qué te diga, sino que fuera mejor que se te cayeran las pestañas de los ojos antes que te acontesciera una desdicha tan grande.

ALAMEDA ¿Desdicha es hallarse el hombre una pieza como ésta?

SALCEDO ¡Y cómo si es desdicha! No quisiera estar en tu piel por todo el tesoro de Venecia. ¿Tú conosces este pecador?

ALAMEDA ¿Pecador es éste?

SALCEDO Parésceme a mí que lo quiero conoscer.

ALAMEDA Yo también.

SALCEDO Dime, Alameda, ¿no tienes noticia del santero que desollaron los ladrones la cara por roballo, Diego Sánchez?

ALAMEDA ¿Diego Sánchez?

SALCEDO Sí, Diego Sánchez; no me puedes negar que no sea éste.

ALAMEDA ¿Qu'ést'es Diego Sánchez? ¡Oh, desdichada de la madre que me parió! ¿Pues cómo no m'encontró Dios con unas árguenas de pan, y no con una cara de un desollado? (Hablándole a la máscara.) ¡Ce, Diego Sánchez, Diego Sánchez! (A SALCEDO.) No, no pienso que responderá por más voces que le den. Y diga, señor, ¿qué se hicieron de los ladrones? ¿Halláronlos?

SALCEDO No los han hallado. Pero sábete, hermano Alameda, que anda la Justicia muerta por saber quién son los delincuentes.

ALAMEDA ¿And por dicha, señor, soy yo agora el delincuente?

SALCEDO Sí, hermano.

ALAMEDA ¿Pues qué me harán si me cogen?

SALCEDO El menor mal que te harán, cuando muy misericordiosamente se hayan contigo, será ahorcarte.

ALAMEDA ¿Ahorcarme? Y después echarme han a galeras..., y más yo que soy algo ahogadizo de la garganta...; y an por averiguado tengo, señor, que si me ahorcasen, se me quitaría la gana del comer...

SALCEDO Lo que yo te doy por consejo, hermano Alameda, es que luego te vayas a la ermita de Sant Antón y te hagas santero, así como lo era el otro cuitado. Y d'este arte, la Justicia no te hará mal ninguno.

ALAMEDA Y dígame, señor, ¿cuánto me costará una tablilla y campanilla como aquélla de aquel desdichado?

SALCEDO No es menester hacella de nuevo, que la del pasado santero anda vendiendo el pregonero de la villa y se la podrás comprar. Mas de una cosa tengo miedo...

ALAMEDA Yo, de más de docientas... ¿Y es la suya de qué?

SALCEDO Que estando solo en la ermita te podría asombrar alguna noche el espíritu de aquel cuitadillo; pero más vale que te asombre a ti que no que asombres tú a otros colgado del pescuezo, como podenco en barbacana.

ALAMEDA Y más yo, qu'en apretándome la nuez un poco, no puedo resollar.

SALCEDO Pues, hermano, anda presto, porque, si te tardas, podría ser que topases la Justicia.

ALAMEDA ¿And qué se ha de hacer de aquesta filomancía o qué es?

SALCEDO Ésta déjala estar, no te topen con ella.

ALAMEDA Pues yo me voy. Ruegue a Dios que me haga buen santero. Ora, ¡sus!, quedad norabuena, señor Diego Sánchez.

(Sale ALAMEDA corriendo.)

SALCEDO (A solas.) Agora menester será, pues le he hecho encreyente a este animalazo qu'esta carátula es el rostro de Diego Sánchez, de hacelle una burla sobr'ella. Y es que yo me quiero ir a apañar con una sábana lo mejor y más artificiosamente que pueda y le saldré al encuentro, fingiendo que soy el espíritu de Diego Sánchez. Y veréis qué burla tan concertada será ésta. ¡Sus! Voylo a poner por obra.

(Éntrase SALCEDO. Pasa un tiempo dramático. Sale ALAMEDA, simple, vestido como santero, con una lumbre en la mano y una campanilla.)

ALAMEDA ¡Para la lámpara del aceite, señores! Trabajosísima cosa es el hombre santero, que nunca se mantiene sino de mendrugos de pan, que no parezco sino gozque de conejero, que lo matan de hambre porque cace mejor a sabor. Y más, que los gozques que solía tener por amigos, como me ven con este traje, me han desconoscido, y como ven que de puerta en puerta ando pidiendo y les recoxgo los mendrugos de pan qu'ellos solían tener por principal mantenimiento, así se vienen a mí, las bocas abiertas, como el cuquillo a las mariposas. Y lo peor de todo es que no se menea un mosquito en la ermita, cuando luego pienso qu'es el álima del santero desollado; y no tengo otro remedio sino, en sintiendo algo, capuzarme la cabeza debajo la ropa, que no parezco sino olla de arroz que la tapan porque no se le salga la substancia d'ella. Dios me despene por quien Él es, amén.

SALCEDO (Desde fuera, con voz cavernosa.) ¡Alameda!

ALAMEDA (Asustado, tocando la campanilla.) ¡Ay, llamado me han! ¿Hay quien dé, por Dios, para la lámpara del aceite?

