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viernes, agosto 29, 2025

Narcomenudeo: versión en español Por BEN GAVARRE

 
















Narcomenudeo: versión en español

 

Por Ben Gavarré

 

Personajes:

  • Joaquín: 16 años. Ambicioso, pero inexperto. Su humor es su forma de afrontar el peligro.
  • Eva: 15 años. Descarada y audaz. Su ingenio es tan afilado como su ambición.
  • Rubén: 50 años. Un hombre que se siente obsoleto, su humor es un escudo para su miedo.
  • Inés: 48 años. Agotada, su ironía es una defensa contra la frustración.
  • El Gabo: 30 años. Narcomenudista de nivel medio. Frío y calculador, con un código moral muy particular.
  • El Rizos: 40 años. El jefe. Ve el negocio como una empresa. Su humor es cínico y cruel.
  • El Cortado: 20 años. Un "diler" de barrio. Se cree importante, pero su "humor" lo delata.

Escena uno

(La sala familiar de los Rovira. Es un espacio de clase media, un poco anticuado. Rubén ve la televisión. Se escucha el audio de un noticiero. Inés está leyendo un libro sobre psicología adolescente, con el ceño fruncido).

Voz del Noticiero: — ...al parecer el hallazgo del cuerpo en Tepoztlán está vinculado con un ajuste de cuentas entre cárteles rivales. Se rumora que el fallecido era conocido por su gusto por las novelas de misterio, lo que sugiere un final digno de un 'whodunit' criminal.

Rubén: — (Apaga la televisión de golpe). ¡Qué sinrazón! ¿Viste eso, Inés? Hasta en la nota roja ya hay críticos de cine.

Inés: — No. Estaba en lo mío.

Rubén: — ¿Y de qué te sirve leer? El país se desmorona, y tú en tu mundito de psicología.

Inés: — Deberías leerlo. Dice que la mejor disciplina es la de una mente desocupada. Se parece a la tuya.

Rubén: — (Ignora el comentario, con un gesto de fastidio). Hablando de mentes desocupadas, ¿no vas a disciplinar a tu hijo? Así me enseñó mi padre. Y mira, salí bien.

Inés: — Los tiempos han cambiado, Rubén. Los golpes ya no funcionan. Solo lo alejas más. A menos que quieras que salga igual que tú.

Rubén: — ¿Y eso es malo?

Inés: — A veces, el que ríe al último es porque no entendió el chiste.


Escena dos

(Afuera de una universidad. El Cortado está con Joaquín y Eva. El Cortado fuma un cigarro de marihuana y les ofrece uno a ellos, que se ven nerviosos).

El Cortado: — ¿Qué pex? ¿No le van a entrar? Es neta, es una probadita del paraíso.

Eva: — Ya, déjanos. No se te vaya a secar la boca del chiste.

El Cortado: — Neta, este es el negocio del siglo. Traigo más lana encima de la que sus jefes juntan en un mes. Yo los invito.

Joaquín: — Yo no soy ningún imbécil. Tengo mi ropa de marca.

El Cortado: — Uy, qué presumido, güey. ¿Vas a sacar tu catálogo de Zara? ¿Entonces, no le entran?

Eva: — No. Vámonos, Joaquín.

El Cortado: — ¿Y tú, Joaquín? Te vas a divertir, putito, vente. A mi depa, a un lado del campus.

Eva: — ¡Déjalo en paz! No te le pegues como chicle.

El Cortado: — ¿Qué, eres su novia o qué? Vente tú también.

Joaquín: — ¿Qué nos puede pasar, Eva? No sé.

Eva: — No sé. ¿Tú quieres ir?

Joaquín: — Pues... un ratito.

Eva: — Va. Solo un ratito.

El Cortado: — Solo un rato. Van a ver. A lo que nos truje, Chencha.


Escena tres

(En "El Hotel Rincón." El cuarto es grande, impersonal, con una enorme televisión. El Rizos y El Gabo están sentados, hablando de negocios. Se oye una música de salsa de fondo).

El Gabo: — Les están dando guerra, jefe. Cada día es más difícil meterla en las cárceles.

El Rizos: — No te preocupes. Ya hablé con la gente correcta.

El Gabo: — Pero nos chingaron toda la mercancía.

El Rizos: — No toda. Se perdieron los cargamentos grandes. Pero nos quedamos con un buen para aquí.

El Gabo: — ¿Pero aquí, jefe? En los hospitales...

