Narcomenudeo: versión en español
Por Ben Gavarré
Personajes:
- Joaquín: 16 años.
Ambicioso, pero inexperto. Su humor es su forma de afrontar el peligro.
- Eva: 15 años.
Descarada y audaz. Su ingenio es tan afilado como su ambición.
- Rubén: 50 años. Un
hombre que se siente obsoleto, su humor es un escudo para su miedo.
- Inés: 48 años.
Agotada, su ironía es una defensa contra la frustración.
- El
Gabo:
30 años. Narcomenudista de nivel medio. Frío y calculador, con un código
moral muy particular.
- El
Rizos: 40 años. El jefe. Ve el negocio como una
empresa. Su humor es cínico y cruel.
- El
Cortado: 20 años. Un "diler" de barrio. Se
cree importante, pero su "humor" lo delata.
Escena uno
(La sala familiar de los Rovira. Es un espacio de clase media, un poco
anticuado. Rubén ve la televisión. Se escucha el audio de un noticiero. Inés
está leyendo un libro sobre psicología adolescente, con el ceño fruncido).
Voz del Noticiero: — ...al
parecer el hallazgo del cuerpo en Tepoztlán está vinculado con un ajuste de
cuentas entre cárteles rivales. Se rumora que el fallecido era conocido por su
gusto por las novelas de misterio, lo que sugiere un final digno de un
'whodunit' criminal.
Rubén: —
(Apaga la televisión de golpe). ¡Qué sinrazón! ¿Viste eso, Inés? Hasta en la
nota roja ya hay críticos de cine.
Inés: — No.
Estaba en lo mío.
Rubén: — ¿Y de
qué te sirve leer? El país se desmorona, y tú en tu mundito de psicología.
Inés: —
Deberías leerlo. Dice que la mejor disciplina es la de una mente desocupada. Se
parece a la tuya.
Rubén: —
(Ignora el comentario, con un gesto de fastidio). Hablando de mentes
desocupadas, ¿no vas a disciplinar a tu hijo? Así me enseñó mi padre. Y mira,
salí bien.
Inés: — Los
tiempos han cambiado, Rubén. Los golpes ya no funcionan. Solo lo alejas más. A
menos que quieras que salga igual que tú.
Rubén: — ¿Y
eso es malo?
Inés: — A
veces, el que ríe al último es porque no entendió el chiste.
Escena dos
(Afuera de una universidad. El Cortado está con Joaquín y Eva. El
Cortado fuma un cigarro de marihuana y les ofrece uno a ellos, que se ven
nerviosos).
El Cortado: — ¿Qué
pex? ¿No le van a entrar? Es neta, es una probadita del paraíso.
Eva: — Ya,
déjanos. No se te vaya a secar la boca del chiste.
El Cortado: — Neta,
este es el negocio del siglo. Traigo más lana encima de la que sus jefes juntan
en un mes. Yo los invito.
Joaquín: — Yo no
soy ningún imbécil. Tengo mi ropa de marca.
El Cortado: — Uy,
qué presumido, güey. ¿Vas a sacar tu catálogo de Zara? ¿Entonces, no le entran?
Eva: — No.
Vámonos, Joaquín.
El Cortado: — ¿Y
tú, Joaquín? Te vas a divertir, putito, vente. A mi depa, a un lado del campus.
Eva: —
¡Déjalo en paz! No te le pegues como chicle.
El Cortado: — ¿Qué,
eres su novia o qué? Vente tú también.
Joaquín: — ¿Qué
nos puede pasar, Eva? No sé.
Eva: — No
sé. ¿Tú quieres ir?
Joaquín: —
Pues... un ratito.
Eva: — Va.
Solo un ratito.
El Cortado: — Solo
un rato. Van a ver. A lo que nos truje, Chencha.
Escena tres
(En "El Hotel Rincón." El cuarto es grande, impersonal, con
una enorme televisión. El Rizos y El Gabo están sentados, hablando de negocios.
Se oye una música de salsa de fondo).
El Gabo: — Les
están dando guerra, jefe. Cada día es más difícil meterla en las cárceles.
El Rizos: — No te
preocupes. Ya hablé con la gente correcta.
El Gabo: — Pero
nos chingaron toda la mercancía.
El Rizos: — No
toda. Se perdieron los cargamentos grandes. Pero nos quedamos con un buen para
aquí.
El Gabo: — ¿Pero
aquí, jefe? En los hospitales...
El Rizos: — Sí,
¿qué? Tenemos que vender, ¿no? No todo es ilegal. En el hospital hay mercado
para todos. Hay doctores y enfermeras que son nuestros mejores clientes.
