23/2/15

El lugar donde mueren los mamíferos. Jorge Díaz Gutiérrez

El lugar donde mueren los mamíferos. 1963


Jorge Díaz Gutiérrez




Primer Acto.
(Justo aparece. Se coloca detrás del atril, Carraspea. Toma un vaso de agua)
Justo: ¡Buenas tardes, Amigos! Una nueva jornada de higiene nos reúne. Pasaremos un rato de sano
esparcimiento y sabremos acerca de como evitar la contaminación por el desaseo, la ingestión por materiales
de descomposición y la insalubridad en el sistema de cloacas. No deben olvidar que, aunque infelices, ustedes
deben ser infelices limpios. Esta tarde hemos preparado un extenso espectáculo científico, que podría
titularse: “La vaca y la mosca” o “Los peligros de la leche cuajada”. Se que todos ustedes tienen la precaución
de lavarse cuidadosamente los pies antes de acariciar a los animales, porque las vacas a pesar de las
apariencias, lo son; pero, desgraciadamente la naturaleza es sabia, y si se me permite una metáfora
vegetariana, pero no todo el monte es oregano. Permitanme para terminar leer como en cada charla, el
decálogo de la organización mundial de la Salud.
-No se coma las Uñas crudas
-Lave sus coches todos los sabados con detergente “OMO”
-No piense demasiado.
-El Alcohol mata
-Rece
-Si ve una mosca recuerde llamar inmediatamente al ministerio de Salud.
Y, como decía Pepito Perez antes de acostarse: Buenas noches a todos(Justo saluda al publico.)
Jacinta: (Aplaudiendo) Retire el cupón correspondiente y salga por la puerta del fondo, sin atropellarse.
(Jacinta descorre las cortinas del escenario y aplaude a Don Justo. Este sube al escenario, saca una botella
de whisky y bebe un vaso. Jacinta sigue aplaudiendo. Justo se ve deprimido)
Justo: Es Humillante Jacinta, Nadie Aplaudió.
Jacinta: (Sin dejar de aplaudir) Nadie Don justo
Justo: Es que estos son prósperos burgueses que vienen a divertirse. Se les habla de las alcantarillas y se
aburren. ¡Basta Jacinta, Basta de Aplaudir! (Esta deja de aplaudir)
Jacinta: (Timidamente) Quizas haya que suspender las charlas higienicas para indigentes...
Justo: Puro Egoismo. He visto a un industrial, al que estuvimos ayudando abnegadamente durante años, que
empleaba nuestro queso en latas para alimentar a 12 cachorros doberman.
Jacinta: Ya se sabe que no hay que esperar agradecimientos, Don justo.
Justo: Una institución como la nuestra no debe dejarse morir. Nuestro instituo ecuménico de asistencia total
necesita ¡Urgentemente Asistencia Total!
Jacinta: Claro, No hay culpa nuestra si ya no hay pobres.
Justo: Naturalmente, pero también hay que reconocer que últimamente tu no has estado tan eficiente. Fuera
de la viejecita que encontraste comiéndose un formulario de correos, no has encontrado nada.
Jacinta: ¿Y los pobres de la exposición internacional? ¡Causaron sensación!
Justo: No seas hipócrita. Sabes perfectamente que fueron contratados a sueldo por nosotros.
Jacinta: ¿Que mas quisiera yo que hubiera hambrientos en abundancia!, pero hay que saber esperar.
Justo: ¿Esperar que...? ¿Qué disuelvan este instituto? Uno ha tenido un solo objetivo en la vida: La Misera... y
ahora resulta que no existe. ¡Pues yo te digo que la miseria existe! Y si no existe hay que inventarla denuevo,
debo pensar en mi vocacion social antes que nada, porque tu, ¡Eres una inepta!
Jacinta: (Se acerca a Justo y le hecha el aliento en la cara) Tengo mi dignidad Don Justo
Justo: (Retrocediendo con asco) Hueles a tinta fresca
Jacinta: Todos tenemos una debilidad.
Justo: Todavia sigues tomandote la tinta a escondidas. No he querido decir nada, pero ¡Aquí se gastan VEINTE
LITROS DE TINTA A LA SEMANA!
Jacinta: (Avergonzada) No puedo evitarlo
Justo: Se te hablo claramente: ni una gota, nisiquiera andar chupando la estilográfica.
Jacinta: Veinte años copiando actas en una notaria fue demasiado para mi.
Justo: Basta me Aburri (Consultando sus papeles) ¿Qué hay de la pista que nos dieron sobre tres familias
indigentes?
Jacinta: (Consultando una pequeña libreta) Una de las familias estaba afuera... en un crucero. La otra
necesitaba comida... pero para sus caballos de raza. Con la ultima llegue a un arreglo... Se harán pasar por
pobres y recibirán las lentejas... siempre que se les compense económicamente.
Justo: Entiendo, Un chantaje. ¿Cuánto?
Jacinta: Lo necesario para arreglar la piscina.Justo: Bueno nos servirán para justificar la semana, pero anda pensando en que vas a hacer. Aquí no estamos
para andar regalando nuestra tinta.
Jacinta: Hare lo imposible Don Justo...
(Entra Maria Piedad, Esta Nerviosa)
Justo: ¡Maria Piedad!
Maria Piedad: Me alegro que estes solo.
Justo: Esta Jacinta...
Maria Piedad: Esa es un cero a la izquierda (Le hace un gesto a Jacinta chasqueando los dedos y esta sale
inmediatamente) Quedo Deshecha, Justo.
Justo: ¿Quién quedo deshecha?
Maria Piedad: La fraternidad de Bridge.
Justo: ¿Por qué?
Maria Piedad: La deje con la bilis en la boca por venir corriendo. ¿Era TAN urgente?
Justo: Si lo es. Debemos Hacer una reunión.
Maria Piedad: Yo solo puedo dedicarle al Instituto los sabados por la tarde.
Justo: Y a mi los sabados por la tarde, y a su marido las siestas de los domingos.
Maria Piedad: Hay que organizarse Justo. ¡Que seria de mi!
Justo: Eso es lo que yo quiero hacer. Esta institución de consuelo semanal no puede morir.
Maria Piedad: No exagere. El que no hayamos visto hace seis semanas un muerto de hambre, no es para
desesperarse.
Justo: Han llegado amenazas desde bruselas de suspender la subvencion si no se ven resultados.
Maria Piedad: (Indignada) Pertenezco a dos comités directivos y nunca me habían controlado con esta
grosería.
Justo: Nuestra declaración de principios dice que no hay que esperar gratitud.
Maria Piedad: ¡Tampoco se nos puede pedir que seamos héroes anónimos!
Justo: En este país los héroes reconocidos son los bomberos y los cornudos.
Hemos llegado al punto de colocar anuncios ofreciendo gratificación.
Maria Piedad: ¿Y la asistencia espiritual? Si la gente ha dejado de ser pobre, es únicamente por falta de fe.
Justo: Y de imaginación...
Maria Piedad: Lo bueno no podía durar (Nostalgica) Esas hermosas tardes de sábado en las chabolas...
¡Llegaron las señoritas!, girtaban los niños. Y enseguida nos poníamos a limpiar mocos, sacar liendres y piojos.
Justo: Hermosos recuerdos.
Maria Piedad: La demagogia acabo con las chabolas y ya no quedan pobres. Estamos solos, completamente
solos.
Justo: (Tomandole la mano) Si, estamos solos y tengo un problema, es usted, mis inquietudes espirituales de
siempre
Maria Piedad: Justo, Usted es mi calvario semanal (Se abrazan y entra asunta)
Asunta: ¿Me podrían explicar esto?
Maria Piedad: ¡Pero si es Asunta, La devota mosca muerta!
Asunta: ¡Pero si es Maria, la devota de justos!
Maria Piedad: A falta de clase tienes bigotes.
Asunta: A falta de vergüenza tienes dinero.
Justo: Tomen asiento Porfavor
Asunta: El imbécil piensa con las asentaderas...
Justo: En esta forma abrimos La reunión. La tabla es la siguiente.
Maria Piedad: (A Asunta) Represion
Asunta: (A Maria Piedad) Conscupiscencia.
Justo: Ofrezo la palabra sobre el primer tema.
Maria Piedad: (Violenta) Es bien poco lo que se puede decir sobre ti. Resentida social, virgen a pesar tuyo y
pie plano.
Asunta: (Violenta) Solo hay que agregar lo que es conocido: Piensas con el sexo, eres analfabeta y cirrosica.
Justo: (Tomando Nota) No hay acuerdo se somete a votación.
Asunta: Me abstengo
Maria piedad: Se te nota
Justo: Bien, aprobada por unanimidad, ahora pasaremos a la segunda moción
Maria piedad: Lechuza
Asunta: Perra
Maria Piedad: ViejaAsunta: Teta
Maria Piedad: Seca
(Ambas ladran como perras en celo a la luz de la luna
Justo: Estamos completamente de acuerdo. Quiero entonces plantear la cuestión social: ¿Debemos silenciar
estas luminosas verdades que poseemos o debemos propagarlas a los cuatro vientos?
Maria Piedad: (Como contando un secreto) Entre nosotroas... eres bien inteligente Asuntita
Asunta: Dios me libre de hablar mal de ti. Me parece conmovedora la forma en que te acuestas con todos los
indigentes de menos de cincuenta años.
Maria Piedad: Se que eres una tumba...
Asunta: Tumba no, sepulcro blanqueado. Cosa que me cuentan se pudre conmigo.
Maria Piedad: Bueno, fijate que la otra noche vi a justo saliendo de...
Justo: (Interrumpiendo) Bien, el entusiasmo no me sorprende. Ahora pido al Directorio que considere la
proposición de realizar un “Congreso mundial de la miseria”: ¡Prestame tu Harapo! Delegados hambrientos de
cuarenta países y ediciones de guias telefónicas en ocho idiomas. ¡Abro debate sobre el tema!
