El
Método de Lee Strasberg. Stanislavski y después...
Karina
Mauro
En
el informe pasado describimos someramente las bases del sistema desarrollado
por Constantín
Stanislavski
durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX. Más allá de
las críticas
que
consignamos, estos planteos conformaron un lenguaje técnico / práctico
susceptible de ser
compartido
por maestros y alumnos y funcional al realismo, por lo que, en poco tiempo, se
propagó
por
diversos países. Su transformación en una ortodoxia, aspiración ajena al
pedagogo ruso siempre
proclive
a cuestionarse, elevó la figura del maestro a la categoría de estrella o figura
incuestionable
(tanto
profesional como ética y espiritualmente). Por ende, muchas veces la clase de
teatro se vio
convertida
en un séquito de iniciados, mal que aún azota de una manera u otra a todas las
escuelas
y
del que se han beneficiado muchas individualidades. En esta oportunidad,
veremos un caso
paradigmático
de este fenómeno.
Las
giras realizadas por el Teatro de Arte de Moscú contribuyeron a la difusión del
sistema. Sin
embargo,
el mismo presentaba algunos problemas a la hora de su aplicación por parte de
otro
docente.
Paradójicamente, el inconveniente radicaba en que el sistema era poco
sistemático. Esto
es,
presentaba muchas contradicciones, idas y venidas, estaba lleno de consignas
que no se
hallaban
ordenadas en la progresión propia de los procesos de aprendizaje. Sin duda era
así porque
correspondían
a las investigaciones y reflexiones personales de Stanislavski y, más allá de
que él las
había
compilado en varios volúmenes, no constituían una teoría, un todo cerrado en el
que sus
partes
se relacionaran. Esto afectaba, sobre todo, a lo que se denomina la primera
parte de su obra,
dado
que la segunda (correspondiente a las acciones físicas) no tuvo, fuera de la
Unión Soviética, la
despampanante
difusión que tuviera aquella.
Lo
cierto es que el sistema era aplicado según la interpretación de aquel maestro
que, sin haber
tenido
contacto directo con su creador, se decidiera a ponerlo en práctica, dirigiendo
la formación de
un
puñado de valientes alumnos (como sucedió en la Argentina). También se dio el
caso de algunos
integrantes
del Teatro de Arte de Moscú que emigraron y comenzaron a enseñar el sistema en
otros
países.
Pero en ambas situaciones, los resultados fueron reformulaciones individuales,
a veces muy
alejadas
del original.
El
sistema Stanislavski en Estados Unidos: Lee Strasberg
El
caso norteamericano reviste una importancia singular, a la luz de la influencia
que tuvo
posteriormente
en nuestro país. Sin duda, el desarrollo de las propuestas de Stanislavski en
los
Estados
Unidos está asociado con el nombre de Lee Strasberg y su Método.
Strasberg
nació en la ciudad de Budanov (hoy Polonia, en aquella época, Imperio Austro
Húngaro),
en
1901. Cuando tenía ocho años su familia se trasladó al país del Norte,
radicándose en la ciudad
de
Nueva York. Tuvo algunas experiencias juveniles en el teatro judío que se
representaba en idish,
pero
es en 1923 que decide iniciar sus estudios en el American Laboratory Theatre,
dirigido por
Richard Boleslavsky y Maria Ouspenskaya. Ambos
habían sido actores del Teatro de Arte de Moscú
y
decidieron quedarse en los Estados Unidos luego de una gira. Strasberg había
sido espectador de
dichas
funciones, por lo que también tuvo la oportunidad de ver actuar al propio
Stanislavski. En el
American
Laboratory Theatre, Strasberg tomó contacto con el sistema del pedagogo ruso,
según la
lectura
de sus dos discípulos. Si se observa el período en el que realizó sus estudios
(entre 1923 y
1925),
se notará que las enseñanzas que recibió corresponden a la primera parte del
mismo, que se
centraba
fundamentalmente en el trabajo con la relajación, la concentración y la memoria
afectiva.
En
1931, Strasberg comenzó a aplicar lo que había adquirido con el elenco del
Group Theatre, del
que
fue cofundador junto con Harold Clurman y Cheryl Crawford y en el que también
participaron el
director
de cine Elia Kazan y Robert Lewis. El grupo presentó varias obras hasta su
disolución, por
razones
ideológicas, económicas y artísticas, en 1941. Siete años más tarde, algunos de
sus
antiguos
integrantes (Kazan, Lewis y Crawford) decidieron retomar el proyecto, ahora
denominado
Actor
́s Studio, nombre que seguramente le resultará algo más familiar al lector.
Strasberg pasó de
ser
invitado a dar algunas clases, a convertirse en el único profesor y en 1951 fue
nombrado Director
Artístico,
hasta su fallecimiento en 1982. Y aun después de acaecido éste, su legado
continuó
resguardado
por su segunda mujer, Anna Strasberg, quien continuó dando clases allí y en el
Lee
Strasberg Theater and Film Insitute. Además,
en 1974, Strasberg había dictado el contenido del libro
Un
sueño de pasión, en el que resume todos sus descubrimientos.Fue allí, en el
Actor ́s Studio, donde el austro-americano desarrolló y aplicó su Método y
alcanzó
fama
mundial. La misma se cimentó a partir de la notoriedad obtenida por los actores
allí formados,
quienes
se desempeñaron en puestas del realismo norteamericano en Broadway (en obras de
Tennessee
Williams, Arthur Miller y compañía), pero fundamentalmente, en el cine de
Hollywood. El
paradigma
es Marlon Brando y sus interpretaciones en las películas de Elia Kazan. Un
tranvía
llamado
deseo, film basado en la obra homónima de Tennessee Williams es quizá, la
apoteosis del
Método.
Pero también han pasado por el Actor's las megaestrellas James Dean, Montgomery
Clift,
Paul Newman, Steve McQueen, Robert De Niro, Dustin
Hoffman, Al Pacino, Harvey Keitel, Martin
Landeau, Jack Nicholson, Sissy Spacek, Christopher
Walken, Anne Bancroft y siguen las firmas... Si
se
presta atención a los repartos de películas clásicas entre los ‘50 y los ‘80 y
a las listas de
ganadores
de Oscar's del mismo período, se comprenderá la dimensión de estos nombres.
Nótese
también
que la mayoría desarrolló su carrera preponderantemente en el cine, industria a
la que el
éxito
del Método estuvo profundamente ligado. De hecho, a Strasberg le fue
encomendada la tarea
poco
sencilla de adiestrar a Marilyn Monroe y cuenta la leyenda que el severo
entrenamiento y la
exigencia
de bucear en sus dolorosas vivencias, produjeron un desequilibrio emocional en
la actriz,
que
pusiera fin a su vida años después. Sin embargo, esto es sólo una leyenda, ya
que Monroe le
testamentó
una interesante herencia en dinero y en bienes a su maestro, en señal de
agradecimiento.
¿En
qué consiste el Método?
Constituye
una exacerbación de las ideas del primer Stanislavski, ahondando en su línea
psicologista
ingenua.
Strasberg estimaba que muchos problemas de la actuación, especialmente los
vinculados
con
la expresividad, que no habían sido desentrañados por el Sistema, habían
hallado resolución en
su
Método. Las premisas fundamentales del mismo son la relajación y la
concentración, dado que él
creía
que la clave del proceso creativo estaba en la memoria.
Es
así como se dedicó a profundizar el desarrollo de la memoria emotiva, dándole
una importancia
inusitada
al control conciente y a la recreación voluntaria de vivencias del pasado. No
en vano,
Strasberg
exterioriza varias veces en su libro, la admiración que siente por las ideas de
Gordon Craig
acerca
del actor, cuya precisión lo asemejaría con una "supermarioneta". El
creador del Método
reelabora
el concepto de memoria afectiva recibido de su maestro Boleslavsky,
dividiéndolo en
memoria
sensorial (relacionada con los sentidos) y memoria emotiva (relacionada con las
vivencias
experimentadas).
Parte de la idea de que el entrenamiento de estas memorias conduce al dominio
del
actor sobre los contenidos inconscientes de su psiquis, mostrando una curiosa
reinterpretación de
conceptos
tomados de la psicología. Dichos contenidos son el motor de la actuación, por
lo que la
acción
es pensada como resultado y no como causa y debe ser constantemente vigilada
por los
sentidos
y la concentración. Según las propias palabras de Strasberg, la acción sólo
debe entrar en
juego
cuando el actor ha aprendido a reaccionar o a sentir. Es así como una larga
parte del proceso
de
aprendizaje del alumno o de la preparación del rol por parte del actor
profesional, es destinada a
realizar
ejercicios de relajación y de entrenamiento sensorio-emotivo. Supuestamente,
cuando un
actor
reproduce una emoción en un ejercicio, la misma ha pasado del inconsciente a la
conciencia y
está
lista para ser evocada nuevamente a voluntad (cabe aclarar que esta idea no
tiene
fundamentación
alguna, por lo menos en términos psicoanalíticos). El objetivo es que el actor
obtenga
un compendio personal de vivencias, listas para usar a voluntad. Se recomienda,
que las
mismas
alcancen un número mayor a siete y menor a trece, por motivos que ignoramos.
Para
lograr la libertad creativa en escena (lo cual en estos términos significa
experimentar
emociones)
es necesario que el actor se libere de toda tensión. Con este fin se
desarrollan una serie
de
ejercicios que buscan detectar y eliminar toda rigidez corporal. El más
importante es el conocido
como
"la silla". El actor se sienta en una silla y comienza a vigilar
mentalmente cada parte del
cuerpo,
buscando la tensión e intentando eliminarla. Puede contar con la ayuda de un
compañero o
el
mismo docente, quien toma cada parte del cuerpo y chequea si está realmente
relajada. Para ello
puede
realizar masajes o movimientos en la zona afectada (como por ejemplo, dejar
caer un brazo
para
verificar si hay tensión). Este ejercicio abarca desde los pies hasta la cabeza
y puede durar una
hora.
La tesis en la que se sostiene es que una vez relajado el cuerpo del actor, la
emoción fluye sin
trabas.
Para lo cual, hacia el final del ejercicio, el alumno debe verbalizar y
exteriorizar sus
emociones
mediante sonidos.
La
concentración es considerada la base de la imaginación, por lo que se busca su
desarrollo a
través
de los ejercicios con objetos. En primer lugar, se trabaja con un objeto que se
halle asociado a
una
vivencia personal, para que el contacto con el mismo provoque la emoción. En
segundo término,se utilizan objetos evocados, para aprender a recrearlos sin su
presencia y para registrar cada
sensación
asociada con estos. Se comienza evocando un objeto, hasta que se llega al
momento de
mezclar
varias evocaciones en un mismo ejercicio (por ejemplo, tomar un café imaginario
mientras se
lee
una carta imaginaria). Cabe preguntarse por qué el actor debería trabajar con
objetos imaginarios
si,
al tener objetos reales en escena, podría ocuparse de otra cosa. Asimismo se
busca recrear
sensaciones,
como el calor del sol o un dolor agudo. Esto también va de lo más sencillo a lo
más
complejo,
hasta llegar a evocar una sensación total, como las experimentadas al tomar una
ducha.
Por
otra parte, se realizan ejercicios para eliminar las inhibiciones, como el
denominado "momento
íntimo"
o "momento privado". El mismo consiste en realizar delante de los
demás, actos que sólo se
realizan
cuando se está a solas. Este ejercicio también puede durar una hora y puede
mezclarse con
la
evocación de objetos o sensaciones, etc. Más allá de las procacidades y
escatologías que puedan
venir
a la mente como primera ocurrencia (de las que no han estado exentas varias
clases de teatro,
ya
sea siguiendo ésta u otras técnicas), el dilema se presenta al considerar si es
posible, frente a la
mirada
del otro, actuar como si la misma no existiera. Si la respuesta es no, no vale
la pena realizar
el
ejercicio. El momento íntimo, no lo será, ni podrá serlo nunca, por una
imposibilidad lógica. Si la
respuesta
es sí, el aspirante a actor está frente a un problema serio. Y el mismo ya no
deberá
resolverse
en una clase de teatro...
Strasberg
desestima la importancia del "sí creativo", por considerar que
promueve a la imitación de
conductas.