Aparte, ¿quién sospecharía de una ambulancia?
El Gabo: — Pero
es que... no sé. Se me hace de mal gusto.
El Rizos: — Mal
gusto es perder dinero. Tú no te preocupes, Gabo. A mí me hablas de logística y
de mercado.
El Gabo: — Sí,
jefe. Entendido.
Escena cuatro
(En la casa de la familia Rovira. Inés escucha un programa de radio de
ayuda psicológica. Rubén entra a la sala, irritado).
Voz de Psicoanalista: — ...y
es importante, señora, que entienda que si su hijo cayó en las drogas no es por
debilidad moral. Es una cuestión de vulnerabilidad. Como dijo el poeta,
"la vida es como una caja de chocolates... llena de amargos."
Inés: —
(Apaga el radio). ¿Cómo se atreve a decir eso? Ya hasta los psicólogos usan
frases de películas.
Rubén: —
¿Ahora qué? Te pones histérica y no solucionas nada.
Inés: — El
problema no es sencillo, Rubén. Y menos cuando la vida nos llena de amargos.
Como un fentanilo con chocolate.
Rubén: — ¿Y de
qué hablas ahora?
Inés: — De
que las cosas desaparecen. Mis aretes, el dinero, y las monedas de plata que
coleccionabas... ya no están.
Rubén: — (Se
congela). ¿Mis monedas? (Va a buscar, desesperado).
Inés: — Y el
anillo de compromiso, el de mi abuela... tampoco.
Rubén: — No...
no están. (Pausa). ¿Y tú crees que Joaquín...?
Inés: — Las
ha de haber vendido. A ver quién se lo crees.
Rubén: —
Pero... solo tiene dieciséis años.
Inés: —
Tenemos que hacer algo. No podemos solo regañarlo, Rubén.
Rubén: — Puede
ser. Tengo que pensarlo. (Se queda en silencio, mirando el lugar vacío donde
estaban sus monedas). En este caso, creo que la vida nos dio una de cal y otra
de arena. Y sin chiste.
Escena cinco
(En la "narcotiendita." El Cortado le da instrucciones a Eva y
Joaquín. El lugar es una miscelánea, pero hay cámaras por todos lados).
Eva: — La
neta, qué chido. Pura bien pura, ¿no?
El Cortado: — Sí,
sí. Pero la próxima vez me tienen que conseguir lana. Si no, a ver cómo nos
arreglamos.
Joaquín: — ¿Más?
No la...
Eva: — Sí,
güey. Ya vendimos todo. A ver quién se lo cree.
El Cortado: —
Bueno, ya saben. Si no consiguen más dinero, la próxima vez no hay. (Sonríe). O
lo consiguen de otra manera.
Eva: — ¿Otra
manera? ¿De qué va?
Joaquín: — (Se
le escapa una risita). A lo mejor ya se nos va a dar de comer.
El Cortado: —
(Sonríe satisfecho). Van a empezar a vender. Así de fácil. Van a ser
"dilers."
Joaquín: —
Chido.
Eva: — Va.
Si hay que hacer de todo en esta vida, a ver si nos sale bien.
Escena seis
(En El Hotel Rincón. El Rizos está mirando su teléfono, sonriendo. El
Gabo lo ve con curiosidad. El Rizos cuelga y se da cuenta de que El Gabo lo
mira).
El Rizos: — ¿Qué
pasó, Gabo? ¿Se te perdió algo?
El Gabo: — Nada,
jefe. Nomás que no lo conocía tan... cariñoso.
El Rizos: — Es mi
hija. El único negocio que no me ha dado un centavo de ganancia.
El Gabo: — No,
jefe, yo no digo nada. Al contrario.
El Rizos: —
¿Fuiste a las tienditas? ¿Cuánto juntaste?
El Gabo: — Casi
todos están bien. Nomás el Ñato se está atrasando.
El Rizos: — Que
se encargue Justino. Y consíguete otro "diler" para esa zona. Hay un
hospital.
El Gabo: — Ya
estoy pensando. El Cortado, ¿lo conoce?
El Rizos: — Tú
encárgate.
El Gabo: — Y,
por cierto, me dijeron que las últimas entregas...
El Rizos: — ¡Ah,
qué la chin... ! Diles que todo se va a componer.
El Gabo: — Sí,
jefe. Les he dicho lo mismo. Entonces... ¿todo bien con la princesa?
El Rizos: — ¿No
te dije que no me chingu...?
