El último vals del Duque Job
(El imperio de porcelana)
Comedia anti-histórica sobre México en un acto.
por Benjamín Gavarre
© INDAUTOR
Cd. De México
© BENJAMÍN GAVARRE SILVA
Contact: bengavarre@gmail.com
gavarreunam@gmail.com
GUÍA PARA UN LIMBO MEXICANO
(Material de apoyo para el lector y el espectador más allá de las
fronteras de México, que desea un poco de contexto, si es que se requiere).
Para entrar en este salón violeta, es necesario entender que México es
un país construido sobre capas de máscaras. Esta obra sucede, en una supuesta y
anti-histórica noche del 31 de diciembre de 1899, un instante donde la
elegancia "afrancesada" del siglo XIX está a punto de ser estallada
por la sangre revolucionaria del XX.
1. El Contexto: El Porfiriato (1876–1911)
Durante más de 30 años, el General Porfirio Díaz gobernó México
bajo el lema "Orden y Progreso". Su obsesión era convertir a México
en una "Pequeña París".
·
El Blanqueamiento: Fue literal y metafórico. En los retratos oficiales, los rasgos
indígenas de Díaz se suavizaban y su piel se "aclaraba" con polvos de
arroz para lucir más europeo.
·
La Belle Époque: La élite mexicana hablaba francés, vestía seda de Lyon e ignoraba la
realidad de un pueblo que moría de hambre en las haciendas.
2. Glosario de Sombras (Quién es quién)
|
Personaje |
Realidad Histórica |
Función en la Obra |
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Duque Job |
Manuel Gutiérrez Nájera, poeta y cronista brillante. Fundó el
Modernismo en México. |
El anfitrión. Representa al intelectual refinado que muere de
nostalgia por una Europa que no le pertenece. |
|
Juventino Rosas |
Prodigio de origen otomí, compositor del vals Sobre las Olas. |
La tragedia del genio mexicano. Su obra era tan perfecta que en Europa
se creía compuesta por un austriaco. |
|
La Güera Rodríguez |
Aristócrata y seductora que vivió la Independencia. Amiga de Humboldt
y Bolívar. |
El poder detrás del abanico. Representa la astucia criolla que sabe
que la imagen es una herramienta política. |
|
Los 41 y la Crujía J |
En 1901, la policía asaltó un baile de 42 hombres, la mitad vestidos
de mujer. Uno escapó: el yerno de Porfirio Díaz. |
El origen de la palabra "joto". Viene de la celda
"J" de la cárcel de Lecumberri donde encerraron a los detenidos. |
|
Margarita y Carmelita |
Esposas de Juárez y Díaz, respectivamente. |
Representan el cerebro estratégico detrás de los caudillos. Carmelita
"curó" la imagen de Díaz; Margarita financió la República de
Juárez. |
3. Simbolismos y Anacronismos Críticos
·
La Calavera de Azúcar: Mientras los modernistas riman con "rosas" y
"mármol"; “perlas y rubíes”, la identidad mexicana es una calavera de
azúcar: dulce por fuera, muerte por dentro. Es el símbolo máximo del Día de
Muertos.
·
El Ypiranga: El barco real que llevó a
Porfirio Díaz al exilio en París en 1911. En la obra, funciona como el
transporte hacia el olvido.
·
La Malinche (Malintzin): Tachada históricamente de traidora por ser la intérprete de Cortés,
ella es en realidad la madre del mestizaje. Su presencia en el salón es la
verdad indígena que los "blanqueados" no quieren ver.
4. Nota sobre el Lenguaje
La obra utiliza un contraste entre la rima modernista (elevada,
estética) y el caló de carpa de La Trujis (popular, mordaz). Esta
dicotomía es la esencia de México: un país que intenta hablar francés pero que
siempre termina gritando… ¡que chinguen a su mauser! …Como lo harán durante la
Revolución Mexicana.
El último vals del Duque Job
(El imperio de porcelana)
por Benjamín Gavarre
Sinopsis: En un salón violeta donde el tiempo
se ha detenido, la élite del siglo XIX mexicano celebra su propia decadencia.
Mientras el Duque Job rima versos de seda y Juventino Rosas arranca notas de un
piano ensangrentado, las sombras de la historia —desde La Malinche hasta
Maximiliano— se cuelan en la fiesta para ajustar cuentas. Entre copas de
champaña rancia y el eco de los 41, los fantasmas del poder descubren que el
maquillaje no puede ocultar el estruendo de los machetes que ya golpean a la
puerta. Una comedia de humor negro sobre el país que quiso ser París y despertó
siendo México.