Incluso reelabora el concepto de circunstancias dadas, cambiándolo por el de
"ajustes"
para
modificar la conducta. Si las circunstancias tenían que ver con la situación
del personaje en la
obra,
los ajustes se desentendían de la misma y eran pensados exclusivamente en
función de
producir
la vivencia del actor. Por ejemplo, un actor acostumbrado a hacer papeles
cómicos tenía
que
interpretar a un personaje sobrio y presentaba dificultades para hacerlo.
Entonces, Strasberg le
propuso
realizar el "ajuste al FBI" que consistía en creerse un agente
secreto. Cabe destacar que la
obra
trataba de un grupo de médicos, por lo que el pensamiento del actor, que según
esta pedagogía
debe
regir sus acciones en todo momento, se hallaba desconectado de la realidad de
la escena.
El
Método eleva la improvisación como metodología actoral por excelencia, aspecto
que diversas
técnicas,
hasta las que se hallan en las antípodas, han adoptado. Pero no todas las
improvisaciones
son
iguales. La que propone Strasberg tiene que ver con sustituir el texto original
por lo que el actor
tenga
ganas de decir, hasta tanto se llegue a las réplicas de la obra por una
necesidad emocional.
Como
resultado, y al estar regida por el control racional exigido constantemente por
esta técnica, la
improvisación
es mantenida casi exclusivamente en los carriles de lo verbal. Es decir, el
actor
improvisa
lo que tiene que decir (que al final será lo que diga la obra) en lugar de
indagar en todo
aquello
que no es verbal y que el texto no le aporta.
Es
preciso consignar que el Método tiene una postura retardataria respecto del
trabajo con
improvisaciones
de escenas, ya sea pertenecientes a obras o creadas por los actores, dado que
privilegia
la realización de ejercicios individuales para la formación del alumno. El
trabajo con textos
comienza
por el análisis intelectual de cuentos, generalmente infantiles, con el objeto
de indagar en
el
subtexto. Por último, la caracterización física, considerada el aspecto
exterior de la actuación, se
trabaja
a partir de la imitación de animales.
Strasberg
reconoce que este trabajo, basado sustancialmente en la rememoración de
vivencias
personales
para reproducir la emoción ligada a las mismas, puede generar resultados ajenos
a la
esfera
de la interpretación. Es decir, reconoce que muchas personas se han visto
afectadas
personalmente
en su pasaje por el Método. Esto también tiene mucho de leyenda, pero
reconozcamos
que una clase de actuación quizá no sea el ámbito adecuado para manipular estos
materiales.
Pero ése no es el problema. No se puede criticar una técnica por esto, si es
que funciona
en
escena. El problema es: ¿funciona en escena? O mejor, ¿cuáles son los
resultados que el Método
produce
en la esfera propia de la interpretación?
Pueden
y se han realizado numerosas críticas al Método. Cuentan las malas lenguas que,
cuando en
los
‘30 Stanislavski se enteró de lo que sucedía en los Estados Unidos, el ruso se
sorprendió, dado
que
él había descartado esa metodología varios años atrás. También cuentan que
cuando en 1976,
el
prestigioso actor inglés Lawrence Olivier compartió el rodaje de Marathon Man
con Dustin
Hoffman,
actor del Método, el británico, perdiendo los estribos al ver que su compañero
americano
no
dormía desde hacía varias noches con el objeto de vivenciar el cansancio, le
espetó un: "Joven,
¿por
qué no prueba simplemente con actuar?". Hoffman niega la veracidad de esta
anécdota, por
supuesto.
En
términos teóricos, la crítica fundamental tiene que ver con que es notablemente
inoperante en las
condiciones
de la escena, en la que es imposible detenerse a rememorar una vivencia o a
verificar larelajación muscular (por otro lado, no se explica de qué forma la
laxitud corporal puede beneficiar al
actor).
Esto no tiene que ver con la falta de un mayor entrenamiento, que permitiría
reducir los
tiempos
requeridos para conseguir estos fines (Strasberg afirma que se puede llegar a
hacerlo en un
minuto),
sino con la justificación de que dichos resultados beneficien a la actuación.
¿Rememorar un
hecho
doloroso del pasado puede ayudar para actuar una escena que poco tiene que ver
con el
mismo?
Y si tuviera algo que ver, ¿serviría de todos modos? Es entendible que el
Método haya
funcionado
tan bien en el cine, debido a las condiciones de producción de dicho medio.
Recordemos
que
entre toma y toma hay largas esperas y que el actor rara vez actúa frente a su
compañero. Por el
contrario,
muchas veces el actor de cine debe abstraerse de la realidad que lo rodea, dado
que la
misma
está conformada por cámaras, técnicos, luces y todo tipo de artefactos. Pero no
es posible
abstraerse
de la realidad de la escena en el teatro. Fundamentalmente, porque hay otro
actor
enfrente,
con el que hay que intercambiar acciones para construir presente. Sin embargo,
eso no es
todo.
Queda por explicar de qué manera la emoción, una vez rememorada, puede
transponerse en
acción.
Se supone que esta colección de ejercicios ayuda a desarrollar la sensibilidad
del actor. Pero
nada
dicen acerca de cómo debe proceder el actor, con su sensibilidad desarrollada a
cuestas,
cuando
se enfrenta con una escena. Sin duda, la realización de todos estos ejercicios
no resuelve
este
problema.
Su
influencia en la Argentina
Lo
cierto es que quizá en nuestro país, particularmente, la versión strasbergiana
se confundió con el
sistema
de Stanislavski, cristalizándose como su única o verdadera lectura. Cuando Lee
Strasberg
visitó
Buenos Aires, corría julio de 1970. Contaba ya con la fama mundial que le había
dado el cine
hollywoodense
y con un campo teatral dominado por el realismo reflexivo y por lo tanto, ávido
de más
stanislavskianismo
y psicologismo. Sin duda, el nombre Strasberg estaba asociado al del maestro
ruso,
al punto que las noticias acerca de ambos se habían masificado en nuestro país
casi al mismo
tiempo
(en 1965, el número 3 / 4 de la Revista "Máscara", publicación de la
Asociación Argentina de
Actores,
llevó por título "El desconocido Stanislavski" e incluía una
entrevista a Lee Strasberg,
titulada
"El trabajo con material vivo").
Strasberg
dictó un seminario de un mes de duración en el Teatro Municipal General San
Martín, al
que
concurrió toda la crema del teatro porteño. Todavía se cuentan anécdotas acerca
de lo sucedido
allí,
y los espectáculos acontecidos cuando algún argentino aceptaba probar un
ejercicio delante de
sus
colegas. Los actores, directores y pedagogos más reconocidos y famosos, muchos
de los cuales
ya
aplicaban a Stanislavski, participaron del mismo y salieron convertidos al
strasbergianismo más
acérrimo,
que comenzaron a aplicar con ávido dogmatismo en sus clases.
El
caso de Augusto Fernándes, por ejemplo, merece algunas líneas, dado que su
escuela sigue aún
hoy
todos los lineamientos strasbergianos, desde el ejercicio de la silla hasta el
"momento íntimo".
Por
otra parte, el director aplica otros ejercicios que se inscriben en la misma
senda, como el caso
del
"yo afectado". El mismo sostiene que la subjetividad de cada
individuo está conformada por
diversas
facetas, que se denominan "yoes". Hay sucesos que pueden afectar de
alguna manera a
alguno
de estos "yoes", pero las convenciones sociales, el respeto por el
otro y las prohibiciones, no
permiten
que esto se exprese totalmente. El ejercicio propone indagar en estos hechos
con el objeto
de
que esta parte afectada del yo pueda hallar expresión, dando lugar a emociones
(muchas veces,
desbordadas).
Este
panorama dominó los ‘70 los ‘80 y su hegemonía comenzó a ser discutida por el
teatro under a
mediados
de ésta última y disputada en las escuelas de actuación recién hacia su final,
cuando se
impusieron
otras metodologías más ligadas al Teatro de Estados y al clown. El eclecticismo
técnico
ganó
en la formación de los alumnos, generando nuevas dramaturgias, alejadas del
realismo
reflexivo.
De todo ello nos ocuparemos próximamente.
Pero
lo cierto es que esto no ha implicado la desaparición del Método en nuestro
país. Más allá de
las
permanentes visitas de pedagogos que se han adentrado aún más en la línea
psicologista, que
promueve
la ejercitación conciente de la memoria como base para la emoción (el caso
emblemático
es
el de la norteamericana Joy Morris, quien incluye también una teoría de las
"subpersonalidades"),
la
corriente stanislavskiana/strasbergiana goza de buena salud y muestra
exponentes en los elencos
oficiales,
en las tiras televisivas y en ciertas producciones cinematográficas. Ya hemos
mencionado
que,
hasta cierto punto, se trata de una cuestión generacional, por lo que un alto
porcentaje de los
actores
que superan los cincuenta años fueron formados mayoritariamente por Agustín
Alezzo,
Augusto
Fernándes, Carlos Gandolfo, y algunos menores de esa edad, concurrieron y
concurren a
las
clases de Lito Cruz, Julio Chávez o Luciano Suardi, formados en el Método. Cabe
destacar quevarios discípulos de todos ellos, además de actuar, dirigen y dan
clases, por lo que su número se
multiplica
ampliamente.
Bibliografía:
AAVV,
Osvaldo Pellettieri, dir., 2003. Historia del teatro argentino en Buenos Aires,
Tomo IV, La segunda modernidad
(1949-
1976), Buenos Aires: Galerna.
Strasberg,
Lee, 1989. Un sueño de pasión, Buenos Aires: Emecé.
El
Método de las Acciones Físicas de Raúl Serrano
13/09/2008
| Por Karina MauroAcciones Fìsicas
Raul
Serrano
Con
el tercero de nuestros informes, completamos el acercamiento a las técnicas
derivadas del
sistema
Stanislavski. El Método de las Acciones Físicas, profundizado por Raúl Serrano,
se basa en
las
últimas reflexiones del maestro ruso.
Stanislavski
no es Strasberg
En
el Informe II consignamos que el sistema Stanislavski presentaba problemas a la
hora de su
puesta
en práctica por otros docentes, dada su carencia de organicidad teórica.
También
observamos
que esto afectaba especialmente a la primera parte del mismo, basada en la
apelación a
la
memoria como camino a la emoción y a la actuación vivenciada. Probablemente sea
así, porque
aquello
que se dio a conocer como "sistema" era en realidad un conjunto de
observaciones y
reflexiones
personales acerca de la aplicación de incipientes premisas teóricas. Es
comprensible,
que
hacia el final de un largo período de experimentación y pensamiento, cualquier
caudal de ideas
halle
una organicidad que antes parecía imposible. No pocas veces dicha organicidad
presenta una
gran
simpleza en su comparación con posturas anteriores. Es decir, se necesita mucho
tiempo de
observación
y reflexión para arribar a planteos abarcadores, que contemplen al aprendizaje
como un
proceso
y que, paradojalmente, resulten más sencillos en su aplicación. El Método de
las Acciones
Físicas
es un ejemplo de ello. Si se lee a Stanislavski, se observará que sus libros se
hallan plagados
de
ejercicios y exigencias. Son tantos, que casi no queda espacio para actuar. La
idea de que es la
acción
el único imperativo a respetar, surge del convencimiento de que es ésta la que
desencadena
los
procesos emotivos del actor e implica una concepción del sujeto y de su psiquis
completamente
opuesta
a la manejada anteriormente.
Como
también esbozamos en informes anteriores, la última parte de la obra de
Stanislavski no ha
tenido
la extraordinaria difusión de la primera. Sin duda, las circunstancias
históricas mundiales han
contribuido
a ello. Por un lado, la Unión Soviética, sumida en el régimen de José Stalin
desde
mediados
de los '20 hasta su muerte, en 1953, abortó toda propuesta artística no
programática. El
caso
emblemático es el de Vsévolod Meyerhold, quien pagó con su vida el afán de
experimentación.