Asunta: (A Maria Piedad) Carnivora te encantan los congresos. Podras lucir tu nuevo abrigo de piel de víbora.
Maria Piedad: Y tu podras rozarte con cinco continentes, rata de sacristía.
Justo: Dejo constancia en el acta. Antes de levantar la sesión quiero agradecer el calor humano que encuentro
en el seno (Mira a Maria Piedad) De esta institución. ¿Alguien tiene algo mas que decir...?
Maria Piedad: Beata
Asunta: Ramera
Justo: Nuevamente Gracias. Levanto esta sesión “ORDINARIA” y reitero mis agradecimientos. ¡Rompan Filas!
(Cambia inmediatamente el ambiente. Asunta va hacia un mueble en el que están sus tazas. Maria piedad
se sienta)
Maria Piedad: El pillin de Justo que sentía este congreso no nos había dicho ni una palabra (Asunta va de un
lado a otro preparando su café)
Justo: ¿En que malos pasos andabas Asuntita?
Asunta: Venia de hablar con mi pedicuro.
Maria Piedad: A propósito de Pobres, ¿De donde vamos a sacar para el congreso de la Miseria?
Justo: ¿No bastara con los ejemplares extranjeros? Los países desarrollados siempre traen a unos pobres muy
bonitos.
Maria Piedad: Un minimo de decoro como organizadores nos exige contar con unos piojosos folklóricos.
Justo: Seria imposible disfrazar a nadie.
(Entra Jacinta precipitadamente. Arrastrando una caja)
Jacinta: Lo tengo... Lo tengo. Lo encontré. La traje conmigo, no quería venir.
Justo: Seguramente se ha emborrachado en la tintorería de la esquina.
Asunta: Tranquila, ¿Qué encontró?
Jacinta: (Tomando aliento) Un pobre.
Maria Piedad: ¿Quiere decir un Pobre... Pobre?
Justo: ¿Uno de verdad?
Jacinta: Parece que si
Justo: ¿Y Donde esta?
Jacinta: (Señalando el cajón) Aquí...
Justo: Ahora nos mandan pobres envasados de Estados Unidos. Acertaron por fin.
Jacinta: La meti en esta caja porque no quería venir, lo encontré en un vertedero.
Maria Piedad: Entonces es un pobre Vernaculo. ¡Que emoción! (Pone la oreja en la caja) ¡Respira!
Asunta: (Admirada) ¿Lo hizo usted sola?
Jacinta: Puede verlo usted misma (Jacinta va hacia el cajón)
Asunta: ¡Cuidado Jacinta es peligroso!
Justo: Usted salió hace muy poco rato de aquí y vuelve enseguida con un pobre. Es increíble.
Jacinta: Me sentía muy mal y fui a vomitar a un vertedero. Algo se movio entre las latas. Era Ella. Entonces la
meti aca y la vine empujando.
Justo: No me cuentes mas fantasias y abre esa caja.
Jacinta: Si Don justo.
(Jacinta abre la caja, todos miran sorprendidos)
Maria Piedad: No veo nada ¿Y Ustedes?
Asunta: (Trae una silla y se sube) Puede estar por ahí adentro... ¿Era muy pequeño?
Justo: ¡Eres una mentirosa!Jacinta: (Desesperada) ¡Tiene que creerme! Estaba aquí. (Jacinta va hacia la puerta) Debe estar en la calle.
¡Vengan tiene que estar!
Asunta: (Baja de la silla y va a la puerta) Vamos. Ayudemosla. Hay que encontrarla viva. (Sale)
Maria Piedad: Es curioso, lo que dice Jacinta del pobre es verdad.
Justo: ¿Por qué?
Maria Piedad: Estuvo metido aquí. Dejo su olor inconfundible
Justo: Reconozco el olor a pobre a un kilometro. ¡Si fuera verdad! (Salen. Aparece lentamente la mano del
pobre. Va saliendo de apoco de la caja. Examina la habitación. Descubre las galletas y el paste, y se sienta a
comer apresurada. (Entra justo con Maria piedad. Luego Asunta calmando a Jacinta.)
Justo: Me niego a seguir buscando, desaparecer asi es la típica actitud proletaria... (Lo ve , queda estupefacto)
Maria Piedad: Jacinta ¿No seria su imaginación? Yo también a veces... (Lo ve , queda estupefacto)
Jacinta: Es terrible, estaba segura
Asunta: Jacinta, no lo tome asi... (Lo ve , queda estupefacto)
Jacinta: ¡Ahí esta!
Asunta: (En un chillido) ¡Cierren las puertas!
Jacinta: (Triunfante) ¿Alguien duda todavía?
Justo: No quiero adelantar un juicio
Asunta: ¿Cómo Se llama?
Jacinta: No se acuerda, le dicen, Chatarra
Maria piedad: ¿Chatarra? Parece nombre de payaso.
Justo: (Carraspeando) Señora... Señora chatarra
Chatarra: (Comiendo) ¿Qué?
Maria Piedad: Hagale preguntas indirectas para no humillarla.
Justo: Esta bien... Chatarra ¿Por qué no se lava?
Chatarra: ¿Han visto al angel? Venia conmigo...
Justo: ¿Quién venia en el cajón?
Chatarra: Mi perro.
Justo: No perdamos el tiempo.
Asunta: Dejame a mi porfavor. Sufre mucho, ¿Verdad Chatarra?
Chatarra: Me aprieta un zapato
Maria piedad: (Anotando) Zapatos.
Asunta: ¿La soledad es muy atroz buena mujer?
Chatarra: El Omar esta muy viejo, pero de noche todos los gatos son pardos.
Asunta: ¿El Omar? ¿Estan casados?
Maria Piedad: (Anotando) Matrimonio civil y religioso.
Justo: No es que desconfie pero lo mejor es el prontuario. Chatarra ¿Usted es un pobre Habitual, Ocasional o
congénito?
Chatarra: Soy zurda señor, por eso me echaron.
Justo: ¿De donde la echaron?
Chatarra: Yo hacia ojos de vidrio. Es la moda, asi que yo vendia mucho. Me demoraba una semana en hacer un
ojo o dos. Ojos rojos o amarillos, ojos con buenos o malos pensamientos, era un buen oficio.
Justo: ¿Cómo puedo saber si todo esto es verdad?
Chatarra: Deme un trozo de cristal y yo le hago un ojo. No me gusta su ojo derecho. Es cochino y envidioso.
Desentona en su cara verde
Asunta: ¿Y mis ojos chatarra?
Chatarra: Son de plástico.
Maria piedad: Buscare el test para Reconocer pobres que teníamos, debe estar medio comido por los ratones
(Sale)
Jacinta: Ademas tiene esposo y perro. Eso es sintomático.
Justo: Necesito estar completamente seguro, todo necesita un tramite, si no donde iríamos a parar. (Entra
Maria Piedad)
Maria Piedad: (Entregando un libro deteriorado) Solo queda esto.
Justo: (Mirandolo) Lo esencial (Leyendo) Resentimientos económicos (Saca un billete) ¿Ves este billete? Di lo
primero que se te ocurra
Chatarra:(Tomando el billete) Gracias señor
Justo: (Anota en el cuaderno y le quita el billete) Resentimientos sociales: De niño,¿ Con cuantas personas
dormías en una cama?
Chatarra: Dormiamos en el sueloJusto: ¿Sabes leer?
Chatarra: Las líneas de la mano (Justo anota)
Jacinta: ¡Es un hallazgo!
Asunta: Un ser dulce y primitivo.
Chatarra: ¿Puedo hacer una pregunta? ¿Esto es una cárcel o un burdel? He estado en todas partes, pero no se
parece a ninguna.
Maria Piedad: Es el instituto, ecuménico de consuelo para indigentes.
Chatarra: No entiendo.
Maria Piedad: Es muy sencilo, queremos terminar con el hambre y las lagrimas
Justo: ¡Basta de tonterías! Tengo que terminar el test (lee) aspiraciones. ¿Qué cosas desearía tener para ser
mas feliz?
Chatarra: Un cordel para amarrarme los pantalones.
Maria piedad: (Anotando) Cordel
Justo: ¿Nada mas?
Jacinta: ¡Pida, Chatarra Pida!
Chatarra: Si es por pedir, yo...
Justo: Eso es todo (Cierra el libro) Aunque pareza una pradoja casi, se trata de un verdadero pobre.
Asunta: Enhorabuena, chatarra
Maria piedad: (Echandole insecticida a chatarra) ¡Un hermano nuestro ha sido hallado! Aleluya, aleluya,
aleluya
(Chatarra se sienta en el suelo y se saca un zapato)
Justo: No nos precipitemos hay que formar comités y subcomités. En primer lugar, hay que almacenar a
chatarra en una de las bodegas hasta el dia de los regalos. Como accésit espiritual se mantendrá en ayunas ese
dia.
Jacinta:No hay que olvidarse de la prensa
Asunta: No es apropiado, estamos en invierno.
Maria piedad: Desde luego tendre que comprarme un vestido nuevo.
Jacinta: ¿Invito a la cruz roja?
Justo: Por ningún motivo. Será una ceremonia hogareña. Siemplemente el regreso del hijo prodigo.
(Chatarra se tiende en el suelo, se tapa con un diario y queda acurrucada)
Asunta: Miren como ronca
Jacinta: Tiene un orzuelo
Justo: Bastante inoportuno
Asunta: ¿Tendra sucia la conciencia?
Maria Piedad: Hay que desinfectársela.
Jacinta: Yo creo que hay que encerrarla con llave.
Justo: No, no cuando despierte la cuelgas en el aramario. Provisoriamente.
(Las luces se atenúan, se cierra el telon)
Segundo Acto
( Al abrirse las cortinas se ve la misma escena del primer acto, con algunos pequeños cambios. Un florero
sobre el meson de atención al publico. Un pequeño pedestal a un lado del escenario. La sala esta mas
adornada y atrás hay un letrero, asunta contempla su trabajo se ve satisfecha, entra Jacinta con una caja
llena de cosas de fiesta, hay una cámara con un tripode)
Jacinta: ¡Oh pero usted a transformado este agujero!