El último vals del Duque Job es una pieza de
teatro histórico anacrónico que explora el colapso del Porfiriato a través de
un diálogo espectral. En la casa del poeta Manuel Gutiérrez Nájera, personajes
icónicos de diversas eras convergen para diseccionar la identidad nacional, el
racismo sistémico y la herencia del poder. Mediante una narrativa cargada de
sátira y acciones escénicas simbólicas, la obra confronta la elegancia estética
de la "Belle Époque" mexicana con la violencia social que gestó la
Revolución. Es el retrato de un siglo que se resiste a morir y un futuro que
llega para cobrar la cuenta.
Todo sucede en salón exquisito y decadente, un
piano herido y una élite que se maquilla para su propio funeral. El último
vals del Duque Job reúne personajes de distintas épocas a poetas,
dictadores y emperadores en una última noche de bohemia antes de que el siglo
XX los barra de la historia. Una obra donde los rumores son la única verdad, la
patria es un disfraz que no ajusta y el último vals se baila al ritmo de la carabinas
y los fusiles.
EL ÚLTIMO
VALS DEL DUQUE JOB
Una comedia anti-histórica
en un acto
PERSONAJES:
• EL
DUQUE JOB (Gutiérrez Nájera): El esteta del naufragio. Un hombre que intenta
salvar la belleza a través del ritmo, mientras su cuerpo (y su nariz
monumental) le recuerdan su mundo terrenal. Es el director de una orquesta que
toca mientras el barco se hunde.
• LA
TRUJIS (Emilia Trujillo): La voz del subsuelo. Tiple de carpa y reina del
teatro de revista popular. Ella es la "anti-musa": mientras los
poetas sueñan con Francia, ella conoce el precio del kilo de carne y el olor
del aguardiente. Es el cable a tierra; la que quita la máscara porque ella vive
de las caras que la gente pone en la oscuridad del teatro.
• LA
MALINCHE (Malintzin): La traductora del destino. No es una víctima, es la dueña
de la lengua. Observa el desfile de hombres poderosos con la paciencia de quien
vio nacer un mundo y ahora lo ve pudrirse con elegancia.
• LA
GÜERA RODRÍGUEZ: El erotismo del poder. Representa la astucia criolla que sabe
que en México la imagen es la primera línea de batalla. Su obsesión con el
polvo de arroz no es vanidad, es una armadura política.
- JUVENTINO ROSAS: El genio
invisible. Representa el arte mexicano que solo es validado cuando regresa
con sello europeo. Su piano es un confesionario de madera. El alma de
México vendida por diez pesos.
•
· MANUEL
ACUÑA: El mártir de la idea. Representa el romanticismo suicida a sus intensos
24 años.
· BENITO
JUÁREZ: La ley de granito, la justa medianía y levita negra.
· MAXIMILIANO
DE HABSBURGO: El archiduque de los sueños rotos y uniforme de gala.
· CARLOTA,
LA EFÍMERA EMPERATRIZ: Ya tocada por la temprana locura y antes de regresar a
su larga vida en Bélgica, su país de origen.
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ESCENA
1: EL SALÓN VIOLETA
(Salón
de Manuel Gutiérrez Nájera. Lujo rancio, polvo dorado y olor a nardos podridos.
JUVENTINO toca una sola nota al piano, rítmica, como si contara centavos).
DUQUE
JOB: (Contempla
su copa de vino tinto). Bebamos, señores. El siglo se nos muere entre los dedos
como una virgen tuberculosa. (Saca un pañuelo de encaje y limpia frenéticamente
una mancha de lodo en su bota de seda). Mírennos: usamos encajes para ocultar
la lepra de la desidia. Maquillamos al General para que el mundo no vea al
guerrillero de Oaxaca, sino a un Luis XIV de huarache pulido.
LA
GÜERA: (Abanicándose con furia mientras se aplica
polvos de arroz hasta parecer un cadáver). El maquillaje es la única política
estable de este país, Manuel. Carmelita Romero Rubio no es una esposa; es la
jefa de imagen de una nación aterrada de su propia sombra. (Le da un manotazo
al aire). Ella le puso el guante de seda a Porfirio para que nadie note que sus
manos todavía huelen a pólvora y a tierra roja.
