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8/8/20

La triste y dolorosa Historia de Marianita “la del Diablo”. De Benjamín Gavarre

 

Romero de Torres: las razones de los amores y los odios




La triste y dolorosa Historia de Marianita “la del Diablo”.


De Benjamín Gavarre ©®



...y que suceda lo que Dios o Satán quiera.

Mariken van Nieumeghen



Personajes

(la obra puede ser representada por una Actriz y un Actor)

_______________________________________________________

*Mariana

*Tío, Tía, Munguía, Psiquiatra



Y érase una vez que estaba su tío con Marianita...


Escena Primera.

La primera escena representa una pintoresca cabaña con aires medievales, como de cuento. Sin querer lograr una ilusión se llevará a cabo la puesta en escena con accesorios simples y sobre todo con iluminación adecuada. “Marianita” al principio, como aldeana medieval de cuento de hadas, y el tío, lo mismo, como un anciano supuestamente bondadoso, medio alquimista, medio loco.

La obra en general representa varios tiempos y lugares, algunos modernos y otros anacrónicos. Lo importante es que se utilice la imaginación y creatividad para representar los diferentes espacios escénicos y los diferentes tiempos en que todo sucede.


Tío.- Así es, la mía sobrina, tienes que ir a la Ciudad y me compras el Súper.

Marianita.- Qué bueno que me mandas a “estas horas de la tarde” a aventura tan peligrosa, el mío tío. Ya está a punto de atardecer y seguramente voy a llegar casi de noche.

Tío.- (No hace caso de sus ironías) Hacen falta, verduras, leche en polvo, mantequilla de maní, cacahuates japoneses, cerveza de raíz, alquitrán en bloque, ralladura de limón, acídulo salicít...

Marianita.- ¿Qué?

Tío.- Acido saliti... Tráeme aspirinas, ibuprofeno, agua oxigenada y clorhidrato.

Marianita.- ¿Clorhidrato? ¿Así lo pido?

Tío.- Ah, y unos supositorios alcalinos.

Marianita.- ¿Azufre?

Tío.- Si llegara a darte alcance la noche, ve con la tu tía. ¿Dijiste azufre?

Marianita.- O sea que si se me hace de noche me quedo con la suya hermana. Eso sin duda, el mío Tío... Como dije ya es casi de tarde, y en lo que llego a la ciudad caminando, verdad, porque la mía bicicleta “está en reparaciones”... Pasaran como dos horas y en lo que llego al súper y compro los víveres y todo, pues ya sé que me tendré que quedar con la mía tía que hace tantos años vive sola y amargada en la Ciudad.

Tío.- Mi niña, ve con cuidado, porque aunque moza estás todavía, y aunque ya niña no eres, pasarás no desapercibida para galanes imprevistos y señores rufianes que atacarte puedan, en el honor y en tu virginal figura.

Marianita.- ¿Que me cuide de que me vayan a violar dices, el mío tío? Pues para que me mandáis por azufre, si tan preocupado estáis.

Tío.- Azufre, no, no, eso es cosa del Demonio, ni lo menciones. Bueno hija, pues apúrale, que ya se hace tarde y necesito mis aspirinas.

Marianita.- Presto, el mío tío voy. No hay de que preocuparse, ya llevo las monedas que me habéis dado, la lista la tengo en la cabeza y hasta puede ser que me alcance para unas galletas de coco para mí.

Tío.- Anda, anda... Ve a la Ciudad, yo, como soy hombre de fe, aunque sacerdote retirado, comenzaré a rezar por ti, y por tu buen viaje a la ciudad y que disfrutes con las compras.

Marianita.- Rezad, rezad por mí, el mío tío que ya caminando voy, lento pero seguro a la Gran ciudad que está solo a veinticinco kilómetros de aquí... Adiós, el mío tío.


Sale el tío, camina hacia atrás y se despide, en pantomima, de su sobrina... y Marianita camina en cámara lenta, también en pantomina, sin desplazarse primero, pero después sale completamente de escena, la que queda por unos segundos vacía.



Escena Segunda.


Entra Marianita con unas bolsas que indican que ya ha ido a hacer las compras del Súper. La iluminación ha cambiado y ya casi se hace de noche, es un atardecer tenebroso. Es una ciudad de nuestros días, pero una vez con aires anacrónicos como de una villa, como de cuento, con aires medievales.


Marianita.- Lo dicho, ya se está haciendo de noche, y veo sombras y presagios en este tenebroso atardecer del que soy víctima segura. Ah, si por ventura no hacer caso hubiera yo, al mío tío, hecho. Pero no, como él fue sacerdote cree que todo el mundo está a su servicio y ya se sabe, no es para agarrar su auto y viajar veinticinco kilómetros al súper, qué le cuesta, y me dijo además que fuera con la mía tía a resguardarme de la muy temible noche. Tengo miedo de que fulanos zarrapastrosos quieran atreverse con mi doncellez inmaculada, con mi virginidad sin contacto todavía. Temo que algún galán guapísimo o lo que sea me lleve al gozo seguro de mi primera vez... Tengo miedo de eso y más.

Pero qué veo, se ha encendido una luz, en esa casa es donde según recuerdo vagamente vive la mía tía, espero que no esté sorda porque ya es mucho muy mayor, tiene muchos, muchos más años que el mío tío y hace tanto que no la visito que espero no me vaya a desconocer y me conceda asilo nocturno. Espero que me reciba de buen grado y que tenga una buena cama y que la cama tenga sábanas limpias porque estoy muy cansada y ya no puedo cargar estás malditas bolsas.


Toca a la puerta.


Marianita.- Tía.... Tía, la mía tía.... Está ahí tía mía.... Tengo sueño... y ya me quiero dormir, tía.....


Se abre la puerta.


Tía.- Cada día trae una nueva sorpresa.

Marianita.- ¿Qué me dices, tía?

Tía.- Lo que oíste, so piruja, con que “éstas” tenemos

Marianita.- Qué le pasa, porque ese atrevimiento

Tía.- Aquí la única atrevida eres tú so impura, incestuosa, marrana

malparida.

Marianita.- ¿Incesto?, ¿yo?, ¿de qué me habláis? Yo solo vine a pedir albergue por esta noche

Tía.- Albergue, claro, eso es lo que te gusta, puta, folgar con muchos hasta que se te hinche la panza, ya me sé yo de esos tratos con los galanes, que te han de seguir como jauría, zorra.

Marianita.- No lo puedo soportar, gratuitamente y sin pruebas me acusas de incesto incluso.

Tía.- Con el mío hermano te han visto fornicar, mosquita muerta.

Marianita.- No lo puedo soportar... Yo solo quería pasar la noche

Tía.- De eso no me queda duda

Marianita.- Quería que me diera asilo, por una noche, porque fui de compras y...

Tía.- A mí no me vengas con historias, suripanta, lambiscona, lagartona. ¡Vete de aquí! ¡Pelandusca!, ¡Bribona!, ¡Maturranga!! A ver con qué jauría te revuelcas, pasa, pasa la noche con quien te recoja, y búscate ya la manera de no ser tan piruja, por favor, no me quites más mi tiempo. Adiós.


Le da un “portazo en la cara”, luego vuelve a abrir y se queda con las bolsas del mandado que Marianita había dejado en el suelo. Marianita se queda toda confundida y a punto del llanto. La escena cambia en torno a ella, camina lentamente, y la iluminación y algunos elementos escenográficos representan ahora un bosque con árboles amenazantes y caminos que conducen a lugares inciertos.



Escena tres.