Asunta: Chatarra se lo merece. Hoy recibre sus regalos, los periodistas tomaran fotografías y no quiero que
peinsen que somos unos pobres diablos.
Jacinta: ¿Seria necesario inflar los globos?
Asunta: Cualquier sacrificio vale la pena
Jacinta: ¿Por los Pobres?
Asunta: No, por los periodistas
(Entra Justo y chatarra. Esta vestida igual que en el primer acto. Le falta un zapato. Esta débil)
Justo: (Mirando la habitación) Que bien arreglo todo.
Jacinta: Voy a esperar a los periodistas (sale)
Maria Piedad: Chatarra, ¿Qué siente en un dia tan importante?
Chatarra: hambreJusto: Sus privaciones terminan hoy, mi amigo. Empezara para usted, si me permite una metáfora, el
empacho.
Maria Piedad: Con toda confianza, pídame lo que quiera, que yo lo olvidare inmeditamente.
Chatarra: Le voy a decir una cosa si me lo permite, señor: Quiero irme. En el vertedero siempre hay un amigo o
un perro con quien dormir abrazado para dar calor.
Maria piedad: ¡Pobrecito! ¡Igual que en las películas!
Chatarra: No se esta tan mal en el vertedero.
Chatarra: Los domingos me busco un asiento de tractor y me acomodo.
Asunta: Hay otras maneras de pasar el domingo...
Chatarra: Ese es el domingo para mi.
Maria Piedad: Sola, En medio de ese cementerio de hierro viejo...
Chatarra: ¡Que esperanza!
Maria Piedad: Hoy todo cambiara. Sera como esos avisos de de crecimiento del busco: antes y después.
Justo: Chatarra, Antes del instituto ecuménico y después del instituto ecuménico.
(Se oyen voces acercándose)
Justo: Ya están aquí. Chatarra, subase al pedestal que la cubriré con esos lienzos para la inauguración
(Hace subir a chatarra al pequeño pedestal y lo cubre, entra Jacinta seguida de un periodista, el periodista
sin saludar se pone a comer canapes)
Jacinta: ¡Adelante, Adelante señores!
Justo: (Mirando a la cámara) Mis queridos amigos una vez mas hemos querido que ustedes dean los primeros
en conocer nuestra anónima labor, por que nosotros somos, si se me permite una metáfora...
Periodista: (Con la boca llena) No se la permito ¿Dónde esta el ejmplar?
Asunta: Busque, Busque... dejese llevar por su olfato
Periodista: ¿Cómo esta señora?
Maria piedad: Caiente , caliente, como el agua ardiente.
Periodista: (Mirando el contenido de un vaso) ¿Blanco, tinto?
Justo: Sin juicios raciales ni políticos. Hace treinta años se fundo el instituo con el propósito de llevar un poco
de...
Periodista: (Interrumpe) ¡Whisky! (Asunta le pasa la botella
Justo:... Y fue asi como quince años mas tarde un grupo de idealistas únicamente movidos por su inquietud y
su urgente necesidar de amar....
Periodista: ¿Dónde esta el baño?
Jacinta: Es por aquí. (Salen)
Justo: ...Sin mas testidos que la posteridad. He dicho. Ahora pasaremos a descubrir al pobre de la semana, no
se olviden que dentro de esta escoria humana hay un alma, solitaria que ha encontrado... (Entra el periodista y
Jacinta)
Periodista: (Enojado grita) ¡Cucharachas! Una en el lavado y otra en el retrete (Las mujeres aplauden a justo)
no veo que tengan que celebrar una cosa asi...
Justo: ¡Asunta, Las trompetas! (Asunta pone la música con trompetas todos esperan inmóviles)
Justo: Jacinta, descubra a chatarra (Esta lo hace) ¡Señoras y señores, tienen ustedeses a un autentico pobre!
(Chatarra se esta rascando una rodilla, se baja del pedestal y se sienta)
Chatarra: Cinco minutos mas y me derrumbo con cortina y todo.
Periodista: ¿Quiere fumar señora?
Justo: (Interrumpe) ¡Y ahora el sorteo y los regalos! La modestra construcción del instituto ecuménico.
¡Asunta, Jacinta! Porfavor (Jacinta para a chatarra y la hace sacar un numero de un juego de bingo)
Jacinta: ¡Setenta y seis! (Maria piedad y Asunta están pegadas a Jacinta, Maria piedad saca de una caja una
Pantufla y se la pasa a chatarra)
Maria Piedad: ¡Pantufla!
Chatarra: Muchas gracias (Obligada saca otro numero)
Jacinta: ¡Noventa y tres! (Asunta saca de una caja un gorro de playa y se lo pone a chatarra)
Asunta: ¡Gorrito de playa!
Justo: Misiones hawaianas de todos los credos envían sellos. Postales y gorros para nuestros isleños.
Chatarra: Gracias, Señor
Periodista: ¡No se mueva! (Les toma una foto a asunta, Jacinta y chatarra con los regalos)
Maria piedad: ¡ Jacinta las galletitas! (Jacinta sale, Asunta saca una depiladora)
Asunta: Epileidy, la única maquina que depila sin dolor.
Chatarra: Gracias señorita pero... ¿No tendría una marraqueta que fuera?Justo: No solo de pan vive el hombre (Entra Jacinta con una bandeja con galletas, chatarra toma una y esta
apunto de morderla cuando el periodista habla)
Periodista: Un momento una fotografía con todos el instituto, porfavor (Se ponen alrededor de chatarra)
Maria Piedad: ¿Cómo salimos?
Periodista: No se muevan... Listo. (Asunta y Jacinta vuelven a las cajas, el periodista toma un micrófono) Ahora
señora chatarra, ¿Me concede una entrevista? (No espera respuesta) Muy amable.
Periodista: ¿Cómo tuvo la suerte de ser encontrado?
Chatarra: (Apuntando a Jacinta que esta comiendo tinta) Esa señora me vomitaba encima
Periodista: ¿Cómo pudo vivir sola tanto tiempo?
Chatarra: No estaba sola...
Periodista: Pero si hoy no se encuentra un pobre ni en el museo!
Chatarra: Yo los veo siempre
Periodista: Es una broma suya (Hacia el publico) Ustedes ven señores la miseria no mata sentido del humor,
los mejores humoristas han sido pobres... (A chatarra) ¿Alguna Declaracion?
Chatarra: (Hablando desesperadamente) ¡No se donde estoy! Un caballero muy atento y unas señoras muy
buenas... ¡ME ESTAN MATANDO!
Periodista: (Le quita el micrófono) Yo Agradezco a las autoridades del instituto. Mi situación cambio
mágicamente. Solo ayer era un analfabeto. Hoy la cultura y los laxantes han dignificado mi vida. Infinitas
Gracias (El periodista llora emocionado)
Asunta: (Emocionada) La emoción es mas fuerte que sus palabras.
Periodista: Se me hizo tarde. El próximo sábado, de sobremesa haremos una nueva radiografia de esta ulcera
social.
Justo: (Robandose el mcirofono) La caridad sin la prensa es como el amor sin antibióticos.
Maria Piedad: (Robandose el micrófono) Y recuerden: Un pobre nuevo cada semana.
(Jacinta aprovechando que nadie mira le pasa una galleta a chatarra, todos se giran y la ven)
Justo: ¡Es el colmo Jacinta! Si permitimos que chatarra se convierta en una burgueza satisfecha,
inmediatamente dejara de ser una pobre.
Jacinta: Bueno esa es la idea ¿no?
Justo: ¡Inconscientemente!
Maria Piedad: Es muy Peligroso Jacinta. Con cada pollo, matamos en chatarra lo mejor que tiene: Su pobreza.
Asunta: Jacinta ¿De donde sacaría un nuevo pobre?
Jacinta: Perdon, yo crei que teníamos que pensar en el también
Justo: Pensamos en ella. La supervivencia de este instituto depende de la misera de chatarra. Juntos,
Salvaremos la institución.
(Los tres se lanzan sobre chatarra y la despojan de sus regalos se paran (todos) y se quedan
congelados(Como en la foto) se baja la luz se esucha el tema de chatarra)
Chatarra: Yo no sabia si estaba en al cárcel o en un burdel, ahora se lo que es. Soñe una vez que me sacaban la
ropa como ahora y me clavaban sobre un porton, desperté gritando. El “Angel” ladro toda la noche. (Al
publico) ¿Nadie tiene un cordel? ¿Estas ahí angel? Lo único que verdaderamente me gustaría tener es un
cordel. Lo necesito “Angel” Lo necesito.
(Silencio, las luces se apagan, el tema de chatarra desaparece, cuando la luz se prende chatarra esta tirado
al pie del pedestal y cubierto con el lienzo, entran justo, asunta y maria piedad, se sacan los abrigos, justo
sirve tragos, entra jacinta)
Maria piedad: Estoy rendida, ¿Es realmente indispensable empezar denuevo?
Justo: Como todos los sbaados
Asunta: Frente a la necesidad no hay calendario
Maria Piedad: (Levantando un poco el lienzo) ¿No notan cada semana mas callada a chatarra?
Justo: No hay que esperar Gratitud.
Asunta: Cuando le pase los canapes al periodista me dio miedo. Me miro con resentimiento.
Jacinta: Debe sentir asco... (Se gira) ¡Chatarra se ha desmayado! (Jacinta la levanta sosteniéndola)
Justo: Le suele suceder, llevala a la bodega (Jacinta la saca y detrás sale justo)
Maria piedad: No entiendo estos desmayos
Asunta: Ay, a mi los ratones me producen lo mismo.
Maria Piedad: Hemos estado llenándola de regalos...
(Entra justo)
Justo: Hemos terminado una etapa tal como lo teníamos previsto.
Maria piedad: Pero a costa de cuantos sacrificos!