Pero
también Stanislavski se vio amordazado. Paradojalmente, la adopción del
realismo como
estética
oficial soviética, fosilizó los descubrimientos del maestro ruso y, aunque la
última parte de su
pensamiento
se hallaba alejada del psicologismo y más cerca de una teoría de la praxis (y
por lo
tanto
del marxismo), fue silenciada por el stalinismo. Por otro lado, la banalización
y el exitismo con
que
el capitalismo norteamericano parece afectar todo lo que toca, se evidenció en
la apropiación
que
Lee Strasberg y la industria cinematográfica de Hollywood hicieron del
"sistema".
Es
así como, aun basándose en Stanislavski, las concepciones de Raúl Serrano son
completamente
opuestas
a las de Strasberg, al punto que polemiza con éstas abiertamente. El Método de
las
Acciones
Físicas, elaborado por el teórico y pedagogo tucumano, toma como referencia,
para
continuarlas
y examinarlas, las últimas reflexiones de Stanislavski. De hecho, su
metodología ostenta
el
mismo nombre.
El
Método de las Acciones Físicas, según Raúl Serrano
Raúl
Serrano nació en San Miguel de Tucumán en 1934. Dirigió varias obras en su
ciudad natal,
hasta
que viajó a Rumania, para estudiar en el Instituto de Teatro y Cinematografía
de Bucarest Ion
Luca
Caragiale. En 1961 obtuvo el título de Licenciado en Artes, especialidad
Teatro. Allí, además de
dirigir
gran cantidad de obras, fue asistente de su maestro Moni Ghelerter y tomó
contacto con el
Método
de las Acciones Físicas. Ya en Buenos Aires, en 1971, tomó seminarios con el
propio Lee
Strasberg
y con Jean Vilar y comenzó a dirigir y enseñar regularmente. En 1981 fundó la
Escuela de
Teatro
de Buenos Aires, ETBA, en la que transmite su técnica hasta la actualidad.
También dictó
clases
en la antigua Escuela Nacional de Arte Dramático, ENAD, en la Carrera de Artes
de la UBA y
en
ciudades del interior y el exterior del país y ha sido asesor artístico del
Centro Cultural de la
Cooperación,
Floreal Gorini. Su reflexión teórica es constante, por lo que ha publicado
varios libros,
como
El método de las acciones físicas de Stanislavski, Dialéctica del trabajo
creador del actor, Tesis
sobre
Stanislavski y Nuevas Tesis sobre Stanislavski. Estos análisis, además de
sostenerse en la
observación
práctica, están fuertemente influidos por la filosofía, especialmente por el
pensamiento
marxista.
Serrano
estima que la primera parte del sistema abordaba separadamente elementos que
luegoStanislavski pudo pensar de manera conjunta. El momento que divide la obra
del teórico ruso está
dado
por la constatación de que el sujeto no puede sentir a voluntad, ni aún
entrenándose para ello.
Este
giro se produce en 1934, cuando escribe el Método de las Acciones Físicas. La
acción física es
una
situación espaciotemporal en la que se vinculan todos los conceptos utilizados
por Stanislavski
anteriormente:
concentración, relajación, imaginación, control y entrega. Con esta idea, su
pensamiento
adquiere la estructuración de la que carecía, estableciendo prioridades y
estipulando la
sucesión
temporal de las distintas etapas del aprendizaje, considerado ahora como
proceso y no
como
una colección de ejercicios inconexos. Según Serrano, ni la entrega desbordada
a la emoción,
ni
el estricto y permanente control racional (puntas de la famosa paradoja
planteada por Denise
Diderot
a la que nos refiriéramos en nuestro Informe I) sirven al actor, cuyo objetivo
es alcanzar
organicidad.
Serrano utiliza el término organicidad en lugar de vivencia (aplicado por
Stanislavski),
porque
ésta implica el compromiso psíquico, físico y emocional, al tiempo que lo
separa del realismo
psicológico
como estética exclusiva.
Una
de las críticas más severas que Serrano le realiza al Método de Strasberg,
apunta a la idea de
que
actuar es evocar y al origen de la emoción en la memoria, dado que reduce la
tarea del actor a
una
actividad introspectiva y por lo tanto, aislada de su entorno. Considera, en
cambio, que la
actuación
debe ser extrovertida y abierta, apelando a la capacidad de juego del sujeto.
Por otra parte,
plantea
que los esfuerzos del Método se abocan exclusivamente a la preparación del
actor para lo
que
sucede antes de la escena, ya que Strasberg estima que lo que sucede durante la
misma puede
abordarse
mediante adaptaciones de lo trabajado en los ejercicios. A esta idea, Serrano
le
contrapone
una concepción activa del aprendizaje, basado en la praxis. Actuar es
intercambiar
conductas
conflictivas, produciendo el tan mentado "aquí y ahora", definido
como un comportamiento
o
situación que parece ocurrir por primera vez, al tiempo que compromete al actor
en su totalidad,
implicando
tanto sus aspectos físicos como psíquicos. Dicho aprendizaje activo se produce
durante
la
implementación de la herramienta pedagógica por antonomasia: la improvisación.
Quizá la
diferencia
práctica más tangible entre las técnicas propuestas por Strasberg y Serrano se
evidencia
en
lo que respecta al rol de la improvisación en la formación y la creación
actoral.
¿Qué,
cómo y para qué se improvisa en el Método de las Acciones Físicas?
La
improvisación es la forma de conocimiento del actor. En primer lugar, es
fundamental liberar al
juego
de la improvisación de toda carga psicológica. Dado que las condiciones de la
escena son
imposibles
de equiparar con las de la vida, porque la situación dramática no tiene ni
antecedentes ni
consecuencias
reales, es inútil intentar reproducir aquello que motiva la conducta real. Es
decir, aún
cuando
en la vida cotidiana la emoción puede provocar conductas, en la escena esto no
es posible
porque
las causas y consecuencias de lo que sucede son ficticias. Sin embargo, hay en
la escena
cosas
que sí son reales, como el propio cuerpo y el cuerpo del compañero (cabe
destacar que la voz
es
considerada como parte de la corporalidad). El actor debe aferrarse a ello. Por
lo tanto, la única
exigencia
en la improvisación es la de atender a la interacción entre estos elementos
tangibles, al
intercambio
de estímulos reales con el otro, dado que esto produce en el actor respuestas
orgánicas.
Por
ejemplo, si en una escena dos personajes quieren obtener una manzana que está
sobre una
mesa,
el camino tomado por el Método sería el de rememorar sensorialmente el hambre y
las
cualidades
de la manzana, para producir una emoción que lleve al sujeto a desearla. En el
Método
de
las Acciones Físicas ambos actores intentarán llegar a la manzana, y cada
acción de uno de ellos
por
acercarse, producirá la reacción del otro por evitarlo, y viceversa. Las
respuestas de cada actor
ya
no serán racionales ni voluntarias, sino emocionales. La emoción no surge de la
evocación sino
de
la interacción conflictiva, tal como sucede en el deporte o en el juego. Dicha
interacción
compromete
al sujeto tanto psíquica como físicamente, sin necesidad de sustraerse
mentalmente de
la
situación. Y, más aún, gracias a que no se sustrae de la situación.
De
esta manera, el motor de la actuación es ubicado en el futuro y no en el
pasado. El actor trabaja a
partir
del "para qué" y no del "por qué" realiza una acción.
Serrano indica que ni las conductas ni las
emociones
pueden ser pensadas previamente y luego puestas en práctica. Surgen de la
práctica
misma.
Por lo tanto, destierra el famoso "trabajo de mesa", por el cual el
texto se analiza antes de
ponerlo
en acción, dado que esto lleva al análisis de "lo que se dice",
siempre más pobre que la
experiencia
y conduce a la introversión del actor, al llenar su cabeza de ideas. Considera
que es
imposible
determinar a priori cuáles serán las emociones del personaje en las condiciones
dadas. En
principio,
por la indeterminación de la situación antes de que se produzca. Y por otro
lado, porque la
emoción
no está contenida en la palabra que la designa. Así, la definición previa del
personaje,
generalmente
verbal, propuesta por otras técnicas realistas, se convierte en una armadura
que el
actor
formula una vez y luego debe llevar para siempre. La necesidad de invalidar la
hegemonía de lodiscursivo es una de las razones por las que la improvisación se
encara con el texto sabido de
antemano.
Así, el actor se despreocupa de improvisar palabras. La improvisación se
despega de lo
verbal
para pasar a lo físico. El objetivo de la improvisación es transformar un hecho
relatado en
palabras
(tal como se halla en la obra dramática), en una situación conflictiva concreta
a la que hay
que
atender. El texto provee una estructura dramática que rige la improvisación y
las réplicas
constituyen
el límite del juego. El actor debe lograr el compromiso corporal con dicha
estructura.
La
Estructura Dramática
Los
elementos que constituyen la Estructura Dramática son: el Conflicto, el
Entorno, el Sujeto, las
Acciones
Físicas y el Texto.
Serrano
afirma que la noción de Conflicto no está lo suficientemente considerada por
Stanislavski. El
conflicto
es una fuerza real, que se ejerce o se reprime, contra aquello que se le opone.
Serrano
estima
que en toda escena hay un choque de dos o más fuerzas. El trabajo del actor es
situar estas
fuerzas
en su cuerpo. La premisa es trabajar a partir de qué quiere y qué se le opone
al personaje.
Ahora
bien, estas tendencias no deben ser puramente intelectuales o abstractas, sino
que deben ser
deseos
simples y concretos. Es por ello que se abordan a partir de la animalidad. ¿Qué
puede querer
un
animal? Comer, cazar, aparearse, matar, huir. Aun más concretamente, atraer o
incorporar /
expeler
o evadir. El actor debe asumir un deseo con estas características básicas. Se
define como
"animal"
porque es algo sencillo y corporal, no intelectual. No se busca la causa de lo
que ocurre,
sino
atacar a lo que se opone a la concreción de ese deseo. Por lo tanto la acción
es, más que nada,
una
reacción y esto es lo que crea presente y presencia.
El
Método de las Acciones Físicas distingue tres tipos de conflicto: del personaje
con el entorno, con
el
otro (que es el más común) y consigo mismo. Esta última variante es la que
siempre e
indefectiblemente
está presente y se denomina Preconflicto.
¿Por
qué está siempre presente? Porque aquellos "quieros" animales
generalmente se hallan
reprimidos,
dado que los condicionamientos sociales no permiten que el sujeto los concrete.
Por lo
tanto,
el sujeto observará que aquello que se le opone no está ubicado en una
instancia externa, sino
dentro
de sí mismo. Por ejemplo, si asume el querer matar a otro personaje, se dará
cuenta de que
no
puede hacerlo, principalmente porque el texto no lo indica. Pero no lo indica
porque el personaje
teme
ser castigado, o porque siente culpa, o porque no se atreve, o porque teme que
el otro sea más
fuerte,
etc. Habrá que indagar en el texto para decidir cuáles son las Condiciones
Dadas (ver más
adelante)
que limitan la conducta del personaje. Entonces el sujeto asumirá que quiere
hacer algo,
pero
que él mismo se censura para no hacerlo. De hecho, lo más frecuente en escena
es la acción
física
reprimida. El lector puede haber pensado con razón, al leer nuestro ejemplo de
la manzana,
que
una escena así abordada conduciría inevitablemente a una especie de sesión de
lucha libre.
Sería
muy sencilla de actuar, pero también muy pobre. Sin embargo, si cada personaje
asume que
quiere
la manzana pero que no puede simplemente deshacerse de su contrincante para
obtenerla,
matándolo
o desmayándolo de un golpe, todo se complica. El Preconflicto es la base de la
"represión
como
forma de la acción" y constituye una amenaza latente que gobierna el
tratamiento de los
conflictos
con el entorno y con el otro.
El
Entorno es la suma del lugar en el que se desarrolla la escena y las
condiciones dadas. Es decir,
todo
aquello que ha sucedido antes y fuera de la situación dramática y que incide
sobre ella: "Dado
que"
se presentan estas condiciones, "yo, el personaje, quiero hacer
esto". Las condiciones dadas
funcionan
como límites para las conductas. En este punto, Serrano recurre a la
equiparación con el
juego,
ya que en el mismo, se asume una entrega psicofísica al tiempo (y gracias a
que) se respetan
reglas
establecidas artificialmente. No es en el pasado irrecuperable donde se sitúan
los
condicionamientos
a las conductas, sino que éstos son producidos por el propio accionar. Así,
todo
aquello
que ocupaba horas y horas de ejercicios en la formación del alumno, pasa
entonces a formar
parte
de las reglas de juego. El alumno no debe entrenarse durante años para recrear
una sensación
sino
que, dando por sentado que está experimentando dicha sensación (de la misma
manera que el
jugador
de fútbol asume que tiene un impedimento en sus manos para tocar la pelota),
debe actuar
en
consecuencia. Por ejemplo, si su personaje siente un dolor agudo, el actor no
debe recrear la
sensación
de dolor para actuar, sino que debe comenzar a accionar como lo haría si
sintiera un dolor
agudo.