Marianita.- (Solloza, se sienta en una piedra) Oh. Me siento ultrajada, siento como un estrés postraumático en todo mi ser. Es que eso de acusarme de incesto. Y con mi tío. Oh, Dios santo. Dios mío. Dios. Por qué no acudes en mi ayuda. Éste es el momento en que deberías presentarte en forma física o por lo menos de formas misteriosas, pero que yo te reconociera. O qué. Dios. Debo entonces pedir ayuda al enemigo malo, debo pedir entonces que venga el demonio. Está bien, que venga Satanás o las fuerzas del infierno, si es que tú, Dios, no me haces caso.


Silencio.


Marianita.- Oh, Dios mío. Estoy esperando alguna señal. Alguna cosa que pase. Estoy sola en un bosque tenebroso y soy vulnerable a cualquier peligro que me pueda acechar. No entiendes, Dios, que he sido víctima de ese engendro que me maltrató de forma tan gratuita. A quién se le ocurre. Que si me persiguen toda clase de hombres... ya ni sé cómo les llamó: Una jauría de hombres, sí. Pero si aquí ni hay hombres... Aquí solo hay... árboles. Y nadie, nadie que me pudiera violar, a mí que soy inocente y virgen.

Soy inocente y virgen.

Y nunca he hecho nada con mi tío, ni sentido nada por ningún familiar. Lo juro. ¿En en serio, Dios? ¿Ninguna señal? Soy Marianita, tu sierva más humilde. Hey, Dios, soy Mariana, Marianita, me llamo igual que tu madre. Sí, me pusieron Mariana en honor a María, la Virgen. Yo soy como tú, una Virgen y casi me llamo María. María...nita.

¿No? ¿Señal? ¿Alguna?

Que se caigan al menos las hojas de los árboles. O quizá puedes hacer que llegue un leñador lindo y joven, y fuerte y que me invite a su cabaña... a pasar la noche, y que me ponga un fuego en una chimenea romántica y me cante canciones de leñador y luego me lleve a...

¿Es mucho pedir? Un leñador. Puede ser un leñador fuerte y maduro que me cargue entre sus brazos... ¿No?

Qué hago yo aquí, una virgen indefensa en medio del bosque y sin ayuda de Dios. Ya sé, ya sé, sería el momento de mostrar mi fuerza y demostrarles a todos que yo puedo enfrentar los peligros y caminar hasta mi casa. Veinticinco kilómetros caminando hasta mi casa, ¿por qué no? Yo podría, yo puedo. Sí, yo puedo. Pero tampoco estaría mal que Dios me ayudara...

Qué tal y me encuentro con una jauría de hombres amenazantes y lujuriosos y entonces... ellos abusarían de mí, los veinticinco integrantes de esa jauría... No. Eso sería, muy, muy malo. Todavía si fuera uno, pero... veinticinco. Y soy virgen y vulnerable. No, mejor me encomiendo a Dios para que me ayude y me mande una señal de que todo va a salir bien y mañana pueda salir de aquí... Ya con las fuerzas recuperadas por un sueño reparador... y entonces sí, regresaré a mi casa y le diré a mi tío que mejor él vaya a hacer el súper.

Muy bien, me dormiré. Voy a pasar la noche aquí en este bosque tenebroso y no me pasará nada.

Se duerme.


Escena cuatro

Empiezan a sonar toda clase de amenazas nocturnas propias de un bosque tenebroso. Aullidos, sonidos de aves nocturnas. Pasan siluetas amenazantes. Sombras terroríficas. Una de ellas, se va convirtiendo en un personaje de “carne y hueso”, es Munguía, viste como un monje, parece estar viejo y jorobado. El hábito de monje le cubre la cabeza. Marianita no lo ve. El Monje Munguía está atrás de ella pero Marianita está tratando de dormir en el suelo, no se acomoda, y trata inútilmente de descansar junto a la piedra.


Marianita.- (Adopta una posición de suplicante para hablar con Dios, una vez más) Entonces en qué quedamos, Dios. ¿Nada? Eso de que tus caminos son misteriosos quiere decir que son muy misteriosos, eh. No me has mandado ninguna señal positiva. Nada que me pueda ayudar.

Munguía.- (Quien permanecía detrás de ella, le habla y la sorprende) Tal vez yo sí te pueda ayudar.

Marianita.- (Aterrada) ¡Ayyy!

Munguía.- Estabas pidiendo ayuda, hija mía.

Marianita.- No, la verdad, no estaba... Quién es usted, qué quiere.

Munguía.- Soy Munguía, pasaba por aquí.

Marianita.- Sí, claro, como estamos en una calle transitada, qué le pasa, por qué me habla, por qué estaba detrás de mí, me estaba vigilando, qué intenciones tiene conmigo. ¿Es usted un monje?

Munguía.- Ehhh... No soy monje. Y pues tú estabas pidiendo ayuda.

Marianita.- Ya. Eres un monje y te manda Dios para que me ayudes. Los milagros sí existen.

Munguía.- Los milagros, claro. Estuve escuchando que te trataron muy mal y que necesitabas ayuda urgentemente.

Marianita.- Pues no, pues sí... Pero, sabe, honestamente eso de que se presente en la casi oscuridad, con ese hábito de monje... Pues no me da confianza. Se puede quitar el hábito.

Munguía.- Eso quieres?

Marianita.- Para verle la cara. Nada más la cara, la capucha. Quiero verlo.

Munguía.- (Acepta quitarse la capucha y vemos que es tuerto y lleva un parche en el ojo). Pues este soy yo.

Marianita.- Mhhh. ¿Perdió un ojo?

Munguía.- Nunca lo perdí. Nací sin él, en lugar de ojo tengo...

Marianita.- No, no me diga.

Munguía.- Si quiere me quito el parche.

Marianita.- No, no, mejor así. Usted, además de todo... Huele mal.

Munguía.- Ah, ya sabe, soy anacoreta.

Marianita.- ¿Es usted qué?

Munguía.- Anacoreta, no soy cenobita... Trabajo por mi cuenta, es un decir...

Marianita.- No le entiendo. ¿Es un monje, no?

Munguía.- No vivo en comunidad, soy solitario... eremita... vivo solitario para la oración y el sacrificio.

Marianita.- Pues huele muy mal, ¿y además es cojo?

Munguía.- Bueno, sí es un decir... puedo caminar con bastón, pero...

Marianita.- Y jorobado.

Munguía.- Eso no, es cuestión de que me pare derecho... y ya ve.

Marianita.- Entonces no es un monje.

Munguía.- No. Ermitaño. Sí monje, pero no de una orden. Ermitaño. Soy un ermitaño.

Marianita.- Y usted dice que me va a ayudar. Me estuvo observando, mientras trataba de dormir.

Munguía.- Pedías ayuda. Yo puedo...

Marianita.- ¿Si?

Munguía.- Yo tengo buenos contactos... tengo la posibilidad de satisfacer tus deseos.

Marianita.- Ya estuvo. No, señor Anacoreta, no estoy interesada... Me hubiera gustado que me ayudara a regresar a mi casa.

Munguía.- Puedo hacer mucho más que eso...

Marianita.- No sé si creerle, no se le ve como muy capaz...

Munguía.- Tengo poderes.

Marianita.- No me haga reír... poderes cómo de qué... si se puede saber.

Munguía.- Puedo hacer de ti una mujer muy rica, poderosa, conmigo puedes tener todo el conocimiento de la humanidad, hablar todas las lenguas...

Marianita.- ¿Y puede hacer que me convierta en lo que yo quiera?

Munguía.- Sí... Nunca me habían pedido eso, pero puedo hacer algunos trámites, hablar con los de arriba...

Marianta.- Lo sabía... Usted no es un monje. Usted no tiene nada que ver con Dios... Usted es...