Asunta: Justo, necesito hablar con usted.Justo: La Esuchco
Asunta: Sabes justo que lo he estado pensando y... me gustaría adoptar a chatarra.
Justo: ¿Qué dices?
Asunta: He llegado a la conclusión de que Chatarra necesita tener una madre.
Justo: ¡Pero me parece fantastico!
Maria Piedad: ¿Que tiene de fantástico?
Justo: En la clausura del congreso, efectuaremos la adopción, será un golpe que impresionara a todos los que
asistan.
Maria Piedad: ¿Estas segura que esa vieja legañosa necesita que la adopten?
Justo: Si, ella necesita una mejor vida
Maria Piedad: Yo también la necesito.
Asunta: ¿Se puede saber para que?
Maria piedad: Envenenaron a “Jeronimo”
Justo: (Emocionado) ¿Su Marido?
Maria piedad: No, El perro que cuidaba el chalet, pensé que podría ocupar a chatarra, es algo sencillo solo
tendrá que ladrar una vez cada media hora...
Asunta: No, por que yo voy a adoptarla.
Justo: Es muy conveniente su oferta, pero la verdad es que yo necesito a chatarra.
Maria Piedad: ¿La necesita?
Justo: Si, la necesito. Lo mejor del hombre esta en su trabajo y chatarra tiene uno. Colocare una industria de
ojos artificiales. Por supuesto chatarra trabajara gratis
Asunta: ¡Que idea, Justo! Lastima que sea tan sucia
Jacinta: Tipico de ustedes, Don Justo, puro corazón y bofe.
Maria Piedad: Naturalmente, querido justo. Yo me opondré.
Asunta: Yo también
Jacinta: Y yo
Justo: No me asustan, Yo tendre los ojos que necesito.
Maria Piedad: ¡Un perro es un perro y no voy a permitir que lo envenen otra vez!
Jacinta: No soltare a Chatarra.
Justo: Gallinas estúpidas!
Asunta: ¡Apostol sin entrañas!
Justo: Es inútil chatarra me prefiere.
Maria Piedad: Le prometi gratificación a final de año.
Asunta: Es mia!
Maria Piedad: Ya le coloque el collar.
Asunta: Le hice un tatuaje en el pecho ¡Es mia!
(Jacinta con voz normal)
Jacinta: ¿Por que no se preguntan a ella?
Justo: no se trata de lo que ella quiera hacer.
Maria Piedad: Muy bien. Sencillamente que nos señale con el dedo
Justo: (A Maria Piedad) Vaya a buscarla entonces. (Maria Piedad Sale)
Asunta: Yo estoy segura cual será su decisión...
(Se oye un grito de horror de maria piedad. Todos se levantan asustados, se apaga la luz, se enciende y se
puede ver atrás el cuerpo de chatarra, ahorcado, entra maria piedad palida)
Asunta: Que paso?
Justo: ¿La ataco?
Maria piedad: estaba donde la dejaron... colgaba de una viga con el cordel de su falda. Todavía tiene una
lagrima y una burbuja verde en la boca (silencio)
Justo: ¿Una burbuja?
Asunta: Queria decir algo...
Jacinta: Ya sabemos a que atenernos esta señalando con el dedo como queríamos.
Justo: Es imprudente encaramarse a las vigas, como no pensó en el instituto ecuménico...
Asunta: Era egoísta
Jacinta: Era débil
Justo: Las entrevistas se le fueron a la cabeza, la fama es peligrosa.
Maria piedad: Nunca le importamos
Justo: Cria cuervos y te sacaran los ojos de vidrio
Jacinta: Voy a descolgarlo (Sale y se apaga la luz que proyecta el cuerpo de chatarra)Asunta: ¿Qué vamos a hacer ahora en el congreso? Faltara el actor principal
Maria Piedad: (a Justo) En lugar de condecoraciones le van a procesar por malversación de fondos
Asunta: Y además disolverán este instituto por falta de razón de ser.
Justo: Dios mio ¡Estoy Liquidado!
Maria Piedad: Usted es lo mas parecido a una cucaracha!
Justo: Sin embargo todos vamos a caer en la misma fosa
Maria Piedad: Se muy bien como salir de la fosa. ¿Dónde esta la declaración de principios del instituto? (Justo
busca un archivador y se lo pasa)
Justo: Fue redactada por nuestro fundador, no se habría imaginado que el ultimo pobre fuera un irresponsable
Maria piedad: (Hojea) ¡Tal como lo pensaba! “Una actividad Samaritana no menos importante, será la de dar
sepulturas a las personas sin recursos”
Justo: ¿Qué quiere decir exactamente?
Maria Piedad: Muy sencillo. Chatarra esta muerto, pero todavía tenemos su cuerpo, Un cuerpo pobre que
necesita sepultura. Cumpliremos con la finalidad del instituto y salvaremos las tardes de los sabados.
Justo: Usted quiere decir,¿enterrar y desenterrar a chatarra? Es convincente...
Asunta: Responsos semanales en el solemne ambiente de las catacumbas, ¿Se prestara para eso?
Justo: Yo soy de la opinión de no preguntarle. Tenet el cuerpo de un pobre dispuesto a ser beneficiado es un
verdadero lujo para una institución como esta.
Asunta: ¿Pero cuanto durara esta rotativa benéfica? Aun nuestros deudos mas queridos después de un tiempo
sufren... transformaciones.
Maria Piedad: Bueno no creo que vaya a oler peor de cuando estaba vivo...
Justo: Si embalsamamos a chatarra, tendríamos la indigencia envasada sin deterioro... Le pondrían ojitos de
cristal.
Asunta: ¿Habria pensado la buena de chatarra que terminaría con ojitos de cirstal?
Maria Piedad: Esos pensamientos son morbosos, mi linda
Justo: Bueno. No me cabe duda que mas adelante todas las instituciones de ayuda social nos imitaran,
procederemos a la Taxidermia!... (Aparece Jacinta lentamente tiene una cuerda en las manos) Jacinta, traiga
un ataúd de esos para el tercer mundo! El instituto ecuménico se despide de chatarra, y recuerde, de aquí en
adelante, los sabados, entierro!
(Se apagan las luces el escenario no ha cambiado, solo hay un ataúd en una parte y se escucha una marcha
fúnebre, las mujeres están con velos negros, justo esta terminando un discurso)
Sucedió de repente, porque es difícil que... por que este ultimo ejemplar... quiero decir, este hermano nuestro
fue el el broche de oro para una civilazacion ciega.
(Para la música interrumpe maria piedad)
Maria piedad: Justo ¡Porfavor!
Periodista: En china las viejas dan a luz mellizos cada cinco minutos y se mueren los años bisiestos. Aquí en
cambio muere un pobre cada semana. Ni siquiera podemos verle la cara.
Asunta: No porfavor, es muy penoso para mi! Además, se parece mucho al de la semana pasada.
Justo: No me cansare de repetirlo, fue el broche de oro.
Periodista: (A Maria Piedad) Podria posar en el féretro...
Maria Piedad: Con que expresión?
Periodista: Asi, compone muy bien. (A justo) Que decía usted? Algo de un broche.
Justo: Me canse de repetirlo.
Periodista: Sucede mucho eso. A mi me paso con un tio. Fuerte como un toro y sencillamente una mañana
cualquiera, ¡Paf! Sin decir ni ay lo encontramos en la cama... Mas vivo que nunca y leyendo el diario.
Justo: (Ironico) Que terrible...
Maria Piedad: (Triste) A las tres me pidió unas revistas . A las tres y media dijo: “Llamen a la Amandita” A las
cuatro pidió las cartas. Y a las siete termino todo. Nos gano jugando con trampas.
Asunta: Asia no mas cuatro ddias que me había encontrado con ella en la peluquería. Me dijo: “Vengo a
peinarme para el entiero” que iba a saber yo que era su propio entierro.
Justo: Siempre fue asi (Saca una foto) Esta foto a potito pelado se la saco su tia cuando estaba chiquitita.
Periodista: Nadie tiene asegurada la vida, Una noche nos acostamos cantando y en la mañana siguien el aviso
de un vencimiento... Me tengo que ir, Cualquier cosas llamen con toda confianza a aun numero equivocado.
Justo: Gracias
(El periodista sale. Justo se saca el chaquetos y se acomoda. Las mujeres se sacan los veloz y hablan normales)
Maria Piedad: Ay tendo una reunión con un joven deprimido que tengo que alentar cada quince minutos.
Asunta ¡ Que frívola ¡ Deverias leer un poco mas.
Maria Piedad: Si, pero he descubierto que la lectura y el pescado me producen espinillas.Justo: (Ojeando libros) Que les parece este temario para la próxima reunión del congreso... (Entra Jacinta
apurada, interrumpe)
Jacinta: ¡Don Justo, Don justo! Hay muchos mas!
Justo: Tenga respeto con el difunto.
Jacinta: (Mas bajo) Son muchos.
Justo: ¿Qué cosa?
Jacinta: Pobres (Se escuchan murmullos de la calle)
Asunta: No creo que este inventando.
Jacinta: Son varios.
Maria Piedad: ¿Y me podría decir para que los necesitamos?
Jacinta: Bueno...no se... el congreso...
Justo: ¡Dejalos que se vayan! (Llendo a buscar una botella)
Justo: (Se gira) No hay de que preocuparse, tenemos a chatarra embalsamada. ¡Un pobre incurruptible para
todo servicio! ¡ La caridad ya esta asegurada!
(Justo destapa el champagne que chorrea sobre el ataúd. Todos se rien. Se cierra el telon)
FIN

El árbol Elena Garro





El árbol
Elena Garro

PERSONAJES:
MARTA, cincuenta años.
LUISA, cincuenta y pico de años.

Interior de la casa de MARTA en la Ciudad de México. Habitación de dormir grande y espaciosa amueblada con objetos y muebles de época. Los pisos están alfombrados y de los muros cuelgan espejos y cuadros. Las cortinas están echadas. Reina un silencio. MARTA sentada en un canapé. Un timbrazo que viene de la puerta de entrada atraviesa la casa. MARTA se sobresalta. El timbre vuelve a llamar con más violencia. MARTA se levanta.