"¿Y cómo actúa una persona que siente un dolor agudo?", pensará el
lector. No podemos
saberlo
de antemano. Hágalo y después vemos si es creíble, si no es creíble, si es
mucho, si es
poco,
etc. Partir de la evocación racional para actuar, es como si el jugador se
enterara de que el
reglamento
del fútbol le impide tocar la pelota con la mano y entonces, antes de un
partido,
planificara
cada movimiento que va a realizar prescindiendo de sus manos. En
realidad,racionalmente conoce que no va a poder tocar la pelota con la mano y
sale a jugar. Pero a partir de
allí,
todos sus movimientos estarán regidos exclusivamente por lo que suceda en el
partido, es decir,
por
el comportamiento de los rivales, por la posición de la pelota, por la
situación de cada jugada. A
pesar
de ello, su cuerpo nunca, nunca, nunca, olvida que no puede tocar la pelota con
la mano. Al
punto
que, si la toca, generalmente lo hace a propósito y siempre trata de
esconderlo.
El
Sujeto de la estructura dramática está pensado a partir de la corporalidad
(donde ya mencionamos
que
se incluye la voz) y la acción. El actor piensa con el cuerpo.
Toda
actuación, aún una conversación realista, debe plantearse desde el cuerpo. La
utilización activa
del
mismo funciona aún en la inmovilidad, donde cobra todo su vigor la sentencia
"represión como
forma
de la acción". Lejos de la racionalización (emparentada con la
concentración y la evocación), el
sujeto
conoce haciendo y hace conociendo y, en la medida que acciona, se transforma a
sí mismo en
actor
y en personaje. Se trata de un proceso en el que el pensamiento no precede a la
acción. El
actor
asume los conflictos y las condiciones dadas del personaje y a partir de allí
actúa "en nombre
propio".
Se convierte en el personaje al accionar como éste. No obtiene los contenidos
psíquicos por
introspección,
sino mediante el compromiso del propio cuerpo en la acción.
Las
Acciones Físicas son aquello que integra y da vida a las distintas partes de la
Estructura. Es el
lugar
en el que se articula lo psíquico y lo físico. La concentración es la
consecuencia y no la causa
del
trabajo del actor, por lo que no debe comenzarse por ella. Lo mismo sucede con
la tensión
muscular.
La relajación no puede plantearse en abstracto, sino que es variable, depende
de lo que la
situación
exige y se logra cuando el cuerpo se conecta con el objetivo a transformar. La
acción debe
tener
un "para qué", por lo que no todo movimiento es una acción y aún la
ausencia de movimiento
puede
ser activa.
Por
último, el texto es la premisa y la consecuencia del trabajo. Constituye el
punto de partida y de
llegada
de la actuación. Es incluido en la improvisación desde el principio, tal como
hemos señalado.
Cabe
destacar que el tratamiento del texto desde el cuerpo, tal como lo propone
Serrano, implica la
explotación
de todas las posibilidades plásticas de la voz, tanto en su sonoridad como en
su
articulación,
por lo que estimula, por ejemplo, el entrenamiento imitando acentos extranjeros
y la
pronunciación
de discursos poéticos, ampliando así la capacidad de registro del actor.
Mirada
final
El
Método de las Acciones Físicas busca que el alumno asuma la actuación como
proceso y acepte
el
no saber como principio, para descartar así la planificación racional, su
principal enemigo. Por eso
estima
que no pueden mezclarse los momentos de improvisación (propio de la
identificación con el
personaje)
con aquellos regidos por la mirada exterior (propia de la caracterización).
Ambas se
terminarán
fundiendo en el personaje, pero no pueden encararse al mismo tiempo. Esto puede
resultar
polémico, dado que aspectos de la caracterización física pueden ser pensados
como
"condiciones
dadas" según esta misma teoría. Por ejemplo, si el personaje es rengo o
está borracho,
las
características físicas propias de estas condiciones podrían ser incorporadas
como "dado que soy
rengo,
o dado que estoy borracho, hago tal cosa..." De hecho, muchas técnicas que
se apoyan en el
uso
del cuerpo, como el clown, por ejemplo, trabajan con la caracterización física
como punto de
partida.
Otra
crítica que se le podría esgrimir, es que la idea de conflicto es desestimada
por las nuevas
dramaturgias.
Sin embargo, no siempre lo que le sirve a la dramaturgia o a la puesta pensada
en su
conjunto,
coincide con lo que le sirve al actor, en términos técnicos y metodológicos.
Muchas obras
actuales
que no pueden ser consideradas realistas, manejan, sin embargo, un código de
actuación
vivenciada
o conflictiva, y viceversa. Por ejemplo, aquella empleada por quienes se
conocen como
dramaturgos
del ‘90: Javier Daulte, Alejandro Tantanián y el propio Daniel Veronese (lo que
se
observa
sobre todo en sus últimas puestas chejovianas, en las que incluye actores
formados en el
realismo,
como Osmar Núñez, Claudio Tolcachir o Luciano Suardi). Es una posición
totalizadora,
promovida
desde la dramaturgia y la dirección, considerar que la estética o modalidad de
trabajo de
la
que se que sirven, gobierna también la tarea del actor.
Uno
de los aspectos más positivos del Método de las Acciones Físicas es su
posibilidad de
aplicación
a estéticas no realistas. Serrano promueve la separación de la pedagogía de la
prescripción
de una poética particular, abarcando la mayor cantidad de estéticas posibles y
no sólo
aquella
a la cual se adscribe. Aunque la formación del alumno recae inicialmente en el
realismo,
también
se experimentan otras tendencias. Por ejemplo, una estética tan difícil como el
grotesco
criollo,
que requiere caracterización física, manejo de la voz en la imitación de
acentos extranjeros y
una
compleja composición interior, mixtura imposible de obtener por medios
introspectivos. Esto selogra merced a que, pese al gran arsenal teórico que lo
avala, la aplicación práctica de la propuesta
de
Serrano le plantea al actor unas pocas consignas de gran simpleza. De hecho, la
mayor dificultad
que
presentan los alumnos que se inician en esta pedagogía es la de abandonar
concepciones
previas
y dejar de pensar, para sólo entregarse a la acción. Dado que no propone un
pensamiento
paralizante,
el Método de las Acciones Físicas es un buen complemento para pedagogías que
desarrollan
la actuación exclusivamente a partir del cuerpo, ya que brinda herramientas
para la
caracterización
interior, altamente recomendables para dinamizar las performances de actores
muy
formados
en técnicas corporales, pero cuyas actuaciones muchas veces parecen vacías o
inexpresivas.
Y también es aconsejable para alumnos principiantes.
La
situación actual del Método de las Acciones Físicas presenta características
propias de varios
fenómenos
argentos. Muchos son los alumnos que han pasado y pasan por el mismo.
Personalmente,
me consta que muchos actores de televisión lo han hecho y han logrado dejar de
ser
"de
madera" para realizar buenas actuaciones, abandonando su categoría de
"galancitos" y
realizando
auténticas composiciones. Aun con estos y otros logros, y a pesar del
reconocimiento
público
que siempre acompaña al nombre de Raúl Serrano, su teoría no ha alcanzado la
fama ni las
luces
de su par strasbergiano. Probablemente esto se deba a la incapacidad de lobby
de su creador
o
a la ausencia de una actitud de autohomenaje permanente (coincidente con su
postura ideológica).
O
quizá tenga más que ver con esa tendencia tan argentina de rendirle tributo
público a productos
foráneos
(aun a los teórico/técnicos), que sin embargo no le reportan muchos beneficios.
Lo cierto es
que,
tanto en el análisis teórico como en la puesta en práctica, el Método de las
Acciones Físicas se
sostiene
firmemente frente al Método de Strasberg, y es lógico entender por qué
Stanislavki
evolucionó
hacia él.
Bibliografía
AAVV,
Osvaldo Pellettieri, dir., 2003. Historia del teatro argentino en Buenos Aires,
Tomo IV, La
segunda
modernidad (1949- 1976), Buenos Aires: Galerna.
Serrano,
Raúl, 2004. Nuevas Tesis sobre Stanislavski, Buenos Aires: Atuel.La memoria
emotiva y su discutida eficacia para la
actuación
Inés
Plebani
Introducción:
El
primer pedagogo teatral que se ocupó de la memoria emocional o emotiva fue el
gran maestro
Konstantín
Serguéievich Stanislavski, (1863-1938), actor, director y autor ruso, nacido en
Moscú, fue
quien
desarticuló el estilo de actuación grandilocuente que imperaba en su época.
A
una noción completamente idealista sobre la actuación, vinculada a conceptos
escasamente
objetivos
como el talento, la intuición, el genio o la inspiración; opuso un elevado
profesionalismo en
el
actor, basado en un método que le permitiría encontrar al actor estados
emocionales auténticos y
dejar
de depender de la aparición azarosa de los mismos.
Hasta
ese momento, los manuales de actuación se limitaban a describir los rasgos
externos
aconsejables
para la manifestación de los diversos estados de ánimo, se le ofrecía al actor
una lista
completa
de recursos para representar la alegría, el dolor, la pena o la bondad, lo que
conducía al
cliché
y a una actuación mecánica.
A
este tipo de actuación, Stanislavski opone una actuación orgánica, basada en la
verdad escénica.
El
actor no debe aparentar en el escenario, sino existir de verdad, vivir la
escena; es decir: sentir,
pensar
y comportarse sinceramente en las circunstancias de la ficción. Stanislavski
elevó al actor a la
categoría
de creador y esta fue su gran misión.
Fue
consciente de que para llevar a cabo su empresa debía recurrir a saberes
científicos ajenos a lo
teatral.
Por eso se acercó a la fisiología, a la historia y a la psicología, que podían
ayudarle a
comprender
la conducta humana.
El
escaso desarrollo de las mismas le impidió profundizar y afirmar sus
descubrimientos con una
base
científica más sólida; pero su genial intuición, su vasta experiencia como
actor, director y
pedagogo
y la observación y análisis de la metodología utilizada por los grandes actores
de la época,
le
permitieron recorrer el camino hacia la elaboración del sistema.
Un
camino plagado de dudas y contradicciones, que lo obligaron a revisar
constantemente sus
postulados
y que incluso, permiten hablar de por lo menos dos momentos muy marcados en sus
investigaciones.
En la primera etapa elabora sus conceptos fundamentales: relajación,
concentración,
atención, sí mágico y circunstancias dadas, imaginación, memoria emotiva, fe y
sentido
de la verdad; en la segunda etapa elabora el llamado método de las acciones
físicas.
Pero
es en el desarrollo de la memoria emotiva de la primera etapa de Stanislavski
en la que voy a
detenerme.
Sin duda, este es el tema más polémico del sistema y el que más discusiones ha
desatado.
En la actualidad, encontramos fervorosos defensores y a apasionados detractores
de la
misma.
En
este aspecto, Stanislavski se apoya en las teorías del francés Ribot de
principios del siglo XX.
Este
había planteado que a veces reaparecían los recuerdos, con sentimientos
incluidos, y a eso lo
había
llamado memoria afectiva. El maestro ruso, preocupado por encontrar una vía
para la aparición
de
estados emocionales, planteaba al actor trabajar sobre recuerdos personales, y
luego
mecanizarlo,
para que por medio de estímulos, el actor pudiese conectarse con las imágenes
del
pasado
y apareciese así el estado emocional en el escenario.
Así
como existe una memoria sensorial, sensaciones captadas por los cinco sentidos
(aromas,
sabores,
texturas, colores, etc.), también existe una memoria de las emociones, de
hecho, muchas
veces
la memoria sensorial evoca a la memoria afectiva.