Munguía.- Lo descubriste.

Marianita.- ¡Un duende!

Munguía.- ¡No!

Marianita.- Un Gnomo.

Munguía.- Menos. Yo soy...

Marianita.- Qué.

Munguía.- Yo soy el Diablo.

Marianita.- (Se queda unos minutos sorprendida y no sabe si reír o pegarle. Decide darle una palmada en la espalda) Por favor, amigo. Para ser Diablo estás como muy...

Munguía.- Muy qué.

Marianita.- Pues así, como muy... Discúlpame, no te ofendas, pero yo pienso que el Diablo se ve así, más poderoso, más como Jefe, ¿no? Tú apenas como Ana... Anacoreta.

Munguía.- Anacoreta. Soy un Diablo menor. Pero en la jerarquía de los demonios tengo licencia para hacer pactos, tentar a los inocentes, meterme en los orificios, ocupar el cuerpo de las cabras y meterme en la cabeza de los que hacen yoga.

Marianita.- Es decir que sí me puedes enseñar a convertirme en lo que yo deseo.

Munguía.- Sí, puedes hacerlo, ya después, si te conviertes en súcubo, con los años... y puedes hacer lo mismo que yo... O mejor, puedes hacer caer en la tentación a los que se encuentran perdidos, a quienes no saben qué hacer con sus vidas, a las víctimas de suicidio...

Marianita.- Sí, sí, ya entendí. Pero para eso tienen que pasar muchos años. Y primero me vuelvo yo también demonio.

Munguía.- Súcubo. Después de muchos muchos años, al menos siete, pero antes tienes que renunciar a tu alma.

Marianita.- Ah... Nada más.

Munguía.- Y firmar un contrato.

Marianita.- ¿Firmar? ¿Con mi sangre?

Munguía.- Puede ser un contrato verbal, como de Señores, como de caballeros.

Marianita.- Como de caballeros... Es decir que tú sí tienes muchos muchos años... como desde la Edad Media... o Desde antes.

Munguía.- Y una cosa más. Tienes que renuncia a tu nombre.

Marianita.- Estás cabrón, amigo. Renunciar a mi nombre, por qué. ¿No te gusta Marianita?

Munguía.- Ni lo digas, no por favor.

Marianita.- Qué tiene de malo Marianita. Es como María y Anita.

Munguía.- (Se pone mal cuando escucha el nombre)Ya, por favor. Me empiezan a salir úlceras. No lo digo por Anita. Mmmm... María es la más grande protectora de los seres humanos y tiene declarada una cruzada en nuestra contra. Nosotros los demonios somos sus más odiados enemigo.

Marianita.- No amigo, ¿renunciar a mi nombre? No creo. Y qué es lo que me puedes dar.

Munguía.- Dinero, fortuna, conocimiento... Y puedes ser experta en las siete artes liberales...

Marianita.- ¿Las artes?

Munguía.- Todo el conocimiento, más allá de lo que tú pudieras imaginar.

Marianita.- Ya veo... Me parece que necesitas como desempolvarte un poco, pero Va.

Munguía.- ¿Entonces accedes a quitarte el nombre? Podrías llamarte por ejemplo Emecita.

Marianita.- Qué es eso.

Munguía.- Conservarías la letra M de tu nombre, podrías llamarte Eme: M.

Marianita.- Eme... de no mames... No mira, no me cambio el nombre: soy Marianita.

Munguía.- Es en serio, Es un poco infantil, no crees, además es un diminutivo.

Marianita.- Sí. No lo había pensado. Puedo ser desde ahora simplemente Mariana.

Munguía.- Lo siento, no puede haber trato, tienes que renunciar a tu nombre. Puedes llamarte simplemente M.

Marianita.- Simplemente M. Puedes ponerme el nombre de un demonio.

Munguía.- Puedes elegir el nombre de un súcubo.

Marianita.- Súcubo, ese me gusta, puedes decirme Súcubo. Suena bien, va que va.

Munguía.- Ese no es un nombre, así se les dice a los demonios femeninos.

Marianita.- Súcubo me gusta, ese será mi nombre.

Munguía.- Como tú quieras, desde ahora serás Súcubo, recuerda este es un contrato de palabra. Y ya has aceptado.

Marianita.- ¡Ya acepté? ¿Yo? ¡Cuándo?

Munguía.- Y otra cosa que no te había dicho claramente. Tendrás que dormir conmigo.

Marianita.- Como, cómo, cómo.

Munguía.- Es parte del contrato. Tú ya estuviste de acuerdo.

Marianita.- ¿Yo ya estuve de acuerdo? ¿Donde firmé?

Munguía.- Te dije que se trata de un convenio verbal. De caballeros.

Marianita.- Ya me perdiste.

Munguía.- Un contrato de palabra. Tú me dijiste: estoy de acuerdo. Y eso, Súcubo, se tomó en el infierno como una aceptación. Ya está hecho tu ingreso.

Marianita.- Ya. Entonces ya no hay vuelta atrás...

Munguía.- No.

Marianita.- Ya. (Pausa) Y me vas a enseñar las siete artes liberales.

Munguía.- Muy pronto, y vas a tener tu cuenta en el banco, y tarjetas de crédito y vas a poder hablar muchos idiomas... Todos los idiomas.

Marianita.- Y puedo convertirme en lo que yo quiera.

Munguía.- Con los años, pero antes tienes que ayudarme a condenar algunas almas, primero debemos condenar unos setecientos falsos creyentes ya en tus funciones de Súcubo.

Vamos, vamos a una taberna

Marianita.- Podemos ir a donde tú quieras, pero me prometes que te vas a cambiar de ropa, y por favor, ya las tabernas están en desuso, podemos ir a un bar.

Munguía.- Déjame pensar y ahora te digo. Vamos primero a que tú te cambies de ropa... No puedes ser un demonio si te ves como una inocente virgen.

Marianita.- Es que porque soy una inocente Virgen.

Munguía.- Ajá. Eso tiene remedio, Súcubo, eso tiene remedio. Ven, nos vamos a divertir. Al menos yo. Ven, vamos, no tengas miedo. Acabas de firmar tu destino.


Desaparecen en un acto de magia con ayuda de la luz y de la tramoya. Marianita aterrada, pero totalmente incapaz de hacer nada.



Escena cinco


Marianita sentada en la mesita de un bar ultramoderno, en una plataforma, con la iluminación de una mesita de metal que tiene una cubierta de vidrio y que incluye iluminación de varias tonalidades. Música propia del bar del siglo XXII. Ella, muy de coctel, muy sexy, alta costura, buen gusto.



Marianita.- Y quién lo fuera a decir... Mi amoroso tormento, mi Demonio personal, el que aparecía como un viejo tambaleante surgido de los primeros años de la Edad Media, me tiene dominada, esperando, a ver a qué hora se le ocurre llegar.


Por medio de un mecanismo ingenioso su copa se llena de un líquido de color azul,


Estoy cansada de tantos muertos. Munguía me ha hecho trabajar de más... Con todas las almas que he logrado cosechar... con todas las almas que pertenecían a cuerpos lujuriosos... me he tenido que involucrar, digamos.

Cuántos y cuántas han sido... Setecientos cuarenta y tres hombres y cuarenta y cuatro mujeres... Yo no sé por qué no le gusto tanto a las mujeres. Munguía es mi proxeneta... El me las lleva a la cama... Yo ni siquiera tengo que esforzarme en conquistarlas ni nada de eso... Munguía hace que aparezcan en mi cama, ya casi en cueros, y pues cuando tratan de besarme, cuando me quitan el vestido, cuando me dejan totalmente desnuda, aparece Munguía y se las lleva al Infierno.