El Rizos: — Sí, ¿qué? Tenemos que vender, ¿no? No todo es ilegal. En el hospital hay mercado para todos. Hay doctores y enfermeras que son nuestros mejores clientes. Aparte, ¿quién sospecharía de una ambulancia?

El Gabo: — Pero es que... no sé. Se me hace de mal gusto.

El Rizos: — Mal gusto es perder dinero. Tú no te preocupes, Gabo. A mí me hablas de logística y de mercado.

El Gabo: — Sí, jefe. Entendido.


Escena cuatro

(En la casa de la familia Rovira. Inés escucha un programa de radio de ayuda psicológica. Rubén entra a la sala, irritado).

Voz de Psicoanalista: — ...y es importante, señora, que entienda que si su hijo cayó en las drogas no es por debilidad moral. Es una cuestión de vulnerabilidad. Como dijo el poeta, "la vida es como una caja de chocolates... llena de amargos."

Inés: — (Apaga el radio). ¿Cómo se atreve a decir eso? Ya hasta los psicólogos usan frases de películas.

Rubén: — ¿Ahora qué? Te pones histérica y no solucionas nada.

Inés: — El problema no es sencillo, Rubén. Y menos cuando la vida nos llena de amargos. Como un fentanilo con chocolate.

Rubén: — ¿Y de qué hablas ahora?

Inés: — De que las cosas desaparecen. Mis aretes, el dinero, y las monedas de plata que coleccionabas... ya no están.

Rubén: — (Se congela). ¿Mis monedas? (Va a buscar, desesperado).

Inés: — Y el anillo de compromiso, el de mi abuela... tampoco.

Rubén: — No... no están. (Pausa). ¿Y tú crees que Joaquín...?

Inés: — Las ha de haber vendido. A ver quién se lo crees.

Rubén: — Pero... solo tiene dieciséis años.

Inés: — Tenemos que hacer algo. No podemos solo regañarlo, Rubén.

Rubén: — Puede ser. Tengo que pensarlo. (Se queda en silencio, mirando el lugar vacío donde estaban sus monedas). En este caso, creo que la vida nos dio una de cal y otra de arena. Y sin chiste.


Escena cinco

(En la "narcotiendita." El Cortado le da instrucciones a Eva y Joaquín. El lugar es una miscelánea, pero hay cámaras por todos lados).

Eva: — La neta, qué chido. Pura bien pura, ¿no?

El Cortado: — Sí, sí. Pero la próxima vez me tienen que conseguir lana. Si no, a ver cómo nos arreglamos.

Joaquín: — ¿Más? No la...

Eva: — Sí, güey. Ya vendimos todo. A ver quién se lo cree.

El Cortado: — Bueno, ya saben. Si no consiguen más dinero, la próxima vez no hay. (Sonríe). O lo consiguen de otra manera.

Eva: — ¿Otra manera? ¿De qué va?

Joaquín: — (Se le escapa una risita). A lo mejor ya se nos va a dar de comer.

El Cortado: — (Sonríe satisfecho). Van a empezar a vender. Así de fácil. Van a ser "dilers."

Joaquín: — Chido.

Eva: — Va. Si hay que hacer de todo en esta vida, a ver si nos sale bien.


Escena seis

(En El Hotel Rincón. El Rizos está mirando su teléfono, sonriendo. El Gabo lo ve con curiosidad. El Rizos cuelga y se da cuenta de que El Gabo lo mira).

El Rizos: — ¿Qué pasó, Gabo? ¿Se te perdió algo?

El Gabo: — Nada, jefe. Nomás que no lo conocía tan... cariñoso.

El Rizos: — Es mi hija. El único negocio que no me ha dado un centavo de ganancia.

El Gabo: — No, jefe, yo no digo nada. Al contrario.

El Rizos: — ¿Fuiste a las tienditas? ¿Cuánto juntaste?

El Gabo: — Casi todos están bien. Nomás el Ñato se está atrasando.

El Rizos: — Que se encargue Justino. Y consíguete otro "diler" para esa zona. Hay un hospital.

El Gabo: — Ya estoy pensando. El Cortado, ¿lo conoce?

El Rizos: — Tú encárgate.

El Gabo: — Y, por cierto, me dijeron que las últimas entregas...

El Rizos: — ¡Ah, qué la chin... ! Diles que todo se va a componer.

El Gabo: — Sí, jefe. Les he dicho lo mismo. Entonces... ¿todo bien con la princesa?