El
actor entonces debe buscar en su pasado personal una situación análoga a la que
vive el
personaje
en la ficción, revivir esa situación y, una vez encontrado el sentimiento,
traer la emoción a
la
escena.
Stanislavski
parte de la premisa de que el actor nunca debe dejar de ser el mismo en escena
"Nunca
se
pierdan a si mismos en escena. Actúen siempre dentro de su personalidad propia,
como artistas.
No
pueden nunca escaparse sí mismos. El momento en que se pierden, marca el dejar
de vivir
verdaderamente
su papel para caer en al actuación falsa y exagerada" El actor debe
ponerse en el
lugar
de la persona que interpreta y actuar del modo que esa persona lo haría.
Si
las circunstancias fueran las de la obra, si viviese en esa época, en esa
familia, si tuviese tales
hábitos
y tales relaciones: ¿Qué haría yo?, a partir de allí encontrar estímulos
sensoriales que lolleven a revivir situaciones que propicien el surgimiento de
sentimientos análogos a los de su
personaje.
Los
cuestionamientos.
Son
muchas las preguntas que podríamos plantearnos sobre el tema, por ejemplo:
¿Esto no
significaría
buscar conscientemente la emoción? Si la actuación orgánica pretende basarse en
la
mecánica
natural de los sentimientos, la memoria emotiva: ¿No iría en contra de este
proceso
natural?,
ya a que sabemos que en la vida cotidiana, las emociones no aparecen como
resultado de
una
búsqueda consciente.
En
múltiples oportunidades aconseja Stanislavski no tratar de revivir directamente
el sentimiento,
sino
aquello que lo hace surgir, el estímulo que origina el sentimiento, el estado
emocional. En
general,
como dije anteriormente, los estímulos están relacionados con los cinco
sentidos, por lo
tanto
el maestro ruso enseña a poner atención en un objeto, sonido o textura que nos
transporten a
una
emoción, que funcionen como estímulos.
La
siguiente pregunta que podríamos hacernos seria: estos recuerdos, ¿pertenecen a
acontecimientos
del pasado personal del actor o constituyen en cierto modo una construcción del
propio
actor?, ¿Cuánto hay de construcción imaginaria en él?
A
este interrogante Stanislavski, responde que en realidad nunca los recuerdos
vuelven a nuestra
memoria
de igual manera "El tiempo es un filtro magnífico para nuestros
sentimientos recordados, y
a
demás un gran artista. No solamente purifica, sino que trasmuta, aún los más
dolorosos recuerdos
realistas
en poesía"
Son
muchas las preguntas que nos podemos formular sobre este tema y es justo
reconocer que el
tratamiento
que hace Stanislavski del mismo, ha originado polémicas que hasta la fecha se
mantienen.
Lo cierto es que en los últimos tiempos de sus investigaciones, cuando
Stanislavski
descubre
el nexo indisoluble entre lo físico y lo psíquico, en el llamado método de las
acciones
físicas,
revisa este concepto y no vuelve a trabajar sobre la memoria emotiva, ya que
descubre que
la
misma, en lugar de conectar al actor con su partenaire y con la escena, lo
obliga a aislarse,
generando
una introspección que atenta contra el desarrollo de la acción.
La
experiencia.
Es
precisamente este aislamiento e introspección la que experimenté personalmente
realizando un
ejercicio
de memoria emotiva en el año 1994 donde tuve la oportunidad de participar en un
seminario
del
Método del Actor ́s Studio dictado por Anna Strasberg en el teatro Nacional
Cervantes de Buenos
Aires.
El
Actor's Studio de Nueva York, es uno de los talleres de formación de actores
más prestigiosos del
mundo.
Desde hace 53 años, las escenas representadas en ese viejo edificio de Nueva
York son
caldo
de cultivo para el cine, el teatro y la televisión de los Estados Unidos. Por
allí pasaron Marlon
Brando,
Al Pacino, Robert De Niro, Dustin Hoffman y Kevin Spacey, entre otros.
Este
estudio fue fundado y dirigido por Lee Strasberg (1901-1982), fiel apostol del
realismo, quien en
el
año 1923 se encontró con el Teatro de Arte de Móscú en una de las visitas
americanas de
Stanislavski.
Lee
Strasberg, entendió que el sistema de Stanislavski sin duda creaba la verdad en
el escenario y
decidió
dedicar su vida a profundizar sobre los conceptos de Stanislavski, fue así que
elaboró lo que
hoy
se conoce como el Método del Actor ́s Studio.
Si
bien Stanislavski abandonó la idea de la memoria emotiva cuando su búsqueda se
concentró en el
método
de las acciones físicas, ya que prefirió poner el acento en lo que está sujeto
a la voluntad del
actor
y los sentimientos son ajenos a nuestra voluntad, los directivos del Actor ́s
Studio y sus
alumnos,
rescatan y defienden la memoria emotiva como parte de la metodología que
utilizan en su
actuación,
e inclusive grandes actores de cine sostienen utilizarla en sus
interpretaciones.
En
mi participación en el seminario del Método del Actor ́s Studio, Anna
Strasberg, actriz y esposa
del
fallecido Lee, se detuvo especialmente en la tan cuestionada memoria emotiva,
se defendió
diciendo
que los detractores de la misma, no conocen a fondo el método para llevar a
cabo la
evocación,
que de ninguna manera el actor debe ir directamente hacia el recuerdo trágico o
alegre,
sino
que debe "rodear" el recuerdo: ¿Qué olores había en esa situación?
¿Qué sonidos se
escuchaba?,
¿Qué objetos se podían divisar?, es decir, evocar la memoria afectiva mediante
la
memoria
de los sentidos, es indiscutible que cuando uno huele un perfume que le
recuerda a alguien
surge
el recuerdo de esa persona, aquí el perfume funcionaría como estímulo para la
evocación, lo
mismo
ocurre con ciertos objetos o texturas que nos transportan hacia un momento
vivido, peroconsidero que esto queda allí como una evocación que no se traduce
rapidamente en acción , o
mejor
dicho no se traduce inmediatamente al cuerpo, porque, a mi entender, es algo
que surge de la
mente,
de la memoria y no del cuerpo, de las profundidades del ser.
El
ejercicio de memoria emotiva, que experimenté en el seminario, consistía en
recordar un lugar que
frecuentábamos
en la infancia, yo me transporté a la casa de mi abuela, a partir de allí
debíamos
recorrer
el lugar con nuestra mente y tratar de buscar un objeto que nos llamara la
atención, yo
recordé
una caramelera donde mi abuela siempre guardaba caramelos para mí; una vez
encontrado
el
objeto, debía recordar los detalles, la textura de esa caramelera, la
temperatura, el color, etc., de
alguna
manera el hecho de permanecer tanto tiempo concentrada en ese momento mi
infancia, en
ese
objeto, y bajo la guía de Anna comencé a recordar situaciones relacionadas con
ese objeto y
más
tarde situaciones que había vivido allí, se despertaron emociones relacionadas
con ese
recuerdo,
pero no sé si pueda transportar esa emoción a una escena y mucho menos a un
personaje.
Considero
que fue un ejercicio de introspección, de hecho, el ejercicio se lleva a cabo
con los ojos
cerrados
y acostados en el piso. De igual forma este no es el único ejercicio de memoria
emotiva que
pondera
el Actor ́s Studio y por lo tanto no me atrevería a juzgar el método solo por
la
experimentación
de un ejercicio.
Lo
cierto es que, concuerdo totalmente con el sistema de Stanislavski, en cuanto a
que el actor, en
su
interpretación, nunca deja de ser el mismo, las experiencias vividas son un
gran material para el
trabajo
creador, pero considero que las vivencias se encuentran grabadas en nuestra
piel, en nuestro
cuerpo,
en nuestra forma de hablar, de caminar, están grabadas en la memoria del cuerpo
y de algún
modo,
siempre están presentes en la vida y por supuesto también en la escena, pero
considero que
no
es productivo buscar las emociones a través de los recuerdos surgidos de la
mente, que, a mi
entender,
abarca un uno por ciento de la vastedad de un vida, de un ser humano, en este
sentido,
prefiero
acercarme al concepto del cuerpo-memoria o cuerpo vida, expuesto por Grotowski,
quien
considera
que allí se encuentran las experiencias realmente importantes o aquellas que
aún no han
llegado.
El
cuerpo-memoria o cuerpo-vida:
Jerzi
Grotowski (1933-1983) director y pedagogo, dedicó su vida a la investigación
del trabajo del
actor
con su teatro de laboratorio, sobre el final de sus investigaciones concluyó en
la idea de un
teatro
no como fin, sino como un medio para revelar la esencia que todo ser humano
oculta detrás de
las
máscaras que socialmente llevamos para ser aceptados. Influenciado por la
filosofía oriental,
consideró
que el arte era un vehículo para cierta revelación, de hecho abandonó los
espectáculos
con
público para reducir su actividad a un trabajo de investigación grupal que solo
puede ser
presenciado
por gente selecta.
En
sus investigaciones, elaboró el concepto de cuerpo-memoria o cuerpo vida, en el
cual el actor
debe
apelar a su propia vida, pero no a través del si mágico, las circunstancias
dadas o la memoria
emotiva,
como cúmulo de recuerdos, ya que si recurre a esto esta recurriendo a su YO, y
este "yo"
es
una máscara, es un "yo" condicionado por la imagen que queremos
imponernos a nosotros
mismos
y los demás, el planteo de Grotowski, es romper la máscara, revelar la esencia,
liberar al
hombre
que se encuentra detrás de la máscara, y no "actuar" sino cumplir el
acto.
Para
ello el actor debe recurrir a su cuerpo- memoria o cuerpo- vida, donde se
encuentran las
experiencias
realmente importantes o aquellas que aún no han llegado, en el cuerpo vida está
inscripto
todo y cuando se libera, se libera aquello que no se ha fijado concientemente
pero lo que es
más
esencial.
A
través de una partitura de acciones precisas, sutiles y a la vez rigurosas, y
por supuesto,
concientes,
el actor experimenta un impulso nacido del interior del cuerpo, este impulso es
un
movimiento
subcutáneo que fluye desde el interior del cuerpo desconocido pero tangible.
Este
impulso
no existe sin el partener sin otra existencia humana u otra existencia, el
impulso existe
siempre
en presencia de...
Sostuvo
que Stanislavski, en la última etapa de sus investigaciones, abandonó por
completo la idea
de
recurrir a la memoria emotiva para traer a la escena sentimientos reales, y se
abocó a las
acciones
físicas, al percibir que debía ocuparse de aquello que está a merced de la
voluntad y los
sentimientos
no pueden ser evocados por estímulos de manera premeditada y consciente.
¿Cómo
podríamos accionar tan voluntariamente o concientemente sabiendo que poseemos
un
inconciente
y que cuando realizamos algo, en general, estamos queriendo hacer otra cosa?
Tener
conciencia
de lo que se hace no es todo, por que no involucra la integridad. Stanislavski
comprendíaeste dilema por lo cual pretendía tocar indirectamente lo que es
inconciente, muy pocas veces nos
comportamos
de manera íntegra, son muy pocos los momentos de plenitud, donde todo nuestro
ser
está
comprometido.
No
he tenido la oportunidad de experimentar ejercicios relacionados con el cuerpo
memoria o cuerpo
vida,
pero acuerdo con la idea de que el actor debe apoyarse en una partitura de
acciones
voluntarias
y concientes y que los sentimientos o la llamada organicidad aparecen por
añadidura.
No
puedo afirmar o negar si alguna vez en mi actuación hice uso concreto de alguna
experiencia
personal
vivida y ello trajo por consecuencia la manifestación de ciertas emociones, que
volvieron a
mi
actuación mucho más orgánica, si así lo hice fue de una manera completamente
involuntaria.
Bibliografía
consultada:
STANISLAVSKI,
Constantin, El trabajo del actor sobre sí mismo, Bs As, Editorial Quetzal, 1980
STANISLAVSKI,
Constantin, (1953) Un actor se prepara, Editorial Diana DF México, 1999
HETHMON,
Robert H, (1968) El método del Actors Studio (Conversaciones con Lee
Strasberg), Editorial Fundamentos, Caracas, 15,
Madrid
1972
LA
MASCARA, Revista de publicación trimestral."Homenaje a Jerzi
Grotowski", México DF enero 1993KONSTANTIN STANISLAVSKY
SU
VIDA
Nació
el 17 de enero de 1863 en Moscú.