Se toma la bebida azul, y por medio de un mecanismo, la copa de Mariannita se llena de un líquido rojo que ella observa con detenimiento.


Me gustaría por lo menos hacer sufrir a esos cuerpos lujuriosos. Al menos me gustaría que se dieran cuenta de que sus almas se han perdido para siempre... Como la mía.... (Bebe de su copa roja) Y a cambio de qué.

Munguía me prometió poderes... Transformarme... en lo que yo quisiera... Y he aquí que solo soy una gran prostituta, y el es mi proxeneta. Es lo que pasa por hacer tratos con el Diablo. Y además un Diablo menor. Todavía si me hubiera tomado en sus garras Satanás, Luzbel...


Toma un trajo de su bebida roja.


Es cierto que me dio el conocimiento de las Siete Artes liberales... Me dio el conocimiento del Trivium y del Cuadrivium... Ahora soy experta en Retórica, Gramática y Lógica... También domino la Aritmética, la Geometría, la Música y la Astronomía... Tal y como los sabios de la Edad Media conocían todo lo que se podía conocer en el siglo TRECE... Soy una experta de todo lo que se sabía y se supo durante el siglo XIII. Sí, es bastante, sí, ya quisieran muchos (y muchas) saber todo lo que yo sé... Pero mi querido Munguía, no podías por lo menos haberte actualizado... No tenías la posibilidad ya que eres demonio de pedir una actualización en Google, no podías al menos tener la cortesía de incluir el infinito conocimiento que hay en Internet... Al menos los conocimientos que hay en Wikipedia, ¡Chingao!

Bueno, yo podría tomarme la molestia de meterme a las páginas que yo quisiera, y darme cuenta de lo que sé y de lo que se sabe hoy en día... Yo, podría, sí, pero Ay, qué-floje-ra.

Prefiero seguir matando almas.

Hace unos días unos cretinos... Estaba yo con Munguía Y él se puso a platicar con los parroquianos, en este mismo bar... Los parroquianos se dieron cuenta de que yo, muy linda, riquísima, buenísima, cintura, pechos, mamacita, cadera de fuego, pues querían todo conmigo. No sabían los ilusos que si acababan conmigo acababan con su vida y sus almas incluidas... Y muy perra les dije que si me seguían mirando como si quisieran penetrarme con la mirada... pues iban a acabar muy mal. Y en eso interviene Munguía y les informa que yo soy una mujer muy sabia.. Así, dijo: “Mujer y sabia”... como si las dos palabras fueran Agua y Aceite. Mujer-sabia. Y sí, lo soy, soy tan sabia y culta como la más culta persona del siglo XIII, de la Edad Media, se entiende... Y los borrachines me trataron de poner a prueba... Hicieron que les dijera cuantas gotas había en una bebida como la que estoy tomando, cuántas gotas, ni más mi menos...

Y pues yo cálculos aritméticos sí los sé hacer, y sé hacer también el estudio de todas las constelaciones, tal y como se veían en el siglo XIII, en Europa... Pero lo cierto es que me fastidió el modito, las miradas de lobito de caricatura, las braguetas hinchadas que me preguntaban:: “Cuantas gotitas tiene tu copa, mamacita”... Y Pues como a mí realmente me molesta que piensen en que si una mujer es sabia, si una mujer es culta como yo... Pues se supone que se debe a que es una mujer malvada, una bruja, una hechicera... O que ha hecho un pacto con el Diablo.... Una mujer que sabe mucho es una mujer endemoniada.


Pausa


Toma un trago de su copa. Reflexiona.


Ya sé, ya sé... Ese es mi caso. Pero no se trata de si Yo hice un pacto con el Diablo y por eso sé todo lo que sé. Lo que me molesta es la actitud, la misoginia, el menosprecio. Como si ser mujer estuviera peleado con el hecho de ser sabia y culta como yo. El día que no se tenga que decir: “Es una mujer muy sabia”, pues ese día hablamos. Alguien podría decir simplemente: Es muy sabia. Es muy inteligente. Es una eminencia. He dicho.

Maldito seas, Munguía, por qué no me concediste el deseo de transformarme en lo que yo desee. Te juro que si pudiera me transformaría en ave, en lagarto, en gato negro, para que no digan.

Sí, pues en lo que me convirtió Munguía es en Súcubo. Si hasta me quitó mi nombre. Ya no puede decir mi nombre. MMMM. MMMMM. No puedo. Lo único que puedo decir es M. Eme. Hubiera aceptado el nombre de Eme. Emecita en vez de MMM, en vez de como me llamaba. Me quitó el nombre ese cabrón. Creo que puedo quedarme con el nombre de Eme. O Emecita... Suena fatal.

Veamos qué nos cuenta Google de los Súcubos. A ver. (Saca su celular y lee...) “Súcubo”: “Demonio que toma la forma femenina”. “Demonio que toma la forma de mujer atractiva...” -Véase- ...”para seducir a los varones”. -Información incompleta, también a otras mujeres- “Sobre todo a los adolescentes” -Y a toda clase de tipos calientes- ...”y a los monjes”. -Ya esos no abundan, debo aclarar- ... “y se introducen en sus sueños y fantasías.” “En general son mujeres de gran sensualidad”, -course-, “y de una extrema belleza incandescente”... -Bárbaro- “...la existencia de los Súcubos explica el hecho de las poluciones nocturnas, sueños húmedos, y la parálisis del sueño”.

Pues... no... Yo generalmente no me aparezco en los sueños... A mí Munguí me lleva a los sujetos y... Y Eso sí, los tipejos, los borrachines que trataron de ponerme a prueba, con eso de que contaran las gotas... de mi copa... pues terminaron en mi cama... Y como siempre no pasó más allá de que me desvistieran, y de que trataran de besarme... Y cuando eso sucedió, pues murieron. Sus almas ya se sabe...


Y hablando del Infierno, el único que ha tenido trato carnal, a sí dice el, conmigo, pues es Munguía. No lo hace tan mal. En verdad es el único que lo ha hecho conmigo... Ya siete años... hace ya siete que me somete, me amarra, me viola y con gran imaginación me sorprende en infinitos delirios de placer. Pero debo confesar que no he tenido manera de compararlo con nadie.



Se escucha una gran explosión... y el escenario se ilumina de tonalidades rojas, violetas y azules.

Aparece La Tía, con un aspecto de ser celestial, de imagen religiosa que no deja de tener algo de espectral, lleva un manto color violeta y una corona que la hace aparecer como una divinidad a pesar de su rostro y maquillaje poco angelical.



Escena seis


Tía.- ¡La mía sobrina!

Marianita.- ¿La mía tía?, ¿pero no que te habías muerto?

Tía.- He muerto, la mía sobrina, y por mi propia mano, pero he sido perdonada.

Marianita.- Cómo así que has sido perdonada, pero, y por qué, tú misma te cortaste el cuello según supe.

Tía.- Me degollé, me degollé... Lo admito. Fue un momento de locura.

Marianita.- Y muy loca que tú estabas, la mía tía, pero cómo es posible que tengas esa aureola que es más de los santos, y de las religiosas que han llevado una vida terrible, de sacrificio y de penuria y que al ser martirizadas llegaron a convertirse en las santas de la Iglesia y ahora hacen milagros.

Tía.- Precisamente, sobrina la mía... No mal encaminada estáis.

Marianita.- No mal encaminada, pero si por algo estoy aquí, si por alguien llevo una vida de perdida, de perdición... es por tú culpa, por tu maltrato, fui tu víctima y por eso me tienes aquí, convertida en demonio primerizo, en Súcubo, he tenido que matar gente, he perdido mi nombre, y he tenido sexo intenso con el Diablo, durante siete años...