ITURBIDE: (De
pie sobre un banco, ajustándose una banda imperial deshilachada). ¿Y qué es la
patria, sino un disfraz que no nos ajusta? Yo me puse una corona y me llamaron
traidor. Juárez se puso una levita negra y reformó las leyes, aunque no le caía
bien a todo el mundo, y menos a la Iglesia. (Pierde el equilibrio y baja con
torpeza). Con todo, por debajo de nuestros trapitos, todos estamos desnudos,
esperando que la historia nos perdone.
ESCENA
2: EL PRECIO DEL TALENTO
(LA
TRUJIS se sirve coñac directamente de la botella y deja un billete de diez
pesos arrugado sobre las teclas del piano).
LA
TRUJIS: La historia no perdona, Agustín; la historia
cobra. Mírenlo a Juventino. Su música tuvo que viajar al Danubio para que aquí
le permitieran entrar por la puerta grande. En México, para ser genio, primero
hay que parecer extranjero.
JUVENTINO: (Sin
dejar de tocar, su dedo ensangrentado mancha una tecla blanca). Diez pesos me
pagaron por mi más famoso vals, y sí, vivimos sobre las olas, y a veces bajo
las malditas olas. Ese es el precio de mi alma, diez pesitos. No se engañen: el
vals no es francés, ni austriaco. Es el llanto de un mexican curious que
aprendió a escribir en el idioma de los que lo desprecian.
(Aparece
MANUEL ACUÑA de entre las cortinas, con una mancha azul violácea en el labio y
un frasco de botica vacío).
MANUEL
ACUÑA: (Apaga la vela del piano con un soplido).
Pues bien, yo necesito decirte que te quiero… decirte que te adoro con todo el
corazón… Mis versos me preceden… Pero y qué importa ser recordado
por unos versitos, si el destino es un despropósito? Yo morí por un amor que
era un símbolo de esta tierra: hermoso, esquivo y cruel. El romanticismo no es
un género, Duque; es el suicidio de un país que prefiere morir de un suspiro
que vivir de un tajo.
ESCENA
3: LAS VISITANTES DE LA MEMORIA
(Un
estruendo lejano sacude el salón: el silbato de una locomotora. Los personajes
del 1800 se quedan congelados en un cuadro sepia. De detrás de un biombo
aparecen LA MALINCHE y CARLOTA. Carlota lleva ramitas de ahuehuete en el pelo;
La Malinche, una falda mazahua morada con espejitos redondos).
CARLOTA: (Usa
un monóculo para inspeccionar a La Güera). ¡Por los clavos de Maximiliano! ¿Qué
es esto, Malintzin? ¿Una nación o una pastelería francesa? A esta mujer le han
puesto tanta harina en la cara que si estornuda, horneamos un croissant.
LA
MALINCHE: (Se limpia las manos en el vestido de seda de
Carlota). Es lo que tú querías, ¿no, "Mamá Carlota"? Blanqueamiento.
Europa enlatada. Mira al Duque... tiene los pulmones de seda y el corazón de
nopal podrido.
CARLOTA: (Arrebata
una copa vacía al Duque). ¡Yo quería un Imperio de mármol y anchas avenidas! No
esta kermés de tísicos pretenciosos. Juventino toca como si le debiera dinero a
la muerte.
LA
MALINCHE: (Se sienta junto a Juventino y le sopla la
nuca). Este vals es de lo mejor que hemos hecho los mexicanos, aunque me muerda
la lengua, porque dicen que soy muy malinchista. Yo sí quiero a México y los
mexicanos, pero sin imperios débiles… No te ofendas, pero tu reinado fue un
fiasco de opereta, y el supuesto imperio de Iturbide fue la corte de los
ilusos, como bien dicen. Yo escojo el tiempo que me tocó, aunque me odien, y
prefiero a mi gachupín chaparrito y ponedor... al menos él sabía que para conquistar
esta tierra no se necesitaba de etiqueta, se necesitaron trescientos años,
mucha sangre, conciliación y buenas traductoras.
(CARLOTA
se arranca un mechón de pelo blanco y lo deja sobre el hombro del Duque como
una medalla. Se abraza a sí misma).
CARLOTA:
Déjame, me insulta tu presencia india pata rajada, me diste toloache, méndiga,
traidora dos veces… La ven, es un demonio… y no me veas así que no estoy loca!
¡No estoy loca! ¡Me oyes, pérfida mujer!