SALCEDO (Fuera.) ¡Alameda!

ALAMEDA Ya son dos alamedadas. ¿Alameda y en meitad del monte? No's por mi bien. ¡Dios sea conmigo!

SALCEDO (Fuera.) ¡Alameda!

ALAMEDA El Espíritu Sancto consolador sea conmigo y contigo, amén. Quizás será alguno que me quiera dar limosna.

SALCEDO (Fuera.) ¡Alameda!

ALAMEDA Así, así, mucho “¡Alameda, Alameda!”, y después quebrarme han el ojo con una blanca.

SALCEDO (Fuera.) ¡Alonso de Alameda!

ALAMEDA ¿Alonso y todo? Ya me saben el nombre de pila. No es por bien esto. Quiero preguntar que quién es, con dolor de mi corazón. (Gritando con miedo.) ¿Quién sois?

(Entra SALCEDO cubierto con una sábana, fingiendo ser un fantasma.)

SALCEDO ¿No me conosces en la voz?

ALAMEDA ¿Yo en la voz? Ni aun querría... No's conozco, si no's viese la cara.

SALCEDO ¿Conosciste a Diego Sánchez?

ALAMEDA ¡Él es, él es! Mas..., podrá ser que no sea él, sino otro. Señor, conoscí siete o ocho en esta vida.

SALCEDO Pues, ¿cómo no conosces a mí?

ALAMEDA ¿Sois vos alguno d'ellos?

SALCEDO Sí soy, porque antes que me desollasen la cara...

ALAMEDA ¡El desollado es, el desollado es! ¡Dios sea con mi álima!

SALCEDO Porque me conozcas, me quiero mostrar a ti.

ALAMEDA ¿A mí? Yo's lo perdono. Mas, señor Diego Sánchez, aguarde que pase por el camino otro que lo conozca mejor que yo.

SALCEDO A ti soy enviado.

ALAMEDA ¿A mí, señor Diego Sánchez? Por amor de Dios, yo me doy por vencido, y me pesa de buen corazón y de mala voluntad.

SALCEDO ¿Qué dices?

ALAMEDA Estoy turbado, señor.

SALCEDO ¿Conóscesme agora?

ALAMEDA ¡Ta, ta, ta..., sí, señor! ¡Ta, ta, ta..., ya le conozco!

SALCEDO ¿Quién soy yo?

ALAMEDA Si no m'engaño, sois el santero que le desollaron la cara por roballe.

SALCEDO Sí soy.

ALAMEDA Pluguiera a Dios que nunca lo fuérades. ¿And no tenéis cara?

SALCEDO Denantes solía tener cara, aunque agora la tengo pegadiza por mis pecados.

ALAMEDA ¿Pues qué quiere agora, señor, su merced Diego Sánchez?

SALCEDO ¿Dónde están las notomías de los muertos?

ALAMEDA ¡A las sepulturas me envía! ¿And comen allá, señor Diego Sánchez?

SALCEDO Sí, ¿por qué lo dices?

ALAMEDA ¿And qué comen?

SALCEDO Lechugas cocidas y raíces de malvas.

ALAMEDA ¡Bellaco manjar es ése por cierto! ¡Qué de purgados debe de haber allá! ¿And por qué me queréis llevar con vos?

SALCEDO Porque sin mi licencia os posistes mis ropas.

ALAMEDA (Quitándose la ropa de santero apresuradamente.) Tómelas, tómelas y lléveselas, que no las quiero.

SALCEDO Vos proprio habéis de venir y, si diéredes el descargo que convenga, dejar os han que volváis.

ALAMEDA ¿And si no?

SALCEDO Quedaros heis con las notomías en las cisternas viejas. Mas resta otra cosa.

ALAMEDA ¿Qué's, señor?

SALCEDO Habéis de saber que aquellos que me desollaron me echaron en un arroyo...

ALAMEDA ¡Fresco estaría allí Su Magnificencia!

SALCEDO ... y es menester que al punto de la media noche vais al arroyo y saquéis mi cuerpo y le llevéis al cimenterio de Sanct Gil, qu'está al cabo de la villa, y allí junto digáis a grandes voces: ¡Diego Sánchez!

ALAMEDA Y diga, señor, ¿tengo d'ir luego?

SALCEDO Luego, luego.

ALAMEDA Pues, señor Diego Sánchez, ¿no será mejor que vaya a casa por un borrico en que vaya caballero su cuerpo?

SALCEDO Sí, aguija presto.

ALAMEDA Luego torno.

SALCEDO Andá, que aquí os aguardo.

ALAMEDA Dígame, señor Diego Sánchez, ¿cuánto hay de aquí al día del juicio?

SALCEDO Dios lo sabe.

ALAMEDA ¡Pues hasta que lo sepáis vos, podéis aguardar!

SALCEDO Venid presto.

ALAMEDA No comáis hasta que venga.

SALCEDO ¿Ansí? Aguarda, pues.

(SALCEDO arremete contra él y empieza a perseguirlo.)

ALAMEDA (Huyendo despavorido.) ¡Válame Sancta María! ¡Dios sea conmigo, que me viene siguiendo!

(Salen corriendo.)

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