Tía.- Pecadora.

Marianita.- Ya vas a empezar.

Tía.- Pecadora, mala pécora, alma de Satanás, mujer impura, ente deleznable, súcubo infernal, mal parida... te espera una eternidad de castigos sin fin.

Marianita.- Te digo.

Tía.- Así es sobrina, yo he venido...

Marianita.- ...A acabar de fastidiarme.

Tía.- A lograr que te arrepientas.

Marianita.- Ja.

Tía.- Que vayas por el camino correcto.

Marianita.- Ja, ja, ja, ja ja.

Tía.- Cómo tú quieras. A mí me encargaron que te diera el mensaje.

Marianita.- Sí, y quien te mandó de mensajera, ¿Dios?, ¿la Virgen M? Mmm.

Tía.- María. Sí. Dios obra de formas misteriosas.

Marianita.- Eso tenía entendido, pero yo le pedí ayuda y...

Tía.- En este caso fue la Virgen, la que me envío contigo.

Marianita.- Y ella por qué no se me apareció, ya sabes, hay maneras en que se manifiesta, por medio de señales en las nubes, a veces aparece en pan tostado, como una pintura, en una foto, en una escultura de arena hecha por un niño...

Tía.- Me envío a mí, no tenía tiempo de aparecerse, ahora tiene muchas ocupaciones en la tele.

Marianita.- Sí, sí, supe...

Tía.- Hace milagros... y lo que tú necesitas es un milagro. Pero primero tienes que arrepentirte.

Y así quizá puedas salvar tu alma.

Marianita.- No, amiga, digo, la mía tía. Yo ya estoy condenada, ya hasta soy Súcuba.

Tía.- Todavía es tiempo, te digo, el hecho de que no hayas renunciado a tu nombre te salva.

Marianita.- Pues la verdad es que sí renuncie a mi nombre. Ya no puedo decir Mmmm. Solo puedo decir Mmm.

Tía.- Lo ves, no todo está perdido. Tú ya no tienes nombre, pero eso significa que tu alma se haya condenado, no del todo. Esa M que puedes todavía pronunciar es la m de María, esa letra te puede todavía salvar.

Marianita.- Mmmm. Mmmmm. No sé. Es... muy poquita cosa. Pero dices que es la M... la de Mmmm. La M de M... Del nombre que tenía. ¿Emecita no? No sé.

Tía.- Estás a tiempo de salvar tu alma, y de salvar tu nombre, Marianita. Mariana.

Marianita.- Mira, tú sí puedes decir el nombre completo. Mmmm. Mmmmm. No sé. No sé... no sé si quiera salvarme, así de Súcubo estoy bien.

Tía.- Estás feliz de vivir como alcohólica y solitaria alma perdida en un bar

Marianita.- Feliz, feliz... Yo... pues tengo mucho sexo, y mato gente...

Tía.- Precisamente, la Virgen está preocupada porque ya llevas setecientos cincuenta almas en tu cuenta... Y si quieres salvarte, puedes arrepentirte, luego confesarte, después hacer unas penitencias, unos cuantos latigazos estaría bien, cilicios, pedir perdón, ir al vaticano y ahí el Papa te daría el castigo que mereces, unos cuantos años hasta que mueras y ya tu cuerpo inservible se quedaría en la tierra, pero tu alma sería perdonada.

Marianita.- Y me voy al cielo.

Tía.- Sí, creo que tú ya no pasarías por el purgatorio, pero el castigo que te pondría el Papa es severo.

Marianita.- Muchos trámites eh.

Tía.- Muchos.

Marianita.- Y tú tuviste que pasar por todo esto.

Tía.- Mi caso no fue tan grave.

Marianita.- Déjame lo pienso. Yo te mantengo informada.

Tía.- Como tu quieras, hija mía. Yo estaré atenta. Reflexiona, arrepiéntete, piensa que tu alma estaría condenada por toda la eternidad. Por toda la eternidaaaad.



La tía desaparece en un despliegue de luces, sonidos y ruidos extraños con algo de celestial.



Escena siete.


Se representa Otra vez al espacio Bosque.

Marianita se sienta en una piedra. Ella sigue vestida de coctel, con su bolso. Saca del mismo su celular, y después saca un espejo... se mira intensamente.


Marianita.- “La eternidad”. La Eternidad”... Cuanto puede durar eso... ¿Más que el Sol? ¿Más que el Universo? Cuánto duran las almas... Eso sí que no lo sé. Yo no sé si voy a aceptar. Tanto trámite y luego el castigo que me dijo mi tía... debe de ser un castigo espantoso, para que lo ponga un Papa. Y qué tal si...


Se levanta y se vuelve una fuerza maligna, toda la iluminación contribuye a que Marianita haga una invocación


Marianita.- Escuchad demonios, esta vez, me toca a mí, Ángel malvado, Belcebú, a ti te llamo, o llamo a Satanás, ven a mí, soy tu hija, estás a punto de perder una de tus más útiles servidoras, ven a mí, Satán, escucha mi petición, soy tuya, no quiero más que envíes demonios inferiores, llega a mí, hazme tuya, yo quiero ser parte de la eternidad, pero en el mal, contigo, ven a buscarme llévame a las llamas del infierno, llévame a las llamas eternas de tu reino!!!


Gran efecto de pirotecnia en el que Marianita está expectante, se oyen zumbidos y hay humo y efectos de gran espectáculo.

Silencio.

Del fondo del escenario, vemos surgir a Munguía, perfectamente ataviado de traje moderno, sigue con el parche en el ojo, pero se ve elegante y atractivo. Se ve serio, molesto, traicionado, pero seguro de sí mismo.


Marianita.- Eres tú.

Munguía.- Me has llamado.

Marianita.- Te ves molesto.

Munguía.- Es lo que haces. Me pones mal. Llamaste a Otro.

Marianita.- Llame a Otro. Por qué vienes tú.

Munguía.- Porque tú me llamaste, soy el enviado que te toca, soy el enviado de Satanás. Todo para ti.

Marianita.- No, yo no llamé a... Déjalo. No importa.

Munguía.- Me traicionaste. Pensaste en irte con ella, la que trata de destruirnos.

Marianita.- No, espera...

Munguía.- Sabes lo que yo hice alguna vez con alguien como tú, otra, Drusiana era su nombre, y lo perdió, y luego lo recuperó...una mortal condenada que se fue con... nuestros enemigos, que se atrevió a tratar de cambiar, de liberarse del yugo del Demonio, de librarse del castigo infernal.

Marianita.- No lo sé, seguro me lo vas a decir.

Munguía.- ¡Basta de impertinencias! No estás en una buena posición, Súcubo.

Marianita.- (Seria) Qué fue lo que le pasó, a la que castigaste, a ¿Drusiana? se fue con nuestros enemigos...

Munguía.- Se portó mal, conmigo, eso fue hace siglos...

Marianita.- Entiendo.

Munguía.- Quiso arrepentirse, pensó que todavía tenía salvación...

Marianita.- Y por qué pensó eso, se le apareció la Vir...gen... ¿La invocó?... Bueno, la llamó, dijo sus oraciones, se arrepintió de sus pecados, era una pecadora, como yo?

Munguía.- Era una pecadora, más pecadora que tú, y también tuvo tratos conmigo, durante siete años...

Marianita.- También, como yo, siete años.

Munguía.- Se le apareció, nuestra mayor enemiga, de formas misteriosas... era Navidad... El nacimiento de... Ellos.

Marianita.- Sí, el nacimiento de Cristo y la Virgen Maa.