LA
MALINCHE: (La tranquiliza con una calma brutal). Ya,
manita... no estás loca, solo estás un poco histérica. Vámonos de aquí, que
este salón huele a velorio de lujo. (Le roba el pañuelo al Duque para limpiar a
Carlota mientras se la lleva a las sombras). Ya pasó, ya pasó, vamos a que
tomes tu barco… es el primero de dos barcos…
ESCENA
4: LOS PADRES DEL CONFLICTO
(La
humareda de la locomotora invade el salón. De entre el vapor emergen BENITO
JUÁREZ… (con su levita negra llena de polvo y una maleta que indica un largo
viaje en su famoso carruaje) y MAXIMILIANO DE HABSBURGO, con un agujero de bala
impecable en su uniforme de gala. Vienen del brazo, tropezando con los
muebles).
JUÁREZ: (Abanicándose
con un Código de Leyes). ¡Qué calor hace en este siglo, Maximiliano! En este
salón ornamentado han dejado las ventanas cerradas tanto tiempo que el aire ya
sabe a decadencia fermentada.
MAXIMILIANO: (Inspeccionando
con asco la banda imperial de ITURBIDE). Es el olor del orden y el progreso,
Benito. A ti te gustaba el orden y la austeridad, ¿no? Pues mira: el país se
convirtió en una torre de marfil con perlitas y princesitas afrancesadas… No quisieron
a todo un archiduque, ah, pero qué tal tuvieron que soportar a su general
estiradito y blanqueadito que quiso parecerse a mí
JUÁREZ: (Le
quita un puro de la oreja a Maximiliano). El orden sin justicia es una falta de
respeto. Estos modernistas (Señala al Duque). Tienen los ojos en París y los
pies en el aire. Yo les di Leyes y ellos se dedicaron a bailar sobre las olas.
MAXIMILIANO: (Sentándose
en la tapa del piano de JUVENTINO, provocando una nota sorda). Ya ves,
"Benito". Si tu no hubieras muerto tal vez habrías ocupado el poder
unos treinta años, como Porfirio. Serías el dictador Benito, y a ti sí habría
que haberte lavado la cara con lejía para blanquearte, ja, ja… Con todo
respeto. (Juárez pone una cara de indignación total y Maximiliano cambia de
tema) ¡Juventino, toca algo con alegre! Parece que estamos en el entierro de tu
mami.
JUÁREZ: Yo
habría buscado la justa medianía.
(Juventino
parece escuchar a Maximiliano y toca el vals el Murciélago.
MAXIMILIANO: Eso
es, mucho mejor… ¿Decía usted, mister Benitou? ¿Es cierto que hizo un pacto con
los gringous?
ESCENA
5: EL DIÁLOGO DE LAS SOMBRAS PODEROSAS
(Entra
SANTA ANNA cojeando rítmicamente: clac-pum, clac-pum. Y aparte, en un rincón,
un hombre con una máscara de cera rígida de PORFIRIO DÍAZ observa todo en
inquietante silencio).
SANTA
ANNA: (Golpeando el piano con su pata de palo).
¡Basta de rimas, poetas amanerados! El poder no es adornitos ni musiquita de
maricas, es voluntad. Yo vendí la mitad del mapa para que la otra mitad tuviera
un nombre. Me llamaron "Alteza Serenísima", y aunque hoy me llamen
traidor, nadie puede negar que este suelo mejoró gracias a de mis espuelas.
LA
GÜERA: (Arrebatándole el bastón a Santa Anna). Lo
que mejoró fueron las deudas, Antonio. México Juárez resistió, gracias a sus
leyes, y gracias a Margarita. Las mujeres hemos salvado a la República. Los
hombres dan puros gritos, pero las mujeres cargamos los fusiles del sentido
común.
LA
TRUJIS: (Ajustándole los guantes al PORFIRIO
enmascarado con fuerza bruta). Así es. Las mujeres rifan. Porfirio
no da un paso sin que Carmelita le revise el nudo de la corbata. Ella inventó
la aristocracia mexicana y aplastó las rebeliones. Lo que llaman "Orden y
Progreso" es solo el silencio que Carmelita imponía en sus afrancesadas
cenas.
DUQUE
JOB: (Con
una sonrisa triste). No entiendo… Me dicen afrancesado como si fuera un
defecto. Pero mi poesía es original, es totalmente "Duque Job"… Y me
respalda nada menos que Rubén Darío, ¿lo conocen? Es el más importante
modernista. Nuestra poesía es como el México de don Porfirio: demasiado grande
para ignorarla y demasiado culta para la chusma. (Susurra a la máscara). Pero
hay algo que me inquieta… Oigo el chisme, oigo la risa... y oigo el enojo de
los más morenos y el crujir de los huesos del pacífico porfiriato.