MARTA: ¿Quién puede ser? (Sale). El timbre continua llamando cada vez con más violencia. De pronto se calla. Al cabo de unos minutos marta entra a la habitación seguida de LUISA, ésta se cuela veloz, y se deja caer en el canapé. Está sucia y desgarrada. MARTA la contempla mitad sorprendida, mitad tranquila, como si la conociera de mucho tiempo atrás.
MARTA: ¿Qué la trajo hasta México?... ¿Qué pasó, Luisa? LUISA se yergue de un salto. Levanta sus enaguas sucias y muestra un moretón en la ingle. Luego señala su nariz amoratada, luego la oreja por la que corre un hilo de sangre a medio coagular.
LUISA: ¡Julián!
MARTA: ¿Julián?
LUISA: Sí, Julián me golpeó.
MARTA: ¿Julián?, eso no es cierto, Luisa. Dígame la verdad. (Pausa). ¡Hable! Cuénteme lo que sucedió. ¿Saben lo que dicen en el pueblo? Que cuando el hombre sale bueno, le toca mujer perra. Y usted Luisa, persigue a su marido como una perra.
LUISA: ¿Yo perra, Martita?
MARTA: Sí, perra. Y lo está volviendo loco.
LUISA: ¿Loco, Martita?, si siempre me ha pegado. ¡Siempre!
MARTA: ¡Por Dios, Luisa, no lo calumnie! Acuérdese que Julián trabajaba en la casa de mi padre y que lo conozco desde niña. En cambio cuando la conocí a usted, me equivoqué, creía que era usted de la especie de las mujeres-niño y…
LUISA (Interrumpe con risas): ¿Mujeres-niño, Martita?
MARTA: Sí, mujeres-niño. ¡No se ría! Su risa es… no sé cómo explicarle… (Mira a la india, que continúa riéndose, tapándose la boca con la mano. De pronto se pone sería).
LUISA: Julián es malo. ¡Muy malo, Martita!
MARTA: ¡Cállese! No diga más tonterías. ¿Por qué lo respetan todos? ¿Por qué todos buscan su consejo?
LUISA: ¡Me hace llorar! ¡Me hace llorar!
MARTA (Impaciente): ¡La hace llorar! ¡Válgame Dios! Mire Luisa, usted es de risa y de lágrima fácil. ¿Y sabe lo que le digo? Que si Julián le pegó se lo merece.
LUISA: ¡No, Martita, no me lo merezco! Julián es malo, muy malo. LUISA se levanta del sofá y con violencia se echa encima de MARTA para cubrirla de besos. MARTA se deja besar, tratando de ocultar las náuseas que le produce la mujer. LUISA se retira y bruscamente se deja caer otra vez en el sofá. Con un dedo sucio, se limpia dos lágrimas. MARTA la mira con dureza.
MARTA: ¡Mírese ahí! La imagen de la miseria. Pero no le tengo compasión. Usted tiene la culpa de todo lo que le sucede. ¡Es muy terca! ¿Cuántas veces la re regañado? ¿Cuántas veces le he dicho que cambie de manera de ser? ¡Inútil! Con usted todo es inútil, usted no oye a nadie y no atiende sino a sus caprichos. Me tiene usted cansada, Luisa muy cansada.
LUISA: ¿Y él? Siempre me pega, siempre. Es malo, Martita, malo.
MARTA: (Juntando las manos). Hay que tener paciencia con usted, Luisa. ¡Dios mío, Dios mío!, ¿cómo puedes permitir que una de tus criaturas se convierta en esto?
LUISA: ¿En qué se convierte, Martita? ¿En qué?
MARTA: En nada, Luisa… y ahora dígame, ¿qué puedo hacer por usted? No se puede quedar sentada ahí toda la tarde. Mire, la voy a preparar algo de comer…
LUISA: ¡No, no, no, Martita, no se moleste!
MARTA: ¿Cómo que no me moleste? Debe estar muerta de hambre.
LUISA: Sí, Martita, no he comido en todo el día… pero usted no se moleste, que me preparen algo sus sirvientas, usted no se moleste, Martita.
MARTA: Las muchachas no están. Es su día de salida y no vuelven hasta mañana domingo muy tempranito.
LUISA: ¿Hasta mañana muy tempranito? Entonces no me dé nada, Martita.
MARTA: ¿Cómo que no le dé nada? Está loca. Voy a traerle un bocado. (Sale). LUISA mira distraída los muebles que la rodean. Luego se limpia un oído y ve con atención la sangre que le ha quedado en el dedo. Suspira y, resignada, espera. Entra MARTA. Trae un bulto de ropa vieja. LUISA se levanta de un salto y se acerca a MARTA. Esta se retira visiblemente contrariada por la suciedad de la india.
LUISA: Martita… (MARTA no contesta. LUISA, entonces, se pone a llorar). Martita… dejé a mis hijos. Es cierto que ya no me necesitan. Ya están grandes.
MARTA: No llore, Luisa.
LUISA: Dejé a mis hijos…
MARTA: Nunca se ha ocupado de sus hijos. Apenas nacidos se iba usted a la calle a perseguir a Julián. Viven gracias a los cuidados de los vecinos. ¡Pobres niños! Siempre llorando: mamá dejé usted a mi papá tranquilo, quédese en la casa… Y ahora viene a decirme que llora por ellos.
LUISA: Sí, Martita, por ellos lloro.
MARTA: Pues no llore, sus lágrimas no me conmueven. Quiero saber por qué anda usted detrás de Julián de día y de noche.
LUISA: Así lo quiere él, Martita, no se halla solo… (Sonríe con una mueca estúpida).
MARTA: ¿Así lo quiere él? ¡Alabado sea Dios! El pobre hombre se queja de usted que no lo deja solo ni para hacer sus necesidades.
LUISA: (Con voz susurrante). Allá no es como acá, Martita. Allá vamos a la barranca…
MARTA: (Enojada). ¡Mire con lo que sale! ¡Que allá van a la barranca! ¿Usted cree que soy tonta para creerle una razón tan necia?
LUISA: (Sonriendo). No, Martita, allá vamos a la barranca. LUISA contempla satisfecha a MARTA y ésta coloca con rabia el bulto de ropa vieja sobre un sillón.
MARTA: No me haga enojar, Luisa.
LUISA: Martita, allá vamos a la barranca y está muy oscura… la barranca es muy oscura, Martita, muy oscura… MARTA no contesta y Luisa se arrincona en el sofá y empieza a llorar.
MARTA: No llore… ¿qué va a hacer ahora?
LUISA: Es muy oscura, Martita… acá hay mucha luz, pero allá está oscuro… todo oscuro, y lo oscuro es feo, Martita, muy feo.
MARTA: Ya lo sé, Luisa. Ahora póngase contenta, aquí hay mucha luz. Si quiere quédese unos días conmigo. ¿A dónde va a ir? Nadie la quiere.
LUISA: Es cierto, Martita, nadie me quiere…
MARTA: ¡Nadie! Es usted muy mala, por eso nadie la quiere. Si se porta bien la llevo al cine. ¿Ha ido al cine?
LUISA: ¿Al cine? No, Martita, no.
MARTA: (Retirándose de la india). Bueno, un día de estos la llevo… ahora tiene que comer algo, mire que cara de muerta de hambre tiene… y en cuanto acabe de comer, se baña. LUISA se acerca a MARTA.
LUISA: ¿Dónde, Martita, dónde?
MARTA: ¿Dónde qué?
LUISA: ¿Dónde me baño?
MARTA: ¡Cálmese, Luisa! No corre prisa, primero come, luego se baña y se cambia de ropa. (Recoge el bulto de ropa vieja).
LUISA: (Interrumpiéndola). ¡Gracias Martita, gracias! Dios se lo pague. Yo traje mi ropita. Antes de salir de mi casa la guardé conmigo y me salí, y me hallé sola… no tenía a dónde ir. Iba yo caminando, caminando, y de pronto se me apareció Martita y me dije: “me voy con ella es tan buena”… (LUISA desenvuelve la punta de su rebozo y saca unas ropas viejas y desteñidas y se las muestra a MARTA. Está avergonzada no sabe qué hacer con la ropa que le frece). Y así llegué hasta acá, con la cara de Martita, enfrente de mí, conduciendo mis pasos.
MARTA: ¡Ah, que Luisa! Le voy a traer un café…
LUISA: ¡No, Martita! Mejor me baño, así no le doy asco… (Al decir esto se queda mirando a MARTA).
MARTA: ¿Asco? ¡Por Dios, Luisa, no diga eso!
LUISA: Sí lo digo, Martita, sí lo digo porque es cierto. ¿Dónde me baño?
MARTA: Luisa, le digo que primero coma algo… yo no quise decirle que se bañara ahora mismo, yo…
LUISA: (Interrumpiendo). Ahora mismo, Martita. Ahora mismo, así no le doy asco a usted, ni a su casa tan bonita… (Mira en derredor suyo y luego clava la mirada en MARTA, se le acerca y la coge del brazo). ¿Dónde, Martita, dónde?
MARTA, dominada por ella, la lleva frente a la puerta del baño que comunica con la habitación.
MARTA: Le voy a enseñar como se maneja la ducha… LUISA se suelta de su brazo, se introduce en el cuarto de baño y se entorna la puerta, asoma la cabeza.
LUISA: Ya sé, Martita, ya sé.
MARTA: No, no sabe. Nunca ha visto usted una ducha. Se va a quemar. El agua sale hirviendo. (Trata de entrar al baño, LUISA la empuja y cierra la puerta de un golpe, luego echa la llave). No sea terca, déjeme entrar… ¡Déjeme entrar, le digo!
Voz de LUISA: Sí sé, sí sé.