Munguía.- Nooo, noooo, no digas esas palabras, nunca, nooooo

Marianita.- Disculpa, no sé en que estaba pensando

Munguía.- Pero sí... se le apareció, en un Nacimiento, en un enorme Nacimiento... y ella, nuestro mayor problema, de la que somos enemigos jurados!!!

Marianita.- Se le apareció Maaa, La Vir... gen.... en un nacimiento, gigante...

Munguía.- ¡Cállate! Se le apareció ese engendro del Bien, y la miro a los ojos, y le dijo: Hija mía, Drusiana, tú eres la más pecadora, la más humilde pecadora, pero aún es tiempo, y puedes ser perdonada... Y puedes recuperar tu nombre. Tu alma y tu nombre.

Marianita.- Así es, siempre se puede uno arrepentir y recibir el perdón... Yo estuve con... Mi tía y ahora ella es...

Munguía.- (La ignora) Y sabes qué le hice yo a Drusiana, a esa muchacha desagradecida con la que viví durante siete años...

Marianita.- Seguro me lo vas a decir.

Munguía.- La llevé al cielo, hice que se elevara hasta la altura de las nubes, con mi poder con la ayuda de todo lo infernal del universo hice que se elevara hasta las nubes... ¡y la dejé caer!

Marianita.- Madre.

Munguía.- Ese es el castigo que reciben quienes me traicionan.

Marianita.- Yo te juro que...

Munguía.- Conmigo no jures. Has cometido muchos errores.

Marianita.- Así es. Me equivoco mucho, pero te confieso algo... Ejem... Yo me equivoco tal vez pero lo cierto es que no me dejan muchas opciones.

Munguía.- Deberías agradecer...

Marianita.- Déjame hablar. Yo... tengo que elegir entre ser un Súcubo, un demonio eficiente, y sufrir un horrendo castigo para supuestamente salvar mi alma. He sido un Súcubo muy capaz, pero no se me toma en cuenta, no se me valora. Y luego, el otro lado. Tengo la oferta de “salvar” mi alma y que mi futuro durante toda la Eternidad sea en el Cielo... y tengo que hacer infinitos trámites para tratar de conseguir el perdón... el perdón de algo que ni siquiera yo planeé, de asuntos que han venido a mi vida sin que yo lo decida. Nunca he hecho nada en mi vida que haya sido planeado por mí. Y Ahora resulta que tengo que arrepentirme.

Munguía.- Sí, desde que naces estás destinada a arrepentirte.

Marianita.- Por qué.

Munguía.- Por el Pecado original.

Marianita.- Por qué.

Munguía.- Ah, es largo de explicar. Bueno, Eva tuvo la culpa de todo porque obligó a Adán a comer el fruto prohibido y entonces Él... (Señala al cielo) los expulsó del Paraíso... Y pues entonces tienes que pagar.

Marianita.- Sí, yo sabía todo eso, no sé por qué lo sé, pero lo sé...

Munguía.- Sabes todo eso y más porque...

Marianita.- Sí, sí, sí... Y escúchame... Qué significa eso de que tenga yo que confesarme, y si es así, con quién me tendría que confesar.

Munguía.- Con un sacerdote.

Marianita.- Sí, como no...Con un sacerdote que ni conozco y que tal vez no sea mejor que yo... Y, luego, además tengo que darme de latigazos.

Munguía.- Como Penitencia.

Marianita.- Espérate, y esa es la Penitencia pequeña, porque para que logre salvar mi alma tengo que pagar con un castigo ejemplar hasta que me muera, y entonces ya...

Munguía.- Según ellos tienes que morir después de un terrible castigo y entonces ya llega un Ángel lleno de misericordia y te libera de las argollas.

Marianita.-¿Cómo?

Munguía.- Ah, no sabías, es un castigo espeluznante, ya ni en el Infierno hacemos eso.

Marianita.-Y cómo es, el castigo.

Munguía.- Tienes que vivir desde ahora y hasta que te mueras con dos argollas, una en cada muñeca.

Marianita.-Así, una en cada muñeca. Ajá.

Munguía.- Ah, pero tienes que estar inmovilizada, en una cama, o tal vez en el suelo.

Marianita.-Y me dan comida, o qué, esperan a que me muera de hambre.

Munguía.- De alguna forma te alimentan. Pero lo peor no son las dos argollas de hierro forjado en las muñecas.

Marianita.- Son de hierro, o de acero.

Munguía.- De metal... sin duda. Lo peor es la tercera argolla te decía, es en el cuello.

Marianita.- ¡No!

Munguía.- Sí.

Marianita.- Entonces estoy totalmente inmovilizada, con sos argollas en las muñecas y una en el cuello, y en el suelo.

Munguía.- Tal vez puedan ponerte de pie. Pero siempre inmovilizada.

Marianita.-Y así, hasta que me muera.

Munguía.- Y ya después llega el Ángel y te lleva al Cielo.

Marianita.- Muy bien. Todo “sencillo”.

Munguía.- Como ves no es nada “sencillo”. Y ellos son los “buenos”. Puedes quedarte conmigo, si así lo decides.

Marianita.-Déjame sola por favor.

Munguía.- Te dejo sola, pero ya no me vuelvas a invocar, a menos que hayas tomado una decisión.

Marianita.- Te lo haré saber...

Munguía.- Hasta luego.

Marianita.- Sí.


Munguía sale de escena discretamente.

Mariana se queda pensativa. Sentada en la piedra.


Marianita.-Te lo haré saber. Tal vez.


Cambia la escena. La iluminación es ahora blanca y nos indica que estamos en una Clínica. Concretamente en el consultorio de un psiquiatra. Mariana se va cambiando en el escenario, y sustituye su vestido provocativo por un vestuario sencillo y cotidiano.

Ella no se ha movido del lugar en el que estaba, ha sido el consultorio el que ha llegado a Marianita. De tal forma que ella pueda estar sentada en una pequeña sala de espera, junto a una puerta. Y detrás de esa puerta estará un escritorio al que llegará más adelante el Psiquiatra.



Marianita.- Otra vez llegué tarde, y una vez más tengo que esperar a que el doctor me reciba. No entiendo los tiempos de estas personas. Puedo tener una crisis psicótica, puede que se me haya acabado el medicamento y que haya asesinado a alguien y no, lo cierto es que puedo llegar tres horas tarde y este señor no me recibe.


Del otro lado del que espera Mariana, llega el Psiquiatra. Lo vemos acomodar sus cosas. Prepararse para una nueva consulta, prende una lámpara ubicada en su escritorio, se prepara. Y una vez dispuesto, va y le habré la puerta a Marianita.


Psiquiatra.- Puedes pasar, hija.

Marianita.- ¿Ya era hora, no cree?

Psiquiatra.- Ya veo que has tomado tus medicamentos, te veo muy bien.

Marianita.- ¿Es ironía Doctor?, no, no me los he tomado todos, y he tenido un rebrote.

Psiquitra.- Otra vez los demonios.

Marianita.- Ángeles. Demonios. Y hasta la Virgen que era mi Tía.

Psiquiatra.- La Virgen era tu tía.

Marianita.- Se degollaba y luego la perdonaban y se convertía en una especie de Ángel del bien, quería que me arrepintiera.

Psiquiatra.- Qué has tomado.

Marianita.- El Tafil, el Zocodín y la Fluoxetina.

Psiquiatra.- Quedamos en que Fluoxetina no estaba indicada. El litio.

Marianita.- Sí. La verdad solo tomé el tafil... y sí, sí me puso...

Psiquiatra.- Cómo.

Marianita.- Tuve experiencias muy vívidas.

Psiquiatra.- Ya. Otra vez los colores.