ESCENA
6: LA MÁSCARA SE ROMPE
(PORFIRIO
se pone de pie bruscamente. Su voz suena metálica tras la cera).
PORFIRIO: ¡Ya
me tiene harto! ¡Ya cállense! Me tienen la cabeza como si estuviera dentro de
campana de Dolores. ¿Chisme? ¿Risa? Lo que oyen es el motor de un país que yo
aceité con mi propia sangre porque ustedes solo sirven para rimar
"rosa" con "mariposa" y “aleta, con veleta”. (Le patea la
pata de palo a SANTA ANNA). ¡Yo civilicé a este pueblo a puros pan y palo, a
censura estricta a fusilamientos antes del desayuno y a una muy divertida ley
fuga!
LA
TRUJIS: (Acercándose a ITURBIDE con malicia). No, sí,
claro, el muy talquiado don Porfirio era un soberano cabrón… Pero escuche mi
querido don Perpetuo, tan machín… Sí sabía que su yerno, Nachito de
la Torre, acabó con sus ínfulas de pan y palo… y sobre todo no dio una lección
de historia más grande que un gran palo. El baile de los 41 más que una
celebración de colores; es la grieta en su moral de porcelana parisina. De la
Crujía J de Lecumberri nacerá un nombre para insultar a los que elegantes,
frágiles y prohibidos. ¡Salud por los jotos de alcurnia! Ah, qué machín, no, ah
qué machín, ja, ja.
(PORFIRIO
se arranca la máscara. Debajo es una calavera de azúcar con bigotes de plata).
PORFIRIO: ¡Me
voy! No tolero tanta falta de respeto y tanto insulto, y no soporto el olor a
perfume barato de este salón. Les dejo la paz, señores... Que la paz de los
sepulcros esté con ustedes.
ESCENA
7: LA PREMONICIÓN DEL EXILIO (VERSIÓN ÁCIDA)
(PORFIRIO
camina hacia la salida con la máscara en la mano, tratando de mantener una
postura gallarda. LA MALINCHE aparece de la nada y le pone el filo del cuchillo
de obsidiana justo en la bragueta de su uniforme lleno de medallas. Él se
congela).
LA
MALINCHE: (Con una sonrisa felina) ¡Momentito, General!
No corra, que las medallas le tintinean como cascabeles de miedo. El mar ya le
está lamiendo las botas, y no es para limpiarlas. Veo un barco llamado Ypiranga.
Te llevará a una ciudad donde los muertos hablan francés de verdad, no ese
balbuceo que usted ensaya frente al espejo.
(LA
MALINCHE usa la punta del cuchillo para levantarle la barbilla a PORFIRIO).
LA
MALINCHE: Allá nadie te conocerá por tus batallas, sino
por tus estatuas rotas que servirán para rellenar baches. Morirás mirando el
horizonte, esperando un perdón que el mar no te va a traer, porque el agua
salada no lava la sangre de los mayas que vendiste como esclavos. ¡Buen viaje,
Don Perfidio!
CARLOTA: (Riendo
con una mueca desencajada mientras se limpia los dientes con una espina de
maguey) ¡Bienvenido al club de los desterrados, Porfirio! El exilio es la única
democracia que inventamos: todos acabamos siendo fantasmas en hoteles y
castillos que no podemos pagar. Verás a México volverse pequeño desde la popa,
como un pañuelo sucio que se agita en el puerto para despedir a un pariente muy
incómodo. ¡El siglo XX es una bestia de hierro que no come héroes, come
gasolina y escupe smog!
JUÁREZ: (Acomodándose
el sombrero de copa, que ahora le queda un poco grande). El siglo XX será un
mercado, Maximiliano. Cambiarán el fusil por el micrófono y la bayoneta por la
mercadotecnia. (Señala al público con un dedo acusador). Veo un México de asfalto
donde el indio seguirá siendo invisible, pero ahora tendrá un número de serie,
una tarjeta de crédito con intereses eternos y una credencial para votar por el
que mejor mienta en la televisión. ¡La ley será un chiste de tres actos!
MAXIMILIANO: (Buscando
algo en sus bolsillos vacíos). ¿O sea que mi fusilamiento fue solo un error de
edición, Benito? ¡Qué desperdicio de pólvora!