Hijo
de un rico fabricante lo que le proporcionó un gran apoyo financiero para sus
aventuras
teatrales.
En
el año 1897 y junto a Vladimir Nemiróvich-Dánchenko crea el MAT, el primer
teatro de Rusia con
una
compañía completamente profesional.
Maestro
ruso de las artes escénicas modernas, recomienda a los críticos las distintas
etapas de ese
oficio
investigativo, entre ellas el conocimiento del hecho artístico desde su
génesis: estudio de mesa
y
su análisis.
Guiaba
a los actores a reproducir en ellos el mundo emotivo de los personajes para que
éste fuera
proyectado
al espectador como experiencia verídica, sin teatralidad artificial.
Stanislavski denominó
este
efecto "realismo psicológico".
Desde
1907 hasta su muerte, se dedicó a desarrollar un sistema de formación
dramática. llegó a la
conclusión
de que los actores que recordaban sus propios sentimientos y experiencias, y
los
cambiaban
por los de los personajes, podian establecer un vínculo con el público.
Expone
claramente sus elementos clave:
1-la
relajación,
2-la
concentración,
3-la
memoria emocional,
4-las
unidades,
5-los
objetivos
6-
los superobjetivos.
Fue
el primero en reconocer la universalidad de las técnicas empleadas por los
actores
extraordinarios
y formuló un sistema moderno para abordar la actuación.
Dio
a este proceso el nombre de técnica vivencial.
Esta
difícil técnica permitía a los actores repetir su trabajo escénico sin tener
que confiar en la
inspiración.
Tras
la Revolución Rusa de 1917, exploró las posibilidades de un teatro improvisado.
Intentó
dar a los intérpretes los medios artísticos para poder abordar el texto de
acuerdo con las
motivaciones
de los personajes.
Tradicionalmente,
este proceso estaba bajo el control del director.
Al
final de su vida, sin embargo, Stanislavski experimentó con una fórmula que
otorgaba de nuevo al
director
el completo control intelectual sobre el proceso de ensayo.
Denominó
a esta técnica "teoría de la acción física". .
Fue
autor de Un actor se prepara (1936) y La construcción del personaje
(publicación póstuma,
1948).
Falleció
el 7 de agosto de 1938.
CONCENTRACION
EN LA ACCION
Para
poder reproducir el significado esencial de un texto hay que penetrar en él
profundamente y
sentirlo
también con profundidad. Y esto es difícil. En primer lugar, uno de los
elementos más
importantes
del subtexto es la memoria afectiva, un factor evanescente caprichoso e
inestable.
En
segundo lugar se necesita una capacidad de atención bien disciplinada para ser
capaz de
concentrarse
en el significado de las palabras.
EL MÉTODO
1-Olviden
por completo los sentimientos y pongan toda su atención en las imágenes
internas.
Estúdienlas
con todo el cuidado posible y descríbanlas lo más precisa, completa y vivamente
que
puedan.
2-Cuando
consideramos un fenómeno, cuando nos imaginamos un objeto, un acontecimiento, o
traemos
a la mente experiencias de la vida real o imaginaria, no solo reaccionamos a
esas cosas con
nuestros
sentimientos, sino que les pasamos revista con nuestros ojos interiores.
Sin
embargo, al hacer esto en teatro nuestra visión interior debe tener relación
sólo con la vida del
personaje
y no con nosotros mismos como actores.
3-Por
eso es por lo que, cuando estamos en escena, nuestra principal preocupación
debiera ser
siempre
reflejar en nuestra propia visión interior elementos semejantes a los que
ocuparían la visión
interior
del personaje. Esta corriente interna de imágenes, alimentadas por toda clase
de invenciones
ficticias,
así como por las circunstancias dadas, confiere vida a un personaje, le
proporciona una
base
para todo lo que el personaje realiza:
1-ambiciones,
2-pensamientos,
3-sentimientos,
y,
más aún, es una gran ayuda para que el actor concentre su atención en la vida
interior del
personaje.
4-Para
ellos debemos disponer de una verdad, aunque sólo sea la verdad de la
imaginación, en la
que
puedan creer, dentro de la que puedan vivir...
5-Por
otro lado, al intentar comunicarlo ...
"Se
deben preocupar de que el objeto de su atención no solo oiga y comprenda el
significado de sus
palabras,
sino que también vea en el ojo de su mente lo mismo que ustedes, mientras les
hablan.
Lo
importante es que se propongan un objetivo y traten de llevarlo a cabo. Lo
importante es cómo
tratan
de actuar sobre su compañero o interlocutor, sobre su visión interna, que es lo
que están
ustedes
intentando en este caso concreto
6-Se
trata de un proceso por partes muy pequeñas: se comunica algo, pausa, el
interlocutor absorbe
lo
comunicado, se continua, etc.
7-Al
mismo tiempo que se hace esto, hay que tener en cuenta la totalidad de lo que
se quiere
comunicar.
Para
uno todo está claro, pero para el interlocutor todo es nuevo, debe ser
descifrado y absorbido.
Esto
requiere un cierto tiempo, y si se salta ese tiempo el diálogo se convierte en
algo incomprensible
Por
ello se debe crear esa corriente explicativa, bajo el diálogo hablado de una
obra de teatro.
Pues
si no hay una historia comprensible que compartir no hay nada en que basar un
subtexto
explicativo.
8-Son
las imágenes interiores las que nos sirven de señuelo al tratar las palabras y
la forma de
hablar,
y son ellas las que, como el pintor o el poeta, con el ojo de la mente, nos
permiten describir lo
que
vemos y cómo lo vemos.
SISTEMA
PARA PREPARACION DE UN ACTOR
A
lo largo de su tarea artística y pedagógica , Konstantin Stanislavsky fue
pionero en el intento de
desarrollar
un sistema para la preparación del actor.
Como
resultado de su trabajo emergen dos propuestas.
La
primera estuvo basada en los estudios dentro del campo de la psicología de
fines del siglo XIX y
es
una técnica introspectiva a través de la cual se le proponía al actor recuperar
(recordar-evocar) y
hacer
presente experiencias emotivas de su propia vida para utilizarlas en el proceso
de creación de
su
personaje. Fue la llamada memoria emotiva.
Era
una “vía consciente” para intentar acceder al universo afectivo del actor para
permitirle, aunque
no
estuviese necesariamente “inspirado”, vivir realmente y no de manera mentirosa
y afectada la
experiencia
del personaje.
Pero
fue el propio Stanlisavsky el que descubrió que esta “técnica” se basaba en un
supuesto falso
como
es el asumir que las emociones pueden ser convocadas voluntariamente cuando, en
realidad,
la
vida nos demuestra cotidianamente todo lo contrario: que las emociones no
dependen de nuestra
voluntad.
No
queremos amar a alguien pero lo amamos o, por el contrario, queremos
verdaderamente amar a
alguien
pero no lo logramos.
El
posterior desarrollo de esta propuesta comenzó delinear algunas otras
limitaciones de esta
“técnica”:
La
memoria emotiva opera por sustitución induciendo al actor a bucear en sus
recuerdos para
encontrar
alguno similar al del personaje sustituyendo las situaciones emotivas de éste
por las del
propio
actor.Esto conlleva algunas limitaciones la primera de las cuales es
circunscribir al actor solamente al
horizonte
de su propia experiencia emocional vedándole la posibilidad de investigar en
las
situaciones
emocionales que la situación dramática reclama.
Además,
estas situaciones suelen tener poco que ver con experiencias realmente vividas
por el actor
(asesinatos,
incesto, suicidio, etc.) sin contar con las dificultades añadidas si se trata
de autores
clásicos.
¿Cómo
hace el actor para encontrar en sus recuerdos alguna experiencia que le permita
componer
un
duende o algún otro personaje de “Sueño de una noche de verano” ?
La
memoria emotiva es una técnica introspectiva donde el actor se repliega a su
interioridad para
encontrar
el estado emocional necesario para la escena o el personaje que está creando.
Ello
implica predeterminar el estado emocional del actor/personaje.
“En
esta escena debo estar triste o feliz o enfadado” y por lo tanto la acción es
el resultado de un
estado
emocional preconcebido cuando, en realidad, aún no se ha transitado la
experiencia para
llegar
creíblemente a ese estado emocional.
Todo
este proceso produce el desprendimiento del actor del “aquí y ahora” que es
fundamental a fin
de
dar origen a las conductas imprevisibles del personaje e investigar sobre las
mismas.
El
método de las acciones físicas (MAF) tiene su origen en las investigaciones en
torno al trabajo del
actor
realizadas por Stanislavsky en los últimos años de su vida y desarrollado en
distintas partes del
mundo
por maestros como Toporkov, Grotowsky y Serrano.
El
MAF parte del postulado que nuestras emociones son, en principio, tan tímidas
como los animales
silvestres.
El estado emocional es importante pero no depende de nuestra voluntad. Quien
intente
condicionar
sus acciones con sus estados emotivos, se confunde. En tal sentido, el actor no
debe
inmiscuirse
en absoluto con las emociones. No debe siquiera preocuparse por ellas.
La
clave de las acciones físicas está en el proceso del cuerpo. Debe sólo hacer
simplemente aquello
que
está haciendo...
Dejar
estar a las emociones.
Si
no siente nada, no siente nada.
Las
emociones son libres.
Lo
que sí el actor puede hacer , porque esto depende de su voluntad y entra dentro
de la órbita de su
conciencia,
es generar las condiciones más apropiadas posibles para la aparición de las
emociones,
concentrar
su atención en el modo más eficaz de atraerlas.
De
esta manera por intermedio de la acción física el actor comienza a hacer para
creer y va
desatando
el proceso de interacción con el partner y su entorno comprometiendo
gradualmente sus
niveles
físico, intelectual y emotivo.
Es
así como la emoción va surgiendo como resultado de la acción.
Para
el actor, aprender cualquier cosa es conquistarla en la práctica.
Se
aprende a través del hacer y no memorizando ideas y teorías.
La
teoría sólo la usamos cuando nos ayuda a resolver un problema práctico.
Las
acciones físicas son un método, es decir, una práctica que postula los
siguientes enunciados
básicos:
1-
Los sentimientos no dependen de nuestra voluntad.
2-
El actor debe desplazar su atención a lo que hay que hacer, esto sí depende de
su voluntad.
3-
El personaje fuera del accionar del actor es sólo un conjunto de palabras. En
realidad, el personaje
es
lo que el actor hace.
4-
Primero la experiencia física y después la emoción. La emoción es el resultado
de la acción.
Para
Stanislavsky, el eje del trabajo del actor es ir de lo conciente a lo
inconciente. La emoción se
ubica
en el inconciente, sus apariciones son explosivas e involuntarias.
Sin
embargo, para acceder a esa “perla”, el actor debe desarrollar un técnica
conciente: el método de
las
acciones físicas.“ La pequeña verdad de las acciones físicas pone en movimiento
a la gran verdad de los
pensamientos,
las emociones y las experiencias”
EL
METODO HOY -INTIMIDADES DEL ACTOR'S STUDIO
¿Qué
mágica fórmula de actuación pudo subyugar a talentos como Marlon Brando, Al
Pacino, Robert
De
Niro, Dustin Hoffman o Kevin Spacey?
La
respuesta, y muchos secretos más, yace en la historia del Actor's Studio.
Cada
año el Actor ́s Studio recibe 15 mil solicitudes de admisión de todas partes
del mundo.
Mediante
audiciones sólo 85 aspirantes se convertirán en miembros.
Para
pertenecer, deben superar dos audiciones de cinco minutos.
"No
te creo", era la peor sentencia que un actor podía recibir de su parte.
Así, sin anestesia, el
maestro
de personajes imaginarios disparaba que no, que la interpretación no había sido
buena, que
él
no se lo había creído.
"Lo
lamento, cariño, pero aún no tienes condiciones para sumarte a nosotros",
arrojaba Lee
Strasberg
como un balde de ácido sobre jovencísimos Al Pacino, Paul Newman, Dustin
Hoffmann o
Harvey
Keitel -entre otros después consagrados por Hollywood-, que alguna vez
sufrieron la
estocada.