Marianita.- Los colores, las formas, los olores, sexo...

Psiquiatra.- Sexo. Volviste a la fantasía de que tenías diecisiete años y eras virgen.

Marianita.- Y casi veo al Papa, lo que sí no pude lograr es entrevistarme con Dios ni con el Espíritu Santo.

Psiquiatra.- Eso me queda claro. Y tuviste episodios tranquilos o hubo sufrimiento.

Marianita.-Evité el castigo. Me iban a poner unas argollas en las muñecas y otras... y otra argolla en el cuello. De metal.

Psiquiatra.- Ajá.

Marianita.-Pero una cosa puedo decir que es reconfortante.

Psiquiatra.- Eso me parece bien.


Silencio. Pausa.


Marianita.-Ah, quiere que le diga.

Psiquiatra.- Solo si tú quieres.

Marianita.-Pues que he tomado una decisión. No estaré ya del lado del bien, ni del lado del mal. Creo que ninguno de esos lados me conviene.

Psiquiatra.- Ni del bien, ni del mal.

Marianita.-No en un sentido estricto. Creo que será mejor que viva como hasta ahora, sin creer realmente en nada, sin pensar en que hay un más allá, ni nada celestial ni nada infernal. Creo que voy a vivir en la tierra, y que voy a estudiar.

Psiquiatra.-Eso... Mariana, me da mucho gusto. Me parece un gran cambio.

Marianita.- Voy a ejercer mi libre albedrío y voy a estudiar. Voy a estudiar las siete artes liberales.

Psiquiatra.- (Preocupado) Cómo, ¡las siete artes?

Marianita.- Sí, es cierto. Voy a estudiar ciencias. Quiero conocer el Universo, las partículas grandes y las pequeñas.

Psiquiatra.- Ciencias. Esa es una buena elección. Pero vas a tomar tus medicamentos, ahora sí.

Marianita.- Mis medicamentos. ¿Todos?

Psiquiatra.- Tal vez no todos. Han llegado nuevos fármacos que no te producen efectos secundarios. Y como veo progresos en ti es importante que hagamos la prueba. Toma, es una sola pastilla y te sentirás bien.

Marianita.- ¿Ningún efecto secundario? Me lo asegura.

Psiquiatra.- Casi ninguno, toma, una sola pastilla.

Marianita.- Esta bien, tomaré el medicamento. Porque confío en Usted. Usted es una buena persona y un buen médico.

Psiquiatra.- (Le da la pastilla con un vaso de agua. Marianita la toma con avidez) Estarás libre de alucinaciones y sin somnolencia.

Marianita.- Es decir que podré ejercer mi libre albedrío, como mujer y como persona.

Psiquiatra.- Así es.

Marianita.- Sin Dios ni Diablo.

Psiquiatra.- Esa será tu decisión Siempre esa será tu decisión.

Marianita.- Aquí en la tierra, siempre aquí en la tierra.. Aquí en la Tierra... Como en el Cielo.

Psiquiatra.- No entiendo, Marianita. ¿Te sientes bien?

Marianita.-(Alterada) Estás hablando conmigo, ¿Satanás?

Psiquiatra.- Soy el doctor Munguía.

Marianita.- Munguía es ése su nombre, es Satanás, eres tú.

Psiquiatra.- Calma, hija mía.

Marianita.- ¿Está bien que me diga hija?, es correcto?

Psiquiatra.- No lo es, no lo volveré a hacer.

Marianita.- El mío tío me mandó por azufre, yo soy un Súcubo, dormí con Satanás, ¿eres tú el Diablo? ¿El Diablo?, ¿Satanás? No aceptaré las argollas. ¡No me pidan que pase toda mi vida, todo el resto de mi vida con argollas en el cuerpo! ¡Quiénes se han creído! No voy a ser una esclava sexual ni mucho menos una vida torturada! ¡Entiéndelo, Munguía y que lo entienda Dios, que lo entienda el Papa! ¡Soy libre, yo soy Mariana, no soy Marianita, soy yo Mariana. Soy yo, yo en la Tierra, y soy libre, lo entiendes Munguía... Soy libreeeeee. ¡Libreeeeeeee! Sin Dios y sin el Diablo.


Eso no existe.


El Psiquiatra se va, lentamente con expresión neutra. El decorado de la clínica deja de verse. Mariana sola bajo un cenital en un rapto de intensidad está sola

y tranquila.


La luz lentamente se va hasta que se hace el


Oscuro FINAL


Ciudad de México

©®

2020




Seguidores

Benjamín Gavarre

INSTRUCCIÓN ACADÉMICA:


Licenciatura en Literatura Dramática y Teatro: UNAM. Facultad de Filosofía y Letras. Ciudad Universitaria. Promedio final 9.08 (UNAM 1981-85). Titulado en 1993 con mención honorífica. Tesis: Elementos del Teatro Surrealista y del Absurdo.


Maestría en Literatura Comparada, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM 2000-2002. Promedio de 9.25 (Obtuvo el grado con mención honorífica en junio 9 de 2005). El tema de la tesis es sobre la construcción de la imagen del personaje “Emperatriz Carlota” en la dramaturgia mexicana y francófona siglos XIX a XXI a partir de una perspectiva histórico-imagológica.



    1. IDIOMAS

  • Francés : IFAL, CELE. Diploma de dominio por el CELE

  • Inglés: Diploma de comprensión por el CELE (Centro de enseñanza de lenguas extranjeras, UNAM).



2) TRABAJO ACADÉMICO

  1. INVESTIGADOR

  • IIFL, UNAM. Becario en el proyecto sobre archivos de la Inquisición en la Nueva España: “La otra palabra”, a cargo de la Dra. Mariana Masera del seminario de Poéticas del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, desde octubre de 1999 a octubre de 2002.

Ponente en el XIV Encuentro Nacional de Investigadores del Pensamiento Novohispano. UAZ. Zacatecas noviembre de 2001. Ponencia: “La selección de información en algunos procesos inquisitoriales del siglo XVII”. Moderador en el Coloquio “La otra palabra”, el 18 de abril de 2002.

  • Investigador y compilador de textos dramáticos en francés para la Antología de textos de letras modernas de la Facultad de Filosofía y Letras (2007).


        1. DOCENCIA EN TEATRO NIVEL SUPERIOR
  • EAT (Escuela de Teatro del INBA). Profesor suplente de Historia del Teatro I (1997)

  • PROFESOR EN LA UAM

      1. Como profesor interino: Historia del teatro, teatro de los Siglos de Oro Español. Narrativa modernista y naturalista. Año 2001

  • PROFESOR EN LA UNAM

—FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS. Licenciatura en literatura dramática y teatro. Profesor de asignatura: MORFOSINTAXIS Y COMENTARIO DE TEXTOS I Y II (Ahora llamada Análisis de textos I y II) (1999-a la fecha de hoy).

—FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS. Licenciatura en literatura dramática y teatro. Profesor de asignatura en la materia TEATRO VIRREINAL I y TEATRO IBEROAMERICANO II. (Desde 2003-1 a la fecha de hoy).

—FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS. Licenciatura en literatura dramática y teatro. Profesor de asignatura en la materia HISTORIA DEL ARTE TEATRAL I Y II (TEATRO GRIEGO, LATINO, MEDIEVAL Y RENACENTISTA) (Desde 2003-1 a la fecha de hoy).

—FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS. Licenciatura. Profesor de teatro de los Siglos de Oro español. Como interino. Semestre 2005-1.

OTRAS FUNCIONES EN LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS DE LA UNAM (Colegio de Teatro): Asesor de algunas tesis de licenciatura y una de maestría. Sinodal de muchas. Encargado de los exámenes extraordinarios de mis materias. Encargado de tutorías.