El Rizos: — ¿No te dije que no me chingu...?


Escena siete

(La casa de los Rovira. Inés y Rubén en la sala. Suena el teléfono).

Inés: — (Al teléfono) ¿Hola? ¿Diga? ... (Se pone pálida).

Rubén: — ¿Quién es?

Inés: — Es... es la policía. Dicen que... (Cuelga, temblando).

Rubén: — ¿Qué te dijeron?

Inés: — Dijeron que no pueden hacer nada, que "se les salió de las manos." Que han perdido a otros jóvenes.

Rubén: — Te lo dije. A ver si nos da una mano, que no somos de cemento.

Inés: — No me digas nada. Por tu culpa se fue de la casa. (Inés se va a su habitación, llorando. Rubén se queda solo en la sala. Entra un Joaquín cambiado, sin sus cadenas de plata. Se sienta con la cabeza gacha, con la ropa sucia).

Joaquín: — Jefe.

Rubén: — (Se le corta la voz). ¿Qué haces aquí?

Joaquín: — Nada. Ya estoy aquí.

Rubén: — ¿Dónde está Eva?

Joaquín: — La mataron. Le dieron de balazos.

Rubén: — ¿Cómo que la mataron? ¿Dónde?

Joaquín: — Los jaguares. Creyeron que éramos de otra banda. Me confundieron con uno de sus clientes. No se la creyeron.

Rubén: — ¿Nos vas a meter en problemas? Será mejor que te vayas.

Joaquín: — Me duele. La quiero mucho.

Rubén: — No estamos para ayudarte.

Joaquín: — Estoy herido, jefe. Me dieron por atrás.

Rubén: — Ya, ya, mujer. Hay un lugar donde los puedo llevar. (Toma a Joaquín en sus brazos. Inés sale de su cuarto).

Inés: — ¿Qué pasa?

Rubén: — Vamonos, rápido.

(Se dirigen a la puerta y, al abrirla, una ráfaga de metralleta los alcanza. Caen todos muertos al piso. La escena se oscurece lentamente).


Escena ocho

(En El Hotel Rincón. El Rizos ve un programa de noticias. Solo se escucha el audio).

Audio de TV: — ...y fueron ultimados al parecer en el domicilio de sus padres, Rubén Rovira y su esposa, de nombre Inés. Los dos adolescentes presentan el tiro de gracia. Las pruebas toxicológicas dieron positivo al consumo de fentanilo, por lo que se presume que estaban vinculados o eran víctimas del crimen organizado.

El Rizos: — (Contesta su celular). ¿Cómo está mi princesa? (...) Yo muy bien, con mucho trabajo, como siempre. (...) Ah que tú mamá. (...) Ya, ya pasó. Nada que tú debas saber. (...) Sí, ya todo está bien. (...) Yo también. Un beso. (Cuelga el teléfono. Entra El Cortado. Se muestra nervioso y se detiene en seco).

El Cortado: — ¿Qué, jefe?

El Rizos: — Sí, Cortado. Quiero que le mandes unas flores a la familia de El Gabo. Ese cabrón.

El Cortado: — ¿Se le pasó la mano, jefe?

El Rizos: — (Con una sonrisa amarga) El que ríe al último, ríe mejor.

El Cortado: — Perdón, jefe. No quise.

El Rizos: — (Se ríe, cínicamente). ¿Ya cuánto juntaste?

El Cortado: — La cuota completa.

El Rizos: — ¿Ves? Tomaron nota. Y vaya que sí.

El Cortado: — Y vaya que sí. Pero hay un problema, jefe.

El Rizos: — Ahora qué.

El Cortado: — Todavía necesitamos carne joven. Chavitos.

El Rizos: — Pues búscale. Que no se queden con el dinero, como los otros.

El Cortado: — Oiga, ¿y si consigo mejor una ruca? Conozco una vieja con una miscelánea bien chida.

El Rizos: — Las misceláneas ya las tenemos, descerebrado. Consíguete otros de universidad, pero que agachen la cabeza.

El Cortado: — Y unas nenas también, claro, jefe, unas mujercitas... como de quince... y es que las cosas están cambiando, ¿qué no?, ya también ahora son las que venden, las chavas... así mayorcitas, como de quince... eh, jefe, jeje. ¿Jefe? ¿Ya se enojó? No se vaya. (Se queda solo). Pues sí. Las cosas están cambiando. Ni hablar. Están cambiando.

(Oscuro final)