Que
Strasberg bajara el pulgar significaba frustración, crisis vocacional y lo más
difícil de aceptar: no
poder
ser parte del Actor's Studio de Nueva York, uno de los talleres de formación de
actores más
prestigiosos
del mundo.
Desde
hace 53 años, las escenas representadas en ese viejo edificio de la calle 44
Oeste de
Manhattan,
son caldo de cultivo para el cine, el teatro y la televisión.
Allí
retaron por primera vez a Marlon Brando por esa manía de farfullar como si le
hubieran cosido las
comisuras
de los labios.
El
Actor's Studio es un laboratorio de interpretación, un gimnasio de
entrenamiento escénico basado
en
el dogma de Constantin Stanislavsky, el director de teatro y teórico ruso que
transformó la
actuación
del siglo XX. Stanislavsky postuló que los verdaderos actores debían asimilar
sus
personajes
a través de ejercicios mentales. Fastidiado con los que recitaban con
exageración, el
teórico
ruso propuso buscar un realismo sicológico y ofrecer al público
"sentimientos verdaderos".
Hoy,
el Actor's Studio cuenta con 900 miembros -con "carné de socio" de
por vida y sin pagar un
centavo-
que entrenan su capacidad de transformarse en tal o cual personaje.
En
la lista, por la que ya pasaron tres generaciones de actores, despuntan, entre
otros, Robert De
Niro, Faye Dunaway, Sally Field, Warren Beatty, Holly
Hunter, Kevin Spacey y Sean Penn.
UN
ACTOR SE PREPARA
Fragmento
tomado del libro de Constantin Stanislavski
CAPITULO
1
La
Prueba Inicial
1
Estábamos
hoy emocionados esperando nuestra primera lección con el Director Tortsov. Pero
entró
a
nuestra clase sólo para hacernos el inesperado anuncio de que, para conocernos
mejor, quería que
le
diésemos una demostración en la cual actuaríamos para él fragmentos de obras
escogidas por
nosotros
mismos Se propone vernos en las tablas, teniendo el decorado al fondo,
maquillados, en
carácter,
tras las candilejas, y con todos los trastos de la escena. Sólo entonces —dijo—
le seria
posible
juzgar de nuestras aptitudes dramáticas.
Al
principio, pocos estuvieron de acuerdo con la prueba propuesta. Entre estos
estaba un chico
rechoncho,
Grisha Govorkov, quien ya había actuado en pequeños grupos; una rubia alta y
bonita,
Sonya
Veliaminova, y un mozo vivaz y ruidoso llamado Vanya Vystsov.
Gradualmente,
todos nos hicimos a la idea del intento; las brillantes candilejas se hicieron
más
tentadoras,
y pronto nos pareció la función propuesta, útil, interesante, y hasta
necesaria. En la
elección,
dos amigos míos: Paul Shustov y Leo Pushchin, y yo, nos mostrábamos modestos
pensando
en el vodevil o en la comedia ligera. Pero a nuestro alrededor sonaban grandes
nombres:
Gogol,
Ostrovski, Chejov, y sin proponérnoslo, llevamos adelante nuestra ambición
llegando a pensaren algo romántico, en carácter, y escrito en verso.
Me
tentaba la figura de Mozart; a Leo, la de Salieri, en tanto que Paul pensaba en
Don Carlos.
Comenzamos
luego a discutir a Shakespeare, y yo escogí a Otelo. Paul, entonces estuvo de
acuerdo
en
hacer Yago, y todo quedó decidido. Cuando dejamos el teatro, se nos dijo que el
primer ensayo
estaba
fijado para el día siguiente.
Llegué
a casa, tomé mi ejemplar de “Otelo”, y acomodándome en el sofá abrí el libro y
empecé a
leer.
Escasamente había leído dos páginas cuando me asaltó el deseo de actuar: a
pesar de mí
mismo,
mis manos, brazos, piernas, la cara, los músculos, y algo dentro de mí, me
llevaba a
moverme.
Comencé a recitar el texto. De repente, descubrí una plegadera de marfil, y la
ajusté al
cinturón
como una daga. Mi afelpada toalla de baño hacía un buen turbante. De mis
sábanas y ropa
de
cama improvisé una especie de camisa y una túnica, y mi sombrilla hacía las
veces de una
cimitarra.
Pero no tenía escudo. Entonces recordé que en el comedor, contiguo a mi cuarto,
había
una
gran bandeja. Ya con un escudo en la mano, me sentí todo un guerrero. No
obstante, mi aspecto
general
era todavía de persona civilizada, moderna, en tanto que Otelo, siendo africano
de origen,
debía
tener en él algo que indicara la vida primitiva, algo como de fiera, un tigre
quizás. Y a fin de
recordar,
de sugerir el modo de conducirse de un animal, comencé toda una serie de
ejercicios.
En
muchos momentos me sentí verdaderamente satisfecho. Casi cinco horas había
trabajado sin que
me
diera cuenta de cómo había pasado el tiempo. Para mí, esto hacía evidente que
mi inspiración
era
real.
2
Me
levanté más tarde que de costumbre. Me vestí de prisa, y me lancé a la calle
camino al teatro.
Apenas
hube llegado al salón de ensayos, donde todos esperaban por mí, me sentí tan
confundido
que
en lugar de disculparme debidamente dije, como sin dar importancia al asunto:
—Parece
que me retrasé un poco.
Rakhmanov,
el Asistente del Director, me miró un rato con elocuente reproche, y finalmente
dijo:
“Hemos
estado sentados esperándole, disgustados, con los nervios de punta, y a usted
sólo le
“parece”
que se retrasó “un poco”. Todos llegamos aquí llenos de entusiasmo para hacer
el trabajo
que
nos esperaba. Ahora, gracias a usted, nuestro humor y buena disposición se han
disipado.
Despertar
el deseo de crear es difícil, matarlo es extremadamente fácil. Si yo interfiero
mi propio
trabajo,
es cosa mía. Pero, ¿qué derecho tengo a detener el de todo un grupo? El actor,
no menos
que
el soldado, debe sujetarse a una disciplina férrea.
Por
esta primera falta, Rakhmanov se limitaba a reprenderme sin reportar nada,
—dijo— al récord
que,
por escrito, se llevaba de los estudiantes; pero —añadió— yo debía disculparme
de inmediato
con
todos, y hacerme el propósito, en lo futuro, de llegar a los ensayos un cuarto
de hora antes de
que
empezaran. Aun después de haberme disculpado, Rakhmanov se resistió a continuar
el
frustrado
ensayo porque, dijo, ese primer ensayo es siempre un suceso en la vida de un
artista, y
debe
guardarse de él la mejor impresión posible.
El
ensayo de hoy se echó a perder por mi descuido. Esperemos que el de mañana sea
algo digno de
recordarse.
Esta
noche me había propuesto acostarme temprano, porque temía trabajar mi papel.
Pero mis
miradas
recayeron en un pastel de chocolate, y... lo mezclé con un poco de mantequilla,
obteniendo
una
pasta de color café. Era fácil de untarse en la cara: eso me convertiría en un
moro. Sentado
frente
al espejo admiré, largamente, el brillo de mis dientes, ensayando cómo
mostrarlos, y también
cómo
poner los ojos en blanco. Para completar mi caracterización me arreglé el traje
y tan pronto
como
me lo puse me asaltaron los deseos de actuar. Mas no logré sino repetir lo
hecho ayer,
pareciéndome
que, ahora, había perdido ya su bondad. No obstante, creí haber ganado algo en
cuanto
a mi idea de cuál debía ser la apariencia de Otelo.
3
Hoy
fue nuestro primer ensayo. Llegué con mucha anticipación. El Asistente del
Director sugirió que
nosotros
mismos planeásemos nuestras escenas y arregláramos la utilería.
Afortunadamente, Paul
estuvo
de acuerdo en todo lo que yo propuse, ya que sólo le interesaban los rasgos
psicológicos de
Yago.
Para mí los rasgos exteriores tenían la mayor importancia: deberían recordarme
el ambiente
de
mi propio cuarto. Sin ello no podría volver a nacer la inspiración en mí. Y
aunque luché no importa
cuánto,
por hacerme a la creencia de que estaba en mi cuarto, todos mis esfuerzos
fueron inútiles.
Solamente
estorbaban mi actuación.
Paul
sabía ya completamente su papel de memoria, pero yo tenía que seguir las líneas
de mi texto,
aunque
fuese sólo aproximadamente. Para mi sorpresa, las palabras no me ayudaban; de
hecho, meconfundían. Así que hubiera preferido prescindir del texto por
completo, o tendría que detenerme a la
mitad.
No sólo las palabras, sino también los pensamientos del poeta, me parecían
ahora extraños.
Hasta
los lineamientos de la acción contribuían a quitarme aquella libertad que había
sentido cuando
ensayaba
en mi cuarto.
Peor
aún: no reconocía mi propia voz. Además, ni el plan ni la manera de realizarlo,
previamente
establecidos
durante mi labor en casa, armonizaban con la actuación de Paul. Por ejemplo,
¿cómo
podría
tener ocasión, en una escena relativamente tranquila entre Otelo y Yago, de
hacer visible el
brillo
de mis dientes, el movimiento de los ojos que pensaba introducir en mi parte?
Ni aun podía
deshacerme
de mis ideas fijas de cómo actuar, según había concebido, la naturaleza de un
salvaje,
ni
del ambiente que para ello habla preparado. Quizás la razón de esto era que no
encontraba con
qué
reemplazar aquello. Habla leído el texto del rol en cuanto a sí mismo, y había
animado al
personaje
en sí mismo, sin haber relacionado uno con otro. Así, las palabras interferían
la actuación,
y
ésta a las palabras.
Cuando
trabajé hoy en casa, persistí en volver sobre mis pasos, sin encontrar nada
nuevo. ¿Por qué
sigo
repitiendo métodos y escenas? ¿Por qué es mi actuación la misma de ayer, como
igual será la
de
mañana? ¿Se me ha acabado la imaginación, o no tengo en ella reservas de qué
echar mano?
¿Por
qué mi labor al principio se deslizaba tan fácil y ligeramente, y luego tenía
que detenerme en
algún
punto? Mientras pensaba en todo esto, algunas personas se reunieron en el
cuarto vecino a
tomar
el té, y, a fin de no distraer mi atención, me instalé en un sitio diferente de
mi habitación,
procurando
decir mis líneas tan suavemente como fuera posible, a modo de no ser oído.
Para
sorpresa mía, sólo estos pequeños cambios transformaron la disposición de mi
ánimo. Había
descubierto
un secreto: no permanecer mucho en un punto repitiendo siempre lo demasiado
familiar.
4
En
el ensayo de hoy, precisamente al principio, empecé a improvisar. En lugar de
caminar, me senté
en
una silla, y actué sin mímica, ni movimientos, ni visajes, ni ojos en blanco.
¿Qué sucedió? De
inmediato
me confundí, olvidando el texto y las entonaciones que acostumbraba darle. Me
detuve.
No
había nada qué hacer, sino volver a mi antiguo método, al viejo procedimiento.
Como no
controlaba
mis métodos, era controlado por ellos.
5
El
ensayo de hoy no tuvo novedad alguna. Sin embargo, cada vez me acostumbro más
al lugar
donde
trabajamos, y a la obra. Al principio, mi método de encarnar al Moro no
concordaba en
absoluto
con el Yago de Paul. Hoy pareció que ya lograba yo una mejor adaptación entre
su trabajo y
el
mío, en las escenas que tenemos juntos. De cualquier modo, siento que las
discrepancias son
menos
definitivas.
6
Hoy
nuestro ensayo se hizo en el escenario mismo. Yo contaba con el efecto de su
atmósfera, ¿y
qué
sucedió? En lugar del brillo de las candilejas, y el alboroto de los laterales
llenos de toda clase
de
accesorios de utilería y escenografía, me encontré en un lugar apenas iluminado
y desierto. El
gran
escenario permanecía totalmente abierto y desnudo. Solamente cerca de las
candilejas había
unas
cuantas sillas de madera, puestas allí para figurar nuestro improvisado set. A
la derecha había
una
vara de luces. Apenas había pisado yo las tablas cuando apareció frente a mí la
inmensa
apertura
del arco del proscenio; más allá, quedaba una extensión infinita y oscura,
neblinosa. Fue
ésta
mi primera impresión de la escena desde un foro.