Escena siete
(La casa de los Rovira. Inés y Rubén en la sala. Suena el teléfono).
Inés: — (Al
teléfono) ¿Hola? ¿Diga? ... (Se pone pálida).
Rubén: —
¿Quién es?
Inés: — Es...
es la policía. Dicen que... (Cuelga, temblando).
Rubén: — ¿Qué
te dijeron?
Inés: —
Dijeron que no pueden hacer nada, que "se les salió de las manos."
Que han perdido a otros jóvenes.
Rubén: — Te lo
dije. A ver si nos da una mano, que no somos de cemento.
Inés: — No me
digas nada. Por tu culpa se fue de la casa. (Inés se va a su habitación,
llorando. Rubén se queda solo en la sala. Entra un Joaquín cambiado, sin sus
cadenas de plata. Se sienta con la cabeza gacha, con la ropa sucia).
Joaquín: — Jefe.
Rubén: — (Se
le corta la voz). ¿Qué haces aquí?
Joaquín: — Nada.
Ya estoy aquí.
Rubén: —
¿Dónde está Eva?
Joaquín: — La
mataron. Le dieron de balazos.
Rubén: — ¿Cómo
que la mataron? ¿Dónde?
Joaquín: — Los
jaguares. Creyeron que éramos de otra banda. Me confundieron con uno de sus
clientes. No se la creyeron.
Rubén: — ¿Nos
vas a meter en problemas? Será mejor que te vayas.
Joaquín: — Me
duele. La quiero mucho.
Rubén: — No
estamos para ayudarte.
Joaquín: — Estoy
herido, jefe. Me dieron por atrás.
Rubén: — Ya,
ya, mujer. Hay un lugar donde los puedo llevar. (Toma a Joaquín en sus brazos.
Inés sale de su cuarto).
Inés: — ¿Qué
pasa?
Rubén: —
Vamonos, rápido.
(Se dirigen a la
puerta y, al abrirla, una ráfaga de metralleta los alcanza. Caen todos muertos
al piso. La escena se oscurece lentamente).
Escena ocho
(En El Hotel Rincón. El Rizos ve un programa de noticias. Solo se
escucha el audio).
Audio de TV: — ...y
fueron ultimados al parecer en el domicilio de sus padres, Rubén Rovira y su
esposa, de nombre Inés. Los dos adolescentes presentan el tiro de gracia. Las
pruebas toxicológicas dieron positivo al consumo de fentanilo, por lo que se
presume que estaban vinculados o eran víctimas del crimen organizado.
El Rizos: —
(Contesta su celular). ¿Cómo está mi princesa? (...) Yo muy bien, con mucho
trabajo, como siempre. (...) Ah que tú mamá. (...) Ya, ya pasó. Nada que tú
debas saber. (...) Sí, ya todo está bien. (...) Yo también. Un beso. (Cuelga el
teléfono. Entra El Cortado. Se muestra nervioso y se detiene en seco).
El Cortado: — ¿Qué,
jefe?
El Rizos: — Sí,
Cortado. Quiero que le mandes unas flores a la familia de El Gabo. Ese cabrón.
El Cortado: — ¿Se
le pasó la mano, jefe?
El Rizos: — (Con
una sonrisa amarga) El que ríe al último, ríe mejor.
El Cortado: —
Perdón, jefe. No quise.
El Rizos: — (Se
ríe, cínicamente). ¿Ya cuánto juntaste?
El Cortado: — La
cuota completa.
El Rizos: — ¿Ves?
Tomaron nota. Y vaya que sí.
El Cortado: — Y
vaya que sí. Pero hay un problema, jefe.
El Rizos: — Ahora
qué.
El Cortado: —
Todavía necesitamos carne joven. Chavitos.
El Rizos: — Pues
búscale. Que no se queden con el dinero, como los otros.
El Cortado: — Oiga,
¿y si consigo mejor una ruca? Conozco una vieja con una miscelánea bien chida.
El Rizos: — Las
misceláneas ya las tenemos, descerebrado. Consíguete otros de universidad, pero
que agachen la cabeza.
El Cortado: — Y
unas nenas también, claro, jefe, unas mujercitas... como de quince... y es que
las cosas están cambiando, ¿qué no?, ya también ahora son las que venden, las
chavas... así mayorcitas, como de quince... eh, jefe, jeje. ¿Jefe? ¿Ya se
enojó? No se vaya. (Se queda solo). Pues sí. Las cosas están cambiando. Ni
hablar. Están cambiando.
(Oscuro final)