MARTA: ¡Vieja chiflada! ¡Luisa! ¡Luisa! (Se oyen las llaves del agua corriendo. MARTA da de golpes en la puerta y la vieja india no responde). ¡Luisa!... Está bien, ¡quémese! A mí que me importa. La lata va a ser tener que llevarla hasta su pueblo, porque usted no sirve sino para hacer estupideces. Ni siquiera es capaz de irse sola. (Recapacita). ¡Luisa! ¿Y cómo llegó usted hasta mi casa, si nunca había venido a la Ciudad de México?... ¡Luisa!... (LUISA no responde. Se oye correr el agua. MARTA da unos cuantos golpes más a la puerta, luego desiste). ¡Qué rara es esta vieja! Hace años que la conozco y hasta ahora entiendo porque nadie la quiere en el pueblo. ¿Pero cómo encontró el camino de mi casa? Se oscurece la escena. Se oye un reloj dando la hora. Luego suena el teléfono y se enciende la luz. Entra LUISA corriendo. Viene con ropa limpia y trae el pelo suelto y húmedo. Descuelga el teléfono y escucha atenta.
LUISA: Martita está ocupada… sí, está haciendo la cena… le digo que está haciendo la cena. (Entra MARTA con una bandeja de comida en las manos, se sorprende al ver a LUISA hablando por teléfono. Deposita la bandeja y se dirige a tomar el aparato). Sí… sí… adiós. (Cuelga el aparato y mira sonriente a MARTA).
MARTA: ¿Por qué colgó? ¡Ay, Luisa, como es usted torpe! ¿Para qué cogió el teléfono si no sabe usarlo?
LUISA: Sí sé, Martita, sí sé…
MARTA: (Riendo). ¿Cómo va a saberlo si en su pueblo no hay, y es la primera vez que sale usted de allí? Lo que pasa es que usted es una curiosa y se puso a hablar como u n loro, cuando oyó una voz que le platicaba. ¡Mentirosa! (Se rei).
LUISA: (Seria). No soy una mentirosa, Martita.
MARTA: Muy bien, pero la próxima vez que suene no lo toque, deje que yo conteste.
LUISA: ¿Por qué? Le digo que sí sé hablar por teléfono, Martita. MARTA se impacienta, coge el teléfono, lo desconecta, y los saca de la habitación. Vuelve a entrar muy seria.
MARTA: Ya sé que usted sabe todo, y no sabe nada. Manos mal que no se quemó en la ducha, pero se estuvo tantas horas que yo creía que se había ahogado. ¿Le parece bien? ¿Le parece justo haberme tenido toda la santa tarde en ascuas? A ver, ¿por qué no contestaba?
LUISA: ¿No contestaba?
MARTA: No se haga la tonta.
LUISA: El agua sale haciendo tanta bulla, que ¿quién oye, Martita, quién oye?
MARTA: ¿Quién oye? (El reloj da las siete). Las siete, se pasó usted tres horas en el baño. ¡Tres horas! Ya se hizo tarde… nos cantó el pajarito de la Gloria…
LUISA: Nos cantó, Martita.
MARTA: Aquí está su cena. Voy por la mía, empiece a comer y quédese tranquila. Ya no me dé más guerra. (Sale. LUISA se sienta en la orilla del sofá y espera cabizbaja. Entra MARTA con otra bandeja parecida. LUISA al verla se pone de pie). ¿Qué pasa? ¿No cena? ¿Qué cavila ahora?
LUISA: Yo no doy guerra, Martita, es él. ¡Es malo, Martita, malo?
MARTA: ¡Ah, qué lata! Ya volvió usted con su cantinela. Cene y cállese. ¿Y sabe lo que le digo por última vez? Que su marido es muy bueno, y que usted es la que está endemoniada.
LUISA: ¿Endemoniada?
MARTA: (Muy seria, como si quisiera asustarla). Sí, Luisa endemoniada. Si no fuera así, se ocuparía de sus hijos en lugar de perseguir a su marido.
LUISA: Yo no hago eso, Martita, yo lo cuido, porque él es cobarde.
MARTA: ¿Cobarde? ¡Eso si que es el colmo! Lo que debería hacer Julián es lo que le aconsejan sus hijos: irse muy lejos y dejarla.
LUISA: (Acercándose a MARTA). ¿Irse lejos? ¿Dejarme? LUISA la mira un rato y luego se le separa, se arrincona y la mira fugazmente.
MARTA: Sí, dejarla, es muy mala con él, por eso le digo que está endemoniada.
LUISA: ¿Endemoniada? ¡Si sólo dos veces lo vi!
MARTA: ¿A quién?
LUISA: Al Malo, Martita.
MARTA: (Ocultando una sonrisa). ¡Ah, con que ya lo vio dos veces, pues cuídese, porque si usted sigue persiguiendo a Julián, el día que usted se muera el demonio la va a perseguir, igual que usted persigue a su marido.
LUISA: ¿Me va a perseguir como yo persigo a Julián?
MARTA: ¡Igual! Lo que se debe en esta vida, se paga en la otra. Por eso es mejor que se corrija. Quédese conmigo un tiempo y piense en lo que le digo. LUISA la mira con rencor. ¿Qué le pasa, Luisa? No me ponga cara de loca. ¿Sabe lo que le digo? Que los locos son malos porque creen que todos los persiguen y por eso persiguen a todos. (LUISA no contesta. MARTA coge la bandeja que ha traído para la india y se la tiende). ¡Coja su bandeja y váyase a cenar a su cuarto! Pensaba que cenáramos juntas, pero está tan rara, que prefiero que me deje sola. ¡Ande, coja su bandeja! (LUISA coge su bandeja y se dirige a la puerta). Ya sabe, la segunda puerta de la izquierda del pasillo, ya está su cama hecha. ¡Cambie de humor! ¡Y sea buena!
LUISA: (Sombría). Ande usted, Martita. Sale LUISA. MARTA cena y lee. Está sonriente.
MARTA: (Para sí misma). ¡Pobre vieja, qué susto le di, diciéndole que estaba endemoniada! De pronto se pone seria y escucha. Por el pasillo se acercan unos pasos descalzos, y apenas audibles sobre la alfombra. MARTA alerta, escucha. LUISA aparece en la puerta. Pequeña y desmedrada, sonríe mostrando los dientes blancos.
LUISA: ¡Martita!
MARTA: Sí, Luisa…
LUISA: La primera vez que vi al Malo fue antes.
MARTA: ¿Antes de qué, Luisa?
LUISA: Pues antes de que matara yo a la mujer. Se produce un silencio largo y asombroso.
MARTA: ¿Usted mató a una mujer? (LUISA no contesta, de su boca cuelga una
sonrisa estúpida). ¡Qué tonterías dice, Luisa!
LUISA: ¡Sí, martita, maté a la mujer!
MARTA: (Incómoda). ¡Ah, qué Luisa, qué cosas dice! LUISA empieza a reírse sin risa, sólo con la mueca de la risa. MARTA ve alrededor suyo y trata de guardar la compostura, en su cuarto silencioso, aislado del mundo, cerrado por las alfombras y las cortinas.
LUISA: Martita, estoy oyendo sus pensamientos… (Avanza cautelosa y se sienta en el suelo cerca de MARTA). El miedo es ruidoso, Martita… (Pausa). Al Malo lo vi antes de casarme con mi primer marido…
MARTA: ¿Su primer marido? ¿Tuvo otro marido, Luisa? MARTA mira a LUISA como si fuera la primera vez que la mirara.
LUISA: Sí, Martita, tuve otro marido… Pero al Malo lo vi antes. Estaba en el corral de mi casa y era un charro negro que respiraba lumbre. No tenía botas sino cascos de caballo y al caminar, sacaban lumbre. Llevaba en la mano un látigo, y con él azotaba las piedras y las piedras echaban lumbre. Eran las cinco de la tarde y yo comencé a gritar: “¡Ahí está, ahí está!”. “¿Quién ha de estar?”, me contestaban mis padres porque ellos no lo veían. El Malo me oyó gritar y se me fue acercando y sus ojos echaban lumbre. “¡Ahí está, ahí está!”. “¿Quién a de estar?”, me contestaban mis padres porque ellos no lo veían. Y el Malo me comenzó a chicotear, antes de que yo dijera su nombre… luego me quedaron los temblores. En ese tiempo llegó mi primer marido y me pidió. Mis padres me dieron gratos, para ver si me aliviaba… Y nos vinimos a México…
MARTA: ¿A México?... ¿Conocía usted la ciudad y nunca me dijo?... LUISA la mira fijamente. Sentada en el suelo, agazapada como un animalito, ocultando las chispas de malicia que se le quieren escapar de los ojos.
LUISA: Ay Martita, algo se anda riendo dentro de mí…
MARTA: También yo tengo ganas de reír…
LUISA: Usted no, Martita, pero algo me sube y me baja adentro de mí, algo como de la risa…
MARTA: Pues ríase, Luisa…
LUISA: Luego, Martita…
MARTA: (Nerviosa). Ahora, Luisa… ¡Ahora!...
LUISA: ¿Ahora?… ahora me estoy acordando de cuando viví aquí en Tacubaya, con mi primer marido, y tuve a mi criatura. Pero me hinché toda, Martita, y a los tres días de parida, mi marido me llevó al pueblo, y me dejó en la casa de mis padres. “No la sacaste hinchada. ¿Por qué la devuelves así?”, le dijeron mis padres. “¡Váyanse a chingar a su madre!”, les dijo. ¡Y se fue! Y nunca más lo vi… pero eso no lo supieron mis padres. Al poco tiempo yo dije: “Mire papá voy a buscar a mi marido”. Y mi papá se soltó llorando. “¡Déjanos a la criatura!”, me rogó.- ¡”Cómo no!, ¿cómo cree que usted papá, que tenga yo el corazón tan duro?”. Y así fue que les dejé a la niña y me vine otra vez a Tacubaya y aquí estuve viviendo… (Detiene su relato para espiar a MARTA).
MARTA: ¿Qué me ve luisa?