“¡Comience!”,
exclamó alguien.
Se
suponía que yo estaba en la habitación de Otelo, figurada por las sillas, y que
debía tomar mi
sitio.
Me senté en una de aquéllas, pero no era la indicada. No pude siquiera
reconocer el plan de
nuestro
set. Pasó el tiempo y yo no podía adaptarme, ni tampoco concentrar mi atención
a lo que
sucedía
a mi alrededor. Me pareció difícil hasta mirar a Paul, que estaba de pie a mi
derecha, junto a
mí.
Mi mirada pasó de él a la sala, y luego atrás, al foro, hasta los camerinos y
el espacio donde la
gente
cruzaba, llevando cosas, discutiendo, golpeando.
Lo
sorprendente era que continuaba yo hablando y actuando mecánicamente. Si no
hubiera sido por
mi
larga práctica en casa, que había acumulado en mí ciertos hábitos, me hubiera
detenido a las
primeras
líneas.
7
Hoy
tuvimos el segundo ensayo en el escenario. Llegué temprano, decidido a
prepararme
debidamente
en el mismo foro, que hoy apareció por completo diferente a como estaba ayer.
La
actividad
allí era intensa, al disponerse el escenario y la utilería. Hubiera sido
inútil, entre todo aquel
caos,
tratar de encontrar la tranquilidad a que estaba acostumbrado en casa, para
estudiar mi papel.
Así,
lo primero de todo era la necesidad de adaptarme al nuevo ambiente. Salí hasta
el frente del
escenario,
y clavé la mirada en el espantoso vacío más allá de las candilejas, tratando de
acostumbrarme
a él, de librarme de su atracción, pero mientras más me esforzaba en no tomarlo
en
cuenta,
más pensaba en él. Precisamente entonces, un trabajador que pasaba a mi lado
dejó caer un
paquete
de clavos. En seguida me puse a ayudarle a levantarlos. Al hacerlo, tuve la
grata sensación
de
sentirme en el escenario completamente como en mi casa. Pero pronto recogimos
todos los
clavos,
y otra vez me sentí oprimido por lo grande del lugar.
Me
apresuré a bajar a la luneta. Comenzaron los ensayos de otras escenas, pero yo
no veía nada. El
tiempo
que esperé mi turno, estuve completamente intranquilo, agitado. Sin embargo,
esta espera
tenía
una lado bueno: le lleva a uno a un estado tal en que todo lo que se puede
hacer es anhelar
que
llegue su turno, pasar de una vez por aquello a lo que se teme.
Cuando
nuestro turno llegó, subí al escenario, donde se había improvisado un set con
partes de
otras
diferentes producciones. Algunas cosas estaban mal colocadas y el moblaje era
de diferentes
clases.
Aun así, la apariencia general, ahora que el escenario estaba iluminado, era
grata, y me sentí
como
en mi casa en esta habitación preparada para Otelo. Con un esfuerzo de
imaginación podía
reconocer
en ella cierta semejanza con mi propia habitación. Pero al momento en que el
telón se
levantó,
y el público apareció ante mí, me sentí de nuevo dominado por su poder. Al
mismo tiempo,
nuevas,
inesperadas sensaciones surgieron dentro de mí. El set cerca al actor, y limita
el área del
foro:
arriba, grandes espacios oscuros, a derecha e izquierda, los laterales que
delimitan el lugar.
Este
semiaislamiento es grato, pero tiene la desventaja de proyectar la atención
hacia la sala y el
público.
Otra sensación nueva para mí fue que mis temores me llevaban a sentir una
obligación: la
de
interesar al público. Este sentimiento de obligación me impedía entregarme a lo
que estaba
haciendo.
Comencé a sentirme urgido tanto en la acción como en la recitación. Mis puntos
favoritos
pasaban
rápidos, como postes de telégrafo vistos desde un tren. La más ligera
vacilación, y una
catástrofe
hubiera sido inevitable.
8
Como
tenía que arreglar mi maquillaje y mi vestuario para el ensayo general, llegué
al teatro más
temprano
que de costumbre. Me habían dado un buen camerino y una suntuosa bata,
realmente una
reliquia
de museo: la del Príncipe de Marruecos en “El Mercader de Venecia”. Me senté
ante el
tocador:
sobre él habla pelucas, postizos, tarros de crema, de goma, de grasa y colores,
polvos,
cepillos.
Comencé por aplicarme con uno de estos un poco de color café oscuro, pero se
endurecía
tan
pronto que apenas dejaba traza. Entonces traté de aplicarlo con agua: igual
resultado. Puse el
color
en los dedos, y así lo apliqué a la cara, pero ninguno quedaba bien, excepto el
azul claro, el
único,
me parecía, que no podía usarse para el maquillaje de Otelo. Apliqué un poco de
barniz,
entonces,
en la cara, para fijar un postizo; el barniz me picaba en la piel y el cabello
del postizo no se
adhería.
Probé una peluca después de otra; pero todas, a una cara sin maquillaje, le
iban mal: eran
demasiado
evidentes. Quise limpiar el ligero maquillaje que me quedaba en la cara, pero
no tenía
idea
de cómo hacerlo.
Por
entonces llegó al camerino un hombre alto y delgado, con anteojos y un gran
guardapolvo
blanco.
Se adelantó y empezó a trabajar en mi cara. Primero limpió con vaselina todo lo
que yo me
había
puesto, y comenzó a aplicar colores frescos. Cuando vio que los colores estaban
duros,
humedeció
una brocha en aceite, que me puso también en la cara, quedando así una
superficie en la
que,
con la brocha, los colores se corrían suavemente. Luego cubrió por completo la
cara con una
sombra
de hollín, dado a la piel la apariencia propia de la de un moro. Yo hubiera
preferido no perder
la
sombra, más oscura, que daba el chocolate, porque hacia resaltar el brillo de
los dientes y los ojos.
Cuando
mi caracterización quedó terminada, me miré al espejo, quedando maravillado del
arte del
maquillista,
así como de mi apariencia total: los ángulos de los brazos y el cuerpo
desaparecían bajo
las
flotantes telas, los ademanes que yo había ensayado iban bien con el vestuario.
Paul y otros
estudiantes
vinieron a mi camerino; me felicitaron por la impresión que les produjo mi
arreglo. Su
generoso
elogio me devolvió la antigua confianza.
Pero
cuando salí al escenario, me confundí con los cambios hechos en la disposición
de los
muebles:
un sillón de brazos me pareció inútilmente movido de junto a una pared hasta
casi en
medio
de la escena, y la mesa quedaba demasiado al frente. Me sentía como si se me
pusiera enexhibición, y precisamente en el lugar más notable. Dominándome,
caminaba de arriba abajo por el
escenario,
sin soltar mi daga de entre los pliegues de la túnica. Pero nada me libraba de
una
continua
movilidad, de la entrega automática de mis líneas. A pesar de todo, me parecía
que debía
llegar
hasta el final de la escena, y no obstante, cuando llegué al momento
culminante, el
pensamiento
relampagueó en mi mente: “Ahora, aquí me atasco”. Me dominó el pánico, y, en
efecto,
me
callé. No sé todavía qué fue lo que me hizo volver automáticamente a seguir;
pero una vez más
me
salvó. Sólo tenía un pensamiento: terminar lo más pronto posible, quitarme el
maquillaje, y salir
del
teatro.
Y
aquí estoy, en casa, solo, y sintiéndome el más infeliz de los hombres.
Afortunadamente, Leo vino
a
darse una vuelta. Me había visto en la sala, y quería saber lo que pensaba de
su actuación, pero
nada
pude decirle, porque no obstante que le había observado cuando hizo su escena,
de nada me
di
cuenta, pues entonces estaba esperando mi turno y sólo eso me preocupaba.
Habló
con familiaridad de Otelo, de la obra y el personaje. Estuvo especialmente
interesante su
explicación
de la pena, el choque, el asombro del Moro ante la idea de que tanta maldad
pudiera
existir
bajo la adorable forma de Desdémona.
Cuando
Leo se fue, traté de repasar algunas partes del papel, de acuerdo con su
interpretación, y
casi
lloré, lo confieso: tanto compadecí a Otelo.
9
La
función de prueba es hoy. Creí saber de antemano lo que iba a suceder. Me
sentía lleno de una
absoluta
indiferencia hasta que llegué a mi camerino. Pero una vez dentro, mi corazón
empezó a
golpear
en el pecho, y me sentí casi con náuseas.
En
el escenario lo primero que me confundió fue la extraordinaria solemnidad, la
calma y el orden
reinantes.
Cuando pasé de la oscuridad de entre cajas a la completa iluminación de las
candilejas, de
las
diablas y los reflectores, me sentí cegado. El brillo era tan intenso, que
parecía formar una cortina
de
luz entre la sala y yo. Me sentí protegido respecto al público; por un momento
respiré a mis
anchas.
Pero bien pronto mis ojos se acostumbraron a la luz y pude ver en la oscuridad,
penetrarla.
Y
el miedo y la atracción hacia el público me parecieron más fuertes que nunca.
Yo estaba dispuesto
a
entregarme, a volcar y dar de mí mismo cuanto tenía; sin embargo, dentro de mí
me sentía vacío
como
nunca. El esfuerzo que hice para extraer de mi una mayor emoción que la que
sentía, la
impotencia
para lograr lo imposible, me llenaron de tal miedo que mis manos y mi cabeza se
inmovilizaron,
se volvieron de piedra. Todas mis energías se gastaban en infructuosos y
forzados
empeños.
Mi garganta se estrechaba, mi voz me sonaba siempre aguda. Mis manos y pies, la
mímica
y el hablar, todo se volvió forzado, violento. Me sentía avergonzado de cada
palabra, de cada
ademán.
Abochornado, hube de asir fuertemente con mis manos los brazos del sillón y me
recargué
contra
el respaldo. Fracasaba, y en mi desamparo, de pronto, me poseyó el furor.
Durante unos
minutos
estuve fuera de mi. Lancé la famosa línea: “Sangre, Yago, sangre!” Sentí en
estas palabras
todo
el dolor, la hiriente decepción del alma de un hombre confiado. La
interpretación que Leo dio a
Otelo,
de pronto me vino a la memoria y despertó mi emoción. Además, casi me pareció
que por un
momento
ponía en tensión a los espectadores, y que a través de la sala corría un rumor.
Al
instante de percibir tal aprobación, una extraña energía bulló en mí. No puedo
recordar cómo
terminé
la escena, porque las candilejas y el negro espacio desaparecieron de mi
conciencia, y me
sentí
libre de todo temor. Recuerdo que Paul se sorprendió primero del cambio operado
en mí, luego
se
sintió contagiado, y se entregó a su actuación. El telón descendió; afuera, en
la sala, se escuchó
el
aplauso, y yo me sentí pleno de confianza en mí mismo.
Con
aires de estrella, y afectada indiferencia, bajé hacia el público durante el
intermedio, escogiendo
un
asiento en la luneta desde donde podía ser visto fácilmente por el Director y
su Asistente, con la
esperanza
de que me llamarían y harían un comentario favorable. Las candilejas se
encendieron, el
telón
se levantó, y al instante una de las estudiantes, María Maloletkova, bajó en un
vuelo algunos
escalones.
Cayó al suelo acongojada y gritando: “j Oh, socorredme!”, de modo tal que me
hizo
estremecer.
Después se levantó y recitó algunas líneas, pero tan rápidamente que era
imposible
comprenderlas.
Luego, en medio de una palabra, como si hubiera olvidado su parte, se detuvo,
se
cubrió
la cara con las manos, y repentinamente hizo mutis. A poco, volvió a bajar el
telón, pero en
mis
oídos aun repercutía aquel grito. Una entrada, una palabra, y el sentimiento se
desbordaba. El
Director,
me pareció a mí, estaba electrizado. Pero ¿no había hecho yo lo mismo con
aquella única
frase:
“Sangre, Yago, sangre!”, cuando dominé a todo el público?