LA
MALINCHE: (Le arranca la última medalla del pecho a
Porfirio con un tirón que le desgarra la casaca). ¡Quédatelo, Max! Tu
fusilamiento fue el estreno de esta gran farsa. (A Porfirio, al oído). Tu
"Orden" será una nostalgia de viejos amargados y tu "Progreso"
será una fila eterna bajo el sol, esperando un camión que nunca llega y que,
cuando llegue, no tendrá frenos. El siglo XX no es un siglo, Don Porfirio... es
una herida que ustedes abrieron y que ahora van a heredarle a los que ni siquiera
han nacido. (Empuja a PORFIRIO hacia la niebla).
(LA
MALINCHE le da un empujón a PORFIRIO hacia la oscuridad del fondo. Él tropieza
y se pierde en la niebla mientras ella limpia su cuchillo en el aire, como si
cortara el tiempo).
LA
MALINCHE: (Al Duque Job) ¡Toca, Duque! Toca antes de
que el siglo XX nos cobre el cover por entrar a nuestro propio entierro.
ESCENA
8: EL NAUFRAGIO DEL 1800 (FINAL)
(Tras
el empujón de LA MALINCHE, PORFIRIO desaparece en la niebla. Un sonido de
tensión y presagio llena la escena. Las luces enloquecen. JUVENTINO se levanta
del banco del piano. No camina, se arrastra hacia el instrumento y, con un
grito animal, golpea las cuerdas internas con un mazo de madera que saca de su
ropa).
JUVENTINO: (Gritando
con los ojos en blanco) ¡Ya están en la puerta! ¡Huelen a pólvora y a sudor de
tres décadas! No vienen a pedir permiso, Duque, ¡vienen a cobrarse el aire que
respiramos!
(Un
estruendo de vidrios rotos. LA GÜERA y LA TRUJIS, en un trance maníaco,
empiezan a volcar los muebles pesados. El salón violeta se convierte en una
barricada de lujo. El polvo de arroz vuela por el aire como una neblina de
guerra).
DUQUE
JOB: (Se
sube a la mesa tambaleante, con una copa de champaña que rebosa un líquido
espeso y negro). ¡Que vengan! ¡Que encuentren este salón lleno de versos
muertos y copas vacías! (Su voz se quiebra pero brilla). Por el siglo que se
nos pudre en las manos y por el que viene a escupir sobre nuestras tumbas
francesas. ¡Salud, caballeros! ¡Salud por los 41 y por la sombra de la
traición!
MANUEL
ACUÑA: (Aparece detrás del Duque, sosteniendo un
candelabro cuyas velas gotean sangre en lugar de cera). ¡VIVA LA ILUSIÓN! ¡VIVA
EL VENENO QUE NOS HACE ETERNOS!
(El
DUQUE JOB arroja su copa contra el retrato partido de Porfirio. En ese
instante, el sonido de la locomotora se transforma en un coro de miles de voces
gritando "¡ESTAMOS AQUÍ! ¡QUEREMOS JUSTICIA y LIBERTAD!" mezclado con
el choque rítmico de machetes contra el mármol).
JUÁREZ: (Desde
la sombra, con una calma glacial). El tiempo de la tinta se acabó. Empieza el
tiempo del plomo y la sangre derramada.
(MAXIMILIANO
y JUÁREZ se dan la espalda y caminan hacia los extremos opuestos del escenario.
JUVENTINO lanza un último acorde disonante, un estruendo que suena a piano
cayendo por un precipicio. Las luces blancas del techo estallan una por una).
DUQUE
JOB: (Al
público, justo antes de la oscuridad total). ¡No pedimos perdón! ¡No somos pan
y palo como don Porfirio! ¡Nosotros inventamos la gracia y el olvido!
LA
MALINCHE: (En el centro, sosteniendo la cabeza de
azúcar). ¡Baila, México! Que el último en morir apague la luna.
(OSCURIDAD
TOTAL.)
(Un
último trueno ensordecedor. El escenario queda en una penumbra roja sangre. Se
ve la silueta de LA MALINCHE en el centro, sosteniendo la cabeza de azúcar de
Porfirio como un trofeo de guerra).
(OSCURIDAD
TOTAL)
(En
el silencio absoluto, se escucha el eco metálico y burlón que atraviesa los
siglos...)
CLAC...
CLAC... CLAC...
(El
sonido de la pata de palo de Santa Anna alejándose hacia el patio de butacas).
TELÓN
RÁPIDO