LUISA: No la veo, Martita, veo la casa donde viví. ¡Ahí está! (Levanta un brazo flaco y señala un lugar, como si la casa estuviera adentro de la habitación).
MARTA: Luisa, ya no me aflija, ya no me cuente nada. ¡Es mejor olvidar!...
LUISA: ¡Ahí viví!... ¡Y ahí fue donde conocí a la mujer!... (Se queda abstraída, luego mira a MARTA). Y ahí fue donde la maté…
MARTA: ¡La mató! ¿Y lo dice con ese aire inocente?... ¿Y por qué la mató?
LUISA: ¿Por qué? Porque andaba diciendo cosas…
MARTA: ¿Qué cosas?
LUISA: Pues cosas… que andaba yo con su marido… ¡y que esperanzas, si ni siquiera lo conocía!
MARTA: ¡Usted nunca tiene la culpa de nada! Siempre es inocente. Julián la golpea porque es malo. Al marido de la muerta no lo conocía. Entonces, ¿la mujer la difamaba por gusto?
LUISA: Sí, Martita, por puro gusto. Nunca lo vi. Adivinar qué cara tendría. Y ella decía cosas y cosas. Y la lengua, Martita, no hay que usarla nada más porque la tenemos. Pero ella seguía diciendo cosas. (Se rasca la cabeza y luego levanta el índice amenazador). ¡Mira mujer, no andes hablando, no sea que halles consuelo en mi cuchillo! Así le dije. Y no me hizo caso. ¿Cree Martita que no entendió?... Entonces la fui a buscar al marcado a la hora en que todas vamos a comprar. Y estaba bonito: lleno de cebollitas, de cilantro, de limas. A un ladito, en donde están las tortilleras arrodilladas con sus tompiates, la esperé… y la vi venir, con su canasta bien llena de fruta, y columpiándose, y me dije en mis adentros: “Ya vas a callar, ingrata”… y le enterré el cuchillo. (Calla).
MARTA: ¡Qué aire tan denso hay en este cuarto! ¡Hay que abrir un balcón! (Hace ademán de levantarse).
LUISA: (La detiene). ¡Siéntese, Martita! No es el aire el que nos alivia… A la mujer la alivié yo de sus males, cuando le enterré el cuchillo…
MARTA: ¡Ay! Luisa, ¿cómo tuvo valor para hacer algo tan horrible? ¿Cómo se puede enterrar un cuchillo?...
LUISA: Pues en la barriga, Martita. ¿Dónde más seguro y más blandito que en la entraña?
MARTA: ¿En las entrañas? LUISA saca un cuchillo que lleva oculto en su camisa y hace ademán de enterrarlo en una barriga imaginaria.
LUISA: ¡Así! ¡Así! ¡Así! (Durante algunos segundos, LUISA sigue dando cuchilladas feroces en un ser inexistente). Y allí quedó y yo me fui corriendo…
MARTA: (Fascinada). Se fue corriendo…
LUISA: Sí, me fui corriendo entre la gente del mercado. Y las gentes se abrían pare dejarme pasar. Llevaba yo los pies ligeros y el pelo encendido. Y detrás de la gente venía corriendo. Y yo sentía sus pies alcanzando los míos… (Detiene su relato).
MARTA: Matar debe ser un instante terrible… tal vez el crimen tenga su grandeza…
LUISA Y me salí del mercado y bajé la calle corriendo. Todavía llevaba yo el cuchillo en la mano cuando me metí en la casa donde me agarraron. ¡Iba bien lleno de sangre!
MARTA: ¡No s lo dejó!...
LUISA: ¿No, Martita! Se lo saqué porque era mío… ¡Y estaba bien lleno de sangre”… ¿Cree Martita que alcanzó a salpicarme?... (Acaricia la punta del cuchillo que ha depositado en el suelo. Perdida en sus recuerdos). ¡Uy! Uno tiene harta sangre. Somos fuentes. Martita, hermosas fuentes… Así quedó ella, como una hermosa fuente en el mercado… en la mañana… ¿Ve, Martita, una mañana, con su mercado y su hermosa fuente?
MARTA: ¿Y en qué mañana y en cuál mercado?
LUISA: Una mañana… en un mercado, allí quedó, su canasta volcada con sus cebollas y sus hierbas de olor revueltas con su sangre.
MARTA: Pero ¿en qué mañana quedó su canasta volcada, Luisa?
LUISA: En una remota mañana, Martita, muy aparte de todas las mañanas, y allí quedó ella también y yo corrí a esconderme, pero me agarraron.
MARTA: ¿Y quién era ella?
LUISA: ¡Ah, pues eso si quién sabe!
MARTA: ¿Cómo que quién sabe? ¿Cómo se llamaba?
LUISA: ¡Pues eso si quién sabe?
MARTA: ¿Cómo que quién sabe? Cree que me interesa saber mucho su nombre y por eso no me lo dice, ¿verdad? Pues sepa que no me interesa. ¡Guarde su muerta!
LUISA: Era la mujer que decía cosas… por eso le enterré este cuchillo en la barriga… (Toca con la punta de los dedos el cuchillo que reposa a sus pies).
MARTA: (Mirando el cuchillo). ¿Ese cuchillo?
LUISA: Sí, Martita, éste. Me lo quitaron cuando me agarraron, sólo que luego, tanto y tanto les lloré que me dieran junto con mi libertad.
MARTA: (Burlona). ¿Le devolvieron el cuchillo?
LUISA: Sí, Martita.
MARTA: (Riéndose). ¡Ladina! ¡Mentirosa! Me quiso asustar porque le dije que Julián era bueno. ¡Y yo creyéndole sus cuentos! Me acuerdo de cuando las criadas me contaban cuentos de miedo en la cocina. ¡Si alguien nos viera ahora, con ese cuchillo en el suelo! (Se ríe).
LUISA: Martita, le digo que me dieron mi libertad y mi cuchillo. Y cuando estuve encerrada fue cuando volví a ver al Malo. MARTA deja de reír.
MARTA: ¿Al Malo?
LUISA: Sí, Martita, allí lo volví a ver.
MARTA: Luisa, ya no me cuente nada. No quiero oírla. ¿Por qué se empeña en afligirme? Yo le dije que estaba endemoniada para asustarla, estaba jugando. Nunca pensé que con esa palabra iba a abrir la puerta a los demonios…
LUISA: No son los demonios, Martita, era el demonio y estaba pintado en una pared de la cárcel. ¡De mi tamaño! Y estaba doble, como hombre y como mujer. Me dieron el trabajo de azotarlo y me dieron el látigo. Todos los días le daba yo y le daba, hasta que ya no podía yo ni moverme, alguna compañera me decía: “¡Ándale Luisa, pégale otro ratito por mí!” y yo volvía a pegarle, pues un favor no se le niega a una recogida igual a mí. Cuando me dieron mi libertad ya nunca volví a verlo…
MARTA: Qué bueno Luisa, estaría usted contenta de verse libre del demonio y de la cárcel.
LUISA: (Con ternura). No, Martita. La vida con las recogidas no era mala. A las cuatro nos levantábamos y nos poníamos a cantar. Luego molíamos el nixtamal para los presos. Después nos bañábamos. ¡Por eso le dije que sí conocía el baño! ¿Ve, Martita, ve cómo no le dije mentiras? Los baños de la prisión eran igualitos al suyo, sólo que no eran amarillos.
MARTA: Es cierto, es cierto Luisa, no me dijo mentiras. ¡Qué tota soy, Dios mío!
LUISA: Después empezaba yo a azotar al Malo. Y el quehacer no se acaba nunca. También limpiábamos los peroles donde se cocinaba la comida de los presos…
MARTA: ¿Y cuánto tiempo estuvo ahí, Luisa?
LUISA: ¡Quién sabe cuanto tiempo estaría yo allí! Quién sabe… Se me llegó a olvidar la calle. Yo ya no me hallaba más que con las recogidas de mis compañeras. Allí hallé mi casa y no pasé ninguna pena. Me engreí tanto, que las noches y los días se me iban como agua. Si nos enfermábamos, Martita, había dos doctores. ¡Dos! Y ellos nos cuidaban… Tanto tiempo me quedé, que yo ya no reconocía otra casa… (Se calla, y se hace un ovillo a los pies de MARTA).
MARTA: Luisa, no se ponga tan melancólica.
LUISA: todos lloramos lo bueno, Martita.
MARTA: Si queremos podemos hallar lo bueno en todas partes.
LUISA: No crea, martita, no crea…
MARTA: Sí, Luisa, anímese. Ya verá, aquí conmigo también la va a pasar bien. se va a bañar todos los días, les va a ayudar a las muchachas, la voy a llevar al cine. Ya verá.
LUISA: No es lo mismo Martita, no es lo mismo. Allá estaban mis compañeras y todas éramos iguales y nos reconocíamos en el pecado. ¿Aquí qué?... (Animándose súbitamente). Y contestaba el teléfono. Por eso le decía, Martita, que sí lo conocía. ¿Ve Martita, ce cómo no le dije mentiras?
MARTA: No, no me dijo mentiras.
LUISA: En las noches había bailes en el corral. Los presos sacaban sus mandolinas y sus guitarras y bailábamos. ¡Yo antes nunca había bailado, Martita! La vida del pobre no es el baile, la vida del pobre son las caminatas en el polvo, Martita. Mis compañeras sí sabían bailar y ellas fueron las que me enseñaron los pasos. Me subían las trenzas y me decían: “¡Para que te veas menos india!” Y bailábamos y bailábamos…
MARTA: Nunca pensé que los presos bailarían y que podrían divertirse… ¿Y le gustaba mucho bailar?
LUISA: ¡Sí, me gustaba! Y había hartos bailes, Martita, hartos.
MARTA: Usted, Luisa, me habla de sus bailes en la cárcel, como otros me hablan de sus bailes en los palacios.
LUISA: Yo le hablo de mis bailes, porque esos fueron días buenos, Martita (Se ensombrece). Cuando me dijeron que me iban a dar mi libertad, yo no la quise agarrar. “¿Para qué señor?”, le dije, “¿Dónde quiere usted que vaya?” y allí me quedé. Pero volvieron a decirme que tenía yo que agarrar mi libertad.
Una señora me dijo: “¡Agárrala, Luisa, agárrala!” y aunque no la agarré me la dieron a fuerzas. “¿Y ahora qué hago, doctor?” “Ya no conozco la calle y no tengo ni un centavo” ¡Las calles son centavos, Martita, son centavos! Y el doctor me dio para mi pasaje, y la señora que me decía que agarrara yo mi libertad, vino a esperarme a la puerta del mundo, uy cuando me vi en la calle, me llevó al tren, y me fui a la casa de mis padres… (Se pone a llorar).
MARTA: No llore, Luisa, no llore.
LUISA: (Llorando). Pero la vi extraña, Martita, muy extraña. ¡Ay Luisa, me dije para mis adentros, esta casa ya no es tu casa! Y nada más me quedaba yo sentada pensando, pensando en mis compañeras y en lo que estarían haciendo…
MARTA: (Afligida). ¡Pobre Luisa! ¿De veras las echaba tanto de menos? ¿Pues cuánto tiempo estuvo usted con ellas?
LUISA: ¿Con las recogidas? ¡Quién sabe! Pero fue mucho tiempo. ¿No le digo, Martita, que ya no conocía yo calle, ni mundo? cuando llegué a casa de mis padres, mi criatura estaba así de grande. (Hace en el aire la marca de una estatura de diez años).
MARTA: ¿Y sus padres? Se pondrían contentos de verla fuera de la cárcel. ¿Qué le dijeron?
LUISA: (En guardia). ¡Nada! “¿Cómo te va, hija?”
MARTA: Pero qué dijeron de que hubiera estado en la cárcel tanto tiempo. No me diga que nada, eran sus padres y algo le dirían.
LUISA: de la recogida no dijeron nada, porque nunca lo supieron. ¡Nunca lo supo nadie! Creyeron ellos que yo había vivido en Tacubaya con mi primer marido.
MARTA: ¿Cómo es posible que nunca lo supieran? No me diga que es usted tan hipócrita que nunca se los dijo. ¿Y su marido?
LUISA: ¿El tampoco dijo nada… Tuve la suerte de que lo mataran. Y nunca, nunca, volvió al pueblo, para contar nada. Hay cosas Martita, que nadie debe saber. Nadie sabe que estuve en la recogida. Ni mis padres que ya murieron, ni Julián. Cuando él me fue a pedir nada le dije. Yo pasaba por viuda, y viuda soy.
MARTA: ¿Lo engañó? ¡Qué taimada! Pobre hombre.
LUISA: No lo engañe, Martita, nada más me calle. Se produce una pausa.
MARTA: Ya es tardísimo.
LUISA: (Sin oírla). Antes de salir de la cárcel, mis compañeras, que me querían harto, me dijeron: “Mira, Luisa, a nadie le digas nunca que mataste a la mujer. La gente es mala, muy mala”. Así me dijeron.
MARTA: Hay de todo Luisa, y no eran ellas las que podían juzgar.
LUISA: (Mirándola fon fijeza). Ellas lo sabían. Por eso de previnieron. “Ya sabemos que vas a tener la tentación de contarlo”, me dijeron. “A uno lo obligan a confesar los pecados, los propios pecados. Tú tienes los tuyos y son nada más para ti. Y además los pecados de una mujer y entre todos te van a pesar mucho”. Ya sabe Martita, que uno carga con los pecados de los muertos que uno mata. Por eso ve, que esos hombres que deben dos o tres muertes, van doblados por el peso. “¡Pero no se lo digas a nadie Luisa, ni le cuentes a nadie, dónde anduviste estos años!”
MARTA: ¿Y por eso no se lo contó nunca a nadie?
LUISA: ¡A nadie, nunca, Martita! A nadie más que a usted se lo he dicho.
MARTA: ¿Sólo a mí? ¿Y por qué no fue a confesarse con un padre? le hubiera hecho bien, Luisa.
LUISA: “Mira, me dijeron mis compañeras, si alguna vez sientes que los pecados te doblan las piernas y te vacían el estómago, vete al campo, lejos de la gente, busca un árbol frondoso, abrázate a él y dile todo lo que quieras. Pero sólo cuando ya no aguantes Luisa, pues eso sólo se puede hacer una vez”. Y así fue Martita. Pasó el tiempo y sólo yo sabía lo que era mi vida. Hasta que las piernas se me comenzaron a doblar, y la comida ya no la aguantaba, pues mis pecados y los de la muerta, que eran más que los míos, se me sentaron en el estómago. Y un día le dije a Julián: “¡Voy a acarrear leña!” Y me fui al monte y encontré un árbol frondoso, y tal como me dijeron mis compañeras lo hice. Me abracé a él y le dije: “Mira árbol, a ti vengo a confesar mis pecados, para que tú me hagas el beneficio de cargarlos”. Y allí estuve, Martita. Y me tardé cuatro horas en decirle lo que fui. LUISA ve a MARTA y ésta se turba.
MARTA: ¿Y el árbol cargó con sus pecados?
LUISA: Me tardé un tiempo en ir a verlo y cuando llegué… (Se calla).
MARTA: ¿Cuándo llegó, qué?
LUISA: Lo hallé seco Martita. ¡Porque se secó, Martita, se secó!
MARTA: ¿Se secó?
LUISA: Le eché encima mis pecados y se secó, Martita, se secó… Pausa. MARTA se pone nerviosa.
MARTA: Son las once Luisa, hace cuatro horas que estamos hablando…
LUISA: (Mirándola). ¿Cuántas horas, Martita? Cuatro horas me tardé también con el árbol…
MARTA: (Nerviosa). Olvide todo, Luisa. Fue una broma cuando le dije que estaba endemoniada. Todos hemos hecho cosas malas… El pasado no existe. Nunca volveremos a ser lo que fuimos… (LUISA permanece inmóvil). Tranquilícese Luisa. No tenga miedo, no hay que tener miedo. ¿Miedo de qué? Dígame Luisa, ¿de qué podemos tener miedo? Estamos aquí las dos muy contentas…
LUISA: Se secó, Martita, se secó…
MARTA: Ya me lo dijo, Luisa. Ya no me lo repita. ¡Váyase tranquila a dormir!...
LUISA: Qué solitas estamos, ¿verdad Martita?
MARTA: ¿Solitas?... ¿por qué me dice eso?
LUISA: Porque las muchachas no vuelven hasta mañana.
MARTA: Sí, hasta mañana… y ¿qué importa? Ahora vamos a dormir. Ahora vamos a dormir…
LUISA: Es que se secó, Martita, se secó…
MARTA: Luisa, no se ponga así, repite como una tonta: Y se secó, Martita, se secó. No sé qué pretende repitiendo esa frase. Cállese y váyase a dormir. Ya sabe dónde está su cuarto. ¡Ande, váyase! (LUISA se pone de pie y recoge su cuchillo). Deje su cuchillo, Luisa.
LUISA: (Abrazándolo). Es mío, Martita, mío.
MARTA: Lo coge como si fuera un tesoro. ¡Ay Luisa! ¿Cree que con él va a abrir las puertas del palacio de las mandolinas y las guitarras, donde bailaba usted con sus amigas?... (Se calla y ve asustada a LUISA).
LUISA: Así fue y así es: la llave de los palacios… Las dos mujeres se miran asustadas.
MARTA: Buenas noches, Luisa. ¿Se acuerda dónde está la puerta de su cuarto?
LUISA: Sí, Martita. Buenas noches… (Se dispone a salir).
MARTA: Duerma bien.
LUISA: (Volviéndose desde la puerta). ¡Qué silencia está la casa, Martita! Sale LUISA. MARTA se queda quieta, sin saber qué hacer. Se levanta. Trata de arreglar unos frascos que están encima de su tocador. Se cepilla el pelo y trata de sonreír frente al espejo.
MARTA: Ella debe tener tanto miedo como yo. ¡Qué tontería ponerse a contar esas cosas a media noche! (Se quita los zapatos y de pronto se detiene y escucha con atención).
Voz de LUISA: (Lejana, tal vez imaginaria). Y se secó, Martita, se secó… MARTA se pone en guarda y trata de escuchar. Le parece oír que unos pasos descalzos se acercan por el pasillo alfombrado
MARTA: ¡Luisa! ¡Luisa! ¡Conteste, Luisa! (Pausa). Me va a matar a disgustos. ¡Luisa! ¿Está usted durmiendo mientras yo cavilo?... (Pausa). Luisa venga a platicar conmigo, no sea majadera. No porque me haya confiado su secreto… ¡Dios opio, qué estúpida soy! ¡Qué cosas digo! Luisa ¿por qué no me contesta? ¡India maldita! (Calla. Escucha ansiosa los ruidos inexistentes. Asustada se dirige a la puerta del baño y entra. Vuelve a salir al cabo de unos segundos). ¡Luisa! ¿Qué hizo con la llave del baño?... ¡Qué lejos está el teléfono! ¿Por qué lo saqué Dios mío? ¡Y la puerta de mi cuarto no tiene llave! Luisa, venga a platicar conmigo, la soledad es mala compañera. No se quede sola imaginando cosas terribles. ¿Por qué no me contesta, si oigo sus pasos en el pasillo?... Luisa, sé que está detrás de la puerta, espiándome… la oigo respirar… (Los pasos y la respiración de LUISA están detrás de la puerta entreabierta). Está loca, hasta ahora lo sé, está loca, por eso la odian en el pueblo. (Mientras se coge la cabeza entre las manos, luego ve para todas partes). ¿Y sólo porque el árbol se secó?... ¿Sólo por eso?... ¿a mí, su amiga? MARTA busca una salida con los ojos. Se abre la puerta de su cuarto.

TELÓN.


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