  • LITERATURA Y REDACCIÓN.

PROFESOR NIVEL MEDIO Y MEDIO SUPERIOR

UNAM dgire definitividad dictamen 10


  • Instituto María Isabel Dondé: profesor de literatura mexicana, universal, hispanoamericana y taller de redacción (1993-1994).

  • Universidad Latina: profesor de taller de redacción, investigación de campo, técnicas de investigación documental, taller de literatura universal y taller de clásicos hispanoamericanos. (1994-1996).

  • CLAM: Colegio Latinoamericano de México. Profesor de literatura mexicana y universal (1997-1999).



3) TRABAJO (NO ACADÉMICO):


      1. TRABAJO EDITORIAL

  • Editorial Vuelta: corrector de estilo, y al cuidado de distintas ediciones de novelas y libros de poesía (1989).

  • Letras y Palabras, servicios editoriales: diseñador de originales mecánicos para libros, revistas, folletos y tipografía en general; editor de revistas y folletos. Manejo de los programas de computación "Word Perfect", "Page Maker" y "Corel Draw" (1990-1992).

  • Revista Proceso (1995): corrector "free lance".

  • CITRU (Centro de Investigación teatral Rodolfo Usigli: corrector 1997-1998

  • FIC (Festival Internacional Cervantino): traductor francés-español (free lance) de folletos y fichas técnicas, 1990-93.

  • Editorial Santillana-Alfaguara-Nuevo México.

Elaboración de guías de lectura para las novelas Los años con Laura Díaz, de Carlos Fuentes y Cruz de olvido, de Carlos Cortés (1999-2000)


AUTOR (EN COLABORACIÓN CON Alberto Chimal et. al.) DE LOS LIBROS DE SECUNDARIA ESPAÑOL I Y ESPAÑOL II CONEXIONES. México. 2007. Editorial Alfaguara- Nuevo México. (Reeditado hasta la fecha de hoy)

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  1. COLABORADOR EN PUBLICACIONES PERIÓDICAS

(Cuento, Poesía, Crítica, Reseña).


  • Revista: Artes Escénicas (crítica teatral), con Josefina Brun.

  • Revista: El Faro (cuento, poesía, teatro), con Juan Coronel.

  • Periódico: El Día (en: El día de los jóvenes, cuento, poesía, reseña).

  • Periódico: El Economista (reseña de libros, críticas de obras de teatro).

  • Periódico: Uno más Uno (en: Sábado, poesía).

  • Revista de la Universidad de México (poesía).

  • Revista Tramoya: obra de teatro finalista en el concurso de dramaturgia "Emilio Carballido" (1996).

  • Colaboró como crítico teatral para la Revista Mexicana de Cultura del periódico El Nacional (coordinador editorial: Miguel Ángel Quemáin). (1998).

  • Colaborador de artículos sobre teatro para la revista Casa del Tiempo, de la UAM (1998 a la fecha).



CREADOR. TEATRO

  1. DRAMATURGO
  • Vístete Rápido (1984) (Publicada, revista El Faro).

  • Delirio 23 (1985) (Publicada, revista El Faro).

  • Amor Tal... (1986) (Representada Teatro Legaria).

  • La Fiesta de los Disfraces (I987) (Representada Teatro Santo Domingo).

  • En tres Cervantes te veas, adaptación e "Intermeses"(1990) Representada en el FIC 90.

  • Filus (1991) (Inédita).

  • Yo, el Peor de los Dragones (1993). Representada en el Museo del Chopo y en el Foro El ensayo (1995). Finalista en el concurso "Emilio Carballido". Publicada en la revista Tramoya de enero de 1996. Representada en una lectura dramatizada dirigida por Edoardo (sic) Alcántara durante el 50 aniversario de la EAT Escuela de Arte Teatral del INBA en el ciclo de lecturas de dramaturgos mexicanos de la segunda mitad del siglo XX. Representada en el Museo del Carmen en abril y mayo de 1998 bajo la dirección de Edoardo Alcántara. Obra elegida para el Festival de la Universidad de Monterrey, 2005 así como para el festival de la BILINGUAL FOUNDATION OF THE ARTS en Miami 2005

  • Sala de Espera (1997).

Becario del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, FONCA–CONACULTA. Trabajó en un proyecto de dramaturgia bajo el sistema Jóvenes Creadores (1996/1997).

  • Sala de Espera: Proyecto Coinversiones FONCA 1999 Dirección de Alejandro Ainslie. La Gruta. Instituto Cultural Helénico (1999)

  • Unidad Lupita, Versión libre del cuento del mismo nombre de Jaime Alfonso Martínez Sandoval. Dirección Rocío Carrillo. Producción IEDF (2005).

  • Gente de primera, melodrama didáctico. Estreno el 6 de julio de 2007 en el Instituto electoral del Distrito Federal.

Creador del BLOG DE DRAMATURGIA: www.dramavirtual.com (desde enero de 2008 a la fecha)



    1. DIRECTOR DE TEATRO
  • Amor tal..., de Benjamín Gavarre (Ciclo de Nuevos Directores Universitarios de la UNAM. Teatro Legaria, 1987).

  • La Fiesta de los Disfraces, de Benjamín Gavarre (Teatro Santo Domingo, 1988).

  • En tres Cervantes te veas. (Teatro Santa Catarina; Festival Internacional Cervantino, 1990).

  • Yo, el Peor de los Dragones, de Benjamín Gavarre. (Museo del Chopo, 1995).


    1. ACTOR
  • Hécuba, La Perra; basada en Hécuba y Las Troyanas, de Eurípides. Adaptada y dirigida por Hugo Hiriart (1982).

  • El Gato con Botas, de L.W. Tieck; adaptada y dirigida por J. J. Gurrola (1983).

  • Serpientes y Escaleras y Fisura, coreografías de Lydia Romero. Actor-bailarín invitado del grupo Cuerpo Mutable (1983).

  • Teatrísimo, serie de televisión dirigida por J.J. Gurrola. Programas: La Máquina de Sumar, de Elmer Rice; Un Hogar Sólido, de Elena Garro; La Cena del Rey Balthazar, de Calderón de la Barca (1983).

  • El Maravilloso Traje de Helado Crema, de Ray Bradbury. Dirección de Eduardo Ruiz Saviñón (1984).

  • Bodas de Sangre, de Federico García Lorca. Dirección, Rubén Paguagua (1985).

  • La Madre, de S.I Witkiewicz. Dir. Rocío Carrillo (86)

  • La Cueva de Salamanca, de Cervantes. Dirección, Raúl Zúñiga (Festival de Siglos de Oro, Taxco, 1986).

  • De cómo el señor Mockinpott logró liberarse de sus padecimientos, de Peter Weiss. Dir. Néstor López Aldeco (1987)

  • Infinitamente Disponible, creación colectiva del grupo Teatro de la Rendija (Teatro de la iglesia de Santo Domingo 1988).

  • Los Enemigos, de Sergio Magaña. (1988–90)

  • ¡Ah Cábala Vida! Espectáculo de Raúl Zúñiga (1990).

  • Los Desfiguros de mi Corazón, de Sergio Fernández. Dirección de Néstor López Aldeco (Foro sor Juana Inés de la Cruz, 1992-1993).

  • Asesino Personal, creación colectiva del grupo organización secreta, confabulación teatral. Idea original y dirección de Rocío Carrillo (Claustro de sor Juana, 1993; Salón México 1994). Nominada para la mejor obra de 1993, teatro de grupo, APT.

  • Pastorela Típica de Tepozotlán, dirección Raúl Zúñiga. Desde 1